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(Música)
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(Niños jugando)
(Silbato)
¡El último en llegar a la fila dará dos vueltas más!
(Silbato)
¡Vamos! ¿Qué pasa? ¡Aprisa!
¿Qué haces, imbécil?
¿Qué pasa, Jesús?
Muy bien, ya puedes empezar a correr.
Y pararás cuando yo lo diga.
¡Vamos, aprisa!
¡Venga, a correr!
Bien.
A ver, nosotros vamos a hacer unas flexiones.
Manos a la cadera.
¿De acuerdo?
Abajo, arriba. Abajo, arriba.
Uno, dos. Uno, dos.
Uno, dos. Uno, dos.
¡Vamos! Uno, dos.
¡Vamos, vamos! Abajo, arriba.
Bien, basta.
Ahora saltando.
Con los brazos en cruz, palmada arriba.
Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro.
Vamos.
Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro.
Uno, dos, tres, cuatro.
(Música)
Estoy seguro que Alejandro se avergonzaría de vosotros.
¿Y crees que tu postura nos reportará algún beneficio?
Por ahora, solo te estás ganando palos.
Claro.
Y eso os va a perjudicar a vosotros. No se trata de eso.
Yo no estoy a favor de la violenc...
Creo que hoy toca chocolate.
¿Ves?
Es que no te gusta el chocolate.
A ti nunca te ha gustado el dulce. ¡Mira, Domingo!
¡Estás loco! Eres...
¡Eres estúpido! Jesús, por favor...
Pero bueno... Solo he pretendido decirle
que me diera su chocolate. Bueno, basta ya.
Cálmate y procura, no sé,
tener un poco de consciencia de la situación.
Por mí se lo puede tragar.
Jesús, trata de comprenderlo.
De nada sirve... ¿Quieres que le siga la corriente?
Pues muy bien.
Si eso es muy importante, le daré mi chocolate.
Esto es ridículo. Es bien sencillo.
No le aguanto. No le aguanté nunca y ahora menos.
Jesús, me asustas.
Debemos permanecer unidos. Será la últim...
Ahí llega.
(Música)
¡Jesús!
¡Jesús!
¡Jesús!
No hay nadie.
¿Dónde estará Alejandro? No lo sé.
Supongo que lo habrán encerrado en la galería de arriba.
Tenemos que hablar con él.
Esta noche después del castigo trataré de encontrarlo.
No, no, no, no debes arriesgarte.
Si te descubren será peor. Es mejor no hacer nada.
Tal vez mañana le permitan bajar al comedor.
(Persona silbando)
(SE SOBRESALTA)
¡Lávese bien el sobaco, luego huele a cerdo!
(Música)
¡Silencio ahí fuera!
¿Qué tal? ¿Se te ha pasado? No, tengo una acidez...
Las 23:15.
Me voy a ir a la cama pero ya.
¿Les vas a tener ahí mucho tiempo? No sé, depende.
Pero tú no te preocupes, ya me encargo yo.
Tú vete, vete si quieres.
No, si antes voy a dar una vuelta por la cocina.
Vale.
Podías comprobar si todo está en orden
y asomarte arriba a ver si el Alejandro está tranqui.
Bien.
¡Ah, oye! ¿Sí?
Mañana tocamos diana a las seis.
Dile a Lola que prepare los desayunos.
Vale.
¿Quién ha sido?
¿No me han oído?
He dicho que quién ha sido el guarro.
Si nadie ha hecho nada. Padre.
Nadie ha hecho nada, padre. ¡Ah! Insinúas que miento.
No, no, no he querido decir eso. ¡Ah! Porque no solo lo he oído,
sino que, además, huele.
¿O no huele?
¿Es que no tenéis olfato?
Sí, sí, padre, huele, huele. Huele muy mal.
Ah... Por fin.
Entonces, has sido tú. No, no.
Le juro que yo no... Yo no he sido.
Bueno.
Si no has sido tú y Alfredo no ha oído nada...
Entonces, ha sido Jesús.
El guarro,
el maleducado,
el repugnante Jesús.
Deberías haberlo dicho antes para no comprometer a tus compañeros.
¿Eh?
Ponte de rodillas.
Ahora pídeles perdón.
Y reconoce que no mereces su amistad.
Perdón.
No...
No merezco vuestra amistad.
(Música)
¡Déjenme salir!
¿No me oyen?
¡Quiero salir! ¡Basta ya!
(GOLPEA) ¡Quiero salir!
¡Abran!
¡Abran! ¡Sáquenme de aquí! ¡Abran!
¡Quiero salir, abran! (GOLPEA LA PUERTA)
¡Jesús!
¡Sácame de aquí!
(Música)
(Despertador)
(DA PALMAS)
Ya sabes que siento lo de ayer.
Es igual. Yo...
Siento que se la hayan tomado contigo.
(RÍE) ¿Conmigo?
Eso crees tú, no es así de fácil.
Bueno, está bien.
¿Pero qué podemos hacer? Hacer algo.
Y no quedarnos así, aguantando como críos.
¡Es vergonzoso! ¿De qué habláis?
De nada que te interese. Vamos, Jesús...
De una vez por todas, dile que no se meta conmigo para nada.
¿Pero por qué?
Perdona, Jesús, pero no te entiendo.
Esta situación no justifica tu repentino odio, tu frialdad.
¿Repentino? ¿Has dicho repentino?
(RÍE) Pobre Alfredo.
No estás descubriendo nada nuevo.
Para mí no hay nada más denigrante que bajarse los pantalones.
No perdamos el poco tiempo que tenemos en hablar tonterías.
No, escucha, no son tonterías.
Por encima de todo está la dignidad del amor propio.
¿Pero de qué hablas?
Aquí todos pasamos por el aro, ¿eh? Tú, yo y aquel. Todos.
Que tú seas más duro o más valiente, no significa nada.
¡Te equivocas!
Por suerte,
todavía existen las clases.
Lo quieras o no, Domingo debe estar en su lugar.
No te hagas ahora el benévolo.
Sabemos muy bien quién es quién aquí.
No pienso compartir con él absolutamente nada.
Como mucho, debía estar ayudándonos, pero ya ves su cobardía.
Siempre ha sido un mandado, un imbécil.
Lo lleva dentro. Qué vergüenza oírte decir eso.
Vamos, vamos, no somos santos. No, no.
No lo somos.
Bien.
¿Piensas hacer algo?
¿Pero qué quieres?
¿Qué vuelva a ocurrir lo del otro día?
¿Eso quieres?
Lo único posible sería escapar.
Esto es casi una cárcel.
No, Alfredo.
Si Alejandro estuviera aquí...
Mira, lo mejor será que les obedezcas, ¿eh?
Tu orgullo no hace más que favorecer sus castigos.
Y, en cierto modo, tú te lo buscas. Sí, claro.
Encima dales la razón. No, no, no es eso, no.
Hay algo...
Algo que me come por dentro.
Sí.
Algo extraño.
Mira, déjame en paz.
Si estás con ellos, confiésate con ellos.
Conmigo no hagas filosofía. Mira, eres imposible.
(Golpes en la puerta)
(Golpes)
¿Qué hacía ahí sentado?
Nada, yo estaba...
¿No sabe que no puede moverse de su sitio?
¡Vaya a sentarse!
Y no se mueva.
Buenos días, señores.
¿Dispuestos a comenzar el nuevo día?
Es un día radiante.
¿Pero qué les sucede?
¿No están contentos?
Domingo, digo que es un día espléndido.
Sí. ¿Cómo?
Que sí, señor. Ah, bueno, no te había entendido.
Y si es un buen día, ¿por qué no sonríes?
Eso es. Siéntate.
Bueno, parece que lo único que les interesa es desayunar.
¡Dolores!
(Música)
¡Eh! ¿Pero qué pasa ahora?
El timbre de su puerta cayó anoche. ¿Dónde fue?
Eso no es cierto, yo no me moví. ¿Ah, no?
Pues yo he visto que el número 8 abrió su puerta.
No soy el 8.
Oh...
Qué lamentable error.
Entonces, ¿quién es el número 8?
Yo.
Muy bien. Usted sabe que eso es falta grave.
Venga acá.
Alfredo, levántate.
Vamos.
Pero yo no puedo hacer eso. ¿Ah, no?
Vamos, no me haga perder la paciencia.
Usted no puede obligarme. ¿Cómo que no?
A mí no me haga el tonto, ¿eh?
¿Qué pretende conseguir?
Las 8:15. Suban a clase.
Muy bonito, sí, señor. Muy bonito.
(GRITANDO) ¿Quién ha sido el gracioso?
¡Pregunto que quién ha sido!
No ha sido nadie, ¿verdad? ¡Pues muy bien!
¡Ahora lo vamos a ver!
¡El que haya hecho eso se va a acordar del día en que nació!
¡Alfredo!
¡Alfredo, ven acá!
Vamos.
¡Alfredo, ven aquí!
No.
(GRITA) ¡No!
(Música tensión)
Tú qué quieres, ¿eh?
¡Di, di, vamos!
¿Qué quieres, valiente? Di.
Di qué quieres.
¡Vamos, fuera!
¡Al patio, vamos!
(Música)
(TARAREA)
¿Has visto por aquí a Alfredo?
-No, no he visto nada.
-¿Dónde se habrá metido ese cabrito?
Oye...
¿Tú tienes novio?
-No. ¿Por qué? ¿Tengo cara de ello?
-Más bien sí.
-Pues no.
Nunca se me ha presentado la oportunidad.
Solo he tenido tiempo de trabajar para el inútil de mi hermano...
-¿Te has acostado alguna vez con alguno de los chavales?
-¿Y a ti te importa?
Oye, yo a ti nunca te he preguntado nada.
Puta manía la de fastidiar a los demás...
-Bueno, bueno, cálmate. -Yo me voy. ¡Adiós!
(RÍE) -¡Adiós!
(Música tensión)
(REZA) Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.
(Continúa la música)
Dios te salve, María, llena... Vaya, vaya, vaya.
Mira quién está aquí.
Vamos, ven aquí.
Vamos, baja.
Pero si es mi alumno predilecto.
Alfredito.
El amante fervoroso de la disciplina y el orden.
Por favor... ¿Pero qué te pasa, hombre?
¿Tienes miedo?
¿Y por qué tienes miedo?
Si te portases como debes, no habría razón para temer nada.
Pero...
(RÍE)
Te estás meando. ¡Te estás meando!
Cochino, te estás meando.
¡Marrano! (LLORA ASUSTADO)
Y yo que creía que solo los niños se meaban de miedo.
(Timbre)
Buenos días, padre. Buenos días, señora. ¿Qué desea?
Quisiera ver al padre Ezequiel. Es para confesar.
Ahora está toda la comunidad de vacaciones.
Ah... Como otras veces he venido y... Ya, pero este verano
hemos decidido suspender los servicios parroquiales.
Así que lo siento. Pero es que salimos de vacaciones
y tengo por costumbre confesarme siempre antes de viajar.
¿Y usted no podría confesarme, padre? Pues...
Me pilla usted en un momento...
Tengo muchísimo trabajo.
Bueno...
Bien, tratándose de este caso... Pase.
Pase, pase.
¿Me va a confesar aquí?
¿Por qué no?
El lugar es lo de menos,
lo importante es el hecho de la confesión.
Siéntese.
Qué despacho más bonito.
Pero yo... Prefiero la intimidad del confesionario.
Ayuda más a confiarse... La intimidad, señora,
no es buena en ciertos casos.
Bueno, yo quería decir...
Sé perfectamente lo que usted quiere decir.
La oscuridad y el anonimato nos hacen sentir envalentonados,
pero no se trata de eso, hija mía.
Nuestras culpas tenemos que afrontarlas cara a cara.
Sin miedo.
Con sinceridad. Comencemos.
¿Se llama usted?
Maruja. ¿Maruja qué?
¿Cómo Maruja? No entiendo.
Apellidos. Ah...
Hernández Ortiz.
¿Nacida en...? Madrid.
¿Año? 45.
Casada, supongo. Sí, claro, pero...
¿Hijos? Dos.
¿Dos niños? ¿Dos niñas? ¿Parejita? Dos niños. Pero no entiendo.
Bien.
Digamos... Que se trata de una forma nueva.
Un poco más fría, si quiere, pero más eficaz,
de acercarnos al sacramento de la confesión.
Según las directrices del Vaticano II, el último concilio,
tratamos de dejar de lado el paternalismo de antaño.
De esta forma, ahora nuestro contacto es más profundo,
más directo.
De nada sirve que yo intente aclarar sus dudas
si desconozco sus datos psicosociológicos.
¿Me comprende? Sí, sí, entiendo.
De acuerdo, bien, sigamos. ¿Profesión?
¿Cuántas veces se ha confesado de esto?
Siempre me confieso con el padre Ezequiel.
Sí, ¿pero cuántas?
No sé, una vez cada mes o así.
¿Desde hace...? No sé, ¿qué más da? 4 o 5 años.
¡Pero coño, señora! Y perdone...
¿Usted se arrepiente o no? Hombre, claro.
Bueno...
Falta...
de amor al prójimo.
¡Vaya! Todo es falta de amor al prójimo.
Casi siempre, hija mía, casi siempre.
¿Usted mata? No.
¿Roba? No.
¿Santifica las fiestas? Casi siempre.
¿Fornica? ¡No!
Bueno, sí.
No sé... A ver si se aclara.
¿En qué quedamos?
Que si fornica.
¿Pero por qué no habla?
Yo estoy aquí para ayudarla.
Es que así, en frío...
Intentaré explicarme.
El otro día vinieron a casa unos amigos, un matrimonio.
A mí no me acaban de gustar, son... En fin, que no me gustan.
Siga, siga.
Pues...
Llevaron a casa una revista de esas...
Yo, como usted supondrá, estoy en contra de esas guarradas.
Bueno, al menos, antes. Por eso quería consultarle.
Yo...
El caso es que...
Allí ponía...
Hablaban de...
Vamos, ánimo.
Parece ser que allí decía...
Que la masturbación...
Si no me lo dice, no podré absolverla.
Como mi marido y yo ya solamente
dormimos juntos, cuando él se empeña...
¿Qué?
Decidí probar.
Masturbación.
¿Con qué? ¿Cómo con qué?
Sí, con un objeto, con... ¡No, por favor!
Con el dedo.
¿Con qué dedo? ¿Pero eso importa?
Claro que importa.
Ya le he dicho que es necesario que yo conozca
todos los datos...
¡Pero yo no quiero que lo apunte todo! Es...
Es solo un papel, señora.
Si usted se arrepiente
y la próxima vez que vuelva a confesarse no ha recaído,
lo doblamos por aquí y esta parte la rompemos y ya está.
Mire, si no le importa, prefiero volver cuando esté el padre Ezequiel.
Lo lamento mucho, mujer.
Yo hubiera querido aclararle algunos conceptos sobre la masturbación.
(Música)
Está difícil, ¿eh?
Vamos, llevas media hora pensando.
Si no hay solución, estás muerto. Mira.
Quieto.
(Continúa la música)
Gracias. De nada.
(Continúa la música)
¡Venga, me estás poniendo nervioso!
¿Quieres mover de una vez?
(Continúa la música)
Oye, ¿no había puros por aquí? Sí, detrás de mí en la estantería.
(Continúa la música)
(Teléfono)
(CHISTA) Baja.
¿Dígame?
¿Quién?
No, el padre rector no está. Está de vacaciones.
¡Ah, señor Velasco! Espere un momento.
Dígame, señor Velasco. "¿Con quién hablo?"
Soy el padre Octavio, padre Octavio Vázquez.
"Bueno, es igual.
Me supongo enteraron de la comida, la que celebramos por su patrón".
Sí, sí, claro. Por supuesto.
"¿Pero la hija no está de vacaciones? La comida es el jueves".
Ya.
Pero él pensaba volver el miércoles,
así que para el jueves no habrá ningún problema.
"Ah, bueno.
Llamaba para decirles que habrá dos más a comer".
Ajá. "Mi hijo Eduardo,
que está aquí con su mujer, y tiene ganas de ver el colegio".
Pues muy bien, pues muy bien.
Los antiguos alumnos son siempre bien recibidos,
mucho más Eduardo, por supuesto.
"Perfectamente. Entonces nada más, hasta el jueves a la 1".
Hasta el jueves, señor Velasco. "Perdón.
Acuérdense del suflé para mi mujer, ya saben que es muy golosa".
Descuide, señor Velasco. "Pues hasta el jueves".
Quede usted con Dios.
Hasta el jueves.
¿Te acuerdas de Eduardo? No.
Sí, hombre, Eduardo Velasco. Que no, si tengo yo una memoria...
¿Pero cómo no te vas a acordar?
Era... Moreno, regordete, un poco tímido.
Que no. ¿Pero ese que ha llamado quién es?
No te enteras de nada, Paco. Su padre.
Un tipo que jugaba al hockey.
Su padre era un tío de mucha pasta, banquero o algo así.
Don Eduardo Velasco.
¿Y van a venir a comer el jueves?
¿Por qué no? Pero... Ese Eduardo...
Se acordará de nosotros...
¿Y?
Ah... (RÍE)
Voy a dar una vuelta.
¡Eh! ¿Cómo que te vas? ¿Y la partida? Ya no me apetece.
¡Ah, no! De eso nada, si te vas, pierdes.
Bueno, está bien, pesado.
Tú ganas. ¿Contento?
Pues claro que he ganado.
-Me voy al cine.
Déjame las llaves o baja a abrirme.
-¿Qué vas a ver?
-No sé, cualquier cosa.
-¿Y a ti qué te pasa?
-¿A mí? Nada.
-¿Estás enfadada conmigo?
-No, es que me aburro.
-No te creo. ¡No sé qué coño os pasa hoy a todos!
Venga...
No seas borde.
(LLAMA)
¿Qué quieres tú? Venía a entregar la redacción.
Dijo usted que se la trajésemos ahora.
Está bien, pasa.
También he traído el castigo.
¿Qué castigo?
Nos mandó usted copiar 1000 veces "No hablaré nunca en clase".
¿Tú dónde vas?
-A pintarme un poco.
-Tú y yo tenemos que hablar de algo.
Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?
Mucho tenías que haber cambiado para olvidar.
Pero no, ya veo que no.
Está bien, marcharte.
(Música)
(CHISTA) Cálmese, hable más bajo.
¡No puedo calmarme! ¡Me estoy volviendo loco!
Espere, espere. Voy a apagar la luz.
Alejandro, no puedo estar aquí mucho tiempo.
Cálmese y escuche.
Tengo que salir de aquí. ¡Estas paredes se me caen encima!
Sí, sí, sí. Hable más bajo.
¿Me oye?
Intentaré sacarle de aquí,
pero no es seguro que pueda hacerlo. ¡Escucha, escúchame bien!
En la biblioteca, en el armarito bajo la pila.
¿Me oyes?
Sí, sí, pero hable más bajo.
Dios mío, si me cogen a mí...
¡Obedéceme y déjate de tonterías!
En ese armario está la escopeta. ¿Me oyes? La escopeta.
La llave está en el cajón de la mesa de la entrada.
Se ha vuelto loco. No puedo llegar allí.
¿Qué voy a hacer yo con una escopeta?
Escucha, en ese mismo cajón hay cartuchos.
¿Pero qué pretende que haga? Se ha vuelto loco.
¡Sácame de aquí! Nos volveremos todos locos.
¿Pero me oyes? ¡Acaba con ellos de una vez!
(DA GOLPES) Sí, está bien.
No sabe usted lo que dice. Está bien, está bien...
Cállese, cállese.
Ahora tengo que marcharme.
De madrugada, cuando todos duerman, iré por la escopeta.
Y le sacaré.
¿Le traen comida?
¡Alejandro! ¿Qué?
¿Le traen comida? Sí, me traen comida.
Bien. Ahora me marcho. Procure dormir.
Traeré la llave.
Y la escopeta.
¡Cerdo! ¡Cerdo cabrón!
¡Te mato!
¡Dios mío!
¡Me estoy volviendo loco, pero a ti te mato!
No está.
No está.
¡No está!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
(CARGA LA ESCOPETA) ¡Ah!
(Quejidos)
¡Quieto, sigue ahí!
Así, quieto.
Así...
Somos hijos del miedo, ¿eh?
¿Has visto cómo saltaban los cristales hechos añicos?
Así podías estar tú ahora.
¿Sabes que yo también pasaba miedo?
El mismo miedo que todos los demás.
Cada minuto representaba un mundo.
Como si una gran maza, pendiente sobre nuestras cabezas,
amenazara con desplomarse a cada movimiento.
Pero a ti el miedo parece que te ha paralizado.
Tengo miedo.
Sí... Sí...
No soy ningún héroe. Ni mártir.
No.
Pero también sé que no va a disparar.
¿Estás seguro?
¿Qué hubiera pasado si llegas tú a la escopeta antes que yo?
¿Dónde estaría yo ahora? Pues hágalo.
Dispare.
Estoy harto.
Tarde o temprano esto tiene que llegar a su fin.
Claro.
Pero cuando yo decida.
Aún queda curso por delante.
Lecciones importantes que gente como tú debe aprender.
No es usted el más apropiado para dar lecciones a nadie.
Ah...
¿Y tú sí?
Te crees que lo haces bien, ¿eh?
Mi conciencia está tranquila.
Ya veo.
Pero quizá cambies de opinión.
Aún quedan muchos días de clase.
Y de miedo.
Dios aprieta.
(Puerta)
Bueno...
Supongo que recordarán lo que mandé para hoy.
Alfredo.
¡Alfredo!
Estoy hablando.
Bien.
Hoy sí que han tenido tiempo de estudiar.
Así que vamos a ver.
Domingo. ¿Quién? ¿Yo?
No sé. Domingo.
Espero que hoy contestará algo, porque tiene ya tres ceros.
Y si no es así, me veré obligado a castigarle.
Verá, padre, es que no he tenido tiempo de estudiar...
Vale, vale, excusas.
Delicias.
Delicias... (ASIENTE)
Delicias...
Es que Delicias... ¿Por qué no me pregunta otra?
¿Pero cómo que le pregunte otra cosa?
Esto es absurdo.
¿Qué se creen?
¿Que esto se puede tomar a risa?
¿Eh?
Pues yo haré que se arrepientan de esta estúpida actitud.
Mírenle, mírenle.
(LE IMITA) "Pregúnteme otra cosa".
¿Qué pasa?
¿Que no le gusta estudiar esto? ¿Es eso?
Pues no veo por qué,
porque sepan que esto es tan inútil como cualquier otra asignatura.
Y tiene que meterse esos tomos en la cabeza, ¿entiende?
Está bien, de acuerdo. Dejemos Delicias.
Hábleme de...
Hermosilla.
Hermosilla. (ASIENTE)
1 Avellaneda...
Ríos...
2...
2... 2.
¡Me tienen ustedes harto!
¡Imbéciles!
Vamos, siéntese.
¡Vamos!
A ver, Jesús.
Espero que usted sí que habrá estudiado algo.
No.
No he estudiado.
Ni tengo la intención de hacerlo.
Si hay algo que no soporto son los chulos de mierda.
Parece...
que alguno está intentando seguir el camino de Alejandro.
¿Eh?
Pero no es tan sencillo.
Los cobardes deben seguir aquí,
en la lucha diaria.
Y aprender a sobrevivir
a base de callarse y obedecer.
¿Está claro?
Repita conmigo: "Soy tonto".
Vamos, repita, repita. Soy tonto.
Vamos: "Soy tonto". Soy tonto.
Vamos, vamos, no le oigo. Soy tonto.
Repita: "Soy tonto". Soy tonto.
"Soy tonto". Soy tonto.
Vamos. Soy tonto.
Siga.
Siga. Soy tonto.
Soy....
Soy tonto.
Soy tonto.
Mira, Elenita, mira, aquí está Eduardito.
-Estaba guapo. -Sí.
-¿Y qué pasa? ¿Que ahora me ha comido la lepra?
-No, pero desde que nos hemos casado,
estás engordando como si te fuese la vida en ello.
-Eso es de estar todo el día sentado en la oficina del banco.
A papá le pasó igual.
-El trabajo para mí es un ejercicio, con la diferencia
de que yo he tenido que sacar adelante un banco.
En cambio, ese se lo ha encontrado todo hecho.
Buenos días.
Padre Octavio Vázquez, para servirles.
Encantado. Perdonen que les haya hecho esperar,
pero me estaba ocupándote que la comida estuviera en su punto
para cuando llegasen. No se preocupe.
Acabamos de llegar hace un momento.
¿Conoce usted a mi hijo Eduardo? No, no tengo el gusto.
¿Qué tal, padre? Encantado.
Sonsoles, mi esposa.
Mucho gusto. Elena, la mujer de mi hijo.
-Qué limpio está todo, padre.
Usted se nos mira con buenos ojos. ¿Y el padre Alejandro?
Pues acaba de llamar disculpándose por su ausencia.
Su madre se ha puesto repentinamente enferma y...
Lo siento. Sonsoles.
Sonsoles.
La madre de Alejandro, que se ha puesto enferma.
-¡Oh! Pobre chica. -Lo siento.
¿Qué le vamos a hacer? ¿De qué Alejandro?
-Del padre Alejandro, mamá. -¿Quiénes vamos a comer entonces?
Pues un servidor de ustedes, el padre Francisco,
otro miembro de la comunidad que no conocen todavía,
y la cocinera. ¿La cocinera?
Pues sí, hoy es la fiesta de nuestro santo patrón
y la pobre chica está sola en la cocina.
Además, le hace tanta ilusión estar con ustedes...
Hasta se ha comprado un vestido nuevo para la ocasión.
Pero si ustedes tienen algún inconveniente...
No, por supuesto que no.
Bueno, pues vamos a la mesa. Tomen asiento.
Señor Velasco, presida usted, por favor.
Muy bien, gracias. Señora Velasco...
Elena... Qué mantelería tan elegante.
Eduardo.
Bueno, vayan tomando una copita.
Siéntanse como en su casa. Yo voy a buscar al padre Francisco.
Quería advertirles...
El padre Francisco sufrió el mes pasado una embolia.
Y aunque, gracias a la divina providencia,
se va recuperando, todavía no está como nosotros quisiéramos.
Qué bien.
Espero que sabrán disculparle. Enseguida estoy con ustedes.
¿Os habéis fijado que, al entrar, cojeaba de la pierna derecha
y al salir de la pierna izquierda? -No digas tonterías.
Pues estamos buenos.
Uno tuerto y cojo, otro medio muerto y la criada.
Bonita comida.
Alejandro esto no me lo hace a mí dos veces.
-Yo no le conozco, pero si está su madre enferma...
-Ya verás, hija, hace un suflé buenísimo.
-Pásame el salchichón.
-Los curas y las monjas tienen una mano para los dulces...
-Ya, mamá, ya me lo habías dicho.
-Hola. -Buenas.
Vamos.
Con cuidado, padre Francisco.
Mire, padre Francisco, una sorpresa.
Tenemos visita.
El señor Velasco. Mucho gusto.
Saluda al señor Velasco.
Su hijo Eduardo.
Eduardo estudió aquí con nosotros, en el colegio.
Su mujer, la señora Velasco...
Vamos, siéntese.
Con cuidado.
(BALBUCEA ENFADADO) Déjelo, déjelo.
Él ya sabe solo, ¿verdad?
Vamos.
Se va recuperando día a día, señora Velasco.
Dolores, por favor, si vomita, le limpia usted.
Bendice, Señor, estos alimentos que vamos a tomar
y por los cuales te damos las gracias.
Por Jesucristo, nuestro Señor. (TODOS) Amén.
Padre Francisco.
Amén.
(BALBUCEA)
Dolores, sirva la mesa. Pues bien.
Este edificio se construyó en unos solares que eran míos.
Se lo vendí a la orden por un precio irrisorio.
¿A que eso no se lo habían dicho? Pues...
No tenía la menor noticia de esto que me dice, señor Velasco.
Pues sí.
Eso fue en 1964, para ser exactos.
Y si no es por mí,
el ayuntamiento hubiera embargado o cerrado el colegio.
Los demás colegios tuvieron que pagar.
-Te gusta la criada, ¿eh?
-Yo era amigo de Tomás Berriondo, entonces alcalde.
Y conseguí, no sin esfuerzos, que la deuda se olvidara.
-Me gustan todas menos tú. Es verdad, recuerdo que...
¿Eh? ¿Qué le parece a usted? Bien.
Pero...
En el año 64, el padre Alejandro no era rector aquí.
Claro, es verdad. -Bueno, ¿y qué más da?
Quien salió beneficiada fue la orden, ¿no?
Eso por supuesto, señor Velasco, por supuesto.
Pues eso.
-¿Qué le han dicho a usted los médicos?
Pobre hombre.
Sufre usted mucho, ¿verdad? -No, señora.
Los médicos han dicho que no sufre nada.
Ha quedado en un estado de estupidez total.
Lo malo es cuando le dan los ataques. -¿Qué ataques?
Unos ataques de tipo nervioso.
Como si él, inconscientemente, rechazara su estado.
Oiga, ¿no será peligroso?
No, en absoluto. Es muy difícil que ataque a nadie
estando entretenido.
Claro que, si se le provoca... (BALBUCEA)
Oiga, ¿y el padre Alfredo? ¿Todavía sigue aquí?
(ASIENTE) Ahora está de vacaciones, como todos.
Buenos capones daba.
Oiga, ¿todavía hay internos?
Sí, no tantos como en tu época, pero hay.
Perdone que le diga esto, pero ¿sabe?
Yo le tenía una manía terrible a los internos.
-¿Por qué a los internos?
-No era una cosa personal mía.
Había diferencia entre los internos y los externos.
Había excepciones pero, por lo general, eran un poco guarros,
olían de pena.
No se me olvida cuando bajaban a clase directamente del desayuno.
Apestaban a café y a tortilla, era... -Por favor, hijo, estamos comiendo.
-Sí, claro, perdón.
Dolores, por favor, ¿quiere traer la tabaquera?
Sí, padre.
Estoy totalmente de acuerdo con usted.
Si tiene toda la razón.
Y que conste que yo se lo he dicho al padre Alejandro,
"Los pobres a la calle". No, hombre...
A la calle no, a su sitio.
Bueno, Eduardo,
¿y los niños para cuándo? Para cuando Dios quiera.
-¿Qué dices? Si atiborras a pastillas.
-¡Eduardo!
-Aquí tiene, padre Octavio. Gracias.
No, no fumo más que los sábados, y nunca antes del postre.
Venga, vamos, haga una excepción. Hoy es la fiesta de nuestro patrón.
Así da tiempo a ir cortando la tarta.
Oh, no hay suflé.
(PACO BALBUCEA)
-Gracias. Oiga...
¿No tendría un purito?
No, lo siento.
Bueno... Vale
(PACO GRITA)
Oiga, Octavio, ¿este hombre no estaría mejor en un hospital?
No.
¿De qué serviría? No merece la pena.
Fíjese en qué estado está. Fíjese.
Sí, claro, pero...
Pero este hombre es una carga para el colegio.
No sabe usted de qué manera.
Pero si es la voluntad de Dios...
(SUSURRA) Esto es mierda.
-¿Qué dices?
-Que esto es mierda. Chocolate.
Que sabe a porro.
-Qué bobada. Porros aquí...
-¿Por qué lo apagas?
-Es que sabe mal.
Tú también deberías apagarlo. -No. Pienso fumármelo entero.
Mira tu madre cómo lo disfruta.
-¿Y esto le pasa muy a menudo? A veces, a veces.
(HACE RUIDOS)
Será mejor que nos vayamos. No, por favor,
ya le he dicho que no es peligroso. Es mejor que nos vayamos.
Nada, se le pasará enseguida. ¡Padre Francisco!
Padre Francisco, cálmese. Está loco.
Padre Francisco...
Vamos...
Vamos, padre Francisco.
Intente usted controlarse un poquito.
Padre Francisco, ¿qué van a pensar estos señores?
Padre Francisco...
Vamos a ver, si usted intenta levantarse un poco...
¡Por favor, contrólese, que nos rompe toda la vajilla, hombre!
Padre Francisco...
Contrólese usted un poquito, padre Francisco.
Padre Francisco...
¿No se da cuenta que está dando un espectáculo?
¡Padre Francisco! ¡Padre Francisco!
Padre Francisco...
Padre Francisco...
Vamos a ver, padre Francisco, por favor...
(SUSURRA) Vamos, vamos.
Arrúllelo.
Vamos, arrúllelo. ¡Arrúllelo!
Vamos, arrúllelo, usted, ahí, ahí.
Ea, ea, ea... (DOLORES RÍE)
¡Estate quieta, imbécil!
(Grito)
Ven aquí.... -¡Déjame! ¡Déjame!
-¡Ven aquí, Lola! -¡No quiero! ¡Déjame! ¿Quieres?
-Vamos... -¡Suéltame!
-Qué bruta eres. ¡Vamos, Lola!
Paco, no te pases con la chica.
-¡Suelta! -Estate quieta, hombre.
Quieta. Paco, déjala.
Déjame, estate quieta, mujer. -¡Basta!
¡Paco! Venga, si te gusta.
Paco, vamos. Déjala, no seas bruto.
Déjame. ¡Suéltame! ¡Paco!
Vamos, vamos... Suéltame.
Que me sueltes... No seas imbécil, Paco.
Ven. Pero si le gusta a ella.
Anda, déjame pasar.
(LLORA)
Vamos, he dicho que me dejes. Vamos, estás borracho.
Estás completamente ebrio. ¡Yo no estoy borracho!
Sí, estás borracho yo también. Y ella, todos.
Mañana puedas hacer con ella lo que tú quieras,
pero ahora la dejas.
¡A mí no me hables como a un borracho!
Tú lo que eres es un cabrón. ¡Cabrón!
Esa es asunto mío, ¿te enteras?
Y tú no tienes porqué intervenir, así que déjame, cabrón.
Que eso es lo que eres, un cabrón.
¡A mí no me calientes! ¡No me calientes! ¡No me calientes!
¿Eh?
Ahora vas a ser buenecito, ¿eh? Buenecito.
Ahora vas a dejarla.
Mañana te la tiras, hombre. ¿A ti qué más te da?
Ahora está borde, pues entonces. Mañana, ¿eh?
No, señor. ¿Eh?
No, señor.
Chavo...
Chavo, yo... Paco...
Paco... Yo te quiero mucho, ¿sabes?
Paco... Y yo...
Chavo, yo... Yo... ¡Yo te quiero! Paco, qué tío eres.
¡Paco, qué tío más grande y qué amigo!
¡Te quiero más que a mi madre!
Las 7:30.
¡Las 7:30!
(Risa nerviosa)
¿Qué hace?
Escucha, Lola, por favor, quiero hablar contigo.
Está bien.
¿Qué quiere?
Tienes que ayudarnos. De eso nada.
No, no, espera, no te vayas.
Yo...
Yo no entiendo qué es lo que ocurre contigo, Lola.
Ya ve, son cosas que pasan.
Pero...
¿Es que tan mal te hemos tratado?
No.
Ustedes me han tratado como lo que soy.
Una criada. No, no, no es eso.
Te estás equivocando.
Tú...
Tú eres una buena chica.
Y esto que estás haciendo no encaja contigo.
Es... Ridículo, estúpido. (RÍE)
Francamente, no entiendo tu comportamiento.
Recapacita.
Ellos no pretenden más que utilizarte,
como si fueras un muñeco.
Sí, sí, te están utilizando, puesto que aquí no ha cambiado nada.
¿Qué crees que vas a conseguir con todo esto?
Nada. No conseguirás nada.
Este colegio ha sido para ti como...
Un hogar, tu medio de vida.
Eso no me lo puedes negar.
¿Y tu hermano? Piensa en tu hermano.
No me venga con eso. Sí, Lola.
Sabes perfectamente que tu hermano...
¡Cállese! Cállese... ¡Cállese!
No dice más que mentiras, como siempre.
Nunca los he soportado.
Y a usted menos que a nadie. No tengo que agradecer nada a nadie.
¡Lo que me he comido me lo he ganado trabajando!
Esto no es caridad.
Ustedes no saben lo que es eso.
Y estoy hasta la coronilla.
Sí... ¡Hasta la coronilla!
Y ahora, para que se entere, hago lo que me da la gana y eso me divierte.
¡Sí, te divierte salir aquí desnuda al comedor!
Sí.
Salgo como quiero y hago lo que quiero.
Ya, claro, y te acostarás con ellos. ¡No lo niegues!
¿Quién lo niega?
¿Qué? ¿Le da envidia?
Está bien, no discutamos más.
Escucha un momento.
Estoy dispuesto a olvidarlo todo. Aquí no ha pasado nada.
Pero, claro, deberás hacer lo que yo te diga.
Mira, lo que tú tienes que... No se moleste.
No pienso mover un solo dedo.
O sea, que no hace falta que me perdone.
¡No seas imbécil!
Tienes que entrar en razón o será peor para ti, ¿me oyes?
Esto no se te olvidará en tu vida, de eso me encargo yo.
¿Qué? ¿Me va a pegar? ¡No me faltes el respeto!
Aunque no lo puedas ver, aún soy yo el que manda aquí todavía.
Usted aquí ya no es nadie.
¿Es que no se ha enterado? Lárgate de mi vista.
¡Fuera!
Eres una... Puta.
Eso es lo que eres.
¡Eres una puta!
(Música)
(LLORA)
(Continúa la música)
Cuatro años.
¿Cuatro años? (SILBA ASOMBRADO)
¿Te gusta estar aquí?
No... Me da igual.
¿No se te ha ocurrido buscar otro sitio?
No.
Tengo cosas que hacer.
Siempre tienes mucho que hacer. (ASIENTE) Casi siempre.
Pues... Hoy también yo tenía mucho que hacer.
¿El qué?
Ir de compras. ¿Con Paco?
Sí. (RÍE)
A lo mejor, podríamos ir un día los tres.
Bueno, pues salimos tú y yo.
¿Dejamos a Paco aquí?
¿Por qué no? ¿Y tú yo qué hacemos?
¿De compras también?
No.
De compras no.
Podemos ir...
Podemos ir a bailar. (ASIENTE)
Es que voy muy poco a bailar.
(Música)
¿Puedo hablar un momento contigo?
Eh...
Solo quiero decirte que lo de Domingo
ha sido para mí como un jarro de agua fría.
Yo siempre supe...
Algo.
Pero... ¿Qué quieres que te diga?
Me parecía...
Bueno...
Increíble.
No me mires así.
Dios santo...
¿Cómo has podido callarte semejante cosa?
A mí nunca nadie me consultó nada, ¿eh?
Además, ya te digo, yo no estaba seguro.
¿A qué has venido?
Bien.
Voy a ir directamente al grano.
Escúchame solo un segundo.
Sé cómo conseguir la llave.
Ellos están en tu dormitorio, los dos.
Con Dolores.
No creo que salgan de allí.
Es nuestra obligación intentarlo, ¿no?
¿Y por qué no te escapas con Alejandro?
Sí, pero es que... O con Domingo.
¡Uf!
Llegar hasta Alejandro es imposible.
Ya lo hice una vez y no salió bien.
Con Domingo...
No es como nosotros. Haz el favor de marcharte.
¿Pero qué dices?
¿Encima?
No entiendo.
Haz el cochino favor de salir de esta habitación.
¡No quiero verte más! ¡Márchate con tus intrigas a otra parte!
¡Vete, vete, vete! Me haces daño...
¡Vete! Vete... (LLORA)
¡Vete o les llamo! ¡Vete o les llamo!
¡Es Alejandro!
¡Padre! Padre... Gracias a Dios.
Bueno, bueno... -¡Venga, a sentarse!
-Deja de hacer tonterías.
Estoy perfectamente.
¿Puedes explicarme quién son estos locos y qué pretenden?
Yo le contaré, le contaré. ¡Tú no vas a contar nada!
Vamos.
Tú, aquí.
Déjeme sitio, padre. ¿Dónde vas tú? ¡Ponte ahí delante!
No quiero oír ni una sola palabra, ¿entendido?
Y al que intente moverse, le abro la cabeza.
¡Miren hacia delante!
Y en silencio.
(Redoble de tambores)
(Música)
"Señoras y señores,
'madame et monsieur, ladies and gentlemen',
distinguido público.
Ante ustedes, por primera vez en este escenario
y proveniente del gran cabaret celestial,
la única, la maravillosa,
la incomparable, la fascinante diosa del amor,
la reina de los placeres del cuerpo,
la diosa del más allá, la diosa del más acá,
la perfección absoluta y posesiva.
Señores...
Ella es... Guada.
La diosa de las sopas de ajo, la diosa del café con leche".
¡Sacrilegio! ¡Sacrilegio!
"Paco, que se calle ese gilipollas".
(Continúa la música)
No le toque. No le toque... No le toque...
Mételo ahí.
(Continúa la música)
"Bueno, sigamos.
Como os estaba diciendo,
he aquí a vuestra diosa.
Ella os castigará, si pecáis,
retirándoos el saludo y las galletas del desayuno.
Ella, altiva y justa, madre inflexible, pero amantísima,
os premiará si sabéis gozar de los bienes de la carne..."
¡Ya basta!
¡Ya basta!
¡Basta! ¡Ya basta!
¡Ya basta! ¿Ya basta de qué?
Estáis ofendiendo el nombre y la casa de Dios.
Haced con nosotros lo que queráis, pero dejad a Dios en paz.
¿A Dios?
¿Pero qué Dios? ¡Mi Dios, tu Dios, el de todos!
Aquí se acaba todo, ¿eh?
¡Esto es diabólico! ¡Ah! Ya está. El diablo.
No, basta, basta. ¿Pero qué hay de cómico en todo esto?
¿Adónde queréis en llegar? No tienes porqué escucharle.
Dile que se siente y sigue.
Octavio, hay algo que un hombre no debe perder nunca.
Y es su temor de Dios. Pero padre Alfredo...
No, no, no.
Que tú creas o no en él, eso no va a cambiar su existencia.
¿Pero no te das cuenta?
Y te advierto que lo vais a pagar muy caro porque la justicia...
¿Pero de qué justicia hablas?
¿De esa que os hace a vosotros justos y a mi pecador?
Pero, hombre de Dios... Por Dios... Joder, joder...
¿Pero todavía quieres que le tenga miedo al infierno?
El infierno está mucho más cerca de lo que vosotros creéis.
Yo lo he vivido aquí. ¡Y tú has formado parte siempre de él!
Pero...
Tú no puedes juzgar a Dios por...
Por cuatro personas.
Con sus errores, como cualquiera.
No somos infalibles.
Pero Dios... Sí, claro, claro, Dios, Dios...
Dios...
¿Tú sabes lo que, en su nombre, me hicisteis vivir?
¿Tú sabes qué soledad,
qué angustia y qué infierno?
¿Pero acaso tú sabes lo que es el infierno?
¿Tan difícil era?
¿Tan difícil es tener en las manos barro dúctil,
y fresco, y poderle dar cualquier forma?
Y mírame.
Mírame.
Yo soy vuestra obra.
Tú, yo, todos somos frutos del amor, la fe y la caridad.
¿Con qué derecho te atreves a juzgarme?
¡Di!
¿Cómo te atreves a exigirme responsabilidades?
Quién me devuelve a mí esos años, ¿eh?
Esos años en que Dios era el miedo y el miedo era Dios.
En esos años viendo a Dios en cada amenaza,
en cada golpe, en cada silencio, en cada represalia.
¿No te das cuenta que me lo robasteis todo?
Y a cambio solo me disteis...
Miedo a la vida, terror a la muerte, a lo eterno.
Al pecado, al diablo.
A ese diablo que es tan mentira como vuestro Dios.
(LLORA) Joder...
Si es que yo os puedo devolver los golpes, pero no las heridas.
Cómo me engañasteis.
Nos habéis engañado siempre, siempre.
Alfredo.
-Tal vez, si habláramos, llegaríamos a un acuerdo.
Si lo que quieren es dinero, yo...
¡A mí una cara no se me olvida nunca!
-Me voy a lavar un poco.
Me pica todo el cuerpo.
¿Lo he hecho bien?
¿Por qué no hacemos algo los tres?
(LLORA)
Tengo ganas.
(CONTINÚA LLORANDO)
(GRITA) ¡No! ¡No, por favor! ¡No me podéis dejar aquí!
¡No! ¡Llevadme con vosotros, por favor! ¡No!
(GRITA)
¡Por favor, por favor!
¡No!
¡No, por favor!
¡Llevadme! ¡No! ¡No me podéis dejar!
(GOLPEA LA PUERTA) ¡Por favor, por favor!
(SIGUE GOLPEANDO)
(Cristales rotos)
(Cristales rotos)
(Música)
(Música suspense)
(Música)
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