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CUARTEL SCHOFIELD TERRITORIO DE HAWÁI
8 DE ABRIL DE 1941
Vamos. En formación.
COMPAÑÍA A
COMPAÑÍA B
Vamos, en formación. Vamos.
Vamos. Venga.
Vamos.
Empezad.
Sí. He dicho que empecéis. Vamos.
Moveos. Más rápido.
- Primera línea, ¡vamos! - Venga. Vamos.
Bien. Corregid la formación.
Un poco más atrás. Derechos.
¡Derechos!
El quinto, un poco atrás. Atrás.
Mirame. Atrás. ¡Derecho!
El octavo, un poco más atrás. Atrás. ¡Más atrás!
¡rrmes!
¡rrmes!
A la derecha.
¡rrmes!
Derecha.
Hombro derecho.
Adelante.
Derecha, izquierda.
Venga, ¡venga!
¡Hombro derecho!
¡Adelante!
Un, dos, tres, cuatro.
Un, dos, tres, cuatro.
Izquierda, derecha,
Izquierda, derecha.
Hola, amigo.
Solo quiero desearte lo mejor.
Gracias.
Casi se me olvida. Es propiedad de la compañía.
¿Seguro que sabes lo que haces, Prewitt?
¿Dejas un buen puesto de corneta para irte de soldado normal a otra compañía?
Quizá toque la corneta en la compañía G.
¿Vas a boxear para la compañía G?
No.
Entonces no tocarás la corneta.
Yo ya no boxeo.
Ya sabes qué dicen. En el ejército no harás nada que no quieras.
Pero al final querrás haberlo hecho.
Sí, es lo que dicen.
Hasta la vista.
COMPAÑÍA G
SALA ADMINISTRATIVA
Leva, ¿has resuelto ya el problema de la ropa?
Aún no. Espero al nuevo. ¿Ha venido ya? Tengo sus papeles listos.
¿Prewitt?
Aún no. Espero que nunca venga.
He oído que es muy buen soldado.
Es un cabezota. Vamos.
Sí, pero le he visto pelear un par de veces. Es bueno.
Sabe pelear, ¿y qué?
Esta compañía está cargada de boxeadores, jugadores de béisbol...
Todos los deportistas idiotas que pilla.
¿Alguna vez habías visto a tantos deportistas en una compañía?
Eso es porque el idiota que dirige esta compañía cree
que unos cuantos trofeos más le darán un ascenso.
El mundo, Leva, está dirigido por enanos mentales.
Lo que tú digas, Warden.
Lo que yo digo es que resolvamos esto ya.
Tenemos seis cajas de polainas. De lona.
Ocho cajas de mantas. De lana. Verde oliva.
- ¿Qué pasa? - Ella.
¿Qué demonios hace aquí? No es el hotel Royal Hawaiian.
- ¿Quién? - La señora del capitán Holmes.
Quiero ir al parque de vehículos.
Chip, no tienes permitido ir allí en horas de servicio.
Mi padre está al mando. Haré lo que quiera.
¡Chip!
Chipper.
¿Crees que lleva sujetador?
¿Y ocultar eso que tiene ahí? Ni hablar.
Maldita mujer. ¿Por qué tiene que ir vestida así?
No la critiques. Hace su buena obra del día.
Pone firme a toda la compañía.
¿Crees que sabrá que hablamos de ella?
Puedes apostar lo que sea a que sí, amigo.
He oído que se lo montó con media compañía en Fuerte Bliss.
Sí, lo has oído.
Pero tenías que ser como mínimo suboficial.
Eh, sargento. Viene para acá.
Al diablo con ella. Tenemos trabajo. Vamos.
SÍ.
Si busca al capitán, señora, no está aquí.
¿Y el sargento primero?
Soy el sargento primero, señora.
Sí, naturalmente. ¿Cómo está?
¿Qué se le ofrece, Sra. Holmes?
Busco a mi marido. ¿Ha venido esta mañana?
¿Dice antes de ahora, de las 8:30?
Dijo que iba a venir aquí.
SÍ que viene aquí, antes o después. Hay trabajo para él de vez en cuando.
Me pregunto dónde estará.
Conociéndole, señora,
habrá ido con el coronel Delbart al club de oficiales
a beber lingotazos y quejarse de los criados.
¿Está siendo condescendiente?
¿Yo, señora? No. ¿Por qué?
Creo que lo está siendo.
Y también creo que está siendo maleducado e insolente. ¿No cree?
¿Yo, señora? No. O sea...
Espero que la próxima vez que nos veamos, sargento, sus modales hayan mejorado.
Créame, señora, que no pretendía ofenderla.
Bien.
¿Crees que se quejará de ti?
¿Qué más da?
En esta fase de su carrera, al capitán le importo yo más que ella.
¿No te gustaría hacerle cositas?
¿No te gustaría hacer cositas del trabajo? Vamos, Eco. Venga.
Oye, tú.
Cuidado con lo que haces con la colilla, amigo.
Le daré un arreglo militar.
- ¿Eres el trasladado? - SÍ.
Soy Angelo Maggio.
Y antes de que pretendas ser muy amistoso conmigo te aviso: soy recluta forzoso.
Soy Prewitt. Nunca había conocido a uno de vosotros.
Ah, ¿no?
Que mi ropa no te engañe.
Resulta que soy un miembro muy importante de la unidad.
Te conviene tratarme bien.
Vale.
Eres Prewitt, el peso wélter, ¿no?
Qué va. Yo soy corneta.
¿Me tomas el pelo?
No.
Venga. Me dijeron que eras un zurrador.
Te dijeron mal.
Deja que te diga algo.
Si no eres deportista aquí, tendrás problemas.
Y hazle caso a uno que tampoco lo es.
Magglio.
¿Qué tendrías que estar haciendo?
Vigilando la zona.
- Pues vigílala. - Lo que usted diga, jefe.
- ¿Quién eres? - Iba a presentarme.
Pues preséntate.
Coge esa chaqueta, Maggio.
¡Eh, Prewitt!
¡Te encantará este sitio!
Para esto sacasteis mi número de un cuenco.
Prewitt.
- Sargento, es Prewitt. - Mándamelo.
Prewitt. Vengo de la compañía A.
Te conozco, Zurrador.
Veamos tus expedientes.
Justo lo que necesita esta compañía, otro deportista.
¿Por qué pediste venir?
Es algo personal.
No me vengas con esas.
¿Pasas de ser soldado de primera clase a uno de bajo rango entre fusileros
porque te va ser soldado?
- Puedo ser soldado con quien sea. - Eso lo decidiré yo.
El corneta jefe de la compañía A eligió a uno de sus amigos gordos
para ascenderlo y no a ti.
- ¿No? - Como dije, es personal.
Menuda razón para trasladarse. Hirieron sus sentimientos.
Así que vienes aquí a soltar pullitas, ¿eh?
Deja que te diga algo, Prewitt. Se avecina una guerra.
Y cuando venga, quiero soldados a mi lado. No zurradores.
No me trasladé aquí para boxear, Warden.
Eso le encantará al comandante de la compañía.
Warden, ¿mando yo en el comedor o los estúpidos cocineros?
- Buena pregunta, Preem. - Quiero más respeto por aquí.
¿Respeto por qué? ¿Por las natillas cortadas que sirves?
No puedes hablarme así.
Tienes suerte de que te hable siquiera.
Y de que no te meta la basura que sirves de desayuno por la garganta.
Hago lo que puedo con la comida que me envían.
Lo que haces apesta. Conviertes un filet mignon en bazofia.
El capitán no lo cree.
El capitán no come aquí.
Y otra cosa: no entres más en esta sala administrativa sin llamar.
- Mira, Warden... - Ya está. Vete. Fuera. Sal de aquí.
Siéntate, Prewitt.
El capitán aparecerá algún día y seguro que querrá hablar contigo.
Y nunca te fíes de un jefe de comedor que come fuera.
¡rrmes! Descansen.
Buenos días, señor.
Empecemos ya con lo urgente. No puedo quedarme mucho. ¿Y ese de fuera?
Es Prewitt, señor. Viene de la compañía A.
El peso wélter. Que pase.
Sí, señor.
A ver, Prewitt, ¿cuántos años llevas en el ejército, cinco, cinco y medio?
¿No es hora de que espabiles, que dejes de faltar al respeto
y que veas que un buen puesto no crece en los árboles?
Quiero que entres ahí y le digas a ese tipo lo que quiere oír.
El soldado Prewitt se presenta a la compañía como le ordenaron.
Descanse.
Te vi contra el Toro hace un año y tumbaste a Connors.
- Un buen espectáculo. - Gracias, señor.
Ascenderás pronto.
Me gusta mostrar aprecio por los buenos deportistas.
No voy a pelear, señor.
¿Que no?
No, señor.
- ¿Estás enfermo? - No, señor.
¿Por qué crees que aprobé tu traslado?
OÍ que había una plaza libre de corneta.
¿Corneta? ¿De qué diablos habla?
Parece haber un malentendido, señor.
¿Vas a decirme que rechazas entrar en el pelotón de boxeo?
- Sí, señor. - ¿Por qué?
Es personal, señor.
¿Es tu última palabra sobre el tema, Prewitt?
No pelearé, señor.
Disculpe, capitán. El coronel Delbart está listo para montar.
Vale.
Ocúpate de este hombre. Asígnale un pelotón.
Sí, señor.
Me parece que prefieres hacer tareas a ser corneta.
Ya he hecho tareas, señor.
Pues volverás a hacerlas. Y muchas.
No te presionaré para hacerte boxear.
No creo en eso.
Si no quieres pelear, no te quiero en mi pelotón.
Escúchame, cabezota.
Holmes es el oficial al mando.
Pero es como todos los oficiales.
Un absoluto zoquete.
Firma papeles, monta a caballo, lleva espuelas
y acaba borracho perdido en el maldito club de oficiales.
Y se ahogaría en su propia baba si yo no le limpiase la garganta.
Yo dirijo esta compañía.
Sé cosas de ti, Warden.
Las sabes, ¿eh?
Pues prefiero que estemos tranquilos los dos.
Le diré que tienes mal las manos y no puedes pelear,
y por eso te devolví a la compañía A. ¿Qué dices?
Como dije: "Puedo ser soldado con quien sea".
- Lewis, puede ser soldado con quien sea. - Ajá. ¿Y?
Ponle en el pelotón del cabo Cheney.
Vale.
Vamos, soldado.
Prewitt.
Haznos a los dos un favor. En cuanto puedas, deserta.
- ¡Bienvenida! - ¡Gracias! Muchas gracias.
- ¿Está libre? - Claro, jovencita.
Si busca un sitio al que ir, la Asociación Cristiana es muy segura.
¿Aquí es adonde quiere ir?
Sí. ¿Sabe dónde está?
- Hola. - ¿Qué tal?
Son 75 centavos.
Sí, muchas gracias. Quédese el cambio.
¿Seguro que es adonde quiere ir?
SÍ.
¿Quién iba a saberlo?
HOTEL NUEVO CONGRESO
Soy Lorene.
Ah, sí. Te esperan.
Deja las maletas y sígueme.
Adelante.
Esta es Lorene.
Ah, sí.
Querida, qué maravillosa visión para estos ojos viejos y cansados.
Eso es todo.
Eres encantadora. Como una princesita.
Ven, siéntate.
Me alegro de que te unas a nosotras.
Me gusta este sitio, Sra. Kipfer.
Bien.
¿Entiendes que la casa se queda el 70 %?
El 55 %.
El 60 %.
Trato hecho.
- Qué bonito día para montar, ¿eh? - Sí, señor.
- ¿Vio el partido anoche, capitán? - Eso me temo. Fue terrible.
Once carreras en la última entrada. La 24.9 acabó con nosotros.
Detesto perder, capitán.
Yo también, señor.
Del regimiento solo ganó su pelotón de boxeo el año pasado.
Sufrí muchas burlas por nuestros otros equipos.
El general Slater mismo se preguntaba la otra noche si nos hemos ablandado.
¿Sus hombres ganarán el título de boxeo para mí este año, Holmes?
Sí, señor, lo harán.
De hecho, acaba de entrar un...
Bueno, no debería hablar de él hasta que no vea cómo rinde.
Excelente.
Su ascenso y el mío pueden depender de ese título,
así que hábleme claro.
¿Acaba de entrar un qué?
Un peso wélter, señor. El mejor de la división.
¿Peso wélter? Eso son buenas noticias.
Y eso debería asegurarnos el título de divisiones.
Representaríamos al ejército en los torneos entre cuerpos,
y si pudiéramos darle una paliza a la Armada...
Holmes, quiero ese título de boxeo.
Lo tendrá, señor.
Bien.
¿Y su encantadora esposa?
Bien, señor.
Una dama encantadora. El general siempre pregunta por ella.
No sabía que estabas en casa.
Debo jugar en un torneo de golf con el coronel esta tarde.
El golf siempre es un buen modo de relajarse tras montar a caballo.
Pasé por la zona de la compañía esta mañana.
¿Para qué? No me gusta que vayas a mezclarte con los soldados.
Te pedí que me recogieras unas cosas. ¿Dónde estabas tú?
Tenía asuntos que atender.
Te apañaste, ¿no?
Claro.
Ya no tengo derecho a preguntar sobre tus actos.
Ese fue el acuerdo.
Cielo, cualquier cosa que quieras preguntar me parece bien.
¿Qué deseas saber?
Nada. Ya no es de mi incumbencia con cuantas mujeres te ves.
Ojalá pudieras ser sincero por una vez...
¿Qué tengo que hacer para que creas que no hay otras mujeres?
Venga, Dana. Reconoce que tengo algo de inteligencia.
SI hubiera otras mujeres, lo admitiría.
No tengo motivo para esconderlo. Ya no. ¿Verdad?
Hemos vivido ocho años con esto.
No ha sido fácil.
No quiero hablar más de ello, Dana. Siento haber sacado el tema.
Karen.
Hay una plaza libre de comandante. La deseo, y como sea.
¿Y?
Tú podrías facilitármelo.
¿Cómo?
Como si no lo supiera.
- El general Slater da una gran fiesta. - No.
Por favor. Debes acompañarme.
Dana, te he ayudado con tu trabajo lo que he podido.
He ido a fiestas que odiaba
porque mi parte del trato era hacer de amantísima esposa.
Pero lo que no haré por ti es acostarme con el general.
¿Te pediría yo algo así?
Solo pido que le trates bien.
¿Por qué debería?
Porque hay una guerra, a metros de distancia.
Un recién salido de la academia tendrá fácil ser general cuando acabe.
Solo tenemos que sonreír y seguir el juego.
¿" Tenemos"?
¿Por quién crees que lo quiero, si no es por ti?
Y por Chip.
Si no te interesa por ti,
párate a pensar lo que significaría para tu hijo.
¿De verdad tanto lo deseas?
Sí, tanto lo deseo.
Muy bien, Dana. Iré.
Gracias. No lo lamentarás.
Ya lo sé. Me muero de ganas por recibir pellizcos en el culo del coronel Delbart.
Demonios, llego tarde.
¿Diga?
Sí, coronel Delbart. Justo ahora hablábamos de usted.
Aquí el capitán Holmes.
Voy para allá, señor.
Lo siento, señor. No sabía que le hice esperar.
No, señor.
Sí, señor.
Claro, señor.
Quizá llegue un poco tarde a cenar.
Hasta luego.
Perfecto. Le has pillado el truco.
No es fácil limpiar un retrete.
Hay que ponerle ganas.
Es lo que me gusta de ti, Prewitt. Que le pones ganas.
¿No se supone que deberías trabajar en esto conmigo?
Falso. Yo mando.
Deja que te diga algo, Prewitt.
Están los que hacen y los que lideran.
Magglio lidera.
Venga, chicos.
Nadie puede usar las letrinas hasta que acabemos.
Hola, Prewitt.
Oye, soy el sargento Doehm. Boxeamos una vez. ¿Recuerdas?
- Eh, Prewitt. - ¿SÍ?
- ¿Le noqueaste? - Los jueces dieron un empate.
Sí, ya. Pero le machacaste, ¿no, Prew?
Maggio, no molestes, ¿vale?
Cuesta creer que un tipo que puede boxear como tú
prefiera limpiar un retrete.
Ya sabéis, algunos se emborrachan para relajarse.
Él limpia retretes.
No tendrías más tareas, Prewitt. Nunca. Si boxeas.
Podrías hasta lograr un ascenso en un par de semanas.
El capitán agradece la lealtad a la compañía.
Y no olvida la deslealtad.
Sargento, se lo dije al capitán y se lo digo a ustedes.
No volveré a pelear.
No te importa que intentemos que cambies de opinión, ¿no?
Parece que necesita un poco de trabajo, dago.
Una cosa que odio es la pereza.
Solo teníamos una pequeña charla, primero.
Si quieres hablar, Doehm, ve a ver al capellán.
Claro, sargento.
¿Sabe lo que trataron de hacer?
Maggio, he oído algo de que no fuiste a la cama a tu hora.
No es cierto.
Bueno, quizá por tres o cuatro minutos de nada.
En ese caso, cuando acabes aquí,
ve a lavar las ollas y cacerolas.
¿Qué tal te cae ese escupidor de Doehm?
He acabado. Tengo planes para esta noche.
Sí. Es verdad. Vas a ver a tu chavala, ¿no?
SÍ.
Hacía tiempo, y tengo mucho que contarle.
¿Qué? ¿Vas a perder el tiempo hablando?
Hola, Bobby.
¿Cómo te va, Vi?
Bien.
Pasa.
Siempre te quedas mirando. ¿A qué? Aquí todo es feo.
Solía vivir en un sitio así de niño en Kentucky.
¿Y te gustaba?
No mucho.
Pero he vivido en sitios peores desde entonces.
Hola.
Ahora no, Bobby. Antes quiero hablar de tu traslado.
¿Para qué quieres hablar de eso?
¿No podrías haber pedido al oficial quedarte?
Podría, pero no lo hice.
Pero si era un buen trabajo, y te gustaba.
Nada me gusta especialmente.
¿Perdiste el ascenso?
SÍ.
Escucha, ahora solo ganaré 30 al mes,
así que no podré ayudar a tus padres como hasta ahora.
No, supongo que no.
Ven aquí.
No, demasiada luz. No es agradable. El amor es para la noche.
¿Y eso desde cuándo?
No te enfades, Bobby.
Es solo que, bueno, una chica isleña respetable
no sale con soldados.
Ni tampoco una chica blanca respetable.
Vi...
¿Te gustaría salir de aquí?
¿Cómo?
Quiero que te mudes a Wahiawa y vivas conmigo.
¿Sí?
¿Y eso, por qué ahora?
Porque ahora tengo muchas tareas y ya no tendré tanto tiempo
para venir hasta aquí a verte.
Demonios, es peor que eso.
Me cargan de tareas de más.
Y si no te mudas más cerca del puesto, nunca podré verte.
Bobby, no ganarás suficiente dinero para que vivamos juntos.
Aún recibiré un cheque grande más.
- Y con tu trabajo y mis 30... - No puedo hacerlo.
¿Por qué?
Sería una deshonra para mis padres. No puedo hacerles eso.
¿Qué diferencia hay entre eso y lo que hacemos ahora?
Ahora sigo viviendo con ellos, así que no tiene tan mala pinta.
Y les ayudabas con dinero, así que no me sentía tan mal.
Pero ya no puedes ayudar.
¿Bobby?
Sería distinto si estuviéramos casados.
¿Casados?
Así, cuando llegue el día en el que vuelvas al continente, quizá...
¡Vi! Métetelo en la cabeza.
Aunque nos casásemos, la gente allí nos escupiría.
Además, quien pretende ser soldado 30 años no debe casarse.
Se avecina una guerra. Quiero luchar. En toda ella.
¿Y si me dejas embarazada?
- ¿Qué? - Podría pasar, ¿sabes?
- Pero no pasará. - ¿Te casarías conmigo entonces?
¡No!
¿Para qué me casaría contigo?
¿Para tener un montón de mocosos?
¿Y acabar trabajando en un campo de piñas? ¿Por qué crees que me alisté?
Porque no quería matarme a trabajar en una maldita mina de carbón
como mi padre y su padre.
¿Y criar a un montón de críos estúpidos como yo? ¿Qué queréis las mujeres?
Vi.
- Vi, lo siento. - Lo entiendo, Bobby.
Vi.
Mira, muchos tipos viven en la ciudad.
Pasan muchos buenos ratos...
y sus damas no se sienten solas.
No más solas que la mayoría de los humanos.
¿Y qué les pasa a las chicas cuando se van los soldados?
¿Qué?
He dicho: "¿Qué les pasa a las chicas cuando se van los soldados?".
Te he oído. Y no lo sé.
Supongo que se buscan otros soldados.
Hasta la vista, Vi.
Chao, Bobby.
Aloha nui oe.
¿Cuándo acabará Prewitt en la cocina?
Esta noche. Va a las calderas mañana.
La lluvia es mala para la moral.
Las tropas se quedan sentadas. El coronel Delbart las quiere ocupadas.
Por cierto, ¿y ese peso wélter?
- Prewitt. - ¿Ha cambiado de opinión?
- No que yo sepa, señor. - ¡Maldita sea, sargento!
Capitán... ¿Va a dejar que un cabezota y la lluvia le amarguen la tarde?
Ya.
¿Volverá a tiempo para firmar el informe matinal?
No lo sé. Que firme el teniente Culpepper.
Si no aparece, ocúpese usted.
Sí, señor.
¿Ha pensado tomarse un día libre usted? Sin preocuparse de ese estúpido papeleo.
He pensado en ello, señor.
Lo dejo en sus manos.
Estará ahí cuando vuelva.
¿Sabes, Warden? Él tiene razón en una cosa.
¿En qué?
Debes encontrar algo para despejarte tras el trabajo.
SÍ.
Creí que no oía el timbre.
No estaba cerrado con llave, y entré.
Ha corrido un gran riesgo.
Una vez disparé a un intruso justo donde duele.
Ahora que lo sé me protegeré.
¿Me deja entrar?
Ah, traigo...
El capitán debe firmar unos papeles importantes.
No está aquí.
¿No está?
¿Por qué tengo la sensación de que ya lo sabía?
¿Que sabía qué, señora?
Ya somos mayorcitos para andarnos con juegos, sargento.
Sí, creo que ahí quizá tenga razón.
¿Por qué ha venido, sargento?
Quiero acostarme con usted.
Muy bien.
Déjeme verlos. Quizá pueda ayudarle.
¿Ver qué?
Esos papeles tan importantes.
Ah, sí.
No creo que los entienda. Son asuntos del ejército.
Siempre me interesan los asuntos de mi marido.
Seguro que sí.
La pregunta es si aél le interesan los suyos.
¿Quiere que le ayude?
- ¿Puede firmar con su nombre? - No lo sé. Nunca lo he intentado.
Yo sí. Puedo hacer prácticamente todo por él.
Estos papeles son muy importantes.
Debe firmarlos.
Entonces mejor llamo al club, ¿no?
Estará allí tomándose un par de copas.
¿O lingotazos, como dijo?
Mejor no haga eso.
Detesto molestar a un hombre cuando bebe.
¿Sabe? A mí mismo me vendría bien una copa ahora mismo.
¿Qué tipo de bebida quiere, sargento?
Cualquier cosa.
No quiere una copa. Realmente no.
Lo que quiere es esto.
Como todos, ¿no?
Todos los chicos valientes.
Sí, eso es lo que quiero, pero también una copa.
Muy bien, sargento.
Pero no se la serviré yo. Ahí tiene la botella.
Puede cogerla...
pero tendrá que hacer el trabajo usted.
- ¿Quiere una? - No.
Quizá mejor sí.
Probablemente la necesitaré, ¿no cree?
Sí. Probablemente sí.
Por no ser virgen.
Brindo por eso.
Corre un enorme riesgo, ¿sabe?
- ¿Y eso por qué? - ¿Y si vuelve Dana?
Unas veces se gana y otras se pierde.
Yo estoy a salvo. Mi palabra vale más que la de un soldado.
Si grito que me violan, irá a Leavenworth 20 años.
¿Cree que vale la pena arriesgarse?
Pronto lo sabré, ¿no?
Mi criada volverá enseguida.
Venga ya.
Es jueves. Es su día libre.
Piensa en todo, ¿no, sargento?
Lo intento, señora.
Creo que podemos prescindir de esto, ¿no?
No valen nada, ¿verdad?
Escucha...
Ahora que somos íntimos, puedes llamarme Milt.
Es lo que me gusta de usted, sargento. Tiene confianza.
También es lo que me disgusta de usted.
Tengo duplicados en la oficina.
¿Cree en el pecado?
El único pecado es desperdiciar energía conscientemente.
¿Cuál de estas camas es la del capitán?
La otra.
Escucha.
¡Dios mío!
Sal.
- ¿Cómo voy a salir? - No, al armario. Rápido.
- No pienso meterme en el armario. - No, por favor, debes. Venga.
¿Quién es?
¡Soy yo! Déjame entrar, mamá.
¿Puedo dormir en casa de Mickey Cooper hoy?
No lo sé. ¿No puedes saludar primero?
Mamá, por favor. Mickey y su padre me esperan.
¿Qué me dices? Si papá estuviera, me dejaría.
Me da igual qué diría tu padre.
Vale. Papá dijo que no me dejarías.
Chipper.
- ¡Pero me dijo que no te hiciera ni caso! - ¡Chipper!
Vale, se ha ido. Puedes salir.
¿Sabes? Solía ser viajante.
Es la primera vez que me he escondido en un armario.
Venga, deja de llorar.
No lo sabes. Ni siquiera te importa.
Todo esto no significa nada para ti.
Solo es un polvo, ¿no?
Vete.
Dime que me necesitas. Solo un poco.
Aunque sea mentira.
Dímelo.
Te necesito, nena.
- Un, dos, tres, cuatro. - Firmes... ¡Ya! Derecha.
- Uno. Hombro derecho. - Vale, ¡vamos!
Un, dos, tres, cuatro.
¡Vamos! ¡Venga! ¡Vamos!
Un, dos, tres, cuatro.
¿Sabes cuántos platos había en esa pila, Prewitt?
- No, sargento. - Pues más te vale contarlos,
porque vas a pagar cada uno de ellos.
Ahora, recógelos.
Ya basta.
Entiérralo.
- ¿Qué pasa? - Un guardia ha enfermado. Necesito otro.
¡Sargento! Pero bueno... Son las tres de la mañana.
¿Dónde duerme Prewitt?
- ¿Prewitt? - SÍ.
Venga, sargento. Acaba de estar 24 horas trabajando en...
¿Dónde está?
Vale.
No.
No.
No.
No.
Está ciego.
Ciego.
No.
- Ciego. - Despierta.
Levántate. Vas a hacer guardia.
- Mi descanso empezaba ahora. - Lo sé.
Y como te dijimos, si fueras boxeador, evitarías toda esta porquería.
Pero no lo eres.
Así que levanta.
Mira a ese payaso de Doehm. Se mueve como Kate Smith.
SÍ que parece un poco pesado.
¿Un poco? Deberían ordeñarle.
Prewitt.
Descanse.
No sabes cómo me irrita ver a alguien con tu habilidad fregando suelos.
- A mí tampoco me gusta... - Cierra la boca y escúchame, ¿vale?
Sí, señor.
He averiguado por qué te haces daño deliberadamente a ti
y a todo el regimiento no boxeando.
- Dixie Wells, ¿no? - Sí, señor.
Combatiste contra él de modo justo.
Fue puro accidente que se quedase ciego. ¿Correcto?
- Sí, señor. - Bien.
Fue un terrible accidente. Esas cosas pasan en este deporte.
- Por eso dejé de pelear, señor. - Pues es ridículo.
Imagina que todos los boxeadores adoptasen esa actitud.
No lo hacen, señor.
¿Prohibirías el boxeo porque hiciste daño a alguien?
- No. - Es como que paren la guerra
porque mataron a alguien.
Yo no digo que prohíban el boxeo, señor.
¿Y por qué no nos ayudas?
Porque no entiendo por qué un hombre debe pelear
si no quiere, señor.
¿Se te ocurre algo que cambie tu actitud?
¿Que te haga boxear?
No, señor.
¿No se te ocurre nada?
Quizá te pueda sugerir algo.
Como un pase de 24 horas.
Señor.
Sube a ese ring con el sargento Doehm. Pelea un asalto y te daré el pase.
Espera. ¡Espera!
Sargento Doehm.
Sí, señor.
El soldado Prewitt quiere pelear un asalto contigo.
Sí, señor.
Van a pelear. A ver qué pasa.
Escúchame. Dale a ese tirado justo en las tripas.
¿Entiendes? Justo en la panza.
- Sargento McKay, cronometre. - Sí, señor.
Muy bien, muchachos.
¡Tiempo!
- Venga, a pelear. - Mátalo por mí, chaval. Venga.
Izquierda, derecha.
¡Usa la derecha!
- Hazlo ya. - Usa la derecha.
- Abajo. Pégale. Sí, eso es. - ¡Mátalo!
¡Mátalo! ¡Dale!
¡ruera de las cuerdas!
Izquierda, derecha.
- ¡Un enfoque valiente! - ¿Qué diablos hace?
Mantén los brazos arriba.
¡Ahora!
¡Venga! ¡Atizale!
- Cuidado con él. - Izquierda, derecha.
Pero ¿qué hace?
Vas bien, Prew. ¡Venga!
Le tenemos.
¡SÍ! Así está mejor.
- ¡En la cabeza! - Izquierda, izquierda, derecha.
- Así. ¡Ahora! - ¿Qué está haciendo?
Mátalo ya. Venga.
- Eso es. - ¡Venga!
Hacia atrás. ¡ruera de la esquina!
Ahora, ¡túmbalo!
Sigue bloqueando. Así.
Vamos.
- Ya lo tienes. - Venga.
¡Da un puñetazo!
¡Venga!
- ¿Qué diablos hace? - Muy bien. ¡Así! ¡Mátalo!
- Así. - Lánzate.
¡Ahora!
No te queda mucho tiempo, Moby Dick.
- Vamos, Doehm. - Vamos. Ya le tienes.
¡Ya le tienes!
Creo que es la hora.
- Usa la derecha. - Mejor.
Eso está mejor.
Dale, ¡dale!
A tu derecha.
Vale. Tiempo.
- ¡Tlempo! - Las diez.
Se acabó, estúpido.
A un lado, Prewitt.
- Doehm. - Sepárate, Prewitt.
Este no quiere boxear. Ha dejado que le...
Calma, sargento. Soldado Prewitt.
Es la última vez que se lo pido.
¿Boxeará por el honor de esta compañía?
No, señor. ¿Puede darme mi pase?
Sargento Warden, ¿podrá darle su pase?
Sí, señor.
- Sargento Doehm. - Sí, señor.
Le encomiendo a usted y a otros miembros del pelotón de boxeo
que convenzan personalmente al soldado Prewitt de cambiar de parecer.
Sí, señor.
Calle del hotel, allá voy.
Ya has estado, ¿verdad?
¿SÍ?
¿Diga?
¿Diga?
¿Diga?
¿Está Violet?
¿Quién diablos llama?
¿Diga?
Vamos, Prew, ¿qué me dices?
Vamos, abran.
¡Abran!
¿Qué quieres?
¿Que qué quiero?
Quiero un chocolate malteado, eso quiero.
Estás borracho.
¿Borracho? ¿Quién está borracho?
Estás borracho, y este es un lugar respetable.
No queremos problemas con la policía militar. Así que andando.
Espera un minuto.
No te me pongas arisca, Della. Pondré precio a tu cabeza.
Ve a decir a la Sra. Kipfer
que su chico número uno está aquí. ¿Vale?
Espera. Voy a ver.
Esa cree que estamos borrachos.
¿Por qué siempre que una mujer ve a un soldado cree que está borracho?
Porque lo está.
Qué razón tienes.
Oye, por dos centavos podemos irnos de aquí.
No es el único local de la ciudad.
Podemos ir al Ritz Room o al Pacific Room.
Hasta podríamos ir al Coast Room.
Hasta tienen masaje eléctrico ¡japonés en esta misma calle.
Vayamos allí, ¿eh? Nunca he ido a uno de esos sitios.
¿Qué? ¿Nunca has ido a un masaje eléctrico japonés?
Soy de pueblo.
¿De pueblo? Tienes que ser Descalzo Joe Jackson, el garrulo original.
Angelo.
Della no me dijo que fueras tú. ¿Qué tal estás?
A punto de correrme.
Angelo, sabes que odio que hables así.
Pero ¿qué le pasa? ¿ Teme que le jodamos el local?
Por favor, no digas palabrotas ante mí, Angelo.
Sra. Kipfer. Me sorprende.
Sra. Kipfer, ¿alguna vez me ha visto venir por aquí borracho?
Siempre te has portado como un caballero conmigo, Angelo.
Gracias.
Ahora, ¿haría el favor de dejarnos pasar?
Beber mucho no es compatible con el entretenimiento respetable.
Sra. Kipfer, le juro por mi madre
que su entretenimiento no tendrá que avergonzarse de nosotros.
Como me has dado tu palabra, me siento segura.
Este es mi amigo Prewitt.
Hola, Sr. Prewitt. Me alegro de conocerle.
- Igualmente. - Vamos.
Personalmente, estoy avergonzado.
Nunca me había montado este numerito de la puerta, Sra. Kipfer.
Cualquiera pensaría que este tugurio es ilegal,
y no que es el mejor prostíbulo de Honolulú.
No seamos ordinarios por un pequeño malentendido.
Ya sabes qué opino de ese término.
Detestaría pedirte que te vayas, pero lo haré si insistes en ser desagradable.
No insisto.
Vaya, gracias, Angelo.
Esta es Colleen.
Colleen, este es el Sr. Prewitt. ES la primera vez que viene,
así que preséntale a todo el mundo, ¿vale, cielo?
Claro que sí, cielo.
Vamos, carita de niño.
Aunque ahora me conoces, así que ¿para qué buscar más?
Colleen es la más espabilada por aquí.
Así me gano la vida.
Soy espabilada, pero buena.
Pregunta a Angelo. Él lo sabe.
¿Soy buena, Angelo?
Ah, sí, eres buena. Pero mecánica.
- ¿Has visto algo que te guste? - Creo que sí.
Corona a la princesa del sofá.
Esa chavala que se cree mejor.
Sí, me he fijado.
Es distinta, ¿no?
Ve a por ella, tigre.
Pero recuerda, que no te hagan daño.
Me llamo Prewitt. Robert E. Lee Prewitt.
Prew para los amigos.
Siéntate, Prew.
Vienes muy bien vestido.
Gracias.
Cobro cinco dólares. Más que las otras.
No me importa.
Qué maleducada soy. Ni siquiera me pediste acostarme contigo.
Por mí no pasa nada.
¡Espera!
Espera. Hablemos.
Soy de Oregón.
¿Y tú?
De Kentucky.
Kentucky.
Nuevo en la isla, ¿eh?
- Llevo aquí dos años. - ¿Dos años?
Parece una eternidad.
- Supongo que no te gusta mucho esto. - No me gusta.
Pero no me molesta.
- No espero quedarme aquí tanto tiempo. - Claro.
¿Para qué viniste siquiera?
Bueno, tengo un motivo. Entré en este negocio como...
Supongo que todas las prostitutas cuentan lo mismo, ¿no?
Sí, más o menos.
Es lo que pensaba.
Pero tú no lo crees realmente.
- Bueno, lo tengo todo pensado. - ¿El que?
Cuánto tiempo estaré aquí.
Angelo... cree que eres algo especial.
- ¿Angelo? - SÍ, mi amigo.
Tiene buen gusto.
Muy amable por tu parte.
¡Herbert!
- ¿Cómo estás? - Bien. Mira esto.
- ¡Ahora eres cabo! - Ya ves.
- ¡Es maravilloso! - Estás muy guapa.
Y tú. Me alegro mucho de verte...
Herbert, este es Prew.
- ¿Qué tal, Drew? - Prew.
¿Estás comprometida?
- No, Prew. - Digo para toda la noche.
- ¿Quieres quedarte toda la noche? - Eso es, SÍ.
- Eso suena muy bien, pero... - Estupendo. Vamos.
Espera.
Creo que los tres deberíamos quedarnos aquí y hablar un momento.
Herbert es experto en hacer surf.
- ¿No es así? - Pues sí.
- Me acordé. - Exacto.
- ¿Sabes algo de hacer surf? - No.
- No hay muchas olas en Schofield. - Ah, es verdad. Es tierra adentro, ¿no?
Sí, pero tenemos montañas. ¿Sabes algo de escalada?
- Un poco. ¿Eres escalador? - No, no tengo la menor idea de eso.
¿Sabes algo de pilotar un avión?
- SÍ, recibí un par de lecciones. - Sí, seguro.
- Prewitt. - ¿Cuándo te acuestas con ella?
¿Cuándo harás eso a lo que venías? ¿Le vas a enseñar tu medalla de tirador?
Creo que sería buena idea marcharnos.
Hay otras chicas en la ciudad.
¿Qué te pasa, cara de niño? ¿La princesa te ha abandonado?
Cielo santo, habrás usado una palabra sucia.
- ¿Por qué no me besas el...? - Sr. Prewitt.
- Aquí no permitimos tacos. - SÍ.
Maggio, ¿dónde demonios estás?
Deberías mirar tras ese sofá.
Venga... Oye.
Vamos. Levanta.
¿Adónde vamos? Oye, ¿adónde vamos?
¿Qué haces?
Qué bonito local tenéis.
No pasa nada. De verdad. Solo se ha pasado un poco bebiendo.
- ¡Dejad que las pille! - Sí, voy a gastármelo todo.
- Esas chicas deben de ser tremendas. - SÍ.
Sr. Prewitt, ¿quiere que llame a la policía militar?
No, señora.
Pero le agradecería que me dejase pasar para disculparme ante Lorene.
¿Por favor? Es importante.
Vale.
Mirad eso. Ha vuelto ese tipo.
- Espero no cometer un error. - No, señora.
¿Quiere dejar a su amigo en guardarropía?
Sí, señora.
Va a ponerlo... Mirad esto.
- Es increíble. - No le veo la gracia.
Pues la tiene.
Me gustaría disculparme.
Te has portado fatal.
Lo sé, y lo siento.
- Debería darte verguenza, ¿sabes? - Estoy avergonzado.
¿Y por qué lo hiciste? ¿Por qué?
Supongo que estaba celoso.
¿Celoso? ¿De mí?
No trates de halagarme. Aún deberías avergonzarte.
Sigo celoso.
¿En serio?
Sí. En serio.
¿Podemos pasar ya?
Aún no.
Bill, ahora nos vemos.
Tardaré un rato, ¿vale?
No importa. Esperaré.
EL DIFUNTO PROTESTA
La gente siempre cree que conoció a alguien en otra vida.
Yo tenía la sensación de tener prisa por encontrarme con alguien que conocía...
Hay un pequeño local doblando la esquina. Un bonito local llamado Mike's.
Al que voy tras los combates. No querrás...
No, supongo que no querrás ir esta noche,
dado lo que sientes por él.
Supongo que no, ¿eh?
¿Qué fue lo que dijo?
Si fuera a conocer un boxeador, yo...
Me encantaría ir con usted, Sr. Murdoch.
Adiós, campeón.
La escena del combate era buena.
Buenas noches, señora.
Buenas noches, sargento.
El capitán se preparaba para recogerla cuando lo llamaron del regimiento.
- Ah, ¿sí? - Y me pidió que la llevase a casa.
Porque se hacía algo tarde.
- Muy amable, sargento. - Lo hago con gusto.
¿Cómo supiste dónde estaba?
¿No te crees que me mandó tu marido?
- ¿ Tengo que hacerlo? - Lo hizo en cierto modo.
¿De qué modo?
Te deja sola tanto sin nada mejor que hacer
que vas al cine por tu cuenta continuamente.
Era una película muy buena. La disfruté mucho.
Eso espero. La has visto dos veces.
¿Cómo es que sabes tanto sobre mis idas y venidas, sargento?
Igual que sabía que era el día libre de tu criada la otra vez.
Por supuesto. El muy capaz sargento Warden.
Pero ¿por qué quieres saber tanto de mí?
Detesto ver desperdiciada una buena mujer.
Ah, sí. El desperdicio es el único pecado.
Me imagino al sargento Warden partiendo a limpiar todo el pecado del mundo.
Corta la palabrería.
Para. ¿Qué haces?
Intento decirte algo. Cállate.
- Vale, dímelo. - Te deseo.
Solo eso. Eso es todo.
Te deseo con locura.
Pobre Milt. Pareces sorprendido.
Lo estoy.
Nos lo montamos una vez y fue genial, pero ahora te deseo continuamente.
¿Sabes lo que he deseado desde aquel día?
¿Qué?
Salir de aquel condenado cine
y encontrarte esperándome.
Sabías que estaría, ¿eh? ¿Cómo es que eres tan lista?
No sé si sería propio de gente lista volver a vernos.
Yo tampoco.
Pero me importa un bledo. ¿Y ati?
No oí ruido de escaramuza.
Bebida de chiringuito.
¿Os importa que pase?
Claro que no.
¿Un traguito?
No. No, gracias.
¿Sabes una cosa, Prew?
Te veo feliz.
La mayor parte del tiempo desde que te conozco estás triste.
Pero ahora no.
- Es que me siento bien. - SÍ.
Tenemos que volver al puesto pronto, amigo.
Ve tú delante.
Ya sabes que debes estar en forma mañana,
porque volverá a empezar el tercer grado.
Lo sé.
Me las arreglaré, colega. Ve tú.
Los dos parecéis felices.
Los italianos sabemos cuándo alguien está feliz.
Sí, señor.
Te cae bien, ¿no?
Así es.
Me hace reír.
A veces cuando río me apetece llorar.
¿Nunca te ha hecho sentir eso nadie?
¿Tiene sentido lo que digo?
SÍ.
No lo hagas.
¿Por qué no?
Debes recordar lo que soy.
No me importa lo que seas.
A mí sí.
Todos los borrachos.
Los crueles. También quieren besarte.
Porque les hace sentirse alguien especial.
Lo siento.
No quería arruinar esto. No ahora.
Ya lo sé.
Estoy cansado.
Estoy muy cansado.
¿Por qué me has besado?
¿Me crees tan cansado que lo olvidaré?
Voy a recordarlo.
Voy a recordarlo todo.
Y además volveré.
Ya lo verás.
¡Primera sección, compañía G!
¡Adelante, paso ligero!
Llegarás tarde a la formación, soldado.
- ¡Eh, eh! - Vamos, Prewitt.
Atención, ¡ya!
Presenten, derecha.
¡Esa tripa adentro, Prewitt!
¡Listos!
El cuarto, atrás.
Hombro derecho.
Firmes... ¡ya!
¡Prewitt, idiota! ¡Esa tripa dentro!
No quiero ver temblar ni un gramo de ti, Prewitt.
¡Tieso, atontado!
¡Soldado Prewitt!
Un paso al frente, ¡ya!
- ¿Lleva una mochila completa de campo? - Sí, sargento.
- ¿Puede decirme en qué consiste? - Sí, sargento.
Consiste en una bolsa, de lona, con correa para llevarla,
protección, sujeciones y enganches.
- ¿Está todo eso ahí? - Sí, sargento.
Y útiles de cocinar, raciones, calcetines, ropa interior y artículos de aseo.
No le creo, soldado Prewitt.
¿Quién le enseñó a preparar una mochila?
¡No se quede ahí como un idiota!
¡Arréglela y esta vez hágalo bien!
Derecha, ¡ya!
¡Hombro derecho! ¡Adelante!
¡Adelante, ya!
Creo que en unos días tendremos un peso wélter.
Discúlpeme, señor, pero no creo que lo consiga nunca.
No esté tan seguro, Warden.
No esté tan seguro.
¡Capitán Holmes!
- Te traigo el coche. - Bien, cariño.
¿Puede llevarme alguien a casa?
Claro.
- ¡Sargento! - Señor.
Que alguien la lleve.
- ¡Lewis! - ¡SÍ!
- Buenos días, sargento. - Buenos días, señora.
- Warden. - Lo sé.
Dana, ¿crees que no sé cómo se llama tu sargento primero?
Solo decía que es una mañana estupenda.
- ¿Verdad, sargento? - SÍ.
Lewis, lleva a la mujer del capitán a su alojamiento.
No querrá que lo haga yo, sargento.
¿Por qué no iba a querer?
Ya se lo dije. Me quitaron el carné.
Tráeme el sombrero.
Yo la llevaré, señor.
Gracias, sargento.
Te llevaría yo, cariño, pero tengo una montaña de papeleo.
No pasa nada. No me importa.
- Si al sargento Warden no le importa... - Será un placer.
Capitán, el coronal Delbart le llama.
Desmonte el arma, soldado.
El codo pegado.
¿No quieres saber para qué necesita el coche?
No. Ya lo sé.
Golf esta tarde con el coronel Delbart.
Y la juerga de oficiales de esta noche.
Siempre es un misterio para mí cómo sabes tanto de él.
No hay misterio. Es oficial.
Se ahogaría en su propia baba si yo no le limpiara la garganta.
Haces que suene como si fuera a necesitarte en esa juerga.
No, eso puede hacerlo solo.
No volverá a casa hasta mañana por la mañana. Te veré alas tres.
¿En el mismo sitio?
Hace un día muy bonito. Deberíamos tumbarnos en la playa.
- No sé... - Venga.
Llevo un mes intentando que quedemos y llevarte a la playa.
Ya sabes que no me gusta Kaneohe.
Está tan abarrotado como ese maldito Waikiki.
¿Quién ha dicho nada de Kaneohe?
¿Dónde entonces?
¿Y si te digo que te llevaría a una playa que no conoce nadie más?
Una ensenada estrecha de arena fina. Con paredes altas de roca por tres lados.
Cuando pasan los coches por encima, ni siquiera saben que estás ahí.
Como cuando eres niño y te escondes entre arbustos
y ves cómo tus amigos te buscan.
¿Realmente conoces un sitio así?
Desde luego.
Puedes broncearte todo el cuerpo.
Y de noche...
¿Qué ocurrirá?
Puedes nadar a la luz de la luna.
¡Arriba esos rifles!
¡Venga, chicos! ¡Venga!
¡Moveos!
¡Aquí! ¡Escalad!
Sigue avanzando. No te pares ahí.
Prewitt, pareces una ancianita. Espabila, ¡muévete!
¡Levanta esas rodillas!
¡Sobre la barriga, Prewitt!
¡Venga, venga! Prewitt, ¡te mueves como una anciana!
¡Vamos, vamos!
¡Quieto, Prewitt! ¿Sabes qué es esto?
Es un circuito de obstáculos, no una pista de baile.
¡Vuelve y repite el salto ahora mismo!
- ¿Está ciego? Lo ha hecho bien, ¿sabe? - ¡Vale!
¡Podía hacerlo mejor!
Mantened la fila desplegada.
No es un desfile de uniformes.
- Guardad las distancias. - ¡Acelerad!
¿Así mejor, cabo?
Soldados, hablaremos del combate cuerpo a cuerpo.
Aquí separaremos a los niños de los hombres.
¿Qué es este combate?
Localizar al enemigo cerca y matarlo.
Clavar la bayoneta, retorcerla y ver cómo muere lentamente.
Mirándoos.
Ojo al movimiento.
¿Tenéis las agallas?
El primer principio, el elemento de la sorpresa.
Y no seáis estúpidos como este bolchevique.
Debéis estar listos. ¿No, bolchevique?
SÍ.
SÍ.
Seremos cinco. Y vendrán seis chicas.
Una reserva lista. ¿Qué le parece, general?
Todas chicas de color: dos japonesas, una china,
dos chinohawailanas y una hawaiana pura.
Aunque dicen que ya no hay hawaianas puras.
El coronel Delbart cree en el uso estratégico total del terreno
en el que opera su regimiento.
Muy bien.
Jay, ¿ha leído ese escrito que redacté la semana pasada?
Sí, señor. Y fue excelente.
¿Por qué no les cuenta de qué trataba?
Tengo la teoría, caballeros,
de que en el pasado el miedo a la autoridad solo era el lado negativo
de un código moral positivo.
De honor, patriotismo y servicio.
Pero los tiempos han cambiado.
Ahora llamamos a filas, en tiempos de paz, por primera vez en la historia.
¿Cómo controlamos a esos hombres?
¿Mediante los viejos valores de honor y patriotismo?
Obviamente no, señor.
¿Por qué obviamente?
Si se creyera en esos valores, habría un ejército de voluntarios.
- No llamaríamos a filas. - Muy bien visto.
¿Y cómo controlamos a esos hombres?
Mediante el miedo.
El miedo a todo,
desde el rechazo social a la muerte por ejecución,
que requiere un poder absoluto
consolidado en las manos de una autoridad que no se cuestione.
Disculpe, general. Aquí vienen.
- ¡Hola, chicas! Pasad. - Hola, ¿qué tal?
- Venid por aquí. - Me alegra veros.
- Lo mismo digo. - Aloha.
- ¿Qué tal? - ¡Aloha! Pasad.
- Por aquí. - Hola.
¿Qué tal, cariño? Por aquí.
- Esto es bonito. - SÍ.
Venid, por aquí.
Muy bien, chicas. Presentaos a los caballeros.
Leilani.
Suzie.
Veo la necesidad de consolidar el poder. Hace mucho que la he visto, general.
Tawny.
Esta noche llámame Barney.
Vale. Barney.
Raven.
Entonces eres de los pocos de este país que lo ve.
Los rusos hace años que lo han visto. Los alemanes ya lo saben.
Los japoneses siempre lo han sabido.
China.
Debemos aprenderlo o caer en decadencia y hundirnos con Inglaterra y Francia.
Pues está claro que lo aprenderemos.
Zola.
Vale, chicas. Alineaos en la barra. Vamos.
Eres bastante mayor para ser capitán.
Por otro lado, serías joven para ser comandante.
He estado pendiente de ti.
General.
Esta es Zola.
Zola.
Espero que el general esté de acuerdo en que Zola es justo lo que pidió.
Jake, ¿qué dirías si algún día cojo a mi amigo "Dinamita"
y lo traslado conmigo a la División?
"Dinamita" es un buen oficial, señor. Desde luego.
No es culpa suya que no controlase al bolchevique de su compañía.
¿Qué bolchevique?
Un tipo llamado Prewitt.
Se niega a salir a boxear.
Coronal, ese hombre boxeará para nosotros si es posible hacer...
No me gusta el sonido de ese "si". Tiene que haber un modo...
Disculpen, caballeros.
El boxeo en sí no es importante.
Lo que importa es que, como oficial, no puedes permitirte ni la sospecha
de que un alistado se te haya impuesto.
Hola, cielo.
¿Cómo te sientes?
- Bonita, ¿eh? ¿Aquí? - SÍ.
Perfecto.
Es preciosa. Tal como me dijiste.
- ¿Te gusta? - La adoro.
¿Te alegras de que te trajese?
Me alegro de que me trajeses.
¿Y cuándo me vas a mostrar tu agradecimiento?
Dijiste que podíamos nadar antes.
Podemos nadar después.
No, venga. Nademos antes.
Te quiero, Milt.
Te necesito, nena.
CONTINUARÁ
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