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¿Qué cadáver alimenta ese fuego?
Dogan. Bamsi.
Llévenlos a los caballos.
- Átenlos. - Como ordenes, bey.
Como ordenes.
Te arrepentirás de no matarme, Ertugrul.
Eran amados por Dios.
Se los llevó juntos.
No les negará su misericordia.
Hatun,
tu dolor es mi dolor.
Tus lágrimas son las mías.
Juntos enfrentamos muchas penas.
Superaremos esto, si Dios quiere.
Gokce era una parte de mi corazón.
Era más que mi propio corazón, yo misma la crié.
Juntas enfrentamos cada problema.
Enterré a mis tres hijos antes de amamantarlos.
Y ahora a mi hermana.
Lo único que queríamos era un poco de paz.
Una sonrisa dulce.
Se lo hemos dado todo a la tierra, bey.
Levántate.
Selcan.
La paz que buscamos está aquí, en tu vientre.
Tendremos la paz que buscamos
y esas dulces sonrisas con nuestros niños, si Dios quiere.
Si Dios quiere, bey.
Ven.
- Que resulte fácil, hatunes. - Gracias.
- Que resulte fácil. - Gracias, sultana.
Sus tejidos son tan hermosos. Que Dios bendiga sus manos.
Gracias.
Aprendimos de usted a tejer las alfombras en azul como el cielo
y amarillo como el sol, sultana.
- No es nada. - Ha puesto mucho esfuerzo en nosotros.
Gracias, hatunes.
Si tan solo la hierba para los animales fuera más fresca,
entonces nuestras lanas serían más esponjosas, sultana.
Y las plantas que usamos para teñir resultan escasas.
Si tuviéramos tierras más fértiles, estaríamos muy felices.
Si Dios quiere, tendremos tierras así.
Con vastas pasturas
y llanuras llenas de vegetación que reavivarán nuestras alfombras.
Las tierras más fértiles.
¿Dónde será eso?
Las tierras para nuestros rebaños,
nos permitirán mejorar las alfombras y allí las venderemos.
Hatunes, hablo de la frontera bizantina.
Un lugar en la tierra, con aguas bravías fluyendo en arroyos,
gracia en la tierra y ganancias de nuestros enemigos,
donde seremos más grandes y más fuertes.
Así que secuestraste a Noyan, Ertugrul.
No te dejaré llegar al sultán.
¡Convoquen a bey Sungurtekin de inmediato!
Vendrá a mí de inmediato.
¿Qué está haciendo el bey, Dogan?
¿Liberará a Noyan como a bey Gundogdu?
¿Cómo podría hacer eso, Oso de Montaña?
¿Qué hará entonces?
¿Cómo voy a saberlo?
¿Turgut? Dime, ¿qué pasará?
Nunca he visto a Turgut así
como miró a bey Ertugrul.
Que Dios nos ayude.
¿Por qué, bey?
¿Por qué?
¿Qué harás con estos innobles?
¿Qué es lo que quieres hacer?
¿Cuántas vidas más tomará,
como bey Tungtekin y hatun Gokce, para que lo mates?
¿Es así que vengarás a Aykiz, a Demir el Salvaje, todas esas vidas?
¿Crees que todos son honorables como tú, Turgut?
Por eso digo que deben morir, bey. Por eso digo que tomes sus vidas.
Si los matamos, perderemos la batalla que libramos hasta ahora.
La sangre derramada no verá justicia.
No lo quiero muerto, lo necesito vivo.
Contén tu furia, Turgut.
Si no hacemos que pague por toda la sangre, ¿quién lo hará, bey?
Quiero que comparezca frente al sultán Aladín, junto con Yigit.
¿Es que no lo ves?
No lo veo, bey.
Ya tuve suficiente.
Tuve suficiente de estos juegos.
¡Suficiente!
¡Turgut!
No quiero un alp débil y desesperado junto a mí.
Lo que me ha sostenido todo este tiempo es mi venganza, bey.
Tú me la quitaste.
Como no quieres ver un alp desesperado junto a ti,
entonces me voy.
Bey.
Sube a tu caballo, Bamsi.
Ni siquiera puedes controlar a tus alps.
Cállate, muchacho herido.
Nos vamos.
Halime.
Selcan.
¿Qué fue lo que les dijiste a las mujeres?
Por favor, dímelo también.
Les dije que siempre habrá tierras mejores y más fértiles, Selcan.
¿Quieres decir migración?
Bey Gundogdu, bey Sungur...
muchos beyes de los kayis y dodurgas, ¿sabes lo que quieren?
¿No entiendes que lo que dices nos separa?
¿Habría separación entre nosotros, Selcan?
Eres mi hermana.
¿A quién más tengo en la vida, además de ti?
Halime.
Perdí a Gokce.
¿Qué haría si te perdiera a ti también?
Te lo ruego, habla con bey Ertugrul, convéncelo.
Dejé a Gunduz con Banu Cicek. Debo ir a la tienda.
Selcan.
¿Qué sucede, hija?
Halime.
Les contó sobre las fértiles tierras adonde migrará
a las mujeres de la tribu.
Madre. Por favor.
Significa que nos separaremos. No permitas que nos separemos.
Te lo suplico. No permitas que nos dejen.
Detenlos.
Detenlos.
Ertugrul.
¿En qué estás ahora?
La sangre de nuestro bey y su esposa no ha sido vengada.
La migración está cerca y no sabemos qué hacer, bey.
Nuestro deber es no dejar a nuestra tribu sin líder, en primer lugar.
Solo podemos encontrar esa solución para la migración.
Y luego vengaremos al bey y a su esposa, con el permiso de Dios.
Esos innobles pagarán uno por uno por lo que hicieron, si Dios quiere.
Bey Artuk tiene razón. Todo tiene su momento.
Mientras haya un bey sabio como usted, superaremos esto.
Gracias.
- La paz sea contigo. - Y contigo, bey Akca.
Veo que no has dejado la tienda vacía, bey Artuk.
Nuestra tienda es el corazón de los dodurgas, Akca.
Siempre contará con sangre nueva, con la ayuda de Dios.
Veo que el entusiasmo por el señorío incita los corazones de todos.
El señorío no es una posición de ambición, Akca.
Es una carga pesada que Dios ha conferido a la humanidad.
Es hora de reunir al concejo
y elegir al valiente que llevará esa carga.
Ha llegado la hora, bey.
- Es verdad. Es la hora. - Llegó el momento.
Nuestro concejo es nuestro destino, bey Akca.
Para mañana debe estar claro quién quiere ser bey.
Para poder resolver este asunto rápidamente.
Nuestra tribu no quedará sin líder.
- Que suceda lo mejor. - Que así sea.
Beyes, partamos de inmediato. El emir Sadettin nos espera.
¡Selcan!
¡Selcan!
¿Qué pasa, hatun? ¿Nuevamente estás acongojada?
¿Cuándo fue la última vez que vivimos sin problemas?
Sin embargo, mientras estés conmigo,
nadie podrá destrozar la tienda de mi corazón.
No te preocupes.
Dime. ¿Quién ha roto tu corazón?
Es como una hermana para mí.
Después de Gokce, no tengo otra hermana sino ella.
Pero ella también me dejará.
¿De quién estás hablando, hatun?
¿Acaso no somos las ramas de un mismo árbol, bey?
Dime. ¿De quién estás hablando?
De Halime.
Contó a las mujeres en el taller sobre las tierras adónde migrará.
Se lo dije a mi madre.
Detenlos, bey.
No lo permitas.
Pasamos por tantos inviernos para llegar a la primavera.
No permitas que nos separemos.
Donde sea que vayamos, que sea juntos, por favor.
¡Halime!
¿Es verdad lo que dijo Selcan?
Lo es, madre.
Cuando nuestra tribu está en problemas,
cuando lloramos a aquellos que hemos perdido,
cuando es incierto lo que sucederá con tu hermano,
cuando es incierto cómo Ertugrul
se liberará del emir Sadettin,
¿tú haces esto?
Madre, sé lo que dije. Aun así, como sabes...
Claro que lo sé.
Lo sé. No estás actuando como la esposa de un bey.
¿Qué pretendes con engatusar a las mujeres?
Madre, ¿no es mi deber seguir el camino de mi esposo?
Si el sha Suleimán estuviera vivo,
¿lo dejarías solo?
Por supuesto que no lo haría.
Pero no puedes entrometerte en los asuntos de la tribu.
Soy la mujer de un bey.
Ni una hoja se mueve sin que yo lo sepa.
Mira, sultana Halime.
No permitiré que nadie
destruya la tribu del sha Suleimán.
Y debes saberlo.
No cayó presa de los antojos de otros a pesar de su juventud, príncipe.
Probó ser confiable como su linaje y valiente como su nombre.
Debe saber, que no codiciar la sublevación
es una de las grandes hazañas en presencia de Dios.
Que Dios ilumine tu camino.
Ertugrul.
¡Yigit!
Yigit.
Miren a este pequeño sultán. Se ha vuelto un gran hombre.
Dogan. Bamsi.
- Átenlos bien. - Como ordene, bey.
Cumpliste con otra tarea impuesta por tu destino, bey Ertugrul.
Tejerás esta misión como una tela de secretos y dolor,
pero fabricarás un traje de pura esperanza.
Debes saber que, a pesar de este ocaso en que nos encontramos,
tú serás el amanecer del islam.
Si Dios quiere.
Los de tu propia sangre se opondrán a ti.
No dudes ni desesperes.
No lo olvides,
Dios no se aparta de aquellos que luchan guerras sagradas.
Has sido de ayuda en muchos momentos difíciles.
Has compartido mis problemas y has sido la luz en mi camino. Gracias.
Ven aquí.
Sabes que siempre estarás en mis oraciones.
Que Dios ilumine tu camino, bey Ertugrul.
Nombren las cinco condiciones para disparar flechas.
Arco, cuerda, flecha, anillo y pulgar, maestro.
¿Qué sabe un maestro de una buena flecha?
Madera, cuerno, pegamento, ligamento.
Así tiren del arco desde sus ojos,
su bigote o su pecho,
no deben olvidar dos cosas.
- ¿Cuáles son? - Devoción y paciencia.
- Bien. - ¿Por qué devoción, bey Sungurtekin?
¿Cuál es el camino más hermoso
que lleva a la humanidad a Dios y obtiene su amor?
- La devoción, bey. - La devoción.
Así como la devoción es temer a Dios Todopoderoso,
alejándonos de las cosas que Él prohíbe,
la devoción de un arquero es mantener manos, ojos y corazón
lejos de lo que le impida alcanzar su blanco.
¿Qué cosas son?
Viento, humedad, dudas, aprensión.
Nunca lo olviden. La devoción es paciencia.
La paciencia es la naturaleza del arquero.
¡Arcos a nivel de los ojos!
- ¡Con el nombre de Dios! - ¡Dios, concédemelo!
¿Qué sucede, hermano?
Ertugrul de verdad ha perdido su camino, hermano.
Ignora el edicto del sultán por fuera y las palabras de los beyes por dentro.
¿Qué dices, hermano?
La sultana Halime habló con las mujeres.
Les pidió que se martiricen en nombre de Ertugrul.
Tenemos que encontrarlo y detenerlo, hermano.
Escucha, estuviste fuera mucho tiempo.
No sabes lo testarudo que es Ertugrul.
Buscará su destino con las manos si le atas los pies,
y con sus dientes, si le atas las manos.
Irá a esa maldita frontera bizantina.
Y arruinará la tienda de esta tribu,
legado de su padre, cuando se vaya.
Debemos descubrir dónde se esconde. No hay otra forma de detenerlo.
¿Hay algo que sabes, hermano?
No.
Ya no sé nada.
Por favor, dímelo, si sabes.
Arreglaré esto yo mismo, sin incluir a nadie más.
Luego de entregarle el príncipe al sultán,
nadie pedirá cuentas ni a mi madre ni a Ertugrul.
Hermano, si alguien puede resolver esto sin que corra sangre, soy yo.
Dime si sabes dónde está.
Por Ertugrul, por la sultana Halime,
por el pequeño en la cuna.
Mira, bey Akca.
Es obvia la cercanía de bey Artuk con Ertugrul.
Lo que me preocupa es que mañana se presentará al señorío
para ser jefe de los dodurgas.
Si bey Artuk se vuelve jefe de los dodurgas,
me preocupa que se alíe con Ertugrul.
No se preocupe, emir Sadettin.
No perderemos nuestra tribu por las aventuras de nadie.
Hagan lo que sea necesario.
Si no lo detienen,
su tribu caerá en la calamidad.
Bey Akca, hay un asunto que debo discutir con usted. Los beyes ya terminaron.
Usted es valiente.
Y piensa en su tribu. Puedo verlo.
Es digno de ser el bey de los dodurgas.
Lo sé.
Como bey Korkut. Como su hijo, el valiente Tungtekin,
usted será un bey honorable para los dodurgas.
Este oro lo ayudará
a abrir los ojos de los beyes que perdieron su buen juicio.
Gracias, emir. Que Dios lo mantenga junto a nosotros.
Aprenderán
que nadie, ninguna tribu,
puede elegir un bey sin mi permiso,
ni migrar adónde quieran.
Cualquiera que se rebele contra su poder nos encontrará primero, emir.
Le dirás todo al sultán Aladín cuando lo encontremos.
¿Para salvarte de Kobek?
Prefiero comerme la lengua antes que hacer eso.
Bey, ¿qué pasará con Turgut?
¿No dijo Turgut que su camino era el nuestro, Dogan?
Cuando dije que sufriríamos
y que no todos llegarían a destino,
¿acaso él no dijo que morirían por mí de ser necesario, Bamsi?
Les digo entonces
que es hora de que se aparte.
¿Lo hará con la rabia que ha nublado su mente
y que lo debilita o con las palabras de su bey?
En este camino, angosto y más filoso que una espada,
la venganza es importante.
Pero la mente lo es más.
Sufrí muchos tormentos a manos de Noyan.
Sin embargo, no se trata de venganza, sino de la continuidad del estado.
Si no podemos llevar a este innoble ante el sultán,
Kobek causará un gran daño al estado.
- ¿Entendieron? - Sí, bey. Claramente.
Mírame, Bogac.
Mantendrás la boca cerrada, ¿verdad?
Si quieres salir de aquí, esperarás a que llegue Kobek.
¿Entiendes?
Entiendo.
- La paz sea contigo. - Y contigo.
Y la paz sea contigo.
- Tienes lo que quieres, bey. - Aún no, bey Artuk.
¿Cómo está la tribu?
Los dodurgas tendrán su concejo mañana, bey.
Serás el bey de los dodurgas, bey Artuk.
Si te vuelves bey, seremos más fuertes en la frontera bizantina.
Como desees, bey.
Ve a la tribu inmediatamente. No menciones a nadie lo que viste aquí.
- Yo iré luego. - De acuerdo, bey.
Yigit.
Sí, bey.
Partiremos mañana con estos innobles.
Acudiremos al sultán Aladín. Le explicaremos la situación.
- Halime también nos acompañará. - Como desee, bey.
Aykiz.
Caminabas erguida.
Con tu cabello negro, largo hasta tus pies.
Tus cejas firmes como la cuerda de tu arco.
Tu boca tan pequeña como una almendra.
Tus mejillas, rojas como las manzanas de otoño.
¿Cómo me alcanzarás desde dónde estés?
Yo soy quien te seguirá...
...y quien esperará la muerte en tu camino.
Perdóname, padre.
No pude mantener mi promesa.
No pude evitar las acciones del bey.
No pude hacerlo pagar...
...a ese innoble que se llevó a Aykiz y a ti de mi lado.
Cada respiración es una carga, padre Demir.
Me ayudará ir por caminos que Aykiz nunca pisó, padre.
El yunque que ya no tocas,
el taller que tu hogar no calienta, están prohibidos para mí.
Ya no pertenezco a estas tierras.
Mi tribu está prohibida para mí, padre.
Perdóname, padre.
¡Perdóname, padre!
¡Perdóname!
¡Perdóname, padre!
Perdón.
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