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No lo entiendo.
Él me quiere a mí.
Lo sé, hija.
Por eso sé que lo hizo por algo.
No lo defiendas, Nacha.
Pedro se fue sin dar la cara.
¿Por qué no puedo casarme ni tener mi propia familia?
¿Por qué mi madre me castiga así?
No te entiendo.
-¿Por qué le hiciste caso? -¿Qué alternativa me dio?
Usted lo escuchó: "Mi hija nunca saldrá de esta casa".
También te oí decir que te casarías con Tita, quisiera yo o no.
-"Es ella o ninguna". -Pues por eso, padre.
¿Crees que esa locura te funcionará, Pedro?
No sé. Se me ocurrió y lo solté.
Ningún hombre cuerdo haría eso.
Entonces me he vuelto loco.
Pero no había otra forma de estar cerca de Tita.
Es preciosa, Miguel.
La semana que viene nos vamos a San Gabriel de los Hornos.
¿Tan pronto?
Si queremos seguir adelante con la boda,
debes conocer a mis padres.
¿Elena? Presta atención.
Aprende a defender tu casa.
FINCA LAS PALOMAS
¿Ahora tienes dudas?
¡No! ¿Cómo voy a tenerlas?
Nacha. ¿No tienes nada que hacer? Vete a la cocina.
Señora, por favor. Juro que ya se va y no volverá.
¿Cuántas veces te he dicho que no puede estar aquí?
Vete a la cocina y llévate a la niña.
Es la última vez que te lo digo.
Nacha nació aquí. Este es su sitio y nunca se va a ir.
¿Está claro?
Al saber que Pedro se iba a casar con su hermana,
el invierno entró de golpe en el corazón de Tita.
El frío que sentía calaba más que el viento de la sierra.
Era un frío que nacía en sus huesos.
Nada en la vida podía abrigarla sin el amor de Pedro.
Tita deseaba que todo el amor que deseaba por él
se convirtiera en odio.
Pero ¿se puede odiar lo que se ama?
No entiendo por qué no podemos elegir con quién casarnos.
Ya va siendo hora de acabar con esa estúpida costumbre.
Yo querré a quien quiera. Nadie elegirá por mí.
-Al menos tú sí que puedes casarte. -Lo siento, Tita.
Vamos, date prisa.
¡Juan! ¡Juan!
Llévate este caballo.
¡Juan! ¿Dónde estás?
Pascual.
Señor, ¿está bien? ¿Qué le ha pasado?
-El maldito caballo me tiró al suelo. -Se lo dije, señor.
-Que ese caballo estaba cansado. -¿Es culpa mía?
-Si lo hubieras herrado bien... -La herradura estaba bien, señor.
-¿Cómo? -Juan...
Si el señor dice que estaba mal puesta, así fue.
Discúlpate.
Yo no hice nada mal, papá.
¿Sabes cuál es el problema, Pascual?
Que ahora los jóvenes creen que tienen la razón.
Discúlpate.
¡Que te disculpes!
Ya estoy cansado de pedir perdón.
Disculpe, don Pedro. Hablaré con él y le pedirá perdón.
No hará falta.
Quiero que os vayáis de mi casa.
-Don Pedro... -¡Se va hoy toda la familia!
Ya no os quiero en mi finca.
-¿Quieres que le diga algo? -No.
-¡Tita! -Lo caparía como a un cerdo.
Voy adentro.
Grita si me necesitas.
Tita, tenemos que hablar.
Tita, espera. Escúchame, por favor.
Ya has traído el ganado. Mi madre se pondrá muy contenta.
Déjame explicarme.
Mi madre dice que no puedo casarme y tú te casas con mi hermana.
Eso es: todos deciden sin consultarme. Pues muy bien.
Que seas muy feliz.
Ven.
¡Pero mírate! Estás temblando.
¡Pedro! ¿Viene a cortejar a su prometida?
Claro. Para eso he venido.
-Doña Elena, he hablado con Nicolás. -¿Hablando con mi capataz?
No están contentos con los días de pago.
¿Y cuándo no ha estado descontenta la peonada?
Están hartos.
-Podría hablar con ellos... -Déjemelo a mí.
Y no coja confianza con ellos.
-Hasta luego. -Venga, Pedro.
Tenemos poco tiempo para conocernos antes de la boda.
-Rosaura. -¿Sí?
Verá.
No quiero que se sienta forzada a nada.
Si se negara a esta boda, lo entendería.
No se preocupe, Pedro.
Yo sé que un día vamos a ser muy felices juntos.
-¿Me acompaña? -Claro.
Me voy a ir de aquí, bien lejos.
-¿Y adónde irás? -No lo sé.
Adonde sea.
Hija, yo sé que tú lo quieres.
Y él siente lo mismo por ti, desde que erais críos.
¿Y qué hago? ¿Qué voy a hacer?
Si quieres irte, vete. Pero, primero, habla con él.
Escúchalo.
Dile lo que tienes que decirle.
Hazle caso a esta vieja.
¿Qué ha pasado?
Órdenes de tu padre. Pregúntale a él.
¿Mi padre? ¿Por qué?
El señor nos ha echado.
No es cierto. ¿Por qué haría algo así?
Porque mi hijo es un arrogante que no sabe estar en su sitio.
Te dije que no le chistaras al señor.
¡No, padre!
Le contesté porque tenía razón.
Y porque ya estoy harto de que se aprovechen de nosotros.
Es hora de dar la cara.
Vámonos, madre. No tenemos nada que hacer aquí.
Juan. ¡Juan!
-Déjame hablar con mi padre. -El daño ya está hecho.
Déjame ayudarte. Somos amigos.
¿Amigos?
Mírate en el espejo, Pedro.
Y mírame a mí.
Fuimos amigos de pequeños.
Hablaré con doña Elena. ¡Vendréis todos conmigo a la finca!
No, gracias.
No quiero más señores. Yo ya no soy de nadie.
Hoy mismo empezamos con los preparativos de la boda.
Ya llamé a la modista para que venga.
Gertrudis, tú bordarás la sábana nupcial.
Rosaura te ayudará.
Será una celebración discreta.
Con el país al borde de la guerra, hay que guardar cada centavo.
Solo Dios sabe qué nos espera.
Tita, tú te encargarás de las invitaciones.
Y ayudarás a Nacha a preparar la comida del banquete.
Madre, ¿puede hacerle una pregunta?
¿Qué quieres saber?
¿Usted de verdad es mi madre?
Porque es raro que, siendo mi madre, me trate así.
Basta, Tita.
¿Por qué siempre me hace daño?
-¿Qué le he hecho yo? -¡Basta, Tita! ¡Cállate!
Cállate.
Claro, madre. Ya me callo.
Tita siempre sintió el desprecio de su madre.
Pero nadie le reveló los motivos de ese odio.
El corazón de Elena guardaba un secreto
que la hacía incapaz de querer a su hija.
Un secreto que se llevaría a la tumba.
¿Otra vez aquí, Tita?
Asómate.
¡Que te asomes!
Basta de lamentaciones.
Llora de una vez todo lo que tengas que llorar y, cuando hayas terminado,
arremángate. Hay mucho que hacer.
No estoy llorando.
Acabo de decidir una cosa.
Estarás con tu hermana en la iglesia. Serás su dama de honor.
Y no te olvides de las invitaciones.
Cuando Tita nació,
el corazón de Elena ya se había secado.
Los días previos a la boda fueron los más difíciles para Tita.
Tenía que vivir con que Pedro se casara con su hermana
y debía aceptar que su destino era cuidar a su madre.
Los días transcurrían,
pero las preguntas seguían estancadas en su cabeza.
¿Por qué ella no podía casarse?
¿Por qué no podía ser feliz como sus hermanas?
¿Por qué Pedro aceptó casarse con Rosaura?
Pipián verde, crema de guisantes, puré de boniato, costillas en adobo.
Codorniz en salsa verde, pavo con mole y pastel Chabela.
Veinte platos, Nacha. Los mismos que hicimos para mi boda.
Tita, espera. Escúchame.
-Lo hice, solo dices mentiras. -No te he mentido.
"Te quiero". "Me casaré contigo". "Te escribí todos los días".
Todo mentira.
¿Está cargada la escopeta de la abuela?
Claro que no, hija.
-Sería peligroso. -Quiero aprender a disparar.
A ver.
Estírala.
Esta será tu sábana nupcial, Rosaura.
A través de este agujero,
el hombre entra en el cuerpo de la mujer.
¿Y duele, madre?
-¿Te ríes de mí? -Gertrudis, no te rías de tu hermana.
Si juegas con fuego, a veces te quemas.
Esta tela separa el cuerpo de los esposos.
Así se evita la lujuria, que es pecado capital
y solo trae desgracias.
Haz un bordado precioso.
Después de cocinar durante tres días, Nacha estaba muerta de cansancio.
Un cansancio que venía de muy lejos.
Le pesaban los años
y todos los banquetes que, a lo largo de su vida,
le había preparado a la familia De la Garza.
Pero, sobre todo, le pesaba el recuerdo de ese gran amor
por el que no se atrevió a luchar.
Para cubrir el pastel Chabela,
solo se necesitan cuatro ingredientes:
agua, azúcar,
unas gotas de limón y carmín.
Parece sencillo preparar el glaseado,
pero hay que trabajarlo con cuidado
porque puede estropearse en cualquier momento.
El secreto está en añadir el carmín en el momento adecuado
y en que nada contamine la mezcla.
Nacha, ¿tú nunca te enamoraste...
después de Miguel?
No, después de Miguel no hubo "naide".
A mí me va a pasar lo mismo.
No, hija, no digas eso.
Escúchame bien.
No dejes que tu familia te haga lo mismo que a mí.
No dejes que nadie te diga a quién puedes amar.
Te prefiero lejos y feliz
a que estés aquí escondida, sufriendo.
Pero te suplico que, si te vas, seas tú la que quieras caminar.
No mires atrás.
Un amor perdido se queda aquí adentro.
No sabes lo que es.
Te encoge el corazón.
No llores.
Vete a la cama, yo lo acabo.
Tú eres la que está cansada.
Anda. Hazme ese favor.
Mañana tú tienes que ser la más bonita.
¡Abrid!
Baje el arma, don Pedro. No queremos hacer daño a nadie.
Largaos de aquí. ¡Largaos!
¿Qué pasa? Juan, ¿qué hacéis aquí?
-Tu amigo es un bandido y un ladrón. -El único ladrón es usted.
Lleva años robándonos la salud y la vida.
¿Y a cambio de qué? De unas tortillas y brotes.
Ya es hora de que nos devuelvan algo. Venimos porque tenemos hambre.
-Te mato, cabrón. -Calma.
¿Que yo me calme?
Vienen a medianoche para llevárselo todo.
-¡Y también a matarnos! -Nadie va a matar a nadie.
Oye, coged lo que necesitéis y marchaos.
Vámonos.
¡Padre! ¡Padre!
¡Coño!
-¿Estás loco? -¿Qué quiere? ¿Un baño de sangre?
¡Que defiendas lo que es tuyo!
Esto ha pasado por echarlos injustamente.
Discúlpeme.
¿A ti qué te ha pasado?
¡Te has vuelto un traidor!
¡Me das vergüenza!
Gracias a Dios que mañana te vas de esta casa para siempre.
¿Te ayudo a desenredarte el pelo?
No tienes buena cara. ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?
Solo cansada de estar trajinando toda la noche.
Hoy no me levantéis. Necesitaré el día para descansar.
Ojalá yo pudiera hacer lo mismo.
Vamos. Empieza a vestirte, que ya casi es la hora.
Nacha, ¿qué haría yo sin ti?
Ay, niña. Me vas a romper un hueso.
Hoy debía haber sido tu día.
Júrame que serás fuerte.
Muy bien. Vete a descansar.
Estás preciosa, hija.
¿Qué pasa? ¿Son los nervios?
Sí. No lo sé.
Madre, ¿usted y padre se querían cuando se casaron?
El matrimonio no tiene nada que ver con el amor.
¿Nunca?
No conozco a ninguna mujer de nuestra clase
que se haya casado por amor.
El amor es una ilusión.
Y las ilusiones se desvanecen.
El matrimonio es un acuerdo entre dos familias.
Un negocio.
Los Muzquiz son una familia respetada.
Poderosa.
Sus hijos van a heredar
y van a unir a dos de las fincas más grandes de Coahuila.
Daría lo mismo si la novia fuera Tita.
No pienses en tu hermana, Rosaura.
Tita debe estar a mi lado, para cuidarme.
Pero tú debes estar al lado de Pedro.
Te casarás. Tendrás hijos.
Y harás que Las Palomas crezca y perdure.
Ese ha sido mi deber y también es el tuyo.
Sí, madre.
Cumpliré con mi deber.
Pero, con el tiempo,
¿cree que conseguiré que Pedro me quiera?
Estás lista, hija.
Sé fuerte, Tita.
Ni mires a ese imbécil.
Pedro Muzquiz,
¿quiere usted recibir a Rosaura de la Garza como su mujer
para amarla y honrarla en la salud y en la enfermedad,
guardándole fidelidad hasta que la muerte los separe?
Sí, quiero.
Rosaura de la Garza,
¿quiere usted recibir a Pedro Muzquiz como su marido
para amarlo y honrarlo en la salud y en la enfermedad,
guardándole fidelidad hasta que la muerte los separe?
Sí, quiero.
Los anillos, por favor.
Rosaura, acepta esta alianza
como símbolo de mi amor y fidelidad.
Pedro, acepta esta alianza como símbolo de mi amor y fidelidad.
Arrodíllense, por favor.
Unidos ya por este sagrado lazo,
yo los declaro marido y mujer.
-¿Qué tal todo por aquí? -Delicioso.
-Que aproveche. -Gracias.
Doña Elena, qué gran banquete.
Todos los platos son deliciosos.
Son las manos de Nacha. Ella preparó toda la comida.
-Felicítela de mi parte, por favor. -Eso haré.
-Disculpen. Voy a ayudar con el vino. -Te acompaño.
Con permiso.
Nacha no se levanta. Menudo día para ponerse enferma.
Enferma por trabajar toda la noche. Hay que servir más vino.
¿Qué vino? Deberíamos servir tequila para que se queden dormidos.
Vamos.
¿Anoche asaltaron la finca de su hermano?
La tercera que asaltan esta semana.
-¿Hubo muertos? -Solo en una de las fincas.
¿Y qué ha pasado, coronel? Cuéntenos.
La que disparó fue una mujer.
¡Pues bravo!
¿Una vieja mató al dueño y tú lo celebras?
Celebro que las mujeres aprendan a disparar y defenderse.
No se defendía, cometió un crimen.
Pero la cogimos. Pronto la colgaremos.
Entonces, ¿es verdad que viene la Revolución?
¿Qué revolución va a hacer una panda de indios?
Mucho ruido y pocas nueces.
-¡Un brindis por los novios! -Sí, por los novios.
-¡Por los novios! -¡Por los novios!
-¡Que hable el novio! -¡Sí, que hable!
-¡Que hable la novia! -¡No, no, que hable el novio!
-Pedrito, unas palabras. -¡Un brindis! Que hable el novio.
¡Sí! ¡Unas palabras!
Bueno, ya que me obligan...
¡Brindo por ustedes!
Les doy las gracias por acompañarnos hoy.
Y, si me permiten,
brindo por Nacha, la cocinera de Las Palomas.
Y por todos quienes la ayudaron a preparar estas delicias.
Gracias.
-Salud para todos. -¡Salud!
-Padre, brinde conmigo. -Diga algo, don Pedro.
-Salud para todos. -¡Salud!
Si tu madre pudiera verte estaría tan decepcionada como yo.
Levanten las barbillas. ¿Listos?
¡Bravo! Y el pastel, ¡venga!
-¡Bravo! -¡Bravo!
Gracias.
Nacha, te he traído pastel.
Fina se ha pasado el día maldiciendo.
Dice que, si no te levantas, te echará un cubo de agua.
Nacha.
¿Nacha?
¡No! ¡Nacha!
Que cosa más linda en mi vida
es estar a tu lado.
Mi cielo se vuelve nublado
si aquí no estás tú.
Ahora espero con ansia
las lluvias de mayo.
Cuando probaron el pastel,
una inmensa nostalgia se apoderó de los invitados.
Aquellos que alguna vez sufrieron por amor
sucumbieron al efecto de las lágrimas de Tita.
Por favor, si mañana
mi horizonte no tiene final,
llévame
en tus oraciones.
Por mi parte, prometo echarte de menos
con otra canción.
Le pondré a una estrella tu nombre.
¿Qué le echaste al pastel?
¡Has fastidiado la boda de tu hermana, Tita de la Garza!
Nacha se ha muerto.
-¿Qué has dicho? -Que Nacha se ha muerto.
Ay qué bonita es mi vida
estando a tu lado.
La noche se encarga que puedas
escuchar mi voz.
Ya quedarán muchos días
en el calendario
para recordarte que tuyo es mi corazón.
La muerte de Nacha inundó de soledad el corazón de Tita.
Eran tanta su tristeza,
que ese día en Las Palomas hasta el cielo lloró con ella.
Perdona, estoy muy nerviosa.
Nunca he estado con un hombre.
Ni siquiera me han besado.
Bueno, la noche de bodas debe ser la primera.
-Sí. -Sí.
¿Te molesta si lo dejamos para otro momento?
-¿Estás muy cansado? -No, pero, con la muerte de Nacha,
engendrar un hijo con la muerte tan cerca,
siento que es mal agüero.
Como tú me digas.
Sí. Mejor otro momento.
Buenas noches, marido.
Buenas noches.
¿Adónde vas?
¿Usted qué cree?
Al entierro de Nacha.
Es la ceremonia de los peones, no es para nuestra familia.
-Pues yo voy a ir. -Y yo te lo prohíbo.
Esta vez no puedo obedecerla.
¿Quieres cinco azotes?
Cinco o 500. Los que quiera, yo voy a ir.
Te prohíbo que salgas de casa, Tita de la Garza.
De todas formas, voy a ir.
Nacha me crio.
Me dio de comer.
Me cuidó cuando estuve enferma.
Nunca me pegó.
Siempre tuvo buenas palabras para mí.
Me cantó cuando tuve miedo y me contó mil historias.
Me quiso como una madre quiere a su hija.
Así que, aunque usted me lo prohíba, aunque después me castigue,
voy a ir con los peones a despedirme de mi aya como se merece.
Ya te vas a ver el cielo.
Ya te vas a tu morada.
En el cielo hay
un lucero
que ilumina
mi jornada.
El amor
y el sufrimiento
libran muy
duras batallas,
enterrándose
en el alma,
como espina
del desierto.
No sé cuál es mi fin,
voy a seguir
sin verte.
Si ese era mi camino,
lo tengo que seguir.
Yo solo estoy aquí.
No pude detenerte
porque era tu destino
y te tenías que ir.
¿Qué haces aquí?
Sé que quieres mucho a Nacha. Quiero acompañarte.
Dime lo que quieras, pero, que sepas, que nada hará que te perdone.
Tu madre no me dejó otra opción.
Me dijo que tu destino era quedarte con ella,
que no puedes querer a nadie, ni casarte ni tener hijos.
Casándome con Rosaura puedo estar cerca de ti
y decidí conformarme con eso.
¿Y pensaste que yo aceptaría esa locura?
¿No quisiste saber qué pensaba yo de eso?
Tita...
te quiero.
Quiero vivir junto a ti todos los días de mi vida.
¿Durmiendo con mi hermana y teniendo hijos con ella?
No quiero a Rosaura. Tita.
Quizá me equivoqué,
pero, si no te tengo cerca, nada tiene sentido.
Pues yo quiero irme lejos para no verte más.
Ojalá te pudiera odiar.
Subtítulos: Victoria Tormo Peris
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