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Original subtitles

Hace su buena obra del día.

Pone firme a toda la compañía.

¿Está siendo condescendiente?

Espero que la próxima vez que nos veamos, sus modales hayan mejorado.

Eres Prewitt, el peso wélter, ¿no?

Qué va. Yo soy corneta.

- ¿Me tomas el pelo? - No.

Venga. Me dijeron que eras un zurrador.

No me trasladé aquí para boxear, Warden.

Le encantará al comandante de la compañía.

Vamos, soldado.

Prewitt, haznos a los dos un favor.

En cuanto puedas, deserta.

Hay una plaza libre de comandante. La deseo, y como sea.

Te he ayudado con tu trabajo lo que he podido.

He ido a fiestas que odiaba,

porque mi parte del trato era hacer de amantísima esposa.

Pero lo que no haré por ti es acostarme con el general.

¿Entiendes que la casa se queda el 70 %?

El 55 %.

- El 60 %. - Trato hecho.

No quiero ver temblar ni un gramo de ti, Prewitt.

Creo que en unos días tendremos un peso wélter.

Discúlpeme, señor, pero no creo que lo consiga nunca.

¿Por qué ha venido, sargento?

Quiero acostarme con usted.

Muy bien.

- ¿Boxeará por el honor de esta compañía? - No, señor.

- Sargento Doehm. - Sí, señor.

Le encomiendo a usted y a otros miembros del pelotón de boxeo

que convenzan personalmente al soldado Prewitt de cambiar de parecer.

Beber mucho no es compatible con el entretenimiento respetable.

Sra. Kipfer, le juro por mi madre

que su entretenimiento no tendrá que avergonzarse de nosotros.

Cobro cinco dólares. Más que las otras.

No me importa.

El boxeo en sí no es importante.

Lo que importa es que, como oficial, no puedes permitirte ni la sospecha

de que un alistado se te haya impuesto.

Levántate. Vas a hacer guardia.

Mi descanso empezaba ahora.

Lo sé. Si fueras boxeador, evitarías toda esta porquería.

Te quiero, Milt.

Te necesito, nena.

COMPAÑÍA A

Derecha. Quietos.

¡Derechos!

El tercero, atrás.

Bien. El tercero, atrás.

Atrás.

Derechos.

El cuarto, un poco atrás.

El quinto, atrás. El sexto, atrás. ¡Derecho!

¿Listos? A cubrirse.

- Venga, ¡vamos! - Corregid la formación.

¿Listos? Derecha.

Hombro derecho.

Adelante, marchen.

Columna, izquierda.

Izquierda, derecha.

¡Venga, venga!

Un, dos, tres, cuatro.

Izquierda, derecha.

Dos, tres, cuatro.

Dos, tres, cuatro.

Dos, tres, cuatro.

Dos, tres, cuatro.

Dos, tres, cuatro.

¡Sección, alto!

Ordenen... ¡armas!

Izquierda, ¡de cara! Descansen.

15 DE MAYO DE 1941

Soldado Prewitt.

¿Cuánto llevas en esta compañía?

Seis semanas.

Seis semanas con suboficiales intentando enseñarte a dar media vuelta.

¿Cuándo vas a aprender?

Creo que lo hago bastante bien.

Lo haces de pena. Lo haces fatal.

He visto a reclutas que no dan una y tienen el cerebro en el culo

hacerlo mejor sin esforzarse.

Te lo advierto, Prewitt.

Mejora o te vas a encontrar con tareas extra.

Cállate, Maggio.

Primer pelotón, firmes.

Derecha, de cara.

Hombro derecho, arma.

Adelante, ¡marchen!

Atrás, ¡marchen!

Atrás, ¡marchen!

Atrás, ¡marchen! Atrás, ¡marchen!

Vale, recordad lo que os hemos dicho.

El gas lacrimógeno no mata a nadie.

Si algo sale mal, que no cunda el pánico.

Vale, primer pelotón, en pie.

Abotonaos el cuello.

Sacad las máscaras y ponéoslas.

No paro de decirme que no olerá peor que Canarsie con marea baja.

No pasa nada, tranquilo. Relájate y respira normalmente.

Muy bien. Purgad las máscaras.

Primer pelotón, adentro.

Venga, moveos.

Vale.

Quiero que todos forméis un círculo a mi alrededor.

Con dos huecos de separación.

Kowalski, dame la granada de humo.

Bien. Quiero que os comportéis de forma normal.

Pasead por aquí. ¿Vale?

Allá va.

¿Estás bien?

Vamos, Magglio.

¿Cómo llamas a esto ahora, eh?

¿Sabes que casi inicias una desbandada ahí dentro?

- Podríais haberos pisoteado. - Tiene un agujero en el tubo.

¿Un agujero en el tubo? ¿No comprobaste tu máscara antes de entrar, Prewitt?

¿Dónde estabas cuando repartían cerebros en Kentucky, eh?

- ¿Escondido en el fondo de una mina? - Esa máscara estaba bien cuando entré.

¿Eso qué quiere decir?

¿Qué cree que quiere decir? Alguien le abrió un agujero a esa máscara.

¿Estás haciendo acusaciones?

Solo quiero saber si Kowalski tiene algo en el bolsillo con lo que agujerear.

¡Vigila esa boca, bolchevique!

- ¡Vigílala tú, amigo! - ¡FHrmes!

¿Qué ocurre, sargento?

Señor, este bolchevique se ha atrevido a replicarnos.

¿Qué le ocurre, Prewitt?

¿No sabe que no puede responder a un suboficial?

Sí, señor. Pero no permito que me escupan, ni siquiera un suboficial.

Soldado Prewitt, le debe una disculpa al sargento Doehm y al cabo Kowalski.

¿Y bien?

Señor, no creo que deba a nadie una disculpa.

¡Lo crea o no, se disculpará!

- Cabo Cheney. - Sí, señor.

Dele a este hombre una mochila cargada, botas extra y casco.

Coja una bicicleta y haga que suba al paso de Kolekole.

- Cuando vuelva, trálgamelo. - Sí, señor.

Vamos, Prewitt.

Eh, primero... ¿Por qué es tan malo el paso de Kolekole?

Que no cunda el pánico.

- Son 15 km. Hacia arriba. - Sacad las máscaras. Ponéoslas.

Prewitt.

¿Un pitillo?

Venga, no te enfades conmigo.

No estoy enfadado.

Puedo hacer 15 km haciendo el pino con dos mochilas.

Podemos dar la vuelta ya. Nunca lo sabrá.

Dijo que a lo alto del paso. Y allí iré.

¿Qué te pasa, estás loco? Tienes que estar loco.

Hacer tareas de soldado normal, alguien que toca la corneta como tú.

Te oí tocar una vez. El toque de difuntos.

Casi se me caen las lágrimas.

Mira, si no les sigues el juego, al final te encarcelarán.

Que lo hagan.

Que se vayan todos al infierno menos seis. Esos seis llevarán el ataúd.

Soldado Prewitt, ¿listo para disculparse ya?

No, señor. No lo estoy, señor.

Vuelva a subir con él, cabo.

Sargento Warden, prepare papeles para un consejo de guerra.

Insubordinación y rechazar la orden directa de un oficial.

¡Sí, señor!

¿Para faltas simples o graves?

Graves. A ver qué aprende tras seis meses en prisión.

La verdad, señor, dudo que aprenda nada.

Conozco a estos cabezotas de pueblo.

Prefieren que los matemos antes que admitir un error.

Me da igual.

Sé que le da igual, señor. Y creo que tiene razón.

Hay que darle una lección de una vez por todas.

Qué pena lo de la competición.

¿Qué pasa con ella?

Prewitt no podrá pelear por nosotros desde prisión.

El boxeo en sí no es lo más importante, sargento.

No puedo permitirme ni la sospecha de que un alistado se me haya impuesto.

- ¿Lo entiendes? - Lo entiendo. Sí, señor.

Lo otro que debemos considerar son las apariencias.

¿En qué sentido?

Si manda a Prewitt a prisión por algo tan insignificante,

puede parecer que lo hace porque no logró imponerse a él.

No puede librarse tras lo que hizo.

Es verdad, señor.

¿TÚ qué sugieres?

¿Y si le damos una buena dosis de castigos internos?

De acuerdo.

Que sea una dosis doble.

Sí, señor. Si quiere resolverlo así...

Si sigues sonriendo, Lewis,

vas a encontrarte fregando el suelo sin esos galones.

- ¿Y Prew? - Ven, siéntate.

Me pidió que te dijera que no puede venir hoy.

- ¿Qué? - Está sufriendo castigos internos.

¿De qué hablas? ¿Qué ha hecho?

No... No ha hecho nada. Es el tercer grado.

- No lo entiendo. - Angelo, me alegro de verte.

Hola, Sra. Kipfer. ¿Qué tal?

Estoy bien. Todo bien.

Echa un vistazo a tu alrededor.

Todos los marineros, soldados y marines de Oahu están aquí

y a nadie le dan el tercer grado.

¿Por qué él sigue buscándoselo?

Es una buena pregunta. No lo sé.

Quizá sea algo distinto que cualquier otro marino o soldado.

¿Por qué tiene que ser tan distinto?

No puedo criticarlo. Tú no lloras por esos otros, ¿verdad?

Ni tampoco pienso llorar por él.

¿Cuándo podré verle?

El jueves por la noche sin duda. Es día de cobro.

Sí, claro. Seguramente le darán otro tercer grado, ¿no?

No, no pueden.

No hay tareas el día de cobro. Hasta los animales descansan.

Disculpa.

- ¿Estás disponible? - No.

Sí. Lo estoy. Totalmente.

¿Cómo te llamas?

- ¿Qué pasa esta vez? - Lo mismo que la anterior.

El jefe de comedor favorito del capitán, beodo.

Al menos es predecible. Siempre duerme en el refrigerador.

- ¿Cuánto lleva así esta vez? - Lleva borracho toda la semana.

- ¿Por qué no me lo dijiste? - Creía que espabilaría.

- ¿Quién diablos dirige el comedor? - El nuevo, Stark.

- ¿Stark? - ¿SÍ?

Antes de ir a Fuerte Cam, ¿no estuviste con Holmes en Bliss?

Así es.

Quítate ese delantal y sígueme.

Venga, que tengo una cita. Vamos.

Los chicos me han dicho que llevabas el comedor en Fuerte Cam.

- Así es. - Sí, pero ¿lo dirigías de verdad?

Sí, el último para el que serví era como Preem. Tenía que hacerlo.

Siéntate. Los vasos están en el cajón de abajo.

¿Los menús y la promoción?

Lo hacía todo salvo cobrar y llevar los galones.

Desde que vine a esta compañía, he querido echar al borracho de Preem del comedor.

El problema es que es un compi de Holmes de Fuerte Bliss,

pero tú eres un compi de Fuerte Bliss. Creo que puedo venderte a "Dinamita".

¿Como qué?

Sustituyendo a Preem.

SÍ. No te preocupes.

Te conseguiré los galones. Tendrás la paga.

Solo tienes que evitar líos y hacer el trabajo.

A los demás cocineros no les gustará.

Vamos, que tome el mando tan rápido.

Si los otros cocineros te dicen algo,

tú cállate, ven a contármelo y lo resolveré.

¿Qué me dices?

¡Vale!

Eso me suena bien.

¿Cómo te llevabas con Holmes allí?

Me llevaba bien con el capitán.

Aún mejor con su mujer. ¿Sigue por aquí?

Sí, claro. ¿Por qué?

A lo mejor se había librado ya de ella por cómo se cepillaba a todos en Bliss.

Ah, ¿sí?

Decían que la mitad de los alistados del puesto.

Yo no hago ni caso a las habladurías.

Dicen eso de todas en los puestos del ejército.

¿Sí?

Pues esto no son habladurías. Al menos, no en lo tocante a mí.

Tal como lo veo, primero, una chavala es una chavala,

pero que una señora casada haga esas cosas...

Bueno, eso a mí tampoco me importa.

Me imagino que, algún día, yo también me la beneficiaré.

Eh, brindo por eso.

No lo harás. Ya llego tarde a mi cita

y tienes media vaca que meter en el congelador de allí.

Claro, primero. Gracias.

Si estuviera en Nueva York, iría al Stork Club.

- Sí, claro. - ¿Qué quieres decir con "sí, claro"?

Cuando eras civil, ¿tenías suficiente pasta para ir a sitios así?

¿Estás de broma?

Mira, nena, era un gánster. Tenía dinero a espuertas.

Lorene dice que trabajabas en unos almacenes.

¡Por el día! Era una tapadera. Pero de noche, ¡era matón de la mafia!

- Amigos, ¿qué tal llevan la noche? - Estupendamente.

¡Eh, Paderewski! ¿Puedes dejar de maltratar ese pobre piano?

Eh, calma. Cálmate un poco, Magglio.

Viene mucha gente esta noche.

Todo el mundo se emborracha. Quizá está muy bien, ¿no?

- Ese tío me revienta el tímpano. - Ese tío no solo revienta tímpanos.

¿Sabes quién es? Es Gordo Juason.

Es sargento de la prisión militar.

Ah, ¿sí? Tal como toca, ¡debería tocar en la cárcel!

En mi viejo barrio, ¡no le dejarían ser el mono del organillo!

- Creo que iré a decírselo. - No. Siéntate, amigo.

Venga, Angelo. Cuéntame lo de cuando eras gánster.

- ¿Por qué sonríes? - Por ti. Menudo gánster.

Seguro que tu madre quería que fueras cura.

¿Cómo lo has sabido?

Eh, paisano, también soy italiana, ¿recuerdas?

Las madres espaguetis quieren a sus hijos flacos en la Iglesia.

- SÍ. - SÍ.

Creen que estaréis a salvo en la Iglesia, los flacuchos.

Mi madre solía decir:

"Angelo, no eres muy guapo y no eres muy listo.

Pero sabes cómo hacer que la gente se sienta bien. Toma los hábitos".

Mira, ¿quieres ver una auténtica familia italiana?

Esta es mi madre, y esta es mi hermana, Anna, de 15 años.

Espera, me he liado. Esta es mi madre y esta es mi hermana.

Justo como me gustan. Jóvenes y jugosas.

¡Me has pegado!

Y volveré a hacerlo.

Te mataré.

¿SÍ? ¡ Í? ¡Venga!

- Asqueroso mono italiano. - ¡Venga!

Voy a matarte.

Voy a matarte.

Si vas a matar a alguien, gordito, mátame a mí.

Venga.

Me ocuparé de los dos al mismo tiempo.

No quiero líos contigo, Warden.

Ahora los tienes, Gordo. Este hombre está en mi compañía.

Si le matas, me generarás papeleo. Ahora venga, ¿quieres o no?

Se acabó, ¿vale?

No peleen. Por favor, no peleen.

Tú, largo. Fuera de aquí. Tú, siéntate. ¿Eres un bebé o qué?

¿Queréis que pierda la licencia?

Conozco alos de tu clase. Acabarás en la prisión tarde o temprano.

Recuérdalo: cuando llegues, estaré esperando.

- ¿Qué tal, jefe? - Vale...

SÍ.

¿Quieres saber una cosa, en confianza?

- Me alegro de que Warden parase la pelea. - No me digas.

Ese tipo me habría matado. Deja que te invite a una copa.

HOTEL MOANA

Buenas noches, señor.

Empezaba a pensar que ya no vendrías.

¿Y eso por qué? ¿Tan tarde llego?

Dudo que el recepcionista me creyera al decirle "Sr. y Sra. H. L. Martin".

Creo que me ruboricé.

Supongo que no estoy acostumbrada a hacer algo así.

Ya.

Supongo que no, si tú lo dices.

¡Cálmate! Toma, te traigo un regalo.

¡Una botella! Caray, gracias. Me la beberé toda yo sola.

No he sido muy convincente, ¿verdad, Milt?

Nunca me ves cuando estoy feliz, ¿verdad?

A veces estoy feliz. En serio.

Intento estar feliz para ti.

No tienes que bebértela por mí.

Beberé suficiente por los dos.

¿Qué te ocurre?

¿A mí? Nada. ¿Por qué?

Hay algún problema, ¿verdad?

No hay ningún problema.

- Milt. - ¿Dije que lo hubiera?

Claro que lo hay. ¿Por qué no me dices cuál es?

¿Has oído hablar de un tal Maylon Stark?

SÍ. Era cocinero en la compañía de mi marido en Fuerte Bliss.

Ahora es cocinero en la compañía de tu marido en Schofield

y he hablado con él.

¿Qué te contó?

Que te dio caña.

- No tenías que expresarlo así. - Claro que sí.

Podías haberme dado una oportunidad.

¿Sabes qué más dijo?

Que te lo hiciste con la mitad de los tíos del puesto.

Canalla. Maldito canalla presumido y sabelotodo.

- ¿Qué haces? - ¿Qué te importa?

¿No me deseas? ¡Pues yo no te deseo a ti!

¿He dicho yo eso? ¿Eh? ¿Lo he dicho?

Venga, respóndeme.

No es verdad lo de esos otros hombres del puesto. Es mentira.

Pero es verdad lo de Stark.

- Viniste a mi cama virgen, ¿no? - Respóndeme. ¿Verdad o mentira?

- Es verdad. - ¿Cómo fue, eh? ¿Te gustó?

¿Era tan bueno como yo, eh?

Quizá te lo cuente alguna vez.

Pero espera sentado.

No te molestes.

No, quizá te lo contaré ahora.

Te lo contaré ahora mismo

y podrás llevarte esa información al cuartel.

¿Sabes lo que es una histerectomía?

Es una operación para extirpar el útero.

Cuando te lo sacan,

te quitan otras partes que ya no resultan útiles.

Las trompas, los ovarios, todo.

Te sacan hasta el apéndice. Eso ya de regalo.

Cuando te cosen, la pregunta es: "¿Te queda alguna utilidad?".

¿Sigues siendo mujer? ¿Seguirá queriendo alguien hacerte el amor?

¿Quieres saber por qué necesité una histerectomía?

Es un motivo común en las mujeres jóvenes: la gonorrea.

¿Y por qué contraje gonorrea? ¿Por ser la puta del regimiento?

No. Me la contagió mi marido.

El capitán Dana Holmes del ejército de los Estados Unidos.

No llevábamos casados ni tres años.

Ya había tenido un bebé, el hijo y heredero de Dana.

¿No fue una suerte?

¿Stark?

Solo fue un crío que le tiró los tejos a la esposa de un oficial

porque los críos hacen cosas temerarias para probar algo.

Yo también intentaba probar algo.

Tampoco era poco más que una cría y ya estaba vaciada,

ya no era una mujer.

Debía saber si alguien seguía deseándome.

Solo pasó una vez, me hizo daño físicamente, lo detesté

y no volvió a pasar hasta estar contigo.

Eso es todo.

He acabado...

y me iré.

No lo harás.

No quiero que te vayas.

Milt... ¿Estás llorando?

No estoy llorando.

Estás llorando.

Es que no quiero que te vayas, tonta.

Quiero que te quedes conmigo para siempre.

No quiero irme. Quiero quedarme contigo.

Te quiero.

Es el cobro. El cuello abotonar y dinerito cobrar.

¡A por la pasta!

¡Eh, Prew! ¡Espérame!

COMEDOR DE LA COMPAÑÍA G

Parrish, soldado de primera clase.

- John T., 20609253. - 42,50, señor.

Ahí van dos... Los 50.

- No lo bebas todo en un sitio. - No, señor.

Prewitt, soldado.

Robert E. L., 32648130.

Treinta dólares, señor.

A ver tus manos. Dales la vuelta.

- Las uñas están algo sucias. - Sí, señor.

- Arregla esa corbata o repetirás la cola. - Sí, señor.

Treinta.

Maggio, soldado.

- Angelo F., 23501154. - 30 dólares, señor.

- Son 25,20, Prewitt. - ¿ER?

Repítame eso.

Son 25,20. Lavandería, 1,40. Cargo de la tienda, 4,30.

Destrucción de propiedad del gobierno, 65 platos grandes de 30 centavos, 19,50,

sumando un total de 25,20.

¡Prew!

- ¿Cuánto te queda? - 4,80.

- Necesito 15 $ y el viaje a la ciudad. - ¿Por qué 15?

No me gusta ver a Lorene con otros.

La quiero toda la noche.

Es una actitud muy aristocrática.

Te ayudaría, pero tengo prestamistas haciendo cola por mí.

Apenas tengo un centavo.

Vale, retrocedamos a nuestra siguiente posición defensiva,

que es Waikiki.

Tenemos pasta de sobra para el coche y un par de copas para calmar los nervios.

¿Nervios? ¿Para qué?

¿Nunca te he hablado de mi amigo Hal?

¿La Reina de Waikiki?

Quizá tenga una amiga para ti.

- Olvídalo. - ¿Qué pasa?

¿Tienes algo contra los mahus?

No, no tengo nada contra los mahus.

Pero tampoco me apetece liarme con ellos.

¿Quién ha hablado de liarse? Compi, confía en mí.

¿Quieres a Lorene hoy o no?

SÍ.

Teníamos que quitarnos la ropa. El aire está húmedo.

¿Te incomoda mi pareo?

Siempre lo llevo en casa. Es la tradición hawaiana.

¿Has dicho a Angelo que el champán es del país?

Calla, Tommy.

¿Qué? ¿No me sirves el champán importante?

¡Qué afrenta!

Sí, San Angelo del cóctel de champán. Tuve que aprender a prepararlos por él.

- Toma, Prew. - Qué calor. ¿Qué tal una copa, Tommy?

- SÍ, no seas tan impaciente. - Es algo salvaje.

Llevas mucho sin venir.

Creo que solo vienes a verme cuando necesitas dinero.

Tuve tareas extra todo el mes.

¿Es cierto, Prew?

Sí, claro. Le hacen el tercer grado.

Embusteros. Los soldados sois todos iguales.

Muy volubles. Bah, tomad otra copa.

¿Por qué no te pones cómodo, Prew? Aquí estamos entre amigos.

Sí, ¿por qué no?

Muchos soldaditos no lleváis calzoncillos.

- Si eres de esos, Hal te los prestará. - Desde luego.

No importa. No me quitaré los pantalones.

Siéntete libre de hacer o no lo que quieras.

Eh, yo soy libre. Miradme.

- ¿Eres libre, Prew? - Todo hombre debería serlo.

Ah, tonterías.

Quieres ser soldado 30 años,

un maldito esclavo, pero yo soy libre.

Soy libre como el maldito viento hasta las seis de mañana por la mañana,

con el maldito toque de diana.

Angelo, calla. Calla, despertarás a mi casera. Por favor.

¿Qué tal, casera? ¿Te gusta eso?

Angelo, creo que nunca te había visto tan borracho.

Vete tú también al infierno. ¿Dónde está mi copa?

¿Qué te pasa, Angelo?

¿Estás avergonzado porque está aquí tu amigo?

Estoy avergonzado...

porque mi amigo quiere ser soldado 30 años y ama el ejército.

¡Yo odio el ejército! Cómo lo odio.

Dios mío, qué borracho estoy.

Vale, Angelo, vamos, tomemos otra copa.

- ¿Adónde vas ahora? Venga. - Voy a dar un maldito paseo.

A tomar el maldito aire.

Me voy al hotel Royal Hawaiian a ver a Betty Grable, eso es lo que haré.

Venga, Angelo. Venga, no puedes salir así.

- No, tú... - Angelo, venga.

No salgas. Por favor.

Odio el ejército.

Dios santo, ¿sabes lo que ocurrirá si lo detienen medio desnudo?

Traerá aquí ala policía.

Nos conocen. Actuarán contra nosotros.

Perderé mi trabajo.

- Qué lástima. - Por favor, ve tras él.

Llévalo de vuelta al puesto antes de que nos meta en un gran lío.

No tengo dinero para el taxi.

Vale, Prewitt, vale. Ponte esta camisa, ¿vale? Vamos.

Buen chico. Ya está. Abotónala. Toma tu corbata.

Sí. Reuniré las cosas de Angelo y podrás llevárselas, ¿vale?

Toma cinco.

Es tarde para los autobuses. Tendremos que tomar un taxi a la ciudad.

Toma diez entonces.

No, ¿no lo ves?

Los taxis del cuartel Schofield ya no circulan tan tarde.

Tendremos que hacer todo el viaje en un taxi privado.

Vale, toma 20 dólares.

No, no puedo aceptarlos. No es correcto. No.

Escucha, le llevaré a casa, ¿vale? Lo haré.

Prew, oye, coge esto. Venga. Venga, toma.

Mira, aquí tienes 20 pavos y otros 20, en total 40 pavos.

Es todo lo que tenemos, ¿vale?

Ve y detenle antes de que nos meta en líos, ¿vale?

Por favor, date prisa.

Todo irá bien, ¿vale?

Dios mío. Eh, Angelo.

- Hola, Prew. - ¿De dónde has sacado ese bañador?

Lo encontré en la playa y fui a bañarme.

- Venga. - ¿Qué?

- Vamos. - ¿Adónde?

A quitarte la ropa mojada y ponerte otra seca

- antes de que venga la policía militar. - ¿La policía militar?

¡La policía militar! Aquí estamos, polis. Venid a por nosotros.

- Cállate, imbécil. - Vale.

¿Lo ves?

Mírame, Prew. Soy un pobre soldado muerto.

Enviad una medalla a mi madre y que la corte en pedazos.

- Venga. - ¿Adónde vamos?

Vale, vamos. Vamos.

Vale, ahora quítate el bañador. Quítatelo.

Quiítatelo.

Vale, vale.

- ¿Vale? - Fabuloso.

Ahora está en pleno paseo

y el primer policía militar que lo vea se acercará.

- ¿Te pones los pantalones? - Estoy harto de los polis.

- Angelo, ponte los pantalones. - Estoy harto de tener miedo siempre.

Vale.

Me asusta sonarme los mocos. La policía militar me detendrá.

Voy a tirar el bañador. Voy a tirarlo, ¿vale?

¿Te quedarás aquí si me voy? Quédate aquí.

¿Vale? Ponte ropa seca, quédate aquí y ahora vuelvo.

- No te muevas. Tú no te muevas. - No me moveré.

No me moveré.

Estoy harto de tener miedo.

Y se lo diré. ¡Se lo diré!

En cuanto acabe de vestirme, se lo diré.

Eh, Angelo. Eh, amigo.

Amigo, ¿dónde estás?

- ¿Angelo? - ¡Eh, tú!l Espera ahí, soldado.

Espera tú. Dimito de vuestro maldito...

Según los artículos de guerra aprobados por el Congreso,

este tribunal, en sesión cerrada y por votación secreta,

con el acuerdo de dos tercios de sus miembros,

le declara culpable de todos los cargos y especificaciones.

Se le condena a seis meses de confinamiento en trabajos forzados

y a perder la mitad de su paga por un periodo similar.

PRISIÓN MILITAR DEL PUESTO DEL CUARTEL SCHOFIELD

COMANDANTE DE LA PRISIÓN

Prisionero, alto.

Izquierda, de cara.

Prisionero, alto.

Hola, mono chulito.

No me has hecho esperar mucho.

COMPAÑÍA G

¿Qué pasa, Prewitt?

¿Puedes lograr que vea a Maggio en prisión?

¿Para qué quieres verle?

Tengo 40 dólares que supongo que son suyos. Y un cartón de tabaco.

Déjame preguntarte algo.

¿No ves que mejor te los fumas tú?

Y algo más: ¿por qué malgastar simpatía? Yo no la tengo para un tirado.

Sí, pero tú eres duro. Todo el mundo lo sabe.

Siento simpatía por todos los seres vivientes.

Hasta la tengo para un gusano

Si huye arrastrándose para no acabar en un anzuelo.

No la tengo para un tipo que pide a gritos un anzuelo.

¿Y para un hombre que no quiere ser gusano?

A cada prisionero le entregan, cada día,

un paquete de tabaco de liar, un librillo de papel de fumar y una tira de cerillas.

No le será Útil el dinero ni el cartón de cigarrillos.

Y si tuvieras el cerebro de un gusano, cogerías esos 40 dólares

e irías a ver a esa muñequita en el local de la Sra. Kipfer.

Un gusano no necesita un pase para salir de aquí.

Quizá si bajas y te limpias,

cuando vuelvas haya un pase para ti.

El capitán Holmes no me firmará un pase.

Firma lo que le ponga delante. No acepto sobornos. Toma.

Me alegro de verte.

Pensé que no volverías a venir.

- ¿Por qué? - Por cansarte de mí.

Me canso de muchas cosas, pero no de ti, Lorene.

Quiero pasar la noche contigo.

- ¿Lo dices en serio? - SÍ. Toma el dinero.

No nos quedaremos aquí. Te llevaré a mi apartamento.

Déjame darle a la Sra. Kipfer su parte, ¿vale?

Oye... ¿A cuántos otros te llevas a tu apartamento?

A ninguno. Jamás.

¿Y por qué a mí sí?

Quizá te quiera.

Y quizá yo a ti. ¿Por qué no nos casamos?

No quiero volver a oírte decir eso. No vuelvas a sacar ese tema nunca.

Solo bromeaba. ¿Vale?

CÓCTELES

Milt, vámonos.

No los conozco. ¿Y tú?

No, pero me da miedo mirar. Vámonos, por favor.

Cálmate.

Tranquila. Nadie te reconocerá. Toma, echa un trago y cálmate.

Estoy muy calmada, Milt, pero es algo que debemos asumir.

No quiero volver a pasar por esto. No puedo. Me siento sórdida.

¿Por qué?

Porque así me criaron. No sé, es lo que siento.

- ¿Y qué haremos para arreglarlo? - No lo sé.

Lo obvio, dejar de vernos.

Quizá eso sería lo mejor.

Ni tú ni yo queremos eso.

¿Qué otra opción hay?

¿Qué otra opción?

Puedes dejarle. Deja al capitán Holmes.

Esa es otra opción.

¿Y luego?

¿Luego qué?

Eres libre, blanca y adulta. Puedes hacer lo que quieras.

No te escabullirás ni te sentirás sórdida.

¿No te sientes sórdido al proponer eso?

No. ¿Por qué?

Porque soy una mujer con un hijo de nueve años.

Y si vivo con alguien sin estar casada,

¿en qué me convierto?

En una persona, una persona libre.

Mira, es otro paso adelante en tu vida.

¿Y tú qué?

¿Te interesa dar pasos adelante en tu vida?

¿YO? ¿ f ¿Qué é tipo de pasos?

Podrías pedir ser oficial.

Tendrías galones en dos días.

Hasta Dana dice que eres justo lo que quieren.

Ya ni lo pienso.

- ¿Nunca te has planteado solicitarlo? - No, no me interesa.

Odio a los oficiales.

Ya te lo dije, solo son unos cretinos que juegan al golf, montan a caballo...

- y Se ahogan en su propia baba. - Si tú no les limpias la garganta.

Exacto. Así es.

Mira, sería un oficial penoso.

Serías un oficial estupendo.

Serías lo que todos ellos fingen ser.

Y entonces, si quisieras, dejaría a Dana

y podríamos casarnos.

Vaya, no sabía que fueras tan clasista.

¿Qué quieres decir? Si lo soy, no es porque quiera.

Un mero alistado no es suficiente para estar con él, ¿eh?

Eso no es justo.

Salvo que la señora solo lo haga por diversión.

¿Por qué no intentas entenderlo? Te quiero. Es de lo que se trata.

Te quiero y deseo vivir contigo. Pero no puedo vivir con un alistado.

¿Por qué no?

Porque no puedo cambiar quien soy ni cómo me criaron.

- Quieres decir que te avergonzaría. - SÍ.

Vale, lo entiendo. Sí.

Tú tampoco lo soportarías, Milt, vivir avergonzado. Te conozco.

Cierto, no podría.

Conduce tú.

Whisky y cerveza, cerveza y whisky.

Es lo único que sabe de bebida un soldadito.

Esto no está nada mal. ¿Cómo lo has llamado?

Un martini seco.

He oído hablar de ellos. Nunca había probado uno.

Y había oído hablar de bonitos porches como este.

Nunca me había sentado en uno.

¿A que las vistas son hermosas?

Alquilé este sitio solo para recordarme por qué estoy en este negocio.

¿Por qué estás en él?

Soy una voluntaria. Como tú.

No serás soldado 30 años.

Ni hablar.

Solo por un tiempo.

Ahorraré mi dinero y luego volveré a casa forrada.

Era cajera en una cafetería de Portland.

Mi novio quería casarse.

O sea que se buscó una mujer de categoría

tras acostarse conmigo dos años.

Decidí en ese mismo momento que yo también iba a ser de categoría.

Así que busqué a un chulo importante, me lo fui camelando...

Para que me mostrase la gente y los sitios adecuados,

dónde podía sacar un dineral.

Algún día, cogeré todo ese dinero...

Iré a casa y viviré con mi madre,

que cree que soy una secretaria bien pagada.

Hasta que un hombre de categoría, con una posición de categoría,

me haga su esposa de categoría para cuidar hijos de categoría.

Entonces seré feliz.

Te quiero, Lorene.

Eso está bien, Bobby. Hace que esta noche sea más bonita.

No hablo solo de esta noche.

Antes dije que bromeaba, pero mentí.

Quiero casarme contigo, Lorene.

Dije que nunca volvieras a decirlo.

No sé por qué no podemos hablar de ello, Lorene.

Lorene, Lorene... ¡Es el nombre que me puso el chulo!

¡Alma Schmidt! Esa es quien soy. Es quien quiero ser. ¡Alma Schmidt!

¡Alma! Ese es mi nombre.

Vale. Alma también es un nombre bonito.

Qué adorable eres.

Te quiero. Eso creo, que te quiero.

Pero nunca podría casarme contigo.

Mira, Prew, el hombre con el que me case debe tener tal posición social que...

a nadie se le ocurra pensar que su esposa fue una puta.

No me sirve un soldadito alistado del ejército, ¿verdad?

Está claro que no.

Oh, Prew...

- ¡Alto! ¿Quién va? - Prewitt.

Pues quédate ahí de pie para que te reconozca.

Cuidado con mi arma. Está cargada.

De alcohol, como tú.

¡Ja! Pasa, entra en mi oficina.

Venga, entra. Siéntate.

Echa un trago.

¿Por qué siempre tratas de ser un fracasado?

No sé. Supongo que nací así.

Chorradas.

No eres un bolchevique. Tú lo que eres es un cabezota.

¿Qué es un cabezota?

Un cabezota es alguien que cree que si los chulitos estúpidos

hacen lo que les parece bien,

él puede hacer lo que le parece bien.

Al menos, ellos saben ganar galones por lo que hacen.

Tú lo que sabes es lograr que te despellejen el culo.

Pero lo haces igualmente, ¿no?

Yo no lo habría expresado mejor.

No lo habrías expresado de ningún modo.

Menudo mundo este, chaval.

Aquí estamos los dos sentados en medio de la carretera.

¿Qué pasará si viene un camión y nos arrolla?

Que moriremos, ¿no?

A nadie le importará.

No habrá nadie que nos llore.

Oye... Venga, levántate y ve a ese lado de la carretera.

- Venga, cruza. - No. ¿Y tú qué?

Si tu vida es importante, levántate tú.

Levántate y cruza allí.

¡Levántate tú y cruza allí!

Oye, chico...

Cuando muera, ¿harás el toque de difuntos como en Arlington?

Tenlo por seguro.

¿Sabes una cosa? Eres el mejor soldado de esta compañía.

Demonios, eres el único soldado de esta compañía.

Entonces vamos a morir los dos.

Porque Prewitt nunca ha abandonado a un amigo que lo necesitaba.

Tampoco creo que pueda levantarme.

Ya está.

No nos pongáis venda en los ojos y sonaos con ella, malditos hijos de...

¡Damien!

¡Pero bueno! ¡Malditos chiflados estúpidos!

¿Justo en mitad de la carretera? ¡Os podría haber matado a los dos!

¡Esas espaldas abajo!

¿Cuántas veces os lo he dicho?

Levantadlas en combate y os las volarán.

A ver, Prewitt, arrástrate en línea recta.

Esto es un ejercicio de entrenamiento, no una lección de baile.

En línea recta.

¡Arrástrate en línea recta!

¡Más fuerte, Prewitt, más rápido!

¿No entiendes mi idioma? ¡Más rápido!

Es un ejercicio de entrenamiento, no unas vacaciones.

Me pisas la mano, Kowalski.

Quítate de mi mano, Kowalski. No te lo pediré otra vez.

- Voy a hacerte picadillo. - ¡Quítate los galones!

¡Quítate los galones!

Claro que me los quitaré. ¡No necesito los galones con él!

Vamos, Prewitt, otro golpe. Vamos. Dale.

Enséñale lo que sabes hacer, Prewitt. ¡Vamos!

Levántate, Prewitt. Vamos, levántate.

- Levántate, Prewitt. - Puedes hacerlo.

- Vamos. - Tú puedes, Prewitt.

- Vamos, Prewitt, que vea que puedes. - Venga, pégale.

Acaba con él.

- Vamos, Prew. - Vamos, Prewitt.

Vamos, Prewitt.

Vamos, Prewitt.

¿Qué estás haciendo?

Levántate, Prewitt.

Venga, dale una oportunidad. Deja que se levante.

Vamos, Prewitt. Lánzate.

Levántate, Prewitt. ¡Levántate!

¡rrmes!

- Abran paso. Descansen. - Abran paso.

¿Qué ocurre aquí, cabo?

Señor, ese bolchevique golpeó a un suboficial

y le di una buena lección.

¿Quién pegó primero?

Yo, señor.

- ¿TÚ? - Sí, señor.

¡Sargento Warden!

¿Para faltas simples o graves, capitán?

Debe ser un consejo de guerra

por golpear a un suboficial en el desempeño del deber.

El de faltas graves es mucho menos complicado.

Sí, señor. ¿Esa es toda la acusación, señor?

Añade insubordinación, desobedecer una orden directa.

Sí, señor. ¿Ha dejado fuera a propósito conducta impropia, señor?

Añade eso también.

- Creo que debo avisarle de algo, señor. - Esta vez no, sargento.

No, hablo en serio, capitán.

Lo que decían los hombres de la sección.

Dicen que Kowalski pisó la mano de Prewitt.

Pudo ser provocación, ¿no?

Que lo plantee su abogado defensor.

Esperaba que volvieras a hablarme del título de boxeo.

No, señor. Eso ya lo habrá pensado usted de sobra.

Pues ahí te equivocas.

No podría importarme menos el boxeo ni ningún otro deporte del regimiento.

¿Quieres saber por qué? Te lo diré.

El día 1, dejo la compañía y me voy a la División.

Como comandante.

- ¡Es genial! Enhorabuena, señor. - Gracias.

Ya han emitido la orden.

Por eso, nada que pase aquí me importa ya.

¿Y por qué molestarse con ese consejo de guerra?

Él se lo buscó.

¿Cuándo supo que iría a la División?

El general Slater me lo dijo hace justo una semana.

¿Una semana entera?

¿Y por qué no le ha retirado ya el tercer grado?

Ni se me ocurrió.

El oficial al mando piensa en mil cosas importantes.

Lo descubrirás cuando seas oficial.

Un, dos, tres, cuatro. Dos, tres, cuatro. Otra vez.

Estoy impaciente.

Dijo que debía lavarse los dientes.

Gracias.

E ir bien vestido. Es para tu cita.

Y unos pitillos.

- Gracias. - SÍ.

¿Ya hay fecha para mi juicio?

Sí, el lunes.

Me caerán seis meses, ¿no?

Tírame eso.

Yo creo que serán tres.

He hablado con tu defensor.

Dice que no mencionaste que Kowalski te pisó la mano.

- EXacto. - ¿Y por qué demonios no?

No cambiaría nada.

Iba rumbo a la prisión desde que le dije a Holmes que no boxearía.

Pues que lo haga ya.

- Me suena como si quisieras ir a prisión. - ¿Por qué querría ir allí nadie?

Bueno, tú sabrás.

Oye, Warden... ¿Me haces un favor?

Claro, chaval.

Ve a ver a Lorene y dile por qué no puedo ir.

Escríbele una carta y cuéntaselo.

Cada vez que me acerco a una señorita, se me quiere subir encima.

Me desgastan. Me estoy cansando.

Vale. Pues llama a la Sra. Kipfer y habla con ella por teléfono.

Vale. Pero en cuanto oiga mi voz se volverá loca por mí,

vendrá y querrá echarme el guante.

Y te aviso que no tendré fuerza de voluntad para negarme.

Dile que no pasará nada. Porque no pueden matarme.

¡Ja! Y un cuerno que no pueden.

Pueden matarte, chico. Pero no pueden comerte, ¿verdad?

Exacto, primero.

"Solicitud para ser oficial".

Warden...

Milton A.

"Rango actual".

Sargento primero.

"Número de serie del ejército".

17844602.

"¿Casado o soltero?".

Casado, ay...

Aquí el sargento Warden. Sí.

¿A qué hora?

Vale. Sí, no faltaré.

Adiós.

Casado. ¿Quieres estar casado?

- Hola, sargento. - ¿Cómo está?

Esperaba a mi marido. ¿Cree que vendrá pronto?

No, estará en el tribunal un buen rato.

¿Adónde va con tanta prisa, sargento?

También al tribunal. Agradecería que me llevase.

Te echo de menos.

Y yo ati.

¿Qué hay tan importante en el tribunal?

El consejo de guerra de Prewitt. Su veredicto.

¿Quién es Prewitt?

Robert E. Lee Prewitt.

Si eres buena, algún día te hablaré de él.

¿Eres consciente de cuántas veces he venido al patio últimamente

buscando a mi marido cuando sabía a ciencia cierta que no estaría?

Soy consciente de algunas.

¿Y no significa nada para ti?

Significa más de lo que crees.

¿Qué debería pensar?

He solicitado ser oficial.

- Imposible. - Acabo de decirte que sí.

¿Cuándo?

El viernes. Todavía no me lo creo.

Oh, Milt... Trataré de hacer que te alegres mucho.

Más te vale.

Según los artículos de guerra aprobados por el Congreso,

este tribunal, en sesión cerrada y por votación secreta,

con el acuerdo de dos tercios,

le declara culpable de todos los cargos y especificaciones.

Cumplirá tres meses de confinamiento en trabajos forzados

y perderá la mitad de su paga por un periodo similar.

Pueden matarte, chico. Pero no pueden comerte, ¿verdad?

PRISIÓN MILITAR DEL PUESTO DEL CUARTEL SCHOFIELD

Por aquí.

Detente aquí.

Lee esto: "No se lo creerá".

¡NO SE LO CREERÁ!

Dijo que lo leas.

- Y lo estoy leyendo. - En alto. Para que sepamos que es así.

"John Dillinger.

El primer sitio donde el antiguo enemigo público número uno, John Dillinger,

estuvo en prisión fue la prisión militar del puesto

del cuartel Schofield, en el territorio de Hawái,

considerada la cárcel más dura del ejército de EE. UU.

Era tan dura que Dillinger, al ser liberado...

juró vengarse de todos los Estados Unidos algún día

aunque eso le matara... como ocurrió".

Todo el que ingresa aquí lee eso. Órdenes del comandante Thompson.

El comandante dice que se nota cómo le irá a alguien aquí

por cómo reacciona a esto.

Pues lo he leído.

Vamos. Desde ahora, hay que marchar firmes.

Adelante, marchen.

Prisionero, alto.

Izquierda, de cara.

Adelante.

Bien... Veo que vienes de Harlan, Kentucky.

No pareces muy fornido para ser minero.

No soy minero. Nunca he sido... minero, señor.

Así está mejor. No querrás empezar con mal pie, ¿verdad?

No, señor.

COMANDANTE J. B. THOMPSON

Creemos que estás aquí por haber perdido tus deseos de ser soldado.

Te los devolveremos.

- Se lo debemos a los contribuyentes, ¿no? - Sí, señor.

Cuando salgas de aquí,

elegirás ser soldado antes que no serlo por una simple razón:

no querrás volver aquí.

Estarás dispuesto a hacer lo que sea para no volver a la prisión, hasta morir.

- ¿Me sigues? - Sí, señor.

Nuestros métodos quizá te parezcan un poco duros,

pero el modo más eficiente de enseñar a un hombre a hacer lo correcto

es que sea doloroso para él hacer lo incorrecto.

Es igual que con cualquier animal.

Sería lo mismo que si entrenases un perro de caza, no sé si me entiendes.

- Entiendo, señor. - Bien.

En mi ausencia, mi segundo al mando se encarga de todo.

Es el sargento Judson, aquí presente.

Tenemos unas cuantas reglas especiales.

Por ejemplo, en presencia de un superior,

los prisioneros solo se mueven cuando lo ordenamos.

Sí, señor. Lo siento, señor.

Muy bien.

- Creo que serás un prisionero modélico. - Eso espero, señor.

Y esa palabra, "prisionero", es tu único título mientras estés aquí.

No tienes derecho a ser llamado "soldado" aquí dentro.

Sí, señor.

Se te informará de las otras reglas.

Las infracciones reiteradas se castigan con aislamiento.

- ¿Alguna pregunta? - No, señor.

Eso es todo.

Sí, señor.

Los prisioneros no saludan.

Solo los soldados tienen derecho al cumplido mutuo del saludo.

Sí, señor.

Derecha, cara.

Adelante, marchen.

¿Cuántos toques te he dado ahí dentro? ¿Cuatro?

Sí, cuatro.

Cuatro está bien. Algunos recibieron 10 o 12 en la primera visita al comandante.

He visto a algunos hacerse pedazos y los sacamos a rastras.

Lo has hecho excepcionalmente.

Siento picorcillos de alegría.

- ¡Explosión inminente! - ¡Vamos!

- ¡Moveos! - ¡Venid aquí! ¡Vamos!

- ¡Quitad ese camión! - ¡Salid de ahí!

Vale, ahora venid aquí.

Tú, coge un pico. Tú, un martillo.

Coge un pico. ¡He dicho un pico!

Coge un martillo.

Tú coge un pico. Tú, un martillo.

¡Vamos! Venga.

Los que tenéis el pico, quiero que piguéis.

Y los que tengáis el martillo, ¡martillad!

¿Entendido?

Ahora subid ahí. ¡Venga, vamos!

Os movéis como vacas enfermas.

El único sonido que quiero oír es el de las rocas cantando.

¡Venga, vamos! En marcha.

Y quiero que os disperséis, ¿entendido?

¡Angelo!

¡Eh!

Hola, apestoso colgado inútil. ¿Cómo diablos estás?

Me duele la espalda.

¿A mí me lo dices? Las dos primeras semanas,

cada vez que fui a la letrina pensé, claro.

Cómo me alegro de ver tu cara, aunque sea la más fea que he visto jamás.

Tú también tienes buen aspecto. Lo que veo entre toda esa mugre.

¡Eh, Maggio! ¿Qué quieres, ganarte de nuevo ir al agujero, chico?

- ¡No, señor! - ¡Venga!

¡Vale ya de socializar y volved al trabajo!

¡Sí, señor!

¿Qué has dicho, chico?

¡Trabajo, señor!

Poned aquí las carretillas, en fila.

Haz como que trabajas. No demasiado duro.

No subirá a comprobarlo. No quiere mancharse el uniforme.

¡Que las pongáis en fila, he dicho!

Oye, me han dicho que le partiste la cara al sargento Doehm. Estupendo.

Fue a Kowalski, y no le di exactamente una paliza.

¿Qué? Yo oí que fue a Doehm.

¿Seguro que no a Doehm?

¿Para qué te diría que a Kowalski de ser a Doehm?

¿Y yo qué sé? Quizá tenías tus motivos.

Venga, ahora. Moved esos picos.

Venga, ¡arriba! Aquí arriba. Eso es.

¡Oye! No me hagas ni caso.

A veces creo que Gordo me ha dado un golpe más de la cuenta en la cabeza.

Supongo que ese no nos dejará quitarnos las chaquetas aquí arriba, ¿no?

Ah, no. Ni de broma.

Ni el gorro. Yo odio más el gorro que la chaqueta.

Eso también se acabará pronto. El gorro y el gordo.

Claro.

Has cumplido la mitad. ¿Cuánto te queda?

¿ Tres meses, igual que yo?

Ah, no, qué va. Se acabará mucho antes.

Tengo un plan.

Olvídalo.

Hay demasiados chivatos por aquí.

¿Dónde?

¿Cómo voy a saberlo?

Habrá chivatos e informadores por todas partes.

Quizá algún día te cuente mi plan.

Pero ahora mismo... no correré ningún riesgo.

¡Venga, moveos! Esto no es una fiesta.

Estáis aquí para trabajar. Venga, ¡vamos!

Oye. Oye, Angelo.

Mira, sea lo que sea lo que planeas, ¿para qué molestarte?

Puedes soportar tres meses más.

¿Qué son tres meses más para un tipo duro como tú, eh?

Puedes cumplirlos haciendo el pino y conteniendo la respiración, ¿no?

Por supuesto que puedo.

Ese es mi viejo amigo.

Solo hay un motivo por el que quizá no aguante...

Estos gorros. ¡Estos malditos gorros!

No los usaría ni para limpiar los establos de Hipódromo de Jamaica.

Nadie sabe cuánto detesto estos malditos gorros.

¡Eh, Maggio! ¿Vas a trabajar o no?

¡Sí, señor! ¡Trabajo, señor!

¡Vamos! Venga, ¡romped eso!

¡Rompedio!

Prisioneros, ¡firmes! Barracón tres, listo para la inspección.

El platillo no está como debe, sanción.

El pie no está como debe. Sanción.

Arréglalo, prisionero.

Polvo...

La ropa no está como debe.

Tres sanciones.

¡Tripa dentro!

¡rrmes!

Firmes, prisionero. Los ojos también.

Ayudad a Murdock a levantarse.

Tranquilo.

Murdock, que esa sangre no manche el suelo.

Descansen... ya.

Desde luego.

Sí. Vamos.

- Métete en la ducha. Ahora vuelvo. - Vale, vale...

¿Angelo?

Oye, tío...

¿Eres tú?

¿Qué pasa?

¿No reconoces los rasgos italianos clásicos de Angelo Maggio?

Yo tampoco.

Te han mandado al hoyo otra vez, ¿no?

No llevo aquí ni un mes

y has logrado que te manden al hoyo dos veces.

¿Cuántas veces has ido en total, eh? ¿Cinco?

Seis.

¿Quieres saber por qué?

Mi estantería no superó la inspección del lunes.

El platillo del jabón no estaba en el centro geométrico del paño.

No te mandaron al hoyo por eso.

Por eso, y por decir al sargento Gordo que es un montón de lo otro que hay

en los corrales, además de gallinas y huevos.

Estúpido italiano. Oye...

No aguantaré mucho más.

He estado pensando en el hoyo lo que podría hacer.

Una cosa que pensé fue en suicidarme.

Pero no puedo. Me educaron como católico.

Mira, quien inventó esa regla no conocía este sitio.

Angelo, oye...

¿No sería mucho más fácil cerrar esa bocaza...

adecentar tu estantería y no meterte en líos dos malditos meses más?

No puedo hacer nada para contentarios. ¿Qué soy, Leonardo da Vinci?

¿ Tengo que saber cuál es el maldito centro de un maldito paño?

- Yo lo hago. - ¡Claro que lo haces!

¡Eres un buen soldado!

Eres tan bueno que, hasta en esta maldita prisión,

sigues amando el ejército.

Angelo... Mira, he tomado una decisión.

- Quiero estar en tu barracón. - No, de eso ni hablar.

El barracón 2 es para manzanas podridas. Los incorregibles.

Ahí serás el primero en algo, ¿no?

Entonces, ¿quieres ser mi nodriza?

No es lo que quiero decir.

Es que hay muchos chivatos en mi barracón, eso es todo.

Tus amigos podrán decirme cómo lograr que me cambien, ¿no?

No sé, paisano. No es tan fácil.

Somos la creme de la creme. El fracaso del fracaso.

Mira, hablaremos de esto sobre un montón de rocas.

Vale.

Oye, cuando estemos en el mismo barracón,

podrás ayudarme a cumplir mi plan.

Sigo pensando salir de aquí.

Solo esperaba el momento adecuado.

CONTINUARÁ

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