All language subtitles for S01E002_Episode 2.Spanish (Spain)

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Original subtitles

Avisa al doctor. No hay manera de parar la hemorragia.

-Hay que averiguar su tipo de sangre,

necesita una transfusión ya. Madre.

-Ha despertado, hermana.

-Tranquila, está en un hospital.

Tranquila.

-Doctor, ha despertado.

Quiero volver a mi casa.

¿Y dónde está su casa, hija mía?

En Madrid.

Me temo que de momento no va a poder ser.

-El transito del estrecho está interrumpido.

Han declarado el estado de guerra.

Ya.

Lo siento, solo pudimos salvarla a usted.

¿Qué ha pasado?

¿Dónde estoy?

En Tetuán. ¿No recuerda?

Cogió un autobús y a medio camino se desmayó.

Cuando llegó aquí había perdido mucha sangre.

Lleva tres días dormida.

Es un milagro que esté viva. Sí.

(Llanto de niño)

¿Qué es esto? Buenos días.

¿Qué es esto? ¿Va todo bien?

-Perfectamente, hermana. No se preocupe, ya me encargo yo.

-Ya le dije que la señorita no está aún como para que la molesten.

-La voy a tratar mejor de lo que se merece. No sufra.

¿Quién es usted?

¿Qué quiere?

Aquí las preguntas las hago yo. Y vamos a empezar

por una sencillita. Vamos a ver.

¿Es usted Sira Quiroga Martín, nacida en Madrid

el 25 de mayo de 1911? Sí.

Y llegó usted a Tetuán el pasado 15 de junio,

procedente de Tánger, donde se hospedaba

desde el 13 de mayo en el hotel Continental. ¿Cierto?

Sí.

En compañía de Ramiro Arribas Querol.

Y allí, en el hotel, dejaron ambos una factura pendiente

de 3.889 francos franceses.

Míreme.

¿Es verdad o no?

¿Por eso me ha esposado? Por eso y porque hay sobre usted

una denuncia de la casa Hispano Olivetti por estafa

de 24.890 pesetas.

¿Qué? Sí.

Y una orden de búsqueda por la sustracción de unas joyas

de gran valor en un domicilio particular de Madrid.

No. Menuda pájara que está usted hecha.

Eso no es verdad. No es verdad.

Palomares.

¿Qué está ocurriendo?

Pero ¿cómo se le ocurre ponerle los grilletes?

¿Dónde cree que se puede escapar en su estado?

-Comisario... -Que se los quite.

Y ahora váyase a dar una vuelta.

Le ruego que lo disculpe, a veces se toma al pie de la letra

las ordenanzas. Soy el comisario Claudio Vázquez.

¿Se encuentra con fuerzas para dar un paseo?

Yo no he estafado a nadie.

Y esas joyas me las dio mi padre.

Por ahora la creo. He encontrado entre sus pertenencias

los documentos de su padre corroborando la historia.

Si es que no son falsos. Hable con él.

Se llama Gonzalo Alvarado. Vive en la calle Hermosilla 19.

La denuncia del robo partió del hijo de Alvarado.

Fue secundada por la sirvienta de la casa.

Cree que su padre pudo haber sido víctima de un chantaje

o sometido a extorsión.

Hay unos papeles que ha firmado un notario.

No podemos localizar a nadie ahora. Las comunicaciones con Madrid

son pésimas, la capital está convulsionada.

Está bien, hermana, muchas gracias. Puede dejarnos.

Pero no se preocupe, porque esto también me ha llevado a creerla.

Por fortuna para usted, el pieza de su marido o de su novio

o lo que sea, dejó esta carta donde lo explica casi todo,

que la abandona y que la deja con una mano delante y la otra detrás.

Quédele agradecida por el detalle, porque por el momento

eso la va a salvar de ir a la cárcel.

¿Agradecida?

¿Dónde está él ahora? No lo sabemos con certeza,

en Brasil o en Buenos Aires. ¿No le van a buscar?

Poco tenemos contra él, a no ser que usted le denuncie.

Pero dada la procedencia turbia de las joyas, yo no se lo aconsejo.

Ya.

Él me quería.

Íbamos a...

A empezar una vida nueva.

Eso dicen todos los de su calaña.

Señorita, por favor.

¿Se encuentra usted bien?

Mire, siéntese, por favor.

No llore, señorita.

Mire, realmente todo ha ocurrido en un momento extraño.

La mitad de España se encuentra en manos de los sublevados

y la otra mitad permanece leal al gobierno.

Así que con la que está cayendo, no creo que tengan interés

en andar persiguiendo por Marruecos a una presunta ladrona.

Pero yo tengo que volver a España con mi madre.

Es lo único que tengo.

Por favor. No, de eso olvídese.

Por lo pronto le hemos requisado el pasaporte y no podrá salir

del Protectorado. Aquí tiene que hacer frente

a un problema grave, el impago del hotel, que no es moco de pavo.

Pero aquí no conozco a nadie.

¿En qué voy a trabajar?

¿Y dónde voy a vivir?

No se me ahogue en un vaso de agua, señorita Quiroga, por favor,

que seguro que al problema de la vivienda le encontramos remedio.

En unas semanas le dan el alta y entonces vengo a por usted.

¿De acuerdo?

¿Está lista?

Permítame.

Para que no haya confusiones, vamos a dejarlo todo claro.

La estoy dejando en libertad pero con movimientos limitados.

Y por eso le retengo el pasaporte.

La buena noticia es que he hablado con el hotel, les he pedido

el plazo de un año para saldar la deuda y han aceptado.

¿Un año? Sí. Así que ya puede espabilarse

y sacar el dinero de debajo de las piedras si hace falta,

pero de forma limpia. ¿Queda claro?

No me vaya a fallar, señorita.

Porque como me busque las cosquillas,

pongo en marcha la maquinaria

y hago que se la lleven presa a España.

Y allí menos de siete años en la cárcel de Quiñones

no se los quita nadie.

Y la otra buena noticia

es que le he encontrado un lugar donde quedarse.

(Tumulto)

(HABLAN EN SU IDIOMA)

(Claxon)

(HABLA EN SU IDIOMA)

(CHISTA)

(HABLA EN SU IDIOMA)

Acompáñame.

(Timbre)

Buenos días, Candelaria,

aquí le traigo el encargo que estaba esperando.

(RÍE)

-Pero ¿qué encargo es este, mi comisario?

-Un encargo especial que yo le hago.

Tiene que hospedar a esta señorita por un tiempo

sin cobrarle un céntimo.

Ajustarán cuentas cuando empiece a ganarse la vida.

-Por los clavos de Cristo, mi comisario,

desde que empezó el alzamiento no para de venir gente

por hospedaje. Tengo colchones por los suelos.

-Déjese de milongas, el tránsito del Estrecho lleva semanas cortado

y por allí no cruza ni las gaviotas.

Tanto si le gusta como si no, hará lo que le pido.

Apúntelo en la cuenta de las que me debe.

-A la cuenta. -Además, tendrá que ayudarla,

aquí en Tetuán no conoce a nadie y arrastra una historia bastante fea.

¿Le ha quedado claro? -Como el agua, señor mío,

clarito como el agua.

Descuide, mi comisario, que la Candelaria se encarga de todo.

Voy a ver dónde la meto, pero estará en la gloria bendita.

-Vean, y ándese con ojo.

Y no se le ocurra meterla en ninguno de sus líos.

Mire, no me fío ni un pelo de ninguna de las dos,

así que las tendré vigiladas bien de cerca.

Como me entere de algo extraño, me las llevo a comisaría

y de allí no las saca ni el Sursum corda.

Y al calabozo me las llevo como me entere de algo extraño.

Así que ya puede andarse con ojo.

-Tus muertos, cabrón.

Ay, demonio de hombre, loca perdida me trae.

No sé cómo lo hace, pero no se le escapa ninguna.

Lo tengo todo el día en la chepa pegado,

pero, anda, mi alma, entra para dentro,

voy a ver si te instalo en uno de los cuartos del fondo.

Ay, maldito alzamiento, a ver si se acaba de una vez este jaleo

y podemos volver a la vida normal.

Bueno, aquí te vas a quedar. ¿Qué te parece?

Ahora mando a la Jamila para que te ayude.

Tú vete acomodándote, yo voy a salir,

tengo unos asuntos pendientes, pero a la hora de comer

me lo tienes que contar todo despacio.

Venga, guapa.

Jamila.

Niña.

Ya lo hago yo. Gracias.

Señorita, no se preocupe, Jamila recoge todo esto.

Jamila lava y limpia.

Señorita, ¿está enferma?

¿Tú quieres estar sola?

-¿Qué tenemos hoy para comer, Candelaria?

-Un estofado riquísimo, con su cordero, su poquito de hierbabuena.

-¿Y ese milagro? ¿Qué se celebra?

-Niña, la comida ya está en la mesa.

Baja, todos te quieren conocer. -¿A quién queremos conocer?

-Tú a nadie, que es mucho pollo para tan poco arroz. Niña, baja.

Niña, baja.

Niña.

-Uh, si es como una aparición. -Totalmente.

-Sagrario, se ahorra usted los comentarios sarcásticos.

A sentarse y a callar.

-¿De dónde sale esta chiquilla? ¿Es viuda?

Porque a mí me lo parece.

-Ven, hija, ven. Siéntate a mi vera.

Estos, al principio, impresiona,

pero después no asustan ni a los niños de tetas.

Siéntate.

Esta... ¿Cómo te llamas, niña?

Sira.

Sira. Esta es Sira.

Y como ustedes pueden ver, está un poco pachucha,

así que me la dejan tranquila.

Venga, a comer.

-Hola. Hola.

El estofado me ha quedado de rechupete,

si es que los trato como una madre y después se quejan. Ay.

Y si supieran lo que me ha costado... Un escándalo.

Como esto siga así,

terminaremos comiendo las raspas de las sardinas.

Y de postre melón, que este año están más dulces que un caramelo.

Come, hija, come, que te hace falta.

-Dicen que ya ha caído Badajoz.

-Qué lástima, tantos buenos mozos que se habrán sacrificado

por el Gobierno de la República.

Con la alegría que podrían haberles dado un cuerpo tan apetitoso

como el suyo, ¿eh, Sagrario? -Indecente.

-Mamá, ¿qué pasa?

-Que te calles, que me tienes harta.

-Si no he dicho nada. -Cállate.

-No te rías, Juanito, que reírse seca las entendederas.

-Por eso se ha tenido que levantar el Ejército, para acabar

con tanta risa, con tanta alegría y con tanto libertinaje.

Estaban llevando a España a la ruina.

-El problema de la República fue no erradicar a estas viejas meapilas.

Ahora no estaríamos donde estamos.

-¿A quién llamas vieja meapilas? -A usted, Sagrario.

-Sagrario, no entres al trapo, no tienen educación.

Si no son más que unos rojos viciosos.

-¿Vicioso yo? Pero si no hay con quién.

Que tienen ustedes aquello cerrado con siete llaves.

-Cuidado con lo que dice, hijo de Lucifer.

-Uh... -Haya paz, haya paz.

-El masón pidiendo paz. Tiene guasa la cosa.

Al paredón tenían que llevarle los militares.

-Ya estamos con el paredón.

-Ya no le consiento ni una grosería más, degenerado, ateo.

-Cállese ya, tía vinagres, que es una tía vinagres.

-A mi hermana no la llames tía vinagres, adorador de Satanás.

-Si conoce a Satanás...

-Que me tiene harta. -Ya estamos con los tiros.

(HABLAN A LA VEZ)

-¡Se acabó!

¡Se acabó!

¡Se acabó!

Como vuelva a hablarse de la puta guerra en esta santa casa,

los pongo a todos en la calle y les tiro las maletas por el balcón.

A comer y a callar.

(Cantos árabes)

(SUSPIRA)

Ramiro.

(Puerta)

El desayuno está puesto, niña.

Dicen que una empieza a curarse el día

que el primer pensamiento de la mañana ya no es para él.

¿Qué hago aquí?

¿Cómo pude dejarlo todo y seguir a ese desgraciado?

Cuanto más entretenida estés, menos tiempo de darle a la cabeza.

Niña, tienes que comer, coger fuerzas, salir a la calle,

el runrún de poco sirve.

Si lo sabré yo...

Ay, sí, hija, sí, también tuve un pasado.

Dos años estuve sufriendo como una parturienta por el abandono

de mi marido, ¿y sabes qué? Que fueron dos años perdidos.

Y para perder el tiempo, mejor el mus o la brisca.

Y, niña, un baño tampoco te va a matar, que estaremos en África,

pero aquí la gente también se lava.

He pensado que podría ayudar a Jamila limpiando la cocina

y las habitaciones.

De alguna manera tendré que pagar mi estancia aquí, digo yo.

Cuando cojas dos o tres kilos,

que así no podrás ni con el palo de la escoba.

Venga, levántate, que se enfría el desayuno.

Jamila, ya sigo yo. No, no.

Señora Candelaria... Dile a la señora Candelaria

que ya he engordado los 3 kg que me pidió.

Señorita solo engorda un kilo.

¿La matutera te ha puesto de espía?

El caso es que he engordado. Sigo con las patatas yo.

Señorita... (CHISTA)

¡Señorita!

Estoy bien, estoy bien.

Ve por unas toallas o por algo para secar esto.

Jamila, ¿de quién es esta habitación?

Del señor Andrés.

¿Ese es el calladito de las gafas?

Deje que le ayude. Esta tarde nos daremos una vuelta.

No puede ser que lleves dos semanas aquí y no hayas pisado la calle.

Es que no me encuentro con fuerzas. Antes...

Si tienes fuerzas para ayudarme, tienes fuerzas para salir.

Lo que no puede ser es que no te dé el sol,

que tienes una cara de muerta...

-¿Con qué manjares nos van a deleitar hoy

las mujeres de la casa? -Qué le gusta retorcer el lenguaje

solo para preguntarme qué hay de comer.

Pues comida y ni se le ocurra dejarla en el plato.

Candelaria, ¿qué le iba yo a preguntar?

¿Andrés a qué se dedica?

¡Anda! No me digas que hay alguien que se está olvidando ya

de su enamorado. No diga tonterías.

Deben pasar años para que yo me ponga a pensar en hombres.

¿A qué se dedica?

Trabaja en Aduanas y por la tarde se dedica a lo que todos,

a comprar y vender todo lo que se pueda comprar y vender.

¿Por? Por nada.

Perdón, señor Andrés. Yo tirar cubo, culpa mía.

-¿Cuántas veces te he dicho que no entres a limpiar en mi habitación,

que de eso me encargo yo? Ahí no entra nadie, ¿entiendes?

Nadie. -Perdón, yo saber.

Accidente. -Que no vuelva a pasar.

Fue culpa mía. Si quiere abroncar a alguien, aquí me tiene.

-Señorita...

Déjanos solos, Jamila, por favor.

Tranquilo, ella no vio nada, pero yo sí.

-Usted tampoco vio nada. No se meta en líos.

Yo ya estoy metida en un lío muy gordo

y ahora necesito salir de él. A lo mejor usted me puede ayudar.

Se equivoca. Yo no soy la manera, créame.

Necesito volver a España y me han confiscado el pasaporte.

En su habitación encontré... Escúcheme bien,

porque no volveré a repetirlo. No me dedico a lo que insinúa.

Pero... Y aunque lo hiciera,

usted no podría pagarlo.

Buenas tardes.

¿Ya vuelve? Iba a salir a buscarla.

¿Cruzando la calle? ¿Y ese milagro?

Pues que he pensado que ya es hora de que me busque un trabajo.

Así me gusta. Dejo esto dentro y nos vamos a dar una vuelta.

Qué alegría, chiquilla.

¿Y si empezamos por aquí? Aquí vive una amiga que es peinadora.

¿Sabes cortar el pelo?

Pero lavar cabezas y peinar sabrás. ¿Qué mujer no sabe?

Para tratar con las clientas solo hace falta decirles lo guapas

y lo sanas que están, así tengan un pie en la tumba.

Rosa, que esta chiquilla es una joya.

En Madrid ha peinado a lo mejor de cada casa.

¿A quién no habrá peinado esta muchacha?

Dile, dile.

Y discreta, ¿eh? Que de eso ya no hay.

Mujer, hazle una prueba, verás cómo te sorprende.

-Que no. No voy a poner la cabeza de ninguna de mis clientas en manos

de una desconocida. -¿Es por eso?

Yo pongo la mía a su disposición y listo.

Niña, demuéstrale lo bien que lo haces.

Toma.

¿Está segura, Candelaria? Segurísima.

Menos timideces y al tajo.

-Deja las tijeras. Como le hagas algo a la matutera,

te arranca los ojos. Hacedle perder el tiempo a otra.

Pero ¿qué mujer no sabe peinar? Que sí, que sí.

Es que con lo del alzamiento la cosa está muy rara.

Se ha quedado mucha gente atrapada aquí

y sobran personas para trabajar. Pero tú no desesperes,

que algo encontraremos; si no mañana, pasado.

Se lo agradezco, pero la cosa no pinta bien

y usted lo sabe mejor que yo. Bueno, todo se andará.

Disculpe.

No sabía que había nadie aquí.

Solo venía por un vaso de agua, no podía dormir.

Esta noche ha sido el auténtico centro de atención.

En la cena solo se hablaba de la poca suerte que ha tenido

con lo de buscar trabajo.

Si ya se lo dije,

no están los tiempos como para conseguir dinero.

¿Se lo dije o no se lo dije?

A lo mejor no necesito dinero para conseguir lo que quiero.

A lo mejor me basta hacerle una visita al comisario Vázquez

y decirle que alguien en la pensión trafica con pasaportes.

¿Estás segura que quieres ir por ahí?

Sería una verdadera lástima hacer daño

a una cosita tan bonita como tú.

Qué lástima que estés en los huesos.

¿Qué? ¿Cuánto?

Uno más.

Hay días que una se levanta...

¡Me cago en todos mis muertos!

Es la tercera falda que me cargo en una semana.

Esta comida del demonio me pone kilos donde no tenía.

Niña, sigue con el desayuno mientras yo me cambio.

A ver qué trapo me pongo ahora.

(CANTA) "Aquella noche de clara luna,

que yo, cegada por mi fortuna,

le fié

y el corazón

se lo entregué..."

¿Sabéis qué me han pedido por estas dos gallinas viejas?

Se han vuelto locos. Adminístralas bien, Jamila.

Caldo de gallina para toda la semana

con mucho cuscús y muy poca carne.

Eso o empiezo a cobrar el doble por habitación.

Yo en cuanto pueda...

Si no lo digo por ti, hija. Si tú bastante que nos ayudas.

Pruébese esto.

¿Le has arreglado el roto? Pero si no hacía falta.

Si esto es un trapo viejo que ya ni me entraba.

Pues yo creo que ahora sí le entrará.

¿Y esto cómo lo has hecho, niña? ¿De dónde has sacado la tela?

Del dobladillo.

Tú no me digas a mí que tú sabes coser.

Si quiere que le arregle alguna cosa más.

(EL MUECÍN LLAMA A LA ORACIÓN)

Hay que decirle a Candelaria que vaya pensando

en darnos la cena dentro de casa,

que por las noches ya empieza a hacer rasca.

El frío que estarán pasando en el frente.

-No sufra, Herminia, que entre todos hacemos una colecta

para que vaya corriendo a calentarlos.

-Que el rojo le tenga que sacar punta a todo.

-¿Caldo de pollo otra vez? Qué miseria.

-Pues si el señorito no está a gusto,

se puede mudar al hotel Nacional.

-¿Y ese abrigo de paño bueno, Candelaria?

No le estaremos pagando demasiado.

-Eso, lo que se ahorra en pollos se lo gasta en trapos.

-¡Calla!

-No sufran, que a mí solo me ha costado la tela.

La mano de obra y el talento es cosa de nuestra Sira.

¡Ay, niña, que tengo cintura y no lo sabía!

-¿Eso lo has confeccionado tú?

-Sí, con estás manitas que yo he dejado que usara para fregar.

Un portento es la criatura.

¿A que parezco sacada de una revista?

-¿Y cuánto me cobrarías a mí por uno como ese?

No hace falta que me pague nada, con la tela ya está.

-Pues ya mismo te estoy encargando un abrigo, dos vestidos, una blusa,

una falda.

-Che, che, che, che. Que aquí gratis no se da ni la hora.

La tela ya la negocio yo y quien quiera los servicios de la niña,

me lo dice, lo apunto y ya acordamos el precio.

-Pero no se nos suba a la Parra, Candelaria.

-Qué poca vergüenza.

Encima que están en mi casa, como quien se dice, gratis.

De desagradecidos está el mundo lleno.

¿A quién apunto primero?

-A mí. -A mí, a mí.

(Risas)

¿Podrías hacer este modelo? Sí.

También puedo subirle la cintura y hacerle un escote imperio,

que le va a sentar de maravilla. ¿Y esta tela para mi vestido?

Bien, está bien, pero yo prefiero la verde

porque le va a sentar mejor con sus ojos.

Pero son marrones. Así le contrasta.

-Espera, que concrete conmigo.

-Pero bueno, pero bueno, no acapare usted la revista,

que yo también tengo derecho.

Déjeme la revista, por favor.

Ya, ya está bien.

-Yo también quiero una tela que contraste con mis ojos.

-¡Oh! -Claro.

-A ver.

Señorita.

Gracias.

¡La madre que te parió!

¿Y las cotorras dónde están?

No me diga que se han apuntado de voluntarias en el frente.

-No, si no las pueden ni ver, todo el día a la gresca.

Pero faltan cinco minutos y ya las están echando de menos.

-Si es que aquí, excepto Juanito,

los demás somos todos del mismo bando y eso da poco juego.

-¿Y yo de qué bando soy?

-Pero ¿tú no vas a misa diaria y te encomiendas a los curas?

-Sí. -¿Y no sabes en qué bando estás?

Si tienes una cara de sublevado que no puedes con ella.

-¿Sublevado?

-Pero ¿qué tenemos aquí? -¡Madre mía!

-¿Qué pasa? ¿Que nunca han visto a unas mujeres arregladas?

-Pero mamá, por Dios.

-No pasa nada, hijo. Tu madre tiene lo que hay que tener.

¿No estoy guapa?

-Para mi gusto, un poco exagerada.

-Están como para parar la guerra. (RÍEN)

-Pues a ver si es cierto y por lo menos hoy tenemos en esta casa

una comida en paz. Venga, todo el mundo a comer.

(RÍE)

-Sagrario, ese escote debería ser pecado.

-No me sea antiguo. Esto es la última moda.

Claro que de moda un rojo qué va a saber.

-Y cuidadito con mancharse los vestidos,

que todavía no están pagados.

Hala, a comer.

Niña, esto es mérito tuyo.

Es la primera vez que esos mastuerzos las ven como mujeres

y no como contrincantes.

Oye, lo que no puede ser es que ahora que tú has recuperado

el color y la figura, seas la única que no lleva un vestido decente.

Bueno, pero ¿qué más da? Yo no estoy para vestidos nuevos.

Mártires no quiero en mi casa,

que de mártires ya está el cementerio lleno.

Tú coges la tela que más te guste y te haces un vestido.

Ya estás.

-¡Ay! Justo a tiempo, niña.

¿Qué, te gusta cómo me han dejado? ¿Eh?

-Pero bueno, Candelaria, vaya vestido fino que llevas.

¿De dónde lo has sacado? -Pues me lo ha hecho una amiga.

Es cosa buena, ¿A que sí? -Pues sí.

Te lo pregunto porque tengo patrona nueva y busca modista.

-Ya no estás sirviendo a la franchute.

-Qué va, estoy con una alemana.

No veas el acento que se gasta la tipa.

Que a la gabacha ya tenía yo el oído hecho.

Pero esta parece que te quiere morder el pescuezo.

Bueno, que anda buscando quien le cosa.

-¡Ah!

Anda, pues se podría venir a la pens..

A una casa de alta costura que están a punto de abrir.

Cuando me entere, te lo cuento.

-Muchas gracias. -¡Ea! Adiós, guapa.

-Hasta luego, Candelaria. Adiós.

-Apúntamelo, Rosa.

-Como siempre, ¿eh?

-¿Tú estás majareta? ¿Cómo va a venir una gachí así a la pensión?

Esas señorones se juntan con las coronelas y las generalas

y no sabes el estilo que se gastan.

Tú lo que necesitarías es un local de campanilla,

donde ofrecerle la clientela lo mejor de lo mejor.

¿No es que ahora hay muchas señoras de posibles atrapadas

a este lado del estrecho?

¿Cómo voy a montar un taller de alta costura?

Si estoy hasta el cuello de deudas. Conmigo, chiquilla, conmigo.

Si usted no tiene una perra.

Si no le llega para darnos de comer.

Estoy canina perdida, es verdad.

Entonces no se monte el cuento de la lechera.

¡Ay! Ya lo sé, ya lo sé.

Pero tú tienes unas manos que son un tesoro

que no se las salta un gitano.

Y que no las aproveches como Dios manda,

eso, eso es un pecado mortal.

¡Uy!

Te queda muy bien este vestido.

¿Usted cree?

Candelaria tenía razón.

Estás mucho mejor que el día que llegaste.

No estás tan flaca, pareces otra persona.

(RÍE) Entonces no le gusta el vestido.

Le gusta la percha. (RÍE)

Me has pillado.

Pero lo que me gustaría de verdad

es verte sin él.

¿Y por qué iba a quitarme el vestido para alguien

que no quiere ayudarme a volver a mi casa?

(SUSPIRA) Si tú, si tú fueras buena conmigo,

yo podría conseguirte el pasaporte.

Primero el pasaporte

y luego ya veremos.

¿Eh?

Mis datos y mi foto.

Y no me pregunte de dónde los he sacado

porque los dos sabemos que son falsos.

Pásate por mi cuarto esta noche.

-Venga, chico, dale. Échala ahí, échala.

-¿Ninguno de ustedes sabe dónde está mi hermana?

-Cualquiera sabe.

-¿Dónde se habrá metido esta mujer?

¿A que no saben qué he conseguido hoy? ¿Hace una copita o no hace?

(Timbre)

-Ahí está.

-Usted sabe hacer magia, Candelaria. ¿Cómo lo ha conseguido?

-Un estraperlista amigo mío.

Palomares. Cuánto honor. ¿A qué se debe su visita?

-Matutera cachoperra, ya sabía que eras muy golfa y muy fullera,

pero esta vez te has superado con tus chalaneos.

-¿Tanto paripé por una botella de brandy?

Pues sí que se deben de aburrir en comisaría.

-Me importa un pito tu cochina botella.

Eso sí, lo de dar cobijo a un delincuente

ya es harina de otro costal. -¿Qué?

-Andrés Cordero, comerciante de salvoconductos,

pasaportes falsos y Dios sabe qué más.

Este hijo de perra vendería hasta a su madre a los republicanos.

-Palomares, yo le juro por lo más sagrado

que ninguno sabía a qué se dedicaba este señor.

-Pero el caso es que se alojaba en esta pensión, ¿no?

La escoria llama a la escoria, matutera.

-Se lo juro por mis padres, que en paz descansen los dos.

-Mira, cállate que ya hablaremos largo y tendido.

Y tú tira p'alante, cabrón. -Voy por mi chaqueta.

-La tercera baldosa. -Que no te hace falta la chaqueta

en el calabozo, vas a estar calentito. Tira, coño.

Que tires, joder.

Niña, ¿se puede saber qué haces?

Busca en la tercera baldosa.

¿Pero la tercera desde dónde? ¿Desde la cama?

¿Desde la puerta?

Niña, no me digas que sabías que ese hombre no era trigo limpio.

No te podía decir nada, prometió darme un pasaporte.

¿Eso es lo que buscas? ¿Un pasaporte?

¿Pero adónde vas a ir tú con un pasaporte falso?

No iba a poner ni nombre.

Aunque tuviera el nombre de la Virgen María.

¿Era tu foto o no lo era?

Tengo que ayudar a mi madre porque no me queda nada más.

Tienes tantas denuncias pendientes que en cuanto pongas un pie

en España te encierran y tiran la llave.

Eso si sales viva, una guerra no es cosa de bromas.

Está la cosa feísima.

Aquí está.

Santo Cristo de Medinacelli. Y yo preocupada porque el payo

me debía 15 días de pensión. Hay que dárselas al comisario.

¿Al Claudio? Tú estás trastornada. Esto vale un dineral.

Y más ahora con los tiempos que corren.

No pensará venderlas. Nos ha jodido.

Pero si no son nuestras. Cuando Andrés salga de la cárcel

las va a buscar. Ese ya no sale más, tranquila.

Y si sale, con decirle que las requisó la Policía,

que vaya a pedirle cuentas. No sé yo, Candelaria.

Es demasiado peligroso. ¿Y nos comemos los mocos?

¿Quieres pasar la vida aquí para los restos?

¿Se te ha olvidado la deuda de Tánger? ¿Y tu madre?

¿Cómo la vas a ayudar sin dinero? ¿Y si nos pillan?

Si nos pillan nos vamos juntas a la cárcel o al cementerio civil.

A ver por dónde nos sale el payo.

Pero eso no va a pasar, mi alma. Tú y yo hemos tenido

suficiente mala suerte para vivir dos vidas enteras.

Ahora tenemos que ser valientes y luchar por nosotras.

Si no, nos tendremos que quitar el hambre de encima a guantazos.

Ya lo sé, solo que tengo miedo. ¿Y te crees que yo soy de yeso?

Las cagaleras de la muerte me entran de pensarlo.

Ni que fuera igual trapichear con mis apaños

que con docena y media de pistolas. ¿Y a quién se las vendemos?

Todavía no lo sé, pero no será difícil,

estamos en guerra. Todo el mundo necesita pistolas.

Candelaria, ¿y usted a la guerra con quién va?

¿Yo? A muerte con quien gane, mi alma.

(Almuecín)

Primera lección: mercado negro, contrabando. Cuestión de hacer

los contactos adecuados. Ya.

Lo que no entiendo es por qué me necesita.

Porque necesitamos que nos hagan caso.

Con esas piernas que Dios te dio no pasamos desapercibidas.

Tampoco se quite méritos, que está de muy buen ver.

Gracias, mi alma, ¿quién va a querer vacas

teniendo terneras? Parece mentira lo inocente que sigues siendo

con los mandobles que te ha dado la vida.

Si quiere, la espero aquí. Dale.

¿Quieres beber algo, guapa?

Sí, un vaso de agua.

No le hagas caso, está de broma. Dos vinos. Y dile a tu amigo

que no sea tímido, que invite a la siguiente.

¿Y ahora qué hacemos? Tantear, chiquilla,

tantear el terreno, déjame a mí.

-En cuanto os vimos entrar nos preguntamos qué hacían

semejantes preciosidades por aquí. -Pues ya veis, beber.

En buena compañía.

Y si se dan las circunstancias, hacer negocios.

-¿Qué necesitáis, reina? ¿Medias, cigarrillos?

-Al revés, somos nosotras las que tenemos una mercancía

para vender. En confianza, se entiende.

-¿Cuánto por media horita, corazón? ¿Cómo?

Me parece que está equivocado. O hablamos claro o estaremos aquí

hasta el día del juicio.

-Por favor, guarde eso, vaya a provocar una desgracia.

-Pero si no tiene ni balas. No nos vamos a liar a tiros

con todo el mundo. Simplemente es una mercancía que nos sobra

y la queremos vender. Y a quien Dios se la dé,

san Pedro se la bendiga.

Pero vamos, si no están interesados nosotras nos vamos

y todos tan felices. -Vosotras no os marcháis

a ningún lado. Andando. -Andando, vamos, andando.

Discúlpenos, no pretendíamos asustarlas, pero tampoco

podíamos hablar en el bar después de su numerito.

-¿Qué quieren? -¿De cuántas armas hablamos?

-19.

-Perfecto. 1.900 duros. Solo hay una condición:

el encargo debe hacerse esta misma noche.

-Está bien. Pueden pasar a recogerlas

a nuestra pensión. -Recogerlas...

El ejército tiene vigilados todos los accesos a Tetuán.

Nuestros amigos temen que si entran en la ciudad

no saldrán vivos. Tendrán que llevarles las armas.

¿Nosotras? Dos mujeres no levantarán

sospechas. -¿Pero cómo vamos a hacer eso?

-En la estación del tren, a las afueras de la ciudad,

vayan esta noche antes de las seis de la mañana.

El camarero de la cantina les dirá qué hacer.

¿Quiénes son sus amigos?

¿Y qué van a hacer con las pistolas?

Eso da lo mismo. Un placer hacer negocios con ustedes.

-Lo conseguimos, niña. ¿A qué viene esa cara?

Todo salió a pedir de boca. No he pasado más miedo en mi vida.

No sirvo para estos tejemanejes. Y lo de llevar las pistolas

a la estación, ¿qué? No sufras, mi alma,

de eso me encargo yo. De momento hemos conseguido

lo más difícil. Vamos.

Acuéstate, prenda, cuando despiertes mañana

ya he vuelto con el dinero y nos ha cambiado la vida.

Buenas noches.

Despierta, niña, despierta.

¿Ya está de vuelta?

¿Qué tal ha ido?

Un desastre, criatura, un desastre como la copa de un pino.

¿Pero por qué? Porque el malnacido de Palomares

salía del bar El Andaluz cuando estaban cerrando.

Me echó el alto cuando estaba a punto de llegar a la puerta.

Y le encontró las pistolas. No, hija, no, hubo suerte.

Solo me chilló de lejos. Y me ha dicho que a lo mejor

le cuadra pasar esta noche por aquí para hacer un registro.

Ya.

Entonces se tiene que quedar en la pensión toda la noche,

por si acaso. Talmente, criatura.

Y las pistolas tienen que desaparecer de aquí

antes de que venga Palomares. Más clarito no lo podías decir,

reina mía. Así que arreando. No.

Arreando que no tenemos tiempo. No.

De verdad que yo no puedo. Niña, si no lo haces,

lo perdemos todo. Olvídate de tu taller, de traer a tu madre,

¿eso es lo que quieres?

Niña, es la única manera de salir adelante.

Ojalá hubiera otra, hija. Ojalá.

Pero no la hay.

¿Está bien?

Venga, ponla fuerte.

A ver. Ya está.

¿Alguna más por algún lado?

Listo. Ahora te pinto los ojos y te visto con un jaique,

que dentro cabe el universo entero.

Venga, niña.

Perfecta. Vas a parecer una morita más.

Eso es.

Ponte la babucha.

(Cristal)

-¿Qué ha pasado?

-Nada, que se me ha caído un vaso de agua al suelo.

Métase en la cama.

-¿Qué ha sido eso?

-Como no se meta en la cama, mañana lo primero que hago

es decirle a la Benita que se está usted viendo

con el practicante los viernes en la cornisa. Venga para adentro.

Salta la tapia con cuidado de no dejar que los moros en el suelo.

¿Y luego?

Una vez fuera, olvídate de quién eres.

Si te encuentras con alguien, arrastra los pies

como si fueras una vieja.

¿Sabes llegar hasta la puerta de La Luneta?

Creo que sí. Bien.

Cuando la pases, usa la carretera de Ceuta

y que encontrarás de frente con la estación.

Tienes que hablar con el camarero antes de las seis.

Sí. Bien. Le entregas las pistolas,

recoges el dinero y te vienes para acá echando las muelas.

Yo voy a estar aquí esperándote con los ojos como candiles.

No se preocupe, todo va a salir bien.

Que la Virgen de los Milagros te acompañe, mi alma.

"Salam aleikum".

(HABLA EN ÁRABE)

Soy española. No hablo árabe.

Vaya al andén. La está esperando.

"Shukran".

-Alto ahí! -Déjala, Churruca,

¿no ves que es una mora? -Lo mismo me da que sea mora

que cristiana, el sargento ha dicho que tenemos que pedir documentación

a todos. -A todo el mundo español,

no a los musulmanes, que no te enteras, macho.

-El que no te enteras eres tú. ¡Señora, documentación!

-Mira que eres zote, Churruca.

Que las nativas no van por ahí con los papeles encima.

A ver cuándo aprendes que esto es África,

no la plaza mayor de tu pueblo. -He dicho que documentación.

-Como el sargento se entere que has andado molestando

a una pobre marroquí, te vas a comer tres días de arresto

en la alcazaba como tres soles, chaval.

-Venga, tira.

-Vámonos.

¡Ah!

¿Trae la mercancía?

¿Y dónde está?

Aquí.

¿Se lo puede quitar usted misma?

Necesito tiempo. No hay tiempo.

El retén de la mañana está a punto de llegar y revisan la estación

antes de que salga el primer tren.

Tendré que ayudarla. ¿Le importa?

No estoy acostumbrada a que me desnude un desconocido.

Me llamo Roberto.

Yo soy Sira.

(Motor)

Ya están aquí.

-Vosotros a la cantina, vosotros a las taquillas,

vosotros a las oficinas y vosotros a los urinarios.

-Vístase, rápido, hay que salir de aquí.

-Vamos echando leches. -Por la ventana.

¿Y usted? Coja las pistolas

y corra en paralelo a la vía. Déjelas junto al primer cartel

que encuentre anunciando una parada.

Tenga.

Es el dinero pactado.

¿Puedo confiar en que dejará las pistolas junto al cartel?

Salte y corra.

-¿Que has tirado por la ventana? Mira a ver qué ha tirado, rápido.

¡Qué desastre, por Dios!

Juanito, ¿puedes...? -Sí, madre, no se preocupe,

que yo puedo solo. -Venga.

Sagrario, tu reloj está aquí.

¡Dios mío! -¡Ay, Dios mío!

-Entra, chiquilla, y cuéntamelo todo,

que estoy mala sin saber qué ha pasado.

¿Ha hecho el registro Palomares? Sí,

pero se ha ido con un buen palmo de narices.

Ya tenemos el dinero.

¡Ay, mi niña! Deja que te abrace, que vales más que el oro del Perú.

Calle, que le van a oír. ¡Jódete, Palomares!

¡Que te parta un rayo! Olvídese de Palomares ya.

Sí. Deje que le explique cómo ha ido.

(Timbre)

¿Qué pasa ahora? Toma.

(Timbre)

¡Matutera, abra la puerta, que no tengo toda la mañana!

-Esconde el dinero.

¿Es Palomares? Peor.

-Dese prisa, matutera.

Quiero ver a la señorita Quiroga. -Buenos días, comisario.

-Le he dicho que quiero ver a la señorita Quiroga.

-Sira, el comisario Vázquez quiere verte.

Perdone que no esté más presentable,

pero me acabo de despertar. ¿Sabe qué es esto?

Un pasaporte con su foto y otros datos.

¿Sabe de dónde lo he sacado? Estaba entre los confiscados

de Andrés Cordero. Curioso, ¿no?

-No sea malpensado, comisario. Seguro que es un malentendido.

-Candelaria, no se meta. Señorita Quiroga, le advertí

que no me causara ningún problema. A la más mínima jugarreta...

Se lo puedo explicar. Candelaria tiene razón,

no es lo que parece. ¿Se encuentra usted bien?

¿Tiene calor? -Claro, estamos aquí los tres...

Voy a encender el ventilador. No, no hace falta. Estoy bien.

Estoy bien así.

-¿Y bien?

¿Lo de la foto en ese pasaporte?

Andrés me pidió que le diera una, pero no sabía

qué quería hacer con ella. ¿Tengo cara de haber nacido ayer?

Necesitaba un pasaporte y con este pájaro vio el cielo abierto.

No se le ocurra negármelo.

Usted tiene razón, pero no es cómo se imagina.

Él sabía que yo quería volver a España desesperadamente.

Una noche me llevó a su habitación y me prometió

que me conseguiría uno falso.

Sí, ya sabe,

si me portaba bien con él.

-Todos los hombres son iguales, son unos guarros.

No te puedes fiar... -Candelaria, calle.

-Menos usted, mi comisario.

-¿Y qué hizo usted?

Me negué. Pero le dio la foto.

No llegué a dársela. Supongo que me la robaría de la maleta.

Se lo juro por lo más sagrado.

Mire, ese hombre estaba obsesionado conmigo

y creo que no quiso rendirse a la primera de cambio.

Supongo que él pensó que si me conseguía uno,

yo acabaría cediendo.

No le creo.

Pero ¿adónde voy yo con un pasaporte falso?

Tengo tantas denuncias pendientes que en cuanto pise España,

me encierran y tiran la llave.

Eso si sigo viva. ¿Cómo voy a atravesar un país en guerra,

con lo feas que están por allí las cosas?

-Requetefeísimas.

Mire,

a mí me rompe el corazón no estar con mi madre,

pero sé que tengo que solucionar mis problemas y no huir de ellos.

Comisario,

sé que ahora mi sitio está aquí, en Tetuán.

Si quiere, puede tirar ese pasaporte

y el auténtico también.

Desde el primer día he querido darle el beneficio de la duda

y no sabe cómo me ha decepcionado.

Desde ahora usted es solo una delincuente como cualquier otra.

Va a descubrir qué es tenerme en su contra.

-Voy a la lumbre a poner dos ollas con agua para que te des un baño

y a prepararte unas compresas con un linimento para esos pies.

Hija, si estás empapada en sudor.

Si parece que es verano.

¡No!

¿Sabes qué te digo? Esta misma tarde voy a buscarte

un pedazo de piso para tu nuevo negocio.

¿Y el comisario? Ya veremos.

Veo que las cosas marchan viento en popa.

Si nadie me viene con algo evidente,

no investigaré de dónde ha sacado el dinero para pagar todo esto.

Chiquilla, vas a enloquecer a medio Tetuán.

No puedes contar tu vida. ¿Y qué hago entonces?

Pues entonces a lo Alejandro Dumas,

nos inventamos una versión romántica de tus peripecias.

Señorita Quiroga, soy una amiga de una de sus clientas, Frau Heinz.

Ah, claro. Me llamo Rosalinda Fox.

Pero usted es una artista, como una Coco Chanel española.

El Tuerto me ha dado un soplo y mire lo que he requisado.

-Me temo que esta pulsera ya tiene dueño.

¿De dónde la ha sacado?

Si Ramiro se las llevó con él a Argentina, usted me lo dijo.

Si las joyas están aquí, tal vez él también.

Siento presentarme de repente, pero me ha surgido

un compromiso inesperado y tengo que ir vestida

"like a princess". Necesito con urgencia un vestido muy elegante.

Se ve que hay personas que han sacado a más de uno

de la zona republicana y los embarcado hasta Tánger.

Eso es lo que necesito para traer a mi madre.

Princesa, la única manera de vencer nuestros demonios

es plantarles cara.

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