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Original subtitles

BASADA EN LA NOVELA MI AÑO CON SALINGER

Crecí en un tranquilo pueblo al norte de Nueva York.

En ocasiones especiales, mi padre me traía a la ciudad

y tomábamos algo en el Waldorf o el Plaza.

Adoraba mirar a la gente que nos rodeaba.

Sus vidas parecían emocionantes.

Quería ser como ellos.

Quería escribir novelas, hablar cinco idiomas y viajar.

No quería ser ordinaria.

Quería ser extraordinaria.

Aquel recuerdo me volvió el año pasado,

cuando vine a Nueva York para ver a una amiga.

Tenía pensado quedarme unos días y volver a Berkeley,

donde me esperaba mi novio.

Pero cambié de planes.

Quiero quedarme aquí un tiempo.

¿Un tiempo? ¿Cómo que un tiempo?

Y el curso, ¿qué?

Ese es el tema. Estoy harta de analizar obras ajenas.

Quiero escribir.

¿En Nueva York?

Sí.

En Nueva York.

¿No hacen eso los escritores noveles?

Vivir en pisos baratos, escribir en cafeterías...

Vale, ya.

Pero me apetecía.

SUEÑOS DE UNA ESCRITORA EN NUEVA YORK

NUEVA YORK, OTOÑO DE 1995

Mi jefa dice que ya no se usa papel.

Solo emails.

Me ponen histérica.

La gente los manda alegremente.

Te dicen: "gracias", o peor: "de nada".

Una compañera me pregunta por email a qué hora paro a comer.

Espero que acabe pasando de moda.

Añoraba tus broncas.

En Berkeley son unos estirados.

Todos corren y llevan sandalias.

No me jodas.

Soy como una tormenta de la Costa Este que acecha California.

Porque arrasas con todo.

Así soy yo.

¿Y Karl está igual?

Para él es distinto.

Lleva allí un par de años.

Lo tratan como a una estrella.

Vaya.

Oye, Jenny...

No sé exactamente cuánto me quedaré en Nueva York.

Tranquila.

Siéntete como en tu casa.

Come si quieres.

Vale.

AGENCIA DE SELECCIÓN

Un máster en literatura inglesa por la Universidad de Londres.

Supongo que eso te hará atractiva para algunas editoriales.

Más menos que más.

¿Has publicado...

poesía?

Sí, sí. En The Paris Review.

He ganado su concurso.

Omite eso.

Las editoriales no quieren autores.

Pues quiero ser escritora.

Algún día.

Ya sé.

Nada de editoriales.

¿Qué te parece una agencia literaria?

Genial.

La más antigua de Nueva York.

¿Sabes teclear?

Estudié mecanografía en el cole.

Entonces no.

Te preguntará si sabes y le dirás...

"Sí".

Sesenta por minuto.

Pero ¿sabes escribir a máquina?

Es muy distinto a escribir con un ordenador de esos.

Sí.

¿Qué te gusta leer?

De todo.

Lurie, Hammet,

Donald Westlake.

He terminado La educación sentimental y me ha encantado.

El tema sigue siendo vigente.

Gustave Flaubert.

Eso está muy bien, cariño, pero en este sector

tendrás que leer autores vivos.

Adoro a Flaubert.

Y yo a Westlake.

Es divertido.

Podrás empezar después de Navidad.

Ya hablaremos de Jerry.

- Jerry... - Habrás oído decir que está pirado,

o senil o que es un misántropo. Mentiras.

El problema no es él.

Son todos los que nos llaman pidiendo su dirección,

su teléfono o la forma de contactar con él,

o hasta conmigo.

Periodistas, estudiantes, decanos de universidades,

productores...

Pueden resultar persuasivos,

manipuladores.

Pero...

nunca jamás, en tu vida,

reveles su dirección.

¿Te ha quedado claro?

Clarísimo.

Bien.

Recuerda:

No eres la única recién graduada que quiere este puesto.

Prepárate para jornadas intensas.

Pam te dará una llave.

Pam. Muy bien.

Muchísimas gracias. Es todo un honor y una aventura.

Un honor, tampoco.

Una aventura, puede.

Margaret es una aventura.

Soy Daniel, por cierto.

Ese Jerry...

No tenía claro qué era una agencia literaria, pero..

Estaba un paso más cerca del mundo de los escritores.

Estaría rodeada de leyendas de la literatura.

Seguro que tenerlos tan cerca me inspiraría.

Bien.

Enhorabuena por el trabajo.

Toma tu llave.

No la pierdas.

Te esperamos puntual el 8 de enero a las 8:00.

No regresé a Berkeley.

Nueva York sería mi nuevo hogar.

Escribiría sobre mi nueva vida y mi nuevo trabajo.

¡Hola!

Hola, siéntate con nosotros.

- Hola. - Chicos, esta es...

Soy Joanna.

- Ellos son Mark y Lisa. - Un placer.

Acaban de prometerse. Lo estamos celebrando.

- Qué fuerte. Enhorabuena. - Es falso.

Siéntate con nosotros.

La oficina es increíble.

Parece que no la hayan tocado desde 1927.

Y...

¿Sabéis a quién representa?

- ¿A Anne Rice? - Al Papa.

A Thomas Pynchon.

A J.D. Salinger.

- ¿Qué dices? - ¿Sigue vivo?

Claro que sí.

Vive en Nuevo Hampshire totalmente aislado del mundo.

Los periodistas intentan cazarlo en los restaurantes

y colarse en su casa.

Prefiero Franny y Zooey a El guardián entre el centeno.

Mi amiga Kat trabajó un tiempo en su editorial.

Una noche se le hizo tarde. Sería la una.

El teléfono de la oficina empezó a sonar sin parar.

Al cogerlo, oyó al otro lado a alguien gritando.

¡El manuscrito está bien!

¡He salvado el libro del fuego!

¿Salinger?

Se había incendiado su casa.

Les llamó en plena noche, sabiendo que habría alguien.

Qué fuerte, ¿no?

Dicen que aún escribe, pero no quiere publicar.

Los escritores escriben, no publican. Eso es venderse.

Don, no seas flipado.

Se está allanando el camino por si nunca vende una novela,

si es que terminas alguna.

Lo haré, pero hoy es el día de Joanna

y de su paso al lado oscuro del mundo editorial.

Salud. - Salud.

Gracias.

Conocí a Don unos días antes, en la librería en la que trabajaba.

¿Habías venido alguna vez?

¿No harás prácticas en The New Yorker

Además de combatir el capitalismo y la lucha de clases,

a Don le gustaba el boxeo, Norman Mailer y...

Escribo una novela.

Estaba decidido a ser escritor.

Admiraba su seguridad.

¿Conoces el Café Panamá?

Está en la octava avenida. Es un bar de escritores.

- Claro. Hacen... - Lecturas de poesía.

El amor es difícil de encontrar.

El amor en tu mente indaga.

El amor es el alimento del alma.

El amor no puedes dejar escapar.

Pero espera un segundo.

Hay cientos de formas de contenerlo y retenerlo.

¿Seguirá pudiendo acercar?

¿Seguirá haciéndola aterrizar?

¿Dónde coño estabas?

Como no cortes el césped de una vez, te vendo el maldito coche.

Querido señor Salinger:

He leído tres veces El guardián entre el centeno.

Es una obra de arte.

Debería estar orgulloso. Bueno, seguro que lo está.

La basura que escriben hoy en día me repugna de la desidia.

Poca gente es capaz de escribir algo tan sincero.

Y no es que piense que todos comprenden su libro.

Más quisieran.

Casi nadie lo entiende.

Podría ponerle un millón de ejemplos, pero paso.

Joder.

Seguro que se ríe de esto,

pero creo que yo lo entiendo.

O quizás no.

Hola.

Anda, ¿ya has llegado?

Pues sí.

Escribes a máquina, muy bien.

¿Pero has usado algún dictáfono?

Ponte cómoda.

Al principio cuesta un poco, pero le pillarás el truquillo.

Reproducir, rebobinar, y creo que ajustar la velocidad.

Hugh te ayudará.

- ¿Hugh? - Puedes empezar con esto.

Esta es nuestra zona electrónica.

Todo tecnología puntera.

Aquí tienes una Xerox, para fotocopiar mi correspondencia.

Creo que este es el botón para hacer fotocopias.

¿Ya te ha dado la turra con los demonios de la era digital?

Max, esta es Joanna, mi nueva ayudante.

- Hola, Joanna. Un placer. - Encantada.

¿No tenéis ordenadores?

Preferimos no utilizarlos.

Los he visto en marcha y dan más trabajo del que quitan.

Nos roban tiempo.

En fin.

Como puedes ver,

trabajamos en un entorno cordial y distendido.

No puedes venir con peto, zapatillas, camisetas, sudaderas...

y con las de capucha, menos.

Nada de zapatos abiertos.

Pero puedes llevar vaqueros aunque seas mujer.

Y no tienes que llevar medias en verano.

Puedes llevar las piernas al aire.

Si Jerry llama, le dices:

"Sí, Jerry, ahora aviso a mi jefa".

¿Jerry Salinger?

Pues claro que Jerry Salinger.

Y no puedes llamarle bajo ningún concepto.

¿Por qué iba a llamar a Jerry Salinger?

A Jerry le da igual que te encantara El guardián entre el centeno,

y no quiere leer tus relatos.

- No tengo relatos. - Bien.

Los escritores son malos ayudantes.

A trabajar.

Por la siguiente, el autor concede a la editorial...

A partir de la fecha de este acuerdo, por la siguiente...

Soy Hugh. Tú debes ser Joanna.

Sí, hola. Encantada.

Si necesitas algo, ahí me tienes.

Gestiono los contratos, temas legales, derechos...

Lo más chulo.

Cartas para Salinger, de sus fans.

Tienes que responderles con ayuda...

de esto.

Hay una para cada tipo de petición:

adaptación, autobiografía, autógrafo, fotografía, entrevista...

o subasta.

"Salinger no desea recibir cartas de sus lectores.

No podemos remitirle su carta".

¿De 1963?

El año en que dejó de responder él mismo.

Tienes que copiar esto al pie de la letra,

sin cambios.

¿A Salinger no le llegan sus cartas?

Ni una. Destrúyelas.

En la destructora.

Tienes que leerlas todas.

Sí, exacto.

Por si acaso.

Por si acaso.

Por si acaso, ¿qué?

Tenemos cuidado desde el incidente de Mark David Chapman.

El asesino de John Lennon.

Cuando llegó la policía al Dakota, Chapman estaba en una acera,

leyendo tranquilamente El guardián entre el centeno.

En el juicio, Chapman dijo que gran parte de él era...

Holden Caulfield.

Y que el resto era...

el demonio.

¿Había escrito a Salinger?

Nunca lo sabremos, porque tiramos el correo.

Léelas todas atentamente.

Usa tu criterio.

Pienso mucho en Holden.

Primero, siempre sonrío como un idiota.

Me acuerdo de lo gracioso que es.

Pero luego me entra el bajón.

Solo pienso en Holden cuando me abruman las emociones.

Mis emociones son muchas.

"Mis emociones son muchas".

Qué sincero.

A mí me parece un cateto.

No digas eso.

- Es cierto. - Es un encanto.

Es un poco raro, pero encantador.

Se preocupa mucho. No puedo responderle:

"Querido crío, al señor Salinger no le importas,

por favor, vete por ahí".

Esta es de Holanda.

"Mi mujer y yo seguimos los pasos de Holden por Nueva York.

¿Sabía que los patos de Central Park se quedan en invierno?".

Vaya tela, menudo montón de frikis fanáticos.

No he leído El guardián entre el centeno.

Qué va.

No he leído nada de Salinger.

Ostras.

Todo el mundo ha leído El guardián.

Ya, pues...

a riesgo de decepcionarte, me quedan varios escritores por leer.

Estoy flipando.

Y esta tía quiere acostarse con él.

- Tiene setenta años. - No seas ingenua.

La literatura es un afrodisíaco potente.

No había vivido la fase de Salinger.

En clase no me mandaron leer El guardián entre el centeno, y...

después, prefería una literatura más difícil y cruda.

¡Hola, cielo!

Jenny aún no ha vuelto.

Estaré en la cocina.

Creía que los libros de Salinger eran...

insufriblemente empalagosos, farragosos y arrogantes.

No quería que me entretuvieran, sino que me provocaran.

Me duele el hombro de cargar los manuscritos.

Hola, Joanna. - ¿Qué hay?

Le he fichado a Max una autora de la pila.

Sus relatos son geniales. Anoche leyéndolos acabé llorando.

¿Qué es esa pila?

¿La pila?

La parte más emocionante y horrible de nuestro trabajo.

Los manuscritos que nadie quiere leer.

Son las cartas no solicitadas,

de gente que les escribe sin referencias.

La gran mayoría son paranoias.

Aunque algunas son la leche.

Pero muy de vez en cuando, aparece algo fascinante.

Ya.

¿Tu jefa no te los da?

Podría leer manuscritos,

por si hay algo interesante.

En casa, en mi tiempo libre.

¿Manuscritos?

No.

Tabulaciones mal.

Márgenes mal.

Nombres propios mal.

Está todo mal.

Ya puedes repetirlo todo.

Y toma.

El bonus extra. La transcripción de hoy.

- Vale. - Olvida los manuscritos.

Tienes que hacerlo bien.

¿Está encendido?

No.

Vale.

Como sabéis, opino que los ordenadores dan más trabajo del que quitan.

Pero he accedido a instalar uno en la oficina,

en periodo de prueba, porque...

Es negro y elegante.

Porque Hugh ha descubierto que hay unos desconocidos

que no tienen nada mejor que hacer con su vida

que dedicarse a publicar todas las obras de Salinger

en sus propios sitios web.

En sus blogs.

"Sus blogs". Esto es ridículo.

Es violación de los derechos de autor.

Tendremos que rastrear toda la red mundial para ponerle fin.

Y esa será la única función del ordenador.

Siento interrumpir.

Pasaba por aquí.

No quiero molestar.

Ya podemos apagarlo.

Ya está apagado.

Muy bien. Tápalo con la capa esa de las pelis.

Gracias, Max. - No tenemos ninguna capa.

Éramos cientos.

Miles, quizás.

Chicas trabajando en agencias literarias o editoriales.

Respondíamos llamadas, recibíamos autores, servíamos agua...

sin dejar de lado que también queríamos ser escritoras.

Hablábamos de las afortunadas, a quienes mentorizaban sus jefes.

Las que podían gestionar libros o clientes.

Las que rompían las reglas mostrando iniciativa.

Las que le echaban más ganas.

Aquí tiene dos copias del contrato con la editorial Saint-Martin.

Hablando claro,

era una secretaria.

¿Diga?

¿Hola? ¿Hola?

Hola.

¿Con quién hablo?

Soy Jerry.

Hola, señor Salinger.

¿Quién eres?

Me llamo Joanna.

¿Cómo?

Joanna. Soy la nueva ayudante de Margaret.

La ayudante de Margaret.

Es un placer, Suzanna. ¿Te gusta tu nuevo trabajo?

¡Me encanta!

Me alegro. Quiero hablar con tu jefa.

Ahora mismo no está aquí. ¿Le digo algo de su parte?

No, volveré a llamar.

Supongo que estás ocupada. Encantado de hablar contigo, Suzanna.

Estoy deseando conocerte en persona.

Igualmente.

Buenos días.

Adiós.

- Yo nunca me despido así. - ¿Jerry?

Está sordo.

Una explosión en la guerra. ¿Acaba de salir?

Sí.

Vete a avisarla.

Corre.

¡Margaret!

Disculpa.

Perdona por molestarte. Acaba de llamar...

Era tu cliente.

Me pregunto cuál.

Tengo que atenderle.

Adelante. Te espero en el restaurante.

Muy bien hecho.

Salinger quiere publicar un libro.

La prensa se volverá loca.

Nada de prensa.

No dejaremos que se sepa.

¿Así que estaba escribiendo?

Para nada. Es un relato antiguo, Hapworth.

El editor Clifford Bradbury

le propuso publicarlo como libro independiente.

Lleva ocho años dándole vueltas.

El editor contactó con él en 1988.

A Jerry le gustó que le escribiera a máquina.

¿De dónde sacó su dirección?

Escribió: "Para J.D. Salinger, Cornish, Nuevo Hampshire".

Y le llegó.

Qué fuerte.

Para el carro, Margaret.

¿De qué editorial hablamos?

Si fuera Little Brown u otra importante, te habrían llamado.

Eso es lo mejor, Max.

Es una pequeña editorial de Virginia gestionada por un solo hombre.

Merrygold Press.

¿Merrybells Press?

Sí, exacto.

¿La conoces?

Publica poesía.

Me gustan sus poetas.

¿Estás de coña?

¿Un señor con una editorial va a publicar

el primer libro de Salinger en 30 años?

No jodas.

Publicar a Salinger es distinto a publicar poesía.

- Gracias. - Tenemos que actuar con cuidado.

Hay que averiguar todo lo posible sobre Clifford Bradbury.

Le llamaré.

No diré nada de Salinger.

Le pediré un catálogo y ejemplares para nuestro archivo.

Buena idea.

Hugh, tráeme el contrato con The New Yorker

¿Qué es Hapsworth?

Lo publicó The New Yorker en 1965.

Ocupó casi toda la revista.

Por aquel entonces, no era raro.

Lo hacían Esquire, Cosmopolitan...

Así fue como empecé yo.

Comprando relatos para una revista.

¿Cosmopolitan?

Playboy.

¿Cómo acabó trabajando en Playboy?

Se acabó la charla, Joanna.

A trabajar.

Hola, ¿es usted Clifford Bradbury?

Hola, soy Joanna Rakoff. Trabajo en la agencia literaria A&F.

Una agente trabaja buscando oportunidades a sus clientes

Pero,

con respecto a Salinger,

el procedimiento era al revés.

Teníamos que protegerlo del mundo exterior.

Reforzábamos su reputación de ermitaño.

Gracias.

Pero la publicación de Hapworth atraería muchísima atención.

Nadie entendía ese cambio de idea.

Buenas noches, Jerry.

Tal vez yo creía que lo comprendía.

Quizás él había visto que no quería lo que él pensaba.

Yo le he dicho: "¿En serio?",

y ella: "Sí, no para de venir a verme en sueños.

Tiene un mensaje para mí."

Yo he mirado alrededor por si nos oía alguien.

¿Qué escribes?

Un poema lamentable.

Escucha,

Bret y yo hemos hablado y...

Mira,

cuando viniste a Nueva York y te invité a quedarte,

pensaba que volverías a Berkeley con Karl.

¿Me echas?

No, yo...

me alegro de tenerte aquí, y...

puedes quedarte si quieres, pero...

¿qué planes tienes?

¿Tienes opciones?

Hemos desinfectado todo el piso.

El anterior inquilino tenía siete gatos.

Pero unos recién casados como vosotros...

lo cuidaréis mucho mejor, ¿verdad?

No estamos casados.

Si lo necesitáis, el vecino hace pequeños arreglos.

- Gracias. - Es mexicano.

Es alcohólico.

Pero muy trabajador.

¿Cuánto cuesta?

560 dólares.

Lo pensaremos.

Nos lo quedamos.

Trato hecho.

Eres judío, ¿no? - ¿Yo?

No. - Me gusta. Muy responsable.

Paga a tiempo.

Firmemos el papeleo.

Pondremos el contrato a su nombre.

¿No podíamos pensárnoslo un poco?

Estás en Nueva York, jovencita.

Espabila. - Gano 300 dólares a la semana.

No, espera. Iremos a medias, boba.

Te pagaré mi parte.

No quería que viera mi historial.

Pero yo me encargo de los muebles, ¿vale?

No hay fregadero.

¿Cómo?

La cocina no tiene.

Algo me chirriaba del piso

y caigo ahora: no hay fregadero en la cocina.

Hemos alquilado un piso sin fregadero.

Pues fregaremos en la bañera. No es para tanto.

Tiene bañera.

Tranquila.

Querido señor Salinger, disculpe por mi mal idioma.

Trabajo de noche. Me gusta porque no hablo con gente.

Mi corazón duele,

como el de Holden Caulfield. - Holden es como mi abuelo, ¿sabe?

No da rodeos.

Me hizo ver la naturaleza humana.

Me advirtió de que la gente me decepcionaría.

Sería un gran honor que leyera en nuestra próxima graduación.

Le proporcionaríamos alojamiento en una maravillosa posada,

donde su privacidad,

que sé que le importa mucho,

se respetaría escrupulosamente.

Pescar me ayuda.

Me aleja de mis pesadillas.

Han pasado 27 años desde Vietnam.

No hacen más que empeorar.

Veo a mis amigos muertos,

con las tripas fuera.

Usted me entenderá, al ser un veterano que...

"...no desea recibir cartas de sus lectores.

No podemos remitirle su carta.

Gracias por interesarse por su libro".

Mi hija ha muerto de leucemia.

Era muy buena escritora.

Voy a crear una revista literaria en su memoria.

Quería pedirle permiso para llamarla Pez plátano,

Salinger era su...

Los títulos no tienen derechos.

Yo puedo titular mi novela El gran Gatsby si quiero.

Su revista puede llamarse Pez plátano

- Bien. - Pero...

la agencia no puede comunicárselo.

Como siempre.

¿En serio?

Sí. Solo te lo he dicho como curiosidad.

Envía el formulario y termina eso. - Es absurdo.

Por supuesto que sí.

Cuando cuelgue el teléfono se pondrá a gritarme.

Como siempre, un placer hablar contigo.

Adiós.

Maldita sea.

¡Hugh! - ¿Sí?

¿Tienes listo el contrato de Salinger?

Sí, ya casi está.

Que Pam pida un mensajero.

Lo quiero en The New Yorker antes de las 18:00.

¿The New Yorker?

Sí.

Mejor se lo llevo yo misma, ¿no?

Crecí leyendo The New Yorker, siguiendo el ritual de mi padre.

Empezaba por las críticas de cine, pasaba a la voz de la ciudad,

y luego los titulares.

En la uni,

todos leían The New Yorker.

Hola.

Mi jefa quiere que esto llegue a tiempo.

¡Gracias!

¿Puedo ayudarla en algo más? - No.

No.

No, eso es todo. Gracias.

Estaba en el Algonquin, sirviéndole un Martini.

Había entrado con mi credencial de Cosmopolitan.

Reconocí al agente, pero él a mí, no.

Nos pasamos la tarde hablando de la trágica muerte de William

y de la agencia.

¿Y...?

Y perdí el trabajo en Cosmo por no aparecer la mañana siguiente.

Pero me quedé su tarjeta.

Un año después, lo llamé a la agencia...

Hola.

Y me contrató.

Y el resto es historia. Joanna, ¿qué quieres?

¿Pasa algo? - No.

La he visto pasar.

Parecía helada, abatida y triste.

La he invitado.

Joanna, siéntate. - No quiero molestar.

No seas tonta.

- Esta es mi mujer, Helen. - Un placer.

Contábamos anécdotas.

Batallitas de la generación perdida.

Hemingway, Fitzgerald... ¿Sabes que la agencia lo representó?

Por supuesto.

Y a Dylan Thomas, Langston Hughes, Agatha Christie...

Has leído todas sus obras, ¿no?

Sí, pero mi jefa me ha recomendado leer autores vivos.

Hablando de autores vivos,

¿te suena Rachel Cusk?

- No piques, Joanna. - No. ¡Claro que sí!

Su primera novela, La salvación de Agnes, fue un éxito.

Creo que ganó el Whitbread,

y nos lo leímos todo Londres.

Era básicamente nuestra vida. Era mi vida.

¿De qué trataba?

De la entrada a la madurez.

Habla de la necesidad de la mujer por superar el odio hacia su cuerpo.

Yo diría que cuenta cómo el patriarcado impone

rígidas y horribles ideas de feminidad en las jóvenes,

hasta paralizarlas y privarlas de toda dignidad.

No sé. A mí no me pareció tan didáctico.

Es una novela muy introspectiva, no una crítica social.

Bueno, Joanna,

esta es Rachel Cusk.

Hola.

No.

Lo siento mucho.

Tranquila. Encantada de conocerte.

¿Tú también eres novelista?

Joanna es mi ayudante.

Yo no contrato a escritores, soy muy estricta con eso.

¿En serio? Creía que todos los ayudantes

querían ser escritores.

Si logras escribir mientras sirves café

a una tirana como Margaret, suerte.

Tiene que apasionarte.

Tienes que desearlo más que nada en el mundo.

Es más que un novio o un armario con vestidos bonitos,

o un trabajo que sea la envidia de todos.

Tienes que estar dispuesta a rechazar invitaciones a fiestas.

Tienes que estar dispuesta a que tus padres te odien.

Joanna, ¿tienes transcripciones por terminar?

Sí, es cierto.

Margaret.

La circular del contrato de Saint Martin tiene que salir ya.

- Claro. - Bien.

Encantada de conoceros. Gracias.

Adiós, Joanna. Ha sido un placer.

Hola.

Tienes una carta.

De tu novio del instituto, Karl.

¿Sabe lo nuestro?

Sí, se lo comenté.

Joanna, ¿has cortado con él?

De forma decente: "Querido Karl: no eres tú, soy yo.

Lo siento, se acabó".

Lo típico, ya sabes.

Llevamos tres meses sin hablar.

Sabe que no volveré a California.

¿Le has dicho a la casera lo de la calefacción?

¿Para qué quieres estufas? Nos calentaremos con amor.

QUERIDA JO

Creía que sacaría un hueco para responderme.

Supongo que recibe muchas cartas.

Con su permiso, quería volver a escribirle, porque...

tengo una depresión que flipas.

Me parecía lo más honesto.

Sus personajes son los únicos con quienes me identifico.

Ellos pasan a la acción. No se plantean suicidarse.

Cogen una pistola y se pegan un tiro.

Está desafiando a Jerry.

Es un farol, y te ha hecho picar.

El chico merece una respuesta decente, no esa morralla.

¿Morralla?

Estás confundiendo el criterio

con la empatía.

He leído cientos de cartas como esta.

Sé que a veces es difícil,

pero haz tu trabajo.

¿Le has enviado mi carta a Salinger?

¿Le has dado mi carta a Salinger?

¡No tienes derecho a quedártela!

No leas cartas para otros.

Al menos, esperaba su confirmación.

Querido señor Salinger.

Odio el insti,

sobre todo inglés.

El guardián entre el centeno es el único libro que me gusta.

Mi profe quiere catearme.

Dice que voy a repetir curso, y sería un marronazo.

Le he preguntado qué puedo hacer.

"Escribe a J.D. Salinger, y consigue que te responda.

Si contesta, te pongo un diez".

Porfa, respóndeme para que saque un diez.

"Un excelente haciendo trampa no significa nada.

Pronto verás que las jóvenes suelen toparse con la doble moral

cuando buscan el éxito.

Demuéstrate a ti y a tus compañeros que no necesitas un trato especial.

Si quieres un diez, o un aprobado,

tienes que hacer los deberes.

Y si quieres honrar el espíritu de Holden,

no te preocupes por lo que piensen de ti.

Tendrás que ser más humilde,

pero es la única forma.

Atentamente, Joanna Rakoff".

Estás hecha una experta en lo que diría Salinger.

"Si quieres honrar el espíritu de Holden...".

¿Ya has leído El guardián?

¿Aún no?

Increíble.

Han aceptado a Bret en Case Western.

¿No prefería Brooklyn?

Es del Medio Oeste.

Lo echa de menos.

¿Y tú le esperarás aquí?

Claro que no.

Me voy con él.

Estamos prometidos, ¿recuerdas?

Espera.

¿Te mudas?

Creía que te encantaba tu trabajo.

¡Así es!

Pero Cleveland es una buena ciudad.

Estamos buscando casa en Shaker Heights.

Vaya.

Los suburbios.

¿Sigues escribiendo?

La verdad es que ya no.

Sé que siempre hemos dicho que queríamos ser escritoras, pero...

a ti te gustaba más.

A mí se me ha pasado.

Hablas como si fuera...

una fase.

¿No lo era?

No lo entiendo. ¿Lo dejas todo por Bret?

Joanna, frena.

No quiero escribir.

Y tú dices que sí, pero trabajas horas y horas

para otros escritores mientras Don escribe en casa.

También escribo.

Nos apoyamos el uno al otro.

Pues me alegro por vosotros.

Alégrate tú por mí.

Lo siento.

¿Por qué no...

tomamos algo en el Waldorf?

Quiero la tarta de queso carísima.

Igual pillamos a mi jefa con sus Martinis.

Vuelvo al trabajo.

- ¿Está todo a su gusto? - Sí, gracias.

EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO PRIMERA EDICIÓN

¿Le pido un taxi?

Hace muy buen día. Me iré paseando.

Hace un día precioso.

Que disfrute.

¡Gracias!

¿Diga?

Hola, Suzanna. ¿Cómo estás hoy?

Genial, ¿y usted? ¿Qué tal el clima por Cornish?

Muy agradable.

Dime una cosa, Suzanna.

He estado mirando los libros de ese tal Clifford de Virginia.

¿Merrybells Press?

- Sí. - ¿Qué te parecen?

El diseño no es nada del otro mundo.

Creo que no les vendría mal contratar un diseñador.

Respecto a los libros, solo he leído un par,

pero me gustan algunos poetas suyos.

¿Lees poesía?

Sí, muy a menudo.

¿También escribes poesía?

Sí.

Me alegra mucho oír eso.

La poesía es el alimento del alma, no lo olvides.

Suzanna...

El alimento del alma, entendido.

Suzanna,

hay que escribir todos los días, ¿entendido?

Lo tendré en cuenta.

Jerry quiere conocer a Clifford.

Ay...

Buscaremos un sitio discreto. - No hará falta.

Jerry irá a Washington el miércoles.

Quedarán en una cafetería de la Universidad de Georgetown.

Eso es horrible. Horrible.

¿Confiamos en ese tal Clifford?

No lo sé.

¿Estamos suponiendo...?

Que no filtrará que el autor más solitario del mundo,

que apenas sale de casa y no ha concedido entrevistas en años,

ha quedado para comer

en la Universidad de Georgetown el miércoles?

Sí.

¿Le has mencionado esa posibilidad a Jerry?

Pues no. Jerry lo considera un compañero.

Si le digo algo negativo, no se lo tomará bien.

En fin, a trabajar.

Ah, Joanna,

dime qué te parece esto.

¿Judy Blume?

¿La conoces?

¡Por supuesto!

De pequeña me encantaban sus libros. Todos la adoran.

Era clienta de mi predecesora, Claire.

Lleva mucho tiempo sin escribir.

¿Ha leído sus libros?

No. No leo literatura infantil.

¡Pero si son una pasada!

No lo dudo.

Claire tenía un gusto impecable.

¿Salimos un rato?

Somos pobres.

¿Y qué?

Nos partiremos una birra.

Hay micro abierto en el KGB.

¿Qué?

Llévate un poema.

Les encantará. - No tiene gracia.

No era la intención.

Tus poemas son buenos.

Tengo un manuscrito de Judy Blume.

¿Judy Blume?

¿Judy Blume de verdad?

Me encantó Quizá no lo haga.

- ¿Te gusta Judy Blume? - Sí.

También he sido niño. Y como el prota, Tony,

de clase baja, me mudé a un barrio de clase media.

Habla de clases sociales. - No es verdad.

¿Te pone que me gusten las cosas corrientes?

Sí, ¿eh?

Encargarme del nuevo libro de Judy Blume

fue como pasar del banquillo a hacer un home run.

Había logrado meter cabeza.

- ¿Y bien? - Me gusta.

¿De verdad?

¿Qué te parece?

¿Qué quieres decir?

No es un libro infantil, ¿verdad?

No, no.

Es un libro para adultos sobre la amistad de dos niñas.

¿Los adultos comprarán libros sobre niños?

¿Podré venderlo?

Muchos niños protagonizan libros.

¡Oliver Twist!

Esto no es Oliver Twist.

¿Lo comprarías?

Yo, sí.

Y mucha gente.

Está el factor nostalgia. Mi generación ha crecido con Blume.

Puede.

Estoy segura.

Muy bien.

Te has divertido.

Tienes más cintas sobre la mesa.

Cierra la puerta.

He cerrado el trato.

En serio, estaba muy contenta.

Judy.

Margaret te espera.

¿Café? - No.

¡Qué emocionante!

Sí.

¿Qué ocurre?

- Judy Blume está aquí. - ¡Mierda!

Michael, espera un segundo.

¿Era hoy?

Creía que teníamos más tiempo.

Lo mandará a la mierda, ¿verdad?

Creo que sí.

Hola.

Estamos de reforma, cambiándolo todo de sitio.

Por eso tenemos tus libros desperdigados ahí abajo.

No te preocupes.

Soy Joanna, la ayudante de Margaret y una gran admiradora suya.

- Eres muy amable. - Es todo un placer.

¡Judy!

Me alegro de verte. Pasa a mi despacho.

Bien...

Siéntate.

Por aquí...

¿Y bien?

No sé si atraerá a los lectores...

¿Joanna?

¿Por qué no coges el teléfono?

Hay alguien en recepción preguntando por ti.

¿Por mí?

¿Eres Joanna Rakoff?

- Sí. - ¿Es tu verdadero nombre?

Es ridículo, parece falso.

No tienes por qué quedarte la carta de Salinger.

Perdona. ¿Quién eres?

¡Suspenderé inglés por tu culpa!

- ¿Va todo bien? - No.

- Sí, sí. - No.

Te invito a un café abajo, ¿vale?

¿Joanna?

- ¿Por qué no estás en clase? - ¿Quién te has creído?

Trabajo respondiendo al correo de Jerry.

¿Tú lo llamas Jerry?

¿Es tu sugar daddy?

No, yo...

ni siquiera lo conozco, ¿vale?

El señor Salinger no quiere recibir cartas.

Así que me das lecciones, como mi madre.

Tienes razón, ¿vale?

Lo siento.

Perdóname.

Tu carta era distinta.

Creí que merecías una respuesta decente

en vez de nuestro: "No podemos remitirle su carta".

Por eso te escribí algo más personal.

¿Por qué tu consejo te parece mejor que esa mierda?

Tendré que ir a repaso.

Muchas gracias, señorita Rakoff.

¿Has escrito una carta personalizada a una fan y ha venido enfurecida?

Madre mía.

Madre mía.

¿Tienes idea de cuántas veces

he querido responder yo a alguna carta de Salinger?

- ¿En serio? - ¡Pues claro!

"Estimado señor: obsesiónese por otro autor.

Dicen que Kurt Vonnegut responde él mismo".

Y a veces solo quieres decir: "Mira, pardillo...".

Y luego hay otros...

cautivadores.

Necesitas luchar por ellos, ¿verdad?

¡Sí, sí! ¡Exacto!

Pero te has pasado.

Es un berenjenal, ética y legalmente.

Te retiro el correo de Salinger.

- No. - Sí.

Hugh, por favor.

Adoro esas cartas. No volveré a hacerlo.

Lo prometo.

¿Judy?

Mierda.

- Se acabó. - ¿Judy?

Nos deja.

¿Por quién?

¿Qué más da?

Si yo fuera Judy, haría igual.

Joanna.

¿Por qué?

Dime, por curiosidad. ¿Por qué te irías?

Lo siento mucho. No iba en serio.

Es que me...

me da pena que se vaya, nada más.

Muy bien.

Si no quieres iluminarnos con tu sabiduría,

puedes seguir transcribiendo las grabaciones.

Y recógele las recetas a Daniel cuando acabes.

Cierra la puerta.

¿Crees que los hombres enamorados no miran a otras?

Pues tengo malas noticias.

Todos los hombres miran a todas las mujeres

y piensan si podrían... - ¿Tirársela?

Es sexy, ¿verdad?

Don, te aconsejo que no abras ese melón.

¿Crees que nosotras no?

Pues sí.

Incluso con mujeres.

Solo que no babeamos.

¿Boba?

Boba.

Yo solo babeo por ti.

¿Vino blanco?

No, gracias. Yo...

tengo que irme.

Ya lo sé.

He venido a darte esto.

¿Qué es esto?

Es de Karl.

Viajará a Washington para dar un concierto.

Quiere que vayas.

¿Estás en contacto con Karl?

Te mandó una carta, pero no respondiste.

¿El miércoles en Washington?

Sí.

¿Qué ocurre?

Tendría que ir alguien a Washington por la reunión con Clifford.

Para asegurarnos de que está preparado

y explicarle nuestro protocolo.

Parecía nervioso por teléfono.

No puedo irme de Nueva York, pero podría mandar...

¡A mí!

- ¿A ti? - Yo voy.

¿Por qué?

Para tomar notas y ayudar a Clifford.

Quiero hacerlo por la agencia.

Pues a Washington que te vas.

Serás los ojos y oídos de la agencia. Averigua quién es Clifford.

Reúnete de antemano con él e infórmame.

Pero que no te vea Jerry.

Tiene que pensar que están los dos solos. ¿Entendido?

No te arrepentirás.

Ya veremos.

Espera.

Tengo un regalo para ti.

Mi cumple fue hace dos meses.

Los cumples son para capitalistas.

Es...

Es mi novela.

¿La has terminado?

¿No quieres leerla?

Sí, claro.

¡Gracias!

¡Enhorabuena!

COMPAÑERO DE VIAJE

¿Señor Bradbury?

Sí. ¿Joanna?

- ¡Hola! - Hola.

- Es un placer. - Igualmente.

He ampliado el lomo, ¿ves?

Quería engrosar el libro porque es muy corto.

He reescrito la versión de The New Yorker, sin escanear.

Y he hecho bien. Había alguna errata.

¡The New Yorker no tiene erratas!

Sí las hace, por pequeñas que sean.

Salinger es muy minucioso.

He hecho dos modelos.

- Vaya. - ¿Debería haber hecho más?

No.

Sí, tendría que haber hecho más.

Señor Bradbury,

lo hará genial.

Usted...

Olvide todo lo que sabe de Salinger.

Como verá, le gusta ir al grano.

Solo tiene que ser usted mismo.

ONANISTA

PUEDES ARRANCARME LAS BRAGAS

¿Qué ha pasado?

Salinger me ha invitado a comer.

¿Cómo ha ido?

Estamos de acuerdo en todo.

¡Genial!

No he llegado a tiempo.

Menos en las erratas.

¿Qué quiere decir?

No quiere que las corrija.

Le ha molestado un poco que lo hiciera.

Parecía que fuera a decir: "Mira, déjalo estar".

¿Le ha dicho por qué?

Quiere publicar una réplica de The New Yorker,

como si las erratas fueran intencionadas.

No tiene sentido.

Oiga.

No corrija las erratas.

No se lo cuente a nadie.

No haga entrevistas. Echaría todo a perder.

Sí, y eso no puede pasar.

Muy bien, Bradbury.

Mi jefa estará muy contenta.

¡Adiós!

- ¡Jo! - ¡Hola!

Te llegó mi invitación.

Sí.

Me alegra que hayas venido. Estás genial.

Tú también.

Me alegro de verte, Jo. Quería pedirte perdón.

¿Qué?

Te escribí muy enfadado. Te dije cosas que no pensaba.

No te disculpes. Hiciste bien en enfadarte.

Me enfada que ya no estés enfadado.

Pues no estoy enfadado, y eso no tiene sentido.

Me hiciste daño y necesitaba desahogarme.

Merecía una ruptura en condiciones.

"Karl, te dejo".

Ya sabes, lo típico.

Sí.

Lo típico.

Cuando te fuiste, el piso se me caía encima.

No leí...

No leí tu carta.

¿Qué? ¿Por qué?

Porque...

no pude pasar del "Jo".

Nadie más me llama Jo.

Quiero que vuelvas a mi vida.

Aunque solo me llames de vez en cuando.

Eras mi mejor amiga.

Te echo de menos, Jo.

Y yo a ti.

Me he dado cuenta de que, aunque suene hipócrita,

no puedes ir por ahí mostrando tus emociones de mierda al mundo.

A la mayoría, suele importarles poco

lo que puedas pensar o sentir,

supongo.

Y si ven alguna debilidad en ti...

¿Desde cuándo es una debilidad mostrar lo que sientes?

Se te echan encima, ¿verdad?

Todo el mundo te lo echa en cara,

y...

se regodea de que tengas sentimientos.

¿Es bueno?

¿Qué?

¿El manuscrito es bueno?

Es interesante.

Pero lo odias.

Qué va. No lo odio.

O a lo mejor sí,

y por eso es bueno.

Es atractivo...

Pero...

No quiero leer sobre su vida sexual.

Nadie quiere leer eso.

A lo mejor me cabrea su indiferencia.

O que...

Él escriba, y yo no.

Entiendo.

¿Qué ocurre?

Ya nos vas contando.

Gracias.

Se ha pegado un tiro.

¿De quién habláis?

De Daniel, Joanna.

Daniel se ha suicidado.

¿Nuestro Daniel?

En el salón,

con Margaret en la habitación.

¡No puede ser!

Daniel es maravilloso.

Es bueno, amable y...

¡No puede ser!

Pero si estaba bien.

Era bipolar.

Margaret se encargaba de él desde hace años.

¿Era su hermano?

Su amante.

Durante 20 años.

¿Estamos hablando del mismo Daniel?

Daniel estaba casado con Helen, como sabes.

Vivía media semana con Helen y la otra media con Margaret.

Lo cuidaban entre las dos.

Lo compartían.

¿Margaret compartía hombre con otra mujer?

Joanna, si llama alguien, di que está trabajando desde casa.

Anota el mensaje,

pero no menciones nada.

¿Y si es Jerry?

Sobre todo si es Jerry.

¿Puedes hacerlo luego?

Claro.

Gracias.

Oficina de Margaret. Soy Joanna.

Joanna, soy Jerry. ¿Cómo estás?

¡Hola! Muy bien. ¿Y usted?

¿Cómo va el tiempo por allí?

Sofocante.

¿Está tu jefa?

Me temo que está fuera.

Últimamente, siempre está fuera.

Sí, está ocupada. Tiene muchas reuniones.

¿Puedo ayudarle en algo?

Quiero hacerte una pregunta

sobre Clifford Bradbury.

- Dígame. - ¿Qué te parece?

Me cae bien.

Creo que da demasiadas vueltas a las cosas.

No quiere defraudarle.

¿Escribes todos los días?

Casi todos.

Cada vez tengo más responsabilidades aquí, así que..

¡Ya leo manuscritos!

Eres escritora, Joanna, ¿verdad?

No eres agente, ni secretaria.

No lo sé.

¿Disculpa? No te oigo. Estoy un poco sordo.

¡Sí!

Sí.

Soy escritora.

Pues escribe.

Aunque sean solo 15 minutos cada mañana.

Protege tu santuario, ¿de acuerdo?

No te quedes ahí respondiendo al teléfono, Joanna.

¡Eres poeta!

FIESTA ANUAL DE EDITORIALES INDEPENDIENTES

Mark...

¿Cómo es trabajar para The New Yorker

Bueno,

¿y si te pasas un día y te lo mostramos?

¡Me encantaría!

¿Tú también escribes?

¡Tranquila! No se lo diremos a tu jefa.

He publicado dos poemas en The Paris Review.

Ahora estoy con algo nuevo.

Pues nos encantaría ver tu material cuando estés lista.

Sería genial. Sería maravilloso.

Brindemos por ello.

Vale.

Me gusta la parte satírica.

Pero la ficción de The New Yorker es penosa.

¿Y esa cursilada de la voz de la ciudad?

¡Don!

Lo siento.

Sé que te gusta todo ese rollo:

"Hemos quedado en el Algonquin. Me encantaría que vinieras".

Qué asco.

¿Cuándo es la boda?

En el puente de octubre...

¿verdad?

¿O me lo estoy inventando?

El finde que viene, Don.

Joanna, tú vienes, ¿no?

Sí, sí...

¡Qué bien!

Eres un gilipollas, que lo sepas.

Sabía que si te lo contaba, me vendrías con planes.

Buscar un coche, una pensión, qué ponerte...

Te habrías comprado ropa, habrías hecho planes

y te habrías cabreado al saber que quiero ir solo.

¿Irás solo a la boda de tu mejor amigo?

No tengo por qué darte explicaciones, ¿vale?

- ¿En serio? - En serio, boba.

Irán todos mis amigos de Hartford. Será el fin de una era.

No quiero preocuparme por si te diviertes o no.

Vale.

A ver si conoces a una rubia pibón, le arrancas las bragas,

te la tiras y escribes otro relato ilegible.

¿Qué? ¡Vaya!

¿A qué viene eso?

¿Y la niña dulce que conocí en Navidad?

Me gustaría que volviera, boba.

Que no me llames boba, ¿vale?

¡Y no soy una cría!

Te llamo boba porque te quiero.

Mi abuela llama así a mi madre.

¿Me quieres?

Pues claro.

¿Estaría aquí de no ser así?

Nunca había vivido con nadie. Me has cambiado.

Me quieres,

pero no quieres que vaya a la boda.

Exacto.

Mira, soy mayor que tú.

Intento no recordártelo, pero es así.

Algún día tendrás mi edad y verás que dos personas

pueden quererse y no coincidir en todo.

No hay que hacerlo todo juntos.

¿Debería llevar corbata?

Boba.

Esto se te da bien.

No tengo traje, ¿debería...

llevar solo camisa y corbata?

Estás deprimida.

Te lo aseguro. Conozco los síntomas.

Estoy igual cuando me abruman las emociones.

Y...

Mis emociones son muchas.

No estoy deprimida.

Soy muy feliz.

¿Qué?

Nada.

¿Me das un beso?

Pues vale.

Adiós, Joanna.

"Pienso mucho en Holden.

Primero, siempre sonrío como un idiota.

Me acuerdo

de lo gracioso que es y todo eso.

Pero luego me entra el bajón.

Solo pienso en Holden cuando me abruman las emociones.

Mis emociones son 'mudas'."

MIS EMOCIONES SON "MUDAS"

Y así eran mis emociones.

Eran mudas.

Querido chico de Winston-Salem.

Te pido perdón de todo corazón

por haberte escrito tan tarde.

Llevo meses pensando en tus cartas.

Supongo que...

mis emociones también...

pueden ser mudas a veces.

Tienes razón,

no puedes mostrar tus malditas emociones al mundo.

Pero, si no compartimos nuestros sentimientos,

¿qué hacemos con ellos?

¿Cómo se sigue adelante?

Yo...

solo tengo ganas de llorar.

¿Joanna?

¿Qué ocurre?

¿Ha pasado algo en la agencia? - No, no.

Todo va bien.

Te he traído esto.

Y una sopa del Mangia.

La que te gusta de champiñones.

Qué considerada.

Eres muy atenta, ¿verdad?

Has hecho muy bien lo de los contratos.

Los derechos electrónicos

supondrán el fin de las editoriales.

Pero responder a los fans de Jerry

fue irresponsable, inmaduro y peligroso.

¿Lo sabías?

He despedido otros ayudantes por menos.

¿Por qué a mí no?

Porque sería difícil que vuelvas a cometer el mismo error.

Además, a Jerry le caes bien,

y no me gusta alterarle las rutinas.

No quiero ser una rutina.

Tengo...

un par de relatos

de unos viejos clientes.

Léetelos,

valora para qué revistas son adecuados

y mándalos.

¿Y si no me gustan?

Tendrás que averiguar a quién sí.

Bien.

Gracias.

Vuelvo a la oficina.

¿Por qué se fue Judy Blume?

Siento haber dicho aquello.

No, por favor,

quiero que me digas lo que piensas.

Cuando recibiste a Judy,

¿hablasteis de cómo escribe?

La calidad de su obra no era relevante.

A lo mejor no quería una charla promocional.

A lo mejor quería...

saber qué te parecía su relato,

qué habías sentido,

o si te gustaban los libros tanto como a ella.

No sé si mi amor por los libros era relevante para la conversación.

Quizás para ella, sí.

Para mí, lo habría sido.

Cuando vendí mi primer libro, tenía veintitantos.

Trataba de una joven periodista en la guerra civil española.

Estaba escrito por un hombre.

Pero el autor comprendía...

perfectamente

cómo se habría sentido esa mujer.

En fin...

Vendí el libro.

Así que mi jefe me encargó que representara al autor.

Yo accedí inmediatamente,

pero al momento, me atacaron los nervios.

Me entró el pánico.

¿Y si...?

¿Y si el autor me decepcionaba como persona?

¿Y si me gustaba su obra pero no él?

Tres semanas después, quedamos para comer

en el Elaine's,

y...

a las 21:00 seguíamos allí.

Nos reímos,

charlamos,

hablamos de nuestras aspiraciones y...

de nuestro amor por la música

y por los libros.

¿Daniel?

Sí,

Daniel.

Lo siento mucho, Margaret.

Me pondré las pilas.

Llevaba meses emocionándome con fans anónimos.

Con su deseo de conectar con Salinger.

Sus cartas me habían cambiado.

Había llegado el momento de averiguar por qué sentían eso.

NUEVE CUENTOS

FRANNY Y ZOOEY

Salinger no es...

como yo esperaba.

Para nada.

Es brutal.

Brutal y divertido.

Me encanta.

Mi favorito es Franny y Zooey.

En cierto momento, el chico de Princeton

espera a Franny en la estación,

con la carta en el bolsillo.

La carta de Franny.

La ha leído miles de veces.

Se la sabe de memoria.

Pero cuando ella baja del tren y pregunta:

"¿Recibiste mi carta?".

Él dice:

¿Qué carta?

Hola, boba.

¿Hoy no trabajas?

Tengo la mañana libre.

Te echaba de menos, boba.

¿Vas a algún sitio?

Te dejo, Don.

Ya lo pillo. Esto es por la boda.

- Me he dado cuenta en tu ausencia. - ¿Por qué te lo tomas así?

Lo he visto mientras no estabas.

- ¿Que nunca te comprometes? - No te añoraba.

- ¿Qué? - No he pensado en ti ni un segundo.

Así que necesitabas tiempo sola. Lo entiendo.

Quédate tú el piso. Lo necesitas más que yo.

¿Vas a soltarme el rollo de: "No eres tú, soy yo"?

Debería haberte dejado antes.

No estoy enamorada.

Lo siento.

PROHIBIDO HOLGAZANEAR

Sabía que podías.

¡Lo sabía!

Ven conmigo.

¡Hugh!

¡Deja lo que estés haciendo!

Max, entramos en tu santuario.

Tengo una noticia que daros. - ¿Qué pasa?

Joanna ha vendido un relato que le di este verano.

¡Enhorabuena!

¡No me extraña! ¡Muy bien!

- Vas por buen camino. - ¡Ya lo creo!

Desde que entraste por la puerta, supe que eras material de agencia.

Ya puedes empezar tu propia lista de clientes.

La mayor emoción para un agente, ¿verdad, Max?

Por una vez, coincido con Margaret.

Lo celebraremos en la comida.

Espero que bebas Martini.

Ya se acostumbrará.

¿Sabes? Tenemos algunos autores que preferirían estar contigo

antes que con una vieja como yo.

Gente que puede gustarte.

¿Qué pasa?

Te lo agradezco.

Te lo agradezco mucho.

Te marchas.

Quería hablarlo contigo esta semana.

Pero con lo bien que lo haces...

Tienes potencial para convertirte en una gran agente.

Tienes mucho instinto y corazón.

Gracias.

Gracias, Margaret.

Está decidido.

Obviamente, me quedaré hasta que tengáis a alguien.

¿Tienes otras aspiraciones?

Exacto.

Nunca hemos hablado de nada

que no fuera la agencia.

Es verdad.

Pero me gusta trabajar contigo.

Me gusta muchísimo trabajar aquí.

Solo que...

quiero hacer otras cosas.

Y...

si no es ahora, no las haré nunca.

Lo entiendo.

RECOPILACIÓN DE POEMAS

Hola.

Kevin me dijo que le trajera esto cuando quisiera.

¿Quiere dárselo usted misma?

Creo que está aquí.

Sería genial.

Gracias.

Hola.

Adivina quién está aquí.

¿Tendremos el tiempo suficiente?

Me preocupa la portada.

- ¿La portada? - Sí. ¿Qué te parece?

¿Diga?

He estado pensando que si yo escribiera sobre mí mismo

y publicara El guardián entre el centeno,

me cagaría en el gilipollas que me escribiera

fingiendo hacer lo mismo.

¿Me sigues?

Jerry.

Te presento a... - ¡Joanna!

Me alegro de conocerte por fin.

SUEÑOS DE UNA ESCRITORA EN NUEVA YORK

BASADA EN LA NOVELA MI AÑO CON SALINGER

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