All language subtitles for La.Sombra.De.La.Tierra.2024.1x03.WEB-DL.1080p

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Original subtitles

¡Eh! ¡Eh! Orate. Orate, ¿qué pasa? ¡Eh!

(CHISTA)

¡Eh! Aguanta. ¿Qué pasa? Vamos arriba. Vamos, vamos.

Orate. Orate, aguanta, coño. No mueras.

Vamos, vamos, arriba.

Vamos.

Vamos, arriba. Vamos.

Orate.

Agustín. Agustín.

Emeterio. -Aguardiente.

-¡Benigno!

¡Benigno!

-Emeterio.

¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

-Hay que dar aviso en el cuartelillo,

el orate está muerto. -¿Pero qué estás diciendo, amigo?

Tira.

-¿Y dices que te lo encontraste así? -No, estaba apoyado en el árbol.

Yo lo tumbé para que estuviera mejor.

-¿Llegaste a ver a alguien? -Ya se lo dije, no, no había nadie.

-¿Tú has estado alguna vez en un cuartelillo?

-¿Eso qué tiene que ver? No. -¿Seguro?

-Que no. Bueno, sí, una vez en Zamora hace años,

cosas del orujo.

¿Qué, tú nunca te entonaste más de la cuenta o qué?

-Un poco de respeto. -¿Estabas presente

cuando se cometió el crimen? -Pues claro que no estaba presente.

-Cálmate. -¿Qué has hecho con el arma?

-No había ningún arma. Se la llevaría el que le mató.

-Así que llegaste a ver a alguien. -Me estáis tocando los cojones.

-¿Le has deseado la muerte alguna vez a alguien?

-Hasta este momento, nunca. -Emeterio, lo mataste tú, ¿verdad?

-Emeterio, no pasa nada.

-Vale, vale, vale. -Bueno.

-¡La madre que te parió! -¡Soltadme!

-Vamos. -Emeterio no ha hecho nada.

-Ese se viene con nosotros al cuartelillo,

que tiene mucho que explicar.

-¡Me voy a cagar en tus muertos, cabrón! ¡Suéltame!

-Tapad al cura con una manta y al cuartelillo.

-¿Nosotros por qué? -Sois testigos

de una agresión a la autoridad. -¡Soltadme!

Pues parece ser que ya había estado en la cárcel

por algún altercado en Zamora con navajas.

-Una cosa es una pelea de taberna y otra muy distinta un asesinato.

Yo espero que no traiga problemas.

¿Y por qué habría de ser así? Porque ha sido muy cerca

y bien podría ser obra de la Garibalda,

NO ha tenido nunca fondo.

La Garibalda ya no tiene ninguna fuerza en el pueblo.

Dicen que apenas puede respirar.

-Pues comentaban que el juicio de Emeterio será en breve.

-La muerte de un cura no es un asunto fácil,

aunque sea la de un maldito loco como Agustín.

-Así que le echarán tierra encima para poder entregarle a la Iglesia

al culpable ya en prisión. -Sí, pero si no es culpable,

se pasará el resto de su vida encerrado por algo que no ha hecho.

Yo creo que ya ha llegado el momento de que me marche.

Necesito encontrar noticias de Baldo,

aunque sea por los listados de los caídos.

Hay algo que tienes que hacer por mí, Ladis.

Atilana ha empezado con la otra tierra,

las mujeres van a necesitar a alguien allí

que organice el trabajo

y Tuerto tiene que estar a otras cosas.

Bájate y ayúdales con la tierra.

No me hagas decírtelo, Ladis.

¿Dónde tiró este petate? Mi cama es esa.

Pues esta es la mía.

¿Trabajas en la presa? Contención de barros.

A eso mismo vengo yo.

Fernando Vacas. Ladislao.

Ladislao.

Ahí, ahí lo tienes, ahí lo tienes. Es tuyo.

Ahora, ahora, ahora, ahora, ahora.

A por él, a por él, a por él.

Bien, bien. Aguanta un poco.

No me siento muy allá.

Eh, amigo. Eh, amigo.

Te fuiste muy pronto.

Vamos a seguir con el pulso tú y yo solos.

Venga, déjame tranquilo. Guarra.

Venga, preciosa.

Vamos.

Si ya sabía yo que tú eras de otro tipo de garrote.

Vamos, bujarra, dame esa boca.

Dame esa boca. Dame esa boca. Vamos a ver.

¡Eh! ¿Qué pasa aquí?

Ladislao.

Que se instale con el Tuerto en lo de vacas.

No quiero ningún desatino en mi casa.

Pedro, ¿cómo estás? Bienvenido.

Mucho gusto.

Ladislao.

Gracias, hermano.

-¿Cómo estás, hermano? -Yo no maté a nadie, a nadie.

-Lo sé, Emeterio. Lo sé, lo sé, lo sé.

Si yo ya sabía que ese pique que te traías con el orate

no era buen asunto, pero todo se va a arreglar.

Mira, te he traído un poco de pan, queso.

-Mira, escucha, escucha.

Hay un chino que está aquí

porque le cargaron con la muerte del Demetrio.

El chino asegura que sintió cómo el hijo mayor

le decía a Demetrio que su madre le había mandado a matarlo.

-Pero eso ya se oía en el pueblo. -Ya, pero es que dice que lo oyó

con toda claridad y está dispuesto a soltarlo delante de quien sea.

-¿Y dice algo de dónde está Braulio?

-No. Cuenta que se marchó con toda tranquilidad.

Esa información para la Garibalda a lo mejor le viene bien.

-Seguro que se alegrará de todo esto.

¿Qué quieres, Herminia? ¿Qué quieres, Herminia?

-Verte, hablar contigo. Hace tiempo que no lo hacíamos.

Déjate de monsergas. Déjate de monsergas

y di qué es lo que quieres.

-Mi hermano está en la cárcel pagando culpas que no son suyas,

tú tienes contactos por tu difunto en Zamora.

Vas a sacar al Emeterio de la cárcel.

¿Por qué habría de hacerlo? ¿Por qué habría de hacerlo?

Primeramente, por haberme arruinado la vida

y después para que no te arruine yo la tuya.

-No ha nacido ninguna Herminia que me pueda joder a mí la vida.

-No, pero sí el chino de La Línea que está en el penal con el Emeterio

y que está deseando contarle a un juez que tú le ordenaste

a Braulio que matara a Demetrio.

Veo que eso sí que te interesa.

Se conoce que él estaba allí y oyó al propio Braulio contarlo

antes de marcharse.

-¿Y dice si fue Braulio el que lo mató?

-Eso que se lo pregunte tu madre al juez

cuando se siente en el banquillo.

-Bueno, pues me voy ya que te estoy entreteniendo

y tienes mucho que hace. Mala puta,

vete por donde has venido. ¿Cómo?

¡Ah!

Pues te visitaré en el penal.

Maldito sea tu hermano.

Llévame a la cama.

¿Cree usted que irá al cuartelillo? No.

Aunque así sea, aquí estaré esperando.

Todo esto es culpa de Atilana,

está envenenando a todos en mi contra

y así acallar a los que pían

que fue ella quien mató al orate Agustín.

Saturio.

No quiero cuentas contigo, Saturio, no es a ti a quien busco.

¡Atilana!

Gracias, Atilana, vengo con sofoco.

Te traigo una información que creo te puede interesar.

Después puedes hacer con ella lo que quieras,

pero si la manejas bien, estoy segura de que te va a ayudar mucho.

¿Se puede?

-¿Qué quieren? -A los buenos días, señorita.

Veníamos a hablar con su madre. -Está acostada,

no se encuentra bien. -Es urgente,

no hace falta que se levante.

Madre, son los guardias, que preguntan por usted.

Ya los he oído. Anda, tráeme algo que me eche por encima.

No, esto no, el manto nuevo.

Trae.

Deja de temblar, que parece que estás escondiendo algo.

Déjame ya. Anda, que entren.

Pueden pasar.

Buenos días, señora. Lamentamos molestarla,

pero es que se nos ha puesto en conocimiento

de algo que puede ser grave y le atañe a usted directamente.

¡Ah!

Es que estoy muy enferma. Mi madre dice que está muy enferma

y que siente mucho no poder hablar ella.

-No se preocupe, no le vamos a quitar mucho tiempo.

-Una vecina se ha llegado al cuartelillo para decirnos

que hay un atestiguante que afirma que usted mandó matar a su hijo...

Demetrio.

¿Qué vecina? ¿Qué vecina?

-La señora Atilana Bernardino.

Ella nos dijo que viniéramos a verla.

-Al parecer, la noche de los hechos, Braulio González, su hijo mayor,

al marcharse sin cometer el fratricidio,

parece que dijo claramente que su madre, usted misma,

le ordenó que le matara. -¿Entonces Braulio no lo hizo?

-Por lo que se dice ahí, no, señorita.

-No.

Tránsito, hija mía,

¿cómo has podido hacerlo?

Pero, madre, ¿qué está diciendo?

Maldito sea este vientre mío,

que ha parido hijos terribles.

Espere un momento.

-Yo jamás sería capaz de hacer algo así.

Pregunten por ahí.

Yo no sería capaz.

-¿Ha sido su madre quien le ha golpeado?

Señorita, ¿quiere presentar acusación?

¿Seguro?

Nosotros vamos a seguir indagando.

Mientras tanto, estese tranquila.

Le iremos informando.

Y ahora es mejor que evite usted a su madre.

Acaban de colgar el listado.

Estoy buscando un gallego que sabe de plantas y tisanas.

Ven, que te lo miro.

Yo he sido muy afortunado,

me he librado de ir al frente gracias a Fernando,

que me enseñó de plantas.

-Nos están matando, Baldo.

Allí ninguno sabemos pelear.

Yo intento no mirar alrededor

y me pego al suelo para que no me vean.

-Nosotros solo sabemos sobrevivir,

no creo que debamos avergonzarnos por ello.

-¿Estás bien? -Estoy entre enfermos.

Supongo que tengo muchos billetes para ganarlo.

¿Adónde te mandan?

-Dicen que a la trocha de Mariel.

La verdad es que ni sé dónde queda eso.

¿Sabes lo que más me pesa de todo?

No haberme enamorado nunca.

Eso no es una piedra, Casilda.

A ver si empiezas a distinguir las cosas del campo.

-¡Atilana!

Seguid a lo vuestro.

Lárgate de aquí.

No le hagáis ni caso, ya se cansará y le irá con el cuento a la madre.

A trabajar.

¿A qué demonios has venido?

¿Te ha pedido tu madre que hagas eso?

Contesta.

Tienes que ayudarme, tía.

Está mirando.

Yo creo que está mirando. -Mira qué bien.

-Hombre, ¿qué tal? -Muy bien. ¿Y tú?

Ah, mira.

-Gracias. -No, bebed vosotros.

-Amparo, ven con nosotras.

-Tina, ¿te apetece una gaseosa? Voy a ir a por un cuarterón.

-Tranquila, se queda con nosotras.

-¿Nosotros? -La última.

-La última.

-Vamos a por ella.

(TODOS) ¡Dos, tres, cuatro, cinco!

Venga, Juliano, no jodas. -No, no, Santiago, buscaos a otra.

-No, no, no, no. Buscaos otra también.

-¿De qué te ríes?

-Nada. ¿Qué haces? -¿Eh?

-¿Qué?

-No, no, no, no, no, no.

No, no, no, no.

No me importa que duela, quiero estar contigo.

-Te quiero y no voy a dejarte...

nunca.

-Yo también te quiero.

Es Vacas.

Fernando. Que es Fernando Vacas. ¡Tina!

Ladis, es Vacas, ha vuelto. Qué guapa está.

Qué alegría verte. ¿Qué tal? Os he echado mucho de menos.

¡Qué alegría! ¿Dónde has estado? Has vuelto a crecer.

¿Has venido para quedarte? Estás preciosa.

Vaya, vaya, vaya, vaya, vaya.

Enhorabuena.

Roberto. Fernando, qué alegría.

Sí, yo también tenía ganas de veros.

Amigo Ladis.

Fernando. Qué alegría de verte, amigo.

Qué alegría de verte.

Señora.

Atilana, quisiera hablar contigo.

No me has traído a mi hijo.

No habríamos podido hacer nada para detenerle ni tú ni yo.

He estado pensando... No le has traído.

¿Para qué has venido entonces?

He pensado quedarme algún tiempo, necesito descansar.

Te pagaré por todos los días que esté aquí.

¿Hay noticias de Baldo?

Nada. En unos días sale el listado en Fresno,

pasaré a mirar.

Esta tierra es mi casa.

El tiempo que he estado fuera me ha venido bien

para reconocer que ellos son mi hogar.

No es lo que yo hubiera imaginado, pero es lo que tengo

y no quiero más.

Me estoy muriendo.

¿No sientes nada, ninguna mejoría?

¿Ya tenemos todo recogido? Sí, menos mal.

Habrá que venderlo cuanto antes. Sí.

Seguro que el chino sabe un buen mercado para vender.

No, ya no.

Dicen que está en el penal con Emeterio;

O sea, que habrá que irse hasta Sayago.

Yo no me siento con fuerzas para llegar hasta allá,

aunque supongo que es lo mejor que se puede hacer.

Puedo hacerlo yo.

¿Seguro? Claro.

Es mejor que te quedes y descanses. Yo te acompaño.

Bueno, pues nosotros nos quedaremos aquí con la sementera,

hay que sembrar trigo.

(Campanadas)

"Querida hermana, la guerra no es lo que yo creía.

No te lleva a tierras lejanas y gentes distintas,

la guerra es un país ella sola que huele a sangre y vómito ácido.

Hace días que siento la muerte a mi lado.

Sé que está aquí jugando conmigo.

Me vuelvo rápido para intentar atraparla,

pero apenas me da tiempo a ver su figura negra

escondiéndose dentro de otros.

Siempre soñaba con el futuro.

Ahora, cuando consigo adormecer el dolor y el miedo,

sueño con la casa, con Bela, con madre, contigo

y con Amparo.

Ahora entiendo que nunca nos volvimos a mirar lo que crecía

dentro de ella y debimos haberlo hecho.

Debimos haberle dado el cuidado que no parecía necesitar.

Cuídate de ella, Tina.

Juventina, sé en el presente, intenta ser feliz.

Recuérdame, hermana.

Si puedo, allá donde me lleve la muerte

pensaré en ti con amor."

¡Atilana!

¡Atilana! -¡Madre!

-¿Qué ocurre? -¡Alto!

-Atilana. Dejadla respirar.

¿Estás bien?

¿Qué ha pasado, Fernando? ¿Qué ha pasado?

-Madre.

-Fernando, vámonos, vámonos. Vámonos, vámonos.

Vuelve en ti.

Tenemos un pacto, ¿te acuerdas?

-¿Pero el cuerpo? -En el mar.

No pudo aguantar el viaje. -¿Y Teodoro?

-No sabemos nada, no estaba en la lista de los caídos.

-¿Dónde está Vacas? -Se ha quedado en la finca.

No está bien, Baldo era como un hijo para él.

Madre, ¿qué hace usted levantada?

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