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Original subtitles

Si aún no habéis visto Perdidos, mejor no veáis este documental,

porque os la va a destripar entera.

Estáis avisados.

Hola. Esta es la película orientativa

del documental de Perdidos.

En este documental analizaremos el legado de la serie,

cómo cambió el mundo de la televisión y la comunidad de fans que se creó

para resolver los misterios de la isla.

Relajaos y disfrutad de la película.

Gracias.

Namasté y buena suerte.

Perdidos es mucho más que una serie.

A mí me cambió la vida.

Se la cambió a mucha gente.

Enseguida pensé

que, si no era una isla normal,

me interesaría como serie.

Te hacía cuestionarte tus propias creencias.

¿Eres un hombre de ciencia o un hombre de fe?

Nada nos había preparado para la magnitud de Perdidos.

Todos tienen defectos.

Todos buscan redimirse, y eso atrae muchísimo.

La gente no es consciente

de lo mucho que transformó el mundo de la televisión.

Perdidos era algo enorme. Era colosal.

Fue una época muy especial.

Histórica.

No sabíamos que los fans iban a responder de aquella manera,

pero sí que había que poner toda la carne en el asador.

¿Empezamos por el principio?

No veo por dónde más empezar.

La serie tal y como la conocemos empezó con Lloyd Braun,

presidente de la ABC.

Lloyd quería un Supervivientes, pero con más presupuesto y calidad.

«Te cuento mi idea», le dije.

«Sería una serie más rara de lo que te esperas.

Nada que ver con Náufrago,

la isla no es una isla normal,

hay una escotilla, no están solos del todo,

en la selva hay monstruos»..

Yo: «No te va gustar». Y él: «¡Me encanta!».

Tuvo la lucidez de juntar a J.J. y a Damon Lindelof.

FAN DE PERDIDOS.

Los presentó, que alucino de que no se conocieran ya,

y dio luz verde a un borrador que se redactó en cinco días.

Escribí una cosa aproximada,

un borrador del posible piloto.

J.J. y yo hablamos, nos dimos feedback, lo rescribimos y lo enviamos.

Nos conocimos un lunes y esto fue el viernes por la noche.

Y se convirtió en el mayor éxito de la historia del canal.

También dio luz verde a Mujeres desesperadas,

Boston Legal y Anatomía de Grey.

Series enormes.

Son muchas asistencias por partido.

¿Se dice así? Bueno, que fue el MVP. No sé, no entiendo de deportes.

El sábado por la mañana sonó el fijo de mi casa.

Preguntaron: ¿«Eres Damon?». Y yo: «Sí».

«Damon, soy Lloyd Braun».

- ¿Quién es? - Uno de mi barrio, Lloyd Braun.

SÍ. EL MISMO.

J.J. llevaba toda la semana llamándome en broma.

Así que al recibir la llamada dije: «Hola, Lloyd».

Se calló un momento y luego dijo: «Bueno, que he leído el borrador».

Y yo pensando: «Joder, que es él de verdad».

Y él: «Tenéis luz verde para el piloto».

Para mí, y para mucha gente,

el episodio piloto de Perdidos es el episodio piloto perfecto.

CRÍTICA DE TELEVISIÓN

Ahí fue.

Para mí hay un antes y un después de ver aquel episodio.

Aquel episodio piloto lo tenía todo

para ser uno de los pilotos de dos horas más inolvidables.

Hicieron trampa. Era como sacar un disco doble.

Pero funcionó y me encanta.

No se cortaron en nada:

rodaron en exteriores, con un avión de verdad...

Aquello era caro, y se notaba.

Nunca se había hecho algo así.

Creo que ahora no se entiende

porque en todas las series se gasta muchísimo dinero,

pero en aquella época no era así.

Y los pilotos los dirigen grandes directores.

Ya no es novedad, pero entonces sí lo era, mucho.

A J.J. le entusiasma su trabajo. Todo lo que hace es fenomenal.

Pues esto le entusiasmaba por diez.

Le hacía muchísima ilusión.

Pregunté qué estética buscaban.

DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA

Normalmente vemos películas o fotografías con el director

para buscarla,

pero J.J. nunca tenía tiempo.

Un día fui a su casa y le enseñé mi lookbook.

«Vale, sí, estupendo».

«Esto es lo que quiero.

Que quede bien.

A ver si nos dan un premio».

«Bueno, vale».

Fue demencial.

No sabíamos lo que hacíamos, solo que nos encantaba.

Fue todo tan rápido que no nos dio tiempo

a planificar lo que iba a ser Perdidos.

J.J. dijo: «Esto es como estar en la escuela de cine

y que los profesores te den carta blanca».

Me acuerdo de que el piloto lo escribimos en un avión,

que menudo lugar para escribirlo.

Creo que cuando J.J. escribió aquel episodio piloto

estuvo muy inspirado.

Creo, afirmo y mantengo que J.J. es un genio.

Pero no como lo dicen en Los Ángeles: «Tío, o sea, es que eres un genio».

Él es un genio de verdad.

Se aventuró, no tenía claro adónde iba,

no sabía cómo saldría aquello...

Pero estuvo muy acertado.

Por eso creo que la serie fue tan buena y tan especial.

Aunque a primera vista fuera La isla de Gilligan a lo bruto.

Me dijo de qué iba la serie.

Y yo: «Es la peor idea que he oído en mi vida».

Y me encantaba La isla de Gilligan, pero ¿cómo vas a dramatizarlo?

«Os va a quedar una mierda».

Y creo que no me equivoqué.

Iban a comprar el fuselaje de un L-1011

para llevarlo a Hawái.

Se prepararon muchas cosas

antes de tener listo el marco conceptual de la serie.

Nos quedamos: «¿Cómo?».

Teníamos diez u once semanas para escribir el guion,

buscar al reparto, rodar, montar y entregar.

Fue el caos total a todos los niveles. Lo primero era buscar al reparto.

Recuerdo que todavía estaban juntando al reparto.

Iban escribiendo a medida que lo tenían.

Al guion le dimos forma a base de instinto y de la gente que íbamos conociendo.

Fue simultáneo.

Yunjin Kim hizo el casting para el papel de Kate.

¡Han vuelto! ¿Y el médico?

El médico ya no está.

«No es nuestra Kate, pero nos gusta cómo trabaja.

Vamos a meterla en el reparto, ¡y vamos a ponerle un marido!».

¡Zas!, papel para Daniel. Es que fue así.

Fue estupendo, y además hizo que el reparto fuera muy diverso

sin ser nadie cuota de nada.

El reparto era internacional. Al ser un avión, era plausible.

Cuando vi lo que hacían con Daniel Dae Kim...

Yo no sé si la gente se da cuenta,

pero los actores asiáticos no suelen hacer

ni de interés romántico ni de objeto de deseo.

En EE. UU., al hombre asiático los medios lo han desexualizado.

Me emocionó participar y ser testigo de aquello.

Para mí fue un casting como cualquier otro.

Buscaban a un coreano-estadounidense capaz de hablar en coreano,

y no somos tantos.

Me hizo ilusión. Me vi con posibilidades.

Me acuerdo de que Shannon y Boone...

eran la cuota blanca de clase alta metida con calzador.

«A estos dos, seguramente, les va a ir regular

en una isla desierta».

J.J. vio a Jorge en un episodio de Curb Your Enthusiasm.

- Yo tiro por... - Anda, tira. ¡Tira!

Y dijo: «Lo quiero en la serie».

«¿Para interpretar a quién?».

Y él: «Yo qué sé, ya se nos ocurrirá».

Lo describían como cincuentón y del sur de la América profunda.

Y ponía «camiseta roja».

Pensé: «Pues irá de rojo por algo».

Pero luego se me ocurrió que podía ser

como los que van de rojo en Star Trek, que los ponen ahí para matarlos.

«Mierda».

No sé cómo, pero creo que lo arreglé.

Y de cateto sureño hizo otro.

El personaje me gustó enseguida, porque era...

Era un amargado, pero era realista.

Soy un tipo complejo, guapa.

Y en ese punto estaba de... de mi «carrera interpretativa».

Llevaba 17 años de modelo.

Había viajado por todo el mundo, había llegado a lo más alto

y me había encantado.

Y me dio por probar esto.

Me enteré del casting porque oí:

«Pues buscan a una australiana».

Pensé: «¡Anda!». Y claro, puse la antena.

No tenía el guion, pero la hacía J.J. y por fuerza tenía que estar bien.

«No sé ni de qué va, pero tiene que estar bien.

Creo».

Pues yo vivía en Vancouver.

Conducía un Toyota Corolla del año de la polca,

con la luna trasera pegada con cinta aislante por no poder repararla.

Y había decidido,

medio en broma, presentarme

a pruebas para papeles de verdad, papeles más serios,

no para anuncios,

que es como me pagué la universidad.

Me voy a Live Links. Solo tienes que coger el teléfono

y en un momento estás allí.

Evangeline Lilly había hecho muy pocos papeles anteriormente,

y en el puto episodio piloto

se reveló como una actriz nata.

Cuando los persigue el humo,

Evie se separa del grupo y acaba en una especie de manglar.

Me encanta toda esa secuencia.

Uno.

Dos.

«Uno, dos, tres».

Recuerdo que me lancé y punto.

No tenía mucha experiencia

y aquella escena era muy emotiva.

Lo único que podía hacer

era ir a cuchillo.

No me quedaba otra.

Estuvo increíble. Le pregunté a J.J. qué le había dicho.

Y él: «Nada».

Tenía un talento innato. Una cosa increíble.

Ante la falta de experiencia,

creo que el ir a cuchillo funcionó.

Pero recuerdo que me veía y no me gustaba cómo lo hacía.

Me sentía incómoda, rara...

«Ay, no sé yo».

En un principio, la protagonista de la serie iba a ser Kate.

No Jack, sino Kate.

Jack Shephard iba a morir en el piloto.

Me imagino a los fans: «Ya lo sabemos».

Iba a ser la serie de Kate. Gracias a Dios que no lo fue.

Yo no podía cargar con la serie entera con la poca experiencia que tenía.

Matthew Fox ya había cargado con Cinco en familia.

Era mejor candidato que yo.

Adivinad qué estrella de cine iba a interpretar el papel de Matthew Fox.

Michael Keaton iba a salir en el piloto.

Iba a interpretar a Jack,

morirse al final del episodio y dejar a todo el mundo a cuadros.

Que el público fuera muy consciente de que cualquier personaje podía morir.

Y que daba igual lo que esperaran, no nos íbamos a ir con chiquitas.

La reacción de la gente...

Les encantó el personaje de Jack.

Y cuando se moría,

el proyecto entero les parecía un asco.

Y pensamos que no era plan.

Con eso hay un problema.

La inversión inicial. Los patrocinadores van a Nueva York.

Pagan por adelantado.

¿Michael Keaton? Si sale él, veo lo que sea.

Ponen dinero, luego ven el piloto y...

¿Matar a ese personaje? ¡Ni hablar!

Y ahí J.J. pensó: «Ya sé a quién cargarnos».

Miro hacia arriba y veo que ponen un maniquí exactamente igual que yo.

Y yo: «¿Qué?».

Estábamos en pleno rodaje. «Vale, se estrellan y el piloto muere.

No tienen cómo salir de aquí. ¿Cómo continúa la historia?».

Le dije a J.J: «¿Por dónde vamos a ir? Esto es un callejón sin salida».

Y el me contestó: «Tú tranquilo, si no nos la van a encargar».

Yo ya la veía cancelada

desde que rodamos el piloto.

Una serie en la que hay traumas, humo,

un muerto en un árbol...

¿Quién va a querer verla?

Al principio, cuando al pobre hombre se lo traga la turbina del avión...

Ahí piensas: «Joder, van fuertes. Esta gente no se anda con historias».

Cuando llegabas a la playa

y veías el avión,

daba un poco de respeto.

Aquello iba en serio, y yo nunca había trabajado en algo tan grande.

Tenía cosas que demostrar. Y pensé: «Madre mía».

Mi personaje tenía que ser de Buffalo,

pero yo no quería llegar imitando mal el acento de Buffalo.

Intenté poner un acento neutro.

El primer día, con J.J. de director,

empezamos a rodar y dijo: «Corten».

Vino hacia mí y pensé: «Ya está, me echan».

«Oye, ¿estás intentando disimular tu acento o algo?».

Y yo: «Es que él es de Buffalo... y yo soy de Georgia».

Y él: «¿Eres de Georgia? Pues Sawyer también».

Y yo: «¿Qué?».

Primera vez en mi carrera

que me daban libertad de acento.

«Sé tú mismo».

Y aquello lo cambió todo.

Me dieron el papel con la condición de conseguir el visado. Soy canadiense.

No tenía visado y quedaban dos semanas para rodar el piloto.

Si no me lo hubieran dado,

supongo que ya tendrían a otra actriz en la recámara,

habrían rodado el piloto igual y yo no habría participado en la serie.

J.J. Abrams me llamó.

Habíamos coincidido en Alias.

Qué bien que hayas cambiado de idea.

¿Cómo se llama cuando explicas las circunstancias de...?

- Yo hacía eso. - ¿Contextualizar?

Yo era Don Contexto.

Mira que acordarme de la definición y no de la palabra «contexto»...

Nos hacía una ilusión tremenda. Veíamos aquello y pensábamos:

«Aquí se están gastando un dineral. Esperemos que funcione.

Esperemos que salga bien, porque menudo gasto».

Generó mucha expectación. Era el piloto más caro de la historia.

La temporada estaba a punto de acabar. Era jugársela mucho.

A Lloyd lo despidieron y me llamó

el nuevo jefe de la ABC, que me dijo:

«No sabemos si esta serie tiene futuro. Queremos emitirla como película».

Esto durante el rodaje.

Me acuerdo de que le dije: «Usted dígame cómo quiere que acabe

y yo lo ruedo».

Y no me volvió a hablar del tema.

En su época fue el piloto más caro.

Comparativamente, habría sido una película muy barata.

Si no te engancha en los primeros cinco minutos...

Lo del oso polar engancha.

Como fan, ahí fue donde pensé:

«¿Qué estoy viendo?».

Rodar aquello fue muy cómico.

Los efectos especiales eran un poco... básicos.

Pero quedó bien. Se ve cómo sale de la selva...

Encargamos un peluche de un oso polar. Lo normal.

Y llegó.

Pero era un oso polar

como tumbado de lado.

La mitad del oso era plano.

Si lo ponías de pie, parecía medio oso polar.

No era muy útil.

Al final J.J. me tiró una almohada.

Entre J.J. y yo hicimos: «Un, dos, tres».

Y lanzamos el peluche.

Pelea de almohadas,

pero a tiros.

Fue un descojono.

Ahí me vi con posibilidades de sobrevivir la jornada,

porque tenía una frase...

¡He matado a un oso polar!

«¡He matado a un oso polar!». Le encantó y pensé: «Menos mal».

Necesitábamos una intro.

A mí me encanta hacer esas movidas.

Cogí el portátil

e hice lo que buenamente supe.

Que, por cierto, tiene un montón de fallos.

Ahora lo veo y pienso: «Pero ¿cómo se nos ocurrió usarlo?».

Pero lo hice pensando:

«Bueno, si esto sale, ya lo cambiaremos».

Y no lo cambiamos. Y aquello acabó en la tele.

J.J. nos invitó a su casa a ver el episodio.

Estábamos allí todos,

y en los primeros cinco minutos nos miramos unos a otros en plan...

«Joder».

Me... me está volviendo a pasar.

Piel de gallina a tope.

Aquello era la leche.

No habíamos visto nada igual.

Rodar el piloto fue muy bonito, porque era nuestro.

Era nuestro y de nadie más.

Éramos un equipo, había compañerismo,

ilusión y alegría.

Nos sentíamos como una familia a punto de emprender un viaje.

En la serie somos unos desconocidos

obligados a convivir en una isla.

En la realidad éramos unos desconocidos que iban a convivir en una isla.

Rodaron un piloto tan complicado...

CRÍTICA DE TELEVISIÓN

y tan lleno de suspense que dieron por sentado

que no iban a continuar la serie.

Tíos...

¿Dónde estamos?

Y cuando encargaron la serie entera, fue en plan: «Mierda».

El éxito de la ABC que tiene a internet echando humo con todo tipo de rumores.

El avión se estrelló y ellos despegaron.

Estrellas de un día para otro en el nuevo fenómeno televisivo.

La serie subió como la espuma.

Fui a la Comic Con del 2004,

en verano, entre el rodaje del piloto y el estreno de la serie.

Y llenamos un auditorio de tres mil personas.

«Y esta gente, ¿cómo sabe que existimos?

¿Cómo saben que les gusta la serie? ¡Si aún no la han visto!».

Pero es que la expectación era brutal.

Sabíamos que, cuando se emitiera el piloto,

sería o un éxito extraordinario

o un fracaso estrepitoso, no había término medio.

Una noche salimos todos,

después de emitirse el piloto, y Matthew dijo: «Tirad ya las cajas».

Las cajas de la tele, el sofá... que habíamos comprado,

por si nos tocaba devolverlos.

No te entra en la cabeza

que tu serie tenga la audiencia

que tiene la Super Bowl.

No te entra en la cabeza.

No vi el piloto por el accidente de avión.

Me da respeto volar. A día de hoy aún no lo he visto.

- «Tenemos que volver». - ¿Qué?

«Tenemos que volver». Lo he dicho flojito.

Me llamo Bobby Moynihan y soy el mayor fan de Perdidos del mundo.

Y si tú te crees más fan, vienes y me lo dices a la cara.

Me gustaba, porque seguir Perdidos...

era de ser un poco pedante, creo.

Disfrutaba diciendo: «De esta serie yo lo sé todo y tú no sabes nada».

He ido adquiriendo atrezo de Perdidos.

Empecemos por lo pequeño: tengo la máquina gigante de galletitas.

Cuidado.

Mide más de dos metros.

Traerla desde Hawái me salió más caro que la máquina en sí.

Llegó llena de barro y pensé: «Es barro de Perdidos».

Me moría de la ilusión.

Mi mujer no tanto.

La tuvimos en el salón un montón de tiempo.

Sé cómo son los documentales.

Ya tengo ganas de ver el montage que os vais a currar.

Tengo un par de cervezas Dharma, unos mac and cheese de Dharma,

una estatua con cuatro dedos, el tubo neumático con la libreta.

Tengo un mono de Dharma,

una estatua de la Virgen...

Me pararon en el aeropuerto y me preguntaron: «¿Y esto?».

Y era una estatua de la Virgen

con dos bolsas dentro de azúcar moreno apelmazado

que simulaban ser heroína.

Y yo allí, abriéndola a golpes.

«Voy a ir a la cárcel por posesión de heroína y es solo atrezo».

Mientras rodábamos el piloto en Hawái,

llamó Tom Cruise para concertar una reunión conmigo.

J.J. se fue a Maine, de vacaciones con su familia,

y yo me volví a Los Ángeles a empezar a escribir el segundo episodio.

Cuando ya llevábamos... cuatro o cinco episodios,

él estaba dirigiendo Misión imposible 3.

¿Y ahora qué? ¿Qué va a pasar en el resto de la serie?

El segundo episodio

era la continuación del piloto.

Es lo que tienen los segundos episodios.

Luego llegamos al siguiente, que se titulaba «Expedición».

Y aquello definió la serie.

Lo de la silla, que se pusiera de pie... nada de aquello lo tenían pensado.

¿Cómo iban a pensarlo, si creían que no les iban a encargar la serie?

Pero lo parece, porque se les da muy bien el entrelazar tramas.

El giro de la silla fue buenísimo.

Ojo, spoiler.

El mejor momento es cuando se pone de pie.

Aún me dan escalofríos.

Nunca pregunté lo que iba a pasar.

Cuando empezamos a rodar la serie, no sabía que iba en silla de ruedas.

No lo supe hasta que me entregaron el guion del episodio. No lo sabía.

Fue un giro muy bueno.

Se las arreglaron para esconder la silla durante todo el episodio,

y aquel momento final fue un golpe emocional.

¡Oiga, no me vuelva la espalda!

No sabe con quién está hablando. ¡No me diga lo que no puedo hacer!

Me pareció maravilloso.

No podía desvelarle nada a nadie. No sabía lo que iba a pasar.

Y quería seguir así.

Me preguntaron si quería saber algo y les dije que no.

Me gustan las sorpresas, como a todo el mundo.

La gente aún me lo comenta.

«Perdón por molestar...». ¡Molestar, dice!

Ojalá se nos acercaran a todos una vez al día para felicitarnos.

El «no me diga lo que no puedo hacer» lo he oído alguna vez.

La mayoría de la gente solo pregunta si me he «perdido».

La serie petó la tele.

Tengo en la cabeza la imagen de la emisión de Perdidos

en un televisor en forma de cubo,

de 1985, que tenía en casa.

Petó la tele.

Demostró lo que se podía hacer en televisión.

Antes la gente habría dicho: «No, eso dejadlo para el cine».

«Eso para el cine».

«Eso en la tele no se puede hacer».

Aquel prejuicio lo reventaron.

En 2004 se vivió el auge de la telerrealidad.

Luego estaban las series policiacas por episodios,

como CSI o Ley y orden,

y las comedias de situación.

Básicamente, la tele era eso.

Fue el comienzo de una nueva edad dorada,

sobre todo de las series dramáticas,

que era algo que la televisión no había explorado a conciencia,

y la tele se llenó de seres prestigiosas.

Pero Perdidos era única,

y era lo que entonces pedían los espectadores y los canales.

Hoy os vamos a llevar a una isla misteriosa.

Casi nadie sabe dónde está,

pero millones de personas están obsesionadas con ella.

Empecé a ver la serie porque un amigo me dijo...

GUIONISTA Y CÓMICO

«Hay una serie de la ABC en la que hay dinosaurios, fijo».

No me esperaba una serie de sci-fi. Me esperaba una serie sobre gente

perdida en una isla, tipo El señor de las moscas.

Y no, era mucho más.

Todos tenían ideas preconcebidas sobre qué era todo aquello.

¿Es el purgatorio? ¿Están muertos? Bla, bla, bla...

«Están en el purgatorio desde el principio».

No, de purgatorio nada. Tú y yo no hemos visto la misma serie.

La isla no era el purgatorio.

Nunca fue el purgatorio.

Nunca dijimos que lo fuera.

Y lo primero que nos dijimos en la sala de guionistas

fue que la isla no era el purgatorio.

La serie es como un iceberg, ¿vale?

Solo ves el 10 % que sobresale,

pero bajo el agua hay toda una mitología.

Perdidos era una de las pocas series

que se ponía exigente con el espectador.

Se complicaba

y te obligaba a prestar atención,

que a mí me parece algo bueno.

Es parte de nuestra vida.

Están las relaciones, el trabajo,

la comida, el sexo y Perdidos.

La historia de Perdidos, es la historia de su fandom.

Era una época especial,

en la que las familias aún se juntaban para ver algo en la tele.

Ahora te puede gustar una serie genial

y te cuesta encontrar en la vida real a gente que comparta tu interés.

Creo que parte del disfrute de la serie

venía del vínculo que generaba entre la gente que la veía.

En grupos de desconocidos,

si te decían que les gustaba Perdidos ya erais todos del mismo club.

LOSTIE: OBSESO DE PERDIDOS.

Para mí, los losties son como los trekkies.

Si te encanta Star Trek, eres trekkie. Si te encanta Perdidos, eres lostie.

Los fans de Perdidos son los mejores.

Son curiosos.

Un poco raritos.

No sé cómo describir

al típico fan de Perdidos.

Enfoca a Ralph.

Es una comunidad que lo vive.

Si se acercan a comentarte algo, van en serio.

Tienen cosas que decir.

La comunidad de fans de Perdidos es la más increíble de todas.

Son muy inteligentes. Para seguir la serie hay que serlo.

Y muy fieles.

Los fans de Perdidos son geniales.

Y tienen muy buen gusto.

Les encanta resolver enigmas, pero son todo corazón

y se emocionan mucho.

Toda la gente que de adolescente no encajaba del todo

pero era muy buena estudiante

es fan de Perdidos, y me incluyo.

Somos los goonies.

La trama era descomunal. Atrajo a un cierto tipo de espectador.

Nos puedes llamar frikis.

Perdidos es el friki disfrazado de quarterback.

Que te quedas: «¡Un momento! ¡No es el quarterback, es el friki!».

Muchos no se dieron cuenta

hasta las últimas temporadas.

Los fans se la hicieron suya.

Cogieron lo que estábamos haciendo

y dijeron: «Es nuestra, y nos tenéis que servir a nosotros».

La serie les apasionaba.

Todo el mundo alucinaba

de lo enganchada que estaba la gente.

Te crees que Perdidos es una serie pequeña

que haces con tus colegas,

que vas al bosque, y a la playa,

interpretáis papeles y tal. Y luego resulta...

que a lo mejor está gustando

más de lo que creías.

Unió a mucha gente y fue muy bonito. Había gente que te lo comentaba,

que era la serie que veía con su novio, su compañero de piso, su padre...

Todavía hoy, cuando entro a un restaurante o algo así,

la gente duda: «¿Te conozco del cole?».

Luego acaban cayendo.

Iba paseando por Nueva York.

Me cruzo a una familia, se quedan mirando y dicen...

Tardé un segundo en entenderlo.

«¿Los perdidos? ¡Ah, claro!».

Eran españoles.

Y yo: «¡Ah, sí!».

Ahí pensé: «Esto no se parece a nada que haya hecho antes.

Esto es todo un fenómeno».

Tuve un grupo llamado MKTO.

Tocamos en el desfile de Acción de Gracias,

en Nueva York, con los Kiss detrás,

diciendo que les encantaba Perdidos.

Yo alucinaba: «Tengo detrás a los Kiss hablando de la serie,

y nosotros aquí a punto de tocar».

Siempre te encuentras con que la serie le gusta a quien menos te lo esperas.

Cuando vi mi cara en el USA Today,

pensé: «¿Qué simulación es esta?».

Llevo actuando 50 años y a nadie le importaba un carajo.

Perdidos cambió aquello, y mucho.

Y en parte fue por el tipo de seguidores que tenía Perdidos.

No son de los que se te acercan: «Oye, ¿tú no salías en...?».

No, saben dónde has salido y han visto el episodio varias veces.

Y no se lo toman a cachondeo.

Se lo toman en serio.

Más de lo que me lo tomaba yo.

Creo que los fans de Perdidos ayudaron a cambiar la televisión,

porque los guionistas pusieron a prueba al público.

Tomad, diversidad total.

Tomad, subtítulos.

Tomad, relaciones tabú.

Una blanca del Medio Oeste con un soldado iraquí.

¿En aquella época? Aquello le dio a la gente...

más amplitud de miras.

Y el público se levantó y dijo: «Sí, queremos más».

Yo adoro y admiro a los fans de Perdidos por hacer eso,

por decirle al mundo que querían más guiones inteligentes,

más diversidad, más inclusión, y más la vida tal y como es.

La serie se hacía muchas...

muchas preguntas importantes que yo también me hacía.

¿Qué hago aquí? ¿Cuál es mi propósito?

De muy pequeño me dijeron que iba a ir al infierno

porque soy gay.

Ya había intentado quitarme de en medio.

Perdidos me salvó la vida,

porque por aquel entonces no tenía mucho apoyo.

En los foros de internet conocí

a muchísimos de amigos

y a gente de todo el mundo con la que hablar

de mis personajes preferidos, de lo que pasaba,

sacar teorías y todo eso.

Internet te permitía ser anónimo.

Nadie me notaba la pluma al hablar.

Me conocían como persona.

Era de las primeras veces que me pasaba,

y eso me lo dio la comunidad de Perdidos.

«The Fuselage» era...

Era un concepto nuevo, el de una web para ir creando una comunidad

en torno a una serie.

Sé que los showrunners lo leían todo.

Siempre me importó la opinión que la gente tenía de la serie.

Quería que a todo el mundo le encantara.

No soy capaz de pensar:

«Voy a escribir la serie que yo quiera, como a mí me guste, el resto me da igual».

Para mí era muy importante que a la gente le gustara.

Cuando empecé a trabajar en la serie, mi padre se puso en plan detective.

Se pasaba la vida en los foros. Me acuerdo de que los imprimía,

me los traía y me enseñaba lo que decía la gente.

¿Influyen los fans en una serie?

Es un debate que se remonta a los inicios de internet.

Pero sí, influyen.

Claro que influyen.

¿Llevan la batuta creativa? No.

¿Nos hacen tener en cuenta ciertas cosas en las reuniones de guion? Por supuesto.

Lo de Nikki y Paolo fue el primer caso de cómo internet

podía cambiar profundamente el arco narrativo de una serie.

Parece que, ante el rechazo del público,

los showrunners se vieron obligados a matarlos.

No se fueron de la serie por los fans:

¡estaban en la serie por los fans!

¿Quiénes son los demás? ¿Cómo se llaman?

¿Cómo lo están viviendo?

No dejaba de plantearse, y pensamos: «Bueno, vale.

Vamos a intentarlo».

TAMBIÉN SE LLAMA NIKKI

Nikki y Paolo me dieron toda la rabia desde que aparecieron en pantalla.

En plan: «¿Qué me estáis contando?».

Desde el primer día que entramos en la sala de montaje supimos

que serían semifigurantes que interactuarían con los protagonistas.

Hola, soy Nikki.

La gente iba a pensar: «¿Y estos de dónde salen?».

«¿Qué estoy viendo?».

«A mí estos nombres no me suenan».

- Nina y Pablo. - Tío, que se llaman Nikki y Paolo.

Fue un «cancela, cancela» casi instantáneo.

Para cuando se emitieron los episodios, ya no estaban en la serie.

Hicimos lo que hay que hacer en esas circunstancias:

enterrarlos vivos.

Y ahí llegamos a «Expuesto»,

el episodio más polarizante de toda la serie de Perdidos.

¡Que empiece la juerga!

Lo de «Expuesto» no es justo.

Es mejor de lo que lo recuerdas.

Es genial. Sale Billy Dee Williams. ¿Cómo no te va a gustar?

Nikki es mi chica.

Encontramos la Perla y ahora está enterrada viva.

La serie apareció casi a la vez que las redes sociales.

Creo que los fans de Perdidos fueron de los primeros

que usaron las redes sociales para formar comunidades.

Twitter se inventó mientras rodábamos Perdidos.

Era la primera vez que tenías feedback al momento

del público que te estaba viendo,

en tiempo real. Fue muy fuerte.

Me acuerdo de que dije: «Esto es flor de un día.

¿Quién quiere leer una opinión en 140 caracteres?

¡Se pierden los matices!

No va a durar».

Me acuerdo, hacia el final, de verla en directo en Twitter.

Con el reparto. Yo tuiteando a la vez que Daniel Dae Kim.

Viendo Perdidos un miércoles. O quizá jueves, por aquel entonces.

Era genial. Mis amigos y yo viendo nuestra serie favorita a la vez.

Perdidos se emitió en una época

en la que aún no te veías toda una temporada del tirón.

Cuando empezó Perdidos, era una cita semanal.

Si te lo perdías, a menos que tuvieras un vídeo y lo programaras, se acabó.

A medida que avanzó la serie, surgió la tele a la carta.

Si tenías tele por cable, la podías ver a la carta.

Fue antes del streaming, pero ya existía TiVo.

La gente empezó a grabar episodios de Perdidos en TiVo.

Pasamos de ser la serie imprescindible

que había que ver el miércoles para comentarla la mañana del jueves,

a ser la serie del:

«No me contéis nada, la he grabado y la voy a ver el sábado».

Aquello era nuevo.

Cuando salieron los estuches en DVD, la gente dijo:

«Ya puedo ver toda la temporada seguida en lugar de esperar semana a semana».

Lo que hicieron los DVD fue atraer a más público.

La gente se estaba acostumbrando a ver temporadas del tirón.

De los DVD, los guionistas no sacamos mucho en derechos.

Los estudios dicen que se gastaron mucho dinero en esa tecnología

sin saber si sería rentable.

Y a los dos años, fuimos a la huelga.

En fin...

Fue una serie que se enmarcó

en un momento y un lugar muy concretos.

Cuando una serie se convierte en un fenómeno de la cultura pop,

no es porque fuera la mejor,

ni porque sus creadores supieran qué era lo que iba a pedir el público.

Perdidos fue la serie adecuada en el lugar y momento adecuados.

Imagínate crear o participar en una serie

con tantísima influencia y poder sobre las personas,

lo que piensan día a día, lo que hablan en el trabajo.

Era ineludible. Todo el mundo hablaba de ella.

Este soy yo viendo Perdidos.

Este soy yo cada vez que ponen anuncios en Perdidos.

«¿Qué coño está pasando?».

Oye, ¿y la temporada de Perdidos?

La primera temporada de Perdidos en DVD.

- ¿Eso es lo que significa la Navidad? - Es una alegoría de la poca rentabilidad.

Podemos ir a la isla de Perdidos.

No, no quiero oír jadear a Matthew Fox.

Kate...

¿Qué es la Iniciativa Dharma?

Mi relación con Perdidos no es asunto tuyo.

Es algo muy íntimo.

La isla era mítica y al final murieron todos.

No entendí nada, pero lo intenté.

Al principio, me encantaba el trabajo

pero no podía con la fama.

Había llegado a un punto en el que me seguían los paparazzi.

Ya no podía ir a la playa.

Aquello fue lo que me dio ganas

de romper el contrato. Me desesperaba. Quería irme.

Quería dejar la serie.

Tenían grandes planes para Kate.

Querían darle mucho interés.

Querían darle un pasado sórdido,

que en personajes femeninos era algo poco común.

A los masculinos les hacían tomar malas decisiones

para que al final se redimieran y te encariñaras con ellos.

Típico personaje masculino.

El típico personaje femenino tenía que ser perfecto, sin un pero.

Y era una lástima,

porque las mujeres que veían series y películas pensaban:

«Para que me quieran he de ser perfecta, pero un hombre puede tener defectos».

Con Kate rompieron el molde. Me hacía ilusión. Me encantaba.

Y entonces...

Y entonces apareció el triángulo.

- ¿Lista? - Sí.

¿Jack o Sawyer?

- ¿Jack o Sawyer? - ¿Jack o Sawyer?

- ¿Con quién se va a liar Kate? - ¡No lo sé!

Yo voy con Kate. Me da igual con quien termine.

Y mi personaje

se convirtió en el vértice entre Jack y Sawyer.

Kate iba de uno a otro

en un triángulo amoroso muy caprichoso

que creo que no la dejaba en muy buen lugar.

Quería que le dieran material más interesante

y algo mejor que hacer que perseguir a dos chicos.

Al principio de la serie estaba mucho más presente

la idea de que la isla «tenía poderes».

Y de que Walt tenía algo que ver.

«Es que nunca dijisteis que Walt tuviera poderes».

Walt tenía poderes.

Walt invocó al oso polar, ¿vale? En el episodio queda muy claro.

Eso lo sabíamos desde el principio. Al canal no le entusiasmaba la idea.

Cuando preparábamos el piloto,

teníamos la intención, al menos, de aplicar el método Michael Crichton.

Queríamos hacer una serie de género, pero tenía que tener base científica.

No el método Indiana Jones,

que es sacarte de la manga unos fantasmas que salen del arca y te funden la cara.

Sabíamos que la serie quería ser una serie a lo Indiana Jones,

pero tenía que parecer una serie a lo Michael Crichton.

Y entonces se me ocurrió una cosa.

A mí me encantan los perros.

Vincent no era el perro más entrenado del mundo.

El perro se lo pasaba pipa.

Iba por la playa, se metía en el agua, se echaba sus carreras... y él, feliz.

Pero costaba que se estuviera quieto.

Era el labrador de una chica.

A ella la seguía, más o menos, y se sabía algún truco.

Fui a la chica y le pregunté:

«¿Y si quiero que Vincent siga la balsa a nado?

No me digas que es el único labrador que no se mete en el agua».

Y ella: «¡No, sí que se mete!

Pero la balsa no la seguirá a menos que me suba yo».

«Vale, estupendo».

La subimos a la balsa.

Subimos las cámaras a la balsa.

Vemos a todo el mundo despidiéndose en la playa,

unos planos preciosos,

y Vincent se suelta de Maggie Grace, se tira al agua

y se pone a nadar hacia la balsa.

Y ahí es donde grabo a Walt: «¡Vuelve, Vincent! ¡Vuelve!».

¡Vuelve, Vincent!

¡Vincent! ¡Vuelve!

Lo pienso y me emociono.

La escena preferida de los amantes de los perros.

Y no se lo comenté a Damon y Cariton.

Lo vieron y alucinaron.

Lo de la balsa estuvo muy bien.

No me podía creer que aquello flotara y que estuviéramos allí en medio.

Me encantó la balsa.

¡Y la tuvimos que maniobrar!

Nos dejaron en medio del mar

maniobrando la balsa.

Y al ser un plano aéreo, no podía haber barcos cerca.

Solo se veía agua... Próxima parada, Kauai.

¡En la balsita de bambú!

«¡Hostia, si flota!».

Para mí fue un rescate.

No un secuestro.

Era un crío con un grupo de adultos,

todos con pinta de irresponsables, a la deriva en medio del mar.

Muerte segura.

Creía que lo estaba salvando.

¡Anda, otra persona en una barca!

Y en plan: «Eh, hola, ¿qué tal?». No recuerdo exactamente lo que decía.

«Encantado y tal. Tenemos que llevarnos al niño».

Tenemos que llevarnos al niño.

¿Qué? ¿Qué dice?

«Continuará el año que viene». «¿Qué?».

Como era bajito para mi edad, interpretaba a un niño más pequeño.

Pero iba a cumplir 16 o 17 y me tenían que poner aparato.

Estaba muy claro que,

a menos que explicáramos por qué Walt crecía a velocidad desmesurada,

íbamos a tener que buscar una solución.

Quizá nos faltó creatividad.

Quizá no dábamos abasto atando cabos sueltos.

Es uno de los problemas de la serie para el que no tuvimos solución,

o no la supimos encontrar.

El último episodio de la primera temporada...

No quería saber nada más. No me importaba nada que no fuera

qué había bajo la escotilla.

J.J. siempre quiso la escotilla. Quería sacarla ya en el piloto.

J.J. dijo: «¡Y entonces encuentran una escotilla!».

«Ni idea de por dónde vas, pero vale».

Hay una escotilla. ¿Cómo la abrimos? ¿Qué hay dentro? ¿Qué nos encontramos?

Yo solo sabía que quería respuestas,

pero no sabía cuáles eran.

J.J. y Damon tuvieron un tira y afloja.

Damon decía: «Si no sé lo que hay bajo la escotilla, no la pongo».

Y J.J. decía: «¡Ahí está el misterio!».

Y Damon: «Lo que no quiero es resolverlo y que el público se lleve un chasco».

¿Nos puedes decir lo que hay debajo?

No os puedo decir nada. Tenéis que verlo.

- ¿Sabes qué hay bajo la escotilla? - No. Una discoteca de ambiente, espero.

Entra Damon: «¡Ya lo tengo!». Y los demás: «¿El qué?».

«Bajo la escotilla hay una escalera, bajas y hay un tío en una habitación

que ha de meter unos números en un ordenador o se acaba el mundo».

«¿Eso hay bajo la escotilla?». «¡Sí!». «Pues vale».

Yo habría dicho: «Eso no puede ser».

Nunca lo habría adivinado.

¿Qué qué hay bajo la escotilla? Pues no sé qué decirte.

¿Un fulano dándole a la tecla?

¿A quién se le iba a ocurrir? ¡A nadie!

¿Qué es la Iniciativa Dharma?

No puedo daros una respuesta exacta, pero el nombre tiene gancho.

Dharma es un acrónimo:

«División de heurística e investigación de aplicaciones materiales».

Fue de lo primero que propuso Damon.

Dijo que en su planteamiento original

había una corporación, la «Corporación Medusa».

Siempre estuvo ahí la idea de un grupo de científicos

que hubieran diseñado toda aquella tecnología.

La Iniciativa Dharma tuvo que cerrar antes de tiempo

cuando la Fundación Hanso dejó de financiarla.

Ahí es cuando se encuentran con «los Hostiles», o «los Otros».

- Yo soy James. - Yo soy Terrie.

Yo soy Woody.

Y somos «los Otros».

- No nos hemos sincronizado. - Nos ha salido fatal.

¡Tela!

«Los Otros» son una gente misteriosa que también vive en la isla.

A los figurantes, normalmente, solo se les ve de fondo.

- A nosotros no. - No.

Lo primero fue compartir el tarro de barro.

¿Os acordáis del tarro de barro? Nos pringábamos enteros.

La roña.

Y nada de lavar la ropa.

Una vez, al empezar una temporada nueva,

me encontré en los bolsillos envoltorios de caramelos.

No lavaban el vestuario.

Es esta, exacto.

Las fotos teníamos que sacarlas de extranjis.

Así sacábamos las fotos.

Soy Jonathan Mankuta.

FIGURANTE

O, para los fans de Perdidos, «el Otro chungo de la temporada seis».

La ABC dijo: «¿Sabéis qué? Que todo esto ya no hace falta.

Vamos a tirar las cosas de los Otros».

¿Cómo que tirarlas?

«No, no, ya me las quedo yo.

Decidme dónde las vais a tirar».

«Pues en aquel contenedor de allí».

Del contenedor saqué latas de cerveza, comida de Dharma...

Era rescatar trocitos de la serie.

Como fan, son importantes. Son historia, historia de la televisión.

Mimaron hasta el mínimo detalle.

Los atrezos y el vestuario son increíbles.

Muchos productos de Dharma

eran comida de verdad.

La cerveza era de la marca O'Doul's.

Era cerveza O'Doul's sin alcohol,

para que Sawyer pudiera abrir una lata

y hacer como si bebiera cerveza.

Las Dharmalars eran Mallomars.

Galletas Mallomars. Galletas con nube y chocolate.

¿A qué están buenísimas?

- ¿Te acuerdas de los números? - Dios, no.

Yo no, pero seguro que Jorge sí.

¡Los números!

4, 8, 15, 16, 21...

4, 8, 15, 16, 23, 42.

Luego lo editamos.

- ¿Te acuerdas de los números? - No.

Pero Michael sí.

4, 8, 15, 16, 23, 42.

Es un misterio interesante.

¿Qué son los números?

No me acuerdo de los números. ¿Los demás sí?

Ni de broma.

En la vida, no.

No.

No. 43.

No.

4, 8, 15, 16, 23, 42.

Nunca me los aprendí. A ver, déjame intentarlo.

Así meto la pata y los fans se vienen arriba.

8, 16, 24, 36, 48.

42, 38. ¡Línea!

No me acuerdo de los números, pero sí de lo que significan.

- ¿Qué significan? - ¿Lo veis? Nadie sabe lo que significan.

Lo de los números se explicó en The Lost Experience.

Depende de vosotros, gente. Voy adonde me señaléis.

Que la fuerza os acompañe.

Era una especie de yincana de internet

que te llevaba a una grabación secreta.

Soy Alvar Hanso.

Al final de todo se desvelaba

que los números eran la variable

que se llevaría por delante al 30 % de la población.

Si conseguías cambiar un número,

salvabas a la humanidad.

Y luego, no sé cómo,

resulta que las variables

son personas.

Lo de los números se les fue de las manos.

Mi escena favorita con los números

es la de las camisetas de fútbol.

Los colaba en sketches de SNL.

Mi asiento es el 23C.

Vale.

Nadie más lo sabía y a nadie más le importaba.

Y no eran gags.

En los sketches metía continuamente, y con calzador, referencias a Perdidos.

Hola. Soy Hurley, de Perdidos.

Tengo una teoría sobre tu serie.

No me digas. Cuéntame.

No tenéis ni idea de lo que pasa en esa isla.

En una app de citas puse una vez que mis medidas eran 4, 8, 15, 16, 23, 42.

A veces decía que era mi número de teléfono.

Yo solo me acuerdo de los números porque soy un vicioso de las cartas.

¿Cuánta gente lo hace? ¿Cuántos juegan esos números?

Yo no lo he hecho nunca. ¿Cuánta gente juega esa combinación?

"Si le tocara a esta combinación sería muy fuerte»."

Este estudiante fue uno de los premiados

en el sorteo de anoche de los Mega Millions.

¿Para qué vas a jugar esa combinación? ¿Para compartir el premio si toca?

Brian y otros 25 000 fans de la serie

jugaron los mismos números

en los Mega Millions de verdad,

y les tocó.

Mucha gente me pregunta si juego estos números a la lotería.

Siempre contesto lo mismo.

No.

Los números son chungos.

Me acuerdo de que, cuando empezamos a ver cómo podía sonar aquello,

hubo directivos de la ABC a los que les parecía buena idea

que fuera una cosa selvática, con flautas y tal».

Y yo: «A mí me parece que no,

que tiene que sonar más raro».

Cuando estaban rodando el episodio piloto,

hablé con Bryan Burk.

Me dijo: «Estoy caminando por la playa

y estoy rodeado de trozos de avión».

Le dije que estábamos rodeados de chatarra,

y dijo: «Pues coge algunos trozos

y tráemelos para usarlos en la banda sonora».

Buena parte de la percusión se hizo con trozos del avión.

Les daban golpes. Los usaban de tambores, básicamente.

Me dieron libertad total para hacer lo que quisiera.

Fue una pasada.

Por eso sigue siendo una de mis obras favoritas.

De todas mis bandas sonoras, es la más personal, seguramente.

La mayoría de las pausas publicitarias iban precedidas de un...

Me reía mucho de él por lo que hacía con el trombón.

«No puedes acabar así todos los actos. No.

Déjame un acto sin trombón».

J.J. me llamó y me preguntó: «¿Esto hace falta en cada pausa?».

Y yo: «Sí, hace falta».

Desde el principio nos decían:

«Os lo inventáis sobre la marcha.

No tenéis respuesta a ningún misterio,

y el día que nos deis respuestas

nos vais a decepcionar».

En un momento en el que escribíamos 22 episodios de la serie al año,

no era realista,

en una serie de cinco o seis años,

pretender saber al detalle cómo iba a continuar.

No podían saberlo todo. No lo creo.

No podían prever quién se iría de la serie.

No podían saber qué personajes iban a triunfar más que otros.

Con esas variables era imposible que lo tuvieran todo milimetrado.

Perdidos es un viaje por carretera de Nueva York a Los Ángeles.

Sabes que pasarás por determinadas ciudades,

pero no cómo vas a llegar ni cuánto te vas a quedar.

Damon era superoptimista.

«¿Qué me pego un tiro en el pie? No pasa nada, me queda otro».

Y yo: «Vale».

Evidentemente nos inventábamos algunas cosas sobre la marcha.

Tienes que ir tendiendo vía para que el tren siga avanzando.

Y para poder trazarla, el tren tiene que frenar un poco.

Los arcos de muchos personajes fueron cambiando y evolucionando

por las grandes interpretaciones de los actores de la serie.

A Michael Emerson lo contrataron para tres episodios.

Y cuando soltó lo de la leche...

¿Tenéis un poco de leche?

Damon y Cariton me llamaron y dijeron: «¡Nos lo quedamos! ¡Es un genio!».

Recuerdo a una pareja de neozelandeses

que se cambió de acera dos días seguidos para decirme

que me cargué la serie.

SE CARGÓ PERDIDOS.

Y yo: «¿De qué creíais que iba la serie?

¿Os esperabais La isla de la fantasía?

¿Os esperabais una serie romántica llena de náufragos guapos?».

Porque la intención es otra, gente.

En la serie hay riesgo. Hay gente malísima.

Nadie sabía qué iba a pasar.

Y era divertido y emocionante,

pero luego estaba la parte práctica.

«¿Voy a seguir teniendo trabajo?

¿Qué va a pasar? ¿Me llegará mañana un guion que diga

que Claire se cae al pozo y adiós?».

Perdidos tiene muchos momentos de no entender absolutamente nada

y muchos momentos de romperte el corazón.

Cuando Michael mató a Ana Lucia y a Libby,

pegué un bote en el sofá porque no me lo podía creer.

¿Las mató Michael? ¡De eso no me acordaba!

Lo buen tío que es Michael y se carga a gente, ya ves.

«Los de la cola» sirvieron

para añadir tramas, personajes y revolverlo todo un poco.

No dijimos: «¡Vamos a meter a un montón de personajes y luego los matamos!».

A veces había problemas con el personaje, o con el intérprete, o con ambos.

Hubo gente que tuvo

problemas con la ley que...

no daban muy buena imagen.

A Cynthia Watros y Michelle Rodriguez las detuvieron por conducir bebidas.

Que el episodio de Perdidos en el que las matan a ambas

se llame «Dos en la carretera»...

Si te detiene la policía, tu personaje muere

al día siguiente.

Así funciona Perdidos.

Los problemas con la ley no ayudaron,

pero también los tuvieron algunos de los protagonistas

y esos se quedaron en la serie.

No se puede decir que las echaran porque las pillaran conduciendo bebidas.

La realidad siempre es más sutil y tiene más matices.

El actor que hacía de señor Eko...

Iba a ser un personaje muy significativo,

pero tuvieron que dar un volantazo porque no quiso mudarse a Hawái

ni comprometerse otras cuatro o cinco temporadas.

¿Lo habéis visto?

¡Es el dinosaurio que os he dicho!

A día de hoy aún no sé lo que era, pero te compro lo del dinosaurio.

Para el monstruo trabajamos con la idea de que era...

Era como en la película.

Planeta prohibido,

una especie de sistema de seguridad

que se había diseñado

para adoptar la forma de lo que más miedo te diera.

Y quizá también entraba la nanotecnología.

Lo del monstruo de humo es curioso.

Lo primero que pensé yo fue: «El ruidito ese es el de los taxis».

En Nueva York, cuando te bajabas de un taxi,

se imprimía el recibo y sonaba...

Y el sonido que se oye es ese porque quería que, inconscientemente,

la gente que fuera andando por Nueva York

oyera ese ruidito tan familiar, sin saber de dónde venía el...

Ojalá se hubieran alargado un poco más, solo un poco, con los de la cola.

Es que, a ver... ¿Quién nos queda? ¿Bernard?

Hay una cosa que se llama podcast, que es gente que habla.

Es como la radio, pero sin ser la radio.

Los podcasts de Perdidos... los escuchaba todos.

Eran lo que escuchaba de camino al rodaje, en el coche,

porque tardaba una hora en llegar.

¿Vais a entrevistar a Ryan?

Sí.

Ya sabréis que hay una foto de Ryan...

en un cartel de «se busca», en plan «ojo con este tío,

porque va a destripar la serie».

¡Y yo sabía dónde estaba, porque escuchaba el podcast!

Ryan, para empezar, es un sol.

Simpático, amable, educado y un friki de los auténticos.

Grababa junto a su mujer, Jen, un podcast llamado The Transmissión.

Parece la típica familia de Mililani, pero cuando los niños se acuestan...

Aloha. Estáis escuchando The Transmissión.

Jen y Ryan Ozawa se han convertido en podcasters de fama internacional.

Ryan y Jen tenían el mejor podcast de Perdidos.

Soltaban spoilers muy alegremente, pero nadie se lo echaba en cara.

La legislación hawaiana es única:

la costa y las playas son todas de acceso público,

así que no te pueden impedir la entrada al rodaje.

Como si te quieres pasear por él.

Y les daba igual, hasta que sacaba la cámara.

Ahí ya reaccionaban y se plantaban delante del objetivo.

Yo creo que fue algo de buen rollo.

El juego del gato y el ratón.

Yo procuré ser un acosador decente

y no estorbar de más.

Creo que con el equipo técnico...

llegué a un acuerdo tácito: yo iba a hacer lo mío.

El fan «fanea» y producción produce.

Yo nunca vi a Ryan como un problema para la serie.

Para mí era un fan.

Me gustaba que tuviera un podcast sobre la serie

y que hablara de sus enigmas.

Su web y su emisión en línea reciben 20 000 visitas a la semana.

Quedaba todo en familia. La intro la hizo Kate cuando tuvo edad.

Tengo recuerdos

de sentarme frente a un micrófono,

que mi padre me diera un papel y me dijera: «A ver, lee esto».

The Transmissión, episodio 43,

8 de noviembre de 2008.

Me acuerdo de quedarme despierta hasta muy tarde

viendo a mis padres ver la serie, básicamente,

porque yo no me enteraba nada.

¿Cómo tengo el pelo?

- Me llamo Jay Glatfelter. - Yo soy Jack Glatfelter.

Somos Jay y Jack.

Grabamos The Lost Podcast, con Jay...

y Jack.

Inciso: ¿sabéis que el padre de Jay y Jack se presentó al casting de Supervivientes?

¿Por qué sería el mejor superviviente? Porque soy muy competitivo,

sé ir al límite

y no me rindo jamás.

Un dato sin venir a cuento, cortesía de Bobby Moynihan.

Yo no sabía lo que era un podcast.

Él no dejaba de repetirlo, y yo...

«Lo que tú digas».

Nos lo pasábamos genial hablando de la serie y debatiendo.

Por eso Perdidos es una serie tan buena y tiene más de cien podcasts sobre ella,

porque da mucho de qué hablar.

¿Nos puedes hablar de Colleen? ¿No os conocisteis por el podcast?

Sí.

Es flipante. Gracias a la serie conocí a la que es mi mujer.

Mis hijos existen gracias a la serie.

Me llamo Colleen Glatfelter.

Soy la mujer de Jay, el de Jay y Jack,

y madre de Zach y Alex,

y soy fan de Perdidos.

Ya había escuchado algún podcast

y me dio por buscar si había alguno sobre Perdidos.

Pensé: «Anda, ese es Jay. Es su voz.

Ya le pongo cara, ya es persona».

Y luego pensé: «Pues es mono. Y supermajo».

¡Me estoy poniendo roja!

Steve Jobs salió al escenario y dijo: «Mirad, esto es iTunes.

En iTunes os podéis descargar la serie».

El episodio de Perdidos de hoy lo podréis comprar mañana.

Y la gente pensó: «¡Yo quiero!».

Se bajaron iTunes, buscaron «perdidos».

Y dieron con nosotros.

Tienen uno de los podcasts más populares del país.

Me han dicho que tienen más oyentes que los podcasts de la ESPN o la NPR.

Superan a los grandes canales.

No me obsesionaba con la lista. No miraba el top 10.

Sí, siempre lo mirábamos.

Hola, soy Kris, productor del podcast oficial de Perdidos.

Le comenté la idea al que entonces era el publicista de Perdidos.

«Tendríamos que hacer un podcast de la serie».

Me miró y dijo: «¿Qué es un podcast?».

Desde ABC.com os damos la bienvenida al podcast oficial de Perdidos.

Ahora todas las series tienen un podcast «oficial».

Todo el mundo intentó imitar el formato de Perdidos.

Fue una serie pionera.

¿Podemos seguir grabando un momento?

Perdidos seguía teniendo un éxito descomunal,

pero los guionistas no podían seguir contando la historia

de los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic

sin saber cuándo terminaría la serie.

Era una serie que triunfaba,

y esas series había que mantenerlas en emisión lo máximo posible.

Las miniseries no se llevaban.

Lo que se llevaba, si tenías una gran idea y tu serie triunfaba,

era hacerte alargarla eternamente.

Llegamos a la tercera temporada.

Jack, Kate y Sawyer están atrapados en Hydra,

sin escapatoria.

Los guionistas de Perdidos crean una metáfora de su propia situación.

Se miran unos a otros en plan...

«¿Tenemos que escribir 22 episodios? Pues alguno tendrá que ser malo».

La pregunta era cómo hacer que la serie continuara.

Yo siempre contestaba:

«No puede ser eterna, porque es una serie de misterio».

Tengo que darle las gracias a Stephen King.

Fuimos a Maine a hacerle una entrevista.

Una de las cosas que nos dijo fue:

«Tenéis que poner fin a esa serie».

Damon, J.J., Cariton y todo el mundo quería que aquello acabara dignamente,

pero les tocó pelearlo.

Me obsesionaba ponerle una fecha concreta al final,

pero nadie más quería hablarlo

ni planteárselo.

Dijimos que queríamos negociar una fecha,

y nos trataron de locos.

Pero insistimos. Damon y yo amenazamos con irnos de la serie si no nos la daban.

Cuando ya tienen fecha, en la tercera temporada,

Perdidos se actualiza y despliega

un nuevo planteamiento narrativo,

que nos da una tanda de episodios fenomenales.

Por series como Perdidos ahora hay más series

que dicen: «Vamos a dejarlo aquí para darle un final digno».

El final de Perdidos, para algunos, no fue «digno»,

pero benefició a otras series.

Creo que ya no se hacen series sin pensar en cómo van a acabar,

y es por series como Perdidos.

Cuando empecé con el blog, la palabra spoiler

era desconocida para mí y para buena parte de la comunidad.

En cada entrevista preguntaban: «¿Qué nos puedes contar?».

Pero sabían que no podíamos contar nada.

Todo el mundo buscaba la exclusiva. Había que guardar el secreto.

«Tío, que me dan el guion con cuentagotas. No podría contarte nada ni queriendo».

Los guiones nos los traía un mensajero a la puerta de casa en un sobre en blanco.

Pocas páginas, a veces.

En aquella serie acabó reinando el secretismo sobre los guiones,

y ha reinado en todas las series que he rodado desde entonces.

Te lo enviaban imprimido en rojo para que no lo fotocopiaras.

Ahora la gente diría: «¿Por qué está en rojo?».

Y sacaría una foto.

Te ponías muy paranoico, porque en el guion venía tu nombre.

Tenías que asegurarte de que nadie cogiera el guion y lo filtrara.

Y pasó.

A mí me parecía una ridiculez.

Ni que fuera la fórmula de la próxima bomba atómica.

Era el guion de una serie,

y me pedían que instalara una caja fuerte en la puerta

para entregármelo.

Me puse muy cabezona.

«A tomar por saco».

«No pienso ponerla». Y no la puse.

Yo nunca creí en cosas

como enviar los guiones en rojo u ocultarles escenas a los actores.

De actores y técnicos es de quien más me fío.

Tocó grabar a varios en el ataúd.

Josh preguntó: «¿Qué es esto? ¿Esto es que me muero?».

Y no le puedes decir que es una pista falsa,

porque le estás pidiendo que venga a rodar una cosa

que luego no saldrá en la serie,

solo para despistar a la gente.

A una persona como yo le cuesta. Hablo mucho y soy muy confiado.

Me tengo que contener.

A mí me gustaba que la gente me preguntara qué iba a pasar.

«Ya sabes que no puedo decírtelo».

Me gustaba. Contribuye a esa sensación de antes de que llegue Papá Noel,

a esa sensación de expectativa, de que algo te haga ilusión.

«Sí, quiero saberlo, pero en realidad no».

Con los spoilers, J.J. iba en plan: «Si quiero hacerte un regalo,

quiero que me dé tiempo a envolverlo y entregártelo

tal y como quiero entregártelo».

Y un spoiler...

es más en plan: «Toma, te he comprado un reloj».

Si le dices a alguien que sabes cómo termina Perdidos

y le preguntas si lo quiere saber, la tentación es muy fuerte.

Había páginas web que recibían visitas

porque publicaban spoilers.

¿Alguien os ha dicho que le destriparon la tercera temporada?

Vale.

Me pasaba la vida en Dark UFO.

Yo entré, yo hice clic, yo asumo mi responsabilidad.

«Quiero saberlo, contadme».

Aquel flashforward...

Es mencionarlo y se me pone la piel de gallina,

porque marcó un antes y un después en el mundo de la televisión.

Tenemos que volver, Kate.

¡Tenemos que volver!

Jack ahí, de pie, con barba, gritando: «¡Tenemos que volver!».

Me quedé de pie en el salón,

mirando fijamente a la tele en plan:

«¿Qué?».

«¡Joder! ¿Esto es el...?».

Se lo intenté explicar a otra gente, pero no íbamos todos a la par.

«¿Qué está pasando?».

Es que es buenísimo, joder.

Cuando Charlie enseña la mano con el «no es el barco de Penny».

Fue otro de los momentos que me dejaron helado,

pero chillando y aplaudiendo a la vez.

Incomparable.

¿Por qué mataste a Charlie?

Porque me lo dijeron. Me dijeron que lo matara.

Me acuerdo de estar en el rodaje

y en estas que entró Dominic.

Lo tenía a unos 15 metros. Empecé a negar con la cabeza.

Antes de que pudiera decir nada,

me miró y dijo: «No pasa nada, Andrew».

Cuando lo rodé, grabé varias tomas de Dom en el depósito de agua.

Al final se propulsaba hacia atrás, y le dije: «Cuando hagas eso,

si quieres ponerte en posición fetal o lo que sea, tú adelante».

Se propulsó hacia atrás...

y se hizo la señal de la cruz.

Fue precioso.

Creo que fue J.J. el que me dijo, cuando vio el episodio:

«Lo de pedirle a Dom que hiciera la señal de la cruz es demoledor».

«Pues no fui yo».

Soy lo bastante inteligente para reconocer y agradecer la contribución de un actor.

El mérito es de Dom.

Bueno, lo que me odian por aquello.

La gente me guarda rencor por varios papeles y motivos,

pero haber matado a Charlie se lleva la palma.

He visto la frase. Me suele pasar en aeropuertos.

La gente se lo escribe en la mano,

me la enseña y aparta la vista.

Y yo: «Sí, ya te he visto.

Y te han visto mis hijos, que no entienden nada».

Como publique en Instagram algo en lo que salga un barco,

ya están todos: «¿Es el barco de Penny?». «No es el barco de Penny».

«Se parece al barco de Penny».

Hoy, en el repaso a los mejores episodios de la historia de la tele, La constante.

La pareja desgraciada. Un recurso antiquísimo.

La familia que los separa. De nuevo, otro recurso literario.

¿La pareja separada por el espacio-tiempo?

Quizá ese es un recurso que no está tan visto.

Me gustó cómo reflejaron que estaba viajando en el tiempo.

Luego introdujeron lo de los temblores.

Me gustó que estuviera todo en su cabeza.

La constante es un episodio único,

con entidad propia dentro de la serie.

Va al grano de los temas que aborda la serie:

la ciencia ficción, el amor

y los extremos a los que la gente está dispuesta a llegar por amor.

Esto es mi alianza, que por dentro tiene una inscripción que dice:

«Y la tienes», que es como acaba la carta de Penny a Desmond.

Para sobrevivir solo necesitamos

a una persona que nos quiera de verdad,

y tú la tienes.

En mis votos dije que mi mujer es mi constante.

Y ella dijo lo mismo. Fue muy bonito.

No sabía que la gente me mencionara en sus votos.

Me parece muy fuerte.

Hacía mucho que no la veía.

Es tremendamente conmovedor

que la gente se acuerde de ti, y que te consideren importante.

Me encanta tener enmarcada la foto de Desmond y Penny.

A la gente que lo pilla le encanta. La que no lo pilla pregunta quiénes son.

- Y así puedo hablar de Perdidos. - Madre mía.

Enmarcar la foto de una pareja ficticia.

¿Por qué no?

Hola. ¡Cuánto tiempo!

- ¡Hola! - ¿Qué te cuentas?

¿Qué te cuentas tú?

Pues que me están entrevistando para un documental de Perdidos.

Me han dicho que no has visto la serie. No me creo que no vieras nuestra escena.

- La constante. - ¡Esa escena sí!

Ah, vale, solo has visto esa escena. ¿Y el episodio entero no?

No me acuerdo.

Qué bueno.

No sabes la de gente que se me acerca y me dice:

"Es mi episodio preferido»."

- Qué bonito. - Siempre me hablan de él.

Ostras. ¿Me oyes?

Es que estamos en la costa norte.

La he perdido.

Nuestro viaje de novios

fue el típico que haría toda pareja adulta:

un tour de Perdidos, con playas idénticas a cualquier otra playa,

pero allí habían rodado Perdidos y a mí me hacía ilusión.

Me daba la impresión, cada vez que iba a Hawái a rodar Perdidos,

de que mi experiencia era paralela a la experiencia de mi personaje.

Volaba hasta un punto en medio del océano

para aterrizar en una isla extraña y vivir una aventura mágica.

Cuando aterrizas en Hawái, lo primero que notas es el aire.

No es como en otros lugares. Es un aire con algo especial.

Es precioso, casi místico.

Pero tenemos que volver.

Recuerdo llegar al rodaje cada día y pensar:

«Esto es nuestra oficina.

Tengo la suerte de trabajar aquí».

Y siempre lo valoré mucho.

Mirad. ¿A qué es precioso?

¡Hola! Soy Ella. Bienvenidos a Camp Erdman.

Para vosotros, el pueblo de «los Otros». Para mí, el campamento de verano.

Vengo desde los nueve años.

Nos lo pasamos bomba.

Estos bungalós no son lo que parecen.

Vamos a verlos por dentro.

Este es uno de los bungalós. Cada uno tiene 16 camas, en literas.

Bastante cómodas.

Poca gente me cree cuando lo digo, pero yo salí en la serie.

¡Yo era Aaron!

Lloraba cuando tenía que llorar.

Se lo decías y lloraba.

Las encargadas del reparto decidieron hacer una quedada de todos los Aarons.

Nos invitaron a bebés y madres a una fiesta en el parque.

Fue muy gracioso ver juntos a todos los clones de Aaron.

Todos idénticos.

Y con camisetas de «Baby Aaron».

La del medio, la que llora, es Ella. Lo bordabas. Era tu especialidad.

¿Les lees la carta que me mandaste desde el campamento?

«Les he dicho a los monitores que salí en Perdidos y no me creen.

Escríbeles, porfa, y díselo, para que me crean. Te quiero.

- Un beso. Ella». - Y les escribí.

Hawái me parecía precioso.

Suma la experiencia de Perdidos y ya es miel sobre hojuelas.

La gente va allí de vacaciones, y nosotros teníamos la suerte de trabajar en Hawái.

Podía hacerme un café y pasear por la playa

hasta llegar al rodaje.

Era estupendo.

Bastante exótico.

Vivíamos cerca unos de otros. Podíamos ir a visitarnos a pie.

Fue una época muy inocente.

Quedábamos todos.

Se emitía el episodio y el prota tenía que montar una fiesta.

Se hacía una fiesta en su casa, con cena, con cócteles,

y luego veíamos el episodio todos juntos.

Lo del «aloha» es tal cuál. La gente es más respetuosa.

Aún sonrío al ver el agua. Va a ser un buen día.

¿Cómo está hoy el agua? Lisa.

Parece un espejo.

Una cosa os digo:

llevo 20 años aquí y cada vez que trabajo fuera y vuelvo a casa,

en cuanto el avión aterriza, la puerta se abre

y entra el aire de la isla...

Me encanta llegar a casa. Me encanta vivir aquí.

Y eso se lo debo a Perdidos.

Me encantan los hawaianos. Nos trataron genial,

a nosotros y a la serie, porque nosotros también tratamos bien a Hawái, creo.

Buena parte del equipo era de allí.

Trajimos a sacerdotes de allí para que bendijeran el rodaje.

En cada convocatoria nos ponían una «palabra del día» en hawaiano.

FIGURANTE

Se respetaba muchísimo la cultura.

Y cada vez que veías los paisajes de Perdidos,

te enamorabas.

Era una manera de representar Hawái como no se había representado antes.

Fue muy bonito.

A los hawaianos les hizo ilusión que Perdidos se rodara aquí.

Y solo aquí, ¿eh?

Aquí se simuló Boston, aquí se simuló Kuwait...

Todo se rodó aquí.

Perdidos hizo el esfuerzo de contratar a gente de aquí...

JEFE DE ESPECIALISTAS

y aportar algo a nuestra economía.

En ninguna serie he echado tantas horas como en Perdidos.

EQUIPO TÉCNICO

Pero era un gustazo. A todo el mundo le encantaba la serie.

Trabajábamos en una serie tremenda con un fandom enorme.

La gente aún se me queda mirando: «¿Qué trabajaste en Perdidos?».

Las series como Perdidos

son las que invierten en nosotros y nos permiten labrarnos un futuro.

Creó trabajos para que la gente no solamente se ganara la vida,

sino que tuviera vida, y eso es muy importante.

Sabíamos que la serie era dura.

Hicimos un montón de locuras.

Con medidas.

La comunidad fílmica de Hawái es una familia muy, muy unida.

Hice mío Hawái. Me encantaban los hawaianos y los echo de menos.

Teníamos una comunidad fantástica.

Hawái es...

¿Me dais un segundo? Es que es un lugar tan especial...

Lo especial no es el lugar, es el ambiente.

La energía es especial. Todo es especial.

No he vuelto. Tengo que volver. ¡Tenemos que volver!

Fue mucho tiempo tirados, literalmente, en una isla.

Todos nos mudamos a Hawái para rodar la serie.

Podía pasar una semana sin que me convocaran.

Es lo que tiene un reparto tan grande.

Ahí me inquietaba un poco.

Si no fuera porque trabajaba en Hawái,

me habría costado vivir allí.

Acabas harto de oír a Jack Johnson en el ascensor.

Terry O'Quinn, Josh Holloway y Naveen Andrews

se traían la guitarra y, entre rodaje y rodaje,

nos poníamos a hablar y cantar.

Buena parte del reparto sabía cantar.

Nos poníamos a cantar todos juntos en el rodaje,

y cuando nos venían a buscar para grabar, decíamos:

«¡Pero hombre! ¡Dejadnos cantar otra!».

Hay un árbol a las afueras de Haleiwa, en Hawái,

que conserva las cicatrices de mi entrenamiento.

De estos tengo unos cuantos.

Empecé con los que tenían el mango de madera,

y siempre se me rompían.

Mira, tiene la punta gastada de clavarse en el árbol.

Ay, qué tiempos.

La gente se cree que puedes lanzar un cuchillo y acertarle a algo o alguien.

Tiene que estar a la distancia correcta.

El cuchillo va a girar X veces en una distancia Y.

Tengo uno al lado de la cama.

Si te cuelas en mi casa y te quedas de pie a la distancia correcta de mí,

te ensarto.

He visto a gente con tatuajes de «no es el barco de Penny».

La gente se tatúa de todo.

«Jolín, ahora te acompaño para siempre».

Vi un tatuaje muy currado, muy detallado y muy realista

del... jeto de Benjamin Linus

en el cuerpo de alguien.

Que me pareció chulo, y me sentí halagado,

pero eso ya no se borra.

Esta noche vamos a volar cometas en el cielo.

Estoy en Tailandia.

Extraño en tierra extranjera.

Rodamos un episodio llamado «Extraño en tierra extranjera».

En el que se explica el origen de los tatuajes de Jack.

- El próximo miércoles... - Esos tatuajes.

Por fin tendremos respuestas.

¿Qué significan sus tatuajes? ¡Yo qué sé!

Un cinco, por Cinco en familia. Supongo. ¿Qué más dará?

Me da risa que Bai Ling tuviera un papel en Perdidos.

¿Cómo? ¿Por qué? Vale. Genial.

Documental Getting Lost. Bai Ling, toma uno.

«¿Qué es Perdidos?». «Una serie».

No la había visto. No tenía ni idea.

La vi y pensé: «Qué buena».

Era como una película de mucha calidad.

No sabía dónde me metía.

No te haces una idea. Vaya adonde vaya.

«¡Tú saliste en Perdidos!».

Y solo salí en un episodio, pero todo el mundo igual.

Como si hubiera actuado una temporada entera.

Le oculta que el tatuaje que le hace tiene que ver con...

Significa: «Si vuelas alto, tu destino es otro».

La serie era tan importante, sobre todo en la última temporada,

que hubo polémica por coincidir con el debate sobre el estado del país.

No preveo una situación en la que millones de personas

que ansían saber cómo sigue Perdidos

se vean privadas de ello por el presidente.

Obama en plan: «Se cancela el debate. Poned Perdidos y que se callen ya».

Así de grande se llegó a liar. Toda la ciudadanía en plan:

«Me interesa mucho saber cómo va el país,

pero si coincide con Perdidos no».

Gracias. Vale. Venga, una más.

El último episodio de Perdidos

era el acontecimiento televisivo más esperado de 2010.

Aunque la audiencia había bajado

después de tocar techo en la segunda temporada,

más de 13 millones de personas quisieron ver cómo terminaba.

A día de hoy, el final de Perdidos

sigue siendo uno de los episodios más polémicos y polarizantes

jamás emitidos en televisión.

Hablemos del final.

Dios. Genial. Mi tema favorito.

Será mi epitafio.

«Sigue hablando del final».

«Aquí yace Damon Lindelof.

Estaba muerto desde el principio,

en espíritu».

Ya sabréis que el domingo por la noche

es el último episodio de Perdidos.

¿Cómo terminará todo?

El último episodio de Perdidos

fue uno de los grandes acontecimientos de la cultura pop televisiva

del siglo XXI.

No había escapatoria. Era el final más esperado.

Domingo a las 19:00, las 18:00 en el centro.

Último episodio de Perdidos en ABC.

Mucha gente lleva seis años esperándolo. Se van a montar fiestas en todo el país.

A menos que vivan en una isla desierta,

ya sabrán que este domingo termina la serie Perdidos de la ABC.

El acontecimiento televisivo de esta década.

«Yo no tengo ni idea de cómo terminarla,

pero suerte a quien le toque

y vamos allá».

En el equipo de guionistas

teníamos a algunos de los profesionales

más fuera de serie del sector, copón.

Cuanto más se acercaba el final, más miedo me daba, porque pensaba:

«No nos están contando nada.

No nos van a poder dar todas las respuestas en una noche».

No puedes cerrar una serie como Perdidos

con un lacito rosa y decir:

«Vuestro final».

A ver, por poder, puedes, pero es de ser un poco cafre.

No podía ser como el final de cualquier otra serie,

porque no era una serie cualquiera.

Era una serie con muchas capas.

Algunas de ellas muy espirituales, lo tengo que decir.

Muy filosóficas,

con muchas referencias a mitologías y textos antiguos.

Era una serie global.

Era una bomba nuclear que había explotado

en todas direcciones.

Y cuando llega el momento de ponerle punto y final,

lo único que puedes hacer es recogerlo todo y devolverlo

al lugar de la explosión original.

A veces creo que la gente quería algo más sencillo.

O algo pulido. Creo.

O ingenioso.

Suerte que al final no nos las dimos de ingeniosos.

Significó más que eso.

Cuanto más dura una trama, más se implica la gente en ella.

Cuantas más horas inviertes en Perdidos...

Y no me refiero solo al rato que dedicas a ver la serie,

sino a hablar de ella, a mentalizarte...

Quien la viera desde el piloto hasta el final de la sexta temporada

invertiría cerca de mil horas

de su energía emocional en Perdidos.

Por cada hora invertida en Perdidos,

lo justo es que el final esté a la altura.

Ponerle fin a cualquier cosa es algo complicado.

Ponerle fin a una serie que la gente no quiere que termine lo es aún más.

Cuesta mucho. Ponte tú.

Todo el mundo va a opinar.

Todo el mundo va a querer otra cosa.

«Yo quería esto, yo aquello, yo quería saber lo de más allá».

No sé. A mí me gustó que fueran fieles a sí mismos,

en el sentido de dejar muchas cosas abiertas a la imaginación.

Para mí, lo más importante de la serie

eran los personajes.

Y lo que se hizo con el final

fue ayudar a los personajes a pasar página y a cerrar su historia colectiva.

Lo importante es el recorrido, no el destino. Como en la vida.

Con eso había que quedarse. Para mí lo importante era el recorrido.

A mí me encantó el final, de verdad.

Si les tenías cariño a los personajes,

es imposible que el final te dejara frío.

Yo les tenía mucho cariño a todos.

Me hizo ilusión volver y reencontrarme con ellos.

Me encantó cómo decidieron...

cerrar la historia de los personajes.

Me pareció bonito.

Fue como una carta de amor.

«¡Pagamos a escote!».

Me encanta esa escena.

Como me pasó a menudo a lo largo de la serie,

el final me dejó confuso.

No entendía nada, el agua salía así... No me enteraba muy bien.

Sabía que habría un enfrentamiento entre la luz y la oscuridad.

Encantado de representar a uno de los bandos.

Me encanta el final porque creo que fueron...

muy fieles a los personajes

y a aquello de lo que hablaba la serie.

Y creo que cuando tienes una serie que, de por sí,

plantea preguntas importantes, preguntas significativas,

va a llegar un momento en el que no haya respuestas.

Entiendo que hubiera quien esperara respuestas a cosas que quería entender

y se quedara sin ellas.

Pero así es la vida. No siempre hay respuestas.

Perdidos se plantea muchas preguntas, pero a mí me parece que,

en este mundo misterioso,

hay muchas preguntas que no han de responderse.

Hay cosas que hay que aceptar...

porque son misterios.

Mira lo de Star Wars cuando se pasó dando respuestas.

A la gente no le gustó.

- ¿Qué haces? - Comprobar si tienes una infección.

Perdidos no es la única serie cuyo final no le gustó a la gente.

Acordaos del final de Los Soprano. A la gente tampoco le gustó.

Siempre va a haber quejas,

y más con un público tan insaciable como el de Perdidos.

Medio país vota rojo. El otro medio, azul. ¿Van a coincidir en el final de la serie?

He visto muchas series que parecía que iban a alguna parte

y el final dejó que desear.

Mejor corramos un tupido velo.

Yo era muy fan de Juego de tronos.

¿Y SI LA CAGO COMO PERDIDOS?

No me gustó Juego de tronos. Cambiemos de tema.

Me mosquea. ¡Mierda, soy como ellos!

Hay finales que son malos.

El de Perdidos y Los Soprano fue polarizante, pero no malo.

Hoy repasamos el top 10 de series con los peores finales.

Nada me saca más de quicio que el típico titular de clickbait:

«Los peores finales de la historia».

Si no tienes nada bueno que decir, no lo publiques en internet.

La serie perdió fuelle rápido y el final fue un ultraje.

"Es en una iglesia porque están en el purgatorio»."

Menudo disparate.

Admito que hay gente que se me acerca y dice:

«¡Me encantó la serie! Menos el final».

«Me encanta la serie, pero qué asco de final».

La de veces que lo habré oído.

No me molesta. Sé que la gente tiene opiniones, y hay personas...

muy dispuestas a compartirla conmigo

en el metro, en la calle,

en los lavabos... en fin.

Después del final, mucha gente te decía: «¿Cómo te puede gustar esa serie?».

No me considero un tío violento. Pero si no te gusta Perdidos, te pego.

Soy majísimo, de verdad,

pero si no te gusta Perdidos,

vete a tomar... no, hombre, no.

Creo que la gente se sintió atacada.

Sentíamos la serie como nuestra, la queríamos proteger.

Me enfadó que la gente se enfadara.

Me enfadó.

Crearon algo increíble

y lo cerraron como quisieron, porque pasa una cosa:

que la serie es suya, no tuya.

Hubo gente que quedó contenta y gente que se disgustó mucho.

Seguramente les gustaba tanto la serie

que creo que no es que les pareciera...

Esto seguro que os lo comentan.

Creo que no es que les pareciera malo, ni que se sintieran estafados:

es que no querían que se acabara nunca.

Yo no quería que se acabara.

Creía que aún le quedaba cuerda. Yo no había terminado con Desmond.

Me dio mucha pena que se acabara.

La gente sospechaba que estábamos muertos desde el principio.

Frustra y molesta mucho hablar con gente que se cree que lo sabe todo.

Te cuentan algo y tú: «No tienes ni idea. No todos estaban muertos.

¿No viste a Damon en la entrevista en la que machacó al tío ese?».

A los tres o cuatro episodios de la primera temporada,

se empezó a decir: «Es el purgatorio, han muerto».

Y nosotros no dejábamos de repetir: «De verdad que no están muertos».

- Era una fantasía compartida. - No.

- ¿Lo que pasaba en la isla era real? - Sí.

ENTIENDE EL FINAL

El final es en plan: «Todo lo que pasó pasó de verdad menos esto de aquí.

Esto no, esto es un lugar que nos dimos para esperarnos y subir al cielo juntos».

Eso no pasó.

No soy muy religioso,

pero el final de Perdidos me enseñó que...

que te tienes que llevar aquello que necesites

y dejar atrás lo que no.

¿Cuánto dura el documental? Me tiraría 12 años hablando de la serie.

Bueno, son los que llevo.

Creo que la gente se enfadó con el final

porque nos pasamos seis años

planteando las grandes preguntas de la vida.

Las preguntas clave.

¿Por qué estamos aquí? ¿Qué es esto?

¿Cuál es nuestro propósito?

Y como planteábamos aquellas grandes preguntas,

la gente se juntaba y se ponía a debatirlas,

a debatir cuestiones clave.

Y creo que esperaban, o daban por hecho,

que llegaría alguien con la respuesta,

que el final de la serie sería la gran revelación.

«¡Eso es lo que querían decir!».

¿Qué hacemos aquí? ¿Existe Dios? ¿Qué es esto?

¿Es real? ¿Es una simulación?

Íbamos a resolver el mayor enigma de todos.

Pero pongámoslo en perspectiva: esa respuesta es la misma

que las grandes religiones del planeta llevan miles de años buscando,

y se le pedía a una serie de televisión

que contestara a aquello.

En lugar de eso, convirtieron el último episodio

en la gran pregunta final,

con la que te podías quedar

para abordarla con tu familia,

o con tus compañeros de trabajo: «¿Habéis entendido algo?».

Lo que te pedían era hacer introspección

y buscar tus propias respuestas.

Creo que no hay manera más noble

de dejar que la gente siga con su vida después de haberte acompañado

que decir: «Las respuestas están en ti, ve a buscarlas».

Mi opinión, a la postre,

y a riesgo de quedar de arrogante y presuntuoso,

es que las series de televisión son entretenimiento,

pero las que buscan innovar, y diferenciarse, y emocionar

rozan el arte, si es que no lo son ya.

No he de decir yo si Perdidos es arte o no.

Mi intención era que lo fuera.

Los guionistas y los intérpretes tienen la responsabilidad

de pintar el cuadro.

Por la misma regla de tres,

tú tienes la responsabilidad de dejar volar la imaginación.

Porque o la dejas volar, o nunca estarás contento.

Creo que la discordia tan radical

respecto al final fue positiva.

Eso es que a la gente le importaba.

¿De qué hablamos? De lo que nos encanta.

De lo que no soportamos. Los grises nos dan igual.

Es signo de grandeza

que no te entiendan o que te malinterpreten.

Y nos malinterpretaron a menudo.

Creo que los guionistas se sentían

un poco atacados, un poco agobiados,

y como si tuvieran que dar explicaciones

o disculparse o algo. Y no, no...

Dejaos de disculpas.

A otra cosa.

Eran otros tiempos.

En el mundo del guion había una omertà, un código de silencio.

No se hablaba de entornos tóxicos. Ni de jefes que se pasaban.

Y ni en broma se señalaba a nadie.

Nuevos testimonios del ambiente tóxico del equipo de guion de la serie Perdidos.

Mo Ryan publicó un texto, en Vanity Fair y en su libro, sobre el equipo de guion.

Decía que era un entorno muy tóxico,

sobre todo para mujeres y gente racializada.

Damon Lindelof y Cariton Cuse se llevaron la peor parte,

como jefes de guion y showrunners.

Aquello me costó digerirlo.

Y me costó digerirlo

porque yo era de esas personas

que había defendido la serie a capa y espada.

Y luego me entero de lo que había: racismo, intolerancia, sexismo...

Tuve que reevaluar mi relación con la serie,

porque es una parte integral de mi día a día.

¿Me la han echado a perder? ¿La elimino de mi vida?

No quiero contribuir a la intolerancia.

No quiero contribuir al bullying ni al acoso.

He visto cómo han salido muchos testimonios similares

de entornos de trabajo en Hollywood que son infernales.

Los veo y ya no pienso: «¡Ostras! ¿Ahí también?».

Pienso: «Ostras... ahí también».

El problema no es de Perdidos.

El problema es sistémico, lo tiene todo Hollywood.

Todo el mundo dice que eran otros tiempos, vale...

pero mucha gente podría haber hecho algo.

Eran adultos que no tomaron las mejores decisiones.

Hubo problemas con...

con cómo Damon llevaba el timón.

El ambiente entre guionistas se volvió muy tóxico.

Hay guionistas de colectivos minoritarios que dicen que había mucho racismo,

que había mucha misoginia, y yo lo puedo corroborar.

Habrá quien diga que es necesario un entorno de trabajo tóxico

para tener series como Perdidos.

Yo discrepo.

No me apetece explayarme, pero eso no es cierto.

Sé que se desvivieron para que hubiera diversidad

y representación en el equipo de guion.

Luego te enteras de que el talento de aquella gente se desaprovechó,

de que no les dejaban hablar.

Creo que aquello fue de cara a la galería.

Si el equipo de guion de Perdidos no hubiera sido tan tóxico,

la serie podría haber sido mejor.

Me da un poco de pena pensarlo.

Una serie que me encanta habría sido mejor de haber tratado bien a los guionistas.

La dinámica...

de la relación entre guionistas,

del bullying, de los piques, del peloteo y de esas cosas,

se vertebraba, en buena parte, a base de chistes racistas,

clasistas o machistas, insultantes y muy fuera de lugar.

Me dolió mucho,

sobre todo cosas que dijeron del señor Eko.

A ver... a mí, como persona negra, me pareció espantoso.

Perdidos empezó con un reparto diverso,

con varios intérpretes negros.

Pocas series eran así.

Pero hacia el final de la serie te empiezas a dar cuenta

de que se centran en los cuatro protas blancos.

A la gente racializada se la fue apartando,

al principio poco a poco y luego bastante rápido.

En un episodio de la última temporada mueren de golpe Sun, Jin y Sayid.

Y fue un mazazo. Tres personajes menos de golpe.

Todos racializados.

Acabaron con ellos de manera bastante poco ceremoniosa.

Y la gente se dio cuenta.

Trabajas en una serie con un protagonista latino

para luego escribir cosas del tipo:

«Sigue gordo porque escondió un bote de aliño para ensalada, qué risa».

Ese tipo de humor es el pan de cada día en los equipos de guion,

y cuesta mucho cambiarlo.

Y eso es lo que se ve.

También se dio el caso, cuando detuvieron a Michelle Rodriguez,

de dos productores que colgaron su foto policial y la de Cynthia Watros.

Y bromearon con que Michelle vendió a Cynthia por tabaco en la cárcel,

porque era una latina chunga con experiencia en bandas.

Lo digo para que no vuelva a pasar,

para que las series posteriores lo hagan mejor que nosotros.

Se predica con el ejemplo, con un ambiente positivo

y sin chistes racistas.

Si tú no lo haces, el resto tampoco lo hará.

No todos eran malos.

Mucha gente iba a trabajar cada día dispuesta a dar lo mejor

y la trataron como a un trapo.

Quiero que esa gente sienta que su esfuerzo valió la pena.

Flaco favor le hacemos a esa gente si nos negamos a volver a ver Perdidos.

Porque aquella serie les costó sangre, sudor y lágrimas, tal cual.

Hay que reconocerlo.

Hay que ser más exigentes con la gente que hace series.

Era una serie que iba a costar,

pero eso no justifica la toxicidad que se dio en aquel equipo de guionistas.

Todo pasó exactamente como se ha dicho.

Lo que peor me sabe, seguramente,

es que estaba tan sumido en mi propio proceso emocional

que no veía, ni vivía, ni me importaba

el proceso emocional de los demás.

Y cuando eres el que manda,

esa no es manera de llevar una serie.

Se ha dicho que era un club masculino o que yo mostraba favoritismo

hacia tíos que se parecían a mí o con trayectorias similares, y es así.

Lo que para mí era favoritismo

era también racismo y machismo.

Ya forma parte del legado de la serie.

Y ojalá no fuera así. Pero, si lo es, es por mi culpa.

Creo que en el equipo de guionistas de Perdidos

había una cultura permisiva excesiva.

Entonces no entendíamos que aquella cultura

era dañina para las personas.

Y lo lamento muchísimo.

Como showrunner, soy responsable de esa cultura.

Ojalá lo hubiéramos hecho mejor.

Lo siento muchísimo.

Me sentí traicionada, que ya ves tú,

porque solo soy una fan.

Estoy orgullosa de la gente que levantó la voz.

Es importante que los fans de Perdidos sepan que no es una serie perfecta,

que la vida no es perfecta, es complicada, igual que la serie.

Yo esas situaciones me las planteo de esta manera:

¿la persona en cuestión asume su responsabilidad?

¿Ha aprendido algo?

¿Se ha redimido? ¿Qué hace ahora?

Más valen hechos que palabras. Para mí, muchas veces, es así.

Cuesta mucho, porque es gente a la que tenías en un pedestal.

Que esa gente igual ha cambiado,

igual ha aprendido y trata mejor a los demás.

Creo que eso lo podemos hacer todos. Es lo que nos enseñó Perdidos.

Nos enseña el flashback y luego nos enseña lo que pasa.

Perdidos nos hace ver cómo éramos,

cómo podemos ser

y, en definitiva,

cómo tendríamos que esmerarnos por ser.

Al final, yo era tan fan de Perdidos como cualquiera.

Por triste que fuera, por triste que llegara a ser,

lo que hizo que todo valiera la pena

es que a muchísima gente le encanta la serie.

Puedes pasarte la vida en este sector y pensar: «Mi trabajo no aporta nada.

Solo me gano la vida rodando dramones».

Un tipo se levantó y dijo que era médico.

Y dijo: «Tenía una paciente con un tumor cerebral,

que solo quería vivir lo suficiente para saber cómo acababa la serie».

Y aluciné.

Y añadió: «De eso hace diez años y aún es paciente mía».

Todavía hoy es una serie que significa mucho para mucha gente.

Sé de fans que estaban al borde del suicidio,

pero la serie les ayudaba a continuar porque querían saber cómo seguía.

Gente ingresada en el hospital,

sin nadie al lado aparte de nosotros.

Esa es la magia de lo que hacemos.

Es superficial a muchos niveles, y puede llegar a dar asco.

«¿Qué estamos haciendo?

No somos neurocirujanos. No estamos salvando vidas».

Luego te enteras de estas cosas y piensas:

«Pues sí que las salvamos. Salvamos vidas, literal».

¿Cómo es posible?

Un segundo. Perdón.

Perdidos fue mi apoyo. Fue mi salvación.

Vino en mi auxilio.

Fue mi vía de escape en el peor momento de mi vida.

Me tuvieron que ingresar dos semanas para darme quimio.

Me puso muy, muy mala.

Hay momentos en los que no recuerdo estar despierta.

Solo era capaz de mantenerme despierta

cuando emitían Perdidos.

Durante el rato que pasaba transportándome a aquella isla,

aquella isla mágica que obraba milagros,

con gente maravillosa que vivía aventuras,

no era una enferma de cáncer.

Durante ese rato no.

Durante esa hora no estaba enferma.

Los guionistas de Perdidos no tenían intención

de agarrar de la mano a una desconocida,

pero de alguna manera que no sé explicar

a mí me agarraron la mano a lo largo de aquellos seis años.

Y de verdad que lo necesitaba.

Así que lo es todo.

Perdidos...

es más que una serie.

A mí me cambió la vida del todo.

La gente se reía de mí: «¡Estás obsesionada!

¡Te pasas la vida escribiendo sobre la serie!».

Entonces la serie terminó.

Yo había conocido por internet a gente de todo el mundo.

Nos empezamos a conocer en eventos,

empezamos a quedar en persona

y entonces creamos Cancer Gets Lost.

Cancer Gets Lost fue de lo mejor que salió del fandom de Perdidos.

Empezó con la subasta de recuerdos de la serie.

Que Cancer Gets Lost surgiera

de la comunidad que generó la serie

me parece precioso.

Lo mejor que podía salir de una serie como esta.

Tenía una amiga, una chica, con un tumor cerebral,

y quería ayudarla, así que escribí en el blog.

Jorge García, al que no conocía, se puso en contacto y me dijo:

«¿Quieres un trocito del Oceanic 815? Te lo puedo firmar y lo subastas».

La gente arrima el hombro, y ahí te das cuenta

de lo bien que se portan los fans en momentos tristes y de crisis.

450 000 DÓLARES RECAUDADOS

Yo tenía 14 años.

Me acuerdo de...

de acompañarla a una sección especial,

creo que de Macy's, a comprar sujetadores

específicos para pacientes de cáncer de mamá.

Ahí fue cuando pensé: «Ah. Vale.

Van a cambiar cosas».

La diagnosticaron y fue muy rápido.

Tuvo que luchar muchísimo,

pero vivió 10 años sin cáncer.

Años increíbles de ver

a nuestros hijos crecer e independizarse.

La primera vez que te diagnostican un cáncer y lo superas,

es genial.

Pero si el cáncer vuelve, se acabó.

Volvió y sabíamos que había metástasis,

que ya no era cuestión de superarlo sino de irlo gestionando.

Se leyó todos los libros que quiso.

Se tomó todas las cocacolas que quiso.

Hacia el final de su vida se marcó un «a vivir, que son dos días».

Es algo muy descriptivo de esta comunidad. Hay gente a la que conoces de internet,

pero para ti son familia.

Cuando me presentó a sus hijos, dijo:

«¡Este es el tío Jay!».

Es un vínculo...

muy especial y perderla dolió mucho.

Quería mucho a Jen. La echo mucho de menos.

Jen murió de cáncer.

Uf.

Perdón.

La echo de menos.

Jen representaba lo mejor del fandom de Perdidos.

Era divertida, superingeniosa,

amiga de todo el mundo.

Para ilustrar al mejor fan de Perdidos,

basta una foto de Jen Ozawa.

A menudo me dicen

que me parezco a ella.

Creo que es el mayor cumplido que me pueden hacer.

Yo era la niña que se agazapaba detrás de la escalera,

a ver si escuchaba a mis padres grabar el podcast,

sin hacer ruido,

porque se suponía que estaba durmiendo

y no era así.

Y ahora estoy aquí.

¿Qué le habría parecido a Jen este documental?

Aquí tendría que estar ella. ¡Le habría encantado, por favor!

Jen tenía dentro una voz que no sabía cómo articular,

y creo que el podcast fue una manera de sacarla.

Pero es una pena, porque...

Le quedaban cosas que decir.

Muchas más cosas.

La echo de menos todos los días.

Ojalá estuviera aquí.

Creo que Perdidos nos ayudó a procesar lo que nos estaba pasando.

Esas son las cosas que importan

de una serie de televisión,

los vínculos que formas con gente a la que coges cariño.

Resumido en una palabra: «Comunidad».

Hice amigos y me carteé con gente de Missouri y de Sri Lanka.

Es alucinante.

La comunidad de fans le ayudó a seguir adelante,

antes y después del diagnóstico.

Todavía hay gente que comenta en redes sociales:

«Jen y tú erais estupendos».

Y para mí significa mucho que se acuerden de nosotros.

Me encanta. Y a ella le habría encantado.

Espero que cuando la gente hable

de series que marcaron época en televisión,

una de ellas sea Perdidos.

En todos los rodajes que he hecho desde Perdidos,

siempre me han dicho: «Me encantaste en esa serie».

Nadie me ha dicho jamás: «¿Qué es Perdidos? No me suena».

No llegué a ver la serie hasta el final.

Lo siento, Damon.

Me parece... flipante haber participado en algo tan significativo.

Flipante.

Lo echo mucho de menos.

Una de las cosas chulas de Perdidos es que aún te puedes hacer preguntas.

No se ha respondido a todo. Nada más aburrido que un enigma resuelto.

No es comparable con nada de lo que se hace ahora. A ver,

estamos grabando un documental, 20 años después,

sobre una serie espectacular

que me sigue encantando

y en la que tuve la suerte de participar.

Durante una época de mi vida, todo giró en torno a la serie.

Luego pasé a ser espectador.

Era un fan más que la veía.

Había episodios de la serie que me dejaban con la boca abierta.

Era una serie que invitaba a reflexionar, que emocionaba, que sorprendía.

Y era una serie de envergadura, sobre todo en aquella época.

Había mucha gente muy buena

dando lo mejor de sí misma en aquella serie.

Yo estoy muy agradecido. No solo por el trampolín para mi carrera,

sino por abrir camino a la diversidad en televisión.

Tenías a dos personajes habituales

en una serie de televisión hablando algo que no era inglés,

y se te pedía que empatizaras con ellos,

no que los vieras como enemigos

ni que los estereotiparas.

No se puede hablar de diversidad y de inclusión en televisión

sin hablar de Perdidos.

Quizá el legado de la serie es que la gente ha aprendido...

a ponerse en el lugar de los demás.

Muchos problemas de la vida son fruto de convertir a alguien en «el otro».

«Yo nunca sería como ellos. Yo nunca haría eso, nunca diría eso».

Lo bonito del planteamiento de Perdidos

es que la gente empezó a empatizar y a tener compasión

porque veía un motivo.

La serie me cambió la vida

de todas las maneras posibles.

No sé dónde estaría ni lo que estaría haciendo

de no ser por Perdidos.

No tendría la pareja que tengo, que es el mayor regalo de mi vida.

No tendría a mis hijos.

Quizá tendría hijos, pero no a ellos.

Mi trayectoria no fue la más fácil,

y por eso es importante para mí decir que me siento honrada

de haber participado en Perdidos,

de haber participado de la historia de la televisión,

de haber formado parte y trabajado con un reparto maravilloso.

Es importante que la gente sepa

que estoy orgullosa

y que les agradezco mucho que les guste tanto.

Significa mucho para mí.

Las amistades que se formaron, y ese cariño compartido por algo,

creo que, para los fans, son tan importantes como la serie en sí.

Y recordar ahora aquella época en la que a todos nos encantaba la serie,

y nos sentábamos delante de la tele,

todos juntos...

Eso es Perdidos.

Pienso en todo lo que me dio,

y pienso en todo lo que me ayudó...

Y no solo material, sino espiritualmente.

Participar en algo que conecta así con el público

es algo que te afecta profundamente.

Cuando la gente piense en Perdidos, espero que también la asocien

a momentos de su vida que vivieron mientras la veían.

Me encanta porque demuestra

la importancia de la comunidad.

Vivir juntos, morir solos.

El cariño que le tengo al fandom de Perdidos es...

No sé expresarlo con palabras. Solo puedo dar las gracias.

Hablo en serio cuando digo que significó mucho para mucha gente.

La serie fue una aventura.

Fue una aventura.

«Nos veremos en otra vida, colega».

En el último episodio hay una frase muy sentimental.

¿Dónde estamos, papá?

Este es un lugar que creasteis entre todos para reencontraros.

Y creo que eso es Perdidos en sí.

Lo único que queremos, como humanos,

es encontrar a nuestra tribu.

Perdidos fue una serie de televisión

que ayudó a alguna gente a encontrar a su tribu,

y esa comunidad no solo existió mientras duró la serie, sino más allá.

La comunidad de Perdidos fue mi salvación.

Y los amigos que he hecho por el camino

me acompañarán en los bancos de la iglesia cuando llegue el final.

Todo lo que tengo en la vida es fruto de esa serie.

Le estoy eternamente agradecida. Perdidos siempre será especial.

La comunidad se unió más y más, aunque la serie hubiera terminado.

Esa gente ahora es mi gente.

Es mi comunidad.

Aquí estamos, hablando de la serie,

20 años después de que se estrenara.

Sobre su legado como obra televisiva,

si es bueno o malo...

Me importa, claro que me importa.

Pero me importa mucho más lo otro.

Me importa que le importe a la comunidad que se volcó con ella,

que le cogió cariño

y que sigue analizándola, y que sigue disfrutándola.

Estoy inmensamente agradecido de que esa comunidad siga existiendo

y de que haya gente que vaya a ver el documental

porque le tiene cariño a la serie.

Para mí eso lo es todo.

Te despiertas en un bosque.

Te preguntas dónde estás.

¿Te acuerdas de los números?

¿De los números? ¿De todos?

¡Anda ya! ¿Qué dices? ¡Qué me voy a acordar! ¡Qué va!

Pero los números son chungos, ¿no?

- Ay, Dios... ¡Ocho! - Seis, siete, cinco, tres, cero, nueve.

Mis hijos te los decían de carrerilla.

4-8-15-16-23-42.

4, 8, 15, 16, 23, 42.

Cuando conocí a mi novio, años antes de ser pareja,

llevaba una camiseta de los números.

4, 8, 15, 16, 23, 42.

Y sin mirarme la camiseta.

¿Os creéis que no me los sé? Los números son estos:

4, 8, 15, 16, 23, 42.

Os explico cómo me los sé.

Vienen los Otros, se nos quieren llevar.

No sé lo que quieren porque no lo dicen.

Viviremos juntos o moriremos solos.

Viviremos juntos o moriremos solos.

¿Os ha fallado algún actor?

Sí. Matthew Fox.

¡Venga ya!

¿Foxy no participa? ¡Sí, hombre! ¿En serio?

Qué pena.

Pues él se lo pierde.

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