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(Truenos)
Cómo hemos progresado, ¿eh, Sirita?
(Truenos)
¿Qué haces aquí?
¿Así saludas al que un día fue tu prometido?
He venido a verte. Sécate y cámbiate de ropa,
tenemos que hablar. ¿Pero qué quieres?
¿Y cómo has entrado aquí?
¿Se puede saber por qué me estás vigilando?
Despacio, despacio.
Las preguntas de una en una, no te me alborotes.
¿Te importa que me sirva una copa?
Tienes que irte.
Me tienes que sacar de tu cabeza.
Nada me gustaría más, te lo juro.
Pero no puedo hacer eso, cariño.
Trabajo para la Dirección General
de Seguridad del Ministerio de Gobernación.
Estoy a cargo de la vigilancia de los extranjeros
que se instalan en Madrid con indicativos de permanencia.
¿Y eso qué tiene que ver conmigo? Todo.
Porque según he oído, ahora eres ciudadana marroquí, ¿no?
¿Qué quieres?
(Truenos)
Que te cambies de ropa, que vas a pillar una pulmonía.
Y luego quiero ver tu documentación.
(Truenos)
No cierres del todo.
Ignacio.
El pasaporte.
Arish Agoriuq.
Cumple años el mismo día que tú, qué coincidencia.
(Truenos)
(Campanas)
¿Se puede saber a qué se debe este cambio de nacionalidad?
(Campanas)
Me robaron el pasaporte
y en plena guerra no podía pedir uno nuevo.
Un amigo me consiguió la nacionalidad marroquí
para poder viajar sin problemas. ¿Y el nombre?
Es cherja, un dialecto de las cabilas del Rif.
Pensaron que era mejor hacerlo más árabe.
Arish Agoriuq.
¿Y tu novio?
Por el que me dejaste, digo.
¿Dónde está?
Mi vida privada no te importa.
¿Cuál es el objetivo de tu estancia en Madrid?
Trabajar. Coser, como siempre.
Esto es un taller de costura. Enséñamelo.
Enséñame tu habitación.
Mi habitación.
Creo que te estás pasando de la raya.
¿O también vas a registrar mi ropa interior?
Ya está bien.
No me tomes por imbécil, Sira,
sé quién ha montado esta farsa de taller.
Esto no es ninguna farsa, aquí lo único que hago es trabajar.
¿Qué tienes que ver tú con el ministro Beigbeder?
Es un amigo de los tiempos de Tetuán.
Muy amigo tuyo debe ser cuando ayer pasó toda la noche
en tu casa.
No es mi amante, si es lo que estás pensando.
Yo no soy la mantenida de ningún ministro.
Beigbeder es un traidor vendido a los británicos.
¿Sabes lo que es? ¿Eh? Un imbécil encoñado de una zorra inglesa.
No me gusta la persona en la que te has convertido.
¿Se puede saber quién eres tú para juzgarme a mí?
¿Te crees superior por haber pasado la guerra en África
y venir ahora con aires de gran señora?
Te juzgo porque te he querido mucho.
Y porque, aunque no lo creas, te deseo lo mejor.
A ti no te importa nadie más que tú, Sira.
¿Acaso te has interesado por saber qué fue de los tuyos
después de la guerra? ¿Eh? ¿Se te ha ocurrido ir a tu barrio
para preguntar por ellos o para ver si alguien necesita
que se le eche una mano? Yo te lo cuento, si quieres.
Tu vecino Norberto, por ejemplo, cayó en Brunete.
Y a su hijo mediano lo fusilaron nada más entrar las tropas
en Madrid, los nacionales.
El pequeño anda en el penal de El Dueso.
A tu amiga, la Sole, un miliciano le hizo mellizos
y luego desapareció. ¿Sabes a lo que se dedica ahora?
Anda ofreciéndose a los descargadores
del mercado de la Cebada, pidiendo una peseta
por cada servicio que hace allí mismo,
contra los ladrillos de la pared. Por Dios, cállate ya.
De tu antigua jefa, doña Manuela, lo último que sé
es que perdió su taller. Andaba haciendo apaños
en una mercería. Y la Trini, la panadera, ¿te acuerdas?
Ignacio, ya está bien. Por favor, ya.
Ya no puedo...
Tú no puedes darme lecciones morales
porque si yo soy malo, tú eres peor.
No eres más que una egoísta.
Ahora me tengo que ir, pero me temo
que no te vas a librar de mí tan fácilmente.
No hace falta que me acompañes.
(Portazo)
(RECUERDA) "Sira, Sira.
-Si volvemos pronto, jugáis juntas esta tarde,
te lo prometo. Vale.
Tú, sin que te tiemble el pulso.
Y si no sale a la primera, a la segunda y si no, a la tercera.
La costura es paciencia, paciencia y más paciencia."
Arranque, por favor. Vamos a otro sitio.
¿Señorita Agoriuq?
Sí, soy yo. El doctor Rico la está esperando.
Acompáñeme, por favor. Gracias.
Siéntese, por favor.
No tengo mucho tiempo, así que le agradecería
que hablara sin rodeos. Bien.
No, gracias.
Beigbeder vino a verme la noche antes de su destitución.
¿Qué? Estaba muy nervioso
y pensé que quizás hablando conmigo se serenaría.
¿Qué quería Beigbeder de usted?
Me entregó unas cartas para Rosalinda.
Estoy segura de que ustedes sabrán cómo hacérselas llegar.
Lo haremos.
¿Y ahora qué va a pasar con él? Aún no lo sabemos.
Una vez que se han librado del ministro incómodo,
suponemos que la presión de Alemania se incrementará.
Por eso debe mantenerse alerta y estar preparada
para cualquier contingencia. Tenga especial cuidado
con las personas sospechosas a su alrededor.
Y no descarte la posibilidad de que la tengan vigilada.
¿Pasa algo? Parece nerviosa.
No, no, no.
Es que la visita de Beigbeder me desconcertó, pero ya estoy bien.
De verdad, no se preocupe.
¿Qué tal va el trabajo en el taller?
Pues la verdad es que estamos de pedidos hasta arriba.
Está a punto de celebrarse
un importantísimo baile de debutantes.
Lo sabemos, es la puesta de largo de la hija de un alto cargo español
con excelentes contactos entre los alemanes.
Ahora debe estar más alerta que nunca
a las conversaciones de sus clientas.
Toda la información que escuche es oro puro para nosotros.
El problema es que no doy abasto. No tengo tiempo,
o cojo menos clientas o necesito un par de manos más
para coser. Esta puesta de largo
es muy importante, así que contrate a alguien
de su confianza. Sin pasado rojo ni implicación política.
Lo dejo a su elección.
Y si me necesita, siga el protocolo.
(Puerta)
Usted me dirá, señora.
Sira. Soy Sira, doña Manuela.
Sira, hija mía. Ay, qué alegría, hija.
¿Cómo me has encontrado, hija? Me dieron su dirección
en la mercería en la que trabajaba.
Ay, Sira... Tengo tantas cosas que contarle...
Sí, te invitaría a entrar, pero es que no tengo nada
que ofrecerte. No, no se preocupe.
Tengo un taxi abajo, si quiere, le invito a tomar un café
y le enseño dónde vivo. Mejor. Enseguida voy, hija.
Enseguida voy.
¿Sabe algo de alguien del taller? ¿De Paquita?
Yo no sé nada,
hace muchísimo tiempo que les perdí de vista.
Le quería preguntar una cosa.
Tú dirás.
¿Se querría venir a coser al taller conmigo?
No, hija.
Ande, diga que sí, por los viejos tiempos.
Uy, qué entrada...
Qué maravilla. Pues aquí es donde cosemos.
Ya ve que no damos abasto. ¿Todo esto son pedidos?
Sí, se va a celebrar una puesta de largo
y están todas las niñas como locas.
Todas quieren estrenar vestido. Ya veo. Hola, guapas.
¿Cómo os llamáis? -Dora y mi hermana, Martina.
Ella es la señora doña Manuela, ella me enseñó a coser
cuando yo era así. Ya me ha dicho que coséis muy bien.
Dora, te vas a encargar de montar las mangas.
Y tu hermana, los dobladillos. Así, si organizamos el trabajo
con un poco de cabeza, iremos más rápido.
Ah, y quiero que todos los pedidos pasen por mí,
así puedo organizar la semana con antelación.
Muy bien.
¿Cómo andamos de hilo?
Regular. Bueno, una de vosotras
va a tener que ir a por más carretes.
(AMBAS) Yo. Uy, pero bueno,
¿y a qué viene esa prisa por salir a la calle?
Doña Manuela creerá que soy un ogro.
No, es que las dos queremos ver si el chico guapo sigue ahí.
¿Qué chico guapo? Un hombre en un coche.
Lleva toda la mañana sin quitar el ojo al portal.
Yo creo que le gusta Martina. -No...
Lo que tenéis en la cabeza son muchos pájaros, me parece a mí.
No quiero oír hablar de líos de chicos.
Si volvéis a verle, me lo contáis. ¿Está claro?
Sí, señorita. No quiero que habléis con él.
¿Me habéis entendido?
Bueno.
Bueno, niñas, a trabajar.
¿Qué ocurre, hija? ¿Qué te pasa?
Pues que anoche vino a verme Ignacio.
¿Qué Ignacio? ¿Tu Ignacio? Sí. Ahora trabaja
para el Ministerio. Y yo creo que me está vigilando.
El hombre del coche del que hablaban las niñas,
pues es verdad, está ahí abajo y no le quita ojo al portal.
¿Pero por qué te vigila?
Pues yo creo que es porque cuando volví de Marruecos
tuve que llegar con un nombre nuevo y un pasaporte marroquí,
así que Ignacio cree que yo estoy metida en algo turbio.
¿Y lo estás? Doña Manuela, por favor.
Yo creo que está molesto por lo que le hice.
Entonces, ahora me quiere incordiar.
Le rompiste el corazón, hija.
Pero bueno.
Antes o después se le pasará. Digo yo que se dará cuenta.
El hombre del coche se cansará y nos dejará en paz.
(HABLAN TODAS A LA VEZ)
(HABLAN EN ALEMÁN)
(LLORA)
-La pobre, con los nervios, ha adelgazado muchísimo.
-Voy a estar horrible, voy a ser el hazmerreír de todas.
-Cariño, no digas eso.
Alba... Alba, no te preocupes, que esto tiene un arreglo sencillo,
que es una tontería. Ven conmigo.
Alba, ven conmigo al espejo.
Venga, no te angusties, ven.
Vamos a ver, lo que vamos a hacer es cortar el tirante y meterlo.
Después, sujétate, estrechamos aquí.
Vas a estar preciosa, cariño. Martina, llévatela con doña Manuela
a que le tome medidas y luego que se cambie.
Anda, venga, llorona.
Ay, muchísimas gracias, de verdad. No sé cómo agradecérselo.
Ni se imagina el disgusto que tenía la pobre.
No se preocupe, es mi trabajo. Pero es que lleva todo el año
soñando con su puesta de largo y... Bueno, como nosotras a los 18.
Claro. Quién tuviera su edad de nuevo, ¿no?
Ya le digo.
Ahora que lo pienso, ¿le gustaría asistir al baile?
Invitarla es lo menos que puedo hacer
para darle las gracias. No, de verdad, no se preocupe.
No hace falta. Por favor, diga que sí.
Será un placer contar con usted.
(Puerta)
Adelante.
Disculpe, señorita. Doña Manuela ha mandado recado.
Dice que está enferma y se va a quedar en cama,
mañana no podrá venir a trabajar. Vaya por Dios...
Pero si hoy estaba perfecta cuando se fue.
Bueno, gracias. Buenas noches, señorita.
Buenas noches.
"Invitada a puesta de largo, preciso de instrucciones".
Hola. Sira, no te esperaba.
Me dijeron que se encontraba enferma,
¿cómo está? Ah, sí, sí...
Ayer cuando salí del trabajo me encontraba muy mal.
Ya... Ya estoy bien, ya ves. Me alegro.
Gracias por preocuparte, nos vemos mañana.
¿Puedo pasar un momento?
Necesito hablar con usted.
Pasa, hija, pasa.
No tengo nada que ofrecerte. ¿Y si hablamos mañana mejor?
Es que esta casa es más modesta y más incómoda
de lo que me gustaría.
De eso precisamente quería hablarle.
Ya.
Me acabo de cruzar con la portera
y me ha dicho que tiene que dejar el piso
lo antes posible. No le hagas demasiado caso,
esa mujer ladra mucho, pero no muerde. Pasa, hija.
Pero usted no tiene ninguna necesidad de vivir aquí.
Mi taller es muy grande,
podríamos vivir muy cómodas las dos.
Si se empeña, podría cobrarle hasta un alquiler simbólico.
Eres muy generosa, hija, y te lo agradezco, pero no.
Piense todo el tiempo que se ahorraría en desplazamiento.
No insistas. Además, no quiero ser una molestia.
Pero si es que no es ninguna molestia.
Si le soy sincera, también me siento un poco sola.
Lo siento, hija.
(Tos)
¿Hay alguien más en la casa?
¿Quién iba a haber?
¿Qué está pasando?
No preguntes, hija. Te lo digo por tu bien.
Doña Manuela, cuéntemelo.
Sea lo que sea, la puedo ayudar.
(Tos)
Anda, ven.
(Tos)
(TOSE)
Paquita...
Sira... Sira.
Paquita, Paquita. Ay...
¿Cómo estás, Paqui? Bien.
(TOSE)
Solo he cogido un poco de frío. -Lleva todo el día con mucha fiebre
y por eso no he ido a trabajar. Tengo que cuidarla.
-Estoy bien, se me pasará. Tú, sin embargo, estás guapísima.
Madre del amor hermoso, si casi no te reconozco.
(TOSE)
¿Cómo estás? ¿Y Ramiro y Tánger?
Ya te contaré. Bueno.
-Ahora Sira es nuestra cómplice. (RÍEN)
De perdidos al río. Os voy a hacer una sopita.
-Sira, ¿cómo estás? Cuéntame.
Yo pensaba que no te iba a ver más. Y mira.
Mira.
Mira.
Ay...
Qué pequeña.
¿Y Emilio qué tal, cómo está?
Emilio ha muerto, Sira.
Le hirieron en el frente, murió en mis brazos.
Lo siento mucho.
Al día siguiente deserté,
íbamos a perder la guerra igualmente.
Y aunque no hubiera sido así,
si la muerte de Emilio me enseñó algo,
es que no merece la pena morir por tus ideas.
Mira.
Qué guapo.
Bastante duro es perder a un padre, no podía dejar a mi hijo
completamente huérfano. ¿Tienes un hijo?
No lo sabía. Sí.
Mira.
Me quedé embarazada cuando te fuiste.
Es un niño. Mira aquí.
Se llama Elías, es lo que más quiero
en este mundo. Claro.
Nunca debimos separarnos de él.
Si no hubiéramos ido al frente, si nos hubiésemos marchado
de España... Pero no teníamos dinero, Sira.
Emilio quería luchar.
No podíamos hacer otra cosa.
Durante la guerra lo dejamos en Madrid
con mis cuñados, el hermano de Emilio y su mujer.
Ellos ya tenían dos hijos y no les importaba cuidar de él.
Cuando murió Emilio, volví a por él y...
Y se negaron a devolvérmelo, Sira.
(LLORA)
Según ellos, Elías no tiene ningún futuro conmigo.
Yo creo que, de alguna manera,
me culpan de la muerte de su hermano.
Dicen que antes de que me lo lleve, me denunciarían a los nacionales.
Paqui...
Paqui.
Paqui, yo te voy a ayudar.
(LLORA) Ahora te voy a ayudar.
Una manzanilla, por favor.
Con que cambiara el bolso una vez a su mano izquierda bastaba.
Bueno, es la primera vez que solicita una reunión.
¿Qué ha ocurrido?
Ayer le envié un mensaje por los cauces habituales.
He conseguido que la mujer del alto cargo
me invite al baile de debutantes.
Supuse que querrían que aceptara y he dicho que sí.
Ha hecho usted bien, su presencia ahí es muy buena noticia.
Lo comentaré con mis superiores y le daremos más instrucciones.
Pero no me ha llamado por eso, ¿verdad?
No.
Se trata de un asunto personal.
Un conocido está en apuros. Sira, le advertí
que no contactara con nadie de su pasado.
Fue un encuentro inesperado, de verdad.
Lo lamento, pero no podemos ayudarla.
Pero algo podrá hacer por mí. Igual me podría dar un consejo,
es mi amiga y necesita que le ayude.
Es más, tengo que pedirle que no se involucre
en ningún asunto que no sea su misión.
Yo he hecho todo lo que ustedes me han pedido
y ahora solo le pido una cosa. No insista, ¡Sira!
Sira,
puede que no lo parezca, pero toda la información
que usted nos proporciona día a día desde su taller
es vital para mucha gente. Gracias a colaboradores
como usted, tenemos la oportunidad de salvar muchas vidas.
Tal vez de cambiar el destino de Europa.
No puedo permitir que se ponga en peligro
todo el entramado que hemos construido para usted
solo por una persona, por muy amiga suya que sea.
Si lo piensa bien, comprenderá que tengo razón.
Volveremos a vernos el día del baile
para darle sus instrucciones.
(LLORA)
(Timbre)
¿En qué puedo ayudarle? Buenas tardes. Era amiga de Emilio,
quería decirles que lamento mucho su pérdida.
Gracias. Muy amable.
También soy amiga de Paquita, su viuda.
Eduardo.
-Buenas. Hola.
Elías, no vengas aquí. Vete a jugar con tus primos, anda.
Ha venido una amiga de Paquita.
Ustedes están cuidando a su hijo, ¿verdad?
Lo dejaron a nuestro cargo mientras estaban en el frente.
-Esto es un asunto familiar, ¿quién le ha dado a usted
vela en este entierro? Paquita no se atreve a hablarles.
Creo que la amenazaron con denunciarla a la Policía.
No estamos orgullosos, pero haremos lo que haga falta
para proteger a Elías. Era hijo de mi hermano.
¿Una madre no tiene que estar con su hijo?
Su madre y mi hermano militaron en el Partido Comunista.
¿Realmente piensa que con su pasado se va a marchar de rositas?
No estoy diciendo que vayan a detenerla mañana,
pero los dos sabemos que solo es cuestión de tiempo.
El régimen querrá ajustar cuentas con ella y entonces,
¿qué será de mi sobrino? ¿No comprende que sería
una irresponsabilidad devolverle al niño?
Por favor, señorita.
¿Recibiste mi nota?
Me la dieron en la recepción del Ministerio.
No, gracias.
¿Qué es lo que quieres, Sira?
Antes de nada, pedirte disculpas.
El otro día nos dijimos cosas muy desagradables en mi casa.
Tienes razón. Y gracias por haberme llamado,
porque si me dices directamente en qué líos andas metida,
los dos nos vamos a ahorrar un montón de tiempo.
Ignacio, no estoy metida en nada,
tengo un taller de costura y ya está.
Entonces, ¿para qué me has hecho venir?
¿Te has quedado con ganas de recordar viejos tiempos?
No.
Necesito ayuda para un expediente.
Alguien con pasado en el Partido Comunista.
¿Sabes cuánta gente me llama para pedirme ayuda
y todos con la misma cantinela? Solo porque trabajo
en administración. Pero tú eres del régimen.
Yo solo me dedico a acatar órdenes
y a romperme los cuernos para sacar adelante a mi familia.
¿Tienes familia?
No lo sabía.
Mujer y dos hijos.
Amalia, Ignacio y Miguel.
¿Y sabes una cosa?
Nunca la he querido tanto como te quise a ti, Sira.
Ni mueve el culo con tu gracia cuando anda por la calle.
Pero siempre me pone buena cara en los malos momentos
y me abraza por las noches cuando tengo pesadillas.
Lo siento mucho.
¿Y para quién es la ayuda que necesitas?
No te lo puedo decir. ¿Para Ramiro?
¿Sigues siendo la querida de ese sinvergüenza?
Ramiro me abandonó y, poco después, me enteré de que había muerto.
No te creo. Sigues con él, ¿no? No.
Entonces, ¿qué es, para otro amante tuyo?
Mira, Ignacio, déjalo, de verdad. Pensaba que podía confiar en ti,
pero ya veo que me equivoco. No te interesa
ponerte chula conmigo. Puedo hacer que te detengan,
que conviertan tu pasaporte marroquí
en papel mojado y que te saquen del país
con los ojos vendados.
Tu amiguito Beigbeder ya no está en el Gobierno.
Te has quedado sin padrino.
Beigbeder ya no está,
pero tengo contactos que ni te imaginas.
Las clientas para las que coso tienen maridos con mucho poder.
Me podrían dar asilo político en media docena de embajadas,
empezando por Alemania, ¿te enteras?
Si estás tan segura de eso, ¿por qué estás temblando?
Buenas tardes, doña Arish. Disculpe, doña Elvira,
¿quién es el señor con el que estaba hablando?
Pues no sé, la verdad. Me ha preguntado por alguien,
pero debe de haberse confundido. ¿Pero estaba buscando a alguien?
No sé, a una mujer de apellido Quiroga.
Yo le he dicho que en ese piso solo está su taller.
Disculpe, doña Arish, pero tengo mucha prisa.
(Campanas)
Adiós, buenas tardes. Buenas tardes.
Ay, hija, estamos "deslomadas". Esta tarde han venido
todas las clientas a la vez a buscar los vestidos de sus hijas.
Niñas, ¿por qué no os vais a la cocina y os preparáis
dos buenos vasos de agua con azúcar?
¿Qué tal ha ido? Fatal.
Vaya. Tenía usted razón.
Si Ignacio fuera el de antes, no habría puesto a un tipo
en la puerta vigilándome todo el día.
Lo siento. Y yo lo siento por Paquita,
porque ya no se me ocurre qué más puedo hacer.
Sira, espera, todavía podríamos hacer algo.
Es una posibilidad remota, pero... ¿Qué?
¿Tú recuerdas la chiquilla esta que tenía problemas
de adelgazamiento? Sí, Alba, la niña
de la puesta de largo. Si me ha invitado
su madre al baile. Eso es. Han estado esta tarde aquí.
Hemos estado charlando un largo rato.
Resulta que su padre es un pez gordo
en el Ministerio de Justicia. Algo así como la mano derecha
del ministro. Podría hacerte el favor
de buscar el expediente de Paquita.
Es un favor un poco complicado para un desconocido.
Lo sé, pero no tenemos otra oportunidad.
Tiene usted razón. No hay nada más que podamos hacer.
Inténtalo, hija, inténtalo. Descuide.
¿Me escuchas, Sira? Sí, sí, perdóneme.
Decía que necesitamos toda su concentración
durante la puesta de largo. La tendrá, no se preocupe.
Está bien, escuche.
Tiene que recordar un nombre: Manuel da Silva.
¿Quién es? Un empresario portugués.
Hace negocios con muchos de los maridos
de sus clientas, esto es lo que necesita saber.
Confiamos en usted, no nos decepcione.
(Música clásica)
Señorita Agoriuq, me alegra que haya podido venir.
Muchas gracias a usted por invitarme.
Es lo menos que podía hacer. Alba está guapísima con su vestido.
Y tenía usted razón, el arreglo ni se ve.
Me alegro mucho que esté contenta porque me parece
que voy a tener que abusar de su confianza.
Necesito pedirle un favor. Claro, dígame.
En realidad, creo que es su marido el que puede ayudarme.
Tengo entendido que es un alto cargo
en el Ministerio de Justicia.
Se me cae la cara de vergüenza, pero tengo una amiga
con un pasado complicado. Ya, entiendo.
Mi marido suele ser muy comprensivo,
lo mejor será que hable usted directamente con él.
Se lo voy a presentar. Muchas gracias.
Vamos a tener que darnos prisa porque ha venido solo un momento
a ver a la niña. Esta misma noche viaja con el ministro a Alemania.
Espere, voy a buscarle. Muy bien.
(Música clásica)
Señores, señoras, a continuación,
presentamos a la encantadora señorita
que hoy celebra su presentación en sociedad.
La señorita Alba María Moreira Arias de Villena.
(Aplausos)
Señorita Agoriuq, está guapísima. Muchas gracias, usted también.
Sí, el vestido queda estupendo. No sabe cuánto me alegro.
Las niñas están guapísimas, los vestidos también,
son preciosos. -La señorita Ingrid Voltz.
La señorita Elena Gracia Sáez López.
Desirée Grussendorf.
Qué guapa. ¿Y dónde vais a ir
este verano de vacaciones? -Estábamos pensando
en ir a Suiza. Aunque tal vez vayamos a Estoril.
El socio de mi marido es portugués y dice que es una maravilla.
Disculpen. Se llama Manuel da Silva.
-Ah, sí, también tiene negocios con mi marido.
-¿Sí? -Sí.
-Qué curioso, qué casualidad.
(RÍEN) Perdón, ¿ha dicho Manuel da Silva?
¿Lo conoce? No estoy segura,
es que los nombres portugueses todos me suenan igual.
Si le conociera, no se olvidaría, es muy apuesto.
Con perdón de nuestros maridos. ¿Tan guapo es?
Es todo un seductor. (RÍEN)
Cuénteme todo lo que sepa.
Marchaos, niñas, que os vais a quedar dormidas de pie,
yo esperaré a la señorita.
-Hasta mañana, doña Manuela. -Buenas noches.
-Descansad.
(Música clásica)
Perdone, por favor, estaba hablando con unas clientas
y se me ha ido el santo al cielo. Dígame que su marido
no se ha marchado todavía. Lo siento, pero ha tenido que irse.
Ha apurado el tiempo todo lo posible para ver a Alba,
pero no ha podido esperar más. Perdone la indiscreción,
pero ¿volverá pronto? Estará fuera varias semanas.
Créame que lo siento. Gracias de todas maneras.
(Puerta)
(Campanas)
(SUSURRA) Doña Manuela. ¿Ya has vuelto, hija?
Pensaba que ya se habría ido a casa.
Ay, no, mujer. Estaba muy preocupada.
¿Qué ha pasado con el padre de la chiquilla?
¿Has podido convencerle para que nos ayude?
Ni siquiera he conseguido hablar con él.
Lo he intentado, pero... ¿Pero...?
Pero no lo he conseguido.
Yo creo que es mejor que lo dejemos como está.
¿Qué le vamos a decir a Paquita? No lo sé.
Mañana por la noche iré a hablar con ella.
Usted márchese ya a casa y mañana tómese el día libre,
que nos va a hacer muy bien a todas.
Te he dejado las cuentas en la habitación.
Tienes unos patrones muy curiosos. ¿Sí?
No tienen pies ni cabeza, sinceramente.
Ah, si es que son esos pigmentos que estoy haciendo.
¿Usted sabe quiénes son los surrealistas?
Ay. Bueno, que no los estoy utilizando
para hacer vestidos, de verdad. Solo los dibujo para entretenerme.
Tú sabrás, hija.
Ah, han llegado bombones.
Otra vez.
Qué amables, supongo que serán de una clienta,
como agradecimiento. Debemos estar haciéndolo muy bien
porque, últimamente, llegan muchas cajas.
Llega tarde. He dado un rodeo.
Quería asegurarme de que no me seguía nadie.
¿Tiene motivos para pensar que la siguen?
Usted me aconsejó que fuera precavida.
Hace bien, yo también lo soy.
La consulta del doctor Rico es un lugar seguro,
pero no debemos tentar a la suerte. ¿Qué tal le fue?
¿Qué tal le fue en el baile?
He conseguido información sobre da Silva.
Lo más importante es que va a venir a Madrid.
¿Cuándo? Pronto.
Lo he apuntado todo en un cuaderno para que no se me olvide nada.
No insista, no hay nada más que hablar.
-Pero si ya le he pagado los atrasos.
-Y dale, que no se trata de eso. Yo le he prometido el piso
a unos familiares y le advertí que tenía que marcharse
a final de mes. -Pero necesito más tiempo.
-Es que eso es imposible. ¿Usted quiere que hablemos claro?
¿Se piensa que no sé que tiene escondido
a alguien en el piso? No trate de negármelo.
-¿Cómo dice? -Mi salón está pegando a su casa.
Usted me dice que vive sola, pero cuando no está en la casa,
yo escucho ruidos. ¿Hay algún problema?
Ninguno, yo no quiero saber nada.
Y lo último que quiero es meterme en líos.
Pero si no dejan el piso mañana mismo, llamaré a la Policía.
Manuela. ¿Qué vamos a hacer ahora?
Tenéis que salir de aquí cuanto antes.
Yo no me fío un pelo de que esa mujer
no se vaya de la lengua. Y de esperar a mañana nada.
Esta noche nos vamos las tres a mi casa.
Perdone, ¿tiene fuego, por favor?
Gracias.
Señorita Agoriuq, qué casualidad, pensaba llamarla esta misma semana.
Es un placer volver a verla. Pero ¿por qué? ¿Necesita algo?
No, no, en absoluto. Es por mi marido.
Resulta que el ministro se ha puesto enfermo
y han tenido que alterar el viaje, volverán antes a Madrid.
¿Usted sigue necesitando ayuda de mi marido para su amiga?
¿Nos sentamos mejor en una mesa? Me encantaría invitarla
a un aperitivo. Como quiera.
Por favor.
Doña Manuela, traigo buenas noticias.
Por fin un golpe de suerte.
¿De verdad? Cuéntanos, Sira, cuáles son esas buenas noticias.
-Vamos, niñas.
-¿Qué pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato?
¿Qué haces aquí otra vez?
Lo siento, Sirita, pero ya te advertí
que mi ministerio pretendía llegar hasta el fondo
de tus asuntos. ¿Tu ministerio?
Por lo menos, reconoce que es un asunto personal.
¿Qué quieres? ¿Registrarme el taller otra vez?
No, no hace falta.
Con que me acompañéis a comisaría, será suficiente.
(Pasos)
No hace falta que digan nada. Hola, Ignacio.
-Paquita, ¿cómo estás, mujer?
Con un marido comunista, suponía que estabas en la cárcel
o algo peor. -Emilio murió en la guerra
y a mí no me han detenido gracias a doña Manuela y a Sira.
-¿Paquita es la persona para la que me pedías ayuda?
Claro.
¿Y por qué no me lo dijiste?
Porque tenía miedo.
¿O acaso te extraña?
Paquita necesita librarse de su expediente
y conseguir una documentación nueva para poder recuperar a su hijo.
¿De verdad vas a jugarte tu cómoda vida por ella?
El otro día me echaste en cara que era una egoísta.
¿Y sabes qué? Que tienes razón.
Toda la razón del mundo.
Pero a lo mejor estoy a tiempo de ayudar
a las personas a las que quiero.
Ayúdanos tú también.
Lo único que puedo hacer es la vista gorda.
Paquita, tienes 24 horas para salir de Madrid.
Pero si sigues aquí, tendré que arrestarte.
Y a vosotras también, por encubridoras.
-Lo siento.
Esto va a ser algo temporal, te lo prometo.
Paqui...
Paqui, escúchame,
que vamos a seguir luchando.
Voy a hablar con el marido de mi clienta en cuanto vuelva.
Mira, que yo voy a remover el cielo y la tierra.
Y si hace falta, voy a hablar con Franco,
pero tú al Elías lo vas a recuperar.
Sí.
Y esto para el viaje, que te va a venir muy bien.
No puedo aceptarlo. Anda ya, Paquita, venga.
Vamos ya para abajo, que está el taxi esperando.
No puedo irme sin él.
Que no puedo.
Mi niño es lo único que me queda.
¿A ti quién te ha dado permiso para entrar en mi habitación?
Paquita sigue aquí. No se va a ir sin su hijo.
Os advertí que vendría a detenerla. Pues si te la llevas a ella,
me vas a tener que llevar a mí también.
Y a mí.
Haz lo que tengas que hacer. No te quepa la menor duda.
Es el expediente. El expediente...
-Yo de vosotras, lo quemaba cuanto antes.
Tu nueva documentación, Paquita. -Gracias.
Ignacio, Ignacio, espera.
No lo mires con tanto interés porque va a desaparecer.
Paquita, que se ha acabado ya.
¡Mamá!
Te he echado de menos.
No estoy acostumbrado a que me desobedezcan.
Confío en que no vuelva a mentirme.
No volverá a pasar, se lo prometo.
¿El tema de su amiga ha quedado solucionado?
Sí, todo ha salido bien.
Fue lo primero que Rosalinda me advirtió sobre usted:
"Es muy leal con sus amigos". Ese es su punto débil.
¿Le parece malo?
En mi mundo, la lealtad es un arma de doble filo.
Espero que tener buen corazón no sea su perdición.
No tengo mucho tiempo, es mi día libre
y lo quiero pasar con mi familia. No te preocupes, lo entiendo.
Muchas gracias.
Significa mucho todo lo que has hecho por mí.
Lo he hecho por Paquita, no por ti.
Ella siempre se portó muy bien conmigo.
Nos presentó en la verbena, ¿te acuerdas?
(RÍE) Claro que me acuerdo.
Parece que fue en otra vida. Es que fue en otra vida.
Me tengo que ir. Espera un momento.
Necesito decirte una cosa.
Sobre lo que pasó entre nosotros.
Quiero que sepas que mi pecado no fue la penitencia,
no te quepa la menor duda.
Y quédate tranquilo porque yo creo que he pagado con creces
por lo que te hice.
Y sobre todo, quiero que sepas que me equivoqué.
Ramiro no era ni la mitad de hombre de lo que eres tú.
Pero yo era una niña
y no supe valorar lo que tenía.
No sé cómo decírtelo porque no existen las palabras.
Pero...
Si te sirve de algo... Perdóname.
Gracias.
No voy a volver a molestarte, te lo prometo.
¿Eso significa que le vas a decir a tu hombre que deje de vigilarme?
No sé a qué te refieres.
El hombre del coche que no para de vigilar mi portal.
Sira, yo nunca te he puesto vigilancia,
te lo aseguro.
Me tengo que ir.
Adiós, Sira. Adiós.
¿Quién nos espía?
Te presento a Frau Sterling. Encantada.
Buenas tardes. -No voy a permitir
que siga arriesgándose. Mantenga su rutina diaria
y hasta nuevo orden no volveremos a vernos
ni a pasar información. ¿Lo ha entendido?
-El "Shiva" lo resume perfectamente.
"Arbeit Mach Frei".
¿Que significa...? El trabajo os hará libres.
¿Otro ramo de mi padre?
Hemos perdido mucho tiempo y me gustaría recuperarlo.
-Abandone mi casa y hagamos como que esto no ha sucedido.
-¿Recuerda el nombre Manuel da Silva?
Esta es su foto.
Usted es la única que puede conseguirlo.
-Es un placer conocerla. Lo mismo digo.
¿No ha estado nunca en Marruecos? No, y lo lamento.
Sobre todo, si todas las marroquís son como usted.
"Ya sé que debo ser fuerte y darle más tiempo al tiempo,
pero es que me siento tan sola..."
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