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"EL REGRESO DE LA MUJER ARAÑA"
Localidad: DOMINGO Habitantes: 1492
- Buenas noches, Eddie. - Buenas, señor Stapleton.
¡Hemos llegado!
¡Hal!
¡Jean!
¿Cómo no avisaste de que venías?
No me decidí hasta ayer.
Siempre supe que te decidirías, cielo.
- ¿No vienes a verme a mí? - No, Hal.
- Vengo a trabajar. - ¿En Domingo?
Respondí a un anuncio y estoy contratada por un buen tiempo.
- Dos maletas, ¿no, señorita? - Sí.
Vendrán a recogerlas, gracias.
Parece que vienes para quedarte.
Oye, Jean,
si no has cambiado de opinión,
¿podemos vernos de vez en cuando?
Claro, Hal. Te llamaré en cuanto me instale.
¿No puedo llevarte?
Gracias, creo que me mandarán un coche.
De acuerdo. Espero tu llamada.
- Figuro en la guía. - Buenas noches, Hal.
¿El coche de la señorita Dollard, por favor?
No lo veo. ¿La espera?
Eso creía.
¿Hay taxi aquí?
Si se le llama, sí. El taxista está en Lake Drive.
Usted será la nueva empleada de la señorita Dollard.
- Pues sí. - Siendo así, la llevaremos allá.
- ¡Hal! - Ah, no...
La señorita va a casa de Zenobia Dollard. ¿La llevas?
¡Vaya que sí!
Por aquí, señora.
Buenas noches, Bill, y muchas gracias.
¡Vaya!
Se diría que le hice un favor.
Y quizá fue así.
¿A qué te dedicas?
Trabajo en el negocio familiar con papá.
Criamos ganado.
Lo que siempre te gustó, ¿no?
También me gustabas tú, Jean.
Pero ya que conoces Domingo...
Perdona, Hal. No fui muy amable
cuando me propusiste irnos juntos de aquí.
Tenías derecho a decidir.
- ¿Qué tal tu carrera? - Por un tiempo me fue bien.
Fui jefa de compras de una boutique en San Francisco.
¿No te gustaba?
Me encantaba. Pero era muy absorbente.
Mi médico me impuso reposo.
Y vienes a trabajar para Zenobia.
- ¿Cómo es ella? - Es buena, Jean.
Le cuesta dar con una empleada duradera.
¿Por qué?
Quizá el trabajo no es lo suyo.
Todas dejaron el puesto para casarse.
Tampoco tú durarás, seguro.
- ¿Siempre ha sido ciega? - No.
Le ocurrió hará dos años, en Sudamérica.
Recorrió el mundo en busca de cura.
Volvió el año pasado, para quedarse.
Debe ser terrible ser ciega.
No la culpo por ser algo ruda.
No lo es.
Tiene sus días malos, pero creo que caerá bien.
Hemos llegado.
Ahí te puedes sentar a leer.
¿Me tomas el pelo? Aquí no vive nadie.
Es una mujer solitaria.
No veo luz.
- ¿Y si no llegan a avisarme? - Deberían. Nunca sale de noche.
Vendrá a abrir Mario.
Mario, la señorita Kingsley,
la nueva empleada de la señorita Dollard.
Ya sabes mi teléfono. No te olvides.
Claro que no. Buenas noches y gracias.
¿Está la señorita Dollard?
¿No puede hablar?
Lo siento.
- ¿Señorita Kingsley? - Sí.
Soy Zenobia Dollard.
Sí, señorita.
Parece asustada. ¿Qué ocurre, querida?
Nada...
Es que está muy oscuro.
Mario olvidó encender la luz. Lo siento.
¡Mario!
Una lámpara, por favor.
Espero que nos llevemos bien y esté contenta aquí, señorita.
Lamento lo del coche. No la esperaba hasta mañana.
¿Ha cenado?
Más o menos. Tomé un bocadillo de camino.
Entonces debe tomar algo.
Mario, un vaso de leche.
Por favor, no se moleste.
Ninguna molestia.
El lugar le parecerá algo solitario.
Se veía bonito desde el coche.
Yo no noto esa soledad,
pues los ciegos siempre estamos solos.
Más adelante le hablaré de esta casa.
Los recuerdos iluminan un mundo de tinieblas.
- ¿Nació usted aquí? - Sí.
Mi abuelo construyó esta casa.
Me resulta muy tediosa,
a pesar de estar decorada con mucho encanto.
Todo es precioso.
Recuerdo pescar con mi abuelo en el lago,
a la luz del atardecer.
Es uno de mis recuerdos más vívidos.
Pero para leer, dependeré de sus ojos.
¿Podrá hacerlo?
Me esmeraré en agradarla, señora Dollard.
¿No le gusta la leche?
Sí, pero dejé de tomarla de niña.
Pues es hora de retomar el hábito.
Para que duerma bien.
Soy responsable de su bienestar aquí.
Es muy atenta, pero...
Gracias.
Si subiste sus maletas a su cuarto puedes retirarte.
¿Le leo algo esta noche, señorita Dollard?
No.
Mañana le informaré sobre su cometido.
¿Puede acercarse?
- Es muy hermosa. - Gracias.
Bonita cabeza.
Ahora la conozco como si la viese.
Esa belleza es buena señal.
Creo que va a quedarse.
Permítame su brazo. Vamos hasta la puerta.
Su cuarto está arriba, al lado del mío.
Disfrutaré de su compañía.
Buenas noches, duerma bien.
Descanse. No tiene por qué madrugar.
Gracias, es muy amable.
- Buenos días, señorita Dollard. - Buenos, querida.
Va a pensar mal de mí.
Llego tarde a desayunar el primer día.
No importa. No soy estricta con los horarios.
Siéntese.
- Mario la habrá servido. - Sí, gracias.
- ¿Ha dormido bien? - Como nunca.
Es por el aire del campo.
Mario ha traído su correo.
¿Puede abrirlo? Será una de sus tareas.
Por cierto...
La telefonearon mientras dormía.
- ¿Quién era? - Hal Wentley.
No sabía que conociese a nadie en el pueblo.
Sólo a Hal. Me lo encontré ayer al llegar.
- Me trajo hasta aquí. - Me lo dijo.
Es una factura de gasolina. 60 dólares.
Claro. La compramos a bidones,
para el generador y la caldera. Abre otra.
- Le solicitan un donativo. - Envíales 10 dólares.
Esta es para Betty Sanders, a la atención de usted.
Reenvíala. Calle 190 Oeste, 153, Nueva York.
Es mi anterior empleada.
No la volví a ver desde que cogió el autobús.
¿No se acostumbró al campo?
No fue eso. No parecía agradarle Mario.
Sé que no es agradable, pero ha nacido aquí y es leal.
Y temo que fuera de aquí no tenga porvenir.
¿Me alcanza la carta?
Mario la echará al correo.
Termine de desayunar. Estaré en el jardín.
No, la acompaño.
Claro que ella no se marchó por Mario.
Iba a casarse.
Pues me alegro.
No crea que no me agrada esto.
Conocería al chico tras emplearse.
¿No tiene un novio en San Francisco
que venga a llevársela de aquí?
No, a nadie así.
Siempre remarco lo de "soltera y sin compromiso".
Esa es mi condición.
Nadie sabe siquiera que estoy aquí.
Salvo Hal Wentley.
Espero que se quede, Jean.
- Estoy muy sola. - Cuente conmigo, señorita.
Sé que me gustará vivir aquí.
Claro que sí.
Puede llamar a Hal. Mario le mostrará el teléfono.
Gracias.
Hermosa imagen.
Me alegro mucho de pasar juntas esta velada.
¿Sigo leyendo?
No, querida. Dejémoslo en la hermosa escena.
No sabía que fuese tan tarde.
Lees tan bien que me olvidé del tiempo.
- Estarás cansada. - No, también lo he pasado bien.
Es mejor que descanses. Puedes acostarte.
De acuerdo.
Buenas noches, señorita Dollard.
Buenas noches, querida.
¿Qué ocurre?
Ah, el baúl... Puedes llevártelo.
Da igual.
Buenas noches.
No te preocupes por ella. Su salud es excelente.
Tráelas, por favor.
Hermosa criatura...
¿Verdad que quieres a Zenobia?
Pequeña mía,
aprecio tu belleza incipiente.
Crece fuerte, amiga,
y dame otro retoño.
"Señorita Betty Sanders"
- ¿Sí? - Buenos días, Jean.
Pase, señorita Dollard.
- Está cerrada. - Ahora voy.
Lo siento, me dormí otra vez.
No importa. Creí que estabas enferma.
Estoy bien.
Pero... tenía el despertador apagado.
No lo comprendo.
El aire del campo, Jean. Si estás bien, da lo mismo.
Lo estoy, pero me cuesta despertar de mañana.
Nunca me había pasado.
Tú tranquila: es bueno para ti.
- ¿Estás arreglada? - Sí, iba a bajar.
Bajemos juntas, pues.
Eres muy solícita, Jean.
Cada vez dependo más de ti.
- Procuro ayudar. - Lo haces.
No sé qué haría sin ti.
Después de desayunar, quiero que bajes al pueblo.
Mario ha ido a un recado.
Con mucho gusto.
Buenos días, señorita.
Buenos días, señor Stapleton.
No se ve un alma. ¿Dónde está la gente?
Hubo problemas en casa de Jim Standing.
Se le murieron dos vacas hoy, y su hija ha enfermado.
Cuánto lo siento...
Un año horrible, sobre todo para el ganado.
- ¿Tendrá un sello? - Claro.
Para correo aéreo.
- ¿Aéreo? - Sí. ¿No tiene de esos?
Pocos me piden.
Aquí nadie tiene tanta prisa.
¿Le valen dos de 3 y uno de 2?
Servirán.
Se los pego yo.
Betty Sanders, ¿eh?
¿No es la que trabajaba para la señorita Zenobia?
Sí, lo sé.
- No sabía que se conociesen. - La carta, por favor.
Se la echaré al correo. ¿Alguna cosa más?
La señorita Dollard quiere algunas cosas.
En la sección de conductores.
No tiene que ser esto exactamente.
Creo que lo tengo.
- Aquí está. - Me llevo cuatro.
¿En qué se ocupa ella ahora?
Creo que es algo para niños.
Siempre está haciendo cosas para los niños del pueblo.
No sé qué haríamos aquí sin ella.
- ¿Cuánto es? - Lo cargo en su cuenta.
- Dele recuerdos a la señorita. - Gracias, de su parte.
Si la ve usted, por favor,
no le diga que escribí a Betty Sanders.
¿Por qué?
Podría parecerle algo raro.
También a mí. ¿Le preocupa algo?
Quizá si me dice de qué se trata
pueda sacarla de dudas.
Me pregunto si Betty Sanders se marchó
porque iba a casarse, o por otra razón.
¿Por qué lo dice?
No lo sé bien...
Pero me lo vengo preguntando todo este tiempo.
Será que la casa me deprime.
Era un lugar alegre cuando Zenobia era joven.
...
¿Cómo osas entrar aquí sin mí?
Te dije que esperases.
No, Mario. No morirá como las otras.
No si andamos con cuidado.
Recuerda tu parte del trato,
que yo recordaré la mía.
A falta de más pruebas, parece envenenada.
Hola, Hal.
No sabía que hubiese plantas venenosas aquí.
Ni yo, y llevo aquí 20 años.
No sé de ellas por aquí.
Ni nadie.
Yo creo que murieron por enfermedad.
No muestran signos de ningún mal conocido.
¿Y Jim Standing y su hija?
¿No lo sabías? Murió hará una hora.
¿De qué murió, Cal?
No soy médico, no puedo opinar.
Sólo sé que enfermó después de desayunar.
¿Qué nos quieres decir?
A esta vaca la mató una planta venenosa.
Quizá la niña muriese por beber leche envenenada.
Ya lo entendéis.
Nadie va a comprar la leche de este pueblo.
Llamé ayer al Dpto. de Agricultura.
- Enviarán a un experto. - Hiciste bien, Hal.
Voy a esperar a que el laboratorio lo investigue.
Yo no espero. Mi ganado vale más que mi tierra.
Como sigan muriendo reses, es mi ruina.
¿No ha entrado Mario?
Sí.
Gracias, Mario, hoy no me apetece leche.
Debes tomártela. Así duermes muy bien.
No duermo bien. Tengo pesadillas.
Le parecerá pueril, pero creo que es por tomar tanta leche.
Tonterías...
Quizá prefieras fruta o...
Gracias, señorita Dollard. No me apetece nada.
¿Señorita Dollard?
Señorita, no podía dormir. Creí que querría usted...
Eres tú, Mario...
Oí ruido por aquí.
Creí que sería la señorita Dollard.
Bajé a ver si me necesitaba para algo.
¿Dónde está?
¿Qué ocurre, Mario?
Vuelve arriba y llévala a su cuarto.
Esperemos que mañana duerma mejor.
Vuelve aquí deprisa.
Buenas, Bill. ¿Tienes preparada mi cuenta?
Sí.
27,80.
Lamento que te vayas. Es un gran error.
No lo dirías de haber visto
que le pasó ayer a Jim Standing.
...
...
Me parece precipitado, Lem.
Es un error caer en el pánico y abandonar las tierras.
Sentido común. Deberías hacer igual si encuentras comprador.
...
...
Mi gente espera. Adiós.
- Buenos días, señor Stapleton. - Buenos, señorita Kingsley.
- ¿Cómo está hoy? - Bien, gracias.
Hay carta para usted.
La señora Sanders cambió de dirección otra vez.
"DEVUELTO. DIRECCIÓN DESCONOCIDA"
¿Recuerda cuando se marchó?
¿Le vendió el billete? ¿La vio subir al autobús?
No. Mario debió llevarla a la estación.
Hal, yo...
¡Qué vergüenza...!
Hablaba con tu madre y me dormí.
No sé qué me dijo.
Jean, el señor Moore. Jean Kingsley.
¿Cómo está?
Perdonad, le diré a mamá que hemos vuelto.
La señora Wentley me dijo que Hal
y usted buscan plantas venenosas.
Sí, en vano, como siempre.
¿Cómo aparecen de repente donde
nunca se supo que las hubiera?
A veces, el viento lleva semillas a kilómetros de distancia.
Y también las aves.
Su excremento fertiliza, y puede contenerlas.
¿No es raro que mueran tantas reses
y no logren dar con la planta?
Pues sí.
Y yo debo averiguar dónde buscarla.
Dónde brota y crece.
Hal es un buen botánico.
¿Pudo alguien plantarla a propósito?
Lo du...
¿Por qué piensa eso?
Bueno, tantas muertes entre el ganado local
por envenenamiento es todo un un enigma.
Hablábamos de plantas venenosas.
Ya os oí.
¿Es frecuente el envenenamiento de reses en el país?
Por suerte no.
Si una vaca come una planta venenosa,
el veneno pasa a su leche.
Si esto provoca el abandono de granjas, es muy grave.
¿Se sabe cómo erradicar la planta?
No. Por eso estoy aquí.
Hemos de dar con la forma.
Ah, se me pasó el tiempo...
- ¿Me llevas, Hal? - Claro.
- Un placer, señor Moore. - Gracias, espero volver a verla.
No, zopenco. Se ha desmayado.
Quizá ya sepa que no soy ciega.
¿Estás bien, Jean?
Ya puedes hablar. Te desmayaste.
Sí...
Acababa de entrar.
Tonta de mí...
Ya estoy bien.
Puedes apoyarte en Mario.
Ya estoy de pie.
Siéntate y come algo, Jean.
No creo que pueda.
Tonterías. El desmayo es síntoma de debilidad.
Necesitas comer.
Mario, sírvele un brandy.
Siéntate, Jean.
- ¿Te está sirviendo Mario? - Ahora mismo.
Pon otro vaso, por favor. Yo también tomaré.
Puso dos, señorita Dollard.
A la derecha del cuchillo.
¿He de comerme todo esto?
Sí.
Jean, no pruebas bocado.
No me encuentro bien. Discúlpeme.
Puedes subir y acostarte.
Gracias.
¿Cómo piensa solucionar esto?
¡No nos hace ninguna falta!
¡Cálmense, por favor!
Tom, es su casa. Hable usted.
Como sabéis, se me han muerto dos vacas. ¿Qué vais a hacer?
¡Antes que el tuyo se murió más ganado!
¡Y nos dicen que lo mató una planta venenosa!
Miren, hoy no se puede hacer ahora.
Nos ocuparemos por la mañana.
Mientras, metan el ganado en los establos.
¡De eso nada!
¿Cree que Jean está en lo cierto?
No descarto nada.
No les culpe.
Les decimos que su ganado muere por una
planta envenenada y no damos con ninguna.
- Vamos a la mansión Dollard. - Buena idea.
Querría conocerla.
Sospecho de Mario. Zenobia no tendrá nada que ver.
¿Me lees un poco, Jean?
¿O prefieres mirar mis hermosas plantas?
Mario, trae alimento.
Estas son mis hermosas plantas.
Las traje de las selvas de Centroamérica.
Iba a entregarlas a los científicos,
hasta saber que mi tío había apostado y perdido mis tierras.
Ahora, mis plantas me las devolverán.
Todas.
¿Cómo las recuperará con una planta?
Mi tierra alimenta el ganado de esos bobos granjeros,
pero no sembrada de hierba venenosa.
Creé un veneno que no deja rastro a
partir de las flores de estas plantas.
Muy ingeniosa, señorita Dollard.
Pero... ¿para qué echar a los granjeros?
Esos miles de acres me pertenecían,
y los recuperaré.
Cuando los granjeros se vayan,
los compraré a un precio irrisorio.
Mírala, Jean.
Va a beber.
Ha crecido a base de tu propia energía.
¿No comprendes?
Es tu sangre.
Vas a morir, Jean, como las otras chicas.
Pero no será una muerte verdadera.
Vivirás en estas hermosas plantas.
Me echarán en falta.
¿Qué le dirá a Hal sobre mi desaparición?
Le va a doler que le diga que te marcharte sin un adiós.
Con algo de suerte, te olvidará por completo.
Dudo que nadie sospeche de mí.
De la pobre ciega Zenobia.
Y tras recuperar mis tierras,
también recuperaré milagrosamente la vista.
Adelante, querida.
Viértela tú.
Pon algo de ti en la planta.
¡Mario, detenla!
- ¿Quién es? - Hal Wentley, señorita.
- ¡Ah, pasa, Hal! - Gracias.
¿Te acompaña alguien?
Sí. Señorita Dollard, le presento al sr. Moore.
¿Cómo está?
- Pasen a la sala. - Gracias.
El sr. Moore trabaja para el Dpto. de Agricultura.
Buscamos la planta que está envenenando el ganado.
- ¿Hubo suerte, sr. Moore? - Todavía no.
Sentimos molestarla tan tarde.
Pensamos que podría ayudarnos.
¿Con la planta venenosa?
Sí. Hal me dijo que su familia fue la primera en establecerse aquí.
Sí. Los Dollard eran dueños de toda la zona.
Pero jamás oí nada de plantas venenosas.
Creemos alguien puede estar tras esto.
¿Mario estuvo aquí toda la noche?
No. Llevó a Jean a la estación del tren.
¿A la estación? ¿Dice que Jean se fue?
Después de cenar.
Me disgustó mucho. No sabía que quería dejarme.
No sé cómo se fue sin despedirse de mí.
Ella no está bien, Hal.
Por eso no se acostumbró.
Todo el tiempo estuvo muy tensa.
Lo sé, pero...
Debía estar cerca de una crisis nerviosa o...
saliendo de una cuando solicitó el puesto.
Podría ser, pero...
¿Segura que no me dejó ningún mensaje?
Ninguno, Hal.
Pero seguro que te llama al llegar a casa.
Quizá fue a otro sitio con Mario.
- ¿Ha vuelto? - No todavía.
Pero, si fuese el caso, te avisaré en cuanto llegue.
Gracias... Se lo agradeceré.
Creía que Jean y tú estabais muy unidos.
También lo creía yo.
Estaba algo rara esta tarde, pero
no creo que se fuese por eso.
Tal vez sea mejor así.
Tal vez.
Nos vamos.
No esté levantada por nosotros.
A ver si Hal le trae otra vez, señor Moore.
Gracias, señorita. Buenas noches.
No creo que Mario la llevase a la estación.
Dudo que se marchase sin despedirse.
Pienso igual. Venga, quiero comprobar algo.
Está frío. No lo han usado.
Hay algo sospechoso.
Miraré por aquí.
Usted vaya a mi casa y pida ayuda.
¡Mario!
¡Quémalo todo, Mario!
¡Deprisa! ¡Al fuego!
¡Hay que destruirlo todo!
¡O te ahorcarán! ¡Quémalo todo!
¡Ayúdame, Mario!
¡Jean!
¡Hal!
- Zenobia... Mario... - Han muerto. Vamos.
¿Tienes frío, cariño?
Será por los escalofríos.
Te vendrá bien una bebida caliente,
relajarte y olvidar lo que ha pasado.
En casa te serviré un buen vaso de leche caliente.
¿Cómo?
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