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Madre, Jamie.
¿De dónde lo has sacado?
¿Sabes lo que puede pasar por jugar con esto?
Mira. ¿Lo ves?
No es un juego.
Ni un juguete.
¡Llama a tu madre!
MALCOLM
Hola, cari. ¿Qué tal el día?
Son los Días Superlocos del Lucky Aide.
Estoy como si me hubiera pasado un camión por encima.
Aquí tienes tu infusión.
El tema es que no hay nada rebajado.
Meten todo en unos cubos
y la gente se vuelve loca.
Tiré mis llaves
y tuve que luchar 20 minutos para recuperarlas.
- Ostras, el cuello me está matando. - Listo.
Y un hombre de 90 años con glaucoma quiso pagar todo con centavos.
Pies arriba.
Lo dejamos en cinco dólares, seis botones y un tapón aplastado.
Pies abajo.
Casi no aguanto todo el turno en pie.
Voy a tener que comprarme las plantillas ortopédicas.
Según el doctor, tengo la pronación de un payaso.
Si las necesitas, las necesitas. Es lo que hay.
El talón derecho necesita piedra pómez.
Hal, ¿qué haría sin ti?
No sobreviviría si no recogieras los pedazos
para recomponerme.
Solo hago lo que hace cualquier marido.
Cualquiera que se preocupe.
Listo.
Hecho. Si te inclinas, me dedicaré a los omoplatos.
Esa es la única parte que no me duele.
¿De verdad?
¿Sabes que la lavadora falla otra vez? Ya está.
No es justo. Me debes diez pavos, Malcolm.
Me los ibas a pagar hace un mes.
Vives aferrado al pasado.
Pasa página como todos.
Si nos acosas así, no volveremos a pedirte dinero.
Está solo. Hace un amago.
Otro. Y se gira para pasársela a...
¿Da puntos no golpear en la cabeza?
El aro está suelto.
Mamá, ¿cómo lo has hecho?
Las plantillas te cambian la vida, chavales.
Ayúdame con la compra.
Ya te digo que creo que no volveré a jugar al baloncesto.
¿Qué leches...?
Quería pillarte a solas, comemierda repugnante.
Taponcín, ¿eres tú?
¡Es increíble!
¿Qué haces aquí?
Quería pasar mis días libres con mi idiota favorito.
- ¿Quién es? - Mi mejor colega del ejército.
¿Recuerdas la soldado que lloró con su primer paquete de la familia?
Abby consiguió que se callara.
Es lo que haría cualquier líder.
Soy Abby Tucker. Encantada.
Yo soy Lois y él es Malcolm.
Ya, claro, Guisante.
Ahora lo pillo.
Así que eras líder de pelotón.
Qué bien que las mujeres tengan alguna autoridad.
Sí. Aunque es raro darles órdenes a los hombres.
Pues no debería.
Son como perros. Se calman con los límites.
Oye, si no te importa,
tenemos poco tiempo y mucho que contar.
Claro.
Quiero mi dinero.
Quiero mi dinero.
Quiero mi dinero.
Dewey, te he oído las primeras 500 veces. Cállate ya.
Vale.
Quiero mi dinero.
Quiero mi dinero.
Escucha, tienes razón. He sido injusto contigo.
Era un trato.
Guardaba todo esto para dártelo en una ocasión especial,
pero hoy es un buen día.
Feliz día de Dewey.
Esto es basura.
Una vez le dejé cinco pavos a Francis y me pagó con una piruleta.
Tienes suerte.
Cari, siento llegar tarde.
He tenido que parar a recoger este pequeñín.
¿Por qué no te frotas con él mientras te preparo el baño para los pies?
He hecho un ajuste en el pH que creo que te resultará reconfortante.
Hal, olvídate de eso.
Me he puesto las plantillas nuevas.
¿Lo ves? Son milagrosas.
El dolor y la tensión se han ido por completo.
En cuanto he notado los pies bien sujetos,
el cuerpo se ha alineado como una familia de patos.
Vaya, ¿qué me dices?
Supongo que los Días Superlocos se han calmado un poco.
¿Es coña?
Hoy era el Día de la Poslocura. Menuda pasada.
Y ha vuelto el cegato de los centavos.
Menudas historias tiene sobre su salud.
¿Sabías que los hombres pueden contraer candidiasis?
Vaya tela.
Puedes guardar todo eso, ya no me hace falta.
- ¿No es maravilloso? - Sí. No podría ser más feliz, cari.
Cállate.
¿Seguro que no quieres dormir dentro esta noche?
Su patio es más que suficiente.
Y no se preocupe más por la zarigüeya.
Vaya, gracias.
Debo confesar que la admiro, señora.
¿A mí?
Sí, señora.
Reese me ha contado de todo.
¿Le hizo cortar el césped con unas tijeras de manicura?
El mérito no es solo mío.
Él fue el que no rellenó la cubitera.
¡Malcolm, Reese, movimiento!
¡Dilo o te chupo la oreja!
¡Soy un saco de pus insignificante y tú eres mi ama!
Es verdad, pero me gusta oírlo de vez en cuando.
¿Está libre la letrina?
Creo que está Dewey.
No pasa nada. Haré un hoyo.
¿Cuándo os vais a enrollar?
¿Cómo? ¿Qué me estás contando?
Venga ya.
Cada vez que os miro, te está toqueteando.
Se nota que le gustas.
Retíralo.
¿Qué te pasa?
Jamás le daría la espalda, pero está buena.
Qué va. Las colegas no están buenas.
Eres increíble. Mi mejor amiga me despierta y me tira un pedo en la cara,
¡y tú lo conviertes en algo asqueroso!
He vendido los cómics que me diste. Eran una mierda.
- Dewey, ya basta. - De hecho,
el Capitán Peligro 243 tenía una errata.
A los entendidos del cómic les interesan mucho las erratas.
Sobre todo cuando solo hay cinco copias
y Quentin Tarantino tiene las otras cuatro.
¿Qué quieres decir?
¿Hace calor aquí o es por el dinero?
¡Qué fuerte! ¡Es fantástico!
¡Tenemos una mina de oro!
"¿Tenemos?". Creo que no.
Dewey.
No te tragaste lo de la basura, ¿no?
Debía conformarme con lo que me diste, y así es.
Toma 20 pavos y pírate.
Esta es mi habitación. No puedes echarme por 20 pavos.
- ¿Y por 40? - ¡Ni lo sueñes! Ni de... Vale.
No pienso llamar al técnico de la lavadora ni de coña.
Solo tengo el manual en japonés, pero puedo hacerme una idea.
Ya está arreglada, cari.
¿A qué te refieres?
Me sentía tan bien, que la he mirado.
Había un juguete de Jamie entre el tambor y la caja.
¿No es increíble
que ya no te necesite?
- Vaya, qué raro. - ¿Qué pasa, cielo?
Mis plantillas estaban aquí.
Las dejé anoche. ¿Dónde estarán?
No tengo ni idea. A menos que... Un momento.
- Me cago en... ¡Dichoso crío! - ¿Quién?
Jamie. Hay un poco de gelatina en el zapato. ¿Lo ves?
Hazte a la idea, criamos a un cleptómano.
¿Para qué las quiere?
A saber. Ayer cogió el último dónut.
Bueno, no creo que volvamos a ver las plantillas.
Con lo bien que te encontrabas.
¿Por qué, Dios? ¿Por qué siempre nos pasan estas cosas?
¿No puedes darnos ni un respiro?
Sí que las tenías tú.
¿Por qué tienen barro? ¿Las has enterrado?
Qué crío tan listo.
EL MERCENARIO SEMANAL FUERZAS ESPECIALES
Muchas gracias por la compañía.
Aunque no sé por qué te fascina mi trabajo en Lucky Aide.
¿Lo dice en serio?
Su forma de lidiar con la chusma insubordinada sin disparar
es increíble.
¿Hacemos algo de colegas?
¿Pegarnos, liarla? Sin cosas raras ni complicaciones.
Sí, claro. Dame un segundo.
¿Por qué haces eso?
Los tengo secos. ¿Quieres?
- ¿Qué más has comprado? - Champú, limas y bastoncillos.
¡No te pongas en plan tía!
¿Qué sucede? ¿Temes que no pueda contigo?
¿Qué te pasa, Reese?
Tenemos que hablar. Pégame si me equivoco,
pero aquí hay algo raro que va más allá de la amistad.
Vaya. ¿Tanto se nota?
¿Es verdad?
No te enfades, Reese.
Te juro que yo no quería que pasara.
Es solo un cuelgue infantil, no va a ninguna parte.
Lo siento, lo último que quiero es incomodarte.
¿Te estoy incomodando, Reese?
No, no pasa nada.
Puedo soportarlo.
Qué bien.
- ¡Hay que secar esto! - ¡Sí, señora!
¡Mierda! No debí dejar que me viera con los pantalones de ciclista.
Espera.
No te muevas.
Ni siquiera te gusta.
Pero a ti tampoco.
¡Charlie, Brad, Neil, hora del karaoke!
Qué bien, el karaoke. Bien alto.
¿Te he dicho ya lo mucho que adoro mis plantillas?
Sí. Les compusiste una canción durante la cena, ¿te acuerdas?
¿Vienes a la cama?
No puedo. Estoy demasiado despierta.
Si quieres liberar algo de tensión, creo que puedo ayudarte.
Si me lo pides amablemente.
Qué encanto, pero mejor en otro momento.
Voy hasta el instituto a correr un poco.
Sujeta mientras me cambio.
Ya está. Se acabó tu jornada laboral.
Esto vale más de 45 dólares.
Estoy de acuerdo.
Mañana llevarás los pendientes de mamá y algo ceñido.
No, se acabó.
No me humillaré más por un dinero que me corresponde.
No sabrás cuánto te llevarías.
No me importa.
- ¿Nada? - No.
¿Ni los mil primeros?
- ¿Mil? - Tienes razón, ya aburre.
Te atormentaré de otra manera.
¡No! Esto va sobre ruedas.
Hasta tengo urticaria.
No lo desaproveches.
¿Y si mañana voy hasta el centro comercial llevando aletas y gafas de buceo?
Vamos viendo.
¿Cuánto llevas ahí?
Desde anoche. Me duele que nadie se haya dado cuenta.
¿Es por Abby?
Tenías razón, Malcolm. Me desea. ¡Es un desastre!
¿Por qué? Una chica está loca por ti.
Pero no está bien. Es mi colega. Mi mejor amiga del mundo.
Para partirnos de risa y olernos el sobaco.
Cada uno liga a su manera.
Lo importante es qué sientes por ella.
No sabría decirte. Siento niervos en la tripa.
Como si estuviera un poco suelto.
Eso es amor, tío.
¡Hala! Alguien debería ponerlo en una canción.
Sé que tenemos nuestras diferencias, pero te lo digo como hermano.
No eres para tanto.
Puede que no tengas otra ocasión igual.
Cálmate y dile lo que sientes.
O quedarás como un idiota.
¿Tenemos la falda a juego con esto?
¿Quién que ha dejado la basura
- en mitad de la entrada? - ¡Sí!
Odio estos trastos.
Cari, ¿qué ha pasado?
Estaba en mi caja poniendo unas pegatinas de mariposas,
cuando de repente sentí un calambre horrible en la pierna.
Como cuando me mordió Francis, pero esto no lo paró la manguera.
Si van a solucionar un problema y a provocarme otro, no las quiero.
Prepararé el baño.
Culpa mía, por creer que recuperaría mi vida por arte de magia.
Era demasiado bueno para ser verdad.
No puedes confiar en el banco.
Ni en tus propios hijos. Ni, por supuesto, en los médicos.
Eres la única persona en la que confío.
Menos mal que te tengo a ti.
Perdón, busco a Reese.
Si la nevera está cerrada, no está en casa.
Hal, tíralas. Intentaré andar sin ellas.
Cari, quizá no sea culpa suya.
Ya está decidido. No las usaré más.
Parece una distensión leve del gemelo.
Era algo muy común en el campamento militar.
Debería masajear el músculo.
¿Tú crees?
Puedo hacerlo yo si quiere.
¿En serio? Abby, eso sería estupendo.
Adelante, no te cortes.
No, en serio. Métele bien.
¡Eso es!
Dios, justo ahí.
Eso es.
Sí.
No pares.
Sigue así.
Un poquitín alto.
Perdona, ¿te estás insinuando?
Discúlpeme, señora.
No es que no me halague, pero tengo cinco hijos.
Llevo cien años casada. ¿Por qué pensabas que...?
Menudo error. Me he pasado.
¿Doy esa sensación?
Porque detestaría ir por ahí dando falsas esperanzas.
¿Cambio de peinado?
- Señora, tengo que irme. - Vale.
No te fustigues.
Seguro que muchas mujeres se sienten atraídas por ti.
No olvides la guinda.
Ya está. ¿Contento?
Molaba más la idea en mi cabeza.
- Págame y ya. - Qué chungo viniendo de un helado humano.
Anda, es lo último.
¿En serio? ¿Es lo último?
Eso parece.
¿Quién es el idiota ahora?
Tengo toda la pasta.
Los 148 dólares. ¿Y qué tienes tú, enano?
¡Nada!
Mi autoestima, pero cuesta ponerle precio.
Espera, puede que no tanto.
HAY UNA SOPRESA EN EL GARAJE. REESE
¿Reese?
¿Estás aquí?
Tengo un regalo para ti.
¿Qué?
Algo que no le he dado a ninguna chica.
Espero que te guste.
Reese, ¿qué te...?
- Con lacito y todo. - Te entrego mi inocencia.
Me he reservado para ti.
- No esperemos más. - Soy gay.
- ¿Qué? ¿Es coña? - Creía que lo sabías.
Adiós al lacito.
¿No te atraigo ni siquiera un poco?
Bueno, si fueses la última persona en la tierra
o estuviésemos atrapados en una lista desierta y te operaras...
No. Sigues siendo repugnante.
¡Eso es maravilloso!
¡Volvemos a ser colegas como antes!
Un minuto.
Si yo no soy la chica que te gusta...
¡Qué fuerte!
- Era una bobada... - ¿La del contador?
Sí. Hemos tenido una situación rara.
Ya está pillada, pero no me voy por eso.
No nos veremos un tiempo.
Entonces, ¿se acabó?
Cuídate, Reese. Eres un tío estupendo.
Tú eres mucho más.
Eres mi mejor colega.
¡Yo también te echaré de menos, colega!
Un poco más y estaréis como nuevas.
Ya podéis tratarla bien.
¡Por el amor de Dios!
¡Rompehogares!
Hal, ¿qué haces?
- ¡Salvar nuestro matrimonio! - ¿Qué?
Intentaba volver a poner tus plantillas como antes, pero...
Tengo un límite, Lois.
Al final, un hombre tiene que actuar.
¿Cómo que "como antes"?
¿Les has hecho algo?
Sí, y volvería a hacerlo.
¿Por qué?
Porque...
Porque echo de menos cómo eras antes.
Echaba de menos a la Lois que sufría de dolor y tensión
y gruñía como un lince rabioso.
Esa Lois me necesitaba para sentirse mejor.
Anda, Hal.
Pues ya lo sabes.
Ve a comprarte unas plantillas nuevas y yo me quitaré de tu camino.
Hal, esto es ridículo.
Estos chismes no te van a sustituir.
¿Recuerdas cuando me compré la gofrera alemana?
Aluciné unos días, pero no duró mucho.
- Es verdad. - ¿Y cuando tener hijos nos hacía felices?
Qué tontos estábamos.
El tema es que siempre surgirá algo.
Pero volveré a ser infeliz.
¿Lo prometes?
Por supuesto.
Venga.
Pienso comprarme otro par, Hal.
Vale, pero no me hables de ellas. Y nada de meterlas en la cama.
Subtítulos: Natividad Puebla
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