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Habrá estatuas tuyas por todo el Imperio.
PREVIAMENTE EN A.D.
Colocaremos una en el templo.
Debemos asumir que habrá una rebelión a gran escala.
¡Se trata de la destrucción del templo!
Gracias, Joanna, por guiarme a Jesús.
¿Tabitha?
Todos los enemigos de Roma
serán castigados y aplastados.
¿Y tú eres?
El Jefe de Tesorería de la reina de Etiopía.
Le dirás al etíope que tendremos el honor
de recibir a tan ilustre visitante.
Pronto llegará la abominación, una estatua que proclama la guerra eterna.
¿No te das cuenta de que debemos unirnos para combatir tal monstruosidad?
No somos enemigos, Santiago.
Si eso es cierto, dejen de perseguirnos.
Este podría ser el fin.
Este templo no es solo ladrillos y argamasa
hecho por las manos del hombre.
Es la casa de Dios en la tierra, Su hogar,
es un lugar santísimo
y está en peligro.
En unos días, una estatua del emperador romano llegará a Jerusalén.
Él exige que se coloque en el interior del templo.
Y que la adoraremos.
Aquí. Ven.
Pon eso aquí.
¡Si la casa de Dios es profanada por esta abominación,
Él se irá de ahí,
dejará el templo y nos abandonará!
Nuestros cultivos se pudrirán y dañarán.
El hambre y la peste danzarán sobre la tierra.
Nuestros hijos morirán de hambre.
Nuestros enemigos se deleitarán con nuestra debilidad,
y seremos incapaces de enfrentarlos.
¡No podemos permitirlo!
¡No lo permitiremos!
¡No te detengas! No les des razón para revisar.
Por favor, toma lo que quieras.
Son sabrosos, ¿no?
Es por eso que me dirijo a ustedes.
Debemos unirnos para proteger el templo.
Cada secta, de cualquier credo, cada pueblo, cada región.
Debemos dejar a un lado nuestras diferencias.
Ahora es el momento de la hermandad y la unidad.
Que cien mil hablen con una sola voz.
Estamos contigo, Sumo Sacerdote.
Vayan con su gente.
Pídanles que protejan el templo.
Se rumora que la estatua está hecha de oro puro.
Es evidente que la vanidad de este emperador no tiene límites.
Deberíamos estar agradecidos.
Su arrogancia enfurecerá a la ciudad y sumará miles más a la causa.
Es una suerte que esté aquí, dispuesto a ayudar.
No es casualidad.
Es la voluntad de Dios.
Nuestro éxito fue decretado.
Así lo creo.
Y mi reina se emocionará cuando se entere de lo que hice.
Nuestra victoria será celebrada, no solo en Etiopía.
Le daremos al resto del mundo la confianza para luchar.
Encenderemos un fuego que reducirá Roma a cenizas.
Ya hiciste suficiente.
Las viudas recogerán esto más tarde.
Me pidieron que agradeciera tu caridad.
Pero no he terminado.
Tus heridas aún no han sanado, Tabitha.
Estás perdiendo demasiada sangre. Debes descansar.
Me siento mucho mejor.
Y esto me hace sentir que estoy contribuyendo.
Por favor, descansa.
Lo disfruto.
Tengo mi costura,
y los hombres tienen sus muy largas e importantes conversaciones.
Todos estaban de pie, aplaudiendo al Sumo Sacerdote.
Y cuando lo escuché, yo...
Perdónenme, pero no pude evitar imaginarme estando en su lugar,
pero hablando de Jesucristo.
¿Imaginan lo que sería eso para nosotros?
Imaginen poder pronunciar su nombre sin temor.
Sí, y más que eso.
Que podamos influir en el Sanedrín desde adentro.
No seguir escondiéndonos en la oscuridad, ni susurrar más su nombre.
Bueno, ¿qué dicen?
¿De verdad crees que Caifás te concederá todo eso?
- Sí. - ¿Y qué querrá a cambio?
Eso lo negociaremos tú y yo.
Yo no. No con el hombre que mató a Jesús.
Pedro, esta es nuestra oportunidad de continuar la iglesia de Jesús.
No, debo mantenerlos a salvo, lejos de él.
- No necesitamos el templo. - Déjame al menos hablar con él.
- No soy un novato. Lo presionaré. - ¡No negaré de nuevo a nuestro Señor!
¡Cerdos romanos, deténganse!
Son solo niños. Continúen.
¡Hermanos míos!
Hermanos míos.
Han venido porque saben que Dios los ha llamado
para defender su templo de esta abominación.
¡Desataremos una fuerza justiciera
que limpiará el templo de un sacerdocio corrupto
y limpiará hasta el último rastro de Roma de nuestras tierras!
Etiopía nos ha dado armas
y los medios para hacer las nuestras.
Tenemos los implementos para remover esta infección romana.
Pero necesitamos manos piadosas que las empuñen,
sus manos.
Entonces, ¿están con nosotros?
Veo que Caifás envió su pequeño roedor para espiar.
No, soy portador de un mensaje.
El Sumo Sacerdote los invita a discutir cómo procedemos juntos.
Mentiroso. Sácalo de aquí.
Quisiera incrementar las patrullas alrededor de Jerusalén.
Poner a los hombres en las calles es un acto de provocación.
Es una fuerza de retención, no un ejército.
Más hombres ayudarán a ocultar esto.
Muy bien.
Duplica el número de patrullas.
Lo superaremos.
Siempre lo hacemos.
Esta miserable ciudad.
Mírate.
No has tocado tu comida.
Las preocupaciones del centurión no ayudan.
¿Hay algo que pueda hacer? Dilo y se hará.
Tal vez hay algo.
La mujer nazarena, Joanna, libérala.
¿Cuál es tu interés en esa mujer?
Solo la empatía.
La empatía engendra debilidad, Claudia.
Y nosotros no somos débiles.
No veo cómo el mostrar preocupación...
No eres débil.
¿Me entiendes?
Te he disgustado.
No. Tus palabras tienen mucho sentido.
Pero he sido demasiado atrevido. Tú eres la roca.
Tu interés en nuestra seguridad es...
Santiago, por favor, no hiciste nada malo excepto expresarte mejor que yo.
No podría haber nadie mejor para pelear por nuestra causa.
Solo quiero poner fin a la persecución.
Pero no puedo olvidar lo que ese hombre le hizo a Jesús.
Cuando Jesús estaba en la cruz,
cuando el dolor era tan grande
que su cuerpo se contorsionaba y temblaba,
gritó:
"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Si le pidió eso a Dios, entonces lo esperaría de nosotros también.
Sí, por supuesto.
Santiago hablará al Sumo Sacerdote,
y finalmente le daremos fin a nuestra persecución.
Vayamos juntos.
No, mi presencia no ayudará.
Entonces, dime qué términos aceptarías.
Tengo fe en tu juicio,
y Dios te guiará.
Pero debo salir de Jerusalén.
¿Adónde vas?
Fuera de aquí...
...a predicar.
Sumo Sacerdote, debo recordarle su promesa,
terminar con la persecución y el arresto de los que siguen a Jesús.
Debe cesar de inmediato.
¿Me estás poniendo condiciones?
Muy bien. Desde ahora la doy por terminada.
Gracias.
En consecuencia, seremos libres de predicar abiertamente.
Hay límites para lo que es aceptable.
Los romanos son un pueblo muy literal.
Considerarían la mención de reyes
en su valor nominal y lo llamarían sedición.
Decir que Jesús es un rey pone en peligro el templo.
Entonces, seremos cautelosos.
Y se abstendrán de decir que es el Mesías.
Pero esa es la verdad.
Su verdad ofenderá a muchos,
y quizá no sea capaz de protegerlos.
Deseamos sentarnos en el templo y ganar respeto, no ofender a nadie,
pero no seremos censurados.
Él es el Mesías.
No eres tímido en tus peticiones, ¿verdad?
Él es el Hijo de Dios.
Él ha resucitado y volverá.
Está bien, si no puedo convencerte de lo contrario.
No puede.
Entonces que así sea.
Confío en que recuerdes mi generosidad en los días por venir.
- Lo logramos. - ¿Nos permitieron volver?
Así es.
Entremos.
Limosna para los pobres. Gracias.
¿Tabitha? Ayúdenme.
Debemos llevarla a la casa.
Lo siento, María. Debí escucharte.
No te preocupes. Estoy aquí.
María, llévame a casa, con mi familia.
A Jope.
Por favor, debo verlos de nuevo antes de morir.
No creo que llegue tan lejos.
Tenemos que hacerlo.
Entonces démonos prisa. Te ayudaré a llevarla.
No. Debo hacerlo. Esto es mi culpa.
Por mi culpa, ejecutarán a Joanna.
No puedo perder a Tabitha también.
Maestro Warden.
¿Es terrible, Joanna?
Es la voluntad de Dios.
Confío en Él.
Por favor, necesitas comer para conservar las fuerzas.
Gracias.
¿Su esposo decidió cuándo se hará?
No tiene que decidir todo.
Alto ahí.
Cerdos romanos.
Calma. Además, están buscando en las carretas equivocadas.
¿Has visto que ahora son más?
Es natural. Se sienten amenazados.
Siéntate.
¿Qué quieres?
Leví me envió.
Le preocupa que estés demasiado...
Visible.
¿Por qué?
¿No armonizo con el resto?
Aún así, no tiene sentido llamar la atención sobre sí mismo,
sobre todo aquí.
Te explicaré algo.
Soy un dignatario visitante, estoy aquí para que me vean.
No tengo nada que esconder, ni planes ocultos,
pero si desaparezco de la vista de todos, llamaría la atención.
Comenzarían a hacer preguntas.
Así que, cuando estoy visible, soy intocable.
Ahora, analicemos tus responsabilidades, ¿de acuerdo?
El espía del templo podría hacer mi vida muy incómoda.
¿Me asegurarías que no será un problema?
¿Aquí fuera, para los buitres?
Entonces, déjame hacer mi paz con Dios.
Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios.
¡Es suficiente!
Bendito sea su reino por siempre jamás.
¡Suficiente, he dicho!
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.
¡Sumo Sacerdote!
¡Busca a mi médico!
Siéntate. Así es.
Las cosas están peor de lo que imaginábamos.
¿Vivirá?
¿Está seguro de lo que vio? ¿Armas de Etiopía?
Los fanáticos tienen la voluntad y ahora tienen los medios.
Convertirán esta crisis en una guerra.
Sabía que lo intentarían, pero nunca pensé que serían capaces.
Debemos ir con Pilato.
Contarle sobre sus planes. Que sea él quien lo resuelva.
No podemos. Nos condenarían por colaboradores.
Ante sus ojos ya somos colaboradores.
Los fanáticos nos quieren muertos, ¿no lo ves?
Los controlaré.
Es demasiado tarde. Ya tienen armas.
Esta revuelta no tendrá éxito, Roma la aplastará, y a nosotros con ella.
Y lo sabes.
Ve con Pilato. Salva a la ciudad de una masacre romana.
¿Sugieres abrir las puertas y permitir que el templo sea profanado?
Dios abandonará el templo por un tiempo, sí,
y sufriremos en su ausencia,
pero escuchará nuestras oraciones y con el tiempo,
el templo será limpiado y Dios volverá.
No. Jamás.
¡Jamás!
Me niego a ser el Sumo Sacerdote que permitió que Dios nos abandonara.
¡Eso nunca!
El futuro de Judea es incierto, pero les traigo el mensaje de Dios.
La salvación se encuentra en el nombre de Jesucristo.
¿Felipe?
Felipe.
¿Qué te trae por aquí?
Pensé que estabas en Jerusalén.
Iba a volver para estar con todos ustedes.
Has hecho muy bien
tu trabajo en Samaria.
Muchos más han venido a Jesús.
Pero ¿cómo puedo ignorar Jerusalén?
Es nuestro hogar, el centro de todo.
Jesús nos pidió que difundiéramos
su palabra hasta los confines de la tierra.
Tu trabajo es vital.
¿Qué debo hacer ahora?
Ve al sur,
a la senda del desierto que va desde Jerusalén a Gaza.
- Deberíamos irnos. ¡Ahora mismo! - ¿Ir a dónde?
Al camino de Gaza.
¿De qué estás hablando?
No viste al ángel.
¡Ve! Haz lo que el ángel te ordenó,
yo continuaré a Jope.
Jope
Ya estás en casa, Tabitha.
No estoy lista para morir.
Mi hija.
Madre.
Está herida en la espalda.
Debo hablar con Pilato.
¿Para qué?
Pidió mi ayuda.
Tengo información que evitará una masacre.
¿Y por qué tanto secreto?
Si quieres mi ayuda...
Porque debo traicionar tanto a los que odio,
como a los que amo.
Creo que debes escuchar lo que vino a decirte.
Los fanáticos hicieron una alianza con Etiopía.
Están armados y utilizan la estatua de Calígula como catalizador.
Planean lanzar un enorme levantamiento
contra Roma.
¡Fuera del camino! ¡Muévanse! ¡A un lado!
- ¡Muénvase! - ¡Quítense del camino!
¡Revisa las escaleras!
¡Nos traicionaron! ¡Rápido!
Deja las armas etíopes. Aún tenemos las nuestras.
¡Abran!
¡Revisen la azotea!
¡Los perdimos! ¡Revisen allí!
Alto.
Ven conmigo.
¿Con qué fin? ¿Qué es esta tontería?
Soy el Jefe de Tesorería de mi reina.
Cualquier daño que reciba, sería un acto de guerra.
Importar armas es un acto de guerra.
Quizá.
Pero usted no está en posición de provocar a Etiopía.
Tu lengua es imprudente.
Solo quiero recordarles que a su nuevo emperador
no parece importarle esta región.
Ustedes están aquí por su cuenta.
Así que, su reina se arriesgaría a atacar al Imperio, ¿cierto?
A ella le encantaría la oportunidad de hacerlo.
No creo que sea así.
Ni siquiera creo que sepa de esto, ¿o sí?
Hiciste esto sin autorización.
Ella confía en mí de manera implícita.
Y la decepción que le harás sentir será aún mayor.
Traigan sus cosas.
La diplomacia me impide matarte,
pero le escribiré a tu reina.
Me imagino que nunca más podrás regresar a Etiopía.
Después de haber renunciado a tanto por ella.
Tus hombres permanecerán aquí como esclavos de sus superiores.
Recógelos.
¿Qué es eso?
Es un regalo del Sumo Sacerdote, Caifás.
Puedes quedártelo, como recordatorio de tu necedad.
Saquen a esta criatura de mi ciudad.
En los días por venir, se pondrá a prueba al máximo nuestra fe,
entre los que sentimos injusticia e indignación en nuestros corazones.
Roma llena nuestras calles de soldados.
Todavía tenemos armas, y Dios aún nos favorece, eso dijiste.
Tienes razón. Nuestra causa es justa, pero no olvidaré esto.
Roma amenaza nuestro templo,
dibuja una sombra de miedo sobre nuestra ciudad,
pero encontrarán la luz y la salvación
en el nombre de Jesucristo.
Bellas palabras, pero no protegerán el templo.
Te lo dije, soy leal a la causa.
Y cuando los Romanos nos ataquen,
¿seguirás siendo leal, con una espada en la mano?
...para la continuidad de la paz en la región.
¿Qué estás haciendo?
Estoy escribiendo una pequeña y divertida nota
a nuestra querida amiga, la gran reina de Etiopía.
Lo hiciste bien hoy, Claudia.
Gracias.
Después de haberte traído a Leah y su información,
me preguntaba si tal vez, como un favor,
podrías considerar la liberación de la nazarena.
En primer lugar, esta revuelta sigue en pie.
Y en segundo lugar,
me traes información como algo natural
- porque eres mi esposa y es tu deber. - Pero eso es...
Odiaría pensar que solo trajiste a Leah
porque pensaste en aprovechar la oportunidad.
Hice lo correcto para evitar una guerra.
Y tienes el deber, como mi esposo, de escuchar mi consejo.
Será ejecutada, Claudia.
Así debe ser. Y eso es todo.
Léelo de nuevo.
Joanna, ven conmigo. Es hora de irnos.
- ¿Qué hace? - Vamos.
Abran la puerta.
Saben quién soy, ¿no?
Abran la puerta.
Si no lo hacen, tendrán que darle una explicación a mi esposo.
Tu interés en esta mujer no es natural.
¿Qué te ha hecho?
No ha hecho nada.
Se aprovecha de los demás y corrompe sus mentes.
Envenenó el oído de esa joven costurera,
y ahora hace lo mismo contigo.
No.
Solo creo que es un error que deba sufrir.
Y por eso una extraña hace que me traiciones.
¿Qué hechizo te hizo?
¿Por qué querrías avergonzarme con su escape?
Muy bien.
Tu deseo será cumplido.
Puedes escoger liberarla ahora...
Mediante estrangulamiento...
O que sea crucificada.
Mírala. Ya está a mitad del camino.
Todo lo que necesita es un pequeño esfuerzo.
Eres un monstruo.
Crees que estás tratando de salvarla de mí.
Pero soy yo quien trata de salvarte.
No me hagas elegir.
Yo escogeré.
Muy bien.
Cornelio.
En el nombre de Cristo, te perdono.
Esto termina aquí.
¿Entiendes?
Listo.
Comienza.
"Como oveja a la muerte fue llevado.
Y como cordero mudo delante del que lo trasquila,
así no abrió Él su boca.
En su humillación, no se le hizo justicia.
Más su generación, ¿quién la contará?
Porque fue quitada de la tierra su vida".
Pareces estar pasando tiempos difíciles, amigo.
Ciertamente.
Y estoy en una situación difícil.
¿Necesitas ayuda?
Reparé algunas ruedas en mis tiempos.
Gracias. Por favor.
El pasaje que estabas leyendo de Isaías...
¿Te trae consuelo?
Tenía la esperanza de que lo hiciera, pero estoy luchando por comprenderlo.
¿El profeta habla de sí mismo, o de algún otro?
Habla de un hombre que tuvo un gran sufrimiento y humillación.
Un hombre que nos enseñó
que a través de la fe hallaremos la salvación en Él.
¿Quién es este hombre?
Es Jesucristo.
El Hijo de Dios.
Lo siento.
Lo siento mucho.
Mira, hay agua en el desierto.
¡Nadie podrá impedirme ser bautizado
y llevar la palabra de Jesús a todos los rincones del mundo!
¿Te arrepientes de tus pecados?
Sí.
Ignoré a Dios.
He sido orgulloso y presumido.
He sido embajador de la violencia y el odio.
Eso está en el pasado.
Lo que importa es quién decidas ser a partir de ahora.
¿Estás listo?
¿Crees en Jesucristo, el Hijo de Dios,
que murió en la cruz y resucitó al tercer día?
Sí creo.
Entonces, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo,
yo te bautizo.
¡Entonces es verdad!
Porque ancha es la puerta y amplia la senda que lleva a la perdición,
y muchos son los que entran por ella.
Estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida.
Y pocos son los que la hallan.
¿María?
Le prometí a Tabitha no dejarla morir.
Pensé que mi fe sería suficiente.
Era tan dulce y estaba tan feliz de haber encontrado a Jesús.
Soy responsable por su muerte.
No eres responsable.
Es la voluntad de Dios.
¿Puedes venir a verla?
No tengan miedo.
Es Pedro, el hombre del que les hablé.
¿Qué les dijiste sobre mí, María?
Les dije la verdad.
¿Y por qué me has traído aquí?
Porque creo que puedes ayudarla.
¡Sí!
¡Tabitha!
¡Tabitha!
¡Levántate!
¡Levántate!
¡Sí!
¡Sí!
Pedro.
Pedro, gracias.
Traducción: Mariela Delgado, Deluxe
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