All language subtitles for My House In Umbria (2003).Spanish

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Original subtitles

Buongiorno.

- Gracias a Dios seguimos vivos. - Te dije que llegarías a tiempo.

- Conducías como un loco. - Yo no.

- Como un loco, Quinty. - No vale la pena llegar tarde.

Debimos haber salido media hora antes.

Imposible. Estaba ocupado.

Hablando con Rosa Chevelli. Te vi coqueteando con ella.

Hablábamos de las cuentas del hogar.

Es una perra. No debí contratarla.

Es buena chica. Vamos, sube.

Te veré mañana.

El cinco de mayo a la mañana...

dejé mi casa en Umbría y fui a Milán en uno de mis viajes mensuales de compras.

Me las arreglo muy bien sola...

a pesar de mi conocimiento limitado de italiano.

- Perdón, ¿es la carrozza 219? - Sí, la 219.

En el Grand Hotel Duomo, en el que siempre me quedo, se habla muy bien inglés.

Creo que estás en mi asiento.

Me gusta mucho el Grand Hotel.

Se parece más a los estilos y maneras de la Belle Époque...

que a las tecnologías vulgares del siglo veintiuno.

En Italia, los hombres que no me conocen aún voltean para mirarme...

aunque no con el mismo entusiasmo que hace algunos años.

Naturalmente, tengo líneas de expresión...

pero mi pelo es tan pálido como la arena...

y mi voz aún no está muy ronca...

y conserva su femineidad.

¿Qué hora es? Mi reloj se paró.

- Menos diez. - ¿Qué hora menos diez?

Papá. Doce menos diez.

Es increíble lo que puede deducirse de un mínimo gesto...

una sonrisa o una mirada compartida.

El suyo es un buen matrimonio...

mientras la aventura amorosa de ellos acaba de empezar.

Hola.

¿Cómo te llamas?

- Aimee. - Qué bonito nombre.

Me llamo Emily. Emily Delahunty.

- ¿Te gusta? - No lo sé.

Tengo muchos otros nombres. Quizá prefieras uno de ellos.

Gloria Grey...

Janine Ann Johns...

Cora Lemonde.

¿Por qué tiene tantos nombres?

Tenemos diferente ropa para cada ocasión.

¿Por qué no tener nombres distintos?

- ¿Es inglesa? - Nací en Inglaterra.

Ahora vivo en Italia.

Tengo una casa en Umbría.

¿Por qué ya no vive en Inglaterra?

Suficiente, Aimee. No debes preguntar tanto.

- ¿Por qué no? - Es de mala educación.

No me molesta.

Lee tu libro. Sé buena.

En el jardín, florecían los delfinios.

A través de los aromas de la tarde, la niña del vestido blanco...

caminaba con un paso tan ligero como telaraña matutina.

Annie. ¿Annie?

No, soy Quinty. Vine a verte.

¿Te encuentras bien? Estarás bien.

¿Qué hago aquí?

Estás en el hospital. Es donde estás ahora.

Tuviste un accidente, pero estás bien.

Gracias a Dios, estás bien.

Fue un dispositivo.

- Un dispositivo cronometrado. - ¿Una bomba?

Bueno, la policía le dice "dispositivo cronometrado".

Había otra gente en el tren.

Había un chico que hablaba alemán y su novia...

y había una familia estadounidense. ¿También están aquí?

Preguntaré. Ahora tranquila. Vete a dormir.

- ¿Es ciudadana británica? - Sí.

- Tiene un hotel cerca de Chiusi. - No es un hotel exactamente.

¿Una pensione? ¿Un restaurante con cuartos?

Es una casa en la que la gente se hospeda cuando los hoteles están llenos.

- ¿Café? - Si, grazie.

- ¿Azúcar? - No.

- ¿Usted es...? - Me ocupo de varias cosas.

Y de los asuntos financieros.

- ¿Para la casa? - Y sus libros.

¿Qué libros?

Grazie.

Ella escribe historias de amor.

- ¿Han sido publicadas? - Claro que sí.

Sus admiradores le escriben.

¿Hace cuánto está con ella?

Más de lo que me gustaría.

"En el jardín, florecían los delfinios.

"A través de los aromas de la tarde, la niña del vestido blanco...

"caminaba con un paso tan ligero como telaraña matutina."

¿Es usted real? ¿O es un sueño?

¿No parezco real?

Creo ya haberlo visto...

en un sueño.

Fue aquí.

Vine a verla después de la bomba. Estaba inconsciente.

Soy el inspector Girotti.

Fue un sueño.

Quizá. Si usted lo dice.

¿Están todos muertos los que viajaban en el vagón?

- ¿Carrozza 219? - No todos.

Sobrevivió el señor mayor inglés.

El alemán sobrevivió, pero tiene quemaduras.

- Y la chiquita. - La chiquita estadounidense.

- ¿Está lastimada? - No físicamente.

De milagro, salió ilesa...

pero está traumatizada. No puede hablar.

Pase.

- ¿Puedo hablar con ella? - Claro.

Hola, Aimee.

Me pregunto si me recuerdas.

Soy la Sra. Delahunty.

Tengo muchos otros nombres. ¿No lo recuerdas?

Tengo vidrio en las piernas. Podría haber sido peor.

Me tienen caminando por el maldito corredor 50 veces al día.

Así que camino dolorido.

- El chico alemán tiene quemaduras graves. - Sí, me dijeron.

Tenemos suerte de estar vivos.

La chiquita no puede hablar.

- Están buscando a sus parientes. - Dios. ¡Qué triste! ¡Pobrecita!

Lamento lo de su hija.

Al menos fue rápido.

Su estoicismo es admirable.

Supongo que eso exige la vida militar.

Si me disculpa, será mejor que camine.

Si no, me obligarán.

- ¿Dónde pongo todo esto? - En el armario, si hay lugar.

Bufandas de seda. Lentes de sol. Pantimedias.

- ¿Por qué las mujeres llevan tanta basura? - Para alegrar el espíritu.

- Adivina quién me dio esto. - Ni idea.

Ernie Chumps.

Es un regalo de cumpleaños.

¡Ernie Chumps! Qué bueno que te deshiciste de él.

Pensé que regresaría. Eso dijo.

Dijo muchas cosas. Te dije que te dejaría.

No tenías futuro en Café Rose.

Te habrías quedado con ese médico egipcio gordo y sus feos amigos.

Habrías envejecido antes de tiempo.

Ya estarías muerta.

- Así es. - Muerta y enterrada.

Sobreviví.

- Regresaré más tarde. - Está bien.

Scusi.

Lo siento, Werner.

- Lo siento muchísimo. - Gracias.

Sólo podemos tener esperanzas.

La esperanza es lo único que nos queda, ¿no?

Debemos pensar en el futuro y tener esperanzas.

Regresaré más tarde.

¿Qué tipo de enfermedad o malicia ordena la muerte de extraños en un tren?

¿Qué tipo de lunático o demonio?

Sentada al lado de la cama de la niña, intentaba imaginar a ese malvado ser...

quizá protegido por una madre...

que siempre había creído que algún día él cometería un crimen impensable.

Pero escapaba mi imaginación.

¿Vio algo fuera de lo común en el vagón del tren?

No, nada.

¿Ni en el andén antes de que saliera el tren?

Llegué bastante tarde. No tuve tiempo de ver nada.

Disculpe. Estamos haciendo las mismas preguntas una y otra vez.

¿Es virgo?

Su signo del zodíaco.

Sí, soy virgo. Tiene razón.

Eso pensé.

Es raro para un detective.

Gracias por su paciencia.

Adiós.

- Me pregunto qué les pasará. - ¿A quiénes?

Al General. A Werner. A la niñita.

- Se irán a casa, vivirán sus vidas. - La policía no los dejará irse.

No hasta terminar la investigación. Deberán quedarse en Italia.

¿Qué será de ellos? ¿Adónde irán?

Supongo que podrían quedarse en la casa un tiempo.

¿Quedarse en la casa?

- Mientras están convalecientes. - Bueno, tendrán que pagar.

- Claro que sí. - No hacemos caridad.

La caridad comienza en casa.

No quiere decir eso, y lo sabes muy bien.

A todos nos dieron de alta la misma tarde.

Werner y el General aceptaron mi invitación con gusto.

Y como Aimee era la única sobreviviente de su familia...

las autoridades se alegraron de que se ocuparan de ella.

El Dr. Innocenti nos visitaría a menudo.

Si había signos de deterioro...

la niña regresaría al hospital de inmediato.

Signora Bardini. Qué gusto verla.

Ella es nuestra nueva amiguita.

- Está viva. ¡Dios la ama! - Sí, gracias.

- Sra. Delahunty, ¡qué alegría! - Después de un trago, gracias.

Despacio.

Todos habíamos decidido olvidar y enterrar...

la bomba y sus horrores.

Era tiempo de dejar que la belleza del paisaje...

nos envolviera con su bálsamo curador, con la ayuda frecuente...

de un trago en la terraza.

Esa noche, mientras la niña dormía, comimos debajo de la vistaria.

Quinty sirvió el Vino Nobile de Montepulciano.

Rosa Chevelli sirvió verduras...

y la Signora Bardini cortó el cordero con romero.

Un extraño se habría sorprendido al vernos...

los heridos ambulantes a la mesa.

Era la única que no había perdido a un ser querido...

ya que no tenía a quién perder.

- Buenos días, Sra. Delahunty. - Buenos días, General.

Pensé que querría leer algo.

Gracias. Muy amable.

Dos en un rayo de sol, de Gloria Grey.

- Creo que no lo conozco. - Es lectura fácil.

- Uno de los míos, en realidad. - ¿Suyo? ¿Usted lo escribió?

Gloria Grey es uno de mis seudónimos.

- Me impresiona. - No, por favor.

La ficción romántica no es gran literatura.

Igual, es un logro que se publique un libro propio.

Perseveré. Soy muy buena perseverando.

Claro que al principio me rechazaban sin parar.

Un mes tras otro. Y luego recibí una carta.

"Nos interesa su novela rosa.

"Predecimos buenas ventas y una relación exitosa."

- Y así fue. - ¡Qué fascinante, Sra. Delahunty!

No tenía idea de que nos quedábamos en la casa de una autora distinguida.

Nada de eso.

Pero tengo mis admiradores.

¿Si?

- Lo sé. Pero no puedes hacer eso, Rosa. - ¿Un beso?

- Podrían vernos. - ¿Quién? ¿La Sra. Delahunty?

¿Por qué está celosa?

- No seas estúpida. - ¿Por qué?

No le gusta este comportamiento delante de los invitados.

No, tú te avergüenzas de mí. No me amas en público.

Ve adentro.

No me amas.

- Buenos días, General. - Buenas tardes, Quinty.

Habla muy bien italiano. ¿Dónde aprendió? ¿Por algún amor?

No es nada de que enorgullecerse, señor.

Engañé a una italiana rica para que se casara conmigo en mi país.

Le dije que era el gerente de una fábrica de carne, créase o no.

Cuando descubrió la mentira, me dejó.

Regresó con sus padres en Modena.

No iba a dejarla ir sin pelear, así que la seguí.

Una noche, su padre y sus hermanos me llevaron al campo...

me empujaron hasta un borde de césped y me dieron una paliza...

y allí me dejaron, un extraño en tierra extraña.

Así aprendí italiano, General. Por necesidad.

Y los días pasaron.

Aimee comía en silencio, caminaba en silencio...

pintaba en silencio...

vivía en silencio.

- ¿De qué trabajas, Werner? - Quiero ser periodista.

¿Periodista? ¿De qué tipo?

Político.

No es mi tema preferido.

¿Hacía mucho que conocías a Madeleine?

Sólo algunas semanas.

Era muy preciosa.

Ella era especial e inteligente. Muy inteligente.

Hablaba muchos idiomas, hasta japonés.

- Qué inteligente. - Era su trabajo.

Trabajaba como intérprete para una gran empresa.

Me imaginaba su primera reunión.

Por supuesto, ella usaba ropa formal para las reuniones de negocios...

y eso resaltaba su belleza natural aun más erótica...

por el traje y las medias oscuras.

Luego la primera mirada, la primera sonrisa, la primera vibración de amor.

Debe haber amor en la vida de una persona.

Nadie puede vivir sin darlo o recibirlo.

Claro, eso no se lo dije a Werner.

Tampoco le dije que el amor se acabó para mí en La pared de la muerte.

Estoy aquí abajo en el lavadero.

- ¿Dónde? - Aquí abajo.

Sigue mi voz.

Aquí.

Buenos días. Tengo una carta para la dama.

Tíramela.

- Que tengas buen día. Adiós. - Adiós.

Las autoridades estadounidenses ubicaron al tío de Aimee.

¡Excelente!

Se llama Thomas Riversmith. Es el hermano de la madre.

Es profesor.

Riversmith. ¡Qué interesante!

El inspector Girotti me envió una carta. ¿No es una buena noticia?

Aimee tiene un tío.

Había un Riversmith en la escuela.

Este hombre es estadounidense. Thomas Riversmith.

Quizá le diga tío Tom.

Me pregunto si es así.

Riversmith y yo íbamos caminando al pueblo a veces. No era lejos.

Una tal Sra. Patch nos daba té. Nos cobraba seis peniques.

Una vez nos vieron fumando.

- ¿A usted y a Riversmith? - No es un crimen horrible.

Un delito menor. Rompíamos las reglas, claro...

pero nadie robaba. Admitirlo se daba por sentado.

Y si te agarraban en algo, no mentías.

Ahí aprendí lo que es el honor.

¿Vive solo, General?

Sí, desde que murió mi esposa.

Eso iba a cambiar.

Iba a ir a vivir con mi hija y su esposo en Hampshire...

pero él no me caía bien.

Lo intenté.

No pude.

Nadie puede evitar que alguien le caiga mal.

Mi esposa estaba muy enfadada por eso.

Era una mujer formidable...

y una esposa excelente.

Mientras él hablaba, vi un muelle, tropas reunidas...

y un oficial joven, al que acababan de ascender.

Apenas un hombrecito.

El compromiso se había anunciado la víspera de su partida.

¡William!

"Te amo", dijo ella. "Te amaré para siempre"...

las lágrimas de ella manchaban el cuero del uniforme de él.

Puede permanecer aquí el tiempo que quiera.

No está solo en esto.

Es muy amable de su parte, Sra. Delahunty. Gracias.

¿Qué te pasa?

¿Quieres empezar?

Vamos, es divertido.

Entonces lo haré yo.

Además de la gente de su compartimiento, la carrozza 219...

ningún otro pasajero resultó herido.

Su compartimiento fue elegido con precaución.

Uno de los pasajeros en él ha de haber sido el blanco.

¿Quizá el estadounidense?

El padre de Aimee. Parecía importante. ¿Sería un político? Un senador.

O alguien cercano al Presidente.

Era pediatra.

¿El yerno del General?

Un banquero.

No tiene sentido.

¿Y quién haría semejante cosa?

Si lo supiera, no la aburriría con mis preguntas.

Vengo porque no lo sé.

Nadie se hace responsable.

Los diarios dijeron que fue un ataque terrorista.

Tal vez.

¿Qué más si no?

¿Quién sabe?

¿Alguna venganza personal?

¿Un asesino loco?

- Un lunático. - Un lunático inteligente, si, signora.

Una bomba, escondida cuidadosamente en el portaequipajes...

Creo que fueron terroristas, no lunáticos.

- Hola, Werner. ¿Estás bien? - Sí.

- Es muy hermoso. - Me temo que el jardín es un lío.

Siempre quiero hacer algo para arreglarlo y no lo hago.

¿Por qué? Es hermoso.

- ¿Tienes jardín en tu casa? - No.

- Pero mis padres tenían uno. - ¿Ya no viven?

Cuando pienso en jardines, recuerdo Inglaterra.

No teníamos jardín cuando era pequeña. Sólo un patio trasero.

Siempre he querido un jardín de cabaña inglés.

Sus arriates herbáceos y rosas, lupines y malvas reales...

y un reloj de sol cubierto de musgo, quizá una bañera de aves.

Eso es lo que me gustaría.

Mira eso. ¿No es perfecto?

- Pero dijo debajo de la casa. - Sí, bueno...

Ahí está. Debajo de la casa.

Mira hacia el sur, no hay viento. Es el lugar ideal.

Podemos tener un arriate herbáceo todo por aquí.

Podríamos tener altramuces y girasoles.

La Sra. Delahunty habló de una flor llamada "real"... Algo con "real"...

Malvas reales. Sí, claro.

Debemos tenerlas en esta pared. Será un paraíso para ella.

Pero será mucho trabajo.

- Espero poder ayudar. - Conoces el dicho...

"Muchas manos facilitan el trabajo."

Y creo que con tres alcanza.

Es bueno hacer esto, Werner.

Los jardines me hacen pensar en el futuro.

A propósito, ella dijo algo sobre un...

¿reloj solar?

Un reloj solar. ¡Por Dios! Bueno, debemos dar lo mejor.

- ¿Más queso, General? - No, gracias.

Si me disculpan, debo escribir unas cartas.

¿Dónde está esto?

Estás en mi casa, Aimee. Soy la Sra. Delahunty.

Mi madre está enojada conmigo.

Dice que no debería pasar tanto tiempo pintando.

Que debería estar al aire libre jugando con los otros niños.

Pero me gusta estar adentro. Me gusta pintar.

Es como tener un mundo para mí misma.

Si voy afuera, sólo empezaremos a pelear.

Por eso me gusta la lluvia. Nadie espera que salga.

Al Dr. Innocenti le pareció un avance que Aimee hubiera hablado.

Pero nos recordó que el proceso de recuperación en estos casos...

era normalmente largo e incierto.

Debemos recordar qué es la realidad para ella...

y cuán dolorosa será a medida que recupere la memoria.

- ¿Allí vamos? - Sí.

Gradualmente, disminuyó nuestra ansiedad...

y nos rendimos a la felicidad.

- ¿Entra? - Perfetto.

No podía dejar de pensar que la felicidad es muchas veces una ilusión.

¿Pero qué tiene de malo?

"La tarde se había convertido en luz.

"La luz de la luna brillaba sobre el Gran Canal.

"Marco la tomó de la mano y abrió la puerta de la habitación.

"La llevó a la cama..."

Siga.

"Cuando ella despertó...

"Tara supo que había hallado al amor de su vida.

"Bésame", dijo ella, y se hundió en su abrazo."

Aimee tenía la habilidad de sacar lo mejor...

y a veces lo más inesperado de la gente que la rodeaba.

Nos daba vida, buen humor y nueva esperanza para el futuro.

¡Qué hermoso jardín!

¡Qué bonito pensamiento! ¿Tú lo hiciste, Aimee?

Un jardín no compensa por todo, pero marca nuestra recuperación aquí.

Es el regalo más hermoso que he recibido. Gracias.

Quizá para el General, Aimee era la hija con la que podría empezar de nuevo.

Quizá para Werner, era la chica que había muerto en el tren.

Para mí, puedo declarar sin reservas...

que me encariñé con la niña durante ese tiempo...

como lo habría hecho una madre.

Hola, pronto.

Una llamada personal para la Signora Delahunty.

Ella habla.

Señor, la persona está en la línea.

- Él vendrá a buscarla. - ¿Quién?

Su tío.

- ¿La llevará de vuelta a Estados Unidos? - Sí.

¿Cómo sonaba?

No muy amable.

De pequeña, soñaba con que un hombre de buena familia...

detuviera su auto a mi lado.

De más adulta...

soñaba con que apareciera un desconocido diferente en el Café Rose.

Claro que ahora...

todas esas fantasías románticas han quedado en el pasado.

Seguro lo trajo por el camino largo.

Así le cobran más. ¿Pasó un puente hace una milla?

Puede ser.

- ¿La Sra. Delahunty...? - Yo soy la Sra. Delahunty.

Thomas Riversmith. ¿Cómo le va?

Le doy la bienvenida, Sr. Riversmith.

Ojalá haya tenido un buen viaje.

- ¿El cuarto de atrás es para el caballero? - Sí, por favor.

- Estaba diciéndole a... - Quinty.

Al taxista le costó hallar la casa.

Sacando eso, fue un buen viaje.

- ¿Quisiera beber algo? - ¿Una bebida?

Después de tanto viajar.

Son las 18:00, la hora del cóctel, como le dicen en Estados Unidos.

Si no le molesta, quisiera lavarme las manos antes...

y luego quisiera ver a mi sobrina.

Sí, claro. Por aquí.

Llegó tu tío.

Llegó el Sr. Riversmith.

Así que tú eres Aimee.

Sí.

Esto no será fácil para ninguno de los dos, Aimee.

Pero espero que podamos ser amigos.

Gracias, Sra. Delahunty. La veré abajo.

Gracias.

¿Qué estás leyendo?

Lewis Carroll.

¿Quiere algo de beber, señor?

Con tanta tierra en el camino, ha de tener sed.

Gracias.

¿Un whisky americano? Eso beben allá, ¿no?

Prefiero uno tradicional.

- Que sea con hielo, Quinty. - Sí, por favor.

Un Antiguo con hielo.

Sr. Riversmith, siéntese.

Lo hizo Aimee.

Aprecio muchísimo...

lo que el Dr. Innocenti hizo por Aimee...

y le agradezco a usted, Sra. Delahunty.

Ha sido un placer. Es una chica adorable.

Dígame cuánto le debo.

Quiero saldar las cuentas antes de que nos vayamos.

- No hace falta. - Tengo anotado cuánto deben.

¿Quiere otro, Sra. D?

De verdad. Gracias, Quinty. Me parece que sí.

No puedo dejarlo beber solo, Sr. Riversmith.

¡Werner! Él es el Sr. Riversmith.

El tío de Aimee.

- Sr. Riversmith, él es Werner. - ¿Cómo está?

¿Cómo le va?

No sabía que fueras tan buena artista, jovencita.

Son pinturas muy interesantes.

- ¿Cuáles? - Éstas.

Yo no las dibujé.

- Yo las dibujé. - Werner las hizo.

- Lo siento, no... - ¿Cuándo me llevarás?

Depende de lo que diga el Dr. Innocenti cuando venga a vernos.

¿Cuánto tiempo se quedará con nosotros, Sr. Riversmith?

Tengo una reunión en Baltimore el 25...

así que espero regresar antes.

¿Tan pronto?

¿Conoce bien a Aimee?

Nos conocimos hace una hora.

¿Una hora?

Bueno, Phyllis, la madre de Aimee y yo...

Hubo una pelea familiar.

¿En qué parte de Pensilvania vive?

Virginville. Trabajo en la universidad.

- ¿Tiene hijos? - No.

Pero Francine tiene dos de su matrimonio anterior.

Viven con su padre.

Francine. Un nombre nuevo.

Sonaba duro, desagradable...

como la tiza que rechina contra el pizarrón.

Supongo que deberíamos llamarlo Profesor.

No, no uso ese título.

Las distinciones académicas no me parecen importantes.

¿A qué se dedica?

- Estudio la hormiga carpintera. - ¿La hormiga carpintera?

La hormiga carpintera roja. Camponotus ferrugineus.

No conozco la hormiga carpintera. Nuestros caminos no se han cruzado.

La interdependencia en las colonias de hormigas carpinteras...

muestra un comportamiento muy similar al de los seres humanos.

¿De veras?

Me imaginaba su casa en Virginville, Pensilvania.

La policía local les había informado sobre la bomba...

y Aimee y el tren.

Habían discutido mucho esa noche.

¿Qué hacer con la niña? ¿Debería ir a vivir con ellos?

¿Cuáles eran las alternativas?

Como ellos no tenían hijos...

era sin duda una situación complicada.

¿A Francine también le interesa la hormiga carpintera roja?

No, su área es totalmente distinta.

Su especialidad es la Camponotus pennsylvanicus...

la hormiga carpintera negra.

Esperaba encontrar una foto de Francine que confirmara la imagen que tenía.

Pero no había ninguna.

Esto lo mantiene ocupado.

Esto fomenta su ambición.

Es eminente, distinguido y admirado.

Pero no está al tanto de las cosas comunes.

El Sr. Riversmith es un hombre ambicioso.

Eso no se me había ocurrido antes.

Es ambicioso...

y Francine tiene ambiciones por él y por ella misma.

Hay otros profesores con microscopios...

que miran hormigas de diferentes colores en otros árboles.

Él y Francine deben estar en la delantera.

Deben llegar primero.

¿Dónde hallarían el tiempo para cuidar a una niña...

que tan inconvenientemente les ha caído de la nada?

- ¿Piensas que me llevará a Siena? - Claro que sí.

- Pregúntale tú, Werner. - ¿Yo? ¿Por qué habría de preguntarle?

Es tu tío, no el mío, ¿verdad?

Por favor, Werner.

Vamos, Aimee, eres muy valiente. Puedes hacerlo.

- Pero no lo conozco. - Lo conocerás.

Camponotus irritatus.

Maldita molestia.

¿Qué me dice de regresarla a los Estados Unidos?

Necesitará buena supervisión.

Claro, le daré los archivos médicos para su propio médico.

¿Ella puede viajar?

Ninguna razón médica le impide viajar...

pero es un viaje largo.

No sabemos el efecto que pueda causarle.

Hay algo que no entiendo.

Aimee insiste en que no hizo esos dibujos.

Porque no sabe que los hizo.

Sí, ¿pero por qué el alemán simula haberlos hecho él?

Por amabilidad.

Si la niña cree que no los pintó...

ha de haber una explicación para su existencia.

Si no, la preocuparía mucho.

Quinty, ¿tienes que hacerlo ahora? Estamos desayunando.

Sí.

Buongiorno, dottore.

Buenos días, Sr. Quinty.

Veo que ya conoció a nuestro nuevo huésped, dottore.

Venga a tomar un café.

Sra. Delahunty, lo siento, pero a Aimee le da vergüenza preguntarlo.

Quiere ir a Siena.

- ¿Por qué a Siena? - No me contó mucho.

Dijo que le prometió al doctor que iría antes de ir a Estados Unidos...

y quiere que su tío la lleve.

Seguro que a él le encantará llevarla, ¿no es cierto, Sr. Riversmith?

¿Qué dijo?

Le decía a Werner que a usted le encantaría llevar a Aimee a Siena.

Creo que es culpa mía.

Le hablé de Siena porque es mi ciudad natal.

¿Por qué no vamos todos? Nunca he estado en Siena.

Claro. Cuantos más, mejor.

Bueno, supongo que si Aimee quiere ir...

Será la primera vez que haremos algo todos juntos.

Antes no teníamos la confianza.

Tenía la impresión de que el Sr. Riversmith se contuvo para no suspirar.

Me sorprende que Francine no le hubiera dicho que era descortés...

si no vulgar.

Unas semanas con la mujer correcta...

y todas estas descortesías desaparecerían.

- Buenos días, Sr. Riversmith. - Buenos días, General.

¿Podemos ir atrás?

Hola.

- Buenos días, General. - Quinty dijo que podía venir.

Escúchame, Quinty.

- Dijiste que cuantos más, mejor. - No dije eso.

Claro que sí. Le hará bien a la chica...

Lo estás inventando. Nunca hablamos de ella.

Habías bebido un poco.

Vendrás para manejar. Está fuera de lugar que venga la criada.

Lo sé. Somos sirvientes...

pero estará muy desilusionada.

Estuvo planchando su ropa hasta tarde.

Yo soy de la clase de los sirvientes, y Quinty lo sabe.

- ¡Vámonos! - Un minuto, no estamos todos.

Pero con todos esperando, no quería explicárselo.

Pero naturalmente había una diferencia.

¡Próxima parada: Siena!

Ya no estarás, mariposa enamorada

Aleteando adentro día y noche

Perturbando el sueño de las bellezas

Un pequeño Narciso y Adonis del amor

Anoche tuve un sueño muy extraño.

Era sobre usted.

Estaba reparando el cajón de la cocina...

que se había destrozado en las manos de su hermana.

Usted sacaba un hongo de las bisagras.

Y luego colocaba el cajón en una abrazadera.

"Qué inteligente"...

decía Phyllis.

Y la tablilla de madera de la persiana de la ventana...

golpeaba contra el marco de la ventana.

¿Recuerda...

una persiana veneciana que golpeara contra el marco?

Respondió demasiado rápido.

Para recordar, es necesario pensar un momento.

Incluso algunos minutos.

Me decepcionó que el Sr. Riversmith no se molestara en pensar.

Pero estaba segura de que las glorias de Siena lo harían más amigable.

Cuénteme de su hermana.

¿Qué quiere saber?

Qué tipo de persona era.

Se parecía mucho a Aimee.

El ver a Aimee me recuerda a Phyllis.

- Sí, lo sé. - Me temo que es la salida.

- Debemos ir por adelante. - ¡Qué aburrido!

Más escalones.

- Aimee, espera. - Vamos.

¿Pero qué pasó? ¿Por qué se pelearon?

Phyllis era muy amiga de mi primera mujer. Cuando nos separamos...

Phyllis hizo todo lo posible para que nos reconciliáramos.

Ha de haber sido difícil para Francine.

Lo fue. Estaba muy enfadada y alterada.

Hubo una pelea violenta.

¿Y usted apoyó a Francine?

Bueno, claro. Phyllis nunca me perdonó.

Nunca volvimos a hablarnos.

Varias veces pensé en escribirle para reconciliarnos...

pero nunca lo hice.

Vamos, ustedes dos. Apúrense.

No tenemos tu estado, jovencita.

Para terminar la guerra y la rivalidad...

San Bernardino, 1380-1444...

quería unir a los sianeses enemistados bajo su símbolo de Cristo resucitado.

Está ahí arriba de la puerta.

¿Funcionó?

La plaga mató a casi toda la población, así que no lo supo.

¿Entramos?

¿Dónde está Aimee?

Por el amor de Dios. ¿Adónde se fue?

Ahí está.

- ¿Qué son? - ¿Qué cosa?

Las cosas de colores en la pared.

Son cascos de motocicleta.

¿Cascos de motocicleta? Qué raros.

Probablemente en memoria de los difuntos en accidentes de tránsito.

- No, no. Los que se salvaron. - ¿Scusi?

Los que se salvaron.

Le agradecen. Ponen su casco en la pared.

Qué emocionante.

No tengo nada que poner ahí arriba.

¿Qué quieres decir?

Me salvé. Debería agradecer.

Qué linda idea. Debemos pensar en algo.

Qué linda idea. Debemos pensar en algo.

Vamos, hay mucho para ver.

Hay unas pinturas hermosas adentro.

¿Se le ocurre algo?

Si me disculpan, buscaré una librería.

- Quizá halle algo sobre rosas. - Sí, por favor.

Subiremos a la torre de nuevo, si se puede.

Sí, claro, si tienen la energía.

- Lo intentaremos. - Te juego una carrera.

Sr. Riversmith, ¿adónde va?

Iba a ver la galería de arte.

No, no le conviene. Está llena de turistas.

Venga conmigo.

Por aquí.

¿Ya ha estado en este lugar?

Sí. Siempre vengo aquí.

Scusi.

Es un lugar muy tranquilo.

Es este lugar. Es para nosotros.

¿Está segura de que este lugar es...? ¿Los otros vendrán?

Sentémonos, ¿quiere?

Me pregunto si los del bar son hermanos.

Parecen hermanos, ¿verdad?

Me pregunto si lo son.

Aquí está muy tranquilo.

Seguro que muere por un poco de paz y tranquilidad.

¡Y un trago! Insisto en comprarle un cóctel.

No, no bebo en medio del día.

Reconociendo esto como un rechazo amable para aceptar más hospitalidad...

hice caso omiso.

Le pedí un Antiguo...

ya que, en mi casa, siempre había bebido eso.

Aquí es muy agradable.

No debe preocuparse por los otros.

No veo por qué usted y yo no podemos pasar un rato juntos.

Y si la gente empieza a hablar, ¿a quién le importa?

Qué tonterías.

Mire al hombre y a la niña allí.

¿Cree que son amantes?

Quizá sólo sean amigos.

¿Su padre? ¿Qué le parece?

No, creo que son amantes. Mire. Seguro que sí.

Grazie.

Salute.

El amor es algo muy extraño y misterioso.

Estar sin él es como estar...

privado de oxígeno.

No recibí amor de pequeña.

Los que me criaron no eran mis padres.

Era muy joven cuando me dijeron la verdad.

- ¿Aceitunas? - No, gracias.

Mis verdaderos padres eran artistas ambulantes.

PARED DE LA MUERTE

Una niña no les servía.

"No el tipo de gente que te gustaría"...

dijo la madre que no era mi madre.

La gente con la que vivía no podía tener hijos.

Me compraron.

¿No es asombroso? Me compraron.

Como un sofá en liquidación.

- ¿Crostini? - No, gracias.

El padre que no era mi padre solía llevarme al Cine Gaiety.

Los domingos a la tarde había un corto cómico...

Laurel y Hardy o Charlie Chase.

Luego las Noticias Gaumont y el filme principal.

Adoraba los filmes del Oeste.

Me encantaban los cañones y los ranchos...

y los indios con plumas que caían uno a uno.

Las monturas que eran almohadas durante la noche.

Por un rato, creí que me querían.

Pero cuando crecí, las cosas cambiaron.

A los 10 la madre que no era mi madre...

me dijo la verdad.

"Dio $20", me dijo.

"Gente dura", agregó, "para sacar provecho del bebé."

"Pedían $50, él les dio $20."

Apenas pude, me escapé. Y viajé sin parar.

Por todo el mundo. Londres, Estados Unidos, Egipto...

Marruecos.

Sentí que él estaba afligido o preocupado.

Quería cruzar la mesa y tocarle la mano...

pero claro que no lo hice.

Deberíamos irnos.

Deberíamos ir con los otros.

Casi no había tocado su bebida. Eso me apenó.

El alcohol con moderación ayuda a la gente como el Sr. Riversmith.

Aimee, estuve pensando sobre qué podrías donar a la catedral.

- Quizá uno de tus dibujos. - ¿Qué?

Quizá puedas hacer un dibujo especial. ¿No sería una buena idea?

- ¿Un dibujo especial? - Para poner junto a los cascos.

Para agradecer. Te pareció buena idea.

¿Recuerdas los cascos, Aimee?

No sabíamos qué eran.

Y la señora italiana nos lo explicó.

¿No lo recuerdas?

Pareciera que no recuerda nada.

Es raro, pero no inaudito en estos casos.

Quizá no lo sea, pero me preocupa.

Planeamos volver a Estados Unidos al final de la semana.

¿Postergamos el viaje?

Es su decisión.

Dr. Innocenti, le seré franco.

Mi esposa y yo no tenemos experiencia en esto.

¿Podremos manejarlo...

o cree que la niña necesitará cuidados institucionales?

Es poco probable, pero no imposible.

Deberemos tomar una decisión.

- Cuatro, cinco, seis, siete... - No, son ocho.

Nueve, diez. - Da pasos más grandes.

No puedo dar pasos más grandes.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco...

seis, siete, ocho, nueve, diez. Así es más seguro.

Uno, dos, tres, cuatro...

cinco, seis, siete...

General.

Tom.

¿Has visto al General?

Sí. Él y Werner hablaban con un hombre...

sobre un reloj solar para un jardín de cabaña, creo.

En ese caso, no los molestaré.

Son tan buenos conmigo.

Una pipa le habría quedado bien...

apretada entre sus dientes fuertes.

¿Te molesta si fumo?

Hágalo.

Si tuviera una pipa, la habría encendido ahora.

Habría presionado el tabaco en el hornillo de madera de cerezo...

y la habría chupado para encenderla.

¿Quiere otro whisky?

Me buscaré uno para mí. Necesito otro.

No quiero beber, gracias.

Una vez fui a Estados Unidos.

A Idaho.

¿En serio?

Soñaba con ir allí.

Adoraba las películas del Oeste Americano de pequeña.

Idaho no es el Oeste Americano.

No, me engañaron.

Me llevó un tipo llamado Ernie Chumps.

Una persona poco confiable.

Pero yo era joven.

Y estaba llena de ideas románticas.

Él fue a Idaho...

a vender productos sanitarios.

Y me llevó con él.

No viajó con los productos, por supuesto.

Sólo con folletos llenos de fotos...

y un inodoro bidimensional en miniatura...

para mostrar la calidad de la porcelana.

También me llevó a Marruecos.

A Marrakech.

Las mujeres eran su debilidad.

Era de aries con ascendente en tauro.

Una región muy confusa para un hombre con su disposición sensual.

Creo que me iré a dormir temprano. Es por la diferencia horaria.

Deberías estar levantándote, Tom. Son seis horas menos allá.

Tiene razón. Quizá sólo esté cansado.

Claro, sabes...

antes de mí...

él llevó a otra a sus viajes de trabajo.

Ella quería casarse con él.

Igual, él no tenía el dinero por la Sra. Chumps y los alimentos.

Yo tenía 18 años cuando conocí a Ernie.

Era muy inocente.

Me dejó en Marrakech.

Me abandonó en el Café Rose.

Me dieron empleo...

entreteniendo a los invitados.

Era agotador.

El producto preferido de Ernie era el chiste de la cadena.

Al tirar la cadena, una grabación decía "¡"!

El problema era que el "¡" no paraba!

Pobre Ernie.

Los productos defectuosos lo acabaron.

- ¿De veras te irás a dormir? - Sí.

Te acompañaré arriba.

Mis libros.

- ¿Sus...? - Libros.

Mis propios libros.

¿Usted escribe, Sra. Delahunty?

Puedes llamarme Emily.

Los libros que tenían en el Café Rose...

eran las obras completas de Shakespeare...

y la colección de poemas de Alfred, Lord Tennyson.

Así aprendí a escribir en inglés.

Sé La dama de Shalott de memoria.

¿Y la parte de Lady Macbeth y "Os comparo a un día de verano"?

Eres de capricornio.

Apenas oí tu voz por teléfono, pensé en capricornio.

Qué interesante.

Tus hormigas también son interesantes, Tom.

Me resultaba muy fácil escribir.

Era como escaparme a mi propio mundo personal.

Al pasar los años se me hizo más difícil.

A veces imposible.

Desde...

la carrozza 219...

sentí ganas de nuevo.

Una energía.

¿Y sabes por qué...?

Las están poniendo a pleno sol.

- Sí, creo que lo necesitan. - Así es.

Les vendría bien un poco de agua.

¿Qué has hallado, Tom?

Visitantes de Argentina.

Linepithema humile.

Vinieron en barco en la década del 20.

Parecen estar muy bien.

Italia tiene ese efecto en la gente.

Y parece que en las hormigas.

Un día hermoso, ¿no?

Sí, precioso.

Su saludo fue tan amable que pensé...

en perdonar su descortesía de la tarde anterior.

La verdad es que yo había bebido un poco...

y quizá malinterpreté su reacción.

Después de todo, es científico.

Quizá la ficción no sea su fuerte.

Se irán mañana.

Sí.

Qué triste. ¿Ya desayunaste?

No, aún no.

Pensé en dar una vuelta antes de que haga más calor.

¡Qué buena idea!

¿Te molesta si te acompaño?

Como quiera.

Es una pena que no puedan quedarse más tiempo.

Me temo...

que te molesté cuando hablamos anoche.

Para nada.

Estabas cansado, y yo te retuve.

Creo haberte ofendido...

al llamarte por tu nombre. Lo siento mucho.

Está muy bien.

- ¿No te ofendiste? - Para nada.

Es más amigable llamarte Tom.

"Profesor" suena muy anticuado.

Mira esas nubes.

Son como las nubes de la pintura.

¿Es Werner?

¿Perdón?

Pensé haber visto a Werner.

Es un monumento a un soldado estadounidense.

La gente se moría de hambre, y él le dio su comida.

Se la dio toda, aunque eran enemigos.

Y murió en una tonta refriega.

Pero no lo olvidaron.

Pensaron que era un milagro que un soldado hiciera eso.

No creo en los milagros.

Déjame decirte algo, Tom.

Sucedió algo muy malo, pero aquí...

en este rinconcito de Italia, ha sucedido otro milagro.

Tres sobrevivientes, de todos los del mundo...

hallaron un lugar en mi casa.

Somos una fuente de fuerza el uno para el otro.

El milagro de eso...

No creo en los milagros, Sra. Delahunty. Ya se lo he dicho.

Ni en el destino, ni en la astrología...

Aunque usted no lo crea, sucedió un milagro.

Sucedió aquí.

De pronto se enfadó...

y creí que me gritaría, como lo han hecho otros hombres.

Pero no lo hizo.

Quizá debas regresar a la casa.

Seguro que te vendría bien un trago.

No bebo a las 9:00 de la mañana.

- Quinty, quería pedirte un consejo. - ¿Sobre qué, señor?

Sobre la Sra. Delahunty. La situación, por así decirlo. Mi estadía aquí.

¿Debería quedarme o irme? Ése es el punto.

Pensé que planeaba terminar el jardín.

Lo sé, pero la niña se irá y el grupo se desintegra...

me preguntaba si no era tiempo de empacar.

- ¿Quiere irse? - No.

Claro que no. Es decir, ¿quién querría irse?

Un paisaje hermoso, comodidad, la pura alegría de estar aquí.

Déjeme decirle algo.

Yo la conocí en Marrakech.

Yo estaba enfermo, muriéndome.

Ella me cuidó hasta que me recuperé.

A su manera, me ha estado cuidando desde entonces.

Al principio me sentí un poco culpable, pero luego me di cuenta...

de que su función en la vida era cuidar a la gente.

A pesar de toda la tristeza y todo el dolor...

nunca la he visto más feliz que estas últimas semanas.

Así es. A ella le gusta... Necesita cuidar a la gente.

Así que si quiere quedarse, señor, le estará haciendo un gran favor.

Eso es lo que pienso.

Werner, ¿por qué no invitaste a tus amigos a tomar algo a la casa?

¿A mis amigos?

Después de todo, es tu casa.

¿Qué amigos?

Los dos hombres con los que hablabas esta mañana.

Sra. Delahunty, esta mañana no hablé con nadie.

¿No te vi? Estabas en el valle.

Dos hombres en un auto grande.

Lo siento, pero está equivocada. No vi a nadie esta mañana.

No tengas miedo, Werner.

- ¿Miedo? - Veo miedo en tus ojos demasiado seguido.

Sr. Riversmith, teléfono. Es su esposa.

Gracias, Quinty.

Perdóname, Werner. Sólo intentaba tranquilizarte.

- ¿... hasta que te vea? - Sí, si no se atrasa.

¿Debo esperar afuera?

Espera en el auto y te hallaré. Si no, nos perderemos.

Nos perderemos por dos horas, como la última vez.

Entonces te buscaré afuera donde se reclama el equipaje, ¿sí?

Y si me dicen que no puedo estacionar, daré vueltas hasta verte.

Su voz era desagradable, dura, sin expresión alguna.

Tal como la había imaginado.

Me la imaginé sin problema. ' una cara flaca y castigada por el clima...

ojos miopes bajo un flequillo lacio...

las cejas sin depilar.

Adivina qué hace. Escribe novelas románticas.

- Bromeas. - Novelas eróticas.

Tiene una biblioteca llena de sus libros, toda la basura que ha publicado.

Dios, qué gracioso.

Me contó de un tipo que la había llevado a África...

a vender productos para sanitarios. ¿Puedes creerlo?

Estaba sentada, hablando sin parar...

embriagándose con esa bebida desagradable llamada grapa.

Te digo, Francine...

toda la velada fue muy grotesca.

Qué no haría para continuar

Para estar en el atardecer así

Si comienza como nada antes

Pero me molesta sin cesar

Busco al joven alemán. ¿Lo has visto?

No, no lo vi. ¿Puede preguntarle a Quinty? Está en la terraza.

Gracias, Rosa.

Pero me molesta sin cesar

- Buongiorno, Signor Quinty. - Buongiorno.

Busco al joven alemán.

Fue al pueblo a comprar más plantas.

¿A qué hora cree que regresará?

No tengo idea.

Dígale que me llame, por favor. Necesito preguntarle algo.

¿La pequeña se va pronto a Estados Unidos?

Mañana a la mañana.

¿Se ha convertido en parte de su familia?

Sí.

Me pregunto si alguna vez volveré.

De veras espero que sí, Aimee.

Sería muy triste que no volvieras.

Que te vayas a Estados Unidos...

no significa que pasarás el resto de tu vida allá.

Puede que sí.

Quizá.

Pero es poco probable.

Mírame. Llevé una vida inglesa...

una vida estadounidense, una vida marroquí y ahora una vida italiana.

Quizá haya muchas más.

¿Quién sabe?

Es como leer un libro fabuloso.

Nunca sabes qué pasará en el próximo capítulo.

Espero que tenga un final feliz...

como en una de sus historias.

La vida no es siempre como mis historias.

A veces debes crear tus propios finales felices.

Mira.

¿Lo ves?

Pensé que te habías dormido.

- ¿Qué hora es? - Hora de comer.

Ponte presentable y baja.

Todos la extrañaremos, Emily.

Hace mucho que no me llamas así.

Lo olvidé.

Durante la cena, todos estuvimos callados...

perdidos en nuestros pensamientos.

Al mirar alrededor de la mesa, percibí a los otros invitados fantasmas...

Phyllis, Francine...

la mujer del General, su hija, su yerno...

la novia de Werner, Madeleine...

y detrás de mí, el padre que no era mi padre...

Ernie Chumps...

y la pareja que murió cuando su motocicleta volaba hacia el cielo...

en La pared de la muerte.

A veces...

siento como si todos estuviéramos...

en una historia que se escribe a medida que pasan los días.

- ¿Más vino, General? - Sólo una gota.

Girotti vino a buscarte hoy.

¿Qué quieres decir? ¿Estuvo aquí?

Sí. Será mejor que lo llames.

Con su permiso, iré a caminar.

Sí, es una noche hermosa.

Buenas noches, Aimee. Que duermas bien.

Buenas noches.

Recuerda, mañana nos espera un largo día.

Pensé que se había ido a dormir.

Estaba a punto de hacerlo, General.

¿Puedo comer un trozo de queso con esto?

No tenía hambre más temprano.

Claro.

- ¿Oí la puerta principal? - Sí.

Riversmith.

Se fue a dormir.

Será extraño sin ella.

- Sí. - Sí, muy extraño.

Me despido, General.

Tengo algo que hacer.

Buenas noches, Sra. Delahunty.

Buenas noches.

¿Sr. Riversmith?

¿Qué pasa?

No, está bien.

No pasa nada.

¿Qué hora es?

Ni siquiera es la medianoche.

- ¿Sucede algo? - No.

No pasa nada.

Pensé que podríamos compartir un trago de despedida.

Estaba profundamente dormido.

Debemos hablar.

¿De qué?

A esta hora mañana ya te habrás ido. Sólo un traguito.

Sra. Delahunty, no tenemos nada de qué hablar.

Es descortés...

que me llames Sra. Delahunty, Tom.

Ni siquiera es mi verdadero nombre.

Que la hija de mi hermana haya pasado un tiempo en su casa...

después de la tragedia no le da derecho a acosarme.

Estuve pensando mucho en él.

¿Por qué lo hizo?

¿Qué...

terrible ira lo habrá poseído?

¿De qué habla?

Pero él la quería.

De veras lo creo.

Quizá haya aceptado ayudarlos.

Pero lo vi acariciándole el brazo...

en el vagón del tren. Estaba enamorado de ella.

Enamorado de verdad.

¿Habla del joven alemán?

Lo han de haber manipulado.

Parece tan moderado y amable.

¿Él se lo confesó? ¿Eso está diciendo?

Me encantaría que tomaras un trago...

¡No, no quiero su maldito grapa!

¿Por qué quiere obligarme a beber?

Todas las horas del día y de la noche, piensa que necesito un trago.

Hace una acusación atroz...

Sólo dije que podría ser cierto.

Ninguno de nosotros puede estar seguro de nada.

Sólo los responsables, ambos lo sabemos.

¿Tiene pruebas para decir lo que dijo sobre el alemán?

Tuve un sueño.

¿Un sueño?

Y lo veo...

en su cara...

en su alma.

¡Es un sueño!

¿Es la única prueba que tiene?

¿Qué otra prueba necesita?

Dadas las circunstancias correctas...

todos somos capaces de realizar las cosas más atroces.

E incluso si Werner es culpable...

existe la posibilidad de la redención en el perdón de un niño.

Y para Aimee, una recuperación al ofrecerlo.

¡Qué ridículo!

¿Cómo puede sugerir que Aimee...

sea amiga de un muchacho al que acusa de haber matado a su familia?

Es monstruoso.

Escúchame.

¿Conoces la palabra italiana colpa?

Significa culpa.

Todos nosotros...

sentimos colpa por algo.

Es un peso que todos debemos soportar.

Por favor, no dejes...

que la colpa se interponga en tus acciones.

No entiendo de qué diablos está hablando.

Creo que sí.

Sientes colpa...

porque nunca te reconciliaste con tu hermana.

Y por eso sientes la obligación de regresar con la niña.

¡Por el amor de Dios!

Sé honesto contigo mismo. Admítelo.

¡Por favor! Ya deje de hablar, ¿quiere?

Aimee está feliz aquí.

En este momento, no podría ser más feliz.

No destruyas su oportunidad de ser feliz...

por tu propio sentido de culpa.

No has tocado tu grapa.

Un trago te haría bien.

No, no quiero ningún...

Lo siento.

Está muy borracha.

Eso es fácil de decir.

Es una forma fácil de evitarme.

Aléjese de mí. No se me acerque más.

Sólo...

manténgase alejada.

Déjeme en paz, Sra. Delahunty.

Quiero irme a dormir.

Eres un hombre que siempre duerme.

Dormirás hasta tu tumba.

El infierno es el lugar en que despiertan los hombres como tú...

con llamas alrededor de las piernas desnudas.

Son las 9:00. Es hora de irse.

Aimee, vamos. No queremos perder el avión.

Sube atrás y abróchate el cinturón. Muy bien. Sube ahora.

¿Estás lista?

Adiós, Rosa.

Confío en su discreción, Sra. Delahunty.

Por supuesto.

- Quiero hablarle... - De Werner.

¿También lee la mente?

Siento que es él a quien busca.

¿Lo siente?

Tuve un sueño.

Cuéntemelo.

En el sueño había una manifestación.

Los jóvenes cargaban pancartas, y Werner estaba entre ellos.

La policía usó el cañón de agua.

Fue muy violento.

Y luego recuerdo...

que había un gran edificio.

Creo que era una oficina.

Werner y la chica estaban ahí y se conocían...

aparentemente por accidente.

Pero creo que estaba planeado, porque ellos...

Necesitaban usarla.

La necesitaban para llevar la bomba.

¿Él está en su cuarto?

Se fue.

¿Se fue?

Pregúntele a Quinty. Vinieron dos hombres en un auto.

"Parecía haber un desacuerdo", dijo Quinty.

Creo que era algo más importante.

Este sueño suyo, ¿fue inspirado...

o provocado por algo que le dijo el joven alemán?

Me dijo que la chica era intérprete.

Que trabajaba para una gran empresa, una de las multinacionales.

¿Nada más?

Dijo que a él le interesaba la política.

La chica iba camino al aeropuerto.

Iba a viajar en un avión privado con ejecutivos importantes de la empresa.

Entre los escombros de la carrozza 219...

hallamos fragmentos de un interruptor barométrico.

Es obvio que la bomba debía explotar cuando el avión estuviera en el aire.

Ha de haber explotado por error.

También establecimos una conexión entre Werner y un grupo de activistas políticos.

El hecho de que aparentemente haya desaparecido...

me hace creer que nuestras sospechas eran fundadas.

Fue un sueño admirable.

Los sueños lo son, Inspector.

Y no se los valora.

Quizá.

A las chicas de mis novelas rosas nunca las abandonan sus amantes.

Las madres no abandonan a los pequeños.

Los dedos malvados nunca palpan cuerpos inocentes en la oscuridad del cine.

El lado sombrío de las cosas no me atrae.

Imaginaba su avión volando sobre el Atlántico.

Ganarían en horas.

Más horas para la joven vida de Aimee.

Irían a casa en el Buick.

No sería fácil conversar.

Tom está cansado.

Quizá Francine sugiera que las dos cocinen juntas.

Huevos revueltos.

Aimee y Francine...

su primer comida en su nuevo hogar.

Cuando oscurezca en Pensilvania, los Riversmith yacerán bajo las sábanas.

Él se quitará el pijama...

y el esbelto cuerpo de Francine también estará desnudo.

La niña podrá estar muy loca, pero de alguna forma se arreglarán.

Pensarán en algo...

ya que el trabajo de ambos es pensar.

Y en algún momento después...

quizá meses o años más tarde...

decidirán que la niña necesita cuidado especializado.

Será mejor para ella que la cuide gente preparada...

en un lugar con otros como ella.

Estábamos en el aeropuerto.

Él estaba ahí, hablándole en el mostrador.

Y regresaron con las maletas.

Él la besó una vez, me apretó la mano y se fue.

¿No dijo nada?

Dijo que los llamaría a ti y al doctor en algunas semanas para ver cómo iba.

- ¿Nada más? - Ni una palabra.

¿Dónde está Werner?

Lo he buscado por todas partes.

- Se fue a casa de sus amigos. - ¿Qué amigos?

Unos amigos de Alemania. Se fue de vacaciones.

Pero te manda un gran abrazo, ¿sí?

Iré a revisar la platería. Ojalá no nos haya robado todo.

Si lo hizo, lo perdonaremos.

¿Perdonarlo?

Todos necesitamos ser perdonados, Quinty.

Quizá el Sr. Riversmith nunca vuelva a buscarla.

Quizá decida que no quiere un niño en su vida.

En especial, no la hija de su hermana.

No es ningún tonto.

Sabe que Francine estará celosa.

Tengo serias dudas de que regrese alguna vez.

Pero quizá regrese el mes próximo.

Quizá muera el mes próximo.

Quizá la luna haya chocado contra la Tierra.

¿Quién sabe las cosas horribles que pueden pasar?

Pero ahora...

estoy feliz. ¿Qué más importa?

Carpe diem.

Nunca sé muy bien qué significa.

Aprovecha el día. Vive el presente.

Disfruta de la vida mientras puedas.

Carpe diem.

Lo recordaré.

En el jardín, florecían los delfinios.

Con los aromas de la tarde, la niña del vestido blanco...

caminaba con un paso tan ligero como telaraña matutina.

Esa tarde no tenía la menor preocupación.

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