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1848
El águila tembló
Nuevas y revolucionarias fuerzas se desencadenaron repentinamente.
Las protestas estudiantiles y las manifestaciones de una población hambrienta y resentida
condujeron a cuestionar las ideas tradicionales de Monarquía y gobierno
en toda Europa.
Cuando los nacionalistas húngaros fueron a las barricadas en Viena,
el joven Francisco José de Austria
ordenó a sus soldados que aplastaran la rebelión.
Pena de Muerte
Yosef Sandor
Insurrección
Levantamiento de barricadas.
Pena de muerte.
Los hombres murieron por miles,
Fueron fusilados por centenares.
Fueron ejecutados por cientos.
Y aquellos jefes que escaparon,
fueron ahorcados en efigie.
Mientras la sangre corría por las calles de Viena,
el Emperador y su corte bailaban valses debajo de las brillante arañas de luces
Todo será muy sencillo. Mi hijo le pedirá que baile con él,
y después nos retiraremos todos al recibidor pequeño.
¿Mis padres también?
Por supuesto
Me temo que todos la estarán observando, pero tendrá que acostumbrarse a eso.
No puede culpar a la gente por ser curiosa acerca de su futura emperatriz.
No, señora.
Estoy segura de que les hará una grata impresión.
Esta encantadora.
Gracias, señora.
El futuro de Austria dependía de Francisco José.
Y ahora...
Creo que es el momento.
Su madre, la Archiduquesa Sofía, había arreglado un matrimonio
con la princesa bávara, Helena de Wittelbasch.
Se dio un gran baile para celebrar su compromiso.
El destino de la dinastía Augsburgo se decidía noche.
Francisco José fue incapaz de resistir el suave encanto de la hermana menor de Helena, Isabel.
Bailaron toda la velada.
y su enamoramiento se hizo más profundo con cada vals.
No hay nada que discutir.
Olvidaremos lo que ocurrió esta noche y te prohíbo que menciones el tema de nuevo.
Me temo que no sera posible.
¿No es posible?
¡Por supuesto que es posible! Harás lo que digo, Francisco.
Olvidarás esta desastrosa velada
y dejaras de comportarte como un mozo de cuadra enamorado.
No sabia que conocieras alguno.
Por supuesto, la muchacha es atractiva.
Eso puedo verlo.
Oh, Franzie, si quieres acostarte con ella, pues hazlo.
Pero te casaras con Helena.
Bueno, no podía decir que no, ¿o podía?
No podía dejar de mirarte ayer durante la cena. Todos lo vieron.
- Pero no pensaba que significara nada. - Sisi, ¡por el amor de Dios!
¡Yo no! ¡De verdad!
Sólo porque parezcas una niña no hay necesidad de fingir ser una.
Es la verdad.
Si.
Quizás lo es.
Quizás realmente eres tan estúpida como finges serlo.
Helena es fuerte.
Necesitaras su fuerza.
¿Cómo sabes lo que necesito?
Estoy hablando de lo necesario para tu país, de lo necesario para Europa.
El futuro del país depende del matrimonio del Emperador.
- Sisi aprenderá. - Sisi!
- ¡No la conoces aun! Una niña romántica que sueña despierta,
soltando poesías como su padre, débil y inestable.
Eso son tonterías, madre.
Además, es tu prima.
¡También lo es Helena!
La dispensa papal era específica.
Te casaras con Helena.
- ¿Y si rehúso? - No lo permitiré.
¿No te he dado siempre buenos consejos? ¿No has confiado siempre en mi criterio?
- ¡Quizás estaba equivocado! - La fuerza que tienes, la consigues de mí.
Fui yo quien hizo que tu padre renunciara al trono.
Fui yo, y solamente yo, quien te hizo Emperador.
Entonces, ¿para qué me darme el poder, si no se me permite ejercerlo?
- Te di el poder para luchar. - ¿No he hecho eso?
Has asustado a unos pocos campesinos húngaros.
No es una victoria notable.
¿Por qué estás tan asustada?
No hay razón por la qué impidas que me case con Sisi, a menos que la temas.
- Sí, la temo. - ¿Pero por qué?
Estoy asustada de su debilidad. Estoy asustada de su inmadurez.
¿Sólo porque es joven?
Es demasiado peligroso. Es demasiado riesgo.
Puedes creer que los disturbios húngaros se han acabado, pero...
...yo no lo creo. Toda Europa esta ennegrecida por la revolución.
Si no estamos constantemente alerta, nos veremos destruidos por esos rebeldes.
- Oh, madre... - Han saboreado el poder.
No se van a detener ahora.
Tendrás que ser más fuerte, estar más alerta.
Necesitaras a alguien como Helena a tu lado.
Es una mujer, tiene un carácter fuerte.
Es una mujer, no una niña.
Es como yo.
Créeme, Franzie, te digo la verdad.
Tienes que casarte con Helena.
Espero que hables con Tía Ludovika mañana por la mañana.
Dile...
que deseo casarme con Isabel.
El matrimonio será la próxima primavera. quizás en Abril.
Habrá una real procesión por el Danubio.
Cuando la gente la vea, la querrán.
Nada podía haber sido más idílico
que un Emperador joven y apuesto y su hermosa novia.
Para los espectadores que vitoreaban
debió parecerles como si hubiera surgido de repente un cuento de hadas.
Pero Isabel era poco mas que una niña
de 16 años y extraña a todas las pasiones físicas.
Era un cuento de hadas que pronto se agriaría.
Pero, señora, la están esperando.
Váyase y déjeme a solas.
Quizás... A Su Majestad querria un poco de fruta.
¡No quiero nada!
Pero... ¡Su Majestad!
La propia Archiduquesa está esperando
Bien, pues, ¡déjela esperar!
Déjela esperar.
Déjeme ayudarla a vestirse.
¡Váyase! ¡Por favor váyase!
- Pobre niña. - ¡Váyase y déjeme a solas!
Sisi!
Mi madre te está esperando. Por favor vístete y ven a desayunar.
Francisco, no puedo.
¿Por qué?
No me siento bien.
¡Debes hacerlo!
Le diré a madre que estarás lista en media hora
Le he hablado. Ya viene.
- ¿Qué? - Sisi. Viene.
No, Francisco, no viene.
¿Qué?
Ah, no tiene importancia.
La niña puede ser refrenada.
Señora.
¡Conde Majlath! Oh, estoy muy contenta de verlo.
Y yo estoy muy honrado de que haya enviado por mi.
No, no sea tan formal, por favor.
- Ahora es mi Emperatriz. - Todavía es mi profesor.
Venga, siéntese. ¿Cómo está mi padre?
- Está bien, señora. - Y mama?
- Está bien también. - Y los caballos? ¿Cómo están los caballos?
Los caballos, señora, los caballos... Están con ánimos excelentes.
- ¿Se les ejercita adecuadamente? - Oh sí, se hace.
¿Y mi hermana? ¿Cómo está Helena?
También está bien, señora.
- ¿Es feliz? - Si, así lo creo.
Pienso en nuestros frecuentes paseos junto al lago Starnberger.
Parece un mundo diferente. Tan distante.
Nada ha cambiado, señora. El lago es tan hermoso como siempre.
Sí, seguro que lo esta.
Y a menudo pienso en nuestras largas conversaciones, en lo que me enseño.
Me siento muy halagado.
Pero es curioso
Lo que solía ser una lección de historia ahora es una conversación durante la cena.
Vea cómo los países de Europa se agrupan juntos.
Aquí esta Austria, los estados Alemanes, y mi patria, Hungría.
- ¿Dónde estamos? - ¡Oh, Sisi!
Su hermana lo sabe. Indíquenoslo, Helena.
- Aquí. - Bien.
- Ésta es Baviera. - ¡Que pequeño parece!
Según pasan los años, las fortunas de estos países cambian.
Cuando uno se vuelve más fuerte, otro se vuelve más débil.
¿Pero por qué? Por qué un país fuerte no puede ser fuerte para siempre?
Porque la fuerza en sí es un gran peligro.
El hecho mismo de que Austria sea tan fuerte hoy en día, significa que tiene muchos enemigos.
Ningún hombre desea ser dominado por otro.
La gente se enfadada e irrita.
Por eso los húngaros trataron de tomar el poder para sí.
Estaban resentidos por ser tan solo una parte del imperio Austriaco
¿Cuándo ocurrió?
En 1848 cuando erais una niña.
- Cuando abandono Hungría. - Sí.
No teníamos elección.
Nuestras propias vidas estaban en peligro.
Fue culpa vuestra. No deberían haber empezado la lucha.
¿Qué otra cosa podían hacer? Querían ser libres de nuevo.
¡Libertad!
Sí, su hermana tiene razón. Queríamos la libertad.
El tipo de libertad que usted disfruta y que da por sentado.
A veces desearía haber escuchado con mas provecho, haber aprendido mas.
Hay tanto que no comprendo.
No es muy sorprendente
Y por eso quiero que nuestras lecciones continúen.
¿Señora?
- Quiero que me enseñe más. - ¿Mas? ¿Sobre qué?
Pues, sobre Hungría, por supuesto.
¿Pero por qué especialmente eso?
Porque estoy interesada.
Quiero saber.
Usted sabe, que aquí es casi un tema prohibido.
Oh, si.
Mi suegra, la Archiduquesa, piensa que todos los Húngaros son unos rebeldes sin dios.
Echa fuego siempre que se les menciona.
Entonces quizás seria más sabio no arriesgarse a desagradarla.
¿Por qué no debería? No me asusta.
Bueno, de todos modos, no demasiado.
¿Pero por qué está interesada en mi país?
¿Por qué?
Bueno, ¿por qué me gusta Chopin y no Mozart?
¿Por qué me gustan Heine y Shakespeare?
No se pueden explicar tales cosas, ¿o sí?
Sólo es una respuesta, una reacción.
Además, es culpa suya, Conde Majlath.
Usted despertó mi imaginación.
Pregúntese a si mismo por qué quiere a Hungría.
Su respuesta será la mía.
Quizás estaba equivocado.
Quizás no debí haber hablado como lo hice.
No, no, no debe pensar eso.
Además, hay algo mas.
¿Recuerda que me hablo un día sobre la libertad?
Dijo que era algo que yo simplemente aceptaba y daba por sentado.
¿Lo dije?
Sí. Un día cuando estábamos cabalgando. Lo recuerdo bien.
Viene una epoca, como ahora, cuando algun tipo de cambio es casi inevitable.
De la misma manera que los países de Europa están avanzando.
- ¿Hacia donde? - Solo el futuro puede decirnos eso.
Pero, ¿si no sabemos adónde vamos, para que se moverse?
Bueno, es parte de la naturaleza humana.
Es como cuando su padre le dice a sus músicos,
"Eso ya lo han tocado, toquen algo nuevo. "
Mi padre no quiere cambiar, de eso estoy segura.
Tal vez él no.
Pero hay otros hombres, y a muchos de ellos, les gustaría que el mundo fuera diferente.
¿Quiere decir la gente pobre? ¿Los campesinos?
No solamente ellos. Gente pobre, gente rica.
Hombres y mujeres por toda Europa.
Incluso aquí en Baviera.
Incluso aquí, hay descontento.
En mi país también, en Hungría hay gente que odia la dominación Austriaca.
Creen que los Húngaros deben tener una voz mucho más fuerte en su propio gobierno.
Ése es el cambio que les gustaría ver.
Entonces deben pedírselo al Emperador.
Lo intentaron, pero se negó a oírles lo que creó mucha cólera y amargura.
Tenía razón.
Todo lo que dijo era cierto.
Ahora lo veo todo muy claro
Lo veo, porque...
Ya no soy libre.
Le digo estas cosas porque es mi amigo.
Quizás no debería hacerlo.
¿Está asustado?
Por usted señora, no por mí.
- ¿Por mí? - Sí, por usted. Si el Emperador supiera...
Estas habitaciones que ve...
Mi vida.
Estoy prisionera por la vida que llevo.
Lo menos que puedo hacer es intentar comprender a los presos como yo.
En un tiempo, me gustaba la idea de Hungría.
Ahora quiero comprender.
Paso mis días escribiendo poesía.
No hay nada más que hacer.
Me temo que no es muy buena.
Pero quizás explicara cómo me siento.
"Oh, que no haya dejado el camino,
Que debería conducirme a la libertad
Oh, que no me haya extraviado por el ancho sendero de la vanidad.
¿Qué estás leyendo?
Oh, no es nada importante.
Parecía muy pesimista. Te he traído un regalito.
Pensé que estabas sola.
El Conde Majhath es un amigo muy querido. - Alteza.
Hablaremos después.
Majestad.
Fue mi profesor, mi tutor en Possenhofen.
¿Por qué está aquí?
- Le pedí que viniera. - ¿Por qué?
- Pensé que mis lecciones debían continuar. - ¿Qué lecciones?
Historia.
Siempre me ha interesado la historia.
Bueno, no había necesidad de traerle de Possenhofen.
- Es un amigo. - Es Húngaro.
No deseo verlo aquí otra vez.
Si deseas saber mas historia, entonces yo te diré todo lo que tienes que saber.
Además, no veo razón para futuras lecciones.
Los días se me hacen tan largos. Ni siquiera puedo ir a cabalgar.
Ahora estás embarazada, querida Sisi, debes descansar tanto como sea posible.
¡Estoy tan aburrida!
Cuando tu hijo nazca, tendrá mucho que hacer.
Desde que me levanto hasta que me acuesto, nunca veo a Francisco José.
¿Por qué no puedo ir con él a Viena?
Bueno, no puedes ir detrás de tu marido como la esposa de un subalterno.
No hay nadie con quien hablar
Bien, nadie te obligo a casarte con mi hijo.
Muy al contrario.
Pasas demasiado tiempo mirando a esos loros.
Si una mujer embarazada mira de continuo a animales,
sus hijos se les parecerán.
Austria no quiere a un príncipe heredero que parezca un loro.
Despierto ahora en la celda de una prisión.
Las manos que una vez fueron libres, ahora están atadas.
Los anhelos crecientes que nada puede saciar.
Y libertad, tu me has abandonado.
¿Por qué no la llamaste Ludovika?
Todos supusieron que sería llamada Sofía y así fue.
Además, he caído en desgracia.
¿En desgracia?
Por dar a luz a una hija y no un hijo.
Pero ahora que estoy embarazada otra vez, empiezan a aumentar las esperanzas.
Soy una yegua de cría, Néné, esa es mi función. Es para lo que estoy aquí.
- Oh, qué tontería! - Es la verdad.
Ni siquiera se me permite amamantar a mi propio bebé.
La gran Sofía se la lleva rápidamente en cuanto puede.
Creo que teme que la corrompa o algo así.
¿Corromperla? ¿Como?
Estoy aprendiendo Húngaro.
El idioma. Estoy aprendiendo a hablar Húngaro.
Su Real Poderío lo desaprueba de la manera mas enérgica.
Ya me tiene sin cuidado. Ha dejado de preocuparme.
Alguien la llamó una vez el único hombre en el Palacio Imperial. ¿Sabías eso?
Es cierto.
La sombra del Palacio oscurecía su camino.
La joven Emperatriz estaba obsesionada con un miedo indefinido y extraño.
Más que miedo a la Archiduquesa
Más que un miedo a la soledad
Era miedo a lo invisible, a lo desconocido
Miedo al futuro
Estoy empezando a creer en esas viejas historias del fantasma de Augsburgo.
A veces siento su presencia muy cercana.
La Dama Blanca.
Siento que sus ropajes rozan mi cara como las telarañas en un establo.
Sus gemidos resuenan en mis oídos.
La sombra de su tristeza llena todas las habitaciones.
Oh, Néné, ¿qué va a ser de mí?
No debes hablar así.
¿Por qué no?
¿No se me permite hablar claramente?
Se me niegan tantas cosas.
Nada de cabalgar, por el niño nonato.
Nada de bailar.
Debo quedarme aquí mientras el Emperador da vueltas en un salón de baile o...
se marcha cabalgando con el ejército.
Eso es todo lo que le preocupa de verdad.
Su trabajo, sus mujeres y el ejercito.
Esa es su vida.
¡Una hija!
¡Una hija!
- ¿Una hija? - Si
- Pensé que le complacería. - Mucho. Sumamente mucho.
Le estoy muy agradecido, Conde Majlath, por haber venido así.
Temí que lo considerara imprudente
- ¿Imprudente? - Volver a Hungría.
Venir a la casa de un patriota tan notorio.
Nunca escucho chismes, Conde Andrassy.
Ah, pues debería.
Soy uno de los pocos hombres vivos que han sido colgados.
En efigie, me alegro de decir.
Otra hija.
Francisco José debe pensar que el Todopoderoso está luchando de nuestro lado.
Quizás lo este.
Si.
Creo en el destino, lo sabe.
Creo que hombre obtiene siempre su justa recompensa.
Bien por bien,
gentileza por gentileza,
mal por mal.
Que Dios ayude a Austria.
En verdad, su futuro será muy negro.
- Estas ahí. - Esto te gustara mas, es mas dulce.
Sí, creo que sí.
Hola.
¡Francisco!
Hola, Gisela.
¡Hola!
¡Hola!
- Hola. ¿De que se trata? - Vamos.
¿Por qué no nos dijiste que venia? Podíamos haber tomado el té juntos.
- Pensaba que te gustaría saber... - Aquí, cariño.
Se ha decidido que visitemos Hungría.
- ¿Cuándo? - Pronto. Hacia principios de Mayo.
Eso es estupendo.
- Pensaba que estaban en contra. - ¿Quién?
Los ministros. Pensaba que querían mantenerte alejado de Hungría.
- Bueno, cambiaron de opinión. - Oh.
La idea es que debemos hacer que los Húngaros se den cuenta de que son parte del imperio Austriaco,
alentar los sentimientos de patriotismo, etcétera.
El Barón Bach espera que seas capaz de encantarlos, como encantaste a los Italianos.
Si tu no puedes, nadie puede.
¿Tu madre lo aprueba?
No por completo. No lo desaprueba.
Francisco, ¿habrá alguna reconciliación?
¿Que?.
¿Con los Húngaros?
¿Por qué debería haberla?
Hungría no es más que una provincia, Deben aceptar eso.
- Bueno, ¿entonces a que vamos? - Política.
- ¿Qué política? - Para suavizar la situación.
- ¿Qué situación? - He estado hablando de ella todo el día.
- ¿Tenemos que hablar de ella ahora? - Quiero saber.
Todavía hay muchos alborotadores en Hungría. No podemos permitirnos ignorarlos.
Así que es mejor que los niños se queden aquí.
- ¿Con tu madre? - Si.
¿Por que?
- ¿Por qué no? Iremos al otro lado del país. - Pueden quedarse en Budapest.
- ¿Por qué no se pueden quedar aquí? - Quiero que vengan.
No tiene sentido oponerse a Madre.
Ella se pasa la mayor parte del tiempo oponiéndose a mi.
- No han estado bien. No deben viajar. - Entonces me quedaré con ellos aquí.
De acuerdo.
Si insistes, los llevaremos con nosotros.
- ¿Adónde va? - Tengo una cita.
- Francisco. - ¿Qué?
Por favor, no te vayas.
Me siento tan sola.
Pensé que lo preferías así.
¿A qué?
- A mi compañía. - Nunca dije eso.
- A menudo lo has dado a entender. - ¿Cuándo?
Mira, estoy demasiado cansado para discutir.
¡Pero no demasiado cansado para tus mujeres!
¿Por qué te casaste conmigo, Francisco?
Para tener un hijo, ¿no es eso?
¿Ésa era la única razón?
Pobre Francisco, deberías haber obedecido a su madre.
Haberte casado con Helena.
Quizás estés cansado de mí.
Quizás te gustaría que me fuera.
Quizás quedarte solo.
O con tu madre.
O con otra persona.
- Sabes que eso no es cierto. - ¿Lo se?
- ¡Por supuesto! - No sé nada en absoluto.
- Te lo he dicho muy a menudo. - ¿Decirme qué?
- Mira, debo irme.
Tu te apartas de mi, como te apartas del mundo.
Te sientas en tu escritorio día tras día, tras día.
Si solo intentaras comprenderme un poco.
Y no solo yo.
La gente. Lo que temen y quieren... y lo que sienten.
¡Muy bien, Sisi!
¿Como te sientes?
- Asustada. - ¿De qué?
- No sé. - ¿Asustada de qué?
No lo sé.
Muchas cosas.
No puedo explicarlo.
Oh, Sisi.
Estaba de pie junto a una ventana esta mañana.
Uno de los jardineros miró hacia arriba y me vio.
Era joven. Apuesto, supongo.
No se movió. No se dio la vuelta.
Me pregunte qué estaría pensando.
Quizás nos odia.
- ¿Por qué? - ¿Por qué no?
Oh, Francisco, estoy tan sola.
Pero yo te quiero, Sisi.
¿Seguro que lo sabes?
Eres toda mi vida.
Tu y los niños.
Y Austria y tu madre.
Y los Augsburgos y el Imperio y el Ejército.
Soy lo que soy.
Nada puede cambiar eso.
Ni siquiera tu.
Tengo que ir con los niños.
Les diré que visitaremos Hungría.
Estarán tan emocionados.
El Baron Bach tenía razón.
Les has encantado.
¿A esos peligrosos Húngaros?
Estaba bromeando.
Lo que ocurrió entre Austria y Hungría en 1848
cambió toda mi vida.
Nunca lo olvidaré.
No puedo.
Sin embargo, es hermoso.
Y excitante.
¿No crees que es hermoso?
Sí, lo es.
Siempre he sabido que me gustaría Hungría, pero nunca pensé que me sentiría así.
Es como volver a casa.
¡Mi bebé!
Mi niñita.
Creo que debemos volver dentro.
Todavía no.
El viento esta aumentando. No quiero que cojas un resfriado.
Sisi.
Debes volver adentro.
Muy bien, en un minuto.
Una enfermedad podía dañar al bebé.
¿Quieres perder otro niño?
¿Consigue algún extraño placer atormentándome?
¿Que?
No puede dejar pasar un momento sin dejar de decirme qué hacer
o que no hacer.
- Es mi deber. - ¿Su deber?
- Eres poco mas que una niña. - No seré privada de mi libertad.
- Estaba dando un consejo. - Estaba dando una orden.
- Un consejo sensato. - No me serán dadas órdenes como a una marmitona.
Hace demasiado fresco aquí.
Sabes cuánto disfruto sentándome en el balcón.
Harías bien siguiendo mi consejo.
Isabel,
mira en Hungría.
¿Hungría?
Si hubiera hecho lo que le dije y hubiera dejado los niños aquí...
¡Cómo se atreve a decir eso!
¡Cómo se atreve!
Debe odiarme mucho.
Vamos adentro.
- Llámele. - Freddy
Debe odiar y detestar mi mera visión.
Estoy demasiado cansada para este tipo discusión.
Oh, sí, eso es lo que Francisco dice siempre.
Para tenerme callada.
No, no te odio.
De hecho, he tratado de gustarte.
Pero falle.
No, no completamente.
Tienes una cierta fuerza...
independencia.
El problema es que tienes demasiada imaginación
- ¿Es eso tan malo? - Te hace insegura.
¿Insegura?
Estamos como en un castillo asediado.
Se necesita una determinación férrea para sobrevivir.
Yo la tengo, y Francisco. Pero tu no, Isabel.
- ¿Cómo lo sabe? - Por supuesto que lo sé.
Mira a tu pasión por Hungría.
Estoy interesada en la gente, en el país, eso es todo.
- Pues no deberías estarlo. - ¿Por qué no?
Deberías estar interesada en Austria, en el Imperio, y en la descendencia de los Augsburgo.
Ésa debería ser tu pasión, tu único propósito en la vida.
- ¿Como lo es el suyo? - Sí.
¿Sin importar el sufrimiento que cause?
Ése es el precio que pagaremos.
¿Nosotros?
Te casaste con mi hijo. Eres la Emperatriz.
No tienes elección.
- Ni libertad. - Ninguna.
- Supongo que ve eso como su fuerza? - Lo hago.
Hay otros puntos de vista.
Efectivamente los hay.
Pero deben ser ignorados.
Los buitres de la revolución están dando vueltas sobre Europa.
Si te complace que te arranquen el corazón, ése es tu problema.
Pero nunca harán presa en Austria.
El Imperio debe ser preservado a todo costa.
He ordenado a mi fiel y valiente ejercito
poner fin a los actos hostiles que ha cometido el Estado de Cerdeña
contra mis provincias Italianas.
Me doy cuenta por completo del sentido de esta medida.
Si alguna vez mis deberes como monarca han recaído pesadamente sobre mí,
seguro que es en este momento..
Pero un enemigo armado está en la frontera.
Un enemigo armado que, en la alianza con el partido revolucionario,
anuncia abiertamente su intención de apoderarse
de las posesiones Austriacas en Italia.
A vuestros hijos a quienes he llevado con mi ejército,
yo, su comandante, envío mi saludo marcial.
Podéis mirarlos con orgullo
pues gracias a ellos el águila Austriaca levantara un orgulloso vuelo.
Por Dios y por la Patria.
Un hijo.
Mi queridísimo ángel Sisi
déjame decirte de nuevo cuanto te quiero
y como te extraño a ti y a los amados niños.
Ruego para que todo te vaya bien
y para que te cuides, como me prometiste.
Intenta distraerte todo lo posible.
Por encima de todo, cuida tu preciada salud.
Mi querido
Te ruego en nombre del amor que me tienes
que te muestres a menudo por la ciudad
y que visites las instituciones.
No sabes de cuanta ayuda me seria, si pudieras hacer esto
Levantara los ánimos de la gente en Viena
y mantendrá la buena ambiente que tan urgentemente necesito.
Cuídate por atención a mi.
porque tengo muchas preocupaciones.
Tengo que dar ordenes de retirada.
Cabalgue hasta Valeggio en medio de una fuerte tormenta y desde allí hasta Villafranca
donde pase una noche terrible entre hombres, fugitivos, carruajes y caballos.
He tenido muchas experiencias
y he aprendido lo que se siente al ser un general derrotado.
Ahora, mi único rayo de consuelo y esperanza
es que vuelvo a ti, mi ángel.
No puedes imaginar lo feliz que me hace.
Tu fidelísimo Francisco.
¿Sabe...
- lo de la derrota Austriaca?
Debilitara al Emperador.
- Oh, sí. - Muy considerablemente.
Oh, sí, le recortará algo las alas al águila.
Estoy ansioso por saber qué piensa de él.
- ¿Quién? - El Emperador.
- Oh, ¿Francisco José? - "Culo duro".
Ése es lo que le llama su personal. ¿Lo sabía?
Está siempre sentado en su escritorio. ¡"Culo duro"!
Nunca he tenido el placer de conocerlo.
- Pensaba que lo conocía. - No, sólo la Emperatriz y la Archiduquesa.
El hombre que ha conocido a Sofía y vive para contarlo.
Muy brevemente.
El Emperador y su esposa, ¿son felices,?
Si, así lo creo.
¿A pesar de sus mujeres?
- ¿Se ha enterado de sus "asuntos"? - Sí.
- Se dice que a ella le gusta Hungría. - Sí.
Dicen que quiere a nuestro país casi tanto como al suyo, quizás aún más.
Sí, quizás.
Y el Emperador, ¿la quiere?
Sí, creo que sí.
Sí, me han dicho que hará casi cualquier cosa para complacerla.
Solo tiene que pedirlo y se le concede.
Pero...
Aparte de querer conocerle, mi querido Conde Majlath,
mis amigos y yo nos preguntábamos si podría poder ayudarnos.
¿Ayudarles? ¿De qué manera?
Es un tema confidencial. ¿Podré confiar en su discreción?
- Por supuesto. - Por supuesto.
- ¿Un puro? - No, gracias.
¿Está seguro?
Muy sencillo,
estamos interesados en la posibilidad del auto-gobierno.
Auto-gobierno Húngaro.
Pensamos que debemos esforzarnos en el restablecimiento de Hungría
como un estado soberano.
¿Y quieren mi ayuda?
- Desde un solo punto de vista. - ¿Cual es?
Su ex-alumna, la Emperatriz.
- Oh, está enferma. No puede hacer nada. - Se recuperará.
Quiere a Hungría, el Emperador la quiere a ella... ¿Ve lo que quiero decir?
Oh, sí.
No debería ser muy difícil encontrar una manera. ¿Qué piensa?
- La emperatriz me escuchará.
No estoy acostumbrado a estas intrigas de altos vuelos.
¿Está asustado?
Tengo miedo de que comience de nuevo la lucha.
Morirá mas gente.
Y terminaremos en una posición mucho peor que como estamos ahora.
¿Cómo podría ser?
El poder de Austria es total. Se ha llevado nuestra libertad, no puede coger nada más.
- Quizás deberíamos esperar. - Esperar a qué?
- Las cosas podrían mejorar. - Las cosas solo pueden empeorar.
¿Ha olvidado la brutalidad del Emperador?
¿Ha olvidado los miles que han matado, los miles encarcelados?
Maridos privados de sus esposas, los niños huérfanos.
El trono de los Augsburgo esta manchado con nuestra sangre.
El Imperio está basado en la muerte.
No puede sobrevivir.
Y hay otro punto a considerar.
Si no actuamos ahora, entonces otros lo harán.
Plebeyos, campesinos, trabajadores, estudiantes.
Su paciencia está agotada.
La revolución en Francia los ha enseñado que incluso reyes pueden ser derrocados.
Para que el poder quede en las manos adecuadas,
nuestras manos,
debemos ser nosotros los que hagamos el primer movimiento.
Solía disfrutar estando enferma cuando era niña.
Se encendía un fuego abrasador en mi habitación.
Y mi padre se sentaba sobre mi cama y me contaba historias.
Entonces era feliz.
Pero la infancia no dura, señora.
Lo hace en algunas personas.
Lo debería haber hecho en mi.
¿Hay algo que puedo hacer para que este más cómoda?
No, gracias.
¿Le leo algo?
Eso me pondría todavía más triste.
En libros, la gente vive feliz.
Vamos, señora.
Esta rodeado de el amor y cariño.
Y odio.
Los Archiduquesa se regocija con mi enfermedad.
Envía a sus criados para espiarme.
¿Sabía eso?
Hace un día encantador.
¿No le gustaría sentarse junto a la ventana?
Este año, incluso las flores parecen desteñidas.
No, no hay nada que pueda hacer.
Gracias, Hildegarde.
Oh, casi me olvidé, señora.
Su hermana está aquí.
- ¿Donde? - Presentando sus respetos a los Archiduquesa.
Bien, dígale que estoy dormida.
No puedo hacer eso, señora.
- ¿Por qué no? - Le dije que estaría encantada de verla.
- ¡No tenía derecho a hacer eso! - No señora.
- ¡Ninguno en absoluto! - No, señora, lo siento.
¿Qué le diré, entonces?
Puede decirle lo que guste.
Dígale que estoy dormida. Puede decirle cualquier cosa.
- ¿Cómo estás, Sisi? - Oh, ¡salga!
¿Cómo estás?
- ¿No es obvio? - Creo que tienes mejor aspecto.
Mi cara está hinchada y desfigurada.
Quizás, sólo un poquito.
- Están rezando en las iglesias. - Sí.
- Sabes lo qué significa eso? - Oh, no significa nada, Sisi.
Pronto estarás bien de nuevo.
Los niños tiene buen aspecto.
¿Lo tienen?
No los veo casi nunca.
El Emperador debe estar muy preocupado por ti.
No tiene motivo para estarlo.
Después de todo, cumplí con mi deber.
La yegua de cría ha parido un hijo.
He cumplido mi función. -
¿Qué dicen los médicos?
Me miran fijamente,
me pinchan con sus mezquinos dedos,
ponen cara seria
acarician sus barbas.
Dicen que es tristeza.
¿Tristeza?
Melancolía
Eso es lo que los doctores dicen.
¿Tienen razón?
¿Quién sabe?
No sé por qué deberías ser desdichada.
¿No lo sabes?
Bueno, el Emperador te ama. Todo el mundo lo sabe.
Supongo que lo hace a su manera. El dice que sí.
Escribe largas cartas cuando está ausente.
- Pero significa muy poco. - ¿Cómo lo sabes?
Porque lo sé.
Dice mucho pero siente poco.
Es un hombre hueco.
Cualquier pasión sincera que tiene, le viene de Sofía.
Lo controla completamente.
Sofía no vivirá para siempre.
Tampoco yo.
Te estás portando como una niña malcriada, Sisi.
- ¿Qué quieres decir? - Lo que digo.
Nunca has estado satisfecha con nada en todo tu vida.
- Eso no es cierto. - Incluso de niña,
huías de la realidad si no te gustaba.
Todos esos ensueños y cuentos de hadas y ahora esta enfermedad.
Es la misma cosa.
Es una debilidad del espíritu, no del cuerpo.
- ¿Cómo te atreves a decir eso, Néné! - No estas preparada para luchar por algo.
Esto nunca habría ocurrido si yo me hubiera casado con Francisco José.
Tengo más fuerza. No me rendiría ante Sofía.
He sido invitada a quedarme para el almuerzo. Vendré a verte antes de marcharme.
Si debes preocuparte, preocúpate de algo mas importante
que la enfermedad imaginaria de tu esposa.
Muy bien madre, ¿qué debe preocuparme?
- Prusia. - ¿Prusia?
Piensa en lo qué ocurriría si Prusia controlara toda Alemania.
Y Hungría.
Prusia apoyaría a los rebeldes en Hungría?
Por Dios, mamá, te pasas toda la vida buscando tormentas.
¡Debo hacerlo! Un momento de debilidad podría destruirnos a todos.
No, madre, debo hacerlo yo.
Después de todo, yo soy el Emperador.
Te dije que era un error.
¿Que?
No juegues conmigo.
No se gana nada poniendo las cosas peor.
No se que quieres decir.
Ese tocado, o como se llame...
Todo el mundo sabe que es Húngaro.
Sin duda, podré llevar lo que yo quiera.
Mi madre piensa que la has humillado deliberadamente.
Déjala pensar lo que quiera.
- Conde Majlath, ¡qué alegría verlo! - Majestad.
Estoy encantado de ver que esta recuperada por completo.
Gracias. No sabía que estaba en Viena. ¿Hace mucho que esta aquí?
Solo unos días, Majestad. Estoy con un amigo, el Conde Julius Andrassy.
¿Ó Graf Andrassy?
A Felsége beszéi magyarul?
Me temo que solo un poco.
Majestad, es un gran cumplido, que haya aprendido Húngaro.
Lo encuentro un idioma muy hermoso.
Y es un cumplido adicional que lleve su pelo a la moda Húngara.
Gracias, Conde Andrassy.
Espero que podamos tener muy pronto el honor de recibir a Su Majestad en Budapest.
Oh, sí. Eso espero yo también.
Muchos sentimos que podría establecerse
un fuerte lazo de amistad entre Su Majestad y Hungría.
¿Y con el Emperador, también, sin duda?
Por supuesto, si tal cosa es posible.
Bien, ¿por qué no debería serlo?
La amistad es algo que crece por propia voluntad, Señora.
No puede forzarse.
- Adiós, Conde Majlath. - Majestad.
Creo que quizás deberías disculparte.
¿Por que?
Estoy sorprendida de ver tanta gente esta noche en las calles.
especialmente en el teatro de ópera.
Aplauden a tu madre.
A mi me aclamaron.
Si sigues el consejo de tu madre, Francisco, perderás el cariño de esas gentes.
Sin ella, el imperio se habría desintegrado.
- No debes dejar que tus sentimientos se entrometan. - Mis sentimientos no son importantes.
Lo que importa, es lo que es ella, lo que representa.
No ignores su fuerza, Sisi
La necesitamos.
Su fuerza está basada en el miedo.
El miedo que inspira a otros y su propio miedo al cambio y al progreso.
- El miedo solo puede destruir. - Muy bien.
Le hablaré.
Hablar no es suficiente.
No te das cuenta de lo peligrosa que es.
¿Que mas puedo hacer?
Además, no escucharía.
Nunca escucha a nadie.
En todo lo que dice, tiene que tener razón.
Ha tenido razón en el pasado.
El pasado no representa nada. Está muerto.
Déjala morir con él.
¿Cómo puedo hacer eso?
Se razonable.
No me importa ser razonable.
Nunca mas. ¿Por que debería serlo?
No dejare que el pasado me ahogue.
No dejare que me destruya.
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