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- Tengo que irme. - No, espera.
Ojalá no amaneciera nunca.
- Te quiero. - Te quiero.
FINCA LAS PALOMAS
- Estuviste fuera toda la noche. - No, madre.
Acabo de salir ahora. No podía dormir.
No me mientas, Elenita. Sé muy bien de dónde vienes.
Dejarás de ver a ese muerto de hambre de una vez por todas.
Pronto serás una mujer casada.
- Pero no quiero. - Pues lo vas a hacer.
Fidel de la Garza ya pidió tu mano.
No. Si no puedo casarme con José prefiero morirme.
Te casarás con Fidel de la Garza.
Madre.
¿Madre?
El doctor Brown ya está con Rosaura.
¿Qué le pasa? ¿Se encuentra bien?
Para el bautizo serviremos mole con pavo.
Como en el bautizo de Rosaura.
Dame la lista de todo lo que necesitas.
Tenías hambre, ¿verdad?
Yo te voy a cuidar como Nacha me cuidó.
No dejaré que te pase nada.
No puedes estar aquí.
- ¿Cómo? - No lo sé.
Cuando nació Robertito, los pechos se me llenaron de leche.
Ese día, Pedro no pudo resistir la tentación
de probar a Tita.
Me parece increíble.
A mí también. Es un milagro.
Físicamente, todo está bien.
Es sorprendente que, después de un parto tan complicado,
Rosaura se haya recuperado tan rápido.
Sin embargo, me preocupa su estado de ánimo.
¿Y la leche, doctor? No ha podido darle pecho a su bebé.
- ¿Algún remedio? - Sí.
Que tome emulsión de Scott diariamente para fortalecerse.
Pero lo más importante: debe hacer su vida normal.
Comer bien, tomar agua. Eso la hará mejorar.
Muy bien.
¡Rosaura!
¿La veo en el bautizo?
- Si me siento mejor, ahí estaré. - Bien.
- Gracias, doctor. - Hasta luego.
Ya has oído al doctor.
Cuanto más tardes en levantarte, peor.
No tengo fuerzas, madre.
Tus tías vendrán esta noche. No quiero que te vean en la cama.
¿No recuerda lo tremendo que es esto?
- ¿No fue duro para usted cuando nací? - Claro que me acuerdo, Rosaura.
No eres la primera mujer que da a luz.
Seguro que padre estuvo pendiente de usted y la cuidó.
Ojalá estuviera aquí.
Eras muy pequeña cuando murió. No puedes echarlo de menos.
Pero sí lo echo de menos. ¿Usted no?
Basta de lamentaciones, arriba.
- Un día más, madre. - Eso mismo dijiste anoche.
- Solo una noche más... - Debes atender a tu familia.
Tu hijo te necesita, ¿no te das cuenta?
Roberto no me quiere.
Por eso no tengo leche, ¿no se da cuenta?
Robertito solo quiere a Tita.
La familia me pidió que reconociera el cuerpo.
A su amigo lo torturaron durante horas.
Y luego lo mataron de un tiro en la nuca.
¿Cómo se puede matar un hombre así? ¡Sin cargos, sin juicio!
Vaya con cuidado.
Podría haber hablado mientras lo torturaban.
No. Él jamás delataría a sus compañeros.
Claro.
Hay... otra cosa.
- ¿Qué? - Son rumores.
Pero dicen que quien mató a Santiago fue...
Fue su tío, el coronel Felipe Muzquiz.
Pesa mucho, padre. Pesa.
Levanta bien el arma y dispara.
- ¿Cuál te gusta más? - ¿Para qué son?
¡Apunta!
- Me lo pondré para el bautizo. - No vamos a ir.
Pero nos han invitado.
Toca llevarse bien con tu sobrino,
si queremos que Julito tenga la finca.
Ya te he dicho que no vamos.
Pero ¿por qué no? ¿Qué ha pasado?
- Nada. - ¿Cómo que nada?
A ver, hijo.
Mira. Levanta bien el arma
y apunta.
Y, como si fueras a matar un hombre, dispara.
¿Lo has visto? Como un hombre.
Mi niño precioso.
Fina, llévate a Roberto con Rosaura.
Y rápido, porque Delfino está esperándonos.
Sí, señora.
Pero ya se ha dormido.
- No puede pasar tanto tiempo aquí. - Yo me crie aquí.
Aquí está la lista.
Está bien que le prepares los tés y los atoles.
Cuando termines de darle el pecho, se lo das a Rosaura.
- Sí, madre. - Y saca la cuna de tu cuarto.
Al cuarto de Gertrudis. Roberto debe estar con su madre.
- ¿Y si se despierta con hambre? - Lo escucharás llorar, hazme caso.
Sésamo, chile,
chile mulato, chile pasilla, clavo...
Almendras, señora, también almendras.
¿Tienes la lista, Nacha?
...chile ancho, cacahuetes, clavo,
azúcar, canela, pimiento,
unos dientes de ajo, unas semillas secas.
- ¿Esta es la tienda nueva? - Sí. La acaban de abrir.
Dicen que tienen un chocolate que traen de Oaxaca.
Aquí podemos encontrar lo que necesitamos.
Pues vamos a entrar.
¡Voy! Voy.
Buenos días. Díganme, ¿en qué puedo ayudarlos?
- ¿Conoce ese lugar? - No.
- ¿Y usted, caballero? - No, nunca he estado allí.
Se llama Nido de Gatos. Está cerca. Yo voy mucho.
En ningún otro lugar la luz del amanecer es tan bella.
- Quiero hablar con tu jefe. - Yo soy el jefe. Este negocio es mío.
Me costó, pero finalmente lo logré.
- Felicidades, entonces. - Gracias.
¿Qué te pasa, Elena?
No sé. Será la mezcla de olores.
- O el calor. - ¿Quiere un vaso de agua?
- ¿O un té de canela? - No.
Nacha, encárgate tú. Te esperamos fuera.
- Sí, señora. - Vámonos.
A ver si lo tiene todo.
Necesitaba tomar el aire.
¿De dónde conoces a ese mulato?
No lo conozco. ¿Por qué lo iba a conocer?
Señora, le doy a Rosaura. Voy a por las cosas.
Sí, dame a la niña. Ven, Rosaura.
¡Elena!
Te fuiste sin despedirte.
Mis padres me llevaron lejos.
Pero aquí estoy. He venido por ti.
Nunca te he olvidado.
Ni yo.
Señora.
¿Señora? Señora, tiene que pagar.
Claro.
Habrá alguna razón por la que no quieras ir al bautizo.
Para Julito es importante que lo acepte la familia.
Mi sobrino es un traidor.
¿Un traidor? No te entiendo. ¿Quieres decir un rebelde?
Estaba con el grupo ese que nos atacó hace unos días.
No me lo creo. ¿Tú lo sabías y no lo has detenido?
- ¿En qué estás pensando? - Es mi sobrino.
¿Qué quieres que haga? ¿Que lo detenga y lo fusile?
- No le puedo hacer eso a mi hermano. - Sí puedes porque es tu obligación.
¿Dejarás que la finca la dirija un criminal?
¿De verdad es el respeto a tu hermano lo que te detiene?
¿O te has vuelto un blandengue?
Valentina.
¿Qué le dijiste a Julito mientras disparaba?
¿Te acuerdas?
"Como un hombre". Te oí decírselo.
Si quieres que Julio sea un hombre...
fuerte,
tendrás que predicar con el ejemplo.
Llegó el momento de levantar la voz y reclamar tu parte de la finca.
Se trata del futuro de Julio.
Tienes que elegir entre tu sobrino o tu hijo.
Me casé creyendo que tenías más de esto.
¿Me equivoqué? Dímelo tú.
Porque no quiero compartir mi vida con un cobarde.
Me alegra que cenaras con nosotros.
Poco a poco, te sentirás mejor.
¿Por qué Roberto duerme en el cuarto de Gertrudis?
- Allí se sentirá solito. - Fue idea de mi madre.
Buenas noches.
Espero que mañana te sientas mejor.
Hueles igual que Robertito.
Los dos oléis a Tita.
- La llevas pegada a la piel. - Tonterías.
- En el salón dormirás mejor. - ¿En el salón?
No finjas que quieres dormir conmigo, Pedro.
Pero ¿qué te pasa?
Tita te contó que le robé tus cartas, ¿no?
Rosaura.
- ¿Os estáis acostando? - No. No hay nada entre nosotros.
¿Nada?
Hasta un tonto se da cuenta de que la quieres por cómo la miras.
- A ver, hazme el favor de escucharme. - Hazme tú el favor de ser sincero.
Aunque no la toques o no os habléis, aunque no te metas en su cama...
la quieres. Yo sé que la quieres.
Sí.
Sí, ¿qué?
- ¿No te atreves a decirlo? - Sí.
La quiero. Quiero a Tita.
Pero jamás me he acostado con ella, te lo juro.
Bueno, ya lo has dicho.
¿Ahora qué se supone que debo hacer?
Lo mismo que yo.
Criar a nuestro hijo.
- Gertrudis. - Hola.
Tenía muchas ganas de conocer a mi sobrino.
- ¿Dónde está? - Ven.
Qué precioso.
¡Qué precioso es!
Es un angelito.
- Qué ganas de achucharlo. - No, si lo despiertas, te mato.
Muy bien.
¿Gertrudis?
Hola, madre.
No se preocupe, madre. No tendrá que verme más.
¡Ven!
Te he echado tanto de menos.
Tita no pudo evitar sentir celos de Gertrudis.
¿Por qué a ella su madre nunca la había abrazado?
¿De dónde venía ese rechazo que le tenía desde niña?
- ¡José! ¡José! - Elena, ¿qué pasa?
- Me va a matar. - ¿Quién?
- ¿Qué ha pasado? - Estoy embarazada.
Mi amor, ¿y por eso estás llorando?
Sabrá que no es suyo. ¿Qué vamos a hacer?
Estoy dispuesto a dejarlo todo por ti.
Por nosotros. ¿No quieres tú?
Claro que quiero. Es lo único que quiero, pero ¿cómo?
Vámonos. Huyamos, Elena.
La vida nos da otra oportunidad. No la desperdiciemos otra vez.
Rosaura.
Mi amor, perdóname.
¡José! ¡No!
¡José! ¡José! ¡José, no!
José, no. ¡No!
¿Todavía te quieres ir con él?
Con el pasar de los meses, Tita se propuso disfrutar
de los pequeños momentos que aún le daban felicidad.
Al cocinar, dejaba brotar sus emociones
derramando los sabores en sus platos.
Todos los ingredientes que usaba
se impregnaban de la euforia y del amor
que Tita sentía al cuidar de Pedro y Roberto.
Esa familia que tanto deseaba que fuera la suya.
PAVO CON MOLE
Por cierto, ¿cómo va la cosa con su padre?
¿Se está arreglando?
Hasta ahora no había querido conocer a su nieto.
Ha venido al bautizo para evitar habladurías.
Dudo mucho que me vuelva a tratar como antes.
Bueno, el tiempo lo cura todo.
No todo, doctor.
- Es que no para de llorar. - Aquí está.
Come. ¡Come!
¿Le puedo confesar una cosa?
Me emocioné mucho cuando vi al niño en brazos de Tita en la ceremonia.
Es... es un placer ver cómo lo cuida.
Sí, Tita ha sido de gran ayuda para Rosaura.
Bueno, para todos.
Me curó la herida, ayudó con el parto
y ahora cuida a Robertito.
¿Por casualidad sabe si tiene pretendientes?
- ¿Está interesado en ella? - Así es.
Creo que me vuelvo a enamorar.
Lo siento por usted, doctor, doña Elena se lo prohibió.
- ¿Cómo? No, no me lo creo. - Pues créaselo.
Así funcionan las cosas en esta casa.
- Si me permite, ahora lo veo. - Por supuesto.
Hola, ¿cómo está?
Come, por favor, come.
Más para arriba.
- Por favor. - Empínaselo más.
No, es que no quiere comer. No quiere comer. Toma.
- ¿Adónde vas? - No me siento bien.
Le voy a dar de comer adentro.
- Hay mucho ruido, por eso llora. - Ve.
Padre.
Muchas gracias.
Después de lo que pasó, pensé que no vendría.
Mi obligación es estar aquí, ¿no?
- ¿No invitaste a tu tío? - Sí. Sí.
- ¿No ha llegado? - No lo sé.
Ni confirmó ni rechazó la invitación. ¿No sabe nada?
No. Hacía años que no veía a las hermanas De la Garza.
¿Ya le han dicho lo mucho que Roberto se parece a usted?
- ¿A mí? - Sí, muchísimo.
No crea que a doña Elena le hace mucha gracia.
Disparates. No se parece a mí en nada.
- Tita. - ¿Sí, doctor?
- ¿Necesita algo? - No, no.
- Solo quería felicitarla. - ¿A mí?
- Sí. - ¿Por qué?
Para empezar, porque ese mole huele que alimenta.
Gracias, doctor.
¿Le puedo hacer una pregunta? ¿Qué usó para curar a Pedro?
Tepezcohuite, pulpa de maguey y baba de nopal.
Las jóvenes como usted no conocen ese tipo de remedios.
Yo lo aprendí de mi abuela. Era de origen kikapú.
- ¿Usted dónde lo aprendió? - De Nacha, mi aya.
- Claro, la buena Nacha. - Sí, me enseñó muchas cosas.
Tita...
yo sé que no debería hablar estos asuntos con usted.
Pero no puedo evitar decirle lo que pienso.
¿Sobre qué?
Me dijeron que usted no puede casarse.
- Hoy es día de fiesta. - Sí, pero escúcheme.
Nadie tiene el derecho de decidir sobre la vida de las mujeres.
Nadie. Ustedes deberían decidir sobre su propia vida.
Sí, aquí la gente piensa diferente.
Por eso se lo estoy diciendo.
- De hecho, quisiera decirle... - Señorita.
Señorita, nos envía su madre.
- Todos están impacientes. - Ahí está la comida. Venga, vamos.
Tita de la Garza.
Llevo tiempo pidiéndote alguna receta
y nunca me la das, pero esta vez no te libras.
¿Qué le pusiste que está tan bueno?
Verá, señora Lobo, en la cocina solo hay un secreto.
¿Y se puede saber cuál es?
Ponerle el corazón a cada plato que hagas.
¡Bravo, bravo y bravo!
Un brindis.
Brindo por nuestra amada tierra a la que echamos de menos en Texas.
- ¡Por Piedras Negras! - ¡Por Piedras Negras!
- Salud. - Salud.
¿No va a probarlo?
No tengo apetito, padre.
- No sea así, por favor. - Cómaselo usted, padre.
Don Pedro, pruébelo. ¿No le apetece?
Vamos a probarlo.
Sin aviso,
igual que el sabor dulce del mole toma por sorpresa al paladar,
los invitados se vieron envueltos en una felicidad desmedida.
El nacimiento de Robertito, el milagro de poder alimentarlo
y la posibilidad de tener una familia con Pedro
habían causado tanta felicidad en Tita
que terminó desbordándose sobre su plato.
¡Tita!
No quisiera ofender el recuerdo de mi esposa,
pero este es el mejor mole que me he comido.
Gracias, don Pedro.
- Quisiera ver a mi nieto. - Claro que sí, acompáñeme.
Con su permiso.
- ¿De verdad se parece a mí? - Yo creo que sí.
Esa naricita es Muzquiz.
Si mi esposa pudiera verlo.
- Tiene mi nariz. - Se lo dije.
Ojalá no haya heredado también mi carácter.
Tita.
Hijo, te dije cosas muy graves.
Lo de los Alejandrez debí gestionarlo de otra forma.
- Padre, no hace falta... - No comparto tus ideas.
Pero intentaré respetarlas.
Aprende de mis errores
para que seas mejor padre con Robertito.
¿Qué pasa? ¿Por qué entran así en mi casa?
Estoy buscando a Pedro.
Viene a por mí. Me matará como a Santiago.
No, no. Huye, hijo. Vete ya.
- Yo sé dónde. - Padre.
¿Y este circo para hablar con su sobrino?
Vengo a detenerlo.
¡Ustedes! Vayan a los graneros, los establos. Regístrenlo todo.
¿Por qué se lo lleva? ¿Qué ha hecho?
Le pregunto que qué hizo.
- Felipe. - Tú no sabes quién es tu hijo.
¿No lo conoces? Es un rebelde, traficante de armas.
¿Eso es verdad, don Pedro?
Entren y busquen en todos los rincones.
¡Regístrenlo todo! ¡Vamos!
Deberías haberme avisado.
Si me lo hubieras dicho, se hubiera entregado.
¿Por qué me haces esto?
- Madre, ¿qué pasa? - Tu marido es un rebelde.
Eso es imposible. ¿Adónde van?
Vamos al salón, vamos.
Andando. Aquí no hay nada.
¿Dónde está mi sobrino?
Lo vi con los invitados.
Robertito está dormido. ¿Podemos dejarlo tranquilo?
Sus hombres vieron que Pedro no está aquí.
Vigilaré muy de cerca esta casa. Y a sus hijas.
Recuerden que esconder a un rebelde es un acto de traición.
- ¿Tú qué sabes de Pedro? - No sé nada, madre.
¿Te vas a ir sin despedirte?
- Solo cumplo con mi deber. - No. ¿Tu deber?
Te presentas el día del bautizo para llevarte a mi hijo en público.
- ¿Ese es tu deber? - Es un revolucionario.
¿Y qué harás cuando lo encuentres?
¿O la familia ya no significa nada para ti?
¿Tú crees que yo podría hacerle daño a tu hijo?
Pedro, ya puedes salir.
- Debes irte enseguida. - ¿Cómo están Robertito y mi padre?
- ¿Fue a la finca? - No te preocupes. Ponte a salvo.
Vine aquí para estar contigo. Si me voy, no sé si te veré.
- Acabarás detenido. - No quiero despedirme de ti.
- Vente conmigo. - Robertito me necesita.
Voy a cuidarlo, le hablaré de ti.
Esperaremos a que vuelvas, pero, ahora, vete, sálvate.
No me odias, ¿verdad? Dime que no me odias.
Tal vez, algún día, podamos estar juntos.
Tal vez, algún día, podamos tener la vida que queremos.
Tal vez. Sí.
¿Tú lo sabías? ¿Sabías en qué andaba metido Pedro?
- ¿Y madre? - ¿Estás lista?
- ¿Qué está pasando? - ¡Dime dónde está!
- Madre, por favor. - ¿Te vas a ir con él?
- ¡No me voy de aquí, Rosaura! - ¿Podéis dejar de gritar?
- ¿Por qué se van? - Tengo que proteger a tu hermana.
Los militares pueden tomar represalias.
No pueden. Rosaura no tiene leche y Roberto necesita mis tés.
- Los tés no alimentan. - Se vienen a vivir con nosotras.
Le buscaremos una nodriza.
- Vámonos, Rosaura. - Marchaos.
- Quiero ir con él. - Tú no eres su madre.
Si me lo quita, me voy a morir.
No digas tonterías, Tita, nadie se muere de amor.
Tienes los ojitos de tu padre, Gertrudis.
Nacha, llévate a las niñas.
Sí, señor.
No me siento bien, Fidel.
Fidel, no. Te digo que no quiero. Estás borracho.
- Me darás un niño de una vez. - Fidel. No.
Aunque esto era algo que sucedía con normalidad
en los matrimonios de esa época,
a partir de ese día, Elena no volvió a ser la misma.
Todo el odio y la repulsión de ese momento,
lo volcó sobre el producto de esa violación:
mi tía tatarabuela Tita.
Deberías estar en la cama. El médico te aconsejó reposo.
- ¿Qué me importa lo que diga ese? - A mí sí, ¡suficiente!
¡Eh! Quiero que mi hijo nazca sano.
Ya mandaré a alguien para que recoja las setas.
¡Elena! Ayúdame, por favor.
Elena.
Ayúdame.
Ayúdame, por favor, Elena.
¡Elena!
Al menos, déjeme despedirme de él, por favor.
Hola, Robertito. Hola.
¿Qué pasa? Tranquilo. Mi niño precioso.
¿Lo ve, madre? Conmigo no llora.
Déjeme ir con él.
- Dáselo a tu hermana. - Dámelo, Tita.
- ¡No, Rosaura! - ¡Dame a mi hijo, ya! ¡Ya!
- Madre, déjeme ir con él, por favor. - No empieces.
- Sin mí no comerá. - Basta, Tita.
- Por favor. - ¡Basta de lamentaciones!
- Por favor. - ¡Basta!
- ¡No! ¡No! - ¡Tita de la Garza, alto!
- ¡No! - ¡Basta! ¡Basta ya!
- ¡No! - Entra en casa. ¡Que entres en casa!
¿No ves que tu sitio está en esta casa?
¡Basta ya de lamentaciones! ¡Basta!
¡Me tienes harta, Tita de la Garza!
Tita sintió que su mundo se terminaba.
No podía imaginar que lo peor estaba por llegar.
BASADA EN LA NOVELA DE LAURA ESQUIVEL
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