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Después de la huida de Pedro y la partida de Robertito,
cocinar dejó de ser un acto de amor y placer para Tita.
Se sentía inexpresiva,
perdida en un mundo insípido y sin aromas.
Esto no se puede ni oler.
Claro, como ya no tienes a quien darle gusto...
- Está bueno. - Aquí las cosas se hacen bien, Tita.
- Hay frijoles. - No tengo hambre. Fina, tíralo.
Fina, no, no lo tires. Hace falta comida.
¡Se acercan los bandoleros!
Escondeos. ¡Escondeos y no hagáis ruido!
Antes muerta de que entren en esta casa.
Tengo mucho miedo.
Padre nuestro que estás en el cielo. Dios te salve María.
- Cordero de Dios. - Calla, no hagas ruido.
Iré al infierno, Tita, no me sé ninguna oración.
Madre es capaz de hacer cualquier tontería.
¿A qué habéis venido? ¿Qué queréis?
Tenemos hambre. Necesitamos entrar para comer.
No hay comida para maleantes.
Vamos.
- Nadie pone un pie en mi casa. - ¡Mirad!
- Tengo buena puntería y mala leche. - Tranquila.
¿Quién sigue?
Vamos a respetarnos. Ya has visto que no me tiembla la mano.
No le hagáis caso. Entrad y lleváoslo todo.
¡Fuera de mi casa!
- ¡Fuera, he dicho! - Madre.
- ¿Estás loca? - Aquí nadie disparará a nadie.
Crispín, por el respeto de conocernos y haber compartido el pan,
te pido que te sosiegues.
Aquí no habrá ni heridos ni muertos.
Benito, don Jorge.
¿De verdad vais a hacer eso?
Dejad la casa en paz.
Coged todo lo que podáis y volved a los caballos.
Andando.
Muy bien. Muy buen botín.
Disculpe las molestias, señora. ¡Vámonos!
"Señora".
No vuelvas a humillarme delante de todos.
Desde que llegamos, no ha comido nada.
A veces, pensamos que no comen, pero los bebés con poco se apañan.
Démelo.
- No sé qué hago mal. - Para eso estoy yo aquí.
¡Que este bebé no quiere comer!
El niño tiene que estar tranquilo.
Intranquilo no comerá.
Ay, ya está comiendo, ya come.
Si tienes un hondo pesar,
piensa en mí.
Si tienes ganas de llorar,
piensa en mí.
Ya ves que venero
tu imagen divina.
Tu párvula boca
que, siendo tan niña,
me enseñó a pecar.
Cuando vuelva, nada nos separará.
¡Ayudadme! ¡Ayudadme, por favor! ¡Ayuda!
- ¡Ayuda! - Tranquila.
- Ayuda. - Tranquila.
¿Qué ha pasado?
Eran muchos. No los vimos llegar.
Preguntaban a gritos: "¿Dónde los escondéis?".
Se metieron en las casas sin permiso.
¿Quién?
Les pegaron a los niños para que les dijeran
dónde estaban los rebeldes.
Pero no los encontraron.
Luego fueron contra las mujeres. Me arrastraron por las enaguas.
¿Sabes qué regimiento era? ¿Sabes quién estaba al cargo?
Seguían órdenes de un tal Muzquiz.
¿El coronel abusó de ti?
No.
Pero se reía de lo que nos hacían.
Ven. Acompáñame.
Ayudadme a limpiarlas.
Voy a matar al coronel.
- Matamos a todas sus tropas. - Sí.
Muerto no te servirá de nada.
Tampoco vivo. Seguirá masacrando.
Deberíamos capturarlo y sacarle información
de sus estrategias contra nosotros.
- ¿Cómo lo capturarás? - No lo sé. Pero algo se podrá hacer.
Ni lo tuyo ni lo mío.
Secuestraremos a su mujer y a su hijo.
- No tienen la culpa. - Así escarmentará.
Mira, tuve que salir huyendo de ese animal
porque quiere matarme.
Por su culpa, no puedo ver ni a Tita ni a mi hijo.
Pero esto no puede ser una venganza personal.
La causa es más grande, Juan.
- No es venganza personal... - ¡Se acabó! ¡Ya! Ya.
Vamos a por Muzquiz.
¿Recuerdas qué hierbas llevaba?
Pues no. ¿No lo recuerdas tú?
- ¿No está pasado? - No, a mí me huele bien.
- Yo no huelo nada. - ¡Tita!
Si le echamos ganas y trabajamos mucho,
pronto tendremos cosechas y recolectaremos frutos otra vez.
Esta finca no será lo mismo ni con cosechas ni con frutos.
No recuerdo si llevaba semillas de cilantro.
- ¿Estás bien? - Sí.
Según el libro de recetas de Nacha,
para elaborar el chorizo norteño
se necesitan ocho kilos de lomo de cerdo,
dos kilos de retazo o cabeza de lomo.
Se calienta el vinagre
y se incorpora un kilo de chiles anchos,
a los que antes se les han quitado las semillas.
Ese día, Tita se limitó a seguir al pie de la letra la receta.
No sintió el impulso de experimentar con las hierbas aromáticas,
una cucharadita de comino o una pizca extra de sal.
Tita se sentía perdida, vacía.
No había nada de ella que pudiera añadir a ese plato.
Qué bien huele, Tita. ¡Huélelo!
Ahora vamos a preparar los chorizos.
"Se aprietan bien para que no les entre aire".
- ¿Lista? - Lista.
Necesitaríamos un cañón para tirar la puerta.
- ¡Compañeros! - ¿Un cañón?
Valente tiene que contaros algo. Siéntate en esa silla.
A ver, cuéntanos.
Como visteis, me he pasado al bando de los buenos.
¿Por qué desertaste?
Porque me mataron a mi hermano los hijos de puta.
Era revolucionario.
En la tropa se sabe que el coronel tiene una amante.
La visita en una casa que compró y ahí se relaja.
Fuma puros el muy cabrón, bebe.
Él controla la vida de su amante.
Ella y su sirvienta nunca salen de casa.
Todos los jueves a las seis la visita.
Muzquiz está loco por ella.
- Mañana es jueves. - No, hombre, no.
Necesitamos una semana para planearlo bien.
¿Y darle una semana a ese cabrón
para que sus hombres sigan matando y violando mujeres?
Iremos mañana.
¿Quién anda ahí?
Buenas, señora. ¿Cómo está?
No pierdas el tiempo, Nicolás. Se lo llevaron todo. No hay nada.
No vengo a llevarme nada, señora. Disculpe la hora.
- ¿Qué quieres? - Tengo información muy valiosa,
que no sé qué hacer con ella.
- Te dije que nos dejaría mal. - Ha sido puntual y decente.
- Es una buena nodriza. - La leche no le cae bien al niño.
¿Por qué no para de llorar?
- ¿Estará enfermo? ¿Un médico? - Este llanto es de hambre.
Pero dijo que con poco se apañaba. Ya ha comido.
No come porque me duelen los pechos.
Tengo la leche dentro. No me había pasado esto nunca.
Echa de menos la leche de su madre.
Yo soy su madre y nunca le di el pecho.
Se ha alimentado de tés y de atoles, nunca probó la leche materna.
Pues echará de menos la de otra nodriza.
Comió antes, pero ya no quiere. Y lo poco que come, lo vomita.
Ya no puedo más. Tendrán que buscar otra nodriza.
- Lo siento. - Por favor, espere. Por favor.
Por favor, díganle a mi madre que quiero volver.
Tita tiene que darle sus atoles. Eso sí que lo comía. ¡Por favor!
¿Qué es eso?
¿Qué has hecho, Tita?
Ay, Dios mío.
- Esto es un mal augurio. - No seas supersticiosa, Fina.
¿Les sacaste el aire? ¿Qué hiciste?
Lo hiciste adrede, ¿verdad?
No te hagas la tonta, Tita de la Garza.
¡Roberto!
Roberto. Roberto.
Roberto. Roberto.
Nos dejaste sin nada.
Echaste todo a perder, se acabó la comida.
¡Señora! Señora, un telegrama urgente.
Llegó un telegrama urgente.
Robertito está muerto.
Ven aquí. ¡Ven aquí!
No permitiré que la tristeza inunde esta casa, ¿me oyes?
No sirve de nada llorar ni lamentarse.
Hay mucho que hacer.
¡Te estoy hablando, Tita de la Garza! ¿No me oyes?
Ya no.
Si me hubiera ido con ellos, nada de esto hubiera pasado.
Robertito está muerto por su culpa.
¡Vuelve aquí ahora mismo, Tita de la Garza!
¡Ven aquí, Tita!
- ¿Pedro? ¡Pedro! - Me lo llevo.
¡Pedro, no vayas!
¿Sabes qué le pasará a mi familia si te cogen allí?
- Eso no pasará. - Y si pasa, ¿qué? ¿Y nuestro plan?
- Si no vuelves, ¿qué? - Voy a volver.
No te dará tiempo a ir y volver.
- Muy arriesgado. - Gertrudis, no sé si moriré.
Y si eso pasa, quiero poder ver a Tita y a mi hijo por última vez.
Vamos.
¡Maldita sea!
¿Qué te pasa?
- ¿Qué? - Robertito.
¿Está bien? ¿Qué le ha pasado a Robertito?
Tenían miedo de que el coronel les hiciera algo
y huyeron a Texas.
¿Qué?
Ya no quiso comer.
Robertito está muerto.
No, no.
No es cierto.
Él lo mató.
Mi tío. ¡Mi tío mató a Robertito!
No, no, no.
Perdóname.
¡Pedro! ¿Adónde vas?
¡Pedro!
Ese día Pedro perdió el control.
El dolor que tenía dentro se apoderó de su razón.
- ¡Hijo de puta! - Vamos.
¡Pedro! ¡Vamos! ¡Pedro!
En ese momento,
vengar la muerte de su hijo era su único plan.
Siempre he pensado que, aunque Pedro hubiera seguido el plan,
el resultado hubiera sido el mismo.
- ¿Quién ha sido? - Muzquiz.
Pero hay quien piensa que fue por culpa de Gertrudis,
que la provocación de Muzquiz inició el tiroteo.
¿Pensabais que éramos idiotas?
- ¡Mataste a mi hijo! - Lo mataste tú.
Yo creo que ni quienes estuvieron ahí supieron bien qué paso.
¡Fuera!
Lo único que supimos fue que Muzquiz y sus hombres los esperaban.
- ¡Pedro! - ¡Pedro!
Que capturaron a Pedro
y que cumplieron su parte del trato con doña Elena.
¿Respetó el acuerdo?
Gertrudis salió bien. Huyó.
- ¿Y Pedro Muzquiz? - Lo cogieron los federales.
Con eso tengo suficiente.
Pero aquí falta. Me ha dado la mitad.
Cuando corrobore lo que me dices, te doy lo que falta.
Págame lo que acordamos. No quedamos en esto.
Tú a mí no me pones condiciones, Nicolás.
Tita.
¡Tita!
¡Tita!
Tita. Mira lo que he encontrado.
- Son los que te gustan. Cómetelo. - No quiero.
Pero si no has comido nada.
Estás helada. Te va a dar una pulmonía.
Dentro se está calentito.
- Vamos. - Fina, que no quiero.
Por favor, déjame sola.
Tita, de todas formas tienes que venir.
Tu madre espera que le prepares el baño.
¡Tita de la Garza!
Pero ¿cómo se me ha pasado?
Ahora mismo le preparo su baño.
A ver, madre. Métase. El agua está como le gusta.
Con lavanda, para que duerma como una reina.
- ¿Qué haces? - ¿La desvisto?
- Porque usted no puede. - No me hables así.
¡Deprisa, se enfría! Mire qué buena está el agua.
- Con los aceites. - Controla tus nervios.
- ¿No quiere meterse? ¡Métase! - ¡Serénate!
No tengo ni fuerza ni motivos para servirle más.
Se acabó. No soy su esclava.
- ¿Y si lo han matado? - Pedro es de su sangre.
Al final, siempre será el sobrino del coronel.
- ¡Deberíamos haber ido a por él! - Déjalo ya y acuéstate.
Avísame cuando estés lista.
Cuéntame algo. Distráeme.
¿Qué te voy a contar? ¿Cómo te voy a distraer?
¿Y si nos dejaron escapar?
Todo fue un desastre. Tengo la cabeza hecha un lío. Venga.
Muerde esto.
¿Lista?
Tita no lo sabía,
pero ese era el día en que su vida cambiaría por completo.
Tita.
Pedro está en el hospital.
Lo hirieron de gravedad.
¿De arma?
Sí.
No me mienta.
- ¿Está muerto? - Te digo que está herido.
- ¿Está consciente? ¿Su padre lo sabe? - No sé más.
- ¿Quién se lo ha dicho? ¿Dónde está? - En el San Carlos.
Date prisa. Tenemos que irnos.
- ¿Cuánto tardamos en llegar? - No lo sé.
Ve lo más rápido que puedas.
Este no es el hospital San Carlos.
- ¿Madre? - Señorita, baje, por favor.
¿Madre?
- ¿Qué pasa? ¿Madre? - No pasa nada. Aquí estará bien.
¿Por qué me hacen esto?
¿Por qué me odia tanto?
¡Madre!
¡No, por favor! ¡Ayuda!
¡Suéltenme! ¡Por favor! ¡Madre!
¡Madre! ¡Madre!
¡Madre! ¡Ayúdeme!
¡Madre!
Preparados.
Apunten.
Tal vez, algún día, podamos estar juntos.
Tal vez. Sí.
Sola, sin tu cariño,
voy caminando,
voy caminando
- y no sé qué hacer. - Te quiero.
¡Fuego!
Ni el cielo me contesta
cuando pregunto por ti, mujer.
Mientras, yo estoy dormida,
sueño que vamos
los dos muy juntos
al cielo azul.
Pero, cuando despierto,
el cielo es rojo, me faltas tú.
Deja que yo te busque y, si te encuentro,
y, si te encuentro, vuelve otra vez.
Hace tiempo aprendí
que las historias no son completamente verdad o mentira.
Nadie sabe exactamente cómo pasó.
Algunos dicen que Pedro no podía irse de este mundo sin Tita,
porque sus almas, desde hace mucho tiempo,
habían quedado fundidas para siempre.
Pedro.
BASADA EN LA NOVELA DE LAURA ESQUIVEL
Subtítulos: Victoria Tormo Peris
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