All language subtitles for MONSIEUR N 2003

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French Download
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German Download
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian Download
ia Interlingua
ga Irish
it Italian Download
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal) Download
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Pater noster, qui est in caelis,

sanctificetur nomen tuum.

Adveniat regnum tuum.

Fiat voluntas tua,

sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum quotidianum da nobis hodie,

et dimitte nobis

debita nostra, sicut

et nos dimittimus

debitoribus nostris.

Et ne nos inducas in tentationem sed libera nos a malo. Amen.

SANTA HELENA 15 DE OCTUBRE, 1840

LA ÚLTIMA BATALLA

Aquel día celebraba mi vigésimo cumpleaños.

Acababa de graduarme en la Academia Militar

y mi única experiencia como soldado se reducía a mover figurillas

sobre los mapas de Estado Mayor.

El 22 de junio de 1815,

Napoleón I había acabado por abdicar.

Considerado un criminal de guerra, había sido deportado de por vida.

Su prisión era apenas visible en los mapas,

una isla rocosa en medio del Atlántico Sur

llamada Santa Helena.

El destino quiso que me destinaran a ella.

El hombre al que me habían enseñado a odiar en la Academia Militar,

y que tanto me fascinaba, se iba a convertir en mi prisionero.

Me llamo Basil Heathcote.

Participé en lo que tal vez se denomine un día

"la última batalla del Emperador".

Mi objetivo no es rescribir la historia,

sino destapar los desconcertantes acontecimientos que presencié,

y que aún hoy siguen siendo un misterio para mí.

Cuanto antes mejor. He pensado que quizá esta tarde.

¿Esta tarde?

Ni Su Alteza el Príncipe Regente

podría visitarle sin previo aviso al Gran Mariscal de Palacio.

Un carcelero no necesita invitación para ver a su prisionero.

CAMPO DE DEADWOOD

Soy sir Hudson Lowe, el nuevo gobernador de esta isla.

Mi misión es vigilar al general Bonaparte.

Ese hombre es considerado un enemigo de la paz por todas las naciones.

Los derechos humanos, los derechos normales,

ya no cuentan para él.

Por lo tanto,

renunciaremos a ciertas prácticas de los últimos 6 meses,

que tienden a dar al prisionero demasiada libertad.

- Le deseo que tenga mucha suerte. - Ya le echo de menos, Gobernador.

No se comprometerá la voluntad de las potencias aliadas

ante las que, deseo recordarles, Inglaterra debe responder.

Y en esta isla, Inglaterra soy yo.

En Longwood, Napoleón instauró el ceremonial de la corte imperial.

El Gran Mariscal de palacio era el mariscal Bertrand, una leyenda.

Había combatido en todas las campañas de Napoleón desde la de Italia.

Mariscal Bertrand, le presento a sir Hudson Lowe,

quien me reemplaza en el cargo de Gobernador de la isla de Sta. Helena.

Desde esta tarde.

- Mis respetos, Su Excelencia. - Mis respetos, Sr. Mariscal.

¿Podría conducirme ante el general Bonaparte?

Me temo que no será posible.

El Emperador duerme la siesta y no puede ser molestado.

¿Cuándo podría verle? Quisiera presentarle mis respetos.

Lo entiendo, Su Excelencia, pero Su Majestad decidirá.

Le confirmaré la hora de su audiencia en cuanto lo sepa.

La Corte Imperial era un filtro entre el Emperador y sus carceleros.

Un filtro que hoy veo como la primera fase de la batalla.

Mierda.

Pasaron 3 días antes de que el Emperador le concediera audiencia.

El carcelero por fin visitaría a su prisionero.

Es su letra, señor.

En Sandhurst, estudiamos sus estrategias.

No sabía que fuera el responsable de la derrota de Capri.

No fue ninguna humillación.

Resistimos durante 13 días antes de rendirnos.

Con otros 800 hombres bajo su mando, debo mi vida a Lord Lowe.

Él era nuestro comandante. Todo el mérito es suyo.

Lo siento, señor. No he querido sugerir...

No me ha ofendido.

Sr. Gobernador...

He venido, señor, a presentarle mis respetos.

Habla muy bien mi idioma.

He oído que habla también italiano, español y portugués.

Hablaré en el idioma que más le guste, señor.

He oído decir

que fue comandante en un regimiento de corsos.

Sí, los Corsican Rangers. Excelentes soldados.

Traidores, querrá decir.

- Ellos combatían por su país. - Su país es Francia.

Y antes de ser franceses, los corsos eran genoveses.

Nunca ingleses, que yo sepa.

He leído su hoja de servicios. Solo hay reveses.

Fracaso en Nápoles, una desbandada en Capri...

¿Cómo se sale victorioso de tantas derrotas?

¿Cómo se sale vencido de tantas victorias?

Solo hay una batalla importante, la última.

¿Waterloo, General?

La última.

¿Puedo saber a qué General se dirige?

La única legitimidad que mi gobierno le reconoce es la de General.

¿3.000 hombres, 10 navíos de guerra, para vigilar a un General?

A un prisionero cuya libertad podría comprometer la paz mundial.

No soy prisionero. Me entregué y sus ministros violaron mis derechos.

El código de guerra de los pueblos civilizados.

No transforman a un huésped en prisionero.

Siempre encuentran a un carcelero. He gobernado.

Sé que hay hombres para esas misiones deshonrosas.

- Señor. - Señor Gobernador...

Ya era oficial a los 16 años y 15 días.

No hay nada que pase por la cabeza de un militar, bueno o malo,

que yo no sepa antes de que él mismo se dé cuenta.

Así que tranquilícese, porque nunca me tendrá lejos.

Me encontrará aquí, en su cabeza.

Los sementales.

Tienen ese no se qué que no poseen los demás caballos.

Es lo que trae locas a las potrancas.

Montholon, hablando de eso... ¿Qué tal los "dictados"?

¿A qué se refiere, Gourgaud?

¿Su mujer no sirve de tintero a la pluma imperial?

No me dejaré insultar así...

por un general de última hora.

El Emperador me nombró general, en Waterloo.

Tras la abdicación.

Y dicen que el documento es antedatado.

Recompensó mi valor como había hecho en Brienne.

Por un salvamento que nadie recuerda,

ni siquiera él.

Entre los leales que habían seguido al Emperador al exilio,

el General Gourgaud era sin duda el más fiel.

Él amaba a su Emperador como una mujer celosa.

Montholon, aristócrata y granuja, era más cortesano que general.

Pero su auténtica pasión era la intriga.

¿Y ahora qué?

Ya basta.

Interrumpan el entrenamiento, señores.

El teniente Basil Heathcote, nuevo ayudante de campo de Longwood.

Les advierto que habla muy bien francés.

Aquí hay más pasillos que habitaciones.

Longwood era un granero para ganado antes de postularse a celda imperial.

Es el peor lugar de la isla, el más ventoso, el más húmedo,

pero el más fácil de vigilar.

Esa puerta da a la habitación de Cipriani,

el mayordomo del Emperador.

Esas son las habitaciones de Su Majestad.

A parte de Cipriani, nadie puede a cruzar esa puerta. ¿Está claro?

Sí, Mariscal.

La habitación contigua es la del médico del Emperador.

Su compatriota, el Dr. O'Meara.

Hará sus comidas con él.

Si el general Bonaparte desea salir del perímetro que tiene destinado,

me tiene a su disposición.

Tengo orden de asegurarme de su presencia 2 veces al día.

Aparte de eso, procuraré mostrarme lo más discreto posible.

¿Discreto?

Eso es lo más difícil en esta isla.

No creo que el nuevo Gobernador nos moleste.

Parece un perro apaleado.

No se fíe de eso, Montholon.

La apariencia de la gente es su primera mentira.

- ¿Adónde va? - A casa de los Balcombe, Sire.

Pues vaya pasando.

Su mujer se reunirá con ustedes después del dictado.

Bien.

Un consejo.

Si le vienen ganas de volver a Europa, déjeme a Montholon.

Usted sabrá encontrar otro marido.

Se encuentra más fácilmente un amante que un marido, Sire.

Sí, sí.

El Gobernador y yo nos acabamos de conocer

como dos perros olisqueándose el trasero.

¿Y si le dijese que me voy?

Este puesto es para él el ascenso supremo.

¿Me suplicaría que me quedara?

Por fin podrá entrar en la historia.

No me ha respondido, Sire. Necesito saberlo.

¿Necesidad?

Sus únicas necesidades son las de su Emperador.

Seguro que me toma por un semi-dios.

Usted es un semi-dios.

Cuyo testamento no deja indiferente a nadie.

Dicen que no deja nada a las mujeres que ha amado.

Puede estar tranquila, Albine. A usted no la amo.

Ah, gracias a Dios. Tenía miedo de perderle.

Uno solo pierde lo que tiene.

Yo la poseo en vida, usted me poseerá a mi muerte.

¿Cuánto es eso, Sire?

400 o 500.000 francos.

¿Pero sus promesas aún valen algo?

¿Qué importa si el agua es potable cuando no hay nada más?

PLANTATION HOUSE RESIDENCIA DEL GOBERNADOR

¿Por qué las baterías de cañones están en alto?

Si un navío entrara en la rada por sorpresa,

no lograrían alcanzarlo.

Quiero cañones en la línea de costa, para disparar a nivel del mar.

Me pondré en ello hoy mismo.

Dos fragatas guardacostas navegarán alrededor de la isla

continuamente, en direcciones opuestas.

Ningún barco será autorizado a anclar

sin una guardia a bordo, día y noche.

- ¿Cómo se llama este lugar, General? - Sandy Bay, señor.

Se dice que cuando nuestros marineros tomaron Sta. Helena en el siglo XVll,

desembarcaron aquí y escalaron este precipicio

de casi 500 metros de altura.

- ¿De aquí hasta aquí? - Sí, señor.

Heathcote, usted que es joven y activo,

¿qué diría si le desembarcaran allí y tuviera que escalar ese acantilado?

¡Vamos, hable sin temor!

- Obedecería a la orden. - Pero, ¿qué pensaría?

Pues, con el debido respeto, solo un mono podría hacerlo.

Si la intención fuera llevarse a alguien de esta isla,

sería mucho más fácil hacer descender a ese alguien.

Muy buen razonamiento, Teniente.

Además, ese alguien debería saber que vienen a buscarle.

Sería muy fácil.

La popularidad de Napoleón es su más serio enemigo, Gobernador.

Desde entonces, Hudson Lowe vio en cada isleño a un sospechoso.

La sola mención del Emperador, era punible por ley.

Longwood se convirtió en una auténtica fortaleza,

lo que le valió el apodo de "Fuerte Lowe".

Un sistema de telégrafo visual informaba a Lowe

de lo que ocurría dentro y fuera del recinto.

Nadie podía circular por él de noche sin un santo y seña.

El correo de Francia debía pasar por la inspección del jefe de policía,

sir Thomas Reade.

La fortaleza, que tanta tranquilidad daba al Gobernador,

sería la piedra angular del plan del Emperador,

puesto que no protegería a Lowe de Napoleón sino a Napoleón de Lowe.

Nuestra cautividad será motivo de burla.

¿Quien diría, ante tal festín que somos prisioneros?

¿No les parece estar fuera del tiempo?

¿En un mundo aparte donde todo es posible?

Salvo la libertad.

En pocos terrenos se cumplen todas las alegrías.

Lo siento, Sire, a los niños les costaba dormirse.

Los niños.

Aquí solo cuentan los niños. El Emperador puede esperar.

Tome ejemplo de la Sra. Montholon.

Su Majestad se malacostumbra.

El empleo del marido no siempre incluye a la esposa.

No ha restablecido el derecho de pernada, que yo sepa.

Todavía no.

Pero es una idea excelente.

Señoras, Sr. Balcombe. Sus pases, por favor.

¡Betsy!

¡Betsy!

La ciudad era de madera y el viento violento.

No habían bombas de agua. Era un océano de fuego.

Sire, ¿y si no se hubiera incendiado Moscú?

La paz de Moscú habría puesto fin a mis expediciones guerreras.

El sistema europeo estaba fundado, solo quedaba organizarlo.

Un Código europeo, una moneda única,

pesos y medidas únicos, leyes únicas.

Cualquiera habría podido viajar estando siempre en su propia patria.

Moscú en llamas...

Qué catástrofe.

¿Se imagina París y sus 14 siglos esfumándose?

Debía luchar en Rusia contra hombres armados. No contra al invierno.

Fue el frío, no el enemigo quien nos destruyó.

En Austerlitz, cuando sus cañones disparaban al hielo, Sire,

¿no era el mismo frío el que servía a sus intereses?

Si el frío no lleva uniforme, la historia tampoco debería llevarlo.

La historia pertenece a quien la cuenta, Betsy.

Su manera de contar Waterloo debe de ser muy interesante.

¿A qué debería achacarse la derrota?

¿A las indecisiones de Grouchy, tal vez?

¿Tú qué crees, Betsy?

- No lo sé. - Deberías saberlo.

Mis órdenes no fueron transmitidas.

Creo, Majestad, con todo respeto,

que la responsabilidad de la derrota, como la de la victoria,

corresponde al jefe.

¿De verdad quieres saber por qué perdí en Waterloo?

Tápese los oídos, Montholon.

La verdad y la historia no hacen buena pareja.

Perdí porque me levanté demasiado tarde.

Ahora conoceré todos sus secretos, Boney.

No...

¡Descanse, Montholon!

- ¡Perdón! - No es nada.

"Le Général Bonaparte".

Majestad, ¿le conoce?

Déme esos pliegos, Teniente, y quédese sus ordenanzas.

Solo leeré las dirigidas a Napoleón I.

¡Mis amigos, los Balcombe!

No verles me hace echar de menos la época feliz que viví en su casa.

Betsy Balcombe. La estrella fugaz de Santa Helena.

PARÍS 15 DE DICIEMBRE, 1840

De no haberla visto casualmente entre la multitud,

en ocasión del retorno de las cenizas del Emperador,

nunca habría sabido nada

del misterio que se había expuesto ante mis ojos 20 años antes

y que me tendría hechizado hasta el amanecer.

Betsy...

Es usted un inglés muy peculiar, Teniente.

Coronel.

Sí, claro, discúlpeme.

Es como si nuestros recuerdos se hubiesen detenido en el 1821.

¿Una jornada imperial, bajo la monarquía de julio?

Eso parecía imposible.

¿Qué opinión tiene de esa ceremonia, Mariscal?

El Emperador habría querido descansar sencillamente

a orillas del Sena.

Esta mañana, me ha parecido ver a Betsy Balcombe.

Era ella, ¿verdad?

- ¿Sabe usted dónde vive? - Está casada con un negociante.

Un tal Sr. Abell.

Por lo demás, temo no poder ayudarle mucho.

- ¿Ha vuelto a ver a Lowe? - No.

Según las últimas noticias, perdió su cargo en Ceilán

y vive en Londres, en la miseria.

No le compadezca.

No me molesta que fuera mi enemigo.

Tenemos una labor que hacer, un deber que cumplir...

Pero hay órdenes que no se obedecen.

¿Se refiere al rumor acerca del envenenamiento, Mariscal?

El Emperador murió por una úlcera.

Eso consta en la autopsia y eso contará la historia.

"La Historia es una mentira que nadie cuestiona".

Son términos del Emperador, ¿cierto?

¿De veras?

El informe de la autopsia... ¿Es cuestionable, Mariscal?

No.

Y ahora, si me disculpa...

- Esta ceremonia me ha agotado. - Soy yo quien me disculpo, Mariscal.

No pretendía remover esos recuerdos.

- ¿La máscara mortuoria de Napoleón? - La del Emperador.

Mi mujer la moldeó con yeso de Santa Helena.

En todo caso, Teniente... Digo, Coronel,

me alegro de volver a verle.

Sé que el Emperador le tenía un gran aprecio.

¿Usted cree?

Estuve tan unido a él durante ese tiempo...

Sí, estuvo muy unido.

¿Sabe cómo le llamaba el Emperador a puertas cerradas?

Su sombra.

El malestar que había percibido en la mirada de Bertrand,

cuando hablé del informe de la autopsia del Emperador,

casi me había hecho olvidar el motivo por el que estaba allí,

encontrar a Betsy.

Los rumores de un envenenamiento estaban en boca de todos.

¿Por qué los refutaba Bertrand?

SANTA HELENA AGOSTO DE 1816

Excelencia, el Dr. O' Meara.

O'Meara.

Ha descuidado nuestras conversaciones últimamente.

¿Cómo debo interpretarlo? Siéntese.

La salud del General era excelente y no vi necesidad de molestarle.

Me molesta cuando no viene a verme.

Su función como médico del General es muy particular...

Y de una gran importancia política.

¿Es consciente de eso?

Yo solo cumplo mi deber como médico, Su Excelencia.

Y su país le está agradecido.

Pero le exige algo más.

Su primer año de detención

le ha costado a Inglaterra 8 millones de libras.

Imagínele viviendo 20 años más.

¿Ha leído Ricardo III, mi querido doctor?

¿Ricardo III?

"Primo, tú no solías ser tan tonto...

¿Puedo hablarte con franqueza?"

"Deseo que mueran esos bastardos y querría que fuera enseguida. "

No puedo creer lo que me está pidiendo.

Le he preguntado por Ricardo III. Me preocupa su cultura literaria.

Y también me preocupa la legitimidad de su mandato como médico.

- ¿Dónde está su contrato? - No tengo ninguno.

- No es oficial. - Lo es.

Más aún, espero sinceramente,

que la misión de envenenador que desea confiarme...

Será un placer prescindir de sus servicios.

¿Y cuál será la razón de mi destitución?

Pasarse a la causa enemiga.

- Soy médico. - Es un soldado.

Un soldado obedece órdenes.

Solo obedezco órdenes escritas.

La recibirá a su debido tiempo, ¡y será para destituirle!

Soy más difícil de destituir de lo que cree.

Dejemos de buscar a un Judas en nuestro campo.

Necesitamos a alguien próximo.

Alguien que esté en su propia casa.

Harán falta más de 30 monedas para comprar a un traidor.

O mucho menos.

El testamento de Bonaparte es nuestro mejor aliado.

De nosotros depende hacerles la espera insoportable.

50 francos al mes para 12 caballos.

- Nos faltan sillas y cabestros. - Pues deje de cuidarlos.

No hay nada para la caballeriza,

mientras que en una simple vaca hemos gastado 50 luises.

Pero a la Sra. Montholon le gusta la nata.

No debo justificarme, ni yo ni mi mujer.

La posición, la fortuna, los honores...

Todo lo hemos sacrificado por él.

Solo han sacrificado a sus acreedores.

No han venido aquí solo por Su Majestad, sino para alardear.

Para reunir material para un libro y enriquecerse.

¿Y aunque así fuera?

¿No tienen todos un diario donde apuntan hasta mi último pedo?

¿No cuentan con sacar mucho dinero de eso?

Si eso piensa de mí Su Majestad, prefiero marcharme.

Quien abandone la isla, abandona un campo de batalla.

Deje de tocar, Montholon.

Todos sabemos que sus talentos son otros.

Me han seguido al exilio, ¿y qué?

¿Acaso los planetas le hacen un favor al Sol?

Si giran a su alrededor es porque lo necesitan.

Marcharse, no hablan de otra cosa.

La isla de Elba no pudo retenerme.

Santa Helena tampoco lo hará. Hay que saber esperar.

Déjenme.

¿Cómo puedes aguantarles?

En París eran muchos más.

Estos siguen siendo leales.

- Leales a tu fortuna, sí. - Al menos, lo son a algo.

Se disputan mi testamento ¿y qué?

Yo mismo he luchado toda mi vida.

Es la única forma de ser poderoso y de seguir siéndolo.

Si ese es el objetivo de la vida, la tuya ha sido un éxito.

- ¿Es que hay otro? - Montones.

Pero no estás de humor para oírlos, Majestad.

Dime, ¿en serio estás comparando Santa Helena con Elba?

Siempre hablo en serio.

Vamos de mal en peor.

Piso las tablas, incluso entre bastidores.

En Córcega,

siempre pisabas las tablas, hasta cuando eras un crío.

No pensaba una palabra de lo que dije.

Solo quería retenerles, eso es todo.

Tenemos 230 botellas de Burdeos, 200 de cerveza y sidra,

600 litros de vino del Cabo y un tonel de vino de Constance.

Al ser para el Emperador,

no hace falta incluirlo en el presupuesto.

Cipriani, ¿puedo hurtarle unas hojas de papel de carta?

Faltaría más, doctor.

Voy a Jamestown ahora mismo. Se lo devolveré.

No se preocupe, no será por papel...

ARSÉNICO

No tengas miedo. No te harán nada.

Mi misión en Longwood me brindó incontables ocasiones de ver a Betsy,

puesto que venía cada semana.

Pero ella solo veía al Emperador.

Eso es.

Ya lo ves, no es tan complicado.

Mire. ¡La reina!

Es muy diferente de las demás.

Sin embargo, al nacer todas las abejas son idénticas.

¿Quiere decir que cualquiera puede...?

La colmena escoge a una inquilina,

le inoculaun néctar especial y la elegida se metamorfosea.

Ya está.

Así pues, de ser abeja, yo habría podido ser reina.

¡Dios nos libre!

Ud. Podría no haber sido más que un vulgar abejorro.

Muchas gracias.

¿Habría revoloteado alrededor mío de haber sido reina?

¿Conoces la suerte de los abejorros, mi pequeña Betsy?

Ya no soy una niña.

Va siendo hora de que se dé cuenta.

- ¿Y bien? - Rechazo las restricciones impuestas.

- Venderás mi plata en la ciudad. - Bien.

Me las arreglaré para que todos lo sepan.

Rómpela en pedazitos. Que no se distinga el águila imperial.

A sus órdenes.

¡La platería de Napoleón!

¡La platería de Napoleón!

¡Plata, plata!

¿Esto? ¿No? Esto.

¡Plata!

¿Lo quiere?

CIPRIANl: ¡Vengan por su plata!

- Tranquilo, soy yo. - La educación puede salvar la vida.

Y la lealtad también. ¿Utilizas otro contacto ahora?

¿Qué dices?

Encontré esto en manos de la competencia.

Si no estás contento con mis servicios, dímelo.

Acabas de duplicar tu paga.

- ¿Seguro que es de él? - Sí. Conozco su letra.

Los médicos son pésimos espías.

Y los espías pésimos criados. Dame eso.

Discúlpame, Naboulio.

¿Así pues Lord Bathurst vigila a su propio Gobernador?

¿Tanto temor sienten?

Haz que el informe de O'Meara caiga en manos de Lowe.

Un inglés enemigo de Lowe chismorrearando me vendría de perlas.

Pondría en mi cabeza una corona de espinas.

¿Y si eso destrozara la carrera de O'Meara?

Deja de soñarme como quien no soy. Dame eso.

Semanas más tarde, Lowe se hacía con el informe de O'Meara a Lord Bathurst,

el superior inmediato de Lowe.

Era él quien le había nombrado, y quien le espiaba ahora.

A Lowe le llevaría más de 2 años expulsar a O'Meara.

Dos largos años durante los cuales sentimos

que el mundo nos había olvidado.

CIPRIANl: ¿Qué te hace pensar que morirás aquí?

- Una vidente. - ¡Ah!

Me predijo que moriría a la misma edad que Josefina.

Ella murió a los 51 años. Haz las cuentas. Me quedan 4.

Y será de una úlcera de estómago, como mi padre.

Mi amuleto. El primer Napoleón que se acuñó.

Napoleón, el primero.

Es una leyenda marinera.

Rodearemos la moneda y ocuparemos uno el lugar del otro.

¿Listo?

Ahora recoge la moneda.

- ¿Qué vas a hacer? - Vamos.

He cumplido mi parte, a ti te toca cumplir la tuya.

Una razón válida.

Cuando encuentres esa razón, podrás abandonar la isla.

¿Un baño caliente, Majestad?

Cuando encuentres la razón, podrás abandonar la isla.

Descanse, Teniente.

Es la primera vez que se lo digo a un oficial inglés.

No lo vuelva a hacer, podría gustarme.

¿Qué está leyendo?

Un artículo sobre la máscara de hierro, Sire...

Señor...

- ¿El supuesto gemelo de Luis XIV? - Sí.

Richelieu lo menciona en sus memorias.

¿Sabe que un hombre me demostró, con toda seriedad,

que yo era descendiente directo de esa máscara de hierro

y, por consiguiente, el legítimo heredero de Luis Xlll?

¿De veras?

¿Lo ve? Estaba dispuesto a creerme.

Los hombres serían capaces de sacrificar su razón por la fascinación.

Vamos. Demos una vuelta.

¡Boney está fuera!

¡Atención! A formar.

¡A formar!

¡Arriba!

Su isla está muy mal defendida.

Acababa de reconocer el terreno, como antes de cada batalla.

Solo le faltaba transmitir órdenes y esperar el momento preciso.

Me sentía, yo también, en exilio.

Creo que sin el regreso de Betsy no lo habría podido soportar.

Su estancia en Londres se me había hecho interminable.

Señor, señora...

Hola, Teniente. ¿Cómo está Boney?

Muy bien.

Srta. Balcombe, es...

¿Soy qué, Teniente?

Bienvenida.

- Sea bienvenida. - Gracias.

¿Podría amenazar de muerte a los esclavos que llevan esos baúles?

Esos recuerdos de Londres son tremendamente frágiles.

Responderé de ellos con mi vida.

Gracias.

Al día siguiente de su regreso a Santa Helena,

los Balcombe fueron invitados a almorzar con el Emperador.

Albine de Montholon estaba embarazada.

Un embarazo estratégico que ya se le hacía pesado.

En Inglaterra, el hermano del Regente defiende a Napoleón.

Las corrientes favorables al Emperador se acentúan,

no solo en Europa sino también en el Nuevo Mundo.

Los periódicos rebosan de cartas contra el Gobernador.

Nadie lo quiere, ni siquiera su mujer.

Eh...

Hop, hop...

Hop, hop...

¿No debía quedarse Betsy en Inglaterra?

Ella es quien quiso volver.

Bueno, ¿no vas a gastarme ninguna broma hoy?

Un año de exilio, lejos del hombre que amo,

¿no es bastante sufrimiento para merecerle?

El amor no se conjuga ni en pasado ni en futuro, Betsy,

sino en presente.

Y el presente está gordo y enfermo.

Usted me ama, lo sé.

El Emperador no te ama.

Contrarías sus planes.

No es esa la pasión que quiere representar en su último acto.

Cuando te vio esta mañana,

tan bella...

casi se resintió.

¿Por convertirme en mujer?

No elijas ese camino, Betsy.

Está atestado de mujeres que para mí no son nada,

como la que nos observa en este instante.

No hay amor en mi cama.

Solo favores y letras de cambio.

¿Es lo que deseas?

Vamos, vamos...

Te enseñaré a montar a Hope

y el año próximo ganarás la carrera de Deadwood.

Imagínate la rabia de Lowe cuando se entere.

Vamos.

¿Quieres seguir 10 años en esta isla? Yo no.

Tiene una salud de hierro. Sobrevivió a la retirada de Rusia.

Debemos hacer algo,

antes de que se tire a la virgencita inglesa y nos desherede.

¿Van a hacerlo, verdad?

A menos que lo hagan los ingleses.

¿No es tradición que ellos disparen primero?

¿Duermes?

No.

Un gran hombre nunca duerme.

Intento convertirme en uno.

No lo intentes demasiado, hijo.

Es una enfermedad que no tiene cura.

¿Cómo puede un hombre que ha tenido el mundo en sus manos

aceptar no ser ya nada?

No, el ser ya nada. Ser él mismo, por fin.

Siempre has vivido como en un libro de historia.

Te queda poco para empezar a vivir.

Napoleón ha muerto, viva Naboulio.

Naboulio... Está tan lejos de mí...

¡Tonterías!

Yo lo he visto esta tarde, con Betsy, junto a la cerca.

Ah... Me pagas para verlo todo, Majestad.

¿La quieres o no?

¿Ves como puedes hablar de forma sencilla cuando quieres?

Esas pócimas me hacen el mismo efecto que si las tomaras tú.

¿Se encuentra mejor, Sire?

No está mal este vino de Constance.

- ¿Por qué esta cita? - Solo para charlar.

Por favor, siéntate.

Este lugar le sienta bien.

Las ramas son tan retorcidas como usted.

Montas tan mal como vistes.

Monto por complacerme a mí no a los demás.

El Emperador te respeta. Serás más hábil que yo.

¿Cuánto piensas sacarle?

Ah, tenía muy mala opinión de usted, que creía exagerada.

Pero estaba por debajo de la realidad.

No me dirás que le quieres.

Es más grave de lo que me imaginaba.

Como cortesana, me divertías. Como enamorada, te compadezco.

¿Le has mirado bien? Es gordo y se queda calvo.

Estás enamorada del amor, pequeña.

Yo le acompaño en la cama. Y esa cama no cruje mucho, créeme.

Simplemente habrá olvidado Ud. lo que es amar.

El amor es como la virginidad. Cuando sangra, se ha perdido.

Cuando el Emperador tenga la tuya, te tirará, con sus sábanas manchadas.

Vamos, piénsalo.

¿Quién es la mujer que más le duró? ¿La que más ha querido?

¡Josefina!

Era mayor que él.

De las mujeres, le gusta la experiencia.

Rara vez su conversación y nunca su deseo de exclusividad.

¿Estás dispuesta a compartirle?

¿Y usted a perderle?

PARÍS 15 DE DICIEMBRE DE 1840

Betsy. Betsy Balcombe.

Esa pequeña peste tenía alma de cortesana.

Usted debería saberlo, estaba en primera fila.

Sus sentimientos por Napoleón eran sinceros.

Era indudable visto desde la primera fila.

Sea como sea, no tengo su dirección.

Sólo sé que posee una inmensa plantación en Baton Rouge, Luisiana.

¿Ha vuelto a ver a Lowe?

No.

Habrá puesto mala cara al ver pasar el cortejo.

Está aquí.

El Ministro de Policía nos ha advertido de su presencia,

en un hotelucho de la Rue aux Fèves.

Será muy distinto de Plantation House.

En todo caso, no creo que me olvide nunca de su fecha de cumpleaños.

La idea de un complot de evasión debía de ser su obsesión, ¿no?

Sabíamos que tenía relación con el cónsul de Francia en Brasil,

que acosaba a los bonapartistas exiliados.

Sin embargo, el complot salió de Río de Janeiro.

CORCOVADO, BRASIL, 1817

¿General Van Hogendorp?

Capitán Carpenter.

Me han dicho cosas muy buenas de usted, Capitán.

3.000 hombres, 500 cañones y una veintena de baterías de morteros.

¿Y la defensa por mar?

Dos barcos patrullando alrededor de la isla,

en direcciones opuestas, día y noche.

Salvo si hay tormenta.

En julio la niebla es tan densa

que no se puede distinguir el litoral de la isla.

- ¿Cómo sabrá el Emperador que vamos? - Gracias a esto.

La sección de juegos del Morning Chronicle.

La lleva un bonapartista.

El Emperador y yo nos comunicamos por esos crucigramas

gracias a un código creado por el propio Napoleón.

Estados Unidos es una nación cuyos principios parecen suyos, Sire.

Aunque ese proyecto de fuga tuviera éxito

solo sería libre en el anonimato, y anónimo solo muerto.

Pero, Sire, yo...

Ya solo queda el suicidio.

Ya. La solución de los cobardes.

O los desesperados.

Tal vez.

Pero sin reina, no hay colmena.

Olvidas que la colmena ha renegado de la reina.

No quiero reinar más.

Quiero ser una simple abeja.

- Ahí está. - ¿Qué?

La razón válida para dejar la isla:

Ser una simple abeja.

Y, para eso, el Emperador debe morir.

- Empuje, señora. - Bien, buena chica.

Otra vez, ¡empuje!

Empuje. ¡Con más fuerza!

¡Ahora, vamos. Empuje!

Es una niña, Sire.

Le felicito, Montholon.

- Señoritas... - Bienvenidas, señoras.

¿Señoras? Estos franceses saben cómo tratar a una chica.

¡Un regalito para mi amigo Basil!

¿Qué te pasa?

El vino de Constance...

Intentan envenenar al Emperador.

- Estírate, voy a buscar a O'Meara. - No me fío de él.

Ocúpate de ella.

Basil...

Debo pedirte un favor...

Un favor sin preguntas.

- Ya está bien, puedes irte. - ¿Seguro?

Te he dicho sin preguntas.

¿He sido envenenado?

Arsénico.

- ¿Quién te lo ha comprado? - ¿Quién no lo ha hecho?

Debido a las ratas, recibo pedidos de toda la isla.

¿Conoces algún antídoto?

A pequeñas dosis, sí. Basta con parar.

Pero tienes otro mal contra el que no puedo hacer nada.

¿Qué mal?

¿De qué murió tu padre?

De una úlcera de estómago.

¿Por qué...?

GOURGAUD. Tres días después, moría Cipriani.

Aparentemente de apendicitis aguda.

Y según usted, ¿de qué habría muerto?

Pregúnteselo a O'Meara. Yo nunca me fié de él.

Unas veces era un oficial inglés, otras, médico,

y nunca sabías a quién te dirigías.

Sin embargo,

el Emperador tendría sus razones para dejarle 100.000 francos.

¿El emperador sabía que trataban de envenenarle?

Económicamente, sabía que los ingleses no tenían otra elección.

Pero de ahí a sospechar de nosotros...

Me lo habría dicho. Yo era su preferido, ¿sabe?

¿Puedo hacerle una pregunta molesta?

Ya no me molesta nada. He oído de todo.

¿Cuáles fueron los verdaderos motivos de su ruptura con el Emperador?

Nunca hubo una ruptura entre el Emperador y yo.

Todo aquello era parte del plan.

¿Del plan?

¿Qué plan?

Ocurrió justo después de la muerte de Cipriani.

El Emperador estaba consternado.

Llevaba semanas encerrado en su habitación.

Sin querer ver a nadie.

Hasta aquel día...

Su Majestad. Sir Hudson Lowe, gobernador de la isla.

General...

En Santa Helena hay escasez de víveres y forrajes.

Es la octava vez que se produce desde mi llegada.

Y no será la última.

- ¿Sabe Ud. El motivo? - Debemos importarlo todo.

El motivo es que sir Lowe no sabe administrar.

Cava trincheras, levanta torres,

siempre está dispuesto a librar combate,

pero omite construir un almacén.

Sin duda, tiene instrucciones de matarme lentamente.

Usted mismo lo está haciendo, negándose a recibir un médico.

O'Meara era excelente y usted le despidió.

Es un Teniente General pero se comporta como un centinela.

Su última evasión causó 60.000 muertos en Waterloo.

Comprenderá que tome mis precauciones.

Pues las toma mal.

Para controlar Santa Helena le bastaría con controlar sus valles,

una docena de puestos a cambiar cada 15 días.

Podría despedir a mil hombres y entrar en el presupuesto de Bathurst.

Me pregunto a qué espera Bathurst para nombrarle Gobernador de la isla.

No me fue tan mal en la isla de Elba.

Ahora tiene carreteras, puentes y una industria floreciente.

Si mi conducta no se aprobara,

me habrían reemplazado hace mucho tiempo.

Ejecuto fielmente mis instrucciones.

Sus instrucciones... ¡No tiene otra palabra en la boca!

Un verdugo tiene instrucciones. Haga como él, ejecute y acabemos ya.

Todo eso, afortunadamente, me resbala.

Me ve Ud. Muy feliz, creerá que tengo suerte.

Señor, no he venido para ser insultado.

- Pues no haber venido. - Me hace usted sonreír.

Pues aproveche, porque no durará.

En unos años estará sepultado bajo el polvo del olvido.

Y acabará solo con sus remordimientos.

¿Qué intenta decirme, General?

¿Que el Emperador simuló su enfermedad

para convencer al Gobernador que no tenía fuerzas para fugarse?

Lo siento, estoy obligado por el secreto.

El secreto no le obligaba demasiado

mientras le entregaba información de Longwood a sir Lowe, ante mí.

- ¿También formaba parte del plan? - ¡Obviamente!

No pido sino a ser convencido.

¿Tengo su palabra de oficial?

¡Envidia a los Montholon y tiene la desvergüenza de decírmelo!

¿Es culpa mía si soy demasiado sincero?

¡No es bueno decir todo lo que uno piensa!

¡Uno debe saber fingir y cultivar el arte de vivir en sociedad!

¿Se quiere ir? Bien, ¡váyase! ¡No le retendré!

¡Nos veremos en el otro mundo!

Para poder enviar un mensaje a Francia.

El plan era que yo hiciese el papel de traidor

y que propagase calumnias

de modo que mi despido no despertase sospechas.

Según el plan, obtuve un pasaje para el primer navío hacia Inglaterra.

En la isla Ascensión es donde debía encontrármelos.

¡Madre de Dios!

No tiene ningún sentido.

¿No me cree?

Este es el plano del desembarco que entregué a los americanos.

Van Hogendorp me lo devolvió en el 21.

- ¿Reconoce la letra? - ¡No puede ser!

La noche del desembarco,

Plantation House ofrecía un baile por el cumpleaños del Gobernador.

¿Saben qué contestó el Emperador?

"¿Por qué cree que le elegí como Ministro de Finanzas?

¿Por su sentido de la economía?

¡Por Dios, no! Por su talento como derrochador. "

Dicen que se fía mucho en la opinión del Mariscal.

Debe saber que cuando el Emperador pide una opinión

solo es para que compartan la suya.

- ¿Cómo se llama? - Sabrina.

Sabrina. Bonito nombre.

Creo que es la mejor fiesta a la que he asistido...

Una mujer debe casar a su hija muy joven.

Tenerla cerca envejece,

sobretodo a usted, querida, con su salud tan frágil.

No, por favor, continúen.

No me siento muy bien. Creo que me retiraré.

- Nada grave, espero. - No.

- ¿Quieres que te acompañe? - No es nada, gracias.

Diviértete por los dos.

Su Excelencia, la velada ha sido admirable.

Gracias.

Feliz cumpleaños, sir Lowe.

Estamos listos, Mariscal.

Están en la playa, Sire.

Desde Fontainebleau, sé que nuestras despedidas nunca son definitivas.

Sire, le están esperando.

Sire, esos hombres arriesgan su vida por usted.

Van Hogendorp...

Alí, ve a buscar al ayudante de campo.

Miss Betsy, ¿me concede el honor de este baile?

Por supuesto.

- Hay algo que quiero decirle... - No, por favor, Teniente.

No puedo guardar silencio más tiempo o reventaré.

- Bien, entonces le escucho. - Pues...

¡Teniente! El general Bonaparte requiere su presencia en Longwood.

Discúlpeme.

¿Qué pasa?

Esto no me gusta.

- ¿Me ha llamado, señor? - Exacto, Teniente.

Unos corsarios intentarán secuestrarme.

Vaya a avisar al Gobernador.

- ¿Secuestrarle? - Sí.

Desembarcan en este mismo instante en Sandy Bay.

Me encerraré en Longwood y me defenderé.

Buenas noches.

He dicho "buenas noches", Teniente.

Hay un desembarco, señor. En Sandy Bay.

Discúlpeme.

- ¿Dónde está Bonaparte? - En Longwood.

- Me envía a avisarle. - ¿Que ha hecho qué?

Dice que unos corsarios intentan secuestrarle.

Alerte a los hombres.

Todos los oficiales, a las caballerizas inmediatamente.

- ¿Le ha pasado algo al Emperador? - No, no se preocupe.

Oficiales...

Creí que los guardacostas habían vuelto al puerto.

Y han vuelto al puerto.

- Avisa a Plantation House enseguida. - ¡Sí, señor!

Necesitamos refuerzos. ¡A las armas!

¡Disparad!

¡Agachaos!

¡Fuego!

¡Cúbranse detras de las rocas!

- ¡El Emperador no vendrá! - ¿Cómo que no vendrá?

¡No!

¡Retirada, General! ¡Retirada! ¡Retirada!

¡Vamos, deprisa!

¡Compañía, a la carga! ¡A la carga!

Al día siguiente, en su informe, Hudson Lowe notificó a Lord Bathurst

que unos "traficantes de esclavos" intentaron desembarcar en la isla.

¿Cómo se enteró Bonaparte del desembarco?

Lo ignoro, señor.

Cuando dejé Longwood, el tiroteo no había comenzado.

Alguien le tuvo que informar.

¿Los Balcombe le han visitado últimamente?

La última vez fue hace un mes.

Que usted sepa, querrá decir.

Los Balcombe estuvieron en Plantation House anoche

y también los Bertrand.

El súbito malestar del Gran Mariscal fue muy oportuno

a la luz de lo sucedido.

El Sr. Balcombe necesita vacaciones. Unas vacaciones muy largas.

Le he querido desde el primer día que le vi, Sire.

A caballo, era usted el ser más majestuoso del mundo.

De cerca, debí parecerte más pequeño.

Sobre todo, más humano.

Me costaba distinguir su rostro.

La luz del sol me deslumbraba.

Llovía a cántaros, Betsy.

¿Ah sí?

Sí.

Esa sonrisa...

Fue esa misma sonrisa la que me hechizó, Sire.

Ningún retrato del Emperador

hace justicia al hombre del que me enamoré aquel día.

Nunca volveré a ser quien fui.

Si piensas en el Emperador, no pensarás en mí.

Y si usted piensa en la niña que fui,

tampoco estará pensando en mí.

Betsy se llevaba consigo mi corazón.

Nunca había logrado expresarle mis sentimientos.

Habría de esperar 20 años para que se presentara otra ocasión.

Lograron desembarcar a pesar de la niebla. Habría podido evadirse.

¿Por qué me hizo avisar?

Quien se evade reconoce ser un prisionero.

Y partir, ¿para ir adónde?

¿Por cuánto tiempo?

Tengo un trato que proponerle.

¿Un trato? ¿Qué trampa quiere tenderme?

El único que le salve de los suyos.

Cuando yo haya muerto, lo que no tardará,

¿cómo le recibirán en Inglaterra?

Como a un héroe. Vigilarle no es tarea fácil.

Si el verdugo es un héroe, ¿por qué lleva capucha?

Usted encarnará a la mala conciencia nacional.

No descansarán hasta que desaparezca.

Su amigo Bathurst será el primero en rehuirle,

y ni siquiera recibirá su pensión.

Entonces mi dinero le será útil.

¿Qué dinero?

El que recibirá si acepta mi proposición.

Deseo ser enterrado en una tumba anónima,

a orillas del Sena,

en medio del pueblo francés que tanto he amado.

Nada de lo que hará transgredirá sus sacrosantas instrucciones.

Yo moriré en esta isla.

Sin embargo, no me enterrarán aquí.

Prepare su equipaje, Albine.

Se marcha en el próximo barco.

No podía librarse de mí así...

Mi partida le costó muy caro.

Los mejores años de mi juventud,

¿no cree que eso merece un tercio de su legado?

Fui la más sabia de sus amantes, me lo decía con frecuencia.

La más experta. La más tonta, diría yo.

¿Cómo pude echar la culpa de mi partida

a mi rivalidad con esa virgencita inglesa?

Napoleón me alejó, como había alejado a O'Meara...

- A Gourgaud... - Y a Betsy.

Todos dejaron Longwood en 1818.

¿Lo considera una casualidad?

No lo sé.

Veinte años después sigo sin saberlo.

Lo que sé es que Napoleón

no decidía nada sin haber analizado cada consecuencia de sus actos.

Algo ocurrió en Santa Helena después de nuestra partida.

Algo de lo que Napoleón no quería que fuéramos testigos.

Si organizase usted su propia fuga con el mayor secreto

y todo anduviese según lo previsto,

¿por qué fracasaría su plan?

Responda a esa pregunta y será usted Emperador, Coronel.

Yo creía que heredando su fortuna llenaría aquél vacío...

Pero tenía razón la pequeña Betsy.

Estaba dispuesta a compartirlo, pero no a perderlo.

Tengo tantos remordimientos...

Tal vez sea eso el amor.

¿Tiene noticias de su marido?

¡Charles!

En 5 años, mi ex marido malgastó lo que le legó el Emperador.

Y encontró una nueva cruzada: "Napoleón lll".

Su golpe de estado de Boulogne fracasó lamentablemente en octubre.

Y ahora Charles se encuentra con su futuro Emperador

en el único lugar donde puede librarse de sus acreedores: En la cárcel.

FUERTE DE HAM 15 DE DICIEMBRE, 1840

¿Quién le es más leal al Emperador?

¿Los que permiten a los Borbones recuperar su gloria,

organizando el retorno de sus despojos?

¿O los que sufren 20 años de prisión por devolver el trono a un Bonaparte?

¿Cómo se puede poner Gourgaud en la portada de los diarios,

llamándole "héroe" cuando traicionó al Emperador?

Esperaba que ante su tumba, en presencia del muerto,

cayera de rodillas, pidiendo perdón.

- Pero no... - ¿Y usted, General?

¿Por qué no se presentó a la exhumación?

Aún no era preso cuando salió la expedición.

¿Tenía miedo de que hubiera un regusto a vino con arsénico?

Ah, no digo que no lo haya considerado...

Como todos los demás.

¿Le habría pedido al Gobernador una autopsia, de haberle envenenado?

En 1819, Francia declaró el exilio perpetuo.

Fue eso, lo que precipitó el fin.

Por Dios, ¿qué ha pasado aquí?

Requiso unas zanjas en el jardín bordeándolos con hayas y eucaliptos.

Esa estructura sirve, al parecer, para dar algo de frescor a la casa.

¿Y usted no lo vio venir, Teniente?

- El cuida el jardín, señor. - Cuida el jardín.

Y tan bien que nuestros guardias no le ven, aunque esté paseándose.

- ¿Cuándo fue la última vez? - Hace tres semanas.

Hace dos meses, señor.

"Señor, me veo obligado a recordarle

que tengo la obligación de comprobar

su presencia.

Por consiguiente,

le pediría que concediera al Ayudante de Campo

una audiencia diaria entre las 9 y las 11,

de la mañana y de la noche. "

Traigo un mensaje del Gobernador para el general Bonaparte.

¿Puede entregarle este sobre?

Debo rechazar lo que no esté dirigido al Emperador Napoleón.

Napoleón se negó a ceder a las demandas de Lowe

y por inclemente que fuera el tiempo, mi deber era divisarle cada día.

No fue tarea fácil,

ya que su salud flaqueaba y él guardaba cama.

Un día entreví la figura de un hombre cubierto con un bicornio.

Si los franceses llevan sombrero al sentarse a la mesa,

entonces tal vez fuera Bonaparte.

Por fin logré verle con cierta claridad.

Estaba a unos 70 pasos de él.

Se había adelgazado considerablemente.

Era totalmente irreconocible.

No logré ver al general Bonaparte.

No tenía medios de certificar su presencia en la isla.

Sólo la actividad de sus sirvientes parecía indicar que estaba allí.

Su Excelencia, el teniente Heathcote.

Señor,

exige de mí cosas degradantes para un oficial inglés

e indignas de un hombre de honor.

Acosar así a un hombre enfermo es despreciable.

El deber de un soldado es cumplir órdenes, Heathcote,

no cuestionarlas.

Tuvo ocasión de escapar, señor, y no lo hizo.

¿Por qué molestarse en espiarle así?

Usted no sabe de lo que es capaz ese hombre.

No puedo cumplir esta misión sin perder mi propia estima.

Presento mi dimisión, señor.

¡Teniente!

Todo lo que ha visto u oído en esta isla referente al General

debe permanecer estrictamente confidencial.

¿Me he explicado con claridad?

Al marcharme un año antes de su muerte,

me convertí en partícipe involuntario del plan del Emperador.

En los meses siguientes a su partida, la salud del Emperador empeoró.

SANTA HELENA 5 DE MAYO, 1821

Fuera ya los falsos apóstoles,

solo quedamos Bertrand y yo.

Pelotón, ¡preparados!

¡Apunten! ¡Fuego!

Pelotón, ¡preparados!

¡Apunten!

¡Fuego!

¡Apunten!

¡Apunten! ¡Fuego!

¿Por qué se negó el Emperador a que se constatase su presencia?

- ¿Por orgullo? - ¿Por qué prohibir las visitas?

- Por pudor. - ¿Por qué estuvo un año sin médico,

cuando estaba enfermo?

Por desconfianza.

¿Qué ocurrió en Longwood a partir de 1818

que justifique todas esas partidas?

O'Meara, Gourgaud, Albine,

los Balcombe y la mitad del servicio.

La lasitud.

Su ex esposa ve en ello algo distinto.

Ve al Emperador desembarazándose de sus íntimos,

antes de que se conviertan en testigos molestos.

Fue su Gobernador quien quiso librarse de los franceses,

hasta de sus últimas huellas.

Se negó a poner una inscripción en la lápida del Emperador.

Él y su mujer saquearon Longwood en cuanto nos fuimos.

- Incluso profanó la tumba de Cipriani. - ¿El mayordomo?

Cipriani desapareció del cementerio, así como del registro de defunciones.

Bertrand y Gourgaud quisieron traerle junto al Emperador. Me lo dijeron.

¿Por qué Hudson Lowe haría desaparecer el cadáver de Cipriani?

Sus periódicos dirán lo que quieran

pero el preferido del Emperador fui yo.

Lo sacrifiqué todo por él.

Incluso a mi propia esposa.

¿Qué motivó Hudson Lowe a volver a París para el retorno de las cenizas?

¿El último homenaje del vencido al conquistador,

burlándose del destino?

¿O el gozo de ser el único portador del secreto?

¿Seguro de que es aquí? Es un sitio peligroso.

Sir Hudson,

¿está usted ahí?

¿Quién le envía? ¿Los bonapartistas o los Whigs?

- ¿Cómo me ha encontrado? - Serví a sus órdenes, Gobernador.

Soy el Col... El teniente Heathcote.

¿Heathcote? ¿El que dimitió?

- Le envían para matarme. - No.

No pudieron conmigo ni en Grecia ni en la Isla Mauricio.

Creí que me habían olvidado.

Se trata de Santa Helena. Hay algo que me obsesiona.

¿Usted también piensa escribir un libro?

Le daré un consejo. Si quiere venderlo, hable mal de mí.

Ha sido la moda durante 19 años, 7 meses y 20 días.

Quiero hablarle de la desaparición...

¿Coronel...?

He estado esperando ese ascenso durante 19 años.

¿Tiene usted idea de lo que es ser un paria en su propio país?

- No, señor. - Ganaba 12.000 libras al año.

Tenía los poderes de un virrey...

Un palacio digno de un príncipe...

¿Por qué estoy en esta pocilga?

¿Por qué la espada debe pagar por la mano que la esgrime?

¿Qué hizo con Cipriani?

¿Qué intenta decir?

Sus restos desaparecieron de su tumba. Fue obra suya ¿no?

¿Quién ha podido inventar algo así?

Montholon.

¿Sabe cómo llaman los franceses a Montholon?

¡El mentiroso!

¿Qué le prometió él a cambio? ¿Dinero?

¿De quién está hablando?

¡Del Emperador y del trato que hicieron!

¿Qué?

Nunca hubo ningún trato entre el General y yo.

¡Qué ocurrencia!

Además, ¿cómo podía haberlo, si por entonces ya no nos hablábamos?

Cuando se fueron Balcombe, le vi salir de Longwood.

Fue a ver al Emperador, ¿no es así?

Sin duda, tendría una cita con Montholon.

Con quien hizo fracasar la evasión, porque usted quería saber la razón.

Quien se evade reconoce ser un prisionero.

Al negarse a abandonar la isla, Napoleón se ganó su confianza.

Eso hizo posible el trato.

El Emperador lo había previsto todo, incluido el retorno de sus restos.

Yo moriré en esta isla.

Sin embargo, no me enterrarán aquí.

Pondrá a Cipriani en mi lugar.

Lo tiene fácil.

Antes del entierro, pedí que le pusieran mi uniforme

por si Francia, algún día, reclamase mi cuerpo.

¿Cómo reaccionó cuando supo que se exhumaría el cuerpo?

¿Temió usted que el engaño fuera descubierto?

¿Qué podían estar haciendo Bertrand, Gourgaud,

y un pequeño grupo de leales en la apertura de la tumba, sino...

mentir y afirmar reconocer el cuerpo que un país aguardaba con fervor?

Francia ofrecería un funeral de estado a un mayordomo.

Napoleón, él, descansaba a orillas del Sena, anónimamente...

Ud. Era el único a quien el Emperador había confiado su secreto.

Es usted mucho mejor dramaturgo que oficial, Heathcote.

Confundió su vocación.

El problema es que en la exhumación no estuvo sólo su círculo privado.

Había testigos ingleses que no tenían necesidad de mentir.

Según ellos, el rostro de Bonaparte

estaba milagrosamente bien conservado.

Fue a él,

no a Cipriani,

a quien declararon reconocer.

Aparte de su círculo privado,

ninguno de los testigos presentes había visto antes a Napoleón.

Ambos eran corsos y habían crecido juntos. Su mimetismo era natural.

Su cargo de Mayordomo nos impedía ver en él al Emperador.

Sin embargo, pensándolo bien,

Cipriani se parecía al Napoleón que no conocíamos.

Al de las medallas, al Primer Cónsul.

Cuando se abrió el ataúd, aquel fue el Napoleón

que todos los testigos, ingleses y franceses,

afirmaron reconocer.

No tenemos nada más que hablar. Le pido que se vaya, por favor.

¿Por qué su informe fue tan ambiguo?

¿Por qué si redactaba informes diarios de 380 párrafos,

fue impreciso en el acontecimiento más importante de cautividad?

¡Fuera!

¿Dónde puso a Napoleón?

¿Dónde está enterrado?

Está en su tumba en los Inválidos. Lo juro por mi honor.

Caminé como un sonámbulo hasta los Inválidos.

Pasé entre los veteranos que habían decidido acampar allí.

Ellos habían participado en las mayores campañas del Emperador.

Yo, solamente en la de Santa Helena.

Necesitaba acercarme al Emperador por última vez.

Su puerta estaba guardada por un solo hombre.

Su fiel Alí velaba por su Emperador muerto,

como había velado por él en vida.

Yo ya no era el Ayudante de Campo de Longwood exigiendo una audiencia,

sino un hombre que deseaba presentar sus respetos.

Aquella noche había alguien en su dormitorio.

Alguien que estaba enfermo.

He dicho "buenas noches", Teniente.

¿Quién estaría en sus aposentos aquella noche?

Algo ha ocurrido en Santa Helena después de nuestra partida.

Algo de lo que Napoleón no quería que fuéramos testigos.

- ¿Cuándo fue visto por última vez? - Hace tres semanas.

Hace dos meses, señor.

Durante los últimos dos años, nadie, fuera de su círculo íntimo,

pudo acercarse al Emperador.

Solo hay una batalla importante, Sr. Gobernador, la última.

¡Tenientel

Todo lo que ha oído o visto en esta isla referente al General,

debe permanecer estríctamente confidencial.

Cipriani desapareció del cementerio, así como del registro de defunciones.

¿Sabe cómo llaman los franceses a Montholon?

El mentiroso.

¿Y qué hay del entierro de Cipriani? ¿Y del certificado de defunción?

Pregúnteselo a O'Meara.

El Emperador tendría sus razones para dejarle 100.000 francos.

Napoleón está en su tumba en los Inválidos.

Toma mi último suspiro y respira por fin.

Cipriani, amigo mío. Gracias.

Napoleón no murió en Santa Helena.

LUISIANA, ALGUNOS MESES MÁS TARDE.

Es una de las mayores plantaciones de por aquí.

Pertenece al Sr. Y la Sra. Abell.

¿Como abeja?

No, Abell.

Betsy Abell.

Betsy "Abeille".

¡Mamá!

Date prisa, es la hora de mi clase de equitación.

Oh, ¡empieza sin mí, Leticia, no tardaré!

- ¿Está el Sr. Abell aquí? - El Sr. Abell murió.

Hace ya cuatro años, señor.

Su hija se llamaba Leticia.

Era morena como Córcega.

¿Por qué mi mente buscaba tantas pruebas?

¿Por qué se obstinaba en dar la espalda a la razón?

¿Ese "sacrificio de la razón por fascinación" me estaría afectando?

¿Acaso mi mente intentaba demostrar a esa parte de mi ser,

aún envenenada por la razón,

que todo esto no era simplemente un sueño?

¿Quién fue entonces ese Sr. Abell

a quien tan fácilmente había empezado a llamar Sr. Abeja,

encantado con la metáfora?

Quería creer que el Emperador no había muerto en Santa. Helena.

¿Habría ganado su última batalla?

¿Habría muerto como un hombre libre?

Mi mente se niega a responder a esa pregunta.

Elegir sería aceptar volverse razonable.

Y no le deseo a nadie los límites de esa prisión.

NUNCA SE ENCONTRÓ EL CUERPO DE CIPRIANI

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.