All language subtitles for WHAT AM I DOING IN THE MIDDLE OF THE REVOLUTION

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian Download
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian Download
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

("Il puritani - Acto II")

¿Me toca a mí? Sí, padre.

Será fusilado inmediatamente.

Aquí está la sotana. Su último deseo ha sido cumplido. ¿Contento?

Sí. Está bien, pero me parece que tu alegría

está un poco fuera de lugar, ¿no?

Como en Tosca.

En Tosca, padre. ¿No recuerda? Fusilamiento falso.

Sí, ya lo sé. Tosca. El fusilamiento debió ser falso.

Al final, fue de verdad. Esta vez será falso.

Créame, padre. También un sacerdote, si quiere,

puede ser útil a la causa de la revolución de los pobres.

"Quién podría imaginar que nuestra historia acabara así.

Pobre payaso. También la primera vez que le vi tenía otra cara.

Realmente, más que cara, entonces, se trataba de pellejo".

¡Brutos racistas! ¡Que se os rompa el cuello!

¡Quietos! ¡No soy un negro!

"I am not black". Ficción teatral.

¡Ay, madre mía! ¡Agua! ¡Un poco de agua!

"Stop it". "Excuse me, father".

(HABLA LATÍN) (HABLA INGLÉS)

(HABLAN INGLÉS)

Yo soy blanco. ¡Blanco! "Go out". Fuera, fuera.

Sal enseguida de este templo. Es italiano también.

¡Trozo de la madre patria! ¿Qué madre patria?

¡Es racista! ¿Cómo puede lavarse la cara

con agua bendita? ¡Soy cristiano!

¡Debe protegerme! ¡Fuera de aquí!

¡Fuera de aquí! Vale. Me iré si se han ido.

¡No se han ido! Pido asilo político.

El templo es para todos. ¡Márchese!

¡Iconoclasta! ¡Caridad cristiana!

Qué daño me ha hecho el bruto.

-¿Cómo acabaría este majadero?

¿Por qué no llegará?

-Habrá muerto. Morir es su especialidad.

(RÍE) ¡Qué noticia! ¡Qué publicidad, muchachos!

Ya veo los titulares de los periódicos.

"Reclamando a 'Otelo', el gran Guido Guidi

ha sido tomado por un auténtico moro, por un indígena".

Qué triunfo. Qué apoteosis. ¿Quién me cogió los cigarrillos?

Siempre tú. ¡Ah! Os lo digo yo.

Cuando lo sepan en Italia, los colegas morirán de envidia.

(RÍE) -Reventarán de risa. Os lo digo yo.

Vámonos. Estoy cansada.

(HABLAN A LA VEZ)

¡Sois solo una pandilla de pobres!

¡Incompetentes! ¡Ingratos!

(HABLA ITALIANO)

¡Desgraciados! Yo, que os traje a la lejana América,

valiente gratitud. Si es que... Historia.

(HABLA ITALIANO)

¡Eso es! ¡Eso es! Hay jefes comprendidos

y jefes incomprendidos. Creo que soy un incomprendido,

pero no se queje en saco roto. Soy un empresario incomprendido.

Bravo, bravo. "Thank you". ¿Quién es?

Alguien que debe agradecerle de corazón el haber traído aquí

a esta lejana tierra americana un signo tangible

del noble arte italiano. Su "Otelo" es una gran maravilla.

Claro que sí. Gracias. Sin duda, el hecho de que usted

hable correctamente mi idioma le haría disfrutar mucho más

de las altas cualidades del espectáculo. Es verdad.

Aunque nacido en el extranjero, soy hijo y nieto de italianos.

Mi patria es la suya. Espero que también los ideales.

Claro. Claro que sí. Pues siéntese.

Claro que con otros medios y otra compañía, rendiría más.

¿Recuerda a "Ricardo III"? Sí.

Modestamente, mi punto fuerte. Espectáculo enorme.

Grandes coreografías. Movimientos.

Guerreros, banderas, estandartes, culebrinas, caballos, claro.

¿Dónde encuentro yo a alguien dispuesto a financiarlo?

¿Dónde lo encuentro? He aquí.

¿Usted? Estoy aquí precisamente por eso.

¿Usted? He venido a proponerle

un gran contrato para debutar en México,

en el Real Teatro de Santa Cruz. Pagando al contado

al firmar el compromiso. Hospedaje y gastos

pagados por la empresa. Pasaje de vuelta en primera clase.

Pagados anticipadamente para toda la compañía.

Oh. Podrá poner en escena

el más fabuloso "Ricardo III" de toda la historia

del Teatro de las Dos Américas.

¿Qué me dice? Un momento. No me presione.

Déjeme pensar. La cosa me tienta, pero entre el sí y el no

lucha mi cabeza. Hecho. ¿Me copiará el contrato?

Desde luego. No lo necesitamos.

Recordemos solamente que lo exigido por Guido Guidi

serán órdenes que deberán cumplirse. No se hablará más.

Dinero seguro, muchos malditos, y rapidez.

¡Viva Italia! ¡Viva Italia!

-¡Señores, suban al tren!

¡Suban al tren, señores!

¿Es el tren para Santa Cruz? -Sí, señor.

Gracias.

"Salía para Santa Cruz, en México, para preparar la diócesis local

para la visita de su eminencia, el cardenal Scarciotti,

del cual yo era el secretario volante".

Adelante, daros prisa. Carmen, corre. Llegamos tarde.

Vamos, Carmen. Vamos.

Sube, bella seductora. Ya estamos, ya estamos.

Hala, la compañía al completo. -Guido, preséntame

a nuestro empresario.

La primera. "Enchanté".

Hace ya que quería conocerle. No imagina...

Bien, se lo dices luego. Sube. Discúlpela, la cháchara.

Vámonos. ¡Hasta la vista! ¡Cuidado!

Señor empresario, aún no sé su respetable nombre.

Peppino para mis amigos. ¿Peppino qué más?

No tiene importancia. ¡Mis respetos!

¡No comprendí su nombre! ¡No tiene importancia!

¡Viva Italia! ¡Siempre viva Italia!

EXPEDIDA MERCANCÍA

EMPLEADLA BIEN

Vamos, ocupad los sitios. Sentaos. Las maletas arriba.

Venga, vamos. Ay, que me pisas.

¿Todavía usted? ¿También aquí? Es una persecución.

Eso mismo pienso yo.

Le hago saber que estos asientos están reservados

para los artistas de la compañía de Guido Guidi.

¿Comprende? ¿Sí? Y yo le hago saber

que los eclesiásticos gozan en el tren de privilegios.

Olvide ese tono. Levántate. Tú, allí.

Venga, vamos. -¿Levantarme? Siempre me toca.

Aparte de mi absoluta reprobación hacia privilegios clericales,

sepa que las costumbres de los actores cuando nos reunimos

en viaje son un poco particulares y para un extraño

bastante embarazosas.

Querido señor, en mi humilde y larga misión sacerdotal,

pasé por duras y maduras. Sí, es verdad.

Usted todavía no pasó por... Primero.

La curiosa manía de mi actor Augusto que,

como ve, apenas llega. Libera sus extremidades

y exhibe unos pies de dudosa fragancia.

Segundo. Durante el viaje, usted gozará

de un singular espectáculo. Excelente para muchos.

Desde el punto de vista de un sacerdote,

es poco ortodoxo y edificante...

Me refiero a las piernas de mi compañera Rosanna,

conocida aquí por el significativo apodo

de "donde pongo el ojo, pongo la bala".

Tercero. Si no quiere desmayarse, sepa que en unos momentos

todos nosotros entonaremos una favorita "chanson à boire"

o cancioncilla de taberna

de texto anónimo. Muchachos, adelante. En coro.

(CANTAN)

¡Basta! ¡Alto!

¡Es intolerable! Está bien. Esta vez, su ordinaria vulgaridad

ha triunfado. Volveremos a vernos. Descuide.

No, no. Esperemos que no.

¿Qué haces, imbécil? Baja ese pie. Ponte el zapato.

Y tú tápate, ¿no? Siempre tenemos que...

Que dar la nota.

-¿Qué dice Peppino? -Peppino telegrafía que todo bien.

Que en este tren nos manda lo que esperábamos.

-Compañeros, esta es la buena. -¡Viva la revolución!

Sí. Lo sé, lo sé. Es verdad. El drama que elegimos

para este debut mexicano es duro, muy duro.

Como decía el divino Albieri, "aquí se verá nuestra nobleza".

Poca cólera y procedamos a la distribución de los papeles.

Bien. Tú, Rosanna, como acordamos,

tienes dos papeles femeninos que cubrir.

Lady Ana y la reina Elisabeth.

Contenta, ¿eh? Y tres hombres. Borsel, Lobel y Blum.

Tú, Chufinni...

Tú harás la parte de Glauster, Stanley, Gree, duque de Norfolk,

la reina Margarita, un escribano, un sicario, un sheriff

y un cura. Ya está. Nada más.

Ah. Aida y Caversaccio serán la masa. Se repartirán los otros.

La duquesa de York, Radcliffe, Hastings, el conde de Oxford,

sir William Casby... Mejor decirlo bien, muchachos.

El lord mayor de Londres y el segundo sicario.

Y tú, Franciotti, el resto. La mujer, el niño, el paje,

el palafrenero y, cuando estés tranquilo,

nos ayudas apuntando porque aquí no sabe nadie nada.

-Escucha, Guido. No veo justo que tú solo hagas un papel

y nosotros tantos. -¡No es reglamentario!

¡Atengámonos al contrato! -¡No es justo!

(HABLAN A LA VEZ)

¿También las pulgas tienen tos aquí dentro?

Yo soy el empresario, no lo olvidéis.

Me debéis agradecimiento. Os llevo al triunfo.

Adelante, tranquilos. Calma. Ánimo.

Al camerino. -¡Déjame en paz!

A prepararse todos. Al camerino a repasar.

Luego no sabéis una palabra. ¡Caversaccio!

¡Quítese el sombrero por respeto al escenario!

Solo faltaba eso.

Es mi sagrado deber avisaros de que al cardenal Scaglioppo,

no, quiero decir Scagliotti.

Tampoco. Bueno. Al cardenal el teatro no le gusta.

Para decirlo más rotundamente y claro,

el teatro al cardenal le da verdadero asco.

Por lo tanto, mejor suspender todas las representaciones

durante una semana aquí, en esta magnífica

y preciosísima ciudad de Veracruz.

-¿Qué hacéis?

¿No sabéis que esto está prohibido?

-Señor oficial, son las comparsas de la compañía italiana

para el espectáculo de esta noche. Esperan entrar para vestirse.

-Está bien. Que entren enseguida.

Cuando lleguen los señores a la plaza, no deben verlos.

-No se preocupe. Yo me encargo.

Cuando lleguen los señores, estarán listos para actuar.

Déjelo de mi cuenta.

¿No hay nadie?

Quiero hablar con el caballero Guido Guidi, por favor.

Deseo hablar con el... ¡Ah! ¡Adelante los arqueros!

Irrumpid y desde vuestros pechos el antiguo grito.

¡Ah! ¡Eh! ¿Qué haces ahí, enano?

El caballero Guido Guidi. ¡Ah!

Máscara o cara, actor o personaje, ser o no ser.

Soy Ricardo III, experto en matanzas y destrucciones.

No miraba a la cara a nadie y menos a los curas. ¿Comprendido?

Perfectamente. Hay otro experto en redenciones.

El día del Juicio no mirará a nadie y menos a los actores.

¿Comprendido el sermón? ¿En qué sentido?

Se lo explicaré si viene a la doctrina.

Como por desgracia somos los dos italianos, y digo por desgracia,

ya que estamos en el extranjero y mi alto deber sacerdotal

me impone combatir la inmoralidad donde y como quiera estar anidada.

Padre, abreviemos. De acuerdo.

Le ruego formalmente que suspenda la representación

de "Ricardo III", tragedia inmoral, torpe,

abominable y sobre todo antirreligiosa.

¿Eso es todo? ¿Nada más? No, hay algo más. Si insiste,

vendré aquí mañana con expertos en silbidos.

(RÍE) Ya palidece usted, como todos los actores.

Teme mucho a los silbidos. ¡No! No es esto, padre.

¡No es esto! Ha hecho bien en venir, padre.

Yo lo esperaba. Necesitaba a un sacerdote antes de actuar.

¿Para qué? Para descargarme y confesarme.

Hijo, si te quieres confesar,

ven a la iglesia. No, ahora. Es grave.

Es urgente, padre.

Noto que estoy a punto de saltar el quinto mandamiento.

¿El quinto? Es pecado mortal. Siento un impulso irresistible

de matar a alguien. Aleja la tentación. Contrólate.

Gracias. Si lograse controlarme... Es un instinto extraño.

Un imperativo, un impulso tonto que del cerebro pasa al corazón

por la sangre a brazos, nervios, músculos.

Vuelve a los brazos y se prolonga hasta blandir esto

para darle en la cabeza.

Y recuerde, caballero, que yo he sido centinela

de los jóvenes exploradores de todos lados.

Caballero. ¿Pero? Ay, Señor.

¿Pero qué he hecho? Oh, Señor.

Con la fuerza tremenda de que me dotaste, le he dado muerte.

(RÍE) ¿Pero qué está diciendo?

Recuerde, pobre iluso, que para un actor muerte y vida,

ficción y realidad solo son un signo fugitivo.

(RÍE) ¡Va de retro, padre!

¡Este es mi templo y le prohíbo que...!

Tome. No temo su maldición, caballero.

Yo tengo a la providencia, que siempre me asistirá.

¡Ay!

-Padre, padre. ¿Cómo ha acabado aquí dentro?

Padre. Despierte, despierte.

-¿Cómo fue? -¿Está bien?

¿Dónde está la salida? Todo derecho.

Gracias, gracias.

Mirad qué sala, qué trajes.

Será un estreno histórico. Ni siquiera en la escala.

No se ven ni curas ni silbadores.

Vamos, muchachos. Ánimo. Empecemos. Ya estamos listos.

"En espera de la llegada del reverendísimo cardenal Scarciotti,

quisiera informar a la curia sobre mis impresiones.

La devoción y el fervor del espíritu de los habitantes

de esta ciudad es excelente. La única nota discordante

es la presencia de una compañía de actores italianos

encabezada por un auténtico hijo de Satanás".

-¡Adelante la caballería! -¡Al ataque!

-¡Por San Jorge, a la lucha!

-Ayuda, señor de Norfolk. Ayuda. El rey hace grandes prodigios

lanzándose de cabeza a la lucha. -Le han matado al caballo.

A pie combate todavía.

¡Diez Richmond hay sobre el campo! A nueve he matado.

Ahora tentaré al azar por la suerte mía.

¡Un caballo!

¡Mi reino!

¡Por un caballo!

-¡Viva la revolución!

¿Pero qué hacen? ¿Quiénes son estos?

¡Fuera!

¡Que no armen jaleo! ¡Que se vayan!

-¡La culpa es tuya! ¡Ah!

"Hoy tenemos una gran fiesta en el pueblo y como de costumbre

los buenos aldeanos manifiestan su alegría clamorosamente".

Demasiado clamorosamente.

(Tiroteos)

-¡Ah! ¡Sí! ¡Sí!

Está bien. Esto es una tragedia, pero estáis exagerando.

Yo soy Carrasco, soy la revolución.

Gracias de Emiliano Zapata.

¿Lo sabe usted? Coge este fusil y combate.

¡No, no, no! Soy actor. No sé disparar.

¿Y la revolución?

Amigo, en la revolución entran todos.

¡Viva la revolución! ¿Estás de acuerdo?

Sí, pero somos actores. Gente pacífica de ideas neutras.

Nosotros queremos la libertad. ¿Tú qué quieres?

Yo regresar a Italia según el contrato. Se lo ruego.

A Roma, vía de Castellino. Por favor, por favor.

¡Vete! ¡Cobarde!

Sí, gracias. Hasta más ver. ¡Vuelve a tu casa!

¡Cobarde asqueroso!

Dar las gracias al capitán. ¡Vamos, vamos, vamos!

-¿Pero qué pasa?

por fuerza mayor. ¡Regresamos a Italia!

-¡Estáis locos! -¡Viva Carrasco! ¡Viva Zapata!

¡Viva la revolución!

-¡Padre Albino! ¡Padre Albino! ¡Está llegando el fin del mundo!

¡Se están matando todos!

¡Es necesario escapar! ¡Escapar!

Yo también iré enseguida a dormir.

Tengo un sueño...

-¿Aquel es el barco de Italia?

¡Ánimo! ¡Volvemos a la patria!

¡Se respira aire de Italia! ¿Estamos todos? No como siempre.

Dad gracias a Dios. Estamos todos. -Quieto. Tú vienes con nosotros.

¿Qué pasa? ¿Qué queréis? Orden del capitán Carrasco.

¡No! ¡No! ¡Quietos! ¡No! ¡Yo voy de viaje!

¡vuelvo a Italia, a la tierra natal!

¡Vuelvo a Italia! ¿Y por qué solo a mí?

-¡Fuego!

¡Con vuestra sangre abonaremos esta tierra que nos pertenece

por derecho propio!

¡La tierra pertenece al pueblo! -¡Sí!

-¡A todos vosotros! -¡Sí!

-¡Tenéis la palabra de Pablo Carrasco y la mantengo!

¡Viva la revolución! -¡Viva!

-¡Viva la revolución! -¡Viva!

-¿Y ese cardenal? -Ahí lo tiene.

-¡Vamos! ¡Andando! ¡Vamos! ¡Date prisa!

El capitán Carrasco te espera.

¡Andando! Dejadlo pasar. ¡Vamos, cardenal! ¡Rápido!

¡Rápido, vamos!

Voy, voy, voy. Mis respetos. -Tú eres un hombre afortunado.

Te mandó el destino para ayudar a nuestra revolución.

-¡Bien!

Como ya he tenido el honor de explicar, no tengo que ver.

-¡Calla! -¿Pero qué dices?

Tú te preguntarás por qué te hice poner esta indumentaria.

No sé. Puedo pensar que quiere que represente

"El cardenal Lambertini". Son tres actos, ¿comprende?

No tengo libreto. Mi papel no lo sé de memoria.

¿Cómo lo haré yo solo? ¡No digas memeces!

Necesitaba un cardenal para bendecir revolucionarios.

Ah, sí. Comprendo. Sí. Pero el cardenal no ha llegado.

Necesito una fotografía que dé la vuelta al mundo. ¿Eres actor?

Sí, modestamente. Representa el papel del cardenal

y bendice a quienes fusilan a estos.

¿Cómo lo hago? ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Por qué yo?

No conozco las formas litúrgicas, las acciones. Debería ensayar.

Necesitaría un texto preciso.

Especialmente, porque pasé una noche muy agitada.

Además estoy trastornado. ¡Tengo mucho miedo, capitán!

¡Déjeme marchar, por favor! Bendice la revolución o te mato.

Adelante. Las fotografías. -¡Vamos, vamos!

¡Adelante!

Yo os bendigo. Os bendigo. -Sonríe. Quietos ahí.

-La mano. -Yo se la beso.

-Eminencia. Uno. -Un momento.

Mi sable.

-Una sonrisa, eminencia. Dos.

Y tres.

¡Y ahora decidme qué os he hecho!

¡La tenéis tomada conmigo! ¡No podemos acabar!

-Ahora comprendo por qué el hijo de perra de Herrero

no estaba en la ciudad.

-Les aniquilamos. Unos ataques más y en Santa Cruz no habrá ni rastro

de los revolucionarios.

Será destrozado por nuestros propios cañones.

Los que sobrevivan serán suficientes para capturar

al bastardo de Carrasco. Cumpla mis órdenes, capitán.

Sí, señor.

-¡Batería! ¡Fuego!

¡Fuego!

¡Esperadme! ¡Dejadme subir!

Ay, mosquita. No me dejas dormir. Como te coja...

¡Eminencia, no sabía que hubiese llegado!

¡Eminencia!

¡Eminencia! ¡Ah!

¡Espere!

¡Ah! ¡Socorro!

¿Y tú qué quieres? ¡Que viene!

¡Que viene! ¡Ah! ¡Que viene!

¡Nos sigue!

¡Eminencia!

¡Eminencia! ¡Por fin le encuentro!

¡Ah!

¡Adelante! ¡Corre, corre, corre!

-¡Maldición!

Fusiladle inmediatamente.

¿No sabes guiar? ¡A la derecha! Dígame cómo va esto.

¡Déjame conducir a mí! Eminencia, Guido.

¡Déjame! ¡Se me enganchó una mano!

-¡Viva la revolución!

¡Se me enganchó la mano en la ametralladora!

-¡Compañeros! ¡Compañeros de mi alma!

¡Un beso! ¡Un beso!

¡Suélteme! ¡Me habéis salvado! ¡Gracias!

¡Cuidado con el precipicio! ¡Quieto! ¡Estese quieto!

¡El volante! ¡Ah!

¡Pero Guido Guidi! ¡Dios mío, es el diablo!

¿En el Vaticano solo os enseñan a conducir almas?

¡Retrocedamos al combate!

¡Frena, frena!

¡Combatiré yo solo! ¡Combatiré yo solo!

Jamás, digo jamás, en mis largos itinerarios

y viajes por el espíritu

desempeñando mi humilde, pero alta función

de pastor de almas tuve ocasión de ver una oveja

no solamente descarriada, sino, para ser más exacto,

tan perdida como para no retroceder

antes los más profanos disfraces sacrílegos,

impíos e irreverentes. ¡Va de retro!

Jamás, digo jamás, entre los muchos personajes

por mi encarnados en mi largo, glorioso y multicolor

itinerario de artista dramático he tenido la ocasión

de encontrar una ovejaza,

no solamente tan reiterativa y hostigadora,

sino, para ser más exacto, francamente inaguantable.

¡Feo clérigo! ¡Temido! ¡Negro como un cuervo!

¡Contigo no quiero acuerdo!

Dime hacia dónde vas. Esa dirección.

Yo iré por esa otra y así no corro el riesgo de encontrarte.

Cada uno por su camino. ¡Ah! ¡Ay, el pie!

¿Lo ves? ¿Ves cómo das mala suerte?

¡Ay! ¡Ah!

¿Pero quieres callarte?

La mala suerte no existe, solo la providencia divina,

que siempre llega puntual.

-¡Aquí están!

¡Eh! ¡Mira, mira!

Puntual.

-¡Alto! ¡Detened los carros y que bajen los prisioneros!

¡Adelante! ¡Rápido!

Poneos en fila de uno, que debéis haceros la fotografía.

Vosotros, ¿no me habéis oído? Abajo.

¡Abajo he dicho! ¡Deprisa! -Ya oís. Abajo.

-¿A qué esperáis? Deprisa! ¡Moveros!

Vosotros dos, italianos, quietos. Llevadles al coronel Herrero.

¡Deprisa! Vosotros poneos con los demás.

Recapitulemos. Primero, un pelotón de soldados

del ejército federal ha sido ametrallado.

Segundo, el rebelde Carrasco ha huido gracias a vuestra ayuda.

A pesar de todo, tenéis el valor de decir que es un accidente.

No, yo... Perdón. Hablo yo.

Bien, excelencia. No seré yo quien le desmienta. Usted insinúa

que no ha habido, mejor, que no hay en nuestro comportamiento

y en el suyo, sobre todo, motivos de desagradables equívocos

y mi amigo y sacerdote,

permítame presentarle a don Albino,

hallará la mejor manera de explicarle cómo en el curso

de este desgraciado accidente, en un momento su mano,

mano de sacerdote, ha sido la que quizá rozase,

mejor dicho, la que rozó sin querer el mecanismo del aparato,

o sea, la ametralladora, provocando esta...

Esta deplorable matanza y la fuga del rebelde Carrasco.

Díselo, no me dejes hablar solo. Yo, sinceramente,

no lo recuerdo, señor. Piénsalo, piénsalo bien.

Confíate a su excelencia. Pensándolo bien, pude haber tocado

con la mano el horrendo... El horrendo gatillo.

Dilo. El horrendo gatillo. Y provocó...

Y provocó... Provocó esta matanza horrible.

¿No ve? Provocó la matanza del pelotón. Cosas que pasan.

De modo que ha sido un error. Muy bien.

Los errores se pagan, ¿no? Ya te lo decía yo.

Por fortuna, reverendo, le diré que siempre he tenido

una gran simpatía por el color negro y una gran aversión

por el color rojo. Por tanto, este trágico error

lo pagará ese de vosotros que viste este antipático color.

No, ha sido él. Fue suya la horrible matanza.

Es reo confeso. ¿Y qué importan los colores?

Esa tontería de los colores. También soy negro si queremos.

Por dentro soy negro, muy negro. Capitán.

-Coronel

mañana temprano. ¡Es una injusticia!

¡Apelaré y hablaré con el cónsul italiano!

¡Albino! ¡Un poco de solidaridad! ¡A la celda!

Siéntese, reverendo. Gracias.

En la academia militar aprendí que la verdadera fuerza

no está en las armas, sino en los ideales. Es necesario

destruir los ideales, la cosa más difícil de combatir.

(RÍEN)

No me encuentro muy bien. No se siente bien, ¿eh?

En estos casos, ¿sabe cómo se dice en México?

No. "Una mujer al día aleja al doctor

y las balas de los fusiles enemigos". Como yo tengo tantos...

Pon un disco de una ópera de Verdi.

¿Usted sabe cómo aprendí a hablar italiano?

Escuchando las óperas de Verdi, Donizetti, Puccini,

Bellini. ¡Ah! ¡Lo siento!

¡Imbécil! Perdona. Se me cayó sin querer.

¡Has roto un maravilloso disco de música italiana!

¡Toma!

¡Estúpida! ¡Cretina! ¡No! Se lo ruego, coronel.

Se lo ruego. No lo haga. Se la canto yo.

¿Qué? ¿Usted? ¿Usted sabe cantar?

Bueno, más o menos. Ah. Muy bien.

Escuchemos. ¿La quiere escuchar entera?

Se la dedico. Toda. Vale. Toda.

(CANTA MAL)

Vuelvo a empezar.

(CANTA MAL)

No lo he hecho muy bien, ¿no? -Mi coronel.

30 manos cortadas a los rebeldes, a tres pesos cada una.

¿Quiere contarlas y autorizarme a pagar?

Sí, páguenlas. Adelante.

¿Quiere saber de lo que se trata?

Dicen que la revolución es la lucha de pobres y ricos.

De acuerdo. También yo decidí ayudar a algún pobre

a convertirse en rico

pagándole por cada mano cortada de aquellos que las emplean

para disparar contra nosotros.

¡La pena de muerte es una salvajada! ¡No tenéis derecho!

(LLORA)

-¿Qué quiere, padre?

Lo siento, padre. Si fuese por mí,

pero tengo la orden terminante de que nadie le hable.

Eres buen guardián. ¿Te bendigo? Sí, padre. Sí.

El casco ante el sagrado símbolo. Sí. Perdone.

¡El cura! ¡No! ¡No quiero confesarme! ¡No puedo!

¡No quiero morir! ¿Qué? Vine para salvarte.

¿Salvarme tú? Ponte esto.

¿Por qué? Nadie detendrá a un cura.

Ah, sí. Es verdad. Sí. Yo soy un cura.

Tengo a la providencia de mi parte, que también te ayudará.

Después de todo lo que te hice.

Eres un santo. Tengo un amigo santo.

Gracias, Albino. Gracias. Eres un amigo. No lo olvidaré.

¡Alarma! ¡Alarma! ¡Alarma!

¡Se escapan los prisioneros!

-Quietos un momento, por favor. Ya está.

-El tribunal militar presidido por el coronel Eusebio Herrero

condena a don Albino Moncalieri y a Guido Guidi,

ciudadanos italianos acusados de alta traición,

motín y complot contra el gobierno federal,

a la pena de muerte. Serán fusilados.

Bravo, Guido. Veo que no tienes miedo.

Albino, no puedo tener más. No quiero que se diviertan.

¿Te molestaría darme la sotana? Quisiera morir vestido de cura.

Albino, dame la absolución con urgencia. ¿Puedes dármela?

Sí. -¡Carguen!

¡Apunten!

Abajo esos fusiles. Estos gringos asquerosos

no son dignos de ser fusilados por mis soldados.

Serán los hombres a quienes ayudasteis a rebelarse

los que os fusilarán. ¡Vamos!

Deprisa.

Entregad los fusiles.

-¡Soldados, izquierda! ¡Ah!

-Hermanos, no tengáis miedo. Estamos listos para morir.

-¡Atención, apunten!

¡Fuego!

-¡Viva la revolución!

¡Malditos bastardos!

Guido, Guido. No lo entiendo bien. Estás vivo.

Así, así.

¿Ha visto? Estas armas preparadas por mí

no matarán nunca a los soldados federales.

En compensación, matarán a rebeldes de Zapata.

Usted se encargará de entregar una buena parte de armas

a su buen amigo Carrasco, escondido en las montañas.

Pero mire, si yo no conozco de nada a ese Carrasco. No veo...

¿De verdad no es usted amigo de Garibaldi?

¿Yo? ¿Amigo de Giuseppe Garibaldi?

Oh. En todo caso, mi abuelo. No se haga usted el listo.

Garibaldi es amigo de Carrasco. Si usted lo dice.

Su Garibaldi es uno de tantos que va contra el orden constituido

y que proporciona armas a los revolucionarios.

Es muy difícil acercarse a Carrasco si no es con Garibaldi.

¿A su edad? Pero...

Yo creía que estaba muerto. De cualquier forma, no entiendo,

excelencia, qué debo hacer yo. ¿Usted?

Usted se disfrazará de Garibaldi y llevará a Carrasco las armas.

Excelencia, comprobarán que yo por salvar el pellejo lo hago todo

y no estoy acostumbrado a esto.

Bien. Ponga por caso que sucediese algún fallo

y que el asunto saliese mal. ¿Qué? Quiere saber qué pasará

en caso de que su misión fallase. Fusilaremos a su amigo reverendo.

¿Por qué a él? Es un pobre cura.

¡Vamos, no perdamos tiempo! ¡Vaya a disfrazarse!

Claro, ¿disfrazarme con la barba de Garibaldi? Obedezco.

El héroe de los dos mundos.

(PIENSA) "Nacido en Niza en 1807.

La Expedición de los Mil es del 60. ¿Cuántos años van?

112. Qué barbaridad".

¡Auxilio! ¡Socorro!

Quieto, buen Guido. Hazte el muerto o eres muerto.

Vete, vete, vete, vete.

Vete.

Vete.

¡Pajarraco, lárgate de una vez! Te engañé incluso a ti.

Podría engañar a todos, revolucionarios y federales.

¡Ven aquí, ven aquí! ¡Vete a freír espárragos también!

¿Qué pinto yo con vosotros? ¡Soy un actor!

¡Yo soy Guido Guidi!

No lo queréis comprender.

¿Por qué me seguirá esta gente? Hola, abuelo.

Aunque él era un poco más bajo,

la tuya ha sido una magnífica interpretación,

Guido Guidi. Ahora puedes incluso quitarte la barba.

¿Pero tú quién eres?

¡Peppino! Garibaldi.

¿Cómo Garibaldi? Garibaldi soy yo.

Perdona, no me habían... No me habían dicho

que yo debía ser Garibaldi. He aquí un desagradable equívoco

del cual ha resultado víctima. Yo soy Peppino Garibaldi.

El rubio héroe de los dos mundos, mi abuelo.

¿Y tú eres nieto de los dos mundos?

¿Y te pones a hacer teatro con el aeroplano como un loco?

¿Sabes que disparaste contra mí? ¿Qué empresario eres?

Segunda equivocación. Yo soy un falso empresario.

Sigo las ideas de mi abuelo. Él combatía por la libertad

del pueblo oprimido. Sí, sí. Creo. Dicen que...

Y por esta misma causa, combato. ¿Y a mí qué me importa, Peppino?

¿Me lo quieres explicar? ¿Qué me importa?

¿Quieres comprender que somos distintos? Son asuntos de familia.

Vosotros tenéis vuestro mundo. Tenéis dos mundos.

Yo tengo mucho coraje, ¿entiendes? No puedo más.

Además me he hecho daño. Me caí. Comprendo tus lamentaciones

de italiano. Quizá te caerías combatiendo.

¡Me he partido el fémur en las rocas!

¿Quién es? ¡Carrasco!

-¡Peppino! ¡Peppino!

¿Cómo estás, compañero?

Ahora que estás de nuevo aquí,

la revolución triunfará. -¡Viva la revolución! ¡Viva!

-¿Y este gallina qué hace contigo?

Oh, oh, oh. ¡Eh! Empecemos a moderar los términos.

Actuemos rápidamente. Si yo no vuelvo pronto abajo,

ese otro pobre gallina italiano se quedará sin plumas.

-¡Escuadra, alto! ¡De frente! ¡Ah!

¡Escuadra, alto!

Como un pájaro que planea con las alas crujientes

en el azul espacio, ¡ve! ¡Vuela, joven Ícaro!

¡Eh! ¿Resistirá? ¿Estamos seguros?

Ve tranquilo. Piensa solo en la gran empresa que tendremos.

La posteridad nos verá un ejemplo. Tú piensa en mirar adelante.

¡Eh, Peppino! ¿Seguro que funcionará?

Calcula bien el momento del impacto.

Despliega en el punto justo. Balancea y planea

mientras yo remonto y entro en acción.

Sí, sí, sí. Claro, claro. ¿Qué dice este?

¡Firmes!

¡Carguen!

(REZA) ¡Apunten!

Estoy preparado para subir contigo. Tómame.

¡Socorro!

¡Peppino, lo hemos logrado! ¡Le he cogido!

¡Albino, sujétate fuerte!

¡Ah!

¡Señor! ¡Señor! ¿Eres tú? ¡No! ¡Soy yo, Albino!

¡No te preocupes! ¡Guido!

¡Cógete fuerte! ¡Tú tira de arriba que nos estrellamos!

¡Socorro! ¡Cuánto pesas!

¡Ánimo, Albino! ¡Ánimo! ¡Lo hemos conseguido!

¡Nos desnivelamos! ¡No! ¡La cara no!

¡Guido! ¡Guido! ¡Que me caigo! ¡Agárrate fuerte, amigo!

¡Tira fuerte, Guido! ¿Cómo que tire fuerte?

¡Sube la pierna y apoya el pie! ¡No puedo más!

¡Perfecto imbécil! ¡Venga! ¡Arriba!

¡Venga! ¡No! ¡De los pelos no!

¡Venga! ¡Te doy la mano!

¡No aguanto! ¡Vamos, Albino! ¡La mano!

¡Ah!

Albi.

¡Albino! ¿Qué?

¿Sabes nadar? Yo sí.

¡Yo no! ¿Qué puedo hacer?

¡Guido, hazte el muerto! ¡Yo te poseo!

¡Muérete tú! ¡Guido!

¡Hay corriente! ¡Guido!

¡Albino! ¡Guido!

¡Guido! ¿Dónde vas?

Disculpen, señores. ¿Han visto pasar por aquí

a un señor alto con camisa roja y con cara de anormal?

-Sí, señor. En esa dirección.

(RÍE)

-¿Pero dónde va? Es por ahí.

Sí, por ahí.

me asiste siempre. ¡Ah!

Me asiste siempre la providencia.

En medio del camino de nuestra vida me vi en una selva oscura.

¿Lo veis? Cito incluso al divino poeta. Soy italiano.

¿Qué otra prueba puedo dar? ¿Canciones napolitanas?

# Oh, sole mio.

# Sta nfronte a te. #

Yo no soy mexicano. Señor, usted que es tan amable.

Dígale a esta señora que no... -Cien manos cortadas a los indios.

Tres pesos cada una hacen 300 pesos.

-No, no, no, no. Son cien manos de indios.

A cuatro pesos, 400 pesos.

-No, doña Asunción. No era lo pactado.

Recuerde lo que dijo el coronel Herrero. Tres pesos por cada mano.

Cien manos son 300 pesos. -No, no, no, no. No lo recuerdo.

Tú me quieres engañar.

Coge el dinero.

Calma, calma, Guido. Son alucinaciones.

Bueno, bueno. Calma, Guido. Calma. No perdamos la cabeza.

Albino, Albino. Tenemos visita.

-Nosotros, los indios, somos la tierra.

Nosotros somos México. Los ricos nos cortan las manos,

nos roban nuestras tierras. Nos cansamos y dijimos basta.

Vosotros sois extranjeros y por eso no os mataremos.

Justo. Sí Pero debéis marcharos de México.

Nos vamos, nos vamos, nos vamos. ¡Tierra! ¡Libertad!

¡Viva Zapata! -¡Viva!

"Después de días y días de desesperado deambular,

decidimos seguir una línea férrea porque Guido sostenía que una vía

partiendo de un punto debe siempre, necesariamente,

llegar a una ciudad".

¡Eh! ¡Eh, señor! ¡Amigo! ¡Oiga! ¡Escuche!

¡Eh! ¡Espere un momento!

¡No se vaya! ¡No! ¡Oiga!

¿Has visto ese hijo de la gran perra?

(LLORA)

Guido, mira. Un niño.

Ya lo veo. ¿Qué hacemos? Debemos recogerle, ¿no?

¿Estás loco? ¿Ponernos a robar niños ahora?

No podemos dejarle aquí.

Mira, mira.

Emiliano Zapata. Qué golpe de fortuna, Albino.

¿Tú sabes quién es este chavalín? El hijo de Zapata.

Si no, ¿por qué lleva ese medallón al cuello?

¿Sabes que esto para nosotros es mejor que un salvoconducto?

Y pensar que querías dejarle aquí. ¿Yo? ¿Estás loco?

Abandonar a esta criatura. ¡Guapo! ¡Angelote!

Tú sálvanos y te salvaremos.

Quiero darte un beso. También yo.

A ver a qué sabe la fortuna.

Albino, sabe a queso podrido. Toma, reanudemos la marcha.

Por aquí. Por aquí. Ya empezamos, Albino.

Por aquí. Donde digo yo. Allí hay una casa. Camina. Anda.

¿Se puede?

Somos dos muertos de hambre. Tres muertos de hambre.

Eh.

Ha de la casa. ¿Se puede? ¿Quién es?

Amigos. Han dicho amigos.

No, yo he dicho amigos. Ellos han dicho quién es.

Quién es lo he dicho yo. ¿Sí? Pues mejor no decir nada.

(LLORA)

¿Se puede? ¿Molestamos? Eh, Guido.

¿Qué pasa? Aquí hay alguien.

Ah. Sí, sí, sí. Ve delante. Os protegeré detrás.

Buenas noches. Perdonen. Quítate el sombrero, ignorante.

Disculpen. Me disgusta presentarme con este atuendo que ni es mío.

Yo, modestamente, soy un señor. Quizá ustedes lo han intuido.

Yo soy el actor Guido Guidi. ¿Decían algo?

Guido, están muertos.

¿Cómo muertos?

Precisamente, mientras comían.

Se han envenenado.

¿Cómo envenenado?

¿Por qué? Pero si tenían esta casa para ellos y eran ricos.

¿Por qué?

Han tenido miedo de que la revolución cambiase mucho su vida.

Se han matado. Vámonos, Albi. Vámonos.

Vámonos, deprisa. ¿No cogemos algo de comer?

No.

Se me ha pasado el apetito.

Aquí no se matan solo los ricos. Se matan también los pobres.

No, mira. Aquí los pobres no se matan. Les matan.

A mí me parece que ya es hora de cambiarnos de traje.

Guido, mira.

# La cucaracha ya no puede caminar

# porque no tiene, # porque le falta marihuana... #

Guido, ¿seguro que fue buena idea vestirnos de federales?

(RÍE) Sí, compréndelo.

Este uniforme es un salvoconducto para federales

y el pequeño lo es para revolucionarios.

Albino, ganamos por todas partes. Esperemos que por una vez

sea como tú dices.

¡Ay, Albino! No hay nada que hacer. Realmente, el hábito

no hace al monje. Tú siempre serás un pobre cura.

Yo, en cambio, no sé si es quizá el aire,

pero empiezo a tomarle gusto a esta aventura.

# La cucaracha, la cucaracha # ya no puede caminar... #

¡Canta tú también! ¡Canta! Solo conozco cantos gregorianos.

# Porque no tiene, # porque le falta

# marihuana que fumar. #

¡Mira, sin manos! ¿Estás loco? Piensa en el bebé.

-Capitán, un poco más adelante hay un puesto de revolucionarios.

Es justamente lo que buscamos. Gracias. Sigamos.

¡Alto! ¡Seguidme! Escoltaremos a nuestros oficiales.

Tengo la desagradable impresión de que nos siguen.

¿Qué dices? ¿A quién siguen? ¡Nos siguen!

¡Los federales!

¿Qué querrán? ¡Yo qué sé!

-¡Carrasco, un escuadrón de federales nos ataca!

¡Alarma! -¿Has oído, Carrasco?

-¡Bueno, bueno! -¡Nos atacan federales!

¡Todos a sus puestos! -¡Vamos!

-¡Vamos, muchachos! -¡Todos a sus puestos!

¡Vamos, vamos!

Querido general y amigo.

Yo estoy seguro de... De que en este momento

se pregunta por qué nosotros dos llevamos un aborrecible uniforme.

-¡Es el de los traidores!

Créeme, Carrasco. Mátalos pero deprisa.

¡No, no, no, no! Tenga paciencia.

No, no. Es una equivocación debida a las raras vicisitudes

de las guerrillas, ¿entiende?

Por otro lado, el estar unas veces aquí y otras allá entra dentro

de la tradición de los artistas y también de los eclesiásticos.

Además le buscábamos a usted.

Señor general, le traemos una extraordinaria sorpresa.

El hijo de Emiliano Zapata.

(RÍEN)

-Con que el hijo de Emiliano Zapata. Venid.

¡Venga, deprisa!

Vamos, vamos.

-Adelante. ¿Queréis mirar?

-Cógelo y ponlo junto a los demás.

Mirad.

Son todos hijos de Zapata.

Tenemos la prueba irrefutable del medallón.

Sí, cierto. El medallón. Enséñaselo al general el medallón.

Tú tenías el medallón. Ya lo hemos perdido también.

Vaya, ha perdido el medallón. También ellos tenían un medallón.

(RÍEN) -Ahora entiendo qué hacíais.

Os paga Herrero para sembrar hijos de Zapata.

¡No son hijos de Zapata! ¡Son hijos de zorra!

Se los mandaremos todos a Herrero con un limón en la boca

y una rama de romero detrás. Y vosotros los primeros.

No puede hacerme algo tan humillante.

Yo soy un sacerdote. Según tú, los actores van por ahí

con el romero detrás. ¡Qué cosas! Nunca me cansaré de repetir

que no tenemos nada que ver. Somos inocentes.

Está probado. Él se lanzó a aventuras

mayores a sus posibilidades. ¡Desgraciado! ¿Cuánto te dije

que te fueras por tu camino tú solo por ser un pegajoso? Perdón.

Si usted supiese lo pesado que es. Está bien, está bien.

Guido, si te pones así tan maleducado, aprovecho esto

para decirle adiós e irme. Adiós, señor general.

Tampoco veo yo el motivo de estar.

Prefiero no estar. ¡Quietos!

Bueno, veamos si todavía tenéis ganas de hacerlos los graciosos.

A los mexicanos nos divierte ver el miedo de otros con la muerte.

Vosotros temblaréis esperando que el caballo ande

para ir a comer la cebada.

¡Que os divirtáis!

¿Has comprendido, Albino?

Ahora todo depende del apetito de la bestia.

Según tú, un caballo, ¿cada cuánto...?

¿Cada cuánto tiempo come? Depende de la raza.

De carácter. Quieto. No te muevas.

Hablemos, hablemos. Tratemos de distraerle.

Háblale, un discurso equino. A los roanos como tú

les hace daño. Es un bayo este. Un bayo.

¿Es un bayo? Perdona. A los bayos como tú

les hace daño comer paja. ¡Quieto! ¡No mires ese forraje!

¡Después te puede dar acidez!

Habla, habla. Escucha, bayo.

¿Tú no deberías hacer como esos caballos gentiles de África,

que solo comen una semana? Sigue.

No beben. Esos caballos de África

se alimentan de una joroba de grasa que tienen en la espalda.

Albi, estás haciendo un número. Hablas de los camellos.

Siempre tienes que ser tú. Sí, es verdad.

Entonces, no nos queda más que despedirnos

como buenos cristianos y confiarnos a la providencia.

No, no, no. Albino, la providencia no.

Hagamos algo sin la providencia.

¿Qué es eso? ¿Qué es ese zumbido?

¡Es Peppino! ¡Es Peppino!

(TODOS) ¡Peppino!

-¡Peppino!

Garibaldi y yo somos como hermanos.

(VITOREAN)

-¡Bienvenido, amigo! ¿Qué tal? ¿Qué noticias nos traes?

Malas. ¿Malas noticias?

Traigo malas noticias. Quedaros detrás.

Atrás.

Están muy cerca. Se dirigen a Santa Cruz.

Peppino, mira lo que nos han hecho estos. Ayúdanos.

¿Por qué están estos dos con la cuerda al cuello?

Son traidores y a esos los mato.

No os preocupéis. No os preocupéis. Carrasco.

Baja enseguida a esos dos de ahí. ¡Bravo!

Escúchame, italiano. Revolucionario de los macarrones,

aquí mando yo. Si quieres hacer la revolución a tu manera,

hazla en tu casa.

No me gustan nada tus métodos. Se la canta al indio.

Son compatriotas míos. Como tal, deben ser tratados dignamente.

Por eso, yo exijo que se les tenga un trato de honor,

así que bajadles de la horca y fusiladles.

Solamente los patriotas merecen ser fusilados.

¿Qué? Los gringos que vengan a meterse

en los asuntos de México, ahorcados.

¡Fusilados! ¡Ahorcados!

Italianos, decidlo con firmeza.

¿Preferís ser fusilados o ahorcados?

Por el alma de... ¿De qué parte estás? ¿Has visto?

Yo tengo las ideas poco claras. Yo quiero ser repatriado

y que avisen a mi cónsul. Ya lo he pedido. Insisto.

¡Basta ya! Morirán ahorcados.

¡Deprisa, Albi! ¡Escapa!

¡Vamos, monta!

¿Pero a dónde vas? ¡No podemos dejar al niño!

¡Déjalo estar!

¡No disparéis! ¡El aeroplano está lleno de bombas! ¡Volaremos todos!

¡Gira! ¡Gira la hélice! ¡Date prisa, Albino!

¡Sube, vamos! ¡Un momento, quedan más aún!

¿Pero a dónde vas?

¡Albino!

¡Albino! ¡Espera! ¡Enseguida voy!

¡Deprisa! ¡Vamos, Albino! ¡Te dejo aquí!

¡Vamos! ¡Empezamos a volar!

¡No!

¡No! ¡No!

Me huele muy mal. ¿Habremos perdido carburante?

No, es el pis de los niños. ¡Ah!

Límpiales enseguida. Claro.

Menos mal que casi llegamos ya.

-¡Oh! ¡Sor María, mire! Un huerfanito. Qué precioso.

-¡Qué bendición de Dios! ¡Qué criatura!

-¡Oh, hay otro más! ¡Qué cosa más rica!

¡Bendito sea Dios! ¿Todavía otro?

(HABLAN A LA VEZ)

-¡Bendito sea el Señor, otro más! -¿Otro niño?

-¿Qué sucede hoy, Señor? ¡Oh, pobrecito! ¡Ven aquí!

¡Qué cosa más bonita!

Mire, sor Carmela. Es lindísimo.

¡Pobre criaturita! ¡Ven aquí! ¡Ven aquí!

-¿Quién llama?

Secretario de su... Albino, no divagues.

¿Cuántos niños tenéis?

Tenemos un aeroplano lleno. Y todos para bautizar.

Emiliano, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo. Vamos, denme otro.

Emiliano, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo. Adelante con el siguiente.

Emiliano, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo. Vamos, vamos. ¿A cuál le toca?

Emiliano, yo te bautizo... Es una niña.

Emiliana, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo. Ten. El próximo.

Dime una cosa. ¿Estás bautizado?

¿Sabes que no recuerdo? Mañana te bautizo.

Te confirmo y te doy la comunión. Niño.

Las saludo, hermanas. -Hola.

Orad, orad. La revolución ha terminado.

Guido Guidi se va y os dice adiós. Entonces, ¿te vas?

Bueno, la ciudad ahora está en manos de los federales.

El ferrocarril a los Estados Unidos ha sido restablecido.

¿Qué hace en el convento uno como yo? Perdona.

Me parece imprudente salir. Todavía es pronto.

No, no, don Albino. No empecemos con los sermones.

Haz lo que tengas que hacer y andando. Esta vez no te espero.

Guido, mi puesto está aquí. Está bien. Como quieras.

Tú te quedas y yo me voy. Cada uno por su camino.

Bien. Entonces, esto significa que no nos volveremos a ver más.

Una cosa es segura. Tú y yo en el más allá estaremos en dos lugares

completamente distintos.

El puesto lo tienes garantizado. Antes, escúchame, Albino.

Aclárame una curiosidad. ¿Te has metido a cura

por conveniencia o vocación? ¿Yo?

Sí. Por vocación. Si naciera,

sería sacerdote. Eso pensaba.

Y yo seguí mi vocación. De cualquier manera,

los dos somos un poco semejantes.

Me eres bastante simpático. Tú también me resultas simpático.

En otras circunstancias, te habría enderezado.

De hacerte ganar un poco la vida eterna.

¿Tú crees de verdad que me ocupo de la inmortalidad del alma

y de la vida eterna? Iluso. Soy un actor, Albino.

(RÍE) La inmortalidad la tengo asegurada.

Yo finjo que muero y encima me pagan. ¿Qué te crees?

Bueno. Adiós, Albino.

Adiós, payaso. Te deseo teatros abarrotados

y millares de manos que te aplaudan.

Cierto. Y una multitud delirante

que te aclame en triunfo. Se comprende. Gracias.

El día que tú quieras aplaudirme, habrá un sitio libre

en el palco proscenio para ti. De acuerdo. Y para ti,

un sitio libre en el confesionario.

¡Oh!

¡Eh!

Llamad y se os abrirá.

-¡Mujer! ¡Dorotea, déjanos!

-¡No podéis! Es la casa reservada

para los oficiales. No entran soldados rasos. ¡Fuera!

¡Fuera! ¡Marchaos! -¡Dorotea!

¡Dorotea, déjanos entrar! ¡Dorotea!

Dorotea, déjanos. ¡Déjanos! -¡Eh, mira qué guapa!

-Hay para los dos. ¡Ven aquí, guapa!

-¡No te vayas, guapa! -¡Qué barbaridad! ¡Qué deprisa va!

-Debe estar por aquí.

-¡Por ahí! -¡Ven aquí, preciosa!

¡Quieta, quieta!

-¡Bonita!

¡Ay!

¿Por qué no tocas a tu hermana?

¡Es un hombre!

¡Claro que soy un hombre!

Disculpen. Vaya, vaya.

¿Quién está aquí? El caballero Guido Guidi.

Es un placer volver a verle.

¿Es el traje de su última representación?

No, me encontraba aquí de paso.

-¡Haré de este convento una fortaleza!

Si Herrero la toma, moriremos todos.

Usted, las monjas y los niños.

No, Carrasco. Yo no te creo capaz

de recurrir a la matanza de tantos pobres inocentes.

Tu alma es cándida. Si no, no combatirías con oprimidos.

Eh, tú, padre. ¿No tratarás de embrollarme?

No. Iré yo al coronel Herrero y le diré

que Pablo Carrasco está dispuesto a rendirse, pero una condición,

que entregarás dando tu palabra de honor

todas las armas si se garantiza la inmunidad y la libertad

para ti y tus hombres.

Este es el cadáver de Emiliano Zapata.

Ah. Lo hemos decapitado

y hemos mostrado su cabeza al pueblo, pero se niegan a creer

que está muerto. Déjela ahí. La he visto bien.

Creen que es invencible.

Inmortal.

Lo quieren vivo. Muy bien. Lo tendrán vivo.

Usted lo hará resucitar. ¿Cómo yo?

Sí, usted tiene fama de ser

un pésimo actor. Si lo dice usted, excelencia.

Yo, no obstante, de que sabrá resucitar

y envilecer el mito de Emiliano Zapata.

Perdóneme, excelencia. Me pide una cosa muy...

Muy desagradable y, por otra parte, muy difícil

porque yo estos papeles de revolucionario

jamás los he sentido. No sé si lograré encontrar

la cuerda justa para... Mejor que encuentre la cuerda.

Si no, la encontraremos nosotros

y se la ataremos al cuello.

-Coronel.

Está bien. Puede irse.

Este será su próximo personaje. Sí, sí, sí, mi coronel.

(Portazo)

Perdóname, Emiliano. La piel es la piel.

Estas son las condiciones de rendición de Carrasco.

Yo, sinceramente, mantengo que son buenas,

aceptables, sobre todo mirando a una finalidad,

que es el bien supremo de los hombres.

Creo que sobre esto no habrá ninguna duda, ¿no?

En cuanto a usted, coronel Herrero...

Los sermones no me gustan, don Albino.

Yo hago la guerra porque busco y quiero la paz.

Si los rebeldes entregan las armas y salen desarmados del convento,

aceptaré la rendición de Carrasco con las condiciones que propuso.

Será tratado como un militar.

Palabra del coronel Herrero.

Bien, bien. Entonces, yo volveré al...

Al convento de Santa Ana con sus palabras.

Le creía menos ingenuo.

Usted viene aquí a defender una causa perdida

olvidando que tiene cuentas pendientes con la justicia.

Yo siempre he tenido respeto para la justicia.

La verdadera está en el cielo, que es en la que yo creo.

No puedo permitirle esas palabras.

Capitán. -¿Sí, señor?

Que sea fusilado por la espalda.

Como los traidores.

-Sin armas, como habíamos acordado.

Vamos.

¡Atrás! ¡A refugiarse!

("Il puritani - Acto II")

Quiero que todo el mundo conozca la verdad sobre la revolución

y su cabecilla Emiliano Zapata, aquí presente.

-Tranquilo, padre. Las municiones son de fogueo.

Acuérdese de simular la muerte.

¡Cargad!

para hacerlo en serio.

¡Apunten!

¡Fuego!

Emiliano Zapata.

Te has presentado ante nosotros espontáneamente.

¿Es verdad?

Es verdad.

Tú has repudiado la revolución. Comprendiste que es un error.

¿Es verdad?

Es verdad.

¿Es verdad que estás dispuesto a renegar

sobre tus principios revolucionarios

frente a los cadáveres de tus compañeros?

Es verdad.

Adelante, Emiliano. Ha llegado el momento de decir a todos

lo que finalmente has comprendido.

Sobre ti, sobre la revolución

y sobre nosotros, los militares que la sofocamos.

Sí. Coronel Herrero.

Señoras y señores.

Extranjeros y mexicanos.

Campesinos del pueblo mexicano.

¿Qué puedo decir yo?

De la revolución no comprendí nunca nada.

No es que ahora tenga aclarada esa duda.

Es que la revolución es una cosa,

una cosa muy seria.

Es una cosa terrible.

Por otra parte, para sofocar una revolución, no basta con matar

a cuatro pobrecillos muertos de hambre.

Sería demasiado fácil. Nadie haría la revolución

sabiendo desde el principio que estaba destinado a perderla.

Además, ¿qué debí comprender? Yo siempre he sido un payaso.

Sí. Escribe, escribe. Tengo miedo de morir de payaso

porque ya es demasiado tarde para cambiar.

De usted, sin embargo,

coronel Herrero, de usted y todos aquellos que le rodean

y que están con usted, lo he comprendido todo.

Sí, he necesitado tiempo, pero lo he comprendido todo.

Por lo tanto, todo el que está contra vosotros,

escribe, está en lo cierto. Del lado de la justicia

porque sois una pandilla de miserables

hijos de perra. ¡Yo no soy Zapata!

¡Soy el actor Guido Guidi! ¡Zapata ha...!

(TODOS) ¡Viva! ¡Viva Zapata! ¡Viva!

Canalla.

¡Toma, de parte de Zapata!

¡Guido! ¡Albino!

¡Albino, eres tú!

Entonces, no estabas muerto. Fue una comedia.

No estabas muerto. Querías...

Querías robarme el final, ¿eh?

No, Albino. El final me pertenece a mí.

Esta es la más bella muerte de Guido Guidi. Mira, mira allí.

¡Qué espectáculo! ¡Es increíble! ¡Qué medios! ¡Tengo de todo!

Fusileros, cañones, caballos.

Mira qué cargan van a dar. Albino, ¿te gusta? ¡Mira!

¡Al ataque! ¡Todos!

Fíjate. Fíjate qué muerte estoy haciendo, Albino.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.