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Original subtitles

¡Rusia!

Perdida para siempre.

¡El invierno!

Lydia... el campesino, de fiesta en un trineo plano,

abre la ruta.

Los caballos resoplan y jadean a través de la nieve,

avanzan por bosques de abedules y abetos con

el sonido de arreos y del látigo.

Los lobos se esconden tras sus aullidos.

Qué alivio era oir las campanas del Kremlin

y saber que pronto estaríamos a salvo y calientes

junto al samovar.

Los inviernos de Berlín lo hacen volver todo...

Eres una lata.

Y tú... una majadera.

¿Qué es eso del accidente?

¿Qué accidente?

En América. ¿Por qué tendría que importarte?

No se trata de ningún accidente,

es una quiebra, un colapso.

¿La calle entera colapsada?

Wall Street.

¿Hubo muertos?

Algunos.

Saltaban por la ventana.

Casi todos eran accionistas.

Hermann...

De veras, eres una estúpida, Lydia.

Hace siete años que vives aquí y

no hablas bien el idioma. Pero da igual.

La inteligencia se llevaría la belleza de tu carnalidad.

No, una mujer como tú debe permanecer jugosa y llenita...

¡Lydia! ¿Quién lleva calcetines rojos?

Son de Ardalión. Siempre se quita los calcetines.

Él es así.

Tu primo apesta. Debería estar en el zoo.

La sangre es más espesa que el agua, Hermann...

¿Guapo, verdad?

Hermann...

estás tan...

¡dominante!

¿Cómo osas entra en este cuarto a medio vestir?

¡Fuera! ¿No tienes sentido de la indecencia?

¡No cierres!

- ¿Por qué? - La quiero abierta.

- Elsie podría... - Elsie se ha ido a la cama.

Quisiera saber qué te pasa por la cabeza.

¿Por cuál?

No lo entiendo...

¡Lydia! ¡Por favor!

Vamos, cabeza hueca... ¡Llegaré tarde! ¡De prisa!

¡Sí!

¡Siempre llego tarde!

¡Elsie!

Sí, señora.

Llevo a mi marido a la oficina. Haz la cama.

Parecéis cotorras. ¿Quieres darte prisa?

Voy, cariño. Elsie,

recuerda aquello del árbol de Navidad.

- Buenos días, señor. - Buenos días.

- Buenos días. - Buenos días.

Por favor...

Sí...

¿demasiado amargo o no lo suficiente?

Ese es el problema.

¿A quién apuntamos?

A algunas chicas sólo les gusta amargo. Pedantes fastidiosas.

Luego están las otras, las ricas, finas,

que les gusta con leche y chocolatinas.

Como a mi madre.

Mi madre era así.

Una burguesa gorda que se atiborraba

de chocolatinas.

En las tardes de lluvia se comía una caja de bombones

mirando el álbum de fotos familiares.

Gracias.

No sé por qué le cuento esto. Discúlpeme.

El problema no está en el chocolate,

está en Nueva York.

Alemania ha recibido siete mil millones de dólares,

de inversores americanos,

y se ha terminado el chollo del chocolate.

Si no fuera porque el gobierno da todo el dinero

a esos codiciosos extranjeros, nadaríamos en la abundancia.

Hay que pagar las indemnizaciones.

¿Quién lo dice?

El tratado de Versalles.

¿Por qué tengo que pagar una guerra

que terminó hace doce años?

¿Hace tanto?

Los políticos nos traicionan.

Si no fuera por las indemnizaciones,

¡Alemania podría reconstruirse y volver a ser fuerte,

y retomar su lugar como el mayor país de Europa!

Ya habla como ese periodista, Alfred...

- Alfred Hugenberg. - Eso.

Algunos periódicos dicen lo mismo.

¡Pertenecen a Alfred Hugenberg!

No me importa. ¡Ciento veinte mil millones de marcos-oro!

¡Nos hundiremos!

Ud. tendría que haber estado en la reunión por el plebiscito.

¡Soy extranjero!

Si suficientes de nosotros votáramos contra los pagos,

se terminarían.

¿Qué podrían hacer los franceses?

Ocupar el Ruhr,

como la última vez que no se pagó.

¡Siguen aquí! ¡Tropas francesas e inglesas! ¡En suelo alemán!

Perdone,

éste me parece un poco demasiado amargo.

Gracias.

¡Hermann!

¡Lydia!

- ¿Cenamos afuera? - Perfecto. ¡Bien!

Ardy está aquí.

He ocupado el baño.

Espero que no te importe.

Ya que estamos,

¿por qué no te traes la ropa sucia?

Termino enseguida.

Tu combinado, Hermann.

Ese combinado es mío.

Sólo hay uno para ti, Ardy. El otro es para Hermann.

No lleva chocolate, no me importa de quién es.

No, gracias.

Brindo por los rollizos pechos y nalgas de tu esposa.

Y yo brindo por el cerebro de tu prima.

Intentaba halagarte, como pintor.

Igual que yo... hablando como un experto en bombones.

La tecnología del chocolate se retrasa

tras las dulces confituras de la materia gris de Lydia.

Si abrieses su cráneo como un huevo de Pascua,

dentro encontrarías un completo surtido de cremas de dulces,

de pralinés, de trufas al ron y de licores líquidos.

Y mi favorito, delicias turcas.

¡Dios mío! ¿Crees que la domino?

Pues cualquiera puede decirte que me adora.

Necesita un protector y yo una mujer a la que proteger.

Somos una pareja perfecta: me gusta la literatura,

a ella la basura.

Pienso con claridad, ella es una majadera.

Un desastre. Somos una pareja perfecta.

Como la llave y el cerrojo.

¡Hablas de la vida como si tuviera

algún significado!

Ten cuidado con lo que dices.

Porque me parece que, por allí, hay un hombre que parece

un auténtico charlatán vienés.

Lydia volverá, pero sólo momentáneamente.

¿Quieres apostar? Suele irse dos veces:

Porque se ha olvidado el peine en el baño

o porque quiere retocarse.

¡Ya viene! ¡Fíjate! ¿No es maravillosa?

¿No es preciosa su ropa?

Su sentido del color se basa en lo lingüiístico.

El rojo ladrillo va bien con el rojo cereza,

porque son rojos.

Lo llama "ecoizar". Igual que con sus políticos.

Donde chocan, ella hace de eco. ¡El rojo es rojo!

- ¿De qué habláis? - De políticos rusos.

¿Qué se puede esperar de los bolcheviques?

No he encontrado la barra de labios.

Se te ha caído.

Sufro pero nunca me quejo.

Ardalión, ¿te cuento un secreto marital?

Hay cosas que sólo un marido y su mujer saben uno de otro.

No está bien hacerle eso a Liddy.

¿Por qué no? Queda en familia y la sangre es más espesa

que el agua, como Lydia repite tan ingeniosamente.

¿Estás listo?

No. Creo que es muy ofensivo.

¡Lo que me temía! ¡No eres más que un campesino ucraniano

que pretende ser bohemio!

Por favor, la cuenta.

Muy bien, dímelo.

Nunca apaga bien... el cigarrillo.

¡Orlovius! Mi amigo dice que quiere hablar contigo.

Tengo muchos motivos.

¿Entonces es verdad? Mi querido señor,

¿le importaría charlar conmigo?

- No. - Siéntese.

Gracias.

¿Qué sabe Ud. acerca del tema de la "disociación"?

De ser dos. Del hombre que sale de sí mismo.

Quiero escribir un libro sobre tal persona, quizás dos.

¿Qué significa? ¿Qué se sabe? ¿Qué cree Ud. que significa?

¿Le ocurre sólo cuando está borracho?

¿Yo?

Qué te parece, "doctor", ¿sexo o violencia?

Dile que está enamorado de su madre.

¿Y por qué no? Era hermosa y refinada.

Una rusa pura con raíces nobles.

Recuerdo que en verano solía llevar seda lila y sentarse

en una mecedora, abanicándose.

Me parece oir a Chopin mal interpretado.

Soy yo, al piano, bajo la atenta mirada de Frau Schiller,

mi institutriz.

¿Aún habláis de política?

El Dr. Orlovius. Me llamo Hermann. Mi esposa.

- Sr. Orlovius. - ¿No es Ud. médico?

Me dedico a los seguros.

- Pero Ud. ha sobrentendido... - Que no me importa charlar.

Dígame, ¿tiene seguro de vida? ¿No? Tal vez podría contarle las ventajas.

"Sal, Silverman. ¡Estás rodeado!"

"¿No es el sargento Brown?"

"Es mi hermano. Voy a hablar con él."

- ¿Cómo lo hacen? - Hay una línea en el medio.

Este licor es repugnante.

"¿No piensas en mamá?"

No veo ninguna línea.

"Ha llorado tanto que se le ha ido la vida de los ojos."

Las líneas no tienen anchura.

El hecho de que no la veas demuestra que es una línea.

"Mamá siempre te quiso más que a mí desde el accidente."

Demasiado azúcar. Te aconsejo que cambies la receta.

Dame tu pañuelo, querido.

El pañuelo, cariño...

"Está muerto."

"No es el sargento Brown. Es Silverman."

"Está muerto. Siempre le respetamos, sargento."

Buenos días.

Buenos días, señor.

Los centros de licor no salen bien.

Ya nos han devuelto dos pedidos.

Falta azúcar.

¡Ud.! No es la primera vez que lo veo. Su cara. ¡En el cine!

No voy al cine.

¡No me mienta! ¡Lo sé!

Si no vienes a la cama, al menos podrías traerme mi libro.

¡Por favor!

Gracias, Elsie.

¡Lydia!

Me iré dos días a Düsselsdorf.

- ¿Dónde queda? - En el Ruhr.

- ¿En Alemania? - De momento, sí.

¿Qué ocurre?

Una fábrica de chocolate está a punto de quebrar,

y voy a cometer un asesinato.

¿Un asesinato?

Una fusión. Me los zamparé.

¡Hermann, eres maravilloso! Estaré muy sola sin ti.

Que te distraiga Ardalión. ¿No están para eso los primos?

Hice un donativo. Son los únicos que

no nos venderán río abajo.

Esta es una línea inusual de crema de jengibre.

Para paladares sofisticados.

¿Cuántas horas están inactivas estas máquinas?

Hasta el año pasado, el problema era el personal.

Había empleos mejor pagados.

Ahora tengo la gente que quiero.

Pero las ventas han bajado. ¿Cuál es la respuesta?

Es un asesinato.

Una fusión.

Han dado el dinero a la gente equivocada.

Si se ocupara ese hombre, sería diferente.

¿Hugenberg?

No, trabajan juntos, pero Hugenberg

es demasiado blando, sofisticado.

Crema de jengibre, ¿eh?

Una novedad muy popular.

Muñequitos de chocolate. Una cosa distinta.

Dos novedades volverían a levantar el negocio del chocolate.

Aquí hay un gran potencial.

Déjeme pensarlo. Mañana será otro día.

Mañana será el mismo día, para mí.

Llamaré al hotel.

Se llama Hermann de nombre o de apellido?

Como a Ud. le guste. Mi padre era un alemán que hablaba

ruso de Ravel.

Mi madre era una Rothschild.

El día de la boda, él le regaló sus rubíes.

La dote de ella fue su peso en monedas de oro.

La investigación demostró que eran de chocolate.

Mi padre murió de pena, mi madre de diabetes.

Yo heredé las chocolatinas y no he vuelto a mirar atrás.

Mi esposa es una Finkelberg. Y su dote fue su peso.

Casi toda mi información proviene de documentos

falsificados. Es mi sino.

Cuando comenzó la guerra me procuré unos documentos que

demostraban que era un "camisa negra" luchando contra los rojos

en el ejército blanco.

Pero después de la revolución fui un caucásico luchando

contra los fascistas en el ejército rojo.

En realidad sólo soy un cobarde que lleva

un sombrero marrón.

Pero procuro mantenerme por mí mismo.

¿Sr. Hermann?

Ya lo he decidido.

Quédese su jodido dinero.

- ¿No ve nada? - ¿Qué pasa?

¿A qué juega?

¿Está ciego?

Ud. tiene mi cara...

Si Ud. lo dice.

Pero un rico nunca puede parecerse a un pobre.

Arreglado, no nos distinguirían.

Me vendría muy bien que me diera el dinero que vale eso.

¡Señor!

¿Tiene una cerilla?

¿Podría encontrarme trabajo?

¿Yo?

Ya sé que somos desconocidos, pero tenemos, como Ud. diría

un nexo.

- ¿Lo ve? - Sí.

Somos como dos gotas de agua. Es un misterio de

la naturaleza.

Quiere ponerse de lado, por favor?

Disculpe, hacia aquí.

Estoy ante mí.

En verano no hay problema. Me gusta viajar.

Picar un poco de todo, pero con el otoño...

La escala de cromosomas es infinita,

pero la naturaleza ha hecho un doble, es...

Sorprendente.

Y el trabajo...

¿Dónde estará?

En el mismo pueblo que el año pasado.

Puede escribirme a la oficina de correos.

- Sí. - Se lo apuntaré.

- Gracias. - Félix Weber, Homberg.

Espero que haya tenido éxito.

Son tiempos difíciles.

Sí señor. ¿Sabe que el Sr. Müller ha dimitido?

No, ¿cómo ha podido dimitir sin avisarme?

¿Avisarle?

¡Sí, a mí! ¿Estoy loco? ¿Poseo esta fábrica o soy un

vagabundo buscando un empleo?

No es nuestro Sr. Müller. Me refería al canciller.

El gobierno ha dimitido.

El gobierno.

- ¡Hola! - ¡Hola!

Sigue interpretando de maravilla. Bravo.

- ¿Ha olvidado su sitio? - No.

Müller. ¿Por qué ha dimitido el gobierno?

Müller quería cortar el seguro del paro y lo han echado.

Los parados podrían compartir lo que hay.

Cuando el paro aumenta, el cupo disminuye.

Deberían tener la mitad.

Es un poco fuerte.

Hay que aceptar lo malo y lo bueno. Si el gobierno pudiera

reducir los parados a una docena, serían millonarios.

¿Se ha alistado en los boy-scouts o algo así?

¿Le importa que lleve uniforme en la oficina?

No. Muy apropiado, una chaqueta de color chocolate...

Este chocolate sabe...

¿Amargo?

¿Qué haces? Es sábado, te estamos esperando.

Nos vamos al lago. ¿No te acuerdas?

Dijiste que querías dibujarme.

- Espera un momento. - ¡Vamos!

¿La Bohème, eh?

¿Es tu contribución al arte político?

No, eso lo hizo el hijo del casero.

Le interesa la política.

Puede ser tuyo.

- Veinticinco marcos. - No, gracias. Vístete, Ardalión.

¡Liddy!

Ardalión, venga. Empecemos.

¿Empezar, qué? Empezar el arte, ¿eh? ¿Tienes prisa?

Sí.

Por cierto, tienes una cara juguetona, Hermann.

¿Considerarías que mi cara es inusual?

La escuela moderna. Se parece un poco a Hermann.

Se parece más a Hermann que el mismo Hermann.

¡Y el mundo sigue girando! Por favor, coja uno de estos.

Muy amable. ¿Todo en orden? Francamente, es una ganga.

Las primas se fijaron hace un año y están muy por debajo de

la realidad actuarial.

¿Qué realidad es esa?

Para mí, la única. Para Ud. no es cuestión de probabilidad.

¿Quiere decir que la probabilidad de morir

se ha incrementado?

Estadísticamente. Abortos políticos, violencia en la calle,

en las familias,

en las casas, violencia hasta en el Reichstag.

Soy extranjero. Sería presuntuoso tener opinión política...

y mala educación el expresarla.

Los seguros están por encima de la política.

El "camisa marrón" y el comunista, el emigrante y

el mismo canciller Bruning, son iguales

bajo la regla del cálculo.

El riesgo de todo hombre tiende al promedio,

una prima para todos, de acuerdo a la edad y la salud.

¿El canciller es cliente suyo?

¡No! De hecho, ahora no sería considerado un buen riesgo.

Intentar forzar un presupuesto

a través del Reichstag por decreto no es bueno

para la salud.

Creo que Ud. es muy inteligente. Tome más vino.

Gracias.

Bruning está bien firme en su sillón.

¿Habrá elecciones este año?

No. Tiene a Hindenburg y también al ejército.

¿Por qué a mí nunca me hablas así?

Bruning puede contar con los socialdemócratas,

los nacionalistas y los nacionalsocialistas

para votar contra los "camisas marrones" y los bolcheviques.

Es que los nacionalsocialistas son los "camisas marrones".

Eres un estúpido.

¿Y qué, enteradillo? ¿Qué sacaron en las últimas elecciones?

El tres por ciento, doce escaños.

¡Ahí está, sé de lo que hablo!

Pero si hay elecciones, entrarán los extremistas.

No habrá eleccioes.

Temo a los nacionalsocialistas.

¿Qué se puede esperar de los bolcheviques?

¡Nazis, no comunistas!

Para mí, un socialista es un socialista.

Los nacionalsocialistas están en contra

de los socialistas, y también de los nacionalistas.

¡No tiene sentido!

¡Y el Partido del Pueblo está contra el pueblo!

¡Basta! ¿Qué piensas, Hermann?

No pienso, Lydia, acabo de hacerme un seguro de vida.

Brindo por una vida larga y feliz.

Sí, se parece a Hermann.

En la podrida mente de Ardalión.

¡Punto!

- Esta vez... te toca. - ¡A ti!

¡A mí! Sí...

- ¡Punto! - ¡Prenda! ¡Es la reina!

- ¿A dónde va? - Lo olvidé.

Tiene nombre de sombrero.

¡Vuelve y juega!

- ¡Panamá! - ¿Qué?

Sólo hay una ciudad con nombre de sombrero.

¡No seas tonto! ¿A dónde vas?

- ¡Hay otra! Homberg. - ¡Eso es!

No tan lejos. Pero toda la noche.

Me duele la barriga.

Creo que me pasaré todo el rato en la cama.

- ¿Te duele la barriga? - Sí.

¿Tal vez demasiados combinados?

No sabía si le reconocería, pero en cuanto le he visto

lo he recordado todo, excepto el bigote.

Este año no hay gorriones. Tuvieron que matarlos.

Tenían fiebre o algo así.

Me gustan los gorriones, los entiendo.

Mendigos callejeros.

Y las ardillas y los topos.

Los topos y las ardillas van contra los terratenientes.

Es Ud. un filósofo.

La filosofía es una invención de los ricos.

Como la religión y la poesía. Tampoco creo en el amor.

Pero...

la amistad, eso es diferente.

Me gustaría tener un amigo. Trabajaría de jardinero para él...

y después su jardín sería mío.

Viviría contento y con dignidad, en un estado natural...

¿Qué quiere?

Ya se lo dije, soy actor de cine...

¡Ud. es un cuentista!

Félix, por favor. Félix, escúcheme.

- ¿Sabe lo que es un doble? - No.

- ¿Pero ha ido al cine? - Sí... poco.

Ir al cine es tirar el dinero.

Si muchos pensaran lo mismo

mi profesión estaría acabada.

¿Qué profesión es esa?

Se lo he dicho, soy actor de cine.

Ah, sí.

Un doble es una persona que, en caso de emergencia,

puede hacerse pasar por un determinado actor.

Imagínese esta situación, venga, imagínesela:

Yo, actor de cine, voy a interpretar un papel de gemelos.

Vi una película que...

¿Quiere dejarme terminar, por favor? Gracias.

Eso significa que tengo que estar en ambos

extremos de la pantalla.

Un truco descarado. Una vez vi una película de gemelos.

Sólo se veía a uno, excepto cuando había una línea.

¿Me está escuchando?

Siga.

Imagine otra situación. Se ha terminado la película.

Sólo queda la última toma. El héroe tiene que conducir

su coche.

Pero no lo puede hacer porque está enfermo, está en cama...

y lo tiene que hacer el doble. Pero el público no es muy listo

y el doble tiene cien marcos en el bolsillo.

¿Me sigue?

No está bien tomarle el pelo a un pobre.

Le ofrezco más dinero del que ha podido soñar

y un empleo mejor del que podía esperar.

Nos necesitamos.

Parece que me necesita Ud., pero no habla claro.

- Le digo la verdad. - ¡Qué vergüenza!

Empezarán a rodar.

Y si me pasa algo, le llamará y Ud. llegará...

Nada de eso.

- ¿Qué le ocurre? - Creí su carta.

Pensé que me ofrecería un empleo respetable.

O que me ayudaría a encontrar uno.

He caminado mucho para verlo. ¿Y qué encuentro?

- ¡Basura! - ¿Basura? Félix...

¡Actores! ¡Actrices! ¡Macarras, putas!

No quiero su decadencia.

¡Creen que están por encima de la gente normal!

¡Quiere que me maquille y me contonee! ¡No!

No es para mí.

- ¿Y si me reconocen? - Siéntese.

Lo siento. No.

Acepte mi consejo y salga de ese negocio antes de que

destruya su moralidad. - ¡Félix, espere!

Perdone, Sr. Mann. Su llave...

¡Félix, espere! Ya veo que es Ud. un tipo muy agudo.

Sabe que pienso en cosas más profundas, ¿eh?

¿Cómo puedo recuperar su confianza?

No soy actor de cine.

Tengo que volver a intentarlo, mire...

¿No tiene cicatrices?

¿O marcas que lo identifiquen?

¿Por qué?

- ¿Fue a la guerra? - Claro.

- ¿No lo hirieron? - Era cabo de intendencia.

Tuvo suerte. Yo estaba en Rusia.

- Mi padre era alemán. - Ud. tuvo suerte.

Yo sólo tenía una madre polaca.

¿Una madre polaca? Cabo de intendencia.

¿No tiene cicatrices de la grasa caliente?

- ¿Qué? - Grasa caliente.

Quíteselo todo.

Disculpe.

¿Desde cuándo está aquí esta pintura?

- Desde siempre. - ¿Cómo es posible? ¡Miente!

Oiga, creo que me voy.

- Perdone. ¿Por qué? - Es Ud. muy raro.

Ya le he dicho que no soy actor.

No me dedico a actuar. Mi negocio no le ensuciará.

No tengo nada que ver con el mundo del cine.

- ¿Un robo? - ¿Y si así fuera?

Quiero realizar cierta operación,

Y mientras realizo esa operación quiero ser visto

muy lejos del lugar, exactamente a la misma hora.

- ¿Lo entiende? - Es un robo.

Escúcheme, por favor. Conducirá mi coche,

llevará mi ropa, conducirá por cierta población,

por cierta calle donde mi cara, perdone, nuestra

cara es reconocida.

Nada más. Y le daré mil marcos.

En billetes pequeños.

Si Ud. quiere. Los encontrará en su bolsillo.

Le cogerán con el botín. En el juicio saldrá todo. Cantará.

Mil marcos, ¿eh?

¿Soñó alguna vez con tener cien?

No me importa la cárcel. La comida es buena,

pero la gente...

¿Y si todo es mentira?

¿Algún tipo de traición?

Locura.

Lydia está aquí. Está muy enferma.

¡Hermann! Qué amable al pensar en venir.

Tengo dolor de barriga. Antes estaba fatal.

Ya sabes; siempre enferma cuando menos lo esperas.

- Dímelo a mí. - En realidad no le pasa nada.

Imaginación femenina.

¿No me vas a defender? ¡Hermann!

¡Silencio! ¡Los dos! ¡Intento pensar y me deconcentráis!

¿Te acuerdas que pintaste un cuadro con dos rosas y una pipa

de madera? Tenía una esvástica detrás. Por favor...

Recuerdo la esvástica, pero las dos rosas y la pipa de madera...

¡Recuerda!

Echa un vistazo, si quieres.

- ¿Es ese? - Sí.

Mi oferta sigue en pie. Treinta y cinco marcos.

No. ¡Es aún peor de lo que recordaba!

¡Lydia!

- ¿Has tenido un buen viaje? - Sí.

¿Sí?

¿Puedo ayudarle?

- Pushkin. - ¿Pushkin?

Su carta.

Gracias.

SEGUROS DE VIDA "NUEVA VIDA"

Bien.

¿Solucionado?

- ¡Hola! ¡Buenos días! - ¿Cómo está?

¿Cómo va la vida?

En la vida se pierde. Los asegurados se mueren.

Ud. tiene mal aspecto.

No, estoy bien. Tengo un poco de insomnio, estoy algo nervioso.

Para serle franco, hoy estoy un poco deprimido.

¿Qué sucede?

He recibido una de esas idiotas cartas de chantaje.

- Es tan estúpido... - ¿Chantaje?

Sí. Algún loco me exige dinero con amenazas.

Échele un vistazo Ud. mismo.

Está mal escrita, pero lo deja claro.

- ¿Sabe quién la envía? - Sí. Un bribón.

- Estaba al servicio de mi familia. - ¿La llevará a la policía?

No, ¿por qué? No está en sus cabales.

¿De qué serviría meterle en la cárcel?

- Una actitud muy caritativa. - Oh, no. Tengo que irme.

Adiós. Por favor, salude a su esposa de mi parte.

Lo haré.

A veces envidio su soltería.

¿Cómo es eso?

No tengo ni sacerdote ni doctor... no los necesito,

¿por qué no podría confiar en mi agente de seguros?

Mi matrimonio no va bien. Mi mujer está interesada

en otro hombre. Y si me pasara algo, temo que no lloraría

mucho.

Alguna cosa percibí.

Le deseo lo mejor.

Creí que ya no venías. Estuve a punto de irme.

Café solo.

- Vodka. - Dos cafés solos.

Una cerveza.

A Lydia y a mí nos preocupa que bebas.

Creemos que afecta... tu obra.

Nunca me he sentido mejor.

Tu obra... Has perdido el gusto. Y Berlín anima tu vulgaridad.

¿Puedo? Si has venido a sermonearme...

No, Lydia cree que deberías irte al sur.

¿Al sur? ¿Qué te parece? ¡El sur! ¡Sí!

Si al menos tuviera dinero, sería un hombre diferente.

En las montañas encontraría la inspiración.

¡Préstame mil marcos y si no los recupero es que no sirvo!

Lo principal para mí... lo principal para ti es que te

vayas de Berlín.

¿Lo dices de veras? ¡Lydia y yo adoraremos las montañas!

Lydia y yo no podremos ir contigo.

Déjala venir, sólo un mes. Está como celosa de

mi libertad. Creerá que me emborracho por ahí.

¿Cómo va el nuevo lienzo? Es para el visado.

Si prometes dejar de beber, te daré dinero para el billete.

Prometido.

Sé que puedo confiar en ti. Perdona.

- ¿Que pasa? - Un hombre.

Un hombre...

- ¿Qué hombre? ¿Qué quiere? - Dice que Ud. lo conoce.

- ¿Cómo es? - Pobre. Lleva una bolsa.

¡Dile que se vaya al infierno! ¡No estoy en casa!

¡No estoy aquí! ¡No estoy en este mundo!

No lo conozco.

¿Cómo osa? No lo conozco.

Dile que estoy muerto. ¿Me oyes? ¡Muerto!

- El Sr. Hermann no lo conoce. - ¡No! ¡Basta!

Ve a buscarlo... ¡Basta!

¡Ve a buscarlo! ¡Páralo!

¡Hermann!

Lydia, ¿te has cruzado conmigo en las escaleras?

¿Qué? ¿Cómo podría?

No me refiero a mí. Me refiero... no importa!

¡Y no creas que no sé lo tuyo con Elsie!

¡Hace meses que lo sé!

Dios mío, qué mujer tan estúpida.

¿Ha cambiado de opinión?

¡Perebrodov!

¿Qué le parece ésta?

- Acero inoxidable. - ¡Un pintor ruso!

Para siempre. Seis marcos. Dos por diez.

¡Dos por diez!

¡Dos por diez!

¡Mala suerte!

Lydia, me temo que últimamente te he puesto muy nerviosa.

Porque no era yo mismo.

Ahora no. Estoy llegando a la parte emocionante

de la historia.

Yo también tengo una historia...

más terrible y aterradora

que cualquiera de las que nunca has leído. Lydia...

¿Qué ocurre?

Escúchame con mucha atención.

Escucha. Me has oído hablar de un hermano...

- No. - ¡Sí!

Sí, creo que sí.

Mi hermano, estaba tan cercano que casi era mi

segundo yo.

- ¿Muerto? - Eso creía.

Pero... ¿recuerdas cuando fui a Homburg?

No. Sí.

Lo encontré en un café de Homburg por casualidad.

Escúchame con mucha atención.

La guerra nos separó.

Y nos creíamos muertos mutuamente.

Mi Félix, inseparables desde niños,

y tan iguales como dos gotas de agua.

Cara a cara. ¡Vivo!

Digo vivo, claro, porque me encontré con que Félix estaba

moralmente muerto. Aquel chico amable

que conocí...

Aquel chico sensible - el músico más joven

del Bolshoi, donde nuestra madre

solía bailar ante emperadores - el mismo chico era

un deshecho... ¡Estaba arruinado!

Era un tramposo, un mentiroso, un falsificador...

¡Era un asesino! ¡Envenenó a la mujer que lo mantenía!

¡Hermann! Es como...

Resumiendo, una causa perdida, viviendo en el infierno,

tendiendo hacia la autodestrucción.

Nada podía desviarle del camino que había elegido:

el suicidio.

¡No!

No lo hagas.

Te ayudaré.

¿No pudiste hacer nada para redimirle?

Eso fue lo que le pregunté... Su alma anhelaba la redención.

"Quiero que mi muerte sea un presente" - dijo.

Sugirió un plan. Le dije - "No, imposible".

Suplicó. No quería escucharme.

¿Qué podía hacer yo? Rechazarle sería un crimen.

Está decicido a morir el día de su cumpleaños. Hoy.

Ni el presidente podría convencerlo.

Así que seré su ejecutor

y ocuparé su lugar en la vida. Yo mismo.

¿Eso no es un timo?

¿Un timo?

El dinero del seguro.

No se trata del dinero del seguro. Hemos alcanzado un

nivel espiritual más alto.

Es más importante que mi hermano no pierda

la última ocasión de recuperar su autoestima.

¿Te acordarás de todo lo que te he dicho?

Sí.

Cuando vengan a decirte que me han asesinado, por favor,

no hagas como en una tragedia griega.

Ya sabes que eres una pésima actriz.

Orlovius ha dejado caer la idea de que te entiendes con alguien,

así que modera el dolor.

¡No escuches a Orlovius, Hermann! ¡Es un chafardero!

No lo entiendes.

¡Vaya! ¡Todo es tan complicado! No hay nada listo y tu traje

de noche está en la tintorería.

No deseo que me incineren con la chaqueta de cenar.

¡Y olvida cualquier idea de prepararte! No sabes nada.

Me voy de casa como siempre.

Cuando no vuelva esta noche, telefonea a Orlovius y

pídele consejo. Es muy fácil.

¿Y Ardalión?

¡Ardalión! ¿Qué tiene que ver Ardalión?

¡Te hablo de una tragedia y tú no paras de hablar!

¡Lo siento! Estoy confundida.

- Hermann... - ¿Qué?

No te vayas.

- No te has afeitado. - No, ni anteayer tampoco.

Por favor... Era todo tan simple hasta que apareció

tu hermano.

Que haga lo que quiera sin ti. A él le da igual...

¡Va a morir igualmente!

¡Es importante para su alma! Y ahora, Lydia, es la hora.

Nos veremos dentro de dos o tres semanas en Suiza.

Sólo tienes que recordar exactamente lo que te he dicho,

e intentar no flirtear con el juez.

¿El juez? Hermann... por favor. ¡Por favor!

Lydia, sólo voy a trabajar.

Es sólo otra mañana.

Es perfectamente normal. Lydia, pasa un buen día.

¿No?

- Mi chantajista. - ¿Qué? ¡No se ponga nervioso!

¿Cree que me va a sacar ni un solo penique?

Si me va a denunciar a la policía...

No. Como le prometí. Mil marcos. El trato sigue en pie.

Lo sabía. No se tomó mi carta en serio, ¿verdad?

No, en ningún momento.

¿Se ha encontrado con alguien en el camino?

Sólo un carro,

y me he escondido, como me dijo.

- Bien. - Lo sé.

Ha llegado el gran momento. Tendrá que cambiarse de ropa.

Se quedará aquí todo el día. Puede dormir en el coche.

Y mañana irá al pueblo conduciendo por todas

las calles.

Le daré todas las instrucciones.

Pero lo primero es su apariencia.

Un burgués capitalista de la cabeza a los pies.

Me olvidaba los guantes amarillos.

¿Qué más olvido? Dése vuelta.

Dé unos pasos.

Ahora, Hermann.

Gracias.

¡Elsie!

¿Es Ud. la Sra. Hermann? Soy el inspector Schelling.

- ¿Alguna noticia sobre Hermann? - Malas noticias.

- Lo hemos encontrado, asesinado. - ¡Elsie, agua!

Lo siento.

¡Dios mío! ¿Qué ha pasado?

Aún no hemos encajado todas las piezas.

Había quedado con alguien. Tal vez hubo una pelea.

Le dispararon de cerca.

Hermann no tenía ni un solo enemigo.

Ardy, dame el brandy que has preparado.

Ardy es mi primo.

Discúlpeme, Sr. Orlovius. ¿Me concede un momento?

- Tengo una pregunta más. - Sí, claro.

Ud. dijo algo sobre un chantaje por carta, ¿verdad?

Sí, era una carta amenazadora. Vi que estaba preocupado.

Lo entiendo.

Asesinado por desconocidos.

Comprendo que el dinero no pueda compensar su pérdida.

¿Se quedará en Berlín?

No lo creo. Hay demasiados recuerdos.

¡Hermann!

Me llamo Félix Weber. Vengo de Zwickau. Soltero.

Me gustan los gorriones, las ardillas, los topos...

la filosofía es una invención de los ricos.

¿Cómo está? ¡Ven aquí!

¡Elsie!

- Inspector Brun. - Un policía quiere verla.

¿Sra. Hermann? ¿Está su marido en casa?

¡No me diga que le ha ocurrido algo terrible!

Tenía una premonición, inspector.

No estamos seguros. Hemos encontrado el cuerpo

de un hombre. Asesinado.

¡Mi pobre Hermann!

El hombre llevaba la ropa de su marido.

Tenía documentos de su marido.

Es el pasaporte de su marido, ¿verdad?

Claro.

Pero la víctima no es el hombre de la foto.

¡Por el amor de Dios! ¿Quién se parece a la foto

de su pasaporte?

Tiene que ser Hermann. ¿De qué está hablando?

No se parecen. Es otro hombre.

¿No se parecen?

No mucho.

Dígame, ¿su marido está enfermo?

¿Enfermo? ¡Está muerto!

Espero un recado, ¿hay alguno?

Lo siento. No ha llegado ningún recado.

¡Jean! ¿Qué le parece comer en vez del recado?

- Hoy tenemos buen pescado. - Con mucho gusto.

Esta gente son mi familia, tiene que entenderlo.

Claro.

Mi marido hizo posible que mis sueños fueran realidad.

Cuando nos casamos, yo sabía que iba a morir.

Vaya. Qué trágico.

Muy pobre.

Más. Y dos terrones.

¿Qué le parece, Sr. Weber? El asesinato misterioso.

Me temo que dejé de leer esas cosas hace mucho tiempo.

Sí. Conan Doyle, Dostoyevski, Edgar Wallace... qué infantil.

Tantas pistas, coartadas, pruebas...

El así llamado asesinato perfecto. No, no. Muy pobre.

¿Entonces, cuál sería el asesinato perfecto?

¿El asesinato perfecto?

Sí, el asesinato perfecto.

El asesinato perfecto...

El asesinato perfecto sería el que no ha ocurrido

pero se ha cometido.

El que se niega a sí mismo.

Sí, por supuesto es imposible.

No, no. ¡El asesinato perfecto sería aquel que cometiera

la víctima!

Sí, ¿lo ve?

Resulta que soy un poco filósofo.

- ¿De qué autor hablaban? - De ninguno.

El caso del periódico. En su tierra. Un caso extraño.

El asesino se hizo un seguro de vida y mató a otro.

¿Mató a otro? Querrá decir que la víctima

tenía un seguro.

No, el asesino. Le puso su traje

a alguien y luego le disparó.

¿Cómo lo supieron?

- ¿Cómo lo supieron? - ¿Saber?

Sí, que la víctima no era el hombre que pretendía ser.

Presumiblemente, debía haber algún tipo de parecido.

No lo mencionan. Véalo Ud. mismo.

Debe estar loco.

- ¿Alguna noticia? - Ninguna. Aún no.

Si supiéramos quién era el muerto,

creo que encontraríamos a su marido enseguida.

Le he dicho que era su hermano.

Su marido no tenía hermano, ¿o acostumbraba a mentirle?

¡¿Cómo voy a saberlo?!

¿Este bastón es de su marido?

Han encontrado una pista...

¡Una pista! Fantástico. Ya conocen al asesino,

pero no lo encontrarán... porque no saben quién

es la víctima.

¿No lo ve?

Es una pista sobre la identidad de la víctima.

¡Basura! ¡Mentiras! ¡Todo mentiras! ¡Mentiras!

Oiga, ¡déjelo!

¿Me entiende?

Por favor...

Vine aquí en busca de paz y calma.

Por los nervios.

Pero tanta obsesión con el asesinato...

No me puedo quedar.

Aquí estará tranquilo.

Bien, justo lo que quería.

Su pasaporte...

¿Qué instrumento toca?

Instrumento... sí, el violoncelo. Soy violoncelista.

Supongo que tiene todos los periódicos...

- Claro. - ¡Todo falso! ¡Mentiras!

Falso.

Mentiras.

¿Oiga?

- ¿Señor? - ¿Tiene un cuarto libre?

- Sí. - ¡Perfecto!

¡Un remoto presagio de trabajo y pura delicia! Soy músico.

El año pasado tuvimos actores. Vino una compañía de cine.

Hasta mataron a mi pajarito. Se llamaba Heliogabal.

Triste. Muy triste.

¿Me da la llave?

Participamos todos, todo el pueblo. Hacíamos de aldeanos.

- Su llave. - Gracias.

No, no. Tiene que doblar la esquina y subir

las escaleras. Su cuarto es el primero a la izquierda.

El primero a la izquierda.

Pero...

Sí, es él.

- Pase... - ¿Hermann Hermann?

Sí.

No.

Qué infantil...

buena gente. Estamos rodando una película.

Saldré enseguida.

Pero tiene que hacer retroceder a los policías

para que pueda huir.

Soy un actor de cine.

Voy a salir.

No miren a la cámara.

Voy a salir.

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