Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
16 DE SEPTIEMBRE DE 1977
MARIA CALLAS ESTÁ INDISPUESTA
TEATRO STRAND - TEATRO DRURY LANE ÓPERA REAL
CONCIERTO BENÉFICO MARIA CALLAS
TEATRO LA SCALA
MARIA CALLAS
UNA SEMANA ANTES
Buenos días.
Su devoción se debe a la comida en un 99%
y en un 1%, al amor.
¿Cómo va tu columna, Ferruccio?
Frágil como una ramita, según el doctor.
Entonces, debes cuidarte.
Cuando te pida algo, dime que no de vez en cuando.
Me cuido, Madame.
Por eso no me atrevo a decirle que no.
Bonjour.
Buongiorno.
Dormí hasta las dos, hasta que él entró en la habitación.
Le dije con voz muy clara:
"Sé que estás muerto".
¿Y se fue?
Y se fue, lo cual es muy raro en él.
Tal vez los hombres se vuelven más manejables cuando se mueren.
Tal vez.
Por cierto, Madame, un médico viene hoy a las 11:00.
Ferruccio le hizo la cita.
Hoy no puedo. Estoy ocupada.
Puede contarle lo de sus visiones.
Seguro que le cambiará la medicación.
Estoy muy contenta con mi medicación.
Y sus efectos.
Me gusta tener el teatro detrás de mis ojos.
Para muchos médicos, las revelaciones son una enfermedad,
pero, en realidad, son formas de cordura que no entienden.
¿Verdad?
Madame, si me permite la pregunta,
¿estará ocupada haciendo qué?
Bruna, quiero que escuches.
Y quiero que seas franca.
¿Y bien?
Fue...
magnífico.
Gracias.
¿Ahí queda bien el piano, Madame?
No me convence.
Pero soy buena, así que déjalo.
Vendrán a entrevistarme para la televisión en una hora.
Deberíamos esconder los ceniceros.
¿Puedo pasar, Madame?
Sólo si es necesario.
¿Qué se tomó?
Me tomé libertades toda mi vida.
Y el mundo se tomó libertades conmigo.
- Sabe a lo que me refiero, Madame. - Hoy sólo tomé Mandrax.
¿Cuántos?
Dos.
Tengo que salir, y quiero que Mandrax me acompañe.
El Mandrax no es un compañero confiable.
Si va a salir, yo la llevo.
¿Adónde va?
A caminar.
Te reirías.
¿Qué dijo Bruna sobre su canto?
Dijo que era magnífico.
Es una criada.
Y las criadas, obvio, no saben de ópera, ¿no?
No están calificadas para juzgarla.
Sé adónde va.
Dijo que fue magnífico.
Y antes dijo que era excelente, así que...
¿Eso significa... que decidió intentarlo?
Sí, por la opinión de una criada.
Madame, esto de la entrevista...
¿es real?
Quiero que muevas el piano a la otra ventana.
Y, a partir de ahora,
lo que es real y lo que no es real
es asunto mío.
Sí, Madame.
Y no estaré aquí para la visita médica que programaste sin mi autorización.
Madame, tiene que...
No la canceles. Que te examine la espalda.
Te estás torciendo un poco.
Por si la entrevista es real.
ACTO 1: LA DIVA
Madame Callas.
Me llamo Mandrax.
Quisiera que habláramos de su vida.
Un entrevistador guapo siempre obtiene respuestas más sinceras.
¿La llamo Maria o la Callas?
Como prefieras está perfecto.
Prefiero la Callas.
Pues está perfecto.
A menos, por supuesto, que se sienta víctima de esa identidad.
Se han escrito muchas cosas sobre mí.
Muchas cosas injustas.
Historias totalmente inventadas.
¿Nos sentamos?
Bien, grabemos.
Grabando.
Soy bastante rebelde por naturaleza.
Oí que una vez quemó todos sus vestidos.
¿Qué vestidos?
Sus viejos vestidos de teatro.
Es cierto.
Te felicito.
Esto será interesante.
Quemé mis vestidos antes de irme de Milán.
¿Puedo preguntar por qué?
No, no puedes.
¿Y cuándo fue su última presentación?
Deberías persistir más con tus preguntas.
Quemé mis vestidos de teatro porque eran parte del pasado.
Y, en respuesta a tu pregunta menos interesante,
mi última presentación fue hace más de cuatro años.
Porque las presentaciones también son parte del pasado.
¿Volverá a los escenarios?
No.
Cuénteme qué sentía sobre el escenario.
Exaltación.
Intoxicación.
A veces pensaba que el propio escenario ardería.
¿Y en los días malos?
Bueno, hay dos lados.
Un lado te dice que luches.
Y el otro
dice que eres horrible y deberías sentir vergüenza.
Me temo que el público espera milagros.
Y ya no puedo hacer milagros.
Quizá podríamos hablar de su vida lejos del escenario.
No hay vida fuera del escenario.
El escenario vive en mi mente.
Me tengo que ir.
- ¿Irse? - Sí.
No, nos prometieron tres horas.
Pues ven conmigo.
¿Adónde?
"Ven conmigo", dijo la diva,
y no hubo necesidad de preguntar adónde.
Entonces, iré con usted adonde vaya.
Acompáñame a caminar por París.
Mi mayordomo dice que Mandrax es un compañero poco confiable,
pero yo creo que combinamos bien.
¿Lo ves?
Cuando estoy contigo y tu cámara, Mandrax,
no tengo que actuar.
Son los demás quienes actúan.
Llego tarde.
Eres Maria Callas.
Tú no llegas tarde. Los demás llegan temprano.
Me lanzas migas de pan como si fuera un mirlo.
Y el escenario, un comedero de aves.
No funcionará, obvio.
Aunque canté para Bruna esta mañana,
y ella dijo que estuve magnífica.
¿Quién es Bruna?
Mi ama de llaves.
Estaba haciendo un omelet.
Sus omelets son magníficos.
Sabe poco de ópera,
y lo que sabe lo aprendió de mí.
Y lo que aprendió de mí
fue a ser elogiosa siempre.
En conclusión, estoy aquí por la palabra de una criada obediente.
¿Sabes? Los mirlos tienen una canción.
Si compraras una grabación, verías que en la etiqueta dice:
"Canción del mirlo".
Debería haber una canción que se llamara
"Canción humana".
Me gustaría cantarla antes de parar.
¿Parar?
Maria.
Dijiste que venías a averiguar si aún tienes voz.
No soy maestro repetidor. No vengo a enseñarte.
E igual no podría enseñarte nada.
Pero si te escucho,
lo sabré.
Puccini lo sabrá.
Puccini está muerto.
Y debe estar feliz por ello.
¿Por qué no nos quedamos aquí a ver si el futuro se asoma?
¿Qué quieres cantar?
Una canción de amor.
¿De quién estás enamorada?
Adivina. Es feo y está muerto.
¿El señor Onassis? ¿Aún?
Viene a mi cama todas las noches.
No me deja en paz. Pero me encanta echarlo.
¿Cuándo fue tu última presentación?
Hace mucho tiempo.
Me afectó mucho.
Me dejó una hernia y las piernas moradas.
Todo se me hinchó,
excepto el ego.
Estaba en Japón,
y los médicos japoneses dijeron: "¿Qué es esto?".
Mi equipo respondió: "Bueno, es la Divina, la prima donna".
Y replicaron: "Y entonces, ¿por qué parece una rana morada?".
Así que regresé a París.
Me senté en mi apartamento a mirar por la ventana,
y dije: "Tictac, tictac.
La bestia ha muerto. Mi voz se ha ido.
¿Qué hago ahora?".
Traje mi auto.
Te llevaré a tu celda en la avenida Georges Mandel,
sí es lo que quieres.
Bruna es mi madre, mi hermana,
mi hija, mi criada.
Ferruccio es mi padre, mi hijo, mi hermano, mi mayordomo.
El apartamento es un hervidero de gente.
No quiero regresar todavía.
Bien, tengo una idea.
Evidentemente, estás enojada por algo.
O asustada o resentida, lo que sea.
Así que no cantes.
Grita.
Grita tan fuerte que hasta Puccini te oiga.
Tan fuerte
que hasta Onassis, muerto y feo, te oiga.
Esa era la voz de Maria.
Quiero oír a la Callas.
No será cuestión de un día.
Puccini y yo estaremos aquí mañana.
¡A la misma hora!
Madame.
Le pedí al doctor que la esperara.
Doctor Fontainebleau,
Maria Callas.
Soy un gran admirador de su obra.
¿Cómo está la espalda de mi mayordomo?
No tiene cura, excepto dejar de mover pianos.
Le mostré el diario.
Las medicinas que toma a diario.
No sé por qué, pero algo me dice
que revelar información médica ajena es un delito.
- ¿O me equivoco? - Madame.
Necesito charlar con usted
sobre la vida y la muerte.
Sobre la cordura y la locura.
El piano está en un buen lugar.
Gracias.
Madame, por favor.
Voy a cocinar y ella se repondrá.
Está demasiado flaca.
No ha comido nada en tres días.
La última vez fueron cuatro días, así que...
no hay que alarmarse aún.
Pero les dará a los perros lo que le cocines, como siempre.
¿Madame?
Déjame sola.
Madame, hice café.
Madame, otra cosa.
Llegó un mensaje para usted.
Del pianista.
Dijo que, pase lo que pase,
vuelva a reunirse con él mañana.
Dijo que escuchó esperanza en su voz.
Me pareció que era una buena noticia.
Que podría alegrarla.
Dejé el botiquín abierto.
Puedes tirar todo.
Eso no fue lo que el médico nos dijo.
¿Era médico siquiera?
Es un especialista, Madame.
¿Y en qué se especializa?
En la sangre.
Por eso le tomó una muestra de sangre.
Pero dijo que, incluso antes de los análisis,
deberíamos controlar su medicación.
Está bajo control.
Está bajo mi control.
Y los médicos odian eso.
Necesito que me hagas una cita con un peluquero que no hable.
Y cuando escriba mi autobiografía,
la titularé El día que Ferruccio me salvó la vida.
¿Qué día fue ese, Madame?
Todos.
Todos los días.
¿Te odio?
Cuando me caigo al río, tú siempre me pescas.
Sí, Madame.
Resérvame lugar en un café donde los mozos me conozcan.
Estoy de humor para halagos.
Madame Callas.
Sólo quería decirle que me rompió el corazón una vez en Nueva York.
- ¿Qué aria fue? - No.
Me rompió el corazón porque compré tiquets y no se presentó.
- Dijeron que estaba indispuesta. - Pues lo estaba.
- Descuide, no hay rencores. - Estaba indispuesta.
Madame, no importa. Lo había olvidado hasta que la vi recién.
Siempre dijeron que lo fingí. ¡Nunca fingí!
No tiene ni idea.
No tiene ni idea de lo que duele sacar música desde su vientre
¡hasta su pobre boca!
¡No tiene ni idea!
Madame.
Podríamos buscarle una mesa adentro.
No tengo hambre.
Vengo a restaurantes para que me adoren.
Por favor.
Gracias.
Permítame decirle que, esta noche, definió a Violeta para siempre.
Usted es Violeta.
Maria.
¿Dónde estabas?
Creo que lo sabes.
Disculpe.
Mi inglés no es bueno, pero la flor lo dice todo.
Magnífica Traviata.
Todo el mundo quiere adorarte esta noche.
Disculpe, Madame Callas.
Hay alguien que se muere por conocerla.
Me preguntaba si accedería a alegrarle el día, la semana, el mes... la vida.
Disculpe, señor.
¿Me presta a su esposa un instante?
Creo que hay cola.
Yo no hago cola.
¿Quién es usted?
Aristóteles Onassis.
Esta es mi fiesta. La hice en tu honor.
Y, si quieres contarlas, tengo mil rosas rosadas sólo para ti.
Según me aconsejaron,
me conviene asociarme con la prima donna assoluta.
Por eso esta fiesta era una estrategia comercial.
Pero luego me enamoré.
- ¿De la ópera? - No.
Me enamoré de ti.
Soy feo,
pero soy rico.
Soy griego, pero soy de Argentina.
Estoy casado.
Pero estamos en 1959.
Así que... brindo por enamorarse a través de los binoculares.
Te observé con estos.
¿Me ama y, sin embargo, nunca me había visto hasta esta noche?
Eso me ofende.
Ya nos conocíamos.
En Venecia.
En el Festival de cine.
Pero supongo que había tantas estrellas de cine
que te olvidaste del tipo feo.
Bueno, yo no te olvidé.
¿Quieres bailar?
Debería volver con mi esposo.
Nunca volverás con tu esposo.
Esto pasa en ocasiones.
Lo que está pasando en este mismo momento.
¿Qué es lo que está pasando?
Se toman decisiones.
Y no son decisiones de nadie. Simplemente, es lo que pasará.
Disculpe, señor Onassis.
¿Se supone que sienta algo?
Sí.
Por primera vez en tu vida.
Bueno,
hay un punto en el que la autoconfianza se convierte en locura.
Hace mucho tiempo que crucé ese punto.
No quiero parecer brusco.
No tenga ninguna duda de que está siendo brusco.
De hecho, la palabra 'brusco' le queda incluso corta.
Pero hay un barco.
Mi barco.
- Se llama Cristina. - Sí.
El 21 de julio, zarpa de Montecarlo rumbo a Grecia.
Me encantaría tenerte a bordo.
Entiendo.
Todos quieren un pedacito de ella, y mi tiempo se acabó. Entiendo.
Pero le estaba diciendo a su esposa
que organicé un crucero desde Montecarlo
con los más ilustres invitados.
Y le estaba diciendo que sería un inmenso honor
que usted y su esposa me acompañaran a bordo.
¿Y adivine qué dijo?
Y dije que sí.
"¿Por qué no?".
Y mi esposo estuvo de acuerdo.
Según una teoría muy popular,
si uno pide algo es porque lo desea.
Eso es falso.
No quería embarcarme en su yate,
porque sabía adónde me llevaría.
Y me llevó allí,
al lugar al que no quería ir.
Pero cuando llegué,
me quedé.
Madame.
Madame Callas.
Mi hijo llamó a su apartamento.
Alguien vendrá a buscarla.
Otro, por favor.
Te entiendo.
Sé que mi conducta te parece inusual.
Pero estoy trabajando.
Estoy escribiendo algo.
¿Qué está escribiendo?
Una autobiografía.
Un aria.
Un tercer acto.
Una canción humana.
Algo por el estilo.
No sabía que escribía.
Yo tampoco.
Pero no uso pluma.
Mi pluma soy yo misma.
Al parecer,
la parte de mí que sueña
es la que agarra el timón y lleva el barco
a puerto seguro.
¿Por qué son amables conmigo?
Porque usted nos regaló esto.
No.
Jamás escucho mi propia música. Por favor, apágalo.
Es mi café, Madame.
Y escucho esto cuando estoy sólo.
No estás sólo. Por favor, apágalo.
No puedo escuchar mi propia música.
¿Por qué no?
Porque es perfecta.
Y una canción nunca debe ser perfecta.
Debe ser diferente cada vez que se interpreta.
Por eso...
Cuando esté lista, Madame.
La ayudo con eso, Madame.
Llamó el doctor Fontainebleau.
Ya tiene los resultados de sus análisis de sangre.
Dijo que debe llamarlo mañana.
¿Qué debo llamarlo?
Creo que sí.
Quizá no fue tan Imperioso.
Tal vez dijo que puedo llamarlo si quiero.
Sólo quiere que lo llame, Madame.
Pero no recuerdas qué palabras usó,
lo que determinará sí puedo dormir esta noche o no.
Estás viejo.
Y cada día más torcido.
Pero lo llamará, Madame.
¿Verdad?
Por favor.
¡Bruna!
¡Bruna!
¡Bruna!
Son cien dracmas.
Aquella sabe bailar.
La otra...
sabe cantar.
¿Qué más saben hacer?
No.
Ahora no.
Sólo canta.
¿Pudo dormir, Madame?
No sé.
Estaba con mi hermana.
Era parte del plan.
¿Qué plan?
Hasta que me despertaste.
¿Cómo voy a dormir
sí Ferruccio se llevó todas mis pastillas?
Ferruccio fue a traer café y croissants.
¿Y mis medicamentos?
El doctor Fontainebleau sugirió que los dejemos en la cocina.
¿Incluso los que escondí?
Me revisaron los bolsillos.
Además, hoy llamará al doctor.
No. Hoy tengo una cita con Bellini.
Madame, eso no le impide llamar al médico.
¿Llegó algún paquete para mí?
Sí. Un paquete de Atenas.
Es de su hermana Yakinthi.
Bien.
ACTO 2: VERDAD IMPORTANTE
Muy bien.
Es un buen lugar.
Luce espléndido.
Tiene el estilo la Callas.
Griego, grandioso, triste, enmarcado por el pasado.
Ahora, ¿cómo te llamo hoy? ¿Maria o la Callas?
Hoy, Maria.
- ¿Aquí? - Por favor. Bien.
- Graba. - Grabando.
Maria.
Tengo entendido que estás planeando tu reaparición.
En realidad, no. No pienso volver a los escenarios.
Supe que estás intentando encontrar tu voz de nuevo.
Estoy intentando encontrar algo que perdí.
¿Y por qué quieres volver a cantar?
Porque la música es algo enorme.
Te envuelve en un estado de tortura.
¿Eso es una razón?
La música nace de la miseria,
del sufrimiento.
La felicidad nunca inspiró una hermosa melodía.
Parece que la música nace de la angustia
y la pobreza.
¿Eras muy pobre cuando naciste?
Sí.
Cantaba por dinero.
Anoche entendí algo.
Todo empezó en ese momento.
¿Quieres un café?
No, quiero coraje.
Quiero coraje para entrar a este restaurante mexicano
y pedir un plato de fajitas con crema y salsa.
¿Por qué coraje?
Porque el olor, al pasar por aquí cada mañana con mis perros,
me recuerda el día en que, finalmente, mandé a mi madre a la mierda.
Eso merece un capítulo entero en tu autobiografía.
El título debe ser:
El día que finalmente mandé a mi madre a la mierda en un restaurante en México.
No fue en un restaurante en México.
Le pedí a Bruna que le cocinara.
Bruna puede cocinar lo que sea,
y mi madre puede arruinar lo que sea.
Esta es la parte de canto de la película, Maria,
¡así que canta, joder!
Se espera que la Callas cante.
Nada de excusas ni enfermedades imaginarias de diva
como en Roma, Covent Garden o Nueva York.
¡Canta, joder!
Cantaré cuando esté lista.
Anoche estuve pensando.
Yo también.
La Callas necesita reflectores.
Hablé con uno de los de iluminación.
Está allá arriba.
¿Pierre?
Buen día, Madame.
Buen día.
Sólo tú puedes hacerle olvidar el almuerzo
a un técnico de teatro francés.
Pero aquí no habrá nadie más que tú y yo.
Y el piano.
Y el dulce Pierre.
No, le pedí que nos iluminara y después se fuera.
Esto es privado.
Pero también es lo que quieras que sea.
Nueva York.
Covent Garden.
La Scala.
Venecia.
Venecia, 1949.
Estaba gorda.
Hermosa. Gorda.
- Nunca fuiste gorda. - Lo era.
Llegué en góndola y creí que la hundiría.
Venecia, 1949.
Hiciste de Elvira.
Alguien se enfermó, y lo aprendiste en una semana.
Y así empezó todo.
¿Te sabes I Puritani?
La pregunta sobra.
Sentí la presencia de la Callas.
Debemos seguir intentándolo.
- ¡Bravo! - ¡Bravísimo!
- ¡Bravo! - ¡Bravísimo!
- ¡Bravísimo! - ¡Bravo!
Una vez más.
Hoy no.
Excelente.
Aún no me has explicado
qué es esta película que estás haciendo.
Se llama La Callas: Los últimos días.
Bueno, en ese caso,
a grabar.
Grabando.
Tu hijo tendría esa edad hoy.
Tu bebé.
El bebé que él no te dejó tener.
Bueno, eso es cierto, ¿no?
¿Te embarazó y, luego, no te dejó tener el bebé?
Hace un rato,
estuve en Venecia.
Antes de él.
Antes del amor.
Lentamente, recuerdo toda mi vida.
Veo la verdad.
Gané en la ruleta.
Quizá te dejó ganar.
No se puede hacer trampa en la ruleta.
Todos pueden hacer trampa en todo.
Sobre todo esa gente.
¿Qué gente?
Ni siquiera intenta disimular lo mucho que te desea.
Hablé con Winston Churchill.
La chica de Atenas.
Para una prima donna, el placer es ineludible.
¿Estás citando a ese infeliz?
No.
Digo lo que pienso en voz alta.
Es algo nuevo.
Lo que pienso.
En voz alta.
El heraldo de los Dioses. Hermes.
Hermes es mi Dios.
Hermes soy yo.
Es del siglo II a. C.
Una rara belleza.
La belleza no me interesa.
Yo mismo soy feo.
Y soy leal a mi tribu.
Tú representas a la tribu opuesta.
Ya no pertenezco a esa tribu.
Solía ser parte de la tuya.
- Te hubiera amado entonces. - No.
Era imposible de amar. Pregúntale a mi madre.
Hermes es un Dios ocupado.
Es el protector de los viajeros,
los comerciantes,
los oradores y los ladrones.
¿Y tú eres todas esas cosas?
Soy un mercader.
Mis barcos viajan por el mundo.
- Con la oratoria, obtengo lo que quiero. - ¿Y?
Y si no funciona,
lo robo.
Esta estatua. Inigualable.
Invaluable.
Contraté a alguien para que la robara de un Museo en Atenas.
Nadie sabe de su existencia.
Sólo quienes entran a esta habitación saben que la tengo.
O sea, tu esposa.
Si quiero algo,
lo robo.
¿Y crees que esto sería un robo?
¿Crees que le pertenezco a mi esposo
y que, después de dormir contigo, te perteneceré a ti?
Ser una posesión en un gabinete no es lo que ambiciono.
¿Por qué crees que Aristóteles Onassis no se casó contigo?
Porque sabía que no podía controlarme.
Y no es que no me dejara tener un bebé...
Espera. Una verdad importante, márcala.
VERDAD IMPORTANTE
Continúa.
No me casé con Aristóteles Onassis
porque él quería alguien a quien pudiera controlar.
Y no tuve un bebé
porque mi cuerpo declinó la invitación a engendrar otro yo.
Porque mi cuerpo sabía que yo era un tigre.
¡Señor Ferruccio!
Buenas noches, Sr. Nasser.
Hasta mi esposa se ha quejado, y está casi sorda.
Entiendo. Veré qué puedo hacer.
¿Qué haces?
Evito una visita de la gendarmería.
A este volumen, la ópera da mala suerte. Es pura radio estadounidense.
Madame, nunca escucha sus grabaciones.
Al cruzar un puente, tomé una decisión.
A los perros los asustó el ruido fuerte.
¿Compraste lo que te pedí?
Sí.
Sácalo, por favor.
¿Qué decisión, Madame?
Si voy a convertirme en la Callas, debo escuchar a la Callas.
Tengo que grabarme y luego compararme con mi voz anterior.
¿Tiene un...?
Sí. Debe haber un casete adentro.
Dijo que hoy llamaría al doctor. ¿Lo hizo?
¿Bruna?
Las máquinas no son lo mío.
¿Llamó al Dr. Fontainebleau, Madame?
Ya está grabando, Madame. Sólo...
Bruna, quiero que mañana lleves esta máquina y grabes.
Ferruccio, por tu obsesión con los médicos,
quiero que te quedes afuera y limpies el auto.
Y el piano estaba mejor en la otra ventana.
¿Mejor para qué, Madame?
Para mis propósitos.
Ya está grabando, Madame. Sólo...
Bruna, quiero que mañana lleves esta máquina y grabes.
Ferruccio, por tu obsesión con los médicos,
quiero que te quedes afuera y limpies el auto.
No derrames nada.
¿No?
Claro que sí.
- Te serviré un poco. - Bueno.
Haz tus preguntas.
¿Por qué estar con un bruto como Onassis?
Porque, con él,
podía ser una niña de nuevo.
¡Despacio!
¿Le diste pastillas hoy?
No.
¿Y quién se las dio?
Llegó un paquete de Yakinthi.
Me reconforta cumplir órdenes simples.
Como si todo volviera a la normalidad.
¿Alguna vez hubo normalidad?
Creo que...
una vez, un día de 1964.
Supongo que fue un día aburrido.
Bien.
El piano queda mucho mejor ahí.
Pónganse sus mejores galas.
Saldremos a celebrar mi vida.
Creo que me están esperando.
No lo creo, Madame.
Pues yo sí.
Es lo único que importa.
Esperen aquí.
Vaya, mira eso. El Rey.
Soy yo, ¿verdad?
¿Vendrá el Presidente Kennedy?
Debe estar en la suite Gossamer cogiéndose a Marilyn Monroe.
Pero su esposa vendrá, seguro.
¿Cómo sabes eso?
¿Te gustan los lugares a los que te llevo?
Me gusta el cuadro.
¿No te gusta esto, mi pequeña ateniense?
No bebas demasiado.
Querida, ese barco ya zarpó.
Podrías agradecerme de vez en cuando.
Te traje a la fiesta de cumpleaños del maldito Presidente de...
¿Maria Callas?
No puede ser.
Te vi en el Met. Válgame Dios.
Sí. Es una Diosa.
Me hizo llorar.
Y mi esposo decía: "Sí, ahora lo entiendo".
Sí. Es un pájaro.
Es un pájaro cantor.
Le dejo la jaula abierta, pero no quiere volar.
Perdón, ¿quién es usted?
¿Le explicarías a esta amable dama
que soy el hombre más rico en esta maldita fiesta?
Llegó el hombre más afortunado del mundo.
¿Han visto a su esposa? ¡Cielos!
Mi sueño es verte cantar en el anfiteatro de Atenas.
Me dijeron que tiene mejor acústica que cualquier teatro moderno.
Sí.
¿Planeas alguna gira por EE. UU.?
Señor Presidente. Onassis.
No, por ahora no.
Tengo algunos problemas con mi voz.
Bueno, quizá al pájaro cantor le convenga salir de su jaula cada tanto.
Cumpleaños feliz.
Cumpleaños feliz.
Cumpleaños, señor Presidente.
Cumpleaños feliz.
¿No es interesante el efecto que genera a pesar de no tener una voz real?
A nadie le importa su voz.
Así como a nadie le importa tu cuerpo.
Despejado.
Por aquí.
Maria Callas.
Sí.
Supe que naciste en EE. UU.
Así es. Nací en Nueva York.
Bienvenida a casa. ¿Puedo?
¿Cantarías para nosotros en la Casa Blanca?
Dudo que a la Casa Blanca le guste mi voz en este momento.
Así que... Onassis.
Él es tu... ¿cómo se llame?
Sí. Es mi como se llame.
El padre que nunca tuviste.
¿Cómo sabe que nunca tuve un padre?
La CIA tiene a 17.000 universitarios
descubriendo cosas con escucha telefónica.
Estás hermosa, por cierto.
Gracias.
Usted se ve cansado.
Nunca para la belleza.
Tu esposo nos invitó a Jackie y a mí a su yate.
Creo que sabe que no es mi esposo.
Es mi como se llame.
Anoche dijo que eras su esposa.
Quizá planee pedirme matrimonio. Ari se vería muy gracioso de rodillas.
Sería muy divertido navegar contigo.
El señor Onassis me dijo
que, en su yate, tiene un cuadro del Greco
que quiere mostrarle a mi esposa.
Sí.
En su dormitorio.
Te ves muy triste.
Anoche, antes de dormirse, Ari me dijo que me amaba.
Considerando dónde estuvo hasta las 4:00 a. m.,
¿no le parece algo triste?
¿Dónde estuvo anoche?
¿Dónde está Jackie?
En su propio círculo.
Bueno, yo no tengo gente
descubriendo cosas con escucha telefónica,
pero sí sé que usted y yo pertenecemos a un reducido grupo de ángeles
que pueden ir adonde quieran en este mundo,
sin poder escapar jamás.
Pero eso no nos hace amigos.
¿Adónde vamos ahora?
Estamos cansados, Madame.
Pues yo no.
Estamos cansados.
Y preocupados.
¿Qué hace él aquí?
Yo lo invité.
Dejé una llave.
Tengo noticias sumamente urgentes.
No.
Bruna y yo sacaremos a los perros.
Sí, por supuesto.
Luego regresaremos.
Aparentemente, hoy nos fuimos de fiesta, pero...
Cuánta solemnidad.
La gente siempre me decepciona.
Siempre.
Yo tuve una velada fantástica.
Madame Callas.
¿Entiende de ópera?
Por supuesto.
En La traviata,
a Violeta le diagnostican tuberculosis.
Usted no tiene tuberculosis.
No es algo que tenga nombre.
Su sangre cuenta una historia.
¿Una autobiografía escrita con sangre?
Además del Mandrax
y los diversos sedantes y estimulantes,
¿está tomando el esteroide prednisona?
Para evitar que mi cuerpo me transforme en una rana.
Y ahora su hígado empieza a fallar.
Ya no está eliminando toda la basura.
Su corazón también está fallando.
Mi pobre corazón.
Su organismo está muy frágil.
Su maravilloso Ferruccio me contó
que está intentando volver a cantar.
Mi maravilloso Ferruccio es muy desprendido con mis secretos.
En mi opinión,
entre el estrés adicional que eso le causará a su cuerpo
y los medicamentos que necesitará para pasar cada día,
no sobrevivirá...
si sigue esforzándose por cantar.
Y se lo digo como alguien que daría todo por verla en un escenario de nuevo.
Bueno, verá, no pienso volver a los escenarios.
Ni por usted ni por nadie.
Así que...
Entonces, ¿por qué ensaya?
Mi madre me obligaba a cantar.
Onassis me prohibía cantar.
Ahora voy a cantar sólo para mí.
Bueno, su...
su hermosa vida...
Pasó toda ante mis ojos.
¿Cómo dice?
Digo que ahora, por fin,
tengo el control
del final.
Se lo imploro.
Entre en razón.
Mi vida es la ópera.
La razón no existe en la ópera.
Su voz no regresará.
Su voz está en el cielo
y en un millón de discos.
Lárguese.
ACTO 3: OVACIÓN FINAL
Me costó mucho esfuerzo venir a este restaurante.
Tuve que decir un hechizo.
Desde que te envié esos medicamentos,
no dejo de arrepentirme.
Pues yo no.
¿Cómo me veo?
Escuálida.
Bueno, me han quitado mucho de mí.
Maria.
Vine a París. Me encanta París. Soy feliz.
Mi vida es... como un barco que navega con viento a favor.
No quiero que me hundan.
En tu mensaje, dijiste que me necesitabas.
Que necesitabas verme.
No te daré más medicamentos. No lo haré.
No necesito más. Ya cumplieron su misión.
Gracias.
Sugerí este restaurante
porque me recuerda a ella.
¿A quién?
La última vez que vi a mamá,
me pidió dinero.
Y dijo: "Te traje a este mundo para que cuidaras de mí".
Luego dijo que yo era gorda e imposible de amar.
Hermosos recuerdos.
Ha pasado mucho tiempo, Maria.
Cierra la puerta.
Terminaré esto por el principio.
Brindemos.
Por recuerdos que sólo tú y yo compartimos.
Cierra la puerta.
Los soldados alemanes no dejan de atormentarme.
A veces,
cuando te ponías a llorar,
yo te reemplazaba para que pudieras descansar.
¿Te acuerdas?
Vivo mirando hacia adelante, así.
Y yo vivo mirando hacia atrás,
escribiendo una autobiografía.
Oye, si vas a escribir tu autobiografía,
tendrás que hacerlo sin mi ayuda.
Ya se está escribiendo sola ante mis ojos.
Ni siquiera sé si eres real.
Bueno.
Basta.
Maria, basta.
Me estás lastimando el brazo.
Basta.
Tengo alucinaciones.
¿Alucinaciones?
Debes ver a un médico.
Eres una muñeca.
Ya vi a un médico.
Suficiente.
Tu chofer está esperándote.
Yo no te debo nada.
¿Mi consejo? No escribas nada de tu vida.
Pero si lo haces,
sé buena contigo misma.
Porque...
yo estuve en Atenas contigo.
Y sé que...
en lo que sea que fallaras,
lo que sea que hayas hecho mal,
lo que sea...
es...
No es tu culpa, cariño.
De verdad, no es tu culpa.
Gracias.
A veces pienso que lo imaginé todo.
Cierra la puerta, hermanita.
No puedo. Es la única entrada para la música.
¡A la mierda la música!
Cariño, tienes 53 años.
Nunca has sido libre.
Olvídate de la música y vive.
¡Qué milagro!
Llegaste puntual.
Mi público espera.
Lleno de odio.
¿Por qué odio?
Voy a cantar la escena de la locura de Ana Bolena.
La interpreté en La Scala.
En 1957.
Sí, la gente de Milán me odiaba.
Había cancelado. Estaba enferma. Nunca me lo perdonaron.
Y derramé todo mi veneno entre los pobres inocentes.
- Hasta que cantaste. - Sí, canté.
Llena de ira.
Con la prensa.
Ira por el juicio.
Con mi madre.
Con el mundo.
Bruna, ahora.
Empieza.
Luces, por favor.
¡Bravo!
Madame...
estuvo magnífica.
Dios mío.
Volvamos a casa.
El amor está en casa.
Vamos.
Madame Callas.
Escribo una columna musical para el diario Le Figaro
y, por razones periodísticas, estuve en el teatro hace instantes.
La oí cantar la escena de la locura de Ana Bolena,
y no fue nada impresionante.
De hecho, fue un desastre.
Se rumorea que está planeando regresar.
¿Tiene algo para comentar sobre sus progresos,
considerando lo que oí y grabé recién?
¿Por qué cojones publica esto?
Porque es Maria Callas. Ella es...
¡La gente quiere saber!
Por favor...
Adelante, Madame Callas.
Siempre fue famosa por su terrible temperamento.
Estas fotos se verán en todo el mundo.
Madame, ¿por qué no se calma y me da su versión de la historia?
Nuestros lectores están ansiosos...
Déjenos en paz.
¡No!
- ¡Tiene que dejarnos en paz! - ¡No!
Los lectores quieren saber qué diablos le pasó.
Qué tragedia, ¿no?
Ya limpié el auto como ordenó, señora.
Estoy listo para llevarla a casa.
Ponla.
Madame, por favor.
Ponla.
Supongo que ya casi terminas tu película.
¿Te he dicho que me enamoré de ti?
Suele pasar.
Antes de la última escena,
hay algo que quiero que sepas.
Graba, por favor.
No traje el equipo.
Entonces, recuerda esto.
Porque nadie más lo sabrá.
Cuando él agonizaba,
aquí en París,
fui a verlo.
Te amo.
¿Eso es todo?
¿Ya puedo irme?
Tengo algunas cosas que decir.
En primer lugar,
aún odio la ópera.
No hace falta que digas nada.
Lo sé casi todo.
¿Sabes casi todo?
Muy bien.
Nunca te faltó autoestima.
¿Eres feliz?
Bueno,
leí en el periódico
que Frank Sinatra gana diez veces más que yo.
Eres pobre.
Siempre.
Ojalá pudieras cantar, aquí y ahora.
Despertaría a todo París.
Te perdonarían.
¿Sabes qué?
Creo que iré a Atenas.
Mi espíritu se sentará en el puerto
a observar los barcos.
¿Y a quién estarás esperando?
Dijiste que sabías casi todo.
¿Sabes?
Supe por los diarios que te casaste con ella.
A veces uno se casa porque tiene un día libre.
Bueno,
la mañana que me enteré, me examiné el corazón y no estaba roto.
Pero heriste mi orgullo.
Bueno, algo es algo, ¿no?
Cuando sea tu turno,
¿vendrás a Atenas a verme?
Pues tengo asuntos allí, sin duda.
Sí.
Entonces, te estaré esperando.
Pondré dos sillas de lona.
Sí.
Nunca debí tratar de impedir que cantaras.
Correcto.
Siempre te amé.
También es correcto.
Señor Onassis, su esposa llegó.
Atenas, Maria.
Tú y yo.
Nadie más.
¿Y cómo estaba?
Somos griegos.
La muerte es nuestra compañera íntima.
¿Por qué lo visitaste?
Porque me lo pidió.
¿Viste a Jackie?
Salí por la puerta trasera.
Incluso en la muerte,
yo fui el secreto.
Sí, pero te quería a ti.
Jackie fue su esposa,
pero tú...
fuiste su vida.
Ocho.
Nueve.
Siempre ganas.
Hace trampa.
- ¡No! - Sí, haces trampa.
Bruna, lo sabemos.
- Es toda una esfinge. - Sí.
- ¡No! - Sí, sabes fingir.
- Finges. - Vas ganando, ¿no?
- Peligrosa. - No. Maria va ganando.
- Por uno. - Sí, uno más que yo.
- Voy perdiendo. - Espero que sigan juntos siempre.
- ¿Qué? - Espero que sigan juntos.
Cuando me haya ido.
Espero que sigan juntos siempre.
Son maravillosos juntos. Personas maravillosas.
Si me sigue ganando, será difícil...
No sé si... me quede.
Espera.
Madame, movimos el piano de nuevo.
Venga a ver.
Madame, ya es más de mediodía.
¿Se encuentra bien?
Señora, por favor.
Compraremos toda su comida favorita.
Ostras, cecina... y esos tontos chocolates.
Esta noche, nos sentaremos juntos y...
- Y comeremos. - Váyanse.
¿Madame?
Iremos a la tienda, señora,
para comprar todo lo necesario.
No tardaremos.
UN FINAL: ASCENSIÓN
Doctor Fontainebleau...
Madame Callas falleció.
Gracias.
Por lo que presumen,
pudo haber sido un fallo cardíaco.
MARIA CALLAS
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.