All language subtitles for S01E001_Episode 1.Spanish (Spain)

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Original subtitles

(NARRA) "Me llamo Sira Quiroga y soy costurera.

Nunca imaginé que mi destino sería jugarme la vida cruzando la ciudad

de un país extranjero con un traje de pistolas sobre la piel.

Pero ahora sé que el destino es la suma

de todas las decisiones que tomamos en nuestra vida,

incluso las que en su momento parecen insignificantes.

En mi caso,

por lejano que me parezca ahora, todo comenzó con algo tan pequeño

como aprender a enhebrar una aguja".

Mira, con cuidado, sin que te tiemble el pulso.

Y si no sale a la primera, a la segunda;

y si no, a la tercera.

La costura es paciencia,

paciencia y más paciencia. -¡Sira!

-Sira, presta atención, que si no, no vas a aprender nunca.

¡Muy bien!

Con lo que me costó a mí.

Tú a la primera. Muy bien, peque.

"Mi madre era modista. Trabajaba 10 horas diarias

dejándose las uñas y las pupilas en cada prenda".

La aguja siempre prendida. Vale.

Vámonos que llegamos tarde al final.

Sira, ven a jugar con nosotras. No puedo, tengo que ir al taller.

-Si volvemos pronto, jugáis juntas esta tarde,

te lo prometo. Vale.

(Claxon)

¡Auténtico La panzada!

"Desde que había dejado la escuela,

hacíamos el mismo recorrido cada día,

de nuestra casa, en un barrio castizo de Madrid,

hasta el taller de doña Manuela, en la zona más noble de la ciudad

y tan diferente del lugar del que veníamos..."

Buenos días.

Buenos días. (TODAS) Buenos días.

(Golpes)

-¿Qué horas son estas?

En 10 minutos llegan las hermanas Sotomayor.

Hay que tomar medidas para dos vestidos.

Ya sé enhebrar una aguja.

Ah, mira qué bien.

Ahora ayuda a Paquita con la plancha y a doblar la ropa.

Esa puntada tiene que ser mucho más pequeña, te lo vuelvo a repetir.

Suéltalo.

"Como todas las aprendizas del taller, antes de que me dejaran

coger una aguja, fui la chica para todo:

la que removía el picón de los braseros,

o calentaba las planchas en la lumbre,

o llevaba los encargos a las casas de las clientas.

Así descubrí otro Madrid,

el adinerado.

Atisbaba salones, me comía con los ojos las alfombras,

las lámparas de araña, las cortinas de terciopelo...

Pensaba lo extraña que sería la vida en un universo como aquel.

Y por fin me dejaron coser. Comencé con lo más simple:

presillas, sobrehilados e hilvanes flojos.

Después vinieron los ojales, los pespuntes y dobladillos.

Y poco a poco, me inicié en el manejo del corte

y la confección de las partes más delicadas:

aprendí a montar cuellos

y solapas, a prever cabidas y anticipar acabados".

La niña tiene mano y ojo, Dolores.

Es buena. Y mejor que va a ser si no se nos desvía.

Orgullosa deberías de estar de cómo te ha salido

a pesar de haberla criado sin un padre.

-Ya estamos con la cantinela de todos los días.

-Es que no sueltas prenda, mujer.

Digo yo que algún día dirás quién es su padre, ¿no?

-A nadie le importa quién es el padre, es asunto mío.

-Mira que eres cabezona, mujer. -Y usted mire que es curiosa.

"Aquella era la discusión de siempre.

Y a pesar de que lo mencionaran a menudo, poco sabía de mi padre.

Nunca mostré mucha curiosidad por él,

y mi madre nunca se esforzó por satisfacerla".

¡Que me lo ha pedido, Sira! ¡Que me lo ha pedido! ¡Que me caso!

¿Sí?

Ay, me tienes que arreglar el vestido de boda de mi madre.

¡Dime que sí! ¡Pues claro!

Pero hazme algo discreto, que nos casamos por lo civil

y no es cuestión de llamar la atención.

Pero me lo traes a mi casa, que no quiero que doña Manuela se entere.

Bueno, venga. ¡Ay! ¡Ay!

¡Ay, enhorabuena, Paqui!

¡Enhorabuena! ¡Ay, qué alegría!

¡Qué bien, bonita!

Niña, vámonos a la verbena.

Si es que estoy con tu vestido.

Doña Dolores, dígale a su hija

que deje lo que está haciendo y que se venga de fiesta.

Bueno, allá tú. Pero como no esté terminado

para el día de tu boda, luego no quiero quejas.

Me cambio y salgo en un momento. Anda, vamos.

¡Vaya moza!

-¿Y tu prometido te deja salir así con nosotras a días de la boda?

-Mi prometido es miembro del Partido Comunista

y me deja hacer todo lo que yo le pida.

Porque para algo Dios nos hizo a todos iguales.

-La mujer de un comunista creyendo en Dios.

Si ni te casas por la Iglesia. Bueno.

¿Quién quiere unas horchatas?

-Ay, pero a esta caseta no, que son todo viejas cotorras.

Bueno, ¿y qué más da? Que no,

que esta noche hay que buscarle pretendiente a Sirita.

Chist, que a Sirita no le hacen falta alcahuetas,

que tiene dos manos, dos ojos y una boca.

Pues a ver si lo demuestras, bonita. Tres horchatitas.

¿Sabe que le digo? Que mejor despácheme dos,

que aquí a mi amiga le van a invitar unos que yo me sé.

Un momentito, ¿no me ibas a dejar intentarlo a mí?

-¿Adónde va?

Será osada.

-Que tenemos la negra esta noche, justo se acerca la coja.

-Que te ha mirado a ti. Hala, toda tuya.

-Buenas.

(TODOS) Buenas.

-Se ha quedado la noche fresquita, ¿verdad?

Que nos estamos lamentando ahí las amigas que solo tenemos parné

"pa" dos horchatitas, y justo Sira se ha quedado sin una.

-¿Y Sira eres tú, guapa?

-Más quisieras. Yo soy Paquita,

la Sira es aquella.

Sí, la guapa.

Pero no ha preguntado por ti, si no por este.

¿Tendrías a bien invitarle a una horchata?

-Hombre.

-Pues andando, que no tenemos toda la noche.

-Vamos, anda.

-¿Y te llamas? -Ignacio.

-Sira. ¿Eh?

Aquí, el mozo, que que ha insistido en conocerte

e invitarte a una horchata.

Sira, Ignacio. Ignacio, Sira.

Hala, nosotras nos vamos a dar una garbeo a ver el percal.

Trátamela bien, Ignacio, que vale más que tu peso en oro.

Niña, vamos.

Ni caso, es siempre igual.

-Me pones dos horchatas, por favor.

¿O prefieres un vermú?

Bueno. Dos vermús.

Me encanta tu nombre, Sira.

Muy común no es. No.

Hombre, en el fondo tuve suerte, porque a mi madre

le dieron a elegir entre todos los santos del día.

¿Quieres saber los otros nombres?

Mira, eran: Victorina, Heraclia, Sabiriana

y Fortunata... Y al final, mi madre le dijo al cura:

"Pues mejor póngale Sira, que es más cortito".

Pues dio en el clavo.

Yo creo que sí. Salud.

Salud.

Me da que tú de beber no eres mucho, ¿no?

¿Damos un paseo?

Uy, perdona, perdona, perdona.

Pido un poquito de agua.

No, si la mancha de vermú no sale con agua.

Solo sale con bicarbonato, soda o un poco de sal.

Mira, yo creo que mejor me voy a casa,

que mi madre me mata.

¿Pero por una mancha te vas a ir?

Adiós.

¡Sira! Sira.

Soda, bicarbonato y sal.

Bueno, la sal se me ha caído la mitad por el camino,

pero espero que sea suficiente.

¿Y tú de dónde has sacado todo esto?

Mejor no preguntes. Pero vamos que todo esfuerzo es poco

si consigo que te quedes un ratito más.

Pero si es que mira cómo estoy...

No te lo tomes a mal, de verdad, que yo te agradezco el detalle.

¿Te puedo acompañar a casa?

Tú verás, pero te vas a perder la verbena.

Lo más interesante de la verbena se acaba de ir

porque un patoso le ha tirado medio vaso encima.

4.000 pesetas al año, no te digo más.

Y eso toda la vida.

¿Así que cómo no voy a estudiar para funcionario?

Según están las cosas de revueltas últimamente, figúrate.

No, si es buen dinero, sí.

¿Y funcionario de qué exactamente? De algún ministerio.

Ya me presenté a las oposiciones para Gobernación y Hacienda,

pero no tuve mucha suerte, la verdad.

Ahora, que yo sé que esto es cuestión de insistir.

Más pronto que tarde apruebo una

y se acabó lo de dormir en pensiones de mala muerte.

Pero me estoy poniendo muy pesado hablando de mí.

Cuéntame tú, ¿cuánto llevas de costurera?

¡Uf! Pues desde niña.

¿Y te ves cosiendo toda la vida?

Pues no sé. ¿Quién sabe?

Esta es mi casa. Ya hemos llegado.

Que muchas gracias por acompañarme,

y por la sal y el bicarbonato,

y por la conversación.

Por el beso que te he dado.

Pero si no me has dado ningún beso.

Eso tiene fácil arreglo.

Eres la costurera con la sonrisa más bonita que he visto en mi vida.

Y tú eres un aspirante a funcionario un poquito fresco.

Buenas noches, Ignacio.

Buenas noches.

Oye, ¿por qué no vienes un día de estos a buscarme al trabajo?

¿Y dónde trabajas? No, espera, no me lo digas,

yo lo averiguo, que esta noche he hecho cosas mucho más difíciles.

Hala, "pa" casa.

"No tardó ni un día en averiguarlo".

¡Viva los novios!

-¡Viva!

"Y sin apenas darnos cuenta, empezamos a salir

e íbamos a todos lados juntos".

¡Guapa!

¡Qué guapa que estás!

-¡Guapa!

"Asistimos a la boda de Paquita.

Paseábamos por El Retiro y por el Parque del Oeste.

Y no había verbena a la que no acudiéramos.

(Música)

Ni chotis que no bailáramos con precisión de reloj.

Yo notaba como cada día él se iba enamorando más y más, y yo...

yo me dejaba querer".

(RADIO) "Aquella noche de clara luna.

Que yo cegada

por mi fortuna."

-Qué bonita. "Me fié..."

-Sira, ya tienes a tu Ignacio en la puerta.

Puntual, como siempre. Gracias.

-Espera. ¿Vas a salir así? Si estás hecha un desastre.

¿Qué más da? Si "pa" Ignacio estoy guapa siempre.

Cuídalo, que es un buen hombre.

Parece que están todas más enamoradas de él que yo.

Ah, y no me espere para cenar, que hoy picamos algo en las Vistillas.

-Pero qué guapa estás.

¿Y este traje?

¡De alpaca!

¿Lo has heredado?

Señorita, haga el favor de hablarme con respeto,

que está usted hablando con un señor funcionario.

¡No es verdad!

Al final, parece que la velita

que le puso tu madre a San Judas Tadeo ha funcionado.

¡Ven, vamos a contárselo a todas!

¡Que ha aprobado! ¡Que ha aprobado!

¡Que Ignacio ha aprobado las oposiciones!

-¡Hijo, felicidades! -Gracias, señora Dolores.

El santo, que ha escuchado sus plegarias.

-Que ha aprobado.

-Estupendo. Tenemos que hacer un favor a doña Eulalia.

Se lo hago usted porque aquí ha tenido un trato especial,

si no, no me metía en estos líos.

-¿Qué ocurre?

-Hay que esconder este lienzo de la sacristía de la ermita del Santo.

Doña Eulalia teme que lo vayan a quemar.

-Esas mal nacidas han quemado ya tres iglesias en Madrid.

-Aunque yo no sé

dónde lo voy a esconder.

Yo creo que si quitamos el marco,

lo podemos enrollar y esconder entre las telas.

Es una buena idea, Sira. -¿Enrollar a la Virgen?

Eso o que acabe ardiendo, usted verá.

-Claro.

Madre, tráigame unos alicates.

Ignacio, hijo, ayúdame.

-Me he puesto el traje de alpaca... No te vas a manchar.

¿Desde cuándo estáis en estos asuntos?

Mira que no están las cosas para significarse mucho.

Ay, Ignacio, no seas agonías.

Solo estamos protegiendo un cuadro.

Ya sabes que a mí la política no me interesa nada.

¿Sabes lo que te digo? Que nos casamos.

¿Cómo?

Que este ya no es sitio para ti, además, podré mantenerte.

Ya.

Hombre, pero digo yo que será mejor

que entren dos sueldos en vez de uno.

Si dices que cada día tenéis menos trabajo,

que las clientas se van de Madrid por la situación política.

La República tiene a todas las buenas familias asustadas.

Si esto sigue así, ¿sabes lo que va a pasar?

Que doña Manuela va a acabar echando el cierre.

Ay, no sé, Ignacio.

¿Cuántas veces hemos hablado de la boda?

Muchísimas. ¿Y para qué vamos a esperar más?

No sé.

Sira,... le dices a tu madre

que mañana mismo me paso por vuestra casa y asunto zanjado.

Oye, y dame un beso, tonta, que te acabo de pedir matrimonio.

¿No te alegras?

Ay, madre, qué carácter.

Y decidme que la ceremonia va a ser por la Iglesia,

que a mí esto de la República y sus modernidades,

igual que vienen se van. Pero, madre, ¿usted que ni se casó

y me crió sola, nos va a venir ahora con esas?

Yo no me casé por lo que no me casé.

Y nunca me lo ha querido contar.

No es momento de hablar de tonterías, Sira.

Ignacio, por la Iglesia.

-Lo que diga su hija, señora Dolores, si yo lo que quiero

es casarme con ella, me da igual que el testigo sea un cura.

Una hogacita.

-Bueno, pues a buscar iglesia entonces.

Y de blanco, nada de negro,

que del vestido nos vamos a encargar doña Manuela y yo

y no vamos a escatimar en gastos. Tenemos que decidir los invitados.

¿Pero qué invitados? La familia más allegada y punto.

Y lo divinamente que estarías con este modelito.

Bueno.

Ay, hija, es el cuarto vestido al que le pones pegas.

¿Tú estás segura de que te quieres casar?

Pues claro. Anda no digas tonterías.

Chica, me vas a perdonar pero yo no te veo muy ilusionada.

¿Por qué hay que hacer esa jarana por una boda?

Pero bueno.

Llevo mucho con Ignacio. ¿Qué va cambiar que nos casemos?

Te pinchan y no sale sangre. De verdad...

¿Pero tú no me viste a mí el día de mi boda?

Estaba que flotaba porque Emilio se convertía en mi familia

y yo en la suya. Juntos no nos podría pasar nada malo.

-Mira, Dolores, si le hacemos un velo de encaje

y luego muchos metros de cola, ¿qué te parece?

-Precioso.

Tampoco hace falta que nos volvamos locas.

-Mujer, para una cosa que puedo hacer, por metros que no sea.

Sobre todo, ahora que me tengo que desha...

Doña Manuela, ¿qué pasa?

Niña, menos mal que Ignacio ha encontrado trabajo,

porque es que yo no sé cómo deciros esto.

Voy a tener que cerrar el taller.

Pero bueno, qué os voy a contar a vosotras, si ya veis

que de unos meses acá las clientas entran de pascuas a ramos.

Pero no me diga eso, si seguro que es una mala racha.

Pues luego vendrá otra buena. Pero, niña,

¿no oyes la radio, no miras cuando vas por la calle?

-Doña Manuela tiene razón,

esto ya no tiene arreglo.

-¿Y qué pasará con nosotras?

-Ojala lo supiera, Dolores.

(Teléfono)

Hija, a lo mejor es el momento

de que te saques las oposiciones, esas que dice Ignacio.

-¿Qué oposiciones? Ay, nada, ni caso.

Que Ignacio quiere que me prepare unas oposiciones.

¡Pero si yo solo sirvo "pa" coser!

-Pero dice que solo tienes que estudiar cuatro temas

y aprender a escribir a máquina, nada más.

¡Qué maravilla!

¡Mira esta!

¿Cuál?

-Buenas tardes ¿En qué les puedo ayudar?

-Perdón. buenas.

Queríamos buscar una máquina de escribir que sea buena,

y estamos comparando modelos, precios...

-¿Por qué no vemos una a una y comprueba in situ sus ventajas?

-Perfecto. -Muy bien.

-Mire esta. Una mecánica precisa e infalible.

-Sí, la conozco, ¿pero las teclas no son muy rígidas?

Es para mi prometida, y no quiero que se deje los dedos.

-En ese caso, a ver qué le parece este modelo. Venga conmigo.

Como puede comprobar, el armazón de esta maquina es muy robusto.

El teclado es cómodo y ligero.

Los fijadores son a prueba de movimientos bruscos.

Y la palanca va como la seda.

Voy a traerle un poco de papel para pruebe a escribir.

-¿Puedo ayudarla?

He venido con mi novio.

Queríamos comprar una máquina de escribir.

Podría ser peor.

¿Perdón?

Que podría ser su marido, digo.

Muy pronto lo va ser.

Vaya, aún los hay con suerte.

¿Así es como vende usted máquinas de escribir?

Las máquinas se venden solas, señorita. Ramiro Arribas.

Sira.

Estoy aquí para lo que necesite.

¿Vamos?

Soy Ramiro Arribas, el gerente. -Mucho gusto.

-Están buscando una máquina para su novia.

Ligera, precisa y que aguante el mayor número de pulsaciones.

-Ya me encargo yo, no te preocupes.

Ustedes lo que necesitan es esto. Síganme.

Les presento a la Olivetti,

modelo Ico.

Miren qué suavidad y qué ligereza.

Y las letras, fíjense,

como si estuvieran cinceladas en mármol,

y escalonadas en cuatro hileras.

-¿Puedo? -Por supuesto.

¿No decía que se vendían solas?

Según tengo entendido, la máquina es para usted, señorita.

-Sí, es que quiero enseñarle

a escribir a máquina para que haga unas oposiciones.

-Brillante. Señor mío, entonces esta es la elección perfecta,

sobre todo, para unos dedos como los de su prometida.

¿Me permite verlos, por favor?

-Qué maravilla.

Pues esta va ser.

¿Y para pagarlo?

-Ahora me abona un depósito del 50 por ciento,

el resto, el día que se la lleven. -¿No nos la podemos llevar?

-Hasta mañana no nos entra el pedido.

-¿Y esta no nos la podemos llevar? -No, ni hablar. Por favor,

no podría consentir que se llevasen una máquina que ha sido utilizada.

Venga mañana y todo resuelto.

-Ya, es que yo mañana empiezo en el ministerio.

-Bueno, podría venir a buscarla usted, señorita.

Una máquina precisa e infalible.

Vamos. Pero...

Vamos.

¿Sabes? Llevo desde ayer pensando en ti,

y no suelo obsesionarme con alguien que acabo de conocer.

Mire, yo no sé con lo que usted se obsesiona

o deja de obsesionarse, de verdad. Ya, no me crees.

Pero si es que yo he venido a por la máquina de escribir.

Para la señorita... ¿Qué quieres tomar?

Un chocolate. Para mí un café solo. Gracias.

Estas asperezas no son de escribir.

Son de coser.

Ah, así que eres modista.

Lo era.

Pero las cosas no van muy bien últimamente, ¿sabe?

Y por eso lo de la máquina de escribir

y lo de prepararme las oposiciones.

Hala.

¿Y para qué quieres tú pasarte la vida

dentro de un ministerio? Si no es indiscreción.

Pues para vivir mejor, supongo.

¿De verdad quieres empezar a vivir mejor, Sira?

Deja que te limpie.

(Palmas)

Aquí tiene el dinero de la máquina de escribir.

Luego irá mi novio a buscarla. Pero no te vayas.

No te enfades conmigo.

Vuelve cuando quieras.

Ya sabes dónde estoy.

"Ocho días me acosté con la esperanza

de que el amanecer siguiente fuera distinto,

y las ocho mañanas posteriores desperté

con la misma obsesión en la cabeza: Ramiro Arribas".

(Máquina de escribir)

Ese meñique con más fuerza.

¿Y no le puedo darle a la "P" y a la "Q" con otro dedo?

No, porque cada dedo tiene asignada una letra.

Así luego vas a poder escribir sin mirar el teclado.

(RIENDO) ¿Sin mirar?

Anda, no digas tonterías.

Pero eso es como si cosiera sin mirar la aguja.

Es que teclear es distinto.

Claro, se trata de aprender a mecanizar las acciones.

Por eso es tan importante la rutina.

Venga va, la siguiente fila. Otra vez.

Pero si ya lo he escrito 200 veces.

200 y 2.000 que vas a tener que escribirlo.

¡Ignacio!

¿Qué? Ah.

Que esta tecla se ha quedado trabada.

A ver.

A ver, prueba ahora.

Ya. Pero no escribe.

Vaya, por Dios, pues no marca la "S".

Menos mal que está en garantía.

Habrá que acercarlo a la tienda. ¿La llevas tú?

¿Pero y qué más da que no marque? Si solo la queremos para entrenar.

Hombre, hemos comprado una máquina nueva, tendrá que funcionar bien.

¿Tanto te cuesta llevarla hasta allí?

No.

Guapa.

Sabía que volverías. Lo sabía.

La "S" no funciona.

No necesitabas una excusa para volver, ¿eh, Sira?

La tecla "S" no funciona y la máquina está en garantía.

Mírelo usted mismo si quiere.

(Tecla)

Tienes razón,

la "S" no va. Y hay que arreglarla porque si no,

mira en lo que se convierte tu nombre.

Ahora entiendo tu enfado, necesitas tu "S".

Y has venido al mejor lugar para eso.

¿Qué es esto?

No entiendo lo que pone.

Te espero.

Engreído.

(Timbre)

Sira. (ALTERADA) Me voy.

¿Te vas? Lo siento.

No te vayas, por favor.

No puedo dejar de pensar en ti ni un segundo.

Ni yo tampoco. Quédate conmigo.

¿Qué, te gusta? Sublime.

Ya verás cuando te vea tu Ignacio.

Pero, mujer, sonríe que estás guapísima.

Es que me duele un poco la cabeza.

Creo que me voy a echar un rato. -No, espera.

Para el velo habíamos pensado añadir pasamanería de perlas.

Eso sí, tendré que empezar hoy si quiero que me dé tiempo.

¿Para qué tanto esfuerzo para algo que me voy a poner un día solo?

Porque es el día de tu boda.

Bueno, ¿y qué? Tanta boda, tanta boda, de verdad.

Pues haz lo que quieras, hija. -Ay, los nervios.

-Ya.

(Música)

¿Te he contado ya que mi hermana y mi cuñado

nos van a regalar un perchero y un galán de noche?

Y me han escrito mis tíos,

que vienen de Santander.

Así que a ver si mañana nos pasamos por Sol

y les contratamos una buena pensión.

Y qué graciosa mi madre,

que se ha comprado una mantilla solo para la boda.

Tiene muchas ganas de que seas su nuera.

El otro día me contaba que cuando era joven...

Ignacio,...

yo no me puedo casar contigo.

¿Te vas a ir con otro?

No te empeñes en negarlo, no soy tonto, Sira.

Llevas días esquivándome cada vez que intento rozarte.

Y con la excusa de irte de recados, te pasas las tardes fuera de casa.

Estás con otro.

Lo siento mucho.

Yo nunca he querido hacerte daño, de verdad,

pero es que no sé lo qué me está pasando.

Mejor no digas nada.

¿Y puedo saber quién es?

¿Pero y eso qué más da?

Sira.

Sea quien sea, nunca te va a querer como yo.

(Aplauso)

(Campanadas)

Madre. Ignacio me lo ha contado todo.

Entonces, ¿por qué sigue cosiendo?

Porque si no lo hago, el vestido no estará a tiempo.

Es que ya no voy a casarme.

No digas tonterías. Las cosas se arreglan.

No vas a tirar tu vida a la basura a la primera riña.

He descubierto lo que es el amor, madre.

Y a mí me duele en el alma decírselo,

pero no es lo que tenía con Ignacio.

Tú lo que tienes son muchos pájaros en la cabeza.

Mañana por la mañana, le llamas y le pides perdón.

Ignacio aún te quiere.

Pero es que soy yo la que no le quiere,

¿o es que no me escucha cuando le digo las cosas?

¿Pero cómo puedes ser tan egoísta?

Usted también hizo lo que quiso en su momento.

¿Lo que quise?

No seas ingenua.

Hice lo que mi dignidad me permitió hacer, nada más.

¿Tú te crees que es plato de gusto que te señalen por la calle,

ser una paria, ser madre soltera?

¿Y de eso me quiere librar casándome con un hombre

al que no quiero? ¡Es mi vida, madre!

¡Sira!

¿Estás bien? ¿Pasa algo?

¿Me puedo quedar en tu casa esta noche?

Y toda la vida.

Buenos días.

Buenos días.

Hola, princesa.

¡Oh, qué bonito!

Mira lo que te he traído.

No solo son fresas.

¡Ajá!

Y...

"La vida con Ramiro era como si no hubiera ni un ayer ni un mañana,

como si tuviéramos que aprovechar cada instante

por si acaso el futuro nunca quisiera llegar".

Cierra.

Cierra mas.

"Podíamos pasar horas imaginando las espléndidas oportunidades

que podrían estar esperándonos en algún lugar del globo".

Aquí.

"No había noche que no bailáramos y riéramos hasta el amanecer.

Ramiro anticipaba mis caprichos y colmaba mi capacidad de sorpresa

con los regalos más inesperados.

Y así, aferrada a su cuerpo como si fuera mi único amarre,

pasaron los meses".

Me voy a trabajar, bombón.

(ADORMILADA) No.

Sí, que llego tarde. Sigue durmiendo.

(RÍEN)

(Timbre)

Voy.

Claro. Tanta prisa, tanta prisa, y te dejas el sombrero.

Anda,...

Hola.

¿Quiere pasar? No.

No hace falta. Solo vengo a traerte un mensaje,

una petición que no es mía y que creo que deberías aceptar.

Dígame.

Vas a conocer a tu padre, nos ha citado en su casa.

Voy a vestirme.

Y lávate esa cara, que pareces una fulana.

Buenas tardes, Servanda. Venimos a ver al señor.

No hace falta que nos acompañes. Gracias.

-Hola, Dolores.

Hola.

Gracias por haber venido.

Dios sabe que no os lo habría pedido si no fuera algo importante.

Sé que me van a matar.

-¿Pero de qué estás hablando?

-Sí, es solo cuestión de tiempo. Por favor.

Mis 200 obreros ya no se conforman con pan y circo,

ahora se han afiliado a un sindicato y amenazan al patrón

con meterle un tiro entre las cejas.

Bueno, que no digo yo que no tengan razones.

Por favor.

Pero, los unos por los otros,

lo único que vamos a conseguir es meter al país

en una guerra civil y acabar matándonos entre hermanos.

Eres igual que tu madre hace 20 años.

-No hemos venido aquí

para que nos hables del pasado. -¿Por qué no?

Nunca me he arrepentido de ese pasado.

Conocí a tu madre con 24 años.

Ella tenía 22.

Venía a casa a coser para mi madre.

Y al fin, al cabo de tres años, naciste tú.

-Gonzalo estudiaba ingeniería, tenía novia formal

y su madre amenazó con desheredarle.

Así que fui yo quien cortó las relaciones.

Tenía un futuro prometedor

y no iba a permitir que lo echara por tierra.

-Nunca iba a consentir que yo os dedicara las migajas de mi vida.

-No he nacido para ser querida de nadie.

-O todo o nada, así era ella.

¿Y lo logró usted?

Su futuro prometedor, digo. Por favor, no me trates de usted.

Supongo que sí, al menos,

me acomodé a la vida que se esperaba de mí.

Me casé con la novia de toda la vida, tuve un par de hijos

y conseguí dirigir varias fábricas y una fundición, pero...

pero mi vida ahora se está yendo al garete,

tanto o más rápido que este puñetero país.

Mi mujer huyó al extranjero en cuanto quemaron un par de iglesias,

y a mis hijos les ha sorbido el seso

el iluminado de Primo de Rivera.

Cuanto más negro se vuelve todo a mi alrededor,

más me doy cuenta de que vosotras sois lo único que me queda,

por eso quiero arreglar mi testamento en vida.

No estoy en disposición de dejarte propiedades,

pero aquí tienes casi 50.000 pesetas.

Estas joyas... eran de mi madre.

Lo más seguro es que no tengas oportunidad de lucirlas,

pero siempre podrás empeñarlas si lo necesitas.

Esta es una carta de un notario dando fe de todo esto.

Por último, una cosa más valiosa

que el dinero y las joyas, un consejo:

marchaos de aquí lo antes posible.

Iros a América o a Marruecos, al protectorado.

Empezad una nueva vida lejos de este país de locos.

Sira, llévate a tu madre contigo y...

y cuídala como yo no fui capaz de hacerlo.

Te lo prometo.

¿De verdad le van a matar?

Tu padre tiene miedo porque está acostumbrado a mandar

sin que nadie le replique, y le desconcierta que los trabajadores

empiecen a alzar la voz, nada más.

Me ha dado un montón de dinero y joyas.

¿Y ahora yo qué hago con todo esto?

Sé responsable, responsable y sensata,

por favor te lo pido.

También me ha pedido que cuidara de usted,

y que nos vayamos de España lo antes posible, dice.

Yo no me voy a ninguna parte.

¿Pero nos hemos vuelto todos locos?

¿Cómo va a estallar una guerra?

Todo esto vale mucho dinero, nena.

Pues aún hay más.

(Silbido)

¿Y qué vamos a hacer con todo esto?

Querrás decir qué vas a hacer tú, mi amor,

todo esto es solo tuyo.

Pues si es que yo no tengo ni idea de dinero.

¿Tú qué harías?

Las Academias Pittman funcionan a todo gas en Argentina.

Tienen más de 20 sucursales

y miles de alumnos que aprenden con métodos revolucionarios.

Sí, sí, suena interesante.

¿Quieres que haga un cursillo?

No, mi amor, quiero que compremos una sucursal de la empresa.

Podríamos montar Academias Pittman a este lado del charco,

y tú serías la directora general.

¿Yo?

Pero eso es imposible, yo no tengo ni idea de eso.

Tu problema es que desperdiciaste tu juventud en una madriguera

cosiendo trapos para otros.

¿Cómo tengo que decirte todo lo que vales?

¿De verdad?

Nena, tu gran momento está a punto de llegar,

solo tienes que decir que sí.

Sí.

(TARAREA)

Sira, ¿estás en casa?

Si, pero es prontísimo. ¿No salías a las seis?

¿Ha llamado el notario?

¿A ti qué te pasa?

Sí, he ido a recoger los papeles esta mañana.

Los... los estatutos de la empresa.

Mi amor, entonces ya es oficial, somos empresarios.

¡Uy!

Me he despedido.

Que le den morcilla a Hispano Olivetti.

¿Por qué?

He recibido ese telegrama de Academias Pittman

para comunicarme que están estudiando

con toda seriedad nuestra propuesta.

Así que es momento de empezar a desplegar alas.

Además, creo que nos convendría estudiar el abandonar España.

La propuesta para Academias Pittman

es abrir una gran sucursal en Marruecos.

Exactamente, en Tánger.

¿Pero para qué querrían los moros aprender a escribir a máquina?

Ah, qué cosas tienes, Sira...

Tánger es una ciudad internacional,

un puerto franco donde llegan ciudadanos de todas partes Europa.

Te encantará, te lo puedo asegurar.

Así que ve recogiendo tus cosas, que nos vamos.

¿Ahora?

¿Y mi madre? Yo no la puedo dejar aquí sola.

Sira, Sira.

Mi amor, te mereces empezar a vivir tu vida.

Basta ya de desvivirse por los demás.

Este es tu gran momento.

Ey, nuestro momento.

¿Pero no es un poco precipitado? ¡Bah! Vamos, Sira.

Oye, será una aventura.

¿Confías en mí?

Pues claro que sí.

Tú estás loca.

¿Pero cómo te vas a ir así con él sin más?

Ande, madre, véngase conmigo,

que podemos empezar una vida nueva.

Yo no me voy a ningún lado,

y tú tampoco deberías irte.

Yo ya he tomado la decisión,

solo espero que algún día lo pueda entender.

Tú sabrás lo que haces.

Me tengo que ir, que Ramiro me está esperando.

(LLORA)

¿Qué te pasa?

Nada,...

que soy una tonta.

Es que nunca he salido de Madrid.

Todavía no me he ido y ya lo echo de menos.

Tranquila.

Que yo sepa, Madrid no se va a ir a ninguna parte.

Volveremos pronto, te lo prometo.

(Silbato)

Sira, Sira, que estamos llegando.

Despierta, tienes que ver esto.

(Bocina)

¿Eso es Tánger?

Tánger, te presento a Sira.

Sira, bienvenida a Tánger.

(EMOCIONADA) ¡Es precioso!

¿Aún sigues echando de menos Madrid?

(Claxon)

¡Mira, mira ahí!

En cuanto nos instalemos, caligrafiaré a academias Pittman

para anunciarles nuestro cambio de dirección.

¿Cuánto tiempo crees que tardarán en responder?

Poco. Seguro que no más de un mes.

¿Y estaremos un mes sin trabajar? A lo mejor, menos tiempo.

De todas formas, nos merecemos unas vacaciones.

Y se me ocurren un montón de cosas

que podríamos hacer mientras esperamos.

¿Si? ¿Cómo qué?

Ir a comer,

cenar en restaurantes.

Pasear por la playa.

O... O...

Ir a bailar por la noche.

Ir al cine por las tardes.

(AMBOS) Y...

Eh. -Y...

Ven, ven.

¿Qué?

(Música)

(HABLA EN ALEMÁN)

¿Perdón?

Pregunta si le das fuego.

Ah.

-"Danke".

-"Bitte".

¿Hablas inglés?

Sí, y bastante bien, pero eso era alemán.

¿Y qué mas idiomas hablas? Vamos a ver.

¿Además del inglés y el alemán?

No sé. Italiano, francés, ruso...

Te lo estás inventando.

A ver, dime algo en ruso.

(ACENTO RUSO) Ensaladilla rusa.

-Discúlpenos, no hemos podido evitar escucharos.

¿Son españoles?

(AMBOS) Sí. -¿Llevan mucho tiempo en Tánger?

-Es nuestra primera noche, aún no conocemos a nadie.

-Bueno, pero eso tiene fácil solución.

Estamos con unos amigos. Vengan con nosotros. Vamos.

-Atención, "everybody". Sentaos.

Giovanni, Vivian, Paul y Amanda. "And they are...?".

-Sira y Ramiro. Hola.

-Salud.

Salud. -Una foto.

"Fue un tiempo de descubrimientos.

Descubrí que hay sustancias que se fuman y trastornan los sentidos".

Te va a gustar.

"Que el amor no entiende de razas ni de sexos.

Y que existen pasiones de la carne que admiten más combinaciones

que las de un hombre y una mujer en una cama".

(Risas)

Esta la pagamos nosotros.

-No, no, no, no.

Esta y las que vengan corren de mi cuenta.

(TODOS) Oh.

-Tu Ramiro es el mejor:

guapo, generoso, encantador...

Ándate con ojo, no sea que un día entre todas te lo quitemos.

-Cuidado, cuidado. -Sí.

-¿Te apetece una copita de champán, cariño?

No me ha sentado muy bien la cena.

¿Por qué no nos vamos? ¿Ya?

Pero si acabo de pedir otra botella de champán,

y estamos la mar de a gusto.

Venga, tonta, tómate otra copa,

y si no te anima, te prometo que nos vamos.

La verdad es que no entiendo ese empeño

en irnos tan pronto.

Yo hay muchas cosas que tampoco entiendo y me las callo.

¿Cómo qué?

No quiero hablar ahora, Ramiro, estoy cansada.

¿Qué ocurre, Sira? ¿Se puede saber a santo de qué

viene invitar a tanta botella de champán?

Negocios, Sira. El dinero atrae al dinero.

Siempre hay que ser generosos.

Es la mejor carta de presentación. Ah.

Muy fácil ser generoso con un dinero que no es tuyo.

Sira, yo no tengo ningún problema

en dejar de administrar tu dinero ahora mismo.

Pensé que te gustaba, pero todo tuyo.

De verdad.

No quiero que algo tan banal se interponga entre nosotros,

ni esta noche ni nunca.

No hace falta,

no hace falta. Espera, por favor, por favor.

Que solo digo que tengamos un poco de cabeza.

Que con tanta fiesta, y con tanta cena

y con tanta lagarta como se te arrima...

Así que era eso, ¿no?

Mi chica está celosa.

¿Por eso estabas así de rara?

Pero si yo solo tengo ojos para ti, Sira.

Solo para ti.

¿Seguro?

¿Me crees ahora?

Sí.

Sira.

¿Qué? ¿Te queda mucho?

Nos esperan en el Roma Park.

¿Pero aún estás así? Vístete, que no llegamos.

No me encuentro bien.

¿Otra vez el estómago?

Yo creo que es el calor o la comida.

Estoy harta de que le echen canela y cilantro a todo, de verdad.

Podríamos ir a cenar a la "Brasserie de la Plage".

Un filete te sentará bien...

Llevamos semanas saliendo sin parar.

Pensaba que alguna noche nos íbamos a quedar aquí.

No sé, tampoco pasa nada si hoy no salimos.

No, supongo que no.

Pues nada, nos quedamos aquí.

Bueno, también puedes salir tú solo, si quieres.

No, Sira, no te voy a dejar sola.

Si te encuentras mal, me quedo contigo.

Que no, que es un poco de malestar.

De verdad, sal tú y diviértete.

¿Seguro? Sí, si me iba a quedar durmiendo.

Mira que no me importa quedarme. Seguro.

Volveré pronto.

(Llaman a la oración)

Peter, Peter, Peter.

"Goodbye, ok?".

"I can't believe it, man. I can't".

Ramiro.

Hola, Sira.

¿Se puede saber dónde estabas? Lo siento, amor.

Intenté dejarte un mensaje, pero estaba tan borracho

que cada vez que llamaba, se me olvidaba el número.

Sira, te presento a Peter.

Peter tiene un negocio de aspiradoras en California.

Son máquinas que aspiran el polvo y la suciedad solas.

Son el futuro, nena.

Todas las mujeres en Norteamérica tienen una.

¿No crees que sería buena idea importarlas?

Te he buscado por todas partes. Estaba preocupada.

He dicho que lo siento,

¿qué más quieres que haga? ¿Y eso de importar aspiradoras?

¿Qué pasa con las Academias Pittman?

Nada, ¿qué va a pasar?

Dijiste que contestarían en un mes y han pasado dos.

Contestarán. Tranquilízate. Baja de tono, por favor.

Mira, lo de las aspiradoras... Está bien, era solo una idea.

Perdona, Sira,

por preocuparme por nuestro futuro.

(Llaman a la oración)

Cuando no te vi en el hotel, me asusté.

Pues ya sabes lo que se siente, entonces.

Déjame. Apestas a alcohol y a tabaco,

y a otras cosas.

¿Otra vez me vas a montar una escenita de celos?

Pero si yo solo tengo ojos...

¡Te he dicho que me dejes! Que no todo se arregla así.

Yo creo que todo esto se nos está yendo de las manos, de verdad.

Yo cada día me siento más sola,

y a ti tus amigos no te paran de proponer negocios y más negocios,

y tú estás encantado de dejarte liar.

No seas dramática, mi amor. Además, no me encuentro bien.

En Tánger también hay médicos, ¿sabes?

Sí, lo que yo imaginaba.

Podemos hacer la prueba de la rana,

pero ya le digo yo que está embarazada.

Enhorabuena.

Ramiro.

Rami...

¿Ramiro?

¿Recepción?

Sí, sí, necesito ayuda.

Creo que han entrado a robar en mi habitación.

Sí.

Un momento.

(Teléfono)

(LEE) "Sira, mi amor, cuando leas estas líneas yo ya estaré lejos,

habré emprendido un nuevo rumbo

y, aunque te quiero con toda mi alma,

me temo que no es posible que tú y la criatura

que intuyo que esperas tengáis cabida en él.

La ausencia de noticias de las Academias Pittman me impulsó

a buscar otros caminos.

Fueron muchas las propuestas estudiadas, y una sola la elegida.

Se trata de una posibilidad de negocio apasionante,

pero que exige mi dedicación absoluta.

Me he tomado la libertad

de coger tu dinero y tus joyas

para los gastos iniciales.

De todo corazón espero poder devolvértelo algún día.

Créeme si te digo que aún te adoro,

y que tu recuerdo vivirá siempre en mí

hasta el fin de los tiempos.

Posdata. Te aconsejo que abandones Tánger lo antes posible,

me temo que hay algunos acreedores

que tengan cierto interés en encontrarme.

Y si no dan conmigo, puede que intenten buscarte a ti".

Señorita.

(Claxon)

¿Adónde va?

Me da igual.

¿Tique?

La maleta.

(Llanto de bebé)

Pero yo tengo que volver a España con mi madre.

Es lo único que tengo. No.

No me vaya a fallar, señorita. Como me busque las cosquillas,

pongo en marcha la maquinaria y se la llevan presa a España.

Entra dentro.

A ver si te instalo en uno de los cuartos del fondo.

Dicen que una empieza a curarse el día que el primer

pensamiento de la mañana no es para él.

¿No pensará venderlas? Nos ha jodido.

No sé yo, Candelaria.

Pero si esto no tiene ni balas.

Es mercancía que nos sobra

y la queremos vender.

Y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

¡Alto ahí!

Matutera, sabía que eras golfa y fullera,

pero esta vez te has superado

con tus chanchullos.

Desde el primer día he querido darle el beneficio de la duda,

y no sabe cómo me ha decepcionado.

A partir de ahora, usted no es más que otra delincuente.

Qué lástima que estés en los huesos.

Avisa al doctor, no hay manera

de parar la hemorragia.

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