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¡Muerte a los judíos!
- ¡Muerte a los judíos! - ¡No! ¡Deteneos!
- ¿Cómo se llama tu amo? - Hasdai Crescas.
- ¿Y tú? - Sahat.
[Arnau] Cuando las cosas se calmen,
los llevaré a casa.
¡Dios le ha salvado de la muerte
y nos da la oportunidad de mostrar nuestra gratitud!
¿Qué se necesita para ser cambista?
[Hasdai] Una casa, un aval, algo de dinero...
Y un hombre que conozca el negocio.
[Arnau] Debo mi fortuna a vuestra generosidad.
Pero en esto soy inflexible Hasdai. No más esclavos.
[Arnau] Iremos a esa fiesta.
Pero recuerda: no somos como ellos.
Permitidme que os presente a doña Elionor, la pupila del Rey.
Mi ahijada, Mar.
Es hora de que los enemigos firmemos la paz.
Grau Puig. Investígalo. Quiero saberlo todo de él.
[Sahat] El barco encallado es suyo.
Ha invertido en ese cargamento todo lo que le quedaba.
Está completamente endeudado.
Por orden del veguer,
este edificio y todos los bienes que en él se hallen
son ahora propiedad de Arnau Estanyol.
No nos vamos a rendir, padre.
¡No nos vamos a rendir!
¡Via fora, por el rey!
¡Via fora!
¿Qué es ese alboroto Sahat? ¿Qué pasa?
- Nos atacan, amo. - ¿Quién nos ataca?
El vigía ha visto una gran flota cerca de Barcelona.
Dice que son más de treinta naves...
- ¿Han avisado al rey? - Es la flota castellana.
El vigía ha visto el escudo y el heraldo del rey lo ha confirmado.
[multitud gritando]
Barcelona solo tiene cuatro galeras armadas para hacerles frente.
El resto sigue batallando en Mallorca.
¿Cuatro galeras contra treinta?
Hay que salir de Barcelona, amo.
¡Maldito traidor!
¡Cuando Castilla amenazó Zaragoza acordamos una tregua!
¡Y ahora su rey la rompe aprovechando que nuestra flota está luchando en Mallorca!
¡No deberían llamarle Pedro el Cruel, sino el Aprovechado!
¡Pero no nos vamos a rendir!
La armada castellana estará aquí al anochecer.
La recibiremos como se merece.
No podéis permanecer en Barcelona.
No pienso abandonar a mi pueblo.
Cuando nuestra armada llegue de Mallorca, ¡venceremos!
Cuando zarpen tardarán un día entero, quizá más...
Y eso si el viento es propicio...
Y si ese animal llega a Mallorca.
Este animal, Cabrera, es el único ser vivo que saldrá de la ciudad.
¡Cerrad las murallas! ¡Aprestad a la tropa! ¡Traed mi armadura!
Señor...
¿Qué cargamento lleva mi galera?
Está vacía, señor.
¿Y la tripulación?
Dieciocho remeros.
Bastará. Embarcaremos de inmediato.
¿Cuánto tiempo necesitáis para aprovisionar la nave?
Nada de provisiones.
Pero, amo, el viaje puede durar días.
No vamos a huir.
¡Eh, eh! ¿Adónde vas, Arnau?
¡El rey ha cerrado la ciudad!
¡Están huyendo! ¡Intentan salvar su barco!
¡Traidores!
¡Vuelve a tierra, Arnau!
¡Vuelve, Arnau!
¡Levad anclas!
¡Rumbo al canal, rápido!
¡Vamos, rápido! ¡Vamos!
¡Amo!
¡Nos van a abordar!
¡Alto!
- ¿Cuánto tiempo para llegar al canal? - Depende.
- ¿De qué? - Con un ballestazo en el pecho, nunca.
¿Qué os proponéis?
Enseguida lo verás.
¡Alto!
¡Nos van a alcanzar!
Tranquilo. No estamos huyendo.
Vira a babor.
¡No puedo virar! Estoy enfilando al canal.
- ¡Que vires he dicho! - ¡Encallaremos!
¡Es exactamente lo que quiero!
¡Remeros de babor!
¡Remos arriba!
¡Deteneos en nombre del rey!
¡El ancla! ¡Echad el ancla!
¡No disparéis!
¡Podéis abordarnos!
¡Han encallado en el banco de arena!
¡Han cerrado la entrada al canal!
¡Arnau Estanyol ha bloqueado la entrada a Barcelona!
[vítores]
Estanyol... ¿Por qué no habéis dicho lo que pretendíais hacer?
No había tiempo.
Acompañadme, os llevaré a tierra.
No creo que en un día como hoy haya mucho trabajo en la mesa de un cambista.
Prefiero quedarme aquí.
Tenemos que abrir una vía de agua
para que el barco se hunda bien en los arenales.
Y necesito al menos veinte ballesteros en esta cubierta.
No es sitio para ciudadanos.
La vía de agua ya la está abriendo mi tripulación.
Y el jornal de esos ballesteros lo he pagado yo de mi bolsillo.
Esta también es mi guerra, capitán.
[puerta]
Todavía las noches son frías.
¿Por qué no atacan?
¿Estás nervioso?
Pues por eso no atacan.
Saben que esta oscuridad nos pone nerviosos. Y quieren aprovecharla.
Pero no tardarán.
Nunca he luchado en ninguna guerra.
No es diferente de la paz.
La gente se mata igual, solo que no disimulan las ganas.
Conque Mar prometió morir virgen, ¿eh? No está mal.
Pero erraste en lo de Elisenda de Montcada.
El padre del caballero es pariente lejano.
Estoy avergonzado. No sé qué decir.
Dime qué le pasa a Mar.
¿Por qué no quiere casarse?
¿Por qué espanta a todos los pretendientes?
¡Nos atacan!
[grito]
¡Agua! ¡Deprisa, marineros!
¡Deprisa!
¡Vamos!
[flechazos]
¡Ballesteros! ¡Prended las flechas!
¡Fuego!
¡Fuego a esas velas!
¡Cuidado!
[multitud gritando]
¡Vamos!
¡Cortad ese cabo!
¡Id a la bodega, derramad el aceite y prendedle fuego!
¡No podemos dejar que liberen el canal!
[flechazos]
[disparo de cañón]
¿Qué ha sido eso?
[disparo de cañón]
¡Es una bombarda!
¿Quién ha sido el loco que ha armado una galera con una bombarda?
¡Su alteza el rey,
así que mide tus palabras!
[disparo de cañón]
¡Ballesteros! ¡Disparad! ¡Disparad!
¡Libertad! ¡Viva!
[vítores]
¡Viva Arnau Estanyol!
¡Viva!
[risa]
[vítores]
- ¡Viva Arnau Estanyol! - ¡Viva!
- ¡Viva! - ¡Viva!
Alteza.
Arnau Estanyol, habéis servido a la corona con honor y valentía.
Vuestro coraje y entrega han salvado a Barcelona de un asedio.
¿Cómo podría agradecéroslo?
Alteza, nada he hecho digno de mención.
Mi coraje no es mayor que el de los hombres que me acompañaban.
Sois humilde.
Pero estoy en deuda con vos,
y no por los miles de florines que me habéis prestado.
[murmullos]
He oído que perdisteis a vuestra esposa a causa de la pestilencia.
Dios quiso llevarla a su lado, alteza.
Yo también tuve la desgracia de perder a la mía por ese horrible mal.
Pero eso fue hace ya años, y seguís viudo.
Un hombre de valía no merece envejecer solo.
Por esa razón yo volví a casarme.
Tal vez...
Me haríais muy dichoso si mi hermano Joan regresara de Bolonia.
Hace años que no lo veo y es toda la familia que tengo.
No os pido más, alteza.
Estanyol, os adelantáis a mis deseos.
Estaba a punto de deciros que vais a necesitar un sacerdote.
¿Alteza?
Arnau Estanyol, os nombro barón de Granollers, Sant Vicenç y Montbui.
Y os concedo la mano de mi muy cara y amada pupila Elionor,
como prueba de amor y de amistad.
Os casaréis en cuanto vuelva vuestro hermano. Él oficiará la boda.
Arnau Estanyol, bienvenido a la corte de Aragón.
Sonreíd, es un regalo.
[murmullos]
[risas]
¡Esas baronías me fueron prometidas a mí!
Y las tendrás cuando te cases.
¡Nunca me casaré con un siervo!
No es un siervo. Es un barón.
¡Me niego a acatar una orden así!
No es una orden, es una oportunidad.
Tal vez la última que tengas antes de enviarte al convento.
¡Jamás en la historia de la Corona de Aragón
se obligó a una noble a contraer matrimonio con un... vasallo!
Y jamás un rey de Aragón estranguló a su pupila con sus propias manos.
¿Pero quién sabe?
Tampoco se habían montado nunca piezas de artillería en una galera,
y anoche gané así una batalla. Soy un rey impredecible.
Te casarás con Estanyol, serás baronesa
y no volverás a hablar en mi presencia
a no ser que te haga una pregunta directa.
¿Está claro? Y ahora retírate...
[portazo]
Formidable, alteza.
En un solo día, ganáis una batalla,
os libráis de un acreedor
y echáis de vuestra corte a su miembro más incordiante.
Y tú querías huir de Barcelona.
Donaha...
¿Ya te has enterado?
Ya se ha enterado toda Barcelona.
¿De cuánto dispondríamos si devolviéramos todos los depósitos?
¿Y para qué querríamos hacer eso?
Para cerrar el negocio y salir de Barcelona.
El rey jamás os lo perdonaría.
¿Adónde vais a ir?
Castilla y Génova son enemigos.
A Egipto, a Sicilia, adonde sea.
¿Vais a abandonar la ciudad donde sois rico y venerado
para iros al otro confín del mundo con un puñado de monedas?
El nombre de Arnau Estanyol se conoce y se respeta
en todos los puertos del Mediterráneo. No tardaría en hacerse rico de nuevo.
¡Silencio, muchacha!
¿Has pensado qué vida llevaría
una joven soltera como tú en tierra de infieles?
- ¡No tengo miedo! - ¡Basta!
¡Dejadme pensar!
¡Disculpad!
¿Conocéis a una mujer que vivió aquí?
Se llamaba Aledis, estaba casada con un curtidor.
Recuerdo al curtidor. Murió de pestilencia.
¿Y la mujer?
Supongo que también moriría. Aquí no tenemos nada que ver con ellos.
Pase lo que pase os lo suplico,
no le hagáis sufrir.
Solo yo he pecado, Madre.
Yo sola he cultivado estos pensamientos indignos.
Soy yo la que codicia una felicidad que no le corresponde.
Hacédmelo pagar a mí, Madre.
Solo a mí.
[trueno]
Perdóname.
¿Perdonarte? ¿Por qué?
Por dejarte pensar que éramos libres,
cuando no somos más que esclavos ricos.
Esta boda será buena para ti.
Cuando sea barón tendré tierras, ganado, siervos.
Y todo será tuyo.
Nunca tendré hijos con esa mujer.
Tú no quieres ser noble.
No somos como ellos, ¿recuerdas?
Que Dios me perdone.
Llené tu corazón de falsas esperanzas.
[lluvia y truenos]
Con este anillo, yo te desposo.
Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre.
Estoy tan orgulloso...
No estarás sola, Mar. Vivirás conmigo.
[campanas]
[aplausos]
¡Me engañaste! Tú me dijiste que estaba muerto.
También tú me mentiste...
- Yo tenía mis motivos... - Y yo los míos.
- No lo merecías. - Lo dejé todo por él.
Eras una mujer casada, Aledis...
¿Crees que su vida hubiera sido la misma junto a ti?
¿Acaso no has visto en lo que se ha convertido?
¿Y yo?
¿En qué me he convertido yo?
A ti no te falta de nada...
Mi honra...
Olvídate de la honra. La honra no está hecha para el pueblo.
Y si alguna vez has querido a mi hijo,
si lo has amado de verdad,
olvídate de él como he tenido que hacer yo...
Solo así tendrá la vida que ninguna de nosotras le habríamos podido dar.
¡Arnau y Elionor Estanyol,
barones de Granollers, Sant Vicenç y Montbui!
¿Quién es?
El carlán. Por ley os tiene que entregar el castillo.
Señora... Mi familia y yo hemos guardado este castillo para vos.
Y os hago entrega de él.
Te está ofendiendo. Deberías ser tú quien recogiera las llaves.
Mi esposa y yo os agradecemos vuestros cuidados.
Habéis dejado el castillo precioso.
Señora...
Bienvenida a vuestro castillo, baronesa.
Todo está dispuesto tal y como ordenasteis.
Bien.
Acompaña a la baronesa a su alcoba.
La señora baronesa se encuentra muy cansada
y no desea ser molestada esta noche.
Dile a tu señora que no se preocupe, que nadie la molestará
ni esta noche ni nunca.
¿Qué os sucede, fray Joan?
¿No tenéis apetito?
No necesito más.
Dios me ayuda a domar la carne y a evitar los excesos.
Un comportamiento digno de admiración.
¿Habéis encontrado la alcoba de vuestro gusto?
Mucho más de lo que necesito.
Os agradezco tanta bondad.
¿Y tú, Arnau?
¿Te encuentras cómodo en la tuya?
Mi esposo parece sumido en pensamientos muy profundos.
Te he preguntado, Arnau, si te encuentras cómodo en tu alcoba.
Sí, mucho.
Observo que vuestro hermano no está demasiado comunicativo.
Quizá le ha desagradado el comportamiento de alguno de mis caballeros.
Debes comprender su extrañeza.
No están habituados a matrimonios desiguales.
Pero no dudo en que cuando te conozcan mejor,
entenderán los motivos del rey nuestro señor para ennoblecerte.
Quién sabe. Puede que hasta yo misma acabe entendiéndolo.
Arnau es un hombre bueno y generoso.
No lo dudo, muchacha.
Y estoy segura de que sabrá hacer honor a la mucha bondad que se le dispensa.
¿Qué haces?
Estoy ordenando la ropa de mi padre.
Para eso están los criados.
Pero si quieres formar parte del servicio, solo tienes que decírmelo.
Me lo pensaré.
¿Algo más?
Sí.
Por orden del rey no tengo más remedio que soportar a tu padre,
pero no tengo por qué soportarte a ti.
No lo olvides.
Mañana recibiremos algunos nobles y propietarios distinguidos.
¿Crees necesaria mi presencia?
Estoy segura de que ellos preferirán que no estés.
A mí, sinceramente, me da lo mismo, pero lo dejo a tu elección.
Os dejaré a solas. Así podréis criticarme sin problema.
Si tu intención es comportarte como un ermitaño y un descortés,
no es asunto mío.
Cierto. No lo es.
[puerta]
[Arnau] ¿Ya se marcha esa piara de zánganos?
Son tus caballeros.
Y al fin y al cabo han venido a visitarte. Deberías haber salido a despedirlos.
No es a mí a quien vienen a visitar.
Desde que llegamos no han hecho más que ignorarme.
Y no me extraña.
He revisado sus libros:
están llenos de falsedades y apaños para cuadrar las cuentas.
Si los libros mienten, pídeles responsabilidades. Eres su señor.
No soy su señor ni pretendo ser el señor de nadie.
Solo me quedaré en la baronía el tiempo estrictamente necesario.
En cuanto esté todo en regla, volveremos a Barcelona,
y si la baronesa desea vivir en su castillo,
aquí lo tiene, todo para ella.
No puedes irte y dejarla aquí.
Claro que puedo.
¿No se van los barones con el rey durante meses?
Ellos marchan a la guerra, Arnau.
¿Y por qué, en lugar de huir, no visitas a esos señores
y les dejas claro que ahora eres tú quien manda?
Estos campos son ricos.
Si conocieras mejor tus dominios, tal vez cambiarías de opinión.
Lo haré.
Pero no es a ellos a quien pienso visitar.
[pisadas de caballos]
¿No deberían estar los siervos labrando las tierras?
Para eso, antes hay que sembrar.
Estos campos están abandonados.
¡Vamos!
Salid todos, deprisa.
¿Es esta tu familia?
Mi mujer no tiene leche.
No tenemos para comer.
¿Y no hay nadie de por aquí que pueda ayudaros?
Todos están igual, señoría. Nuestros hijos mueren de hambre.
¡No podemos pagar más, señoría!
¡Ya no tenemos nada!
Nada...
No le peguéis, os lo ruego.
Es cierto, no podemos pagar más.
Castigadme a mí.
No le voy a pegar,
ni a ti ni a nadie de tu familia.
No vengo a exigir nada.
[llanto de bebé]
Este dinero es para vosotros.
Ningún noble tiene derecho a quitároslo.
¡Gracias, mi señor!
¡Que Dios os bendiga!
Quiero que este niño viva.
Quiero que tú y tu familia tengáis para comer.
Y si alguien os molesta, acudid al castillo.
[Arnau] Todos están igual, Joan.
Y han sufrido epidemias, plagas.
Los campos no producen, y mueren de hambre.
Y eso no es todo...
He sabido que los nobles están obligando a firmar capbreus
a los payeses que quedan.
¿Capbreus? ¿Qué es eso?
Son...
...documentos
por los que reconocen la vigencia de todos los derechos feudales
que habían quedado en desuso en épocas de bonanza.
Como quedan pocos hombres, los sangran
para conseguir los mismos beneficios
que cuando había muchos y las cosas iban bien.
Son esclavos Joan.
Hombres, mujeres y niños hambrientos,
que a nadie parece importar.
Señoría, la baronesa desea hablar con vos.
- ¿A estas horas? - Me refería al padre Joan, señoría.
Dile que estoy ocupado.
Ve.
Eres el único contacto entre nosotros.
He decidido convocar a todos los nobles, payeses y siervos
para la Virgen de Agosto.
¿Qué os parece, fray Joan?
¿Puedo preguntar con qué objeto?
Para que rindan homenaje a la pupila del rey.
Y al esposo de la pupila del rey...
También.
También, por supuesto.
¿Y creéis que los nobles vendrán?
¿Por qué no?
Deben renovar su juramento de fidelidad y reiterar el homenaje a sus señores.
Celebraremos misa al aire libre
y daremos un gran banquete.
Puede que así Arnau deje de prestar tanta atención a los siervos
y comience a cultivar amistades más recomendables.
Si vos lo consideráis oportuno, señora.
Lo considero.
Esa muchacha...
La hija de Arnau.
No es su hija realmente, ¿verdad?
Es huérfana.
Vuestro esposo la recogió como un acto de bondad.
Debería buscarle un marido, ¿no creéis?
¡Paso! ¡Dejad paso!
[trote de caballos]
[caballo relinchando]
Han venido todos los nobles y caballeros de nuestros dominios.
Espero que esta vez te comportes como se merecen.
No pienso defraudarte.
¡Nobles y caballeros!
Hoy,
día de la Asunción de la Santísima Virgen María,
habéis venido a presentar vuestros respetos a nuestros señores.
¿Prestáis homenaje a Arnau Estanyol y a su esposa doña Elionor,
barones de Granollers,
San Vincenç y Montbui?
¡No!
¿Os negáis?
Ni siquiera el rey puede obligarnos a prestar homenaje
a una persona de condición inferior a la nuestra.
¡Es la ley!
¡Nunca prestaremos fidelidad
al hijo de un siervo,
por muchas baronías que le sean concedidas!
¡Podéis negaros al homenaje,
pero eso no deroga la obligación
de prestar servicios a vuestros señores y firmarles de derecho!
¡Eso también es la ley!
¿Estáis dispuestos a ello?
¡Firmaremos de derecho!
Acepta, Arnau.
Así salvan su honor, pero quedan igualmente obligados.
¡Nobles y caballeros!
¡Yo, Arnau Estanyol,
barón de Granollers, San Vicenç y Montbui,
declaro proscritas de mis tierras
todas aquellas costumbres conocidas como malos usos!
¡No podéis hacer eso!
¡Sí puedo!
¡Acudiremos al rey!
¡Hacedlo! Estáis en vuestro derecho.
¡Declaro derogados los derechos de los nobles
a heredar de sus vasallos, maltratarlos a su antojo,
apropiarse de sus bienes y yacer con las esposas en su noche de bodas!
¡Declaro igualmente proscritos
cualesquiera otras obligaciones de los rústicos,
que no sea el justo pago del canon por sus tierras!
Declaro libres a los siervos para cocer su pan,
herrar a sus animales
y reparar sus herramientas en sus forjas.
Y por último...
¡Os declaro libres!
[vítores]
¡Esto no quedará así! ¡El rey no lo consentirá!
¿Tú qué opinas, querida?
¡Viva Arnau Estanyol!
¿Qué será de esas pobres gentes si después de darles esperanzas
el rey Pedro te quita la razón?
El rey Pedro no pondrá en entredicho mis palabras.
Has ofendido a los nobles, y el rey es el primero de todos ellos.
Puede que no sepa nada del honor, la nobleza o la caballería,
pero sé bien cuánto le he prestado al rey para sus campañas militares.
¡No pensarás dejarme aquí!
¡No puedo quedarme donde me has hecho sufrir la mayor de las humillaciones!
¿Prefieres seguirme a Barcelona?
¡Eres mi esposo!
¿Qué haría yo sola en este castillo?
Firma.
No.
Si derogas los malos usos, nos quedaremos sin tierras.
Firma.
Vivirás en un palacio de la calle de Montcada,
con todo el dinero y lujos que jamás hayas soñado.
¿Qué garantías tengo de que cumplirás tu palabra?
La de que cuanto mejor vivas,
menos nos molestaremos mutuamente.
Padre Albert...
¡Arnau!
¿Cómo os encontráis?
Bien, bien, hijo, bien.
Rezando por el alma del Cónsul de la Mar.
Su muerte ha sido una desgracia para todos.
Cierto.
No sobran los hombres justos y respetados para ocupar un puesto tan importante.
Al parecer, los prohombres de la ciudad ya han elegido candidato.
¿Quién?
¿No lo imagináis?
No hay nadie mejor para ocupar ese puesto.
Tendría que impartir justicia, Sahat,
y no me siento capacitado.
Los prohombres piensan lo contrario.
Están impresionados con lo que habéis conseguido en vuestros dominios.
Una cosa es enfrentarse a los privilegios de los nobles
para dar una vida digna a los payeses y que las tierras rindan,
y otra muy distinta es enfrentarse a los problemas que tiene Barcelona.
Todo está unido, amo.
Nuestra moneda se devalúa constantemente en los mercados extranjeros.
La ciudad se ha endeudado hasta las cejas,
y la gente apenas obtiene beneficios con el comercio.
Todos se pondrían en vuestras manos, si aceptarais.
Y yo seguiría ocupándome de vuestros negocios, como siempre.
[consejero] No puedes negarte, Arnau.
Del rey abajo, no hay nadie más respetado en la ciudad.
¿Y qué ganaría con ello?
¿Aparte de la notoriedad?
Tendrías un pequeño ejército de hombres a tu servicio,
un despacho y una sala de audiencias en el palacio de la Lonja.
Y lo mejor de todo: no estarías bajo la autoridad del veguer.
¿Y los nobles? Muchos siguen furiosos conmigo.
Con tu dinero, tu título y tu nueva posición,
nadie se atreverá a cuestionarte.
Arnau, acepta el cargo.
Hijos, presentad vuestros respetos al Cónsul de la Mar.
¡Jucef!
¡Cómo has crecido!
¡Mírate, Raquel,
estás preciosa!
¿Y vuestra esposa? ¿No viene al almuerzo?
Me temo que a Elionor no le gusta mucho la comida judía.
Yo diría que le provoca urticaria.
Como todo lo judío a la mayor parte de los barceloneses.
Con la ayuda de Dios, las cosas cambiarán algún día.
Espérame aquí.
Señor D'Area, me han dicho que sois el mejor abogado de Barcelona.
El mejor no sé,
pero el más viejo, casi con seguridad.
Sentaos, por favor.
Iré al grano:
¿qué sucedería si mi esposo falleciera?
Imagino que vuestra consulta se refiere al aspecto patrimonial.
Tengo entendido que no tenéis hijos de vuestro esposo, ¿es cierto?
Debo saberlo.
No, no los hemos tenido,
todavía.
Si le sobrevivís, vuestra dote os será devuelta.
En cuanto al patrimonio de vuestro esposo,
puede disponer de él por testamento, como desee.
¿No me correspondería nada?
El usufructo de sus bienes durante un año de luto.
¿Solo un año?
Así lo decidió vuestro tutor, el rey don Pedro.
Antes, las viudas disfrutaban del usufructo
durante el resto de sus vidas,
siempre y cuando lo hicieran honestamente,
pero los mercaderes de Barcelona y Perpiñá
consiguieron el privilegio de reducirlo a un único año,
y el rey extendió la ley a toda Cataluña.
¡Pero eso es injusto!
Es la ley, baronesa.
Si no tenéis hijos, cuando vuestro esposo muera, os quedaréis sin nada.
Desde que te conozco, es la primera vez que te veo entrar aquí.
¿Vienes a hablarme de negocios?
¿Estás ocupado?
Intento poner mis asuntos en orden antes de hacerme cargo del consulado.
Me alegro mucho por tu nombramiento.
Me preocupa la cantidad de trabajo que te espera.
Por fortuna cuento con Sahat.
Y creo haberos demostrado a todos que el trabajo no me asusta.
Sin embargo hay un trabajo que tienes desatendido desde que nos casamos.
El de esposo.
He cumplido con todo lo que te prometí.
Todo, menos lo fundamental.
Arnau,
¡quiero ser madre!
Quiero compartir lecho contigo.
Es mi derecho,
y también tu obligación.
Ya te dije cuando nos casamos lo que opinaba de ese asunto.
El rey te obligó a tomarme por esposa y los dos estábamos ofuscados.
Yo también me sentí prisionera de aquella injusticia.
Pero ha pasado mucho tiempo.
Y aunque me cuesta aceptar algunas de tus actitudes,
estoy dispuesta a hacer todo lo posible
para que el nuestro sea un verdadero matrimonio.
Mereces que tu esposa te dé una descendencia.
Ya tenemos una hija.
¿Mar?
Ella no es sangre de tu sangre.
Arnau,
soy joven.
Y soy mujer.
Ya te he dicho que no es posible.
¿Por qué me desprecias?
Dime qué es lo que esperas de mí y lo haré.
¡Basta! El rey me obligó a casarme contigo,
nada dijo de satisfacer tus necesidades.
¡El rey no, pero la Iglesia sí!
¡Dios no puede obligarme a yacer contigo!
Algún día lo pagarás, Arnau.
Y yo estaré allí, para recordártelo.
¡Viva el Cónsul de la Mar!
¡Viva!
Jordi Casadevila,
se os acusa de haber dejado caer al mar un fardo de pimienta durante una descarga.
El mercader reclama su valor.
La mercancía está echada a perder.
¿Hay testigos?
Sí, señoría. Aquí está la lista.
Doy fe de que todos han declarado haber presenciado los hechos,
atribuyendo la culpa al barquero.
Y bien, muchacho,
¿qué puedes alegar en tu defensa?
Fue un accidente, señoría.
Una ola golpeó mi barca y caí al agua con el fardo.
Lo siento mucho.
Tu sentimiento no me resarcirá del dinero perdido.
¡Ese fardo valía más de cien sueldos!
Yo no tengo dinero, señoría. Vos me conocéis,
sabéis que soy un hombre honrado. Mi mujer está embarazada y...
¡Silencio!
Es cierto, hace solo unos meses me pidió prestado para casarse.
No podrá pagar.
Entonces, deberá ir a la cárcel hasta que lo haga.
¿Y cómo conseguirá el dinero si lo envío a la cárcel?
Es la ley, señoría.
Sentencio que el barquero
deberá satisfacer al mercader el valor de la mercancía.
Y hasta que satisfaga la deuda, será enviado a prisión.
¡No, por Dios! ¡No!
Acabo de cometer una injusticia.
Solo habéis cumplido con las Costumbres de la Mar, señoría.
Pues las Costumbres están equivocadas.
No te sientas mal, Arnau.
Como cónsul debes mostrar tu poder. Lo que has hecho era necesario.
- ¿Para quién? - Para todos.
Nuestra prosperidad y la de la ciudad dependen de ello.
Tal vez tengas razón,
pero si alguien no lo remedia,
la familia de ese muchacho morirá de hambre
y el mercader nunca recuperará su dinero.
Me encargaré de que el muchacho pueda pagar su deuda.
Joan, ¿qué pasa?
El padre Albert...
Joanet, Arnau...
Padre.
Parto feliz,
con todo lo que Dios me ha permitido vivir...
Nunca os podremos agradecer lo que habéis hecho por nosotros...
Erais tan niños...
Seguid amando a la Virgen...
...y luchad
para que algún día tenga la iglesia
que todos queremos para ella,
nuestra iglesia del mar...
Os lo prometo, padre. Por la Virgen...
Por vos.
Joanet,
debes cuidar...
...del alma...
...de tu hermano...
¿Has despedido a los mozos de cuadras?
Es un animal extraordinario.
Cuando era pequeño me sentaba allí
a sacar lustre a las monturas,
mientras mi padre apañaba los caballos para Grau Puig.
Venga, vamos.
Nunca hablas de tus padres.
¿Qué fue de ellos?
Murieron.
A mi madre nunca la llegué a conocer.
Mi padre me trajo a Barcelona desde el campo, donde vivíamos.
Éramos muy pobres,
pero él siempre encontraba motivos para seguir luchando.
Porque todos somos hijos de Dios.
Así que cuando elijas esposo,
te daré mi bendición,
sea noble, comerciante o artesano.
Yo nunca me casaré.
Dices eso porque no has encontrado al hombre que te quite el sueño.
Tal vez lo encontré,
hace mucho...
Sé que no amas a Elionor.
Y un hombre no puede vivir sin una mujer a la que desear.
Siempre he querido ser un buen padre para ti.
Lo eres.
Un padre dulce, honesto y cariñoso.
Pero también un hombre que mira y no quiere ver.
Buenas noches, Mar.
Buenas noches, Arnau.
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