All language subtitles for Sed de venganza Telemundo Capítulo 37.mp4-es-CC1

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Original subtitles

CC: TELEMUNDO NETWORK

♪ Sed de venganza, con fuego en la piel ♪

- Puede sentarse.

- Muchas gracias por estar aquí.

Me imagino que hoy es un día para celebrar.

¿Ya están los resultados de las pruebas de ADN?

- Sí, don Alfredo, pero lamentablemente

los resultados no son buenos.

- ¿Qué?

- Eugenio Beltrán sí es hijo de don Alfonso Del Pino.

Usted no.

- ¿Qué?

[♪♪♪]

- Esta es la noticia más genial que había recibido en años.

- Mira nomás quién es el perro sato.

- ¿Qué clase de broma es esta?

- Lo que dice ahí es que...

- Esto es una burla.

Tiene que haber un error.

- Sin temor a equivocarse, queda claro que la madre de Alfredo

era una total zorra.

- Tamaños cuernos que le colocó a don Alfonso.

Vieja hipócrita.

La vi un par de veces y tenía una pinta de beata

que no podía con ella.

- Mi madre era una mujer intachable.

El único hombre que tuvo fue mi padre.

- Lamentablemente, esos resultados...

- ¡El resultado me lo paso por el arco de triunfo!

Yo no tengo la menor duda que esto está manipulado.

- Seguramente van a querer repetir la prueba.

- Que la repita mil veces si quieren.

- El hecho es que Alfonso Del Pino es mi papito.

No cabe ninguna duda que tengo derecho a la herencia

que tuvo a bien dejarme.

- Eugenio, tal vez podría pelearse todo

en lugar de solo la mitad.

- ¿Por qué?

- Finalmente Alfredo no es más que un bastardo.

- Pues que repitan esa prueba.

Tiene que estar manipulada.

- Esto es algo que nadie se esperaba, ¿no?

- Y viene a ser un problema muy serio.

- Pues ahora sí que se fueron lejos.

Lo que hicieron es imperdonable.

- ¿Y qué vas a hacer si de verdad no eres hijo de...?

- Esa posibilidad no existe.

Mi madre jamás hubiera engañado a mi papá.

Era una mujer intachable.

- Bueno, pudo haber cometido un error.

- No, señor.

De ninguna manera.

A ver, a ver, una cosa.

Nadie se tiene que enterar de lo que nos dijeron

los abogados, ¿está bien?

Aquí no se ha dicho la última palabra.

- Lamentablemente estos asuntos legales son tardados.

Pero no tengo ninguna duda de que se te va a hacer justicia.

- De eso se trataba.

- El viejo zombie ha de estar que no lo calienta ni el sol.

- Sabiendo que él es el perro sato.

- ¿Quién lo engendraría, Eugenio, eh?

¿El basurero, tal vez?

- Estoy empezando a creer que es verdad

eso de que todo en esta vida se paga.

No te imaginas la forma en la que trataron a mi madre.

Eso es algo que nunca se me va a olvidar.

- El infierno está aquí, Eugenio.

Eso es algo que siempre he pensado.

Cuando le haces daño a alguien

así porque sí, todo se revierte.

- Claudia, no sigas tratando de tomarme el pelo.

Estás hablando con una ex adicta.

Y yo sé mejor que nadie cómo se pone uno

cuando le hace falta droga.

- Yo te juro que no me he metido nada.

Son ideas tuyas.

- Mira, puedes tomarle el pelo a los demás,

pero a mí no.

Te has estado metiendo.

- Es que me da mucha vergüenza.

- Tranquila.

- A ver.

[Roberto exhala]

- Gracias.

- Cuando me quiten los puntos,

quiero empezar a ir a la oficina.

- Primero vamos a ver qué te dice el doctor.

- Pero es lo mismo estar aquí acostado

a estar allá en la oficina.

- Roberto, tienes que llevártela con calma.

- Está bien.

Gracias por estar pendiente de mí.

Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Elisa.

- Tienes que cuidar lo que comes.

- Sí, ya sé.

Solo me queda un riñón y eso hay que cuidarlo.

Ahí va.

- ¿Estás bien? - Sí, sí.

[♪♪♪]

- Mirna. - ¿Hum?

- Encontré una escort que vive en Nueva York

que es todo el tipo que le encanta a Alonso.

- Tania, yo ya te dije que eso que piensas hacer

es una completa locura.

Ni se te ocurra, ¿ok?

- Si es efectivo, ¿qué importa?

- Ay, Dios mío.

Mira, ese Alonso te va a echar a perder.

Tú por estar pensando en venganza sin sentido,

con cuidado que no termines tu vida encerrada en una cárcel.

- Nadie va a saber qué fue lo que pasó.

- Ah, no, no. Es cierto.

Porque Alonso se va a quedar así, mira,

con los brazos cruzados.

No, tarde o temprano él va a empezar

a buscar a la prostituta.

¿Y sabes qué va a pasar?

Ella te va a echar de cabeza.

- Alonso no se va a atrever a decirle a nadie

qué fue lo que pasó.

Sabe que se convertiría en al hazmerreír de todo el mundo.

- ¿Así que de vecino de Emilio?

- Sí.

En unos días ya vamos a estar viviendo ahí

en el mismo edificio.

Espero que nos vayan a visitar más seguido, ¿no?

- Mónica lo dudo.

Ya no quiere volver a tener trato con ustedes.

- ¿Por?

¿Pues qué le hicimos para que sea tan ingrata?

Todavía de que le abrimos las puertas de la casa,

que la tratamos con afecto, con cariño, la tratamos...

- A ver, a ver, a ver, Alonso,

a mí no me vengas con estupideces.

Siempre le hicieron menos, siempre.

- No, yo no.

- ¿No?

¿Sabes qué?

No me importa.

Yo voy a hacer mi vida con ella por otro lado,

como si no tuviera familia.

- Lo que sabíamos.

La mujer que estaba con Fernanda tiene relación con Beltrán.

- Sí, por lo visto sí.

- Hermano, me encantaría estar contigo en este momento,

ayudarte, cuidarte, pero tengo muchos pendientes

en mi cartelito.

- Tranquilo. Yo voy a estar bien, ¿sí?

No te preocupes.

- Sé que no te gusta que te insista, pero lo voy a hacer.

- Ahí va.

- Ya nos estamos dando cuenta que Fernanda...

- Todo el mundo es inocente

hasta que se demuestra lo contrario.

- ¿Sí ves? ¿Sí ves por qué es que me preocupo?

Porque siempre estás justificándola

y justificándola.

Hay cosas que no se pueden justificar.

- Yo sé, yo sé.

Pero ¿tan malo es que le otorgue el beneficio de la duda?

A mí me queda claro.

Ella tiene negocios con Beltrán, sí.

Él fue quien la mandó a Miami,

seguramente para hacer quién sabe qué cosa horrible.

Sí, pero por instrucciones de él.

Y de eso a que lo haya hecho hay mucha distancia.

Marcelo, por favor.

Yo tengo que estar cien por ciento seguro de todo

antes de hacer algo contundente.

Por favor.

[♪♪♪]

- Sí, ya me dijiste que te habías caído

y por eso habías sufrido la lamentable pérdida de tu bebé.

Pero no me has dado una mayor explicación de el por qué

te quieres separar de Gabriel.

- La realidad es que yo fui la culpable del problema

que tuve con Gabriel.

- ¿Pero qué fue lo que hiciste?

- Desde hace algún tiempo,

Gabriela ha tenido problemas de impotencia.

- ¿En serio?

- Se ha estado tratando, pero no han habido resultados.

Yo me sentía necesitada, poco atractiva, frustrada.

- Y le fuiste infiel.

- Con Alonso, su hermano.

- Ay, por Dios, Brenda.

- Yo sé.

Y hay algo peor.

Alonso era el padre de mi bebé.

[♪♪♪]

- Sí, el hijo que estaba esperando Brenda era mío.

Es una lástima que lo haya perdido, ¿no?

- No friegues, Alonso.

Es la esposa de tu hermano.

¿Cómo te pudiste haber metido con ella?

- Son cosas que pasan, Sebastián.

Tú estás perfectamente bien enterado

del mal que nuestro hermanito padece, ¿no?

Brenda es joven, está bien bonita.

Pues le hacía falta sus dosis de cariño.

- Aún así no la hubieras tocado.

Ya hasta Gabriel trató de ahogarme.

Ya que con ese castigo baste, ¿no?

Por favor, no empieces a echarme sermones.

- Si yo estuviera en su lugar, te pego un tiro.

Esas cosas no se perdonan nunca.

- ¿Sabes qué, Tania?

El peor castigo que le puedes dar a Alonso

es tu indiferencia total y ya.

- No, no es suficiente.

- Mira, estás toda llena de rencor y de dolor

y eso no está bien, Tania.

¿Por qué no usas toda esa energía en algo positivo?

- Mirna, Alonso me arruinó la vida.

- No, no, no, para.

Porque tú se lo permitiste y tú lo sabes.

No, no me mires así.

Yo no estoy diciendo que él no fue culpable, ¿sí?

Pero lo que pasó es algo que tú hubieras podido evitar, Tania,

y no lo hiciste.

Ay, mira, mira, yo quiero que entiendas que el mundo

no empieza y se acaba con Alonso y Marcelo.

No, el mundo es mucho más.

Y yo estoy segura que allá afuera, mira, yo estoy segura

que allá afuera hay miles de hombres que estarían

tan felices de tener una princesa como tú.

Vamos.

Échale ganas.

Prepárate y proponte a rehacer tu vida.

Vamos, mírate.

Mírate. Vamos, que sí se puede.

- Nunca me hubiera podido

imaginar esto que me has contado.

- Por favor, no seas tan dura como para juzgarme.

- Tú eres mi hija y te amo.

Nunca te juzgaría.

Pero cometiste un grave error.

Gabriel estaba furioso.

- Y no es para menos.

- Pero yo también lo estaba.

¿Sabes por qué?

Porque ya lo sabía.

Lo sabía y no me dijo nada.

Se lo tenía guardado.

Y no entiendo por qué.

Nunca voy a comprender por qué no me dijo nada.

- ¿Por qué?

- Algo le echaron al tequila que me dieron.

Luego Miguel me llevó a su cuarto

y me obligó a acostarme con Rafita.

- No, esos son un par de animales.

- Juré que no iba a regresar, pero regresé.

Por otro... por otro tequila.

- Sí, sí, sí.

Yo sé cómo es cuando te enganchas.

Estás dispuesto a hacer lo que sea con tal de drogarte.

Si no, mírame a mí.

- Todos los días ha sido lo mismo, Ana.

Y lo peor de todo

es que no solamente Miguel y Rafita se acuestan conmigo.

- Te prostituyeron.

Sí.

Hicieron lo mismo que hicieron conmigo.

- Ana, por favor, no le digas a nadie.

Te lo juro que me moriría.

Por eso a Érika nunca le gustó Miguel.

Ella tenía razón.

- Claudia, escúchame.

Tienes que contárselo a Érika.

Ella puede ayudarte.

Cuéntaselo a ella o a Elisa. Elisa también.

- Yo voy a solucionar este problema sola, ¿ok?

No lo repitas, por lo que más quieras, Ana, por favor.

Por favor.

- Sola no lo vas a conseguir.

Créeme. Te habla la voz de la experiencia.

Cuéntaselo a Érika.

Ella va a saber cómo ayudarte.

Ella te ama por sobre todas las cosas.

Solo, por favor, no te quedes callada.

[♪♪♪]

- Repartan estos volantes por todo el barrio.

A ver si dejan que los peguen

en las ventanas de algunos negocios.

El cupo es limitado, así que bien abusados.

Inscríbanse de una vez.

Vivimos en los Estados Unidos

y necesitamos hablar muy bien el inglés.

Listo.

Muy bien.

- En lugar de aferrarte en que vas a ganar el juicio y en que

las pruebas son falsas, pon los pies sobre la tierra.

Hay que tener un plan B por si pierdes.

- Gabriel tiene toda la razón.

No es que queramos ser pesimistas,

pero como van las cosas...

- Nunca he perdido.

Y esta no va a ser la primera vez.

- Papá, hay que tomar precauciones.

- La única precaución posible es meterle un plomazo a Eugenio

y a ese viejo mequetrefe.

En lugar de opinar, ¿por qué no hacen algo efectivo?

¿Por qué no se deshacen de ellos?

[♪♪♪]

♪ En un mundo de sombra ♪

♪ donde el silencio grita, ♪

♪ cada palabra es un eco ♪

♪ de promesas marchitas. ♪

♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪

♪ lealtades rotas, ♪

♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪

♪ sálvese quien pueda. ♪

♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪

♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪

♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪

♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪

♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪

- Estamos hablando en serio, papá.

Hay que tener una estrategia

por si pierdes el juicio con Eugenio.

- A ver, ¿qué me sugieres?

- Pues no sé.

Hay que pensar.

Pero algo se puede hacer.

- ¿No que tú eras el genio de los negocios, Alfredo?

- ¿Por qué no me dejan solo?

No estoy de humor para seguir escuchando estupideces.

- Vámonos.

- Ok.

- ¡Pa fuera!

Fernadna: Eso es lo que se dice ver la tempestad y no hincarse.

- No es por nada pero ya nos fuimos a la fregada.

- Si Beltrán se queda como dueño de la mitad de todo esto,

esto va a ser un campo de batalla.

- Por lo visto, lo único que le interesa

es que hagan feliz a papá.

- Ay, no, ni me lo digas porque se me revuelve el estómago.

- Sí, pero tú no haces nada para evitarlo tampoco.

- ¿Qué quieres qué haga?

Yo no puedo hacer nada.

Ya lo conoces.

- ¿Ves?

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Sí, Marcelo, yo sé perfectamente que todo la acusa,

pero es muy difícil creer que ella es una criminal

sin escrúpulos.

Hablas con ella, ves su carita,

sus ojos, y sientes sientes su sufrimiento.

Conectas con ella...

- Sí, ¿no? Y tú caes, tú caes en sus redes.

- A ver, no, no, tampoco así.

Pero es inevitable no compadecerla.

- ¿Y si hubiera matado a tu abuela?

¿Te parece poco?

- Eso todavía hay que comprobarlo.

- ¿Y cómo lo vas...?

- Es que a ver, hermano, la única forma en la que tú

lo puedas comprobar es que ella te lo confiese.

Y créeme, eso no va a pasar.

- Hola.

Hola.

[♪♪♪]

- Muchísimas gracias por sus compras y que las disfrute.

La esperamos por acá.

- Estuve pensando en lo que me dijiste.

- Ah, ¿sí?

- Y no quiero dejar ningún hilo suelto.

- Tania, tú vas a seguir con lo mismo, ¿no?

No, por favor, no.

- A la escort que voy a contratar la podemos disfrazar.

Las mujeres, con peluca, maquillaje, lentes de contacto,

parecemos otras.

- Ya, Tania, ya para.

Yo no te quiero escuchar diciendo tantas tonterías.

No más.

Mira, tú sabes que yo te quiero, ¿verdad?

Y no quiero verte metida en problemas.

- Que lo llevé a un hotel.

Cuando esté dormidito, llego yo a reclamar el trofeo.

- Tú definitivamente estás loca. Loca.

Pero eso sí, que quede claro, es solo porque sé

que es una fantasía de niña loca que hay en tu cabeza.

Ocúpate. Estás muy desocupadita.

Vete a trabajar.

Hay mucho por hacer aquí.

- Mirna. - ¿Qué?

- Lo voy a hacer.

Es en serio.

- Sí, justo me voy hoy.

Emilio tiene mis maletas en el coche.

- Sí, voy a llevarlo al aeropuerto en un momento.

- Bueno, que tengas buen viaje y espero que vuelvas pronto.

- Gracias.

Supe que se reunieron con los abogados.

¿Ya tienen el resultado de la prueba de ADN?

- Bueno, Alfredo nos pidió

que no hiciéramos comentarios al respecto.

Pero ya sabes que yo nunca te oculto nada.

Marcelo, por favor, te suplico tu total y absoluta discreción.

Me voy a meter en serios problemas si Alfredo se entera

que abrí la boca.

- Sí, no, tranquila.

No, no me lo tienes que pedir.

- Alfredo no es hijo de Alfonso Del Pino.

[♪♪♪]

a musical ♪]

- Ya me enteré que nuestra querida drogadicta

regresó a la casa.

Y usted, por lo visto, ya no necesita nada de mí.

Me imagino que me echó al cajón de los muñecos rotos.

- ¿Me creería si le dijera que estaba pensando en llamarlo?

- Ah, ¿sí?

Y eso como ¿para qué?

¿Para saludarme y darme las buenas nuevas?

- Necesito drogas de las que le daban a Ana.

Necesito que me las consiga lo que se dice ya.

Si el testamento está convalidado

y ahora Alfredo no es hijo de los Del Pino,

créeme, la situación está muy complicada.

- Tienes toda la razón.

- Yo no soy abogado, y créeme, no sé de leyes.

- Sí, pero yo no creo que sea mucho lo que pueda hacer.

- Lo bueno es que Fernanda va a quedar bien parada con todo eso.

- Y vas con eso.

No empieces, Marcelo.

Por favor, no empieces.

- Hermano, yo me tengo que ir.

Por favor, cualquier cosa, llámame.

- Créeme, así va a ser.

- Ey, cuidado con las pasiones.

Endiosarse con alguien es peor que una droga.

Créeme.

¿Sí?

- Vamos, te llevo al aeropuerto.

- No, no hace falta ser adivino para saber que falsificaron

el resultado de esa prueba.

A ver quiénes son los trazas ahora, viejo cara de mandril.

- Puedes repetir la prueba mil veces si quieres.

El resultado va a seguir siendo el mismo.

Aquí tengo el teléfono con alto parlante

y tengo conmigo a Eugenio, que te quiere saludar.

- ¿Cómo estás, perro sato?

- El único sato que conozco eres tú y el viejo imbécil ese

que tienes al lado.

- Qué sucia resultó ser tu mami, ¿verdad?

¿Con quién le pondría tamaños cuernos a mi papito?

- Tal vez con el recolector de basura.

- Alguna vez me sentí mal por no haberte dado dinero

para cuidar a la gran meretriz que te parió, Eugenio.

¿Pero sabes qué?

Me alegra que haya tenido una larga y dolorosa enfermedad

y que se haya muerto.

- Donde esté se ha de estar riendo de ti

y de la hipócrita y calenturienta señora Del Pino.

- En el único lugar que puede estar es en el infierno,

adonde tú muy pronto la vas a acompañar.

- Porfa, no quiero que mi papá sepa nada.

- Dios me libre.

Imagínate lo que diría.

Es que debiste separarte de Gabriel desde hace mucho.

Si ese matrimonio no estaba funcionando.

- Pero es que lo amo, mamá.

Amo a Gabriel.

Y eso es inevitable.

- Nunca debiste involucrarte con él

sabiendo cómo es esa relación que tu padre

y Alfredo tuvieron siempre.

- Ya lo sé.

Ya Gabriel va a ser parte de mi pasado, sí.

Mi papá puede estar tranquilo.

Ya no va a tener ningún nexo con los Del Pino.

[♪♪♪]

- Gabriel no me asigna ningún trabajo,

así que pues me la paso aquí todo el día matando moscas.

- En unos días voy a empezar a trabajar, así que prepárate.

- Tú relájate.

Mejor goza tu convalecencia, mi Roberts.

Mejor que Gabriel se flete con todo el trabajo.

- Es que me aburro sin hacer nada, Alonso.

- Por favor.

Es el estado ideal.

Vivir en la vagancia,

descansando, no hacer nada, relajado.

La vida es tan corta que la gente se la pasa

la mayor parte de su vida donde está trabajando.

Qué flojera, ¿no?

- Bueno, no todos tenemos la suerte de tener un padre

millonario como tú.

Dime una cosa.

Si algún día dejas de contar con su apoyo, ¿qué harías?

- No, no sé, mi Robert.

Le vendería mi cuerpo a la mejor postora.

[Roberto se ríe]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Ya dejé a Marcelo en el aeropuerto.

- No sé por qué me da la impresión

de que no le caigo muy bien.

- Ideas tuyas.

- Supongo que sabe perfectamente muy bien

lo que hay entre tú y yo, ¿no?

Siendo tu mejor amigo, le has de contar todo.

- Sí.

No le parece bien que esté involucrado

con una mujer casada.

Más sabiendo que es la esposa de nuestro socio.

- Mi relación con Alfredo va de mal en peor.

Y últimamente todo su interés está centrado en Patricia.

- ¿Qué? ¿Ya no tienes sexo con él?

- No.

Desde que estoy contigo, no podría.

El único hombre que me interesa en esta vida eres tú.

¿Vas a seguir teniendo esa actitud extraña hacia mí?

¿Cuándo me vas a decir de una buena vez qué es lo que pasa?

♪ Y te siento en mi piel, con la boca fría. ♪

♪ Soy la muerte. ♪

♪ Solo yo, solo yo. ♪

Tema musical ♪]

- Yo creo que me voy a ir a tomar un trago por ahí.

No tiene caso que esté aquí

todo el día metido sin hacer nada.

- Es lo único que sabes hacer.

Nada.

- Te pedí el puesto de Roberto y que tú le...

- Y mi papá se negó porque también sabe

que sería una pérdida de tiempo.

- Tú no lo...

- Y no vayas a empezar con el cuentico

de que le vas a contar a todo el mundo lo de Brenda,

que ya todo el mundo lo sabe.

Así que lo que digas o hagas me vale.

- Antes muerto que permitir que ustedes

pongan un pie en mi oficina.

- No va a ser tu decisión, mi querido pedazo de cretino.

El juez va a decidir.

Y me imagino que no te va a gustar nada lo que diga.

- Recuerden que del plato a la boca se cae la sopa.

- Estamos investigando qué cuentas bancarias tienes

en el extranjero porque la mitad de eso también va a ser mío.

- Y es mejor que no trates de hacerlas perdedizas

porque en esta vida todo se sabe.

Y entonces sí es verdad que te meterás

en problemas mayores, ¿eh?

- ¿Por qué no metes la cabeza en un inodoro

a ver si se te aclara el cerebro?

Porque lo tienes bloqueado.

¿Sabes qué?

No voy a seguir perdiendo el tiempo con ustedes.

- Yo también.

- Ya me aburrí de oírte ladrar,

Ambos: ¡perro sato!

[Se ríen]

- No entiendo por qué quieren irse de la casa.

Pensé que estabas feliz acá.

- No, no, para nada.

Nunca estuvieron de acuerdo en mi relación con tu hermano.

- ¿Por?

- Bueno, porque no soy una niña bien.

Porque trabajaba como mesera.

No soy fina, no tengo modales, no soy elegante.

- ¿Por qué es tan importante para ellos eso?

Mírame, tú eres preciosa.

- Gracias, pero detesto a Alonso y a tu madrastra.

De verdad, es la mujer más repugnante

que he conocido en mi vida y te compadezco

por tener que estar bajo el mismo dicho que ella.

- Puedes abrir la cortina, ¿por favor?

Quedamos en que no íbamos a tener contacto físico

aquí en la oficina.

No debemos.

- Es difícil, muy difícil verte y no poder besarte,

no poder verte, tocarte.

Te siento tan mío.

Y yo me siento tan tuya.

- Bueno, pues si tan mal te llevas con Alfredo

y está tan metido con Patricia, déjalo, ¿no?

- No, es lo que estoy tratando de propiciar.

Que se divorcie ya de mí.

Ya te dije que Alfredo es un hombre terrible.

Si yo tomo la decisión de divorciarme de él,

es capaz de de hacerme algo, de hacerme daño.

- Y el hombre con el que viviste, el padre de tu hija,

¿quién era?

- No quiero hablar de él. No quiero hablar de eso.

- Necesito que me digas la verdad porque estoy cansado,

estoy harto de tus verdades a medias, ¿me entiendes?

- Me estás lastimando.

Que te basta de saber que fue un hombre

tan o más perverso que Alfredo.

Un hombre que me empujó a hacer cosas de las que me avergüenzo

y de las que me arrepiento.

- ¿Qué cosas?

- ¿Qué te importa lo que pase conmigo y con Brenda?

- Sería una lástima que te deje, ¿no?

- No te metas conmigo, Alonso, y a Brenda déjala en paz.

- Es que aunque no lo creas, hermanito, yo también estoy

muy afectado y me daba mucha ilusión ser padre.

- Lárgate de mi oficina.

Y ya verás como pronto te vas a ir

de la empresa y de la casa también.

- Bueno, espero que mañana entrenemos, ¿eh?

Ahora me va a tocar a mí ahogarte.

- Lárgate.

[♪♪♪]

- Hola, Elisa.

- Hola.

- ¿Cómo va todo?

- Más o menos.

- ¿Y Roberto ¿cómo sigue?

- Mejor. Está descansando en la casa.

- Ah.

- ¿Y que,

regresó y va a vivir ahí contigo otra vez?

- Por lo pronto, sí.

- Yo no sé, pensé que se iban a divorciar.

No sé por qué pensé eso.

- No es que ese era mi plan,

pero con lo de su enfermedad todo cambió.

- ¿Entonces ya no lo vas a dejar?

- Mientras no se recupere, no.

Soy lo único que tiene en la vida

y en este momento me necesita.

Créeme que lo que más quisiera sería ser libre

y poder empezar una nueva vida pero...

- Elisa...

- Yo necesito cuidarlo.

Y tengo que estar al pendiente de Ana.

Así que voy a tener que esperar.

[♪♪♪]

♪]

- Hasta que te dignas a contestarme.

Me estoy volviendo loco sin poder hablar contigo, Brenda.

- No tenemos nada más que decirnos, Gabriel.

- ¿Te parece que no?

- No, lo único que haríamos sería insultarnos, pelear.

Ya yo sé que cometí un error imperdonable.

- Brenda, Brenda, Brenda, Brenda, escúchame.

Escúchame.

A pesar de todo, yo te quiero.

¿Eso no basta?

¿Eso no cuenta?

- No. Es mejor que cada quien siga su camino.

- Yo no quería que te cayeras

y mucho menos que perdieras el bebé.

- ¿Aún sabiendo que era hijo de Alonso?

- Si para ti era importante, eso me basta.

- Pues a mí no me basta, Gabriel.

No me vuelvas a llamar.

Mi abogado se va a poner en contacto contigo

para arreglar lo del divorcio.

[♪♪♪]

Eugenio: Qué sucia resultó ser tu mami, ¿verdad?

¿Con quién le pondría tamaños cuernos a mi papito?

Adalberto: Tal vez con el recolector de basura.

- Eugenio debe estar de fiesta.

- Me imagino que sí.

El que debe de estar en depresión es Alfredo.

- Sí, él nunca se imaginó que algo así le pasara, ¿verdad?

- Claro que no.

Y con lo orgulloso que es.

¿Pero sabes qué, Mirna?

Me alegro en el alma.

Se lo merece por rata.

- Fernanda, tú crees que Eugenio va a ganar el juicio, ¿verdad?

- Pues supongo que sí.

Aunque no podemos confiarnos.

Alfredo, ahí donde lo ves, no es nada tonto.

Estoy segura que tiene un as bajo la manga.

- Sí, Ana está empezando a adaptarse a su nueva vida.

Sí, lo que importa es que ya está de regreso con su familia

y muy bien.

- Bueno, yo la vi muy bien cuando la conocí.

- Sí, ya tenemos cita con nuestro doctor de cabecera.

Digo, no perdemos nada que la revise de pies a cabeza.

- Sí, más vale prevenir que lamentar.

- Elisa, yo no me quiero meter, pero me voy a meter.

Si tú no estás enamorada de Roberto,

no sigas con él por lástima.

Tampoco por tratar de olvidar algo que algún otro amor

te hizo en el pasado.

- Lo que yo viví hace diez años es algo que tengo que olvidar

porque esa historia de amor está muerta, enterrada.

- Pero puedes llegar a vivir otra.

Una que te llene de sonrisas, de alegría, de felicidad,

de amor, que te llene de ilusión.

Pero si estás amarrada a alguien a quien no amas...

- Por lo menos sé que él me ama a mí.

De eso no tengo ninguna duda.

Tal vez debería de conformarme con eso.

[♪♪♪]

- Sí, ya sé que Elisa y tú han tenido problemas,

pero no creo que sea algo que no se pueda solucionar.

- Según ella, el único problema es que no está enamorada de mí.

Sigue recordando a su viejo amor, al jardinero,

que me imagino que tú también lo has de recordar.

- Él se fue y quién sabe si regresé.

Sería tonto que Elisa siga pensando en él.

- Ayúdame y haz que entienda.

- Yo te voy a ayudar.

Te voy a ayudar a que Elisa abra los ojos y entre en razón.

Me caes bien, ¿sabes?

Yo creo que tú eres la persona ideal para Elisa.

- ¿Qué te pasa?

Mira nada más cómo estás.

- Ha de ser el calor.

Es que siento que me sofoco.

- Aquí adentro hay aire acondicionado.

- Estuve limpiando por todos lados y no sé, empecé a sudar.

- Claudia.

Claudia, no te veo nada bien.

- Mejor dile a la Érika que no sea gacha,

que me venga a ayudar.

No puedo con todo este trabajo sola.

- ¿Qué te pasa?

Si puedes.

- No entiendo por qué no han llamado a alguien

que me venga a apoyar, Fermín.

Mejor dame una manita tú.

Se lo ha pasado llueve y llueve.

No hace falta que riegues el jardín.

[♪♪♪]

- Ah, yo estaba tan feliz, pero tan feliz, hasta que llegó Ana

con eso de que no se acuerda de nada.

Y luego la estúpida de Mónica también.

Ay, no, Mirna, estoy que lo que quiero es desaparecer

a todo el mundo, incluyendo a Eugenio.

- Ay, Fernanda. Eugenio.

Si tú estabas pensando en algún momento

que ese hombre te iba a dejar en libertad y que te iba

a decir dónde está tu hija, yo creo que te tienes

que ir olvidando de eso también.

Yo no quisiera contarte esto porque él si se da cuenta...

- Ay, Mirna, entre nosotras no hay secretos.

- Sí, es verdad.

Eugenio me dijo que ubicó al investigador que tú contrataste

para encontrar a tu hija.

- ¿Qué? ¿Cómo?

¿Y cómo supo de él?

- Tú ya sabes, él nos vigila a toda hora, en todas partes.

- Pero ¿y qué hizo con el investigador o qué?

- Pues no entró en grandes detalles.

De todas formas, me dijo que él se iba a encargar

de que el investigador nunca la encuentre.

Y que ese iba a ser tu castigo: no encontrarla jamás.

- El hombre que ha estado siguiendo a Fernanda

me acaba de enviar una foto.

Ya te la reenvié.

Al parecer por error se la envió a alguien más.

- ¿Foto de qué?

- De Fernanda entrando al hotel

en donde se está hospedando Eugenio Beltrán.

Lo ha estado viendo.

Como suponíamos.

- Bueno, ya podemos irnos.

- Cómo se han tardado en autorizar la salida, papi.

- Tu habitación en casa

está exactamente igual que la dejaste.

Ahora cuando lleguemos, mandamos a alguien

al nido de rata de los Del Pino

para que pueda recoger todas tus cosas.

- ¿Qué diablos haces tú aquí, pedazo de imbécil?

[♪♪♪]

- Claudia está rarísima.

Se la pasa temblando todo el tiempo.

Está como, no sé, como muy ansiosa.

- Antes y que no se ha caído muerta.

¿Qué puedes esperar de alguien que no duerme?

Ve tú a saber a qué hora sale del antro ese.

Es que no hay cuerpo que aguante ese ritmo, Fermín.

- Brenda es mi esposa y tengo

todo el derecho a estar con ella.

- Brenda no será nunca más nada tuyo, pedazo de infeliz.

No sé muy bien lo que le hiciste,

pero ella no quiere saber nada más de ti.

- Le voy a pedir que no se meta más entre nosotros,

que muchos problemas de los que hemos tenido

han sido gracias a usted.

- Ese matrimonio está condenado al fracaso desde el principio

y este es el momento de ponerle punto final ya.

Te advierto.

No quiero verte cerca de mi hija jamás.

[♪♪♪]

- Yo sé que Eugenio Beltrán se comunicó con usted

y está tratando de interferir en la investigación

por la cual yo lo contraté.

- Pero yo no sé de qué me está hablando,

porque yo sí seguí haciendo la investigación.

De hecho, estaba por comunicarme con usted

para ponerla al tanto de lo que averigüé.

Lamentablemente va a ser imposible dar con su hija,

señora, porque sí murió al poco tiempo de dar a luz.

Y sí hubo una pareja que se llevó una niña del hospital,

pero era la hija de otra mujer.

CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com

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