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Celina, soy Lara. Tengo un colega que está fatal.
Tiene una herida de bala y tenemos que ir al hospital,
pero es que no sé dónde ir ni qué hacer. Por favor, llámame.
¡Ah!
Quiero que destruyas la reputación de Nina Bandeira.
Tienes que llevar una cosita a esta dirección.
No te dejes agarrar de la Policía.
-¡Quietos, Policía!
Las manos, donde pueda verlas.
Mario, voy a cerrar la galería.
Alguien me la ha jugado.
Yo solo quiero ayudarte.
Quieres ayudarme, ¿no? Sí.
Pues entonces fóllame.
Te dan miedo, ¿verdad?
Los tiburones también nos hacemos viejos.
Pero seguimos mordiendo.
Apártate de ella.
-¡Eh! -Fuera de aquí.
¿Dónde está el niño?
¿También me va a acusar de hacer desaparecer a un niño?
Por favor, Monterroso.
Esperaba más de usted.
(Móvil)
¿Hola?
(EN INGLÉS) Sí, sí, soy yo.
¿Qué?
¿Cómo se atreve?
¿Quién era? Pues otro que se cree
las mentiras que se han publicado sobre mi galería.
Esto acabará cuando la gente te conozca por otra cosa.
¿Por dirigir Open Sea?
Puede ser una gran oportunidad para ti.
Mamá, no quiero que mis padres decidan mi futuro. ¿De acuerdo?
No soy como Carlos.
Entonces, ¿qué quieres hacer? Alguien ha extendido el rumor
de que la galería era una estafa y quiero saber quién ha sido.
Voy a contratar a una agencia para que rastreen.
No será con mi dinero. No pensaba arruinarte.
Si quieres detectives, te los pagas con tu sueldo.
(FERRO) Hola, buenos días.
Nemo, en cuanto tengas un minuto...
-Ferro, ahora no, estamos hablando de algo importante.
-Discúlpame, Chon, pero esto también es importante.
No, no, si ya he terminado. Voy. -Nemo...
Ya ves lo que pinto yo en esta casa.
Espero que no te pase a ti lo mismo.
Yo he enviado a dos piezas a por la señora esta.
Luego la llevarán a los depósitos del puerto...
No, no era eso. ¿A qué viene ese cambio de planes?
¿Te estás subiendo a mis barbas? Ok, lo hacemos a tu manera, Nemo.
Te digo lo que te dije, no es una gran idea.
¡Tráeme a esa mujer aquí! Ok.
¿Todo bien?
Todo bien. Ferro, que...
Da igual, dime. ¿Qué?
Necesito que me firmes urgentemente estos documentos.
Una cosa es lo urgente y otra lo importante.
Y lo importante ahora es desayunar.
Tengo que ir a Santiago.
-Discúlpame, Chon, pero yo no puedo acercarte ahora...
-Bueno, da igual, voy con mi coche. Pero tenemos que hablar.
Me tienes preocupada. -¿Yo?
-Sí, tú. ¿No te das cuenta de cómo estás?
Se te olvidan las cosas, se te cae todo...
Quiero que vayas a ver a un médico a Vigo.
Un neurólogo.
-Chon, yo creo que no... -Ferro, yo creo que sí.
Carmiña, desayuno para Mario y para mí.
¿Para usted también, señor? ¿A qué viene esa pregunta?
A que acabas de desayunar, papá.
¿Qué pasa, no se puede tener hambre?
Por eso quieres dejarme en la miseria,
para que sepa lo que es el hambre, ¿no?
Tienes que meterla en la empresa como sea.
Invéntate un cargo si es necesario.
Le he cortado el grifo, necesitará dinero.
¿Y si no quiere?
Nina es incapaz de ir a la playa sin su tarjeta oro.
Querrá.
Vale.
Buenos días.
¿Qué hora es?
Yo diría que tarde.
¿Y por qué no me has despertado antes?
Bueno, no sé, no creo que sea mi obligación.
Buenos, somos...
Somos compañeros de piso, ¿no?
No, no, no. Compañeros de piso, no.
Eres mi guardaespaldas.
Ninguno de los dos queremos tener la visita del Tigre otra vez.
¿No?
Voy a ducharme.
(Timbre)
(Puerta)
(Timbre)
Hola. -Hola.
Traigo un paquete para Malcom Souza.
Sí.
Ahí va. Gracias. Gracias.
Ha llegado un paquete para ti.
¿Llevas de aquí menos de una semana y vas dando mi dirección?
Te dejé muy claro que esto era provisional.
Perdona, es un libro que he comprado por Internet.
Me aburro. Pensé que no te importaría.
Sí, claro que me importa.
Mira, puedes quedarte aquí hasta que el miedo se me pase.
Pero no quiero que tú me empieces a dar miedo.
¿Estamos?
Estamos.
Bueno.
Hasta luego.
-A ver una preguntita, Caperucita,
¿tú crees que el día se quedará hoy soleado o se nublará?
-No tengo ni idea.
-¿Adónde vas tan cargada, Caperucita?
¿Por qué no subes en el coche y te llevo yo a casa?
-Pero si vivo aquí al lado.
Tardo más en subirme al coche que en ir andando.
-¿Adónde vas? -¡Ferro, no me rompas los huevos!
-Como me ponga yo a romper cosas hoy, no paro.
Mira, vas a dejar las bolsas en el suelo,
me vas a dar tu puto móvil y vas a entrar en el coche.
Ahora mismo.
-¿Adónde coño se supone que vamos? -¿Tú?
Tú vas a verle los colmillos al lobo.
¿Quieres darte un chapuzón?
No tengo bañador.
¿Y qué problema hay?
He estado hablando con tu padre.
Me ha pedido que te convenza para que trabajes en Open Sea.
Quiere que te ofrezca un puesto bien remunerado.
¿Y has entrado en el juego? Evidentemente, no.
¿No ves que te lo estoy contando?
Perdona. Sin embargo,
creo que sería buena idea para ti.
¿Qué quieres decir?
Sería una muy buena oportunidad para que enseñes todo tu talento.
Y, de paso, demostrarles a esos imbéciles que te criticaron
por la galería de arte que estaban equivocados.
¿Qué puesto tienes pensado para mí?
El interiorismo de la villa de Portofino.
¿La que Carlos va a convertir en un hotel?
Sí.
Mario, me encantaría,
pero es que yo no quiero competir con mi hermano.
Nina, pero es que no es competir con tu hermano.
De hecho, todo lo contrario,
es estrechar los vínculos con tu hermano.
Y, de paso, demostrarle a tu padre que no te hace falta su tarjeta oro.
¿Qué me dices?
Con una condición:
Carlos tiene que estar de acuerdo.
A tu hermano lo convenzo yo.
Con él no te servirá tirarte a la piscina.
Él sí te ve como un hermano.
Dentro de la luna, hay una cámara.
Se lo regalas a Lara y te aseguras de que lo coloca
en algún lugar visible, por la cara oculta.
Muy bien. Lo intentaré.
Espero que le guste.
A poco que se parezca a su madre, le gustará.
Especialmente, viniendo de ti.
Hay otra cosa que quiero pedirte,
que no la coloque en el dormitorio.
Hay ciertas cosas que un padre prefiere no ver.
Bienvenida a mi casa.
-Me está haciendo perder la mañana.
Tendría que estar haciendo una caldeirada para mi hijo.
No se preocupe,
le digo a la cocinera que le prepare una ahora mismo.
(CARLOS) Mario.
Los italianos han aprobado
el borrador que les mandé hace una semana.
Ahora solamente hace falta
que tu padre nos apruebe el presupuesto.
Yo creía que esto estaba completamente cerrado,
lo del presupuesto.
Carlos. ¿Qué?
Para hacer el proyecto que tú quieres hacer,
Open Sea tiene que invertir
muchísimo más dinero del que acostumbra a invertir...
Ya lo sé, este es un caso excepcional.
Es un palacio que quieren reconvertir...
Excepcional, tú lo has dicho.
Por lo tanto, tenemos que terminar de convencer a tu padre.
¿Cómo?
Tu padre haría cualquier cosa por animar a tu hermana Nina.
Ofrécele el proyecto.
Dile que se implique en el interiorismo del hotel.
Yo pensaba que, como director del proyecto,
me tocaría elegir al equipo de decoración.
Que lo vas a elegir todo tú,
si tu hermana se va a cansar en dos días.
Pero, para entonces, tu padre ya habrá aprobado el presupuesto.
Mario, me da mucho miedo, tío, de verdad.
A Nina no le gusta perder. Y mucho menos, conmigo.
¿Crees que te voy a ofrecer algo que vaya
en contra de tus intereses? Yo no me fío de los abogados.
Haces muy bien.
Ya estoy aquí.
¡Vieja!
¡Nena!
¡Nena!
¿Todavía estás así?
¿Dónde está mi vieja, que no ha hecho la comida todavía?
Vístete, anda. Que hasta yo me canso de verte el culo.
Todo el día con el puto móvil.
-Dámelo.
-¿De quién es este número?
(Tono de llamada)
(Móvil)
¿Qué haces tú hablando con mi novia, tío?
-Le preguntaba si sabía dónde estaba tu madre.
-¿Y lo sabes?
-Sí, sí sé.
Es que la vieron subirse al carro de Ferro.
(GRITA) -¡Joder!
-¿Quieres que me secuestre a la hija de Nemo?
Con eso, quedamos en paz. -Ni se te ocurra.
Ni se te ocurra tocarle un pelo, ¿ok?
¿Qué quieres, que lo pague mi madre?
-Bueno, lo que vos digás entonces.
¿Qué hacemos?
-¡Qué vamos a hacer! Esperar.
Esperar, tronco.
(GRITA) ¡Esperar, joder!
Ahí está.
Bueno, ¿qué? Entonces, ¿te gusta el regalo?
(ASIENTE)
Cuando había luna llena,
mi madre y yo nos pasábamos la noche mirando el cielo.
Le encantaba contarme historias de las estrellas, la luna...
¿Cuál es la cara oculta?
¿La cara oculta? Sí.
Eh...
Pues esta.
A ver. Es la más bonita.
Como con las personas.
Ya.
¿Qué me miras? Yo no tengo nada que ocultar.
Voy a ponerla en la habitación. No, no, no, espera, espera.
¿Qué te parece si la pones allí, en la estantería?
Desde que las televisiones son planas, no quedan muchos más sitios.
A ver.
Nunca pensé que alguien me regalaría la luna.
Pues ya ves, todo llega.
Bueno, aquí está.
Tortilla hispano-escocesa. Pura gloria.
A ver. A ver.
¡Oh! ¿Qué?
Está asquerosa. Te lo juro. ¿Cómo que está asquerosa?
Está malísima, tío. No está tan mala.
¿Qué le has echado? Está malísima. No está tan mal.
Espero que los nenos no te den mucha guerra esta tarde.
-Gracias por la comida.
-Tú no tienes que darme las gracias, no eres un compañero de trabajo.
-Carlos...
-Alejandro, vente a dormir a casa esta noche, por favor.
Que te echo mucho de menos.
-Hemos dicho sin prisas. Te llamo.
(Timbre)
-Perdona.
Soy periodista.
Estoy haciendo un reportaje sobre la muerte de tu padre.
¿Tienes un minuto?
-Pues la verdad es que no, tengo que dar clase.
-Solo quería saber qué opinas sobre la teoría
de que fue Nemo Bandeira el que mató a tu padre.
-¿Qué teoría es esa? -Lo que me contó
el encargado de la investigación, el inspector....
Monterroso.
¿Quieres hacer alguna declaración? -No.
No quiero.
Y, por favor, déjeme en paz. A mí y a mi madre.
Mastica bien, ¿eh?
No te vayas a atragantar.
-¿A qué viene este circo?
Quiero que se sienta cómoda.
Es mi invitada.
¿Puedo tutearla?
¿Alguna vez alguien le ha negado algo?
Su hijo.
Pues entonces sigamos de usted.
Yo no soy su invitada, esto es un secuestro.
Su hijo...
ordenó que le dieran una paliza a mi hija.
¿A la bastarda?
Se llama Lara.
Mire, yo no me meto en los negocios de mi hijo.
Mal hecho.
Alguien debería decirle que en Oeste
hay ciertas reglas que hay que respetar,
aunque no estén escritas.
No se toca a la familia de nadie.
Usted y yo tenemos nuestras reglas.
Y nuestros hijos tienen las suyas.
Que me gustan tan poco como a usted.
Pero son las que cuentan hoy en día.
Lo que no entiendo es por qué se sigue empeñando
en pringarse con la fariña.
¿Es que no tiene suficiente dinero?
Pues deje paso a la juventud, coño.
No me extraña que lo tire.
Esta cocinera suya no tiene ni idea.
¡No!
No están acabados.
¿No?
Pues ya se ve que son estupendos.
¿Qué te pasa?
Nada.
¿Es por mi hermano?
No quiere que yo esté en el proyecto, ¿no?
¿Se ha enfadado contigo?
No pasa nada, dilo y lo dejo, ya está.
Nina, tu hermano está encantado de que estés en el proyecto.
¿Y entonces?
No te quiero amargar con mis problemas.
Te dejo que trabajes, ¿vale? Mario, por favor, ¿qué te pasa?
Elisa.
Es todo tan complicado con esta mujer...
Hace tiempo que sé que las cosas no van bien,
lo que pasa es que te dices: venga, un día más.
Y al día siguiente, lo mismo.
Y te empiezas a meter en una dinámica
que parece que ese tipo de vida es normal.
Que a veces eres incluso hasta feliz.
Hasta que, de pronto, pasa algo que te hace ver que...
que tu vida podría ser mucho mejor.
¿Y a ti qué te ha pasado?
Que has vuelto, Nina.
Pero, Mario, sabes que...
Yo sé que tienes miedo a romper mi matrimonio, lo sé.
Y es normal, yo también tenía miedo a que lo rompieras.
Lo que pasa es que...
Elisa me trata como si fuera un trofeo.
Eso es lo que soy para Elisa, un trofeo.
No me trata como a un igual.
Se cree que estamos todavía en la universidad,
cuando era mi profesora.
Entonces...
No funciona esto.
Es que, a ver, es normal, os lleváis varios años.
Los mismos que me llevo contigo. Ya.
Pero yo nunca te trataría así.
Perdóname, no te quiero...
no te quiero complicar la vida.
Pásate luego por mi despacho y le echamos
un vistazo a los bocetos, ¿vale? Claro.
Antes de enseñárselos a Fabio.
Y no te preocupes,
yo sé diferenciar el trabajo del placer.
Aunque me cueste un mundo.
Ferro. Dímelo.
¿Tú has visto a Nemo? El lobo ahora mismo está
con una Caperucita y no creo que quiera que se le moleste.
Anda.
¿Y con quién está?
Mario, si él no te lo ha contado, estaría muy feo que te lo dijera yo.
Vale, pues no me lo cuentes, ya me lo contará él.
Si no tenemos secretos entre nosotros.
No te puedes hacer una idea de lo que me alegro.
¿No me digas que has pinchado?
Hay que joderse.
Tú no has cambiado una rueda en tu vida, ¿no?
Déjame que te ayude, anda.
Yo ayudaba a mi padre desde que tengo ocho años.
¿Qué clase de padre obliga a su hijo...?
Pues uno mejor que el tuyo, por lo que se ve.
¿Qué ha pasado con Alejandro? ¿Ha tragado?
Yo diría que sí.
Bueno, con esto hemos terminado tú y yo.
Ni mucho menos.
Necesito que investigues a Nemo.
Mañana se va a Madrid y quiero saber con quién se reúne.
Yo no sé qué te crees que nos enseñan
en la Facultad de Periodismo. No soy detective.
Ni yo mecánico.
Y ya me ves.
Venga, hombre, tira de tus contactos en Madrid.
Seguro que alguno tienes.
Me vas a joder la vida.
No, no, no.
Te estoy salvando la vida.
Te recuerdo que Ferro te está buscando.
Y afloja las tuercas.
Ferro, dale el móvil a la señora.
Llame a su hijo.
En altavoz.
(Móvil)
Ma, ¿estás bien?
Como te hayan tocado, te juro que lo reviento.
-"Tranquilo, neno".
No se han atrevido. Escucha, ven a buscarme.
Estoy en el pazo de Nemo.
Y ven solo.
-Ma. ¡Ma!
¡Hijos de puta!
-¿Qué pasó, qué dijo?
-Que tengo que ir a buscarla al pazo de Nemo.
Solo.
-No, ni de chimba, Tigre. Vos no te apareces por allá solo.
Yo voy con vos.
-Pero ¿a ti quién cojones te ha preguntado?
¡A la vieja no la puedo poner en peligro! ¿Te enteras?
-Tigre, escúchame una cosa, huevón.
Vos no estás solo.
Lo único quiero es que no te pase nada.
¿Me entendés?
¿Entendés?
Siéntate, Sito. ¿Un café?
¿Dónde está mi madre?
Que te sientes.
Lo que le hiciste a mi hija...
podría costarle la vida a tu madre.
¿Dónde está, Nemo?
(Golpes)
Como le hayáis hecho algo,
os juro que os mato.
A los dos. ¿Me oyes?
Os mato. Quiero el nombre
de los que le dieron la paliza a mi hija.
No voy a traicionar a mis hombres.
Hombres hay muchos, madre solo hay una.
Freddy y Acuña.
Muy buen chico.
Ahora podrás ver a mamá.
Perdone.
Quería hablar con el inspector Monterroso.
-Sí. Ahí lo tiene.
-Gracias.
Soy el hijo de Lamas. Me han dicho que usted cree
que Nemo tiene algo que ver... -Te han informado mal, muchacho.
Yo no creo que tenga algo que ver,
yo estoy convencido de que lo hizo él.
-¿Tiene pruebas de eso?
-No. Nemo se encargó de destruirlas.
Mandó aquí a un matado que le debía favores para que se inculpara.
Hizo desaparecer al único testigo... En fin.
-Entonces, ¿hay un testigo?
-Un niño.
Creemos que lo envió a Portugal.
Allí tiene muy buenos contactos.
-Vamos a ver, pero ¿el niño ha dicho que fue Nemo?
-No. Desapareció antes de que pudiéramos hablar con él.
-Entonces, si no tiene pruebas, ¿por qué dice que fue él?
-A ver, macho, que tú eres como de la familia.
Si has venido hasta aquí,
es porque sabes que es capaz de eso y de mucho más.
Llévame a casa.
Ha sido un placer, señora.
¡Las narices!
-Ma.
Ma, ¿estás bien?
-Cantaste todo, cagado.
¿Te puedo decir la verdad? Dime.
No esperaba verte en la oficina.
Carlos, no pretendo quitarte tu proyecto.
¿Eh? Yo solo quiero enseñar unos bocetos, nada más.
Te conozco mejor que tú a ti misma.
¿Qué quieres decir?
No puedes evitarlo, te encanta ganarme.
Es así. Carlos, no es verdad.
Es verdad. Tú no te acordarás, pero cuando éramos pequeños,
no dejabas que papá me enseñara a nadar mejor
porque no querías perder. Te seguía ganando
porque eras un patoso. Te dejaba ganar
para no soportar tu mal perder. Te lo prometo.
Mentira. Yo sé perder. No sabes perder.
Sí sé perder. Vale, demuéstramelo.
Dos largos en la piscina, a ver quién gana.
Cuando quieras.
¿Ahora? Ahora.
A la que cuente tres.
Sin trampas. Por supuesto.
Una...
¿Qué pasa, que no aguantas una broma?
Carlos. Te odio.
Te odio.
¡Carlos!
No voy a dejar que le pase nada a Lara.
Perdona, es que te habías quedado dormida en el sofá.
Malcom, no te vayas.
Quiero enseñarte una cosa.
Mira.
He encontrado esto en el armario de mi madre.
Parece que Nemo le daba dinero a mi madre para mi colegio.
No entiendo cómo pudo aceptarlo.
Fueron muchos años y mucho dinero.
Bueno, tanto dinero no sería si tuvo que hipotecar la casa.
Ya.
Oye, ¿y Nemo le ingresaba el dinero en un banco, en una cuenta?
No entiendo. ¿Qué más da?
No, nada, nada.
Bueno, ya sabes que un padre hace cualquier cosa por su hijo.
Incluso tragarse el orgullo.
Pues yo no pienso tragar.
Le devolveré hasta el último euro que le dejó a mi madre.
¿Por qué? Yo no veo nada malo en ese dinero.
Nemo se preocupa por ti.
No.
Pagar no es preocuparse.
(FABIO RÍE) -Bienvenido, Fabio.
-"Ciao, bella".
-Ay. Es que se me olvida que vosotros dais la otra mejilla.
Perdona. -Es que somos un país muy católico.
No, en serio. No sabes cuánto me alegra estar de vuelta.
Pero no hacía falta que me alojarais en el pazo. Podía ir al hotel.
-No digas tonterías, hombre. Queremos que estés como en tu casa.
-"Benvenuto, Fabio. -Grazie.
-Piacere vederti un'altra volta. -Il piacere è mio".
¿Qué tal el viaje? Ni me he enterado.
Hola, Fabio.
¡Ay!
No sé si lo sabes, pero me he tomado la libertad de darle
un toque más moderno a la propuesta que te mandó mi hermano.
Así que cuando tengas un momento,
me encantaría enseñarte unos bocetos.
-Por favor, no le atosigues, que acaba de llegar.
-No, no, no. Me encantaría verlos.
-Espero que en este viaje tengas un hueco para cenar con nosotros.
-Sabes que no te puedo negar nada.
¿Te acompaño a tu habitación "e parliamo un po'"?
"E parliamo un po'". Sí.
-Carolina, por favor.
Carlos,
tranquilízate. Como director general,
tienes la última palabra en todo.
-¿Te has dado cuenta de que no ha tardado
ni un puto día en apropiarse
de un proyecto que era completamente mío?
Es que es buenísima haciendo lo suyo, le encanta.
¿A qué te refieres?
A haceros creer que es tonta,
poniendo esa cara de mosquita muerta que tiene.
¿Qué tal? -Hola.
-Rory, ponme un café.
¿Quién es ese? -Un prestamista.
Le dejó dinero al novio chino del año pasado.
Esta gente no quiere que les devuelvas el préstamo,
quieren quedarse con tu casa.
-Tú, fuera de aquí.
¿Qué dices?
-¿Este quién es? Nadie.
Eso espero.
Malcom.
Bueno, pues ya está. Todo claro, ¿no?
Vale. Gracias.
¿Tú qué haces?
¿Te he pedido algo yo a ti?
No, ¿no? Pues ya está.
Le va a pasar como a mi chino, va a tener que irse por patas.
-Le dejó debiendo a mis padres 400 euros en birras.
Y tú, guapa, ya podías estirarte un poco.
-Buenos días. -Hola, buenos días.
-Que te bebiste más de la mitad.
-Yo, con todos mis novios,
separación de bienes. -Sí, ya.
(Puerta)
Nemo, discúlpame.
¿Tendrías un minutito para atender a Alejandro?
Claro. Alejandro, por favor.
¡Alejandro!
Qué alegría verte.
¿Y Carlos, no ha venido? No.
Siéntate. No.
Solo he venido a hacerte una pregunta.
Y espero que seas sincero,
porque yo solo quiero saber la verdad.
He ido a hablar con la Policía y...
y me han dicho que ellos creen que tú mataste a mi padre.
La Policía no cree que yo haya matado a tu padre,
Alejandro, pero hay un policía que sí.
Está convencido.
Aunque no tiene pruebas, evidentemente.
Pero esta vez se ha pasado de la raya.
No tenía que haberte metido en su guerra personal contra mí.
Lo siento.
¿Es solamente eso, es un policía obsesionado contigo?
Por supuesto que es eso.
Su acusación no tiene ni pies ni cabeza.
Tu padre y yo éramos amigos.
¿Dónde estabas el día que murió mi padre?
¿Qué te ha contado ese policía?
Te lo estoy preguntando a ti.
¿Dudas de mí?
¿Estás dudando de mí? -Se acabó la conversación.
Por muy novio que seas de mi hijo,
no te voy a consentir que me faltes al respeto... ¡nunca!
Sal de la habitación, estás haciendo el ridículo.
-No me has contestado, Nemo. -Abandona el despacho, por favor.
Ferro, ¿dónde le dije a la Policía que estaba esa noche?
Yo no estaba delante.
Consígueme la declaración que le hice a Monterroso.
Puede que yo me olvide de este asunto,
pero Alejandro volverá.
Ahora mismo.
¿Tienes alguna explicación para esto?
Acaba de llegar. Es el listado de llamadas
del día en que desapareció el testigo del asesinato de Lamas.
-¿Cómo sabes que ese crío vio algo?
No pudimos hablar con él.
(GRITA) -¡Eso te lo debemos a ti!
¿Por qué llamaste
desde este teléfono a Open Sea ese día?
-Pudo haber sido cualquiera. Incluso tú.
-Cualquiera, no.
Eso solo pudo hacerlo un topo de Nemo Bandeira.
No estoy para juegos.
-Pero, bueno, ¿qué te pasa?
-Estoy jodido, Carlos.
Me parece que, cuando te cuente por qué,
tú también vas a estarlo.
-Me estás asustando un poco. ¿Qué te pasa?
-He ido a comisaría.
A hablar con el policía que está llevando
la investigación sobre la muerte de mi padre.
-¿Y qué?
-Me ha dicho que está convencido de que tu padre mató al mío.
-Y tú no te habrás creído esa puta gilipollez, ¿no?
-No quería creérmelo, y por eso he ido a hablar con él.
-Y se ha puesto como una moto. -Sí.
-Tranquilo, ya se le pasará. -Igual se le pasa a él,
pero a mí no. -Mi padre no es un santo,
pero de ahí a matar a alguien... -Ya lo sé.
Y es lo que quiero creer. Quiero creer que todo es
una paranoia de un policía que no sé por qué quiere
joder a tu padre, pero no me lo quito de la cabeza.
¿Lo entiendes? Lo siento. -Por favor, no te vayas así.
Ven a casa y lo hablamos.
Que te echo mucho de menos, tío. -Carlos.
-Te echo mucho de menos. -Carlos, por favor.
Si no llego a llamar en ese momento justo,
hubiera localizado al niño.
Tenías que haber sido mucho más cuidadoso, hombre.
A ese cabrón hay que pararle los pies.
Me ha pegado delante de toda la comisaría.
Se le ha ido la pinza.
¿Ves lo que me ha hecho el hijoputa?
Poco te ha hecho.
Me acuerdo de Florencia.
¿Te acuerdas cuando estuvimos? -Ah, Florencia...
Parecen novios.
-Dame las tijeras, Nemo, no la vayas a liar.
-Fabio quería saludarte.
-Me alegra volver a verte.
Perdona que no te dé la mano,
he estado podando las viñas y no querría ensuciarte.
-Nemo cuida estas viñas como si fueran de la familia.
Lo que no sé es cómo luego es capaz
de machacar la uva para sacar el vino.
A veces hay que presionar para sacar lo mejor de las personas.
-Tienes razón.
Ojalá hubiera sabido hacerlo yo con mi hija Olivia.
Vosotros habéis hecho un gran trabajo con Carlos y Nina.
Si son así, es mérito de su madre.
-Había pensado ir esta noche a cenar el nuevo restaurante de Faro.
Podríamos cerrarlo para nosotros.
Me encantaría, pero me voy para Madrid dentro de nada.
Id vosotros dos. Puedo llamar para que no os pongan problemas.
-Siento que no puedas venir.
La próxima vez, tienes que acompañarnos.
Ah, ¿habrá otra vez?
-Nuestro invitado puede venir cuando quiera, Nemo.
Por supuesto. Nadie hace reír a Chon tanto como tú.
Somos muy diferentes.
Ella se ríe con cosas que a mí no me hacen ninguna gracia.
Voy a lavarme, perdón.
Pues vaya manera de joderles el paseo, compañero.
¡Hombre, Álex! ¿Qué pasa?
¿Qué tal? Cuánto tiempo sin verte, ¿no?
Oye, que me enteré de lo de tu padre.
Lo siento, de verdad.
Aunque parecía que disfrutaba jodiéndome la vida.
-Era su trabajo, ¿no?
-Sí, sí. Si cada uno sirve para lo que sirve.
Y a mí se me da bien...
alegrar el día a la gente.
-Lo dejé hace tiempo.
-Venga, Álex.
Por los buenos tiempo, Álex. -Que no...
Siento que hayáis venido hasta aquí, tengo que ir a Madrid.
¿A Madrid otra vez?
Pero ¿por qué no me avisas, hombre?
Podía haber ido contigo.
No, tú tienes mucho que hacer aquí.
Si no fuera por ti, Mario...
Lara. ¿Cómo está?
Bueno, pues... confundida. Ha descubierto el dinero
que usted le dio a su madre para que estudiara en Santiago.
Me costó Dios y ayuda que Ada aceptara.
Pues quiere devolvérselo.
Se ha puesto en manos de un prestamista.
¿Se ha vuelto loca? No, es demasiado orgullosa.
Sí, tiene a quien sacarlo.
Cancela ese préstamo.
Deme tiempo. Veré qué es lo que hago.
¿Tiempo para qué?
Deja que Malcom se ocupe de eso.
-Nemo, discúlpame, pero tenemos que salir ya.
Venga, portaos bien. A trabajar. Vamos.
¿Qué sabemos de esos dos gilipollas?
Pues el colombiano es listo de cojones,
pero lo vamos a cazar, sin correr.
Sin correr pero rápido.
(Claxon)
¿Qué quieres?
Aquí tienes el dinero que te debe Lara Balarés.
Yo no sabía que era hija de Bandeira.
No es de Nemo de quien tienes que tener miedo, sino de mí.
¿A esta la conoce?
No me atrevo a decir que la conozca, es mi mujer.
¿Ya no le doy miedo?
A veces es bueno tenerlo para no meterse en problemas.
O sea, que sí.
Mi hija Nina.
Mi hijo. ¿Seguro?
Como si lo fuera.
Mario Mendoza, mi abogado.
Eh...
Este...
Sé quién es... Pero ¿recuerda su nombre?
Le he pagado todas las campañas electorales que...
¿Cómo no puedo acordarme?
Es lo habitual.
Los recuerdos más ligados a las emociones
son los últimos en perderse, por eso reconoce a su familia.
De momento.
Está bien, Ferro. Estoy bien.
Perdóneme, por favor.
No quiero que mi familia me mire como me está usted mirando.
Quizá es hora de hablar con ellos de lo que le ocurre.
Llegará un momento en que no podrá disimular.
Lo que necesito es algo que me quite la rabia.
Puedo darle tranquilizantes, no puedo hacer más.
Pues deme. Deme.
Pues, nada, se ha ido a Madrid otra vez sin decir nada.
Y ayer Ferro dice que lo vio con otra mujer.
En el pazo.
Una mujer. Sí.
No me veo a Nemo llevándose a una de sus amigas al pazo.
No lo ha hecho nunca, ¿por qué iba a hacerlo ahora?
Ya. Y, entonces, ¿con quién estaba?
Con alguien que no quiere que conozcas, obviamente.
Alguien que tiene algo que ver con Open Sea.
¿Una fiscal?
¿Todavía sigues con lo de la fiscal?
Te has pringado mucho falseando las cuentas
para que no pillen los pufos de Nemo.
Si os abrieran una investigación ahora mismo,
te llevarías la peor parte.
Tienes que blindarte, Mario. Dame, anda.
Tienes razón, tengo que blindarme.
Rodearme de gente que, si las cosas se ponen difíciles,
me defiendan a mí y no a Nemo, ¿verdad?
Olvídate del alcalde Mosquera.
En Madrid no le quieren. Está muy quemado.
Además, es demasiado cobarde para darle la espalda a su patrón.
Ya.
Pero tengo un recambio inmejorable.
¿Quién?
Tú. ¿Yo?
La gente te adora, cariño.
Tienes prestigio, y ningún muerto en el armario.
Los votantes de Oeste están hartos de corrupción. Quieren algo nuevo.
De mí no se fiarían. Además, tengo demasiada relación con los Bandeira,
soy tu mujer.
Pero podrías dejar de serlo.
(Puerta)
El señor Fabio está en su habitación.
Ha dicho que quería ducharse antes de bajar.
-Gracias, Carmiña.
(Puerta)
(Ducha)
¿Fabio?
-¡Vaya!
Pensaba que eras Carmiña.
-Perdona, no sabía que estabas duchándote.
-No pasa nada.
-Te espero abajo. Nos han dado una mesa con una vista espectacular.
-Chon, Chon, Chon.
¿Podemos dejar la cena para mañana?
Es que me duele mucho la cabeza.
Será la maldita migraña.
-Claro, no hay ningún problema.
Lo importante es que estés bien para mañana en la firma.
-Muchas gracias.
-Bueno, si necesitas algo más,
ya sabes dónde estoy.
Perdona, es que nunca sé cuál es la mejilla.
Perdona.
Pues, nada, lo dicho,
para lo que quieras.
¡Hombre, Mario! ¿Qué haces aquí todavía?
Bueno, es que estaba dando los últimos retoques al proyecto
para la firma de mañana.
Tu padre está muy orgulloso de ti. Y yo, también.
Hacía muchísimo tiempo que no estaba tan feliz haciendo algo.
Me vas a hacer llorar.
Sube, anda, que te llevo.
Oye, ¿cómo se llama el sitio este que han abierto aquí...?
Eh... Cambados.
(Música)
Muchas gracias.
Mario, has dicho que me llevarías a casa.
Ya llevamos tres, por favor.
Que yo me lío muy rápido, tío.
Carlos, tío, no me cortes el rollo, hombre.
Para un día que estamos juntos.
Además, hay muchas cosas que celebrar.
Venga, va, la última.
La última, coño.
Va, por Open Sea.
Por Open Sea.
¡Uah!
(TOSE)
Esta es la última, ¿eh?
¿Seguro? Me voy al baño un momento, ¿vale?
(RÍE) Carlos.
Que es por ahí.
Vaya fiesta que lleváis tú y tu amigo, ¿eh?
Si fuera por mí, yo me iría ya mismo. Estoy reventado.
¿Eso qué?
-¿Se sabe algo de lo de la catedral?
-¿Se te piró o qué pasó? -Quietito.
-¿Qué querés, pues? -Sube al coche.
-Te enamoraste de mí, marica.
-¿Adónde coño te crees que vas?
La mierda en mi coche viaja en el maletero.
Buenos días.
Buenos días. Papi, ¿qué tal por Madrid?
¿En Madrid? Bien.
Como siempre, lleno de gente. Yo no sé cómo pueden vivir allí.
Pues a mí me encantaría pasar una época allí.
Nina. ¿Sí?
¿Y esa pulsera?
¿Te gusta?
Es un regalo de Fabio.
Me invitó ayer a cenar. Y, por cierto, le han encantado
los cambios que he hecho en el proyecto de Carlos.
Parece que a Fabio le gusta todo lo nuevo.
Buenos días. Hola.
Buenas. Buenos días.
¿Y Carlos?
Espero que no se haya quedado dormido.
(Tono de llamada)
Mi hermano siempre igual.
Y ahora no responde.
Llama a Alejandro.
(Móvil)
Hola, Mario.
"Alejandro, ¿está Carlos contigo?".
No, estoy llegando al instituto.
Ya. Es que le estamos esperando en el pazo para la firma.
"No tengo ni idea de dónde está".
Llevo unos días durmiendo en casa de unos amigos.
Lo sé, me lo contó anoche tomando unas copas.
Siento pedirte esto, pero ¿te podrías pasar
por vuestro apartamento para ver si está?
Es muy importante.
Sobre todo, para él.
Está bien, me apaño y voy.
Vale.
(EN ITALIANO) Sí, sí. Cojo el avión esta tarde. ¿Estarás en casa?
-¿Esto ha sido tu venganza? -Hablamos luego. Adiós.
Chon,
¿de qué me hablas?
-Eres un cerdo.
Lo único que querías era meterte en la cama con mi hija.
¿Por qué has jugado conmigo?
-No te entiendo. ¿De qué juego me hablas?
-Has estado flirteando conmigo desde el día que llegaste.
-¿Yo? No, no, no, no.
Lo único que he hecho es ser amable.
Siento si te he dado pie a que pienses otra cosa,
no lo pretendía. -Me das asco.
-Tienes razón en algo.
Sí, me gusta tu hija.
¿Cómo no me va a gustar?
Si me recuerda a ti cuando eras joven.
-No quiero volver a verte en mi vida.
Ese contrato no lo vas a firmar.
¿Me has entendido? No lo vas a firmar.
¡Carlos!
Carlos.
¡Carlos, despierta! -¿Qué pasa?
-Despierta. -¿Qué pasa?
-¿Cómo que qué pasa? Hoy es la firma.
Te están esperando en el pazo. Vamos. ¡Venga!
Y tú, vístete y a la calle.
¡Vamos!
Necesito un taxi.
Avenida de las Cíes, número 49.
(Puerta)
Ya hemos localizado a Carlos.
Se había quedado dormido.
Si no es capaz de poner el despertador,
¿cómo va a dirigir Open Sea?
¿Te puedo hacer una pregunta, Nemo?
No me gustan las conversaciones que empiezan así.
Es que Ferro me dejó caer el otro día
que te estabas viendo con una mujer.
Y, bueno, solamente quiero saber qué tengo que decir.
Para no meter la pata con Chon, más que nada.
¿Qué te ha dicho ese bocazas?
Que el lobo estaba reunido con una Caperucita.
Era la madre del Tigre.
Les he enseñado que no se juega con la familia.
Con tanto viaje a Madrid, digo:
"Coño, es que Nemo tiene una amante y no me lo quiere contar".
Ya está todo claro. Tú lo has dicho.
Voy a llamar a Carlos. Espero que no tarde mucho.
Buenos días.
¿Cómo estás?
Me ha llamado el prestamista.
Parece que un tío con traje ha cancelado mi deuda
y casi le parte dos costillas.
¿Ah, sí? ¿Ah, sí?
No sé, solo conozco a un tío que lleve traje
que sea capaz de hacer eso.
¿Qué pasa, que te ha mandado Nemo, no?
Te juro que yo no tengo nada que ver con eso.
Dame las llaves de mi casa.
Dame las llaves.
Si yo hubiese pagado esa deuda, no lo escondería.
No tengo ni idea de quién ha podido ser.
Además, yo no soy ningún matón.
Las llaves.
Buenos días, mamá.
Perdón por el retraso, de verdad.
¿Qué tal, Mario?
Al final tanto correr y parece que no soy el último, ¿no?
-Buenos días. -Buenos días, Fabio.
¿Qué tal? "Come stai? Benvenutto, signore.
Siamo tutti! Cominciamo, per favore!".
-¿Has bebido? -Un café muy cargado, nada más.
-Estás drogado. -¿Drogado?
¡Por favor!
-Si no eres capaz de tomarte en serio
un proyecto tan importante para mi hija y para mí,
es que no mereces dirigirlo. "Capito?".
Fabio, no le hagas caso, por favor.
Te pido disculpas en nombre de la familia.
Acéptalas, por favor.
-Fabio...
¡Fabio!
Lo siento mucho.
(FABIO) "Non ai capito? No, no, per, Chon, io no necesito nada".
¿Lo entiendes ahora? ¿Te lo digo en otro idioma?
¿Te lo traduzco en gallego?
"Capito? Vaffanculo! Vai!
Mamma mia!
Per favor! Per carità!".
Lo he jodido todo, mamá, de verdad.
No... No... -No digas tonterías.
-No sirvo para nada.
¿Qué ha pasado?
He visto que se ha marchado el italiano.
Bueno, al final, no se ha podido cerrar el acuerdo.
¿Por qué?
Era tu proyecto, Carlos.
¿Qué has hecho esta vez?
Ha sido todo mi culpa. De verdad, papá, que no...
No tendría que haber venido así.
Lo siento mucho. ¿Así cómo?
¡Mírame!
Eres un inútil.
Sigues drogándote.
-Nemo, por favor. No le defiendas.
Te dije que era tu última oportunidad.
(GRITA) ¿Te lo dije o no?
-Papá, mira, estaba en un gari...
en un bar y, de repente, me... me...
me...
(GRITA) ¡Habla como un hombre, coño!
Papá, lo siento mucho.
Te quiero fuera de la empresa.
(GRITA) ¡Estás fuera!
-(GRITA) ¡Ni se te ocurra volver a ponerle la mano encima!
¡Vete!
(GRITA) ¡Vete!
(CARLOS LLORA)
-Hijo de puta...
(CARMIÑA SUSURRA) ¿Qué le pasa a Nemo? Esto no es propio de él.
Tú tienes que saberlo.
-¿Y qué quieres que te diga?
(Móvil)
-¿La verdad? Yo ya no tengo práctica en decir la verdad.
Sí.
Sí, sí.
¿Todo bien?
Ya tengo a los dos que le partieron la cara a tu niña.
¿Qué quieres que se haga con ellos?
Vamos.
¿En qué estabas pensando?
-¿De qué hablas?
-Sabes perfectamente de lo que hablo.
Menuda paliza le diste a Ricardo.
¿Qué creías, que no te iba a denunciar?
-Si fue un puñetazo, tú estabas delante.
-Sí, claro que estaba delante.
Lo que no vi es la que le diste después.
-Pero si no lo he vuelto a ver. -Está en el hospital.
-Mierda...
Ricardo ha dicho que he sido yo, ¿no?
Esto es cosa de Nemo. Tú te das cuenta, ¿no, Alén?
Joder, date cuenta, le metió una paliza
para echarme mierda a mí, ¿entiendes?
-Mi hijo también le echa la culpa de todo a Nemo.
Lo que pasa es que tiene cuatro años.
Y su Nemo es de peluche.
-Alén, joder...
¿Qué quieres? Los conoces, ¿no?
Son los que te dieron la paliza.
Vienen a pedirte perdón.
¿Cómo se dice?
-Lo siento.
-Y más que lo vas a sentir.
¿Qué quieres que haga con ellos?
¿Qué quieres que te diga, que los mates?
Puedo hacerlos desaparecer.
Y nadie los echará de menos.
No. Suéltalos.
Ferro.
Espera.
Esto por Exprés.
No sé si te das cuenta de que si no aceptas mi ayuda,
vas a estar siempre en peligro.
Todo Oeste nos ve como padre e hija. Pues todo Oeste se equivoca.
Puedo traerte problemas.
Pero también ventajas. No las quiero.
Toma.
Todo el dinero que te debía mi madre. Todo.
Le he pagado la educación a mucha gente.
¿Cómo no voy a hacerlo contigo,
que llevas mi sangre?
Ya sé que no soy ejemplo de nada.
Te aseguro que todo lo he hecho
por mi familia y por la gente de Oeste.
Pero ¿qué te crees, que estamos en un mitin o algo así?
A ti no te importa nadie, y menos tu familia.
¿Sabes por qué Carlos empezó a meterse?
Porque pasabas de él.
¿Quién necesita un padre así?
¿Y te preguntas por qué vengo a verte?
A veces es bueno escuchar lo que duele.
Quédate el dinero, por favor, soy yo el que está en deuda contigo.
No.
Vete.
Me voy a casa, mamá.
-¿No te quieres quedar? -No.
Te llamo mañana. -Vale.
Ahí viene tu padre.
¿A qué vienen esas caras?
¿Nos estás vacilando o qué?
¿Eh?
No. ¿No?
¿No ha ido bien la firma, hijo? ¡Eres imbécil!
-¿Qué dices? -Disculpadme...
-¡Tú no te metas!
¿Qué te pasa, Nemo?
¿Qué te pasa?
¿Qué me pasa? ¿Estás loco o qué?
Chon... No te acerques.
No te acerques ni a mi hijo ni a mí.
¿Qué te pasa, Nemo?
Nada.
¿Qué he hecho? Vamos.
Mi hijo va a odiarme el resto de su vida por esto.
No, Nemo, no. Si hablas con él, no.
Tú no le has pegado, ha sido ese alemán,
que te está jodiendo la cabeza.
Tú lo que tienes que hacer es hablar con tu familia,
por el amor de Dios, por el bien de todos.
Sabes perfectamente que yo no puedo sostener esto mucho más tiempo.
No puedo.
Y menos después de esto.
¿Qué he hecho?
Mira lo que tengo.
¿Quién es?
La mujer con la que se ve tu jefe en Madrid.
Y puede que también aquí.
La tía tiene una pegatina de una "g" de Galicia en el coche.
(Puerta)
¿Qué haces?
Recoger mi trabajo.
No ha servido de nada.
Eran muy buenos.
Perdona, no quería hacerte sentir incómoda.
Nina,
he venido a decirte que me voy a divorciar de Elisa.
Ya sé que no me lo has pedido,
pero quiero luchar.
Quiero luchar por nosotros.
Te necesito.
¿De verdad?
Creía... Creía que...
(Música)
(Cesa la música)
Me ayuda a no pensar.
(Música)
-¿Qué te pasa, Alejandro?
¿Eh?
¿Estás bien?
Cariño.
-Mejor que nunca.
-Ven aquí.
Perdóname, Alejandro.
Hola, cariño.
¿Y esto?
¿Celebramos algo?
¿Tenemos algo que celebrar?
¿Te vas a presentar a las elecciones?
Mejor.
Estoy embarazada.
¿Qué? Olvídate de lo de la alcaldía,
no nos vamos a divorciar.
Este niño va a tener el mejor padre del mundo: tú.
A ver, ¿qué es eso tan importante?
-Estoy metido en un buen lío, Lago.
-¿Nemo sospecha de ti?
-No.
Quiero dejar el caso.
Me estoy enamorando de Lara Balarés.
Felicidades.
Ah. Qué bien, ¿no?
Sí, bueno... Perdóname, con las prisas,
se me ha había olvidado.
Lo único que vamos a hablar es de Open Sea.
No quiero saber nada de ti.
¿Tú sabes cuántas propinas vas a necesitar para pagar eso?
-Quiero la cabeza de tu jefe colgada en mi pared.
-Monterroso, ten mucho cuidadito.
(LAGO) Firma y estás fuera.
(Disparo)
Que fuiste vos el que me sapeó con Nemo.
-Deja que te explique. -¿Qué tenés que explicar?
Yo no puedo vivir en una casa que paga tu padre. ¿Lo entiendes?
(CHON) Te has pasado todo el día con esta chatarra.
¿Por qué te empeñas en algo que ya no tiene remedio
y te olvidas de lo que tienes delante?
La próxima vez que mires hacia arriba,
a lo mejor ya no me tienes aquí.
-Los de Asuntos Internos quieren hablar contigo.
Inspector.
Déjanos solos, por favor.
Me voy a decirle a 100 trabajadores que se tienen que ir a la calle.
¿Quieres venir? No soy capaz de hacer esto.
Somos tú y yo los que tenemos que sacar adelante esta empresa.
Por nosotros.
Y para que no vuelvan a pasar estas cosas.
A partir de ahora, no nos vamos a tener que preocupar
por el dinero nunca más. Ten cuidado, Nemo,
algún dinero quita problemas, pero mucho los llama.
Así me gusta, que la Policía sea eficaz.
-¡Hijo de puta!
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