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Jamie, nos vamos. Ponte las zapatillas.
- ¿Qué le pasa? - No tengo ni idea.
Atento. Solo voy a hacerlo una vez más.
El conejo sale de su madriguera y corre alrededor del árbol.
Pero no para de reírse de ti, así que lo coges de la cola
y se la arrancas. Sigues la sangre hasta la madriguera,
¡sacas al conejo de allí y lo estrangulas!
Y ya puedes andar.
¿Qué me dices, Reese?
¿Sacamos el barco nuevo luego? El viaje inaugural, solos tú y yo.
Padre e hijo cortando las olas con el viento en el pelo.
Y mira.
He retocado el baño de popa.
Lo siento. Hoy empiezo en el curro.
¡Venga ya! El primer día nunca se trabaja.
Solo rellenas impresos y escoges a tu enemigo.
Ha sido difícil conseguirlo. Siempre llaman a mis referencias.
Pero en venta telefónica pasan de eso.
Tengo que acosar a viejos e impedidos. Cobro por hacer lo que me gusta.
- Imagínate, Dewey... - Ni hablar.
Dame una razón.
No me hagas decirte por qué no quiero.
Si lo hago, a ninguno de los dos va a hacernos felices.
Dejémoslo como está.
¿Qué me dices, Malcolm? Pronto te irás de casa.
Podría ser la última ocasión de pasar juntos un buen rato.
No puedo, papá. Ayer operaron a Stevie.
Ha salido de la UCI y quiero visitarlo.
- ¡Porras! - ¡Hasta la noche!
Mamá, ¿compraste el bicarbonato para mi proyecto?
¡Se me olvidó!
- ¿Qué? ¡Te lo pedí cinco veces! - De eso sí me acuerdo.
Mi compañero me va a odiar.
Lo necesitaba para el volcán. Ahora será una montaña llena de vinagre.
Haz como tu hermano.
Lleva polvos de talco y culpa al del vinagre.
Qué bien que hayas recapacitado y hayas venido.
Menos mal que uno de mis hijos puede pasar un rato con su viejo.
¡Fíjate! La cubierta es de teca auténtica.
Tiene sirena de niebla y todo. Escucha.
Cuidado, no es un juguete.
- Estás sentado en mi banco. - ¿Qué?
Este es mi banco.
Los bancos no tienen dueño, jovencito.
Seguro que encuentras otro.
No quiero encontrar otro.
Siempre me siento aquí.
Jaime, yo me encargo.
¿Limpiaste las cacas de paloma con la manta de tu hijo?
Me he ganado este banco, así que vete por ahí.
Vale, pongámoslo en posición y apuntemos al horizonte.
Ahora está en las manos de Dios. Bueno, en las mías.
Firme.
Firme y decidido.
Fíjate. Es perfecto.
¿Estás loco? ¿Qué crees que haces?
Creo que hundir tu barco.
Señora, si le gusta respirar, disfrutará con el nuevo Ionator 5150.
Está probado que esta maravilla purifica...
...el 63 % de los patógenos del aire,
además de amianto, humo de tabaco y ácaros taiwaneses.
- Si lo compra, garantizamos... - ...que mañana estará muerto.
Pero tiene razón, su vida no vale 50 pavos.
Déjeme colgar para que pueda salvar a gente que quiere vivir.
Vale, le enviaré dos. Pero la próxima vez no me maree.
¿Cómo va todo por aquí?
Son estúpidos, se lo creen todo.
He pasado del folleto y me lo estoy inventando todo.
Da igual. El folleto lo escribí yo.
Seis ventas en 20 minutos. Tienes talento.
Sigue así y ganarás el concurso de ventas.
¿Qué concurso?
Anotamos las ventas totales en aquel tablero grande.
El primer premio, una tele de pantalla plana.
El segundo, una barbacoa.
El tercero, uno de nuestros purificadores.
Pero, créeme, no quieres que te toque.
Sigue a este ritmo.
Hola, llamo de Filtros Air Scrub.
No, que no se ponga mamá. Coge su tarjeta de crédito.
- ¿Y Stevie? - No lo he visto.
Hace tres horas que te fuiste al hospital.
Intenté coger el autobús, pero he acabado en el aeropuerto.
Deberían poner mejores indicaciones.
Son rojo brillante y pone "aeropuerto".
Hemos pasado por el hospital, pero no se podía bajar.
¡La gente es lo peor!
- Cálmate. No pasa nada, vuelve mañana. - Si el autobús quiere.
Cariño, ¿y tu día?
INSUFICIENTE
LA MEJOR MADRE DEL MUNDO
Me encanta este trabajo.
Dices que eres médico por teléfono y ni los propios médicos lo dudan.
- ¿Alguien tiene algo que explicarme? - ¿Qué?
¿Por qué esta manga es un poco más corta que esta?
- Te habrá crecido ese brazo. - No, me los he medido.
- Flipante. - Me queréis liar,
pero habéis tocado mis cosas.
Los retrovisores, mi cepillo de dientes.
Y he limpiado el filtro de la secadora,
- pero vuelve a tener pelusas. - ¿Puedes hacer la colada así?
Quiero que salga el responsable y quiero que salga ya.
- ¿Por qué te haríamos algo así? - Sí, mamá, ¿por qué?
Disculpe. Busco a Stevie Kenarban.
Un momento. En la habitación 220, coge el ascensor.
Gracias.
Hubiera venido ayer,
pero mi bolsa del almuerzo tenía un agujero y se me cayó.
El sándwich aguantó, pero la naranja rodó. Cuando la cogí, llegaba tarde a clase.
Sigue estando en la 220.
¿Dónde podría encontrar un regalo?
Yo miraría en la tienda de regalos.
- Buena idea. Gracias. - De nada.
¿Puedo ayudarte en algo?
¿Hay tarjetas sin lo de: "Ponte bien"?
Esto es un hospital. Solemos intentar animar a los pacientes.
Vale. Es que todas las tarjetas son muy genéricas.
Quiero una especial para mi amigo.
- ¿Y unas flores? - No voy a proponerle matrimonio.
- Este oso es muy popular. - A ver.
Es alérgico al pelo, al relleno, a los ojos de plástico.
¿De qué está hecha la etiqueta?
Vale, me quedo con el hawaiano.
- ¿Seguro? - Sin duda.
Nos quedan diez posibilidades. Repasemos otra vez los pros y contras.
Atención. Son las 21:00. Las horas de visita han terminado.
¿Qué? ¿Cómo ha dejado que pase esto?
No vendas mi corazón Mi corazón dolorido
No creo que lo comprendas
TABLERO DE VENTAS
LOS MEJORES VENDEDORES
Reese es una máquina vendiendo.
Si mantiene este ritmo, ganará.
Tranquilo. Le he dado la lista de los que nos mandaron a la porra.
Oiga, no volveríamos a llamarle si no se tratara de una emergencia.
La compañía dice que tienen en casa una gran cantidad de radón.
Su familia ha podido sobrevivir,
pero sus vecinos no tendrán tanta suerte.
No lo compre de Air Scrub, sino de la competencia.
¡Le daré su teléfono, pero dese prisa, por Dios!
Aire Feliz. ¿En qué puedo ayudarle?
¿No hay reformas ni cuarentenas?
¿No van a trasladar el hospital antes de que yo llegue?
Vale. Ocúpese de ese dichoso accidente de autobús.
Quiero asegurarme de todo.
Tengo indicaciones, un regalo, sus galletas favoritas.
Esta vez nada podrá impedir que visite a Stevie.
Hay pocas cosas tan valiosas como la amistad.
¡Leches!
- ¿Qué ocurre, papá? - Nada. He puesto la batería al revés.
¡Madre mía! ¿Por qué ahora?
No puedo dejarlo así.
- Te echo una mano. - Puedo apañarme solo.
Debo sacar el agua del casco.
- ¿Qué ha pasado? - Nada.
Un gamberrete lo golpeó.
¿Dejarás que se salga con la suya?
No importa. Me iré a otra parte del lago.
¿Y que lo vuelva a hundir? Debes contraatacar.
Me has enseñado a defenderme.
No puedo pegar a un niño de diez años.
Podría sujetarlo y tú le pegas.
No, papá. Derrotémoslo en el agua.
Con algunas modificaciones, será imparable.
Le daremos más fuerza a la hélice y usaremos titanio en la proa.
¡Lo partiremos en dos!
- ¿Podemos hacer todo eso? - Desde luego.
- ¿Ponemos un capitán en el puente? - Claro.
Malcolm, en momentos así sé que no te cambiaron al nacer.
Gracias, papá. Venga, tenemos mucho que hacer.
- ¿Una galleta? - Gracias.
¡Te pillé!
- Perdona, creía que eras otro. - ¿Qué estás haciendo?
- ¿Llevas mucho ahí? - Unas horas.
¿Unas horas?
- ¿Qué sucede? - No lo sé, Hal.
Creo que uno de los chicos está fastidiándome.
El marcapáginas no estaba en su sitio. Un hilo suelto en mi blusa.
La radio del coche no sintonizaba la emisora que siempre escucho.
¡Madre mía! Parece que estoy loca.
Cari, necesitas parar un momento y aclarar tus ideas.
¿Sabes qué me ayuda? Trabajar con Malcolm armando mi barco.
¡REESE Y CARL, IGUALADOS!
Entiendo que esté muy enfadado, pero deje que le diga algo.
Soy nuevo, pero llevas media hora hablando
y no has cerrado el trato. Recuerda, VSP: Vende Sin Parar.
No puedo interrumpirlo a media...
No somos telescucha. Dame el teléfono. Te voy a enseñar cómo hacerlo.
Oye, no podemos tirarnos todo el día hablando contigo.
Dame un motivo por el que no necesites el purificador.
- Voy a suicidarme. - Buen intento. Esa excusa la uso siempre.
No, hablo en serio. Creo que ya no puedo seguir así.
Tengo una depresión clínica. Mi gato se murió porque era una molestia.
Mi mujer se fue con mi hermano y mi familia se puso de su parte.
- No me dejan... - ¡El manual!
Vale, Dewey, ya sé qué sucede. Sé que eres tú.
Si fuera Reese, estaría alardeando.
Malcolm no tiene tanta paciencia. Solo quedas tú.
Si tuviera pruebas, estaríamos hablando mientras te emparedo en tu armario.
Es por lo del volcán, ¿no?
Vale, admito que quizá haya sido algo desconsiderada
con tus necesidades,
pero ni por asomo eso justifica estos mezquinos ataques.
Pero bueno, pasemos página.
Te propongo un trato.
En el futuro, prometo estar más atenta y ser más consciente de tus sentimientos.
Soy una madre amorosa, así que lo haría de todos modos.
A cambio, promete que acabarás con esta estúpida campaña
para volverme loca.
Dame una señal de que estamos de acuerdo.
Bien.
Tú tranquilo, Malcolm.
No somos más que un padre y un hijo normales que se quieren.
Tranquilo. Una mujer con un carrito.
Saluda tú también, para que parezca natural.
Se lo ha creído. Baja el brazo.
Nadie sospecha nada.
No te acerques a los patos. Ya nos ocuparemos de ellos.
Espero que aparezca pronto. Iba a ir a visitar a Stevie.
- Fuiste a verlo ayer, ¿no? - No exactamente.
Pero lo viste el fin de semana.
- No. - Espera.
¿Cuántas veces has visitado a Stevie?
Si sumamos todas las veces, ninguna.
¿Ninguna? Malcolm, no puedo creerme lo que oigo.
Tu mejor amigo en el hospital y tú ayudándome a atacar a un niño.
Estoy en ello, pero ir a ver a alguien no es tan fácil como parece.
Malcolm, ¿no ves lo que haces?
Estás evitando una situación desagradable.
Lo sé. Es que Stevie y yo nunca hemos hablado en profundidad
de su enfermedad. Tenemos el acuerdo tácito
de que él es un chico normal.
Si tengo que verlo en un hospital,
enganchado a alguna máquina,
me costará fingir que todo va bien.
No sé qué decirle.
Hijo, no lo pienses.
A veces basta con decir: "Hola".
Es una buena forma de decirlo. Sencillo.
Lo pone en un anuncio de esa parada. Llamadas a larga distancia.
Ve al hospital y demuéstrale a Stevie que te importa.
- Gracias. - De nada.
Es la hora del duelo.
Esta vez no.
¡Oh, no! ¿Qué puedo hacer ahora?
¿Qué tal esto?
¡Saluda a mi amiguito!
¡Oye, has roto mi barco!
No haber venido a la fiesta, niño.
Era el barco de mi abuelo.
Me lo regaló antes de morir.
Ha empezado él.
No encuentro ningún motivo para seguir viviendo.
Soy obeso y no tengo amigos. Yo...
Oye, esto es absurdo. Voy a colgar.
No le importo a nadie.
Oye, Lyle, yo estoy tan perdido como tú.
A lo mejor ni me gradúo en el instituto.
No tengo ni un duro.
Si desapareciera, ¿quién se daría cuenta?
Pero ahora tengo un propósito.
Quizá estábamos destinados a hablar hoy.
- ¿Crees que era nuestro destino? - Exacto.
La vida es como una montaña rusa. Bajas, pero es divertido volver a subir.
Puede ser.
La verdad, ya me siento un poco mejor.
Esto es lo que quiero que hagas.
Quiero que vayas al cuarto de baño
y quiero oírte tirar esas pastillas por el retrete.
- Las he tirado. Lo he hecho. - Buen trabajo.
No sé qué decir. Gracias, Reese.
No me des las gracias, Lyle. Lo has hecho tú.
Siéntete bien contigo mismo.
Deberías regalarte algo muy chulo.
Coge tu tarjeta de crédito y compra una docena de purificadores.
Eso suena un poco caro.
¿Te he salvado la vida y dudas de mí?
Perdona, es que...
¡El precio sube cada minuto! ¡Dime el número de la tarjeta, vamos!
- Voy a por la cartera. - Dadle la dichosa televisión.
Mira quién está en el hospital. Stevie Kenarban. Qué sorpresa.
¿Crees que he venido a compadecerme de ti? Pues estás muy equivocado.
No lo hice con la operación de columna
ni cuando te abrieron la cabeza, así que ahora tampoco.
Me alegra que sigas vivo. Te veo cuando salgas.
Ah, y toma tu galleta.
Te dije que vendría.
Subtítulos: Antonio Núñez
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