Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Mientras Betty distraía al gordo, entré sigilosamente en su despacho.
Sus mensajes demostraban que fue él
quien llamó a la policía la noche del asesinato.
El primero que entrara por esa puerta
sería el hombre que mató a mi socio.
"Hola, McKendrick", oí detrás de mí.
Me giré rápidamente, y ahí estaba...
Una estúpida ama de casa
que no compró a su hijo los nunchakus sabiendo que eran seguros.
¡Reese!
MALCOLM
Vale, Reese, te he pillado. Qué tontería. Sal de ahí.
No te sientas culpable.
Dewey, ¿estabas fumando?
¿No sabes lo peligrosa y repugnante que es esa adicción?
¡Me costó varios años dejarlo!
¿Quieres respirar por un agujero en el cuello? ¿Te parece guay?
¿Puedes respirar por el cuello?
- ¿Qué dirá mamá? - ¡No se lo digas! ¡Me matará!
Haberlo pensado antes.
¿Y de dónde has sacado el tabaco?
Hay 20 cartones escondidos en la aspiradora.
Madre mía. Es mi alijo de hace diez años.
Lois me mataría si...
Vale, Dewey. Dadas las circunstancias, esta vez tienes carta blanca.
- ¿Carta blanca? - Sí.
Tus hermanos la tuvieron una vez,
una vez en que no le dije a tu madre lo que habían hecho.
¡Vale, Francis, tienes carta blanca!
¡Vale, Reese, pero solo por esta vez!
¡Vale, Malcolm, solo por esta vez!
Por favor, dame carta blanca.
Vale. Tenemos que firmar el papeleo.
Silla. Libro. Ventana. Mamá.
Venga, Jamie, sabes hablar. Una sola palabra.
Hal, ¿alguna vez ha hablado Jamie delante de ti?
¡Diga lo que diga, miente! No ha visto nada.
- ¿De qué estás hablando? - ¿De qué estás hablando tú?
Me preocupa Jamie. Es que...
Tenga la edad que tenga, aún no ha hablado.
Eso es lo que nos gustaba de él.
Será porque tiene las orejas muy sucias.
Están llenas de cera y no oye nada.
No lo creo.
Tranquila. Cada niño va a su ritmo.
Madre mía, en sexto, yo ya tenía barba
y aún no sabía atarme los cordones.
Aquí estás.
Te has dejado el inhalador de reserva.
Gracias, papá.
- ¿Te ha contado la gran noticia? - No. ¿Qué pasa?
Han aceptado a Stevie como sujeto de investigación
en el Instituto Biomédico Norvet.
El Dr. Norvet lo ha seleccionado para el programa de neuropatía motora.
No es nada.
¿Que no? Vamos, Stevie.
Es lo mejor que nos ha pasado desde que te metieron el estómago.
¿Quién sabe?
A lo mejor esta Navidad podemos ir a esquiar por vez primera.
- Papá... - Mañana
- miraremos tablas de snowboard. - Papá...
Solo las miraremos.
- ¡Mi mesa! - ¡Reese! ¿Qué problema tienes?
Él es mi problema.
Quiero llegar a casa, a mi cuarto, y dejar mis cosas en mi mesa.
Hay una cosa llamada modales. Si te invitan a una casa...
Qué clase tienes, Reese. Venga, pégale.
¡No es justo! Él me ha pegado muchas veces.
¡Se burla de mí, me trata de pena
y, como va en esa silla, se sale con la suya!
La culpa es de la sociedad.
- Perdona, Stevie. - Vale.
¡Malcolm, quita los calcetines sucios de la mesa o te los tragas!
No distinguiría el sabor.
- Lo voy a hacer de todos modos. - ¿El qué?
Voy a darte una paliza.
El viernes, al salir de clase, iremos a un rincón
y de la paliza que te daré tu silla de ruedas necesitará otra silla.
Piensa en ello durante unos días. Imagínatelo.
Sueña con ello, igual que hago yo.
Aunque te chives de mí, encontraré el modo de hacerlo.
Así que muestra un poco de dignidad y cierra la boca.
Tu culo no sabrá que lo pateo, pero yo sí.
Toma.
Según el médico, no hay motivos físicos para que no hables,
así que eso es lo que vas a hacer. Hablar.
Dice que lo mejor
es que hable sin parar y te cuente muchas cosas
para que vivas en un mundo más verbal.
Así que mamá va a contarte todo, como ahora mismo,
que te voy a hacer la comida.
Después hay que lavar la ropa
y luego hacer la cena para toda la familia.
La engullirán a toda prisa y me dejarán fregando
y haciendo la comida de mañana.
Me prepararé para acostarme la última
y el baño será una ciénaga llena de pelos.
Mamá acabará el día frotando con una esponja.
Luego será hora de despertarse y repetirlo todo.
Día tras día, semana tras semana, hasta que muera.
Puede que incluso más allá.
¡Dewey! Sal ahora mismo.
¿Otra vez fumando después de lo de la semana pasada?
- Ya sabes que es malísimo. - Lo estoy dejando.
¿Lo estás dejando? ¿Cuántos cigarrillos te fumas?
- Menos de dos paquetes al día. - ¿Qué?
¿Cómo es posible? Tiré todos los cartones del garaje.
Pero no los que había bajo el suelo.
Ni en los desagües, ni bajo las hiedras.
Hay miles de cigarrillos escondidos.
¿Te gastas todo ese dinero para nada?
Podría haber ido a un colegio privado.
Baja la voz.
Oye, Dewey, lo siento, pero me costó mucho dejarlo.
Solo podía lograrlo sin enloquecer
sabiendo que estaban ahí.
Sé que parece una locura.
¿Sabes qué es una locura? Estar así de enganchado,
aunque odio su sabor y su olor.
Esos están pasados.
Te pierdes el sabor fresco de... ¡No importa!
La cuestión es que puedes lograrlo. Lo haremos juntos.
Sabes que me encanta el café.
Sí, te he visto beberlo en la ducha.
Exacto. Bebo unas tres jarras al día.
Estoy dispuesto a dejarlo por ti, de golpe, si dejas de fumar.
- ¿En serio? - Desde luego.
Así sufriremos juntos.
Sabemos lo que el otro sufre
y podemos apoyarnos mutuamente.
Tú y yo, Dewey. Seremos un equipo.
Suena genial, papá.
Me fumo uno para despedirme.
- Y así... - Dewey.
Sí, vale.
Venga, Stevie, presta atención.
- Hitler acaba de invadir Malibú. - Lo siento.
- ¿Qué te pasa últimamente? - Hola, chicos.
- ¿Qué tal con el director? - Genial.
Mola que se hagan viejos y se lo traguen todo.
Está dispuesto a creerse que me obsesiona lavarme las manos.
¡El viernes!
Reese ha apalizado a Scotty Riselli. Brutal. Ojalá lo hubieras visto.
Le ha dado tan fuerte que ha salido volando.
Y la sangre... Bueno, siempre hay sangre,
pero Scotty era como un aspersor enorme.
Cuando ha caído, Reese ha seguido dándole.
¿Sabías que tenía implantes dentales? Eh, conquisto África.
- ¿Puedo preguntarte algo? - Claro.
¿Crees que tengo una personalidad desagradable?
- ¿Qué? - ¿Crees que busco llevar la contraria?
No sé. Seguramente. ¿Qué más te da?
No quiero que nadie me odie.
- Es por Lisa Filmore, ¿no? - ¿Quién?
He visto cómo la miras. Te gustan grandes, ¿eh? Qué bien.
Un sobeteo por aquí, un magreo por allí...
- Eres un cretino. - Solo quería apoyarte. ¡Lo siento!
- Vamos a terminar la partida. - No puedo.
Hoy es nuestra primera reunión en el Instituto Norvet.
Espera. Tu personalidad tiene algo bueno.
Le sigues el rollo a tu padre y sus planes para que andes,
sin importar que sean estúpidos.
No dices: "Espabila. No voy a levantarme de esta silla.
Siempre seré un tullido".
Tú lo sabes, pero no se lo echas en cara.
Esa es una buena cualidad. ¿Te sientes mejor?
Todas las mañanas dedico mucho tiempo a arreglarme el pelo,
aunque ellos no lo noten. Una estupidez, pura vanidad.
Soy muy neurótica con mi pelo.
Es ridículo si lo piensas bien.
Ojalá pudiera dejarlo, pero no puedo evitarlo.
Tranquilo. No has desayunado.
Si me hubieras traído los chicles de nicotina que te pedí...
¿Estás bien?
¿Eso? No es nada, Lois. La pubertad.
Los pulmones se descuelgan.
Le pasa a todos los de mi familia.
Tos seca, unas ojeras enormes, dedos amarillentos.
Ahí estaba yo. 13 años y como una tabla de planchar,
mientras a las demás les crecían. Me sentía fatal conmigo misma.
¿Y por qué? No había ningún motivo.
Todo matrículas, hacía campañas benéficas, era la mejor del equipo de gimnasia,
pero nada de eso me importaba. Estaba obsesionada con mi pecho.
Y, como una idiota,
empecé a rellenar mi sostén con papel higiénico.
Incluso hoy, recuerdo las mañanas en el cuarto de baño,
metiéndomelo por la camisa
y sintiéndome una niñita rara y fea.
Gracias.
En la clase de Español
me sentaba junto a Janice Montgomery.
Quería probar su esmalte de uñas de mandarina,
pero ella no me dejaba porque yo llevaba zapatos cutres.
- Hola, mamá. - Mirad estas manchas.
Os habéis metido en un lío. Un mes sin fundas de almohada.
Vale.
- ¿Arreglando algo? - Papá. Hola.
Me has decepcionado mucho, hijo. Hicimos un trato.
- ¿Qué es eso? - ¿Qué es qué?
Los dos tenemos un problema.
Estoy es muy degradante.
Volviendo del cole casi recojo una colilla del suelo.
Besé a tu madre con lengua para chuparle el café de los dientes.
Pero podemos lograrlo. Debemos encontrar el modo de distraernos
cuando el ansia sea demasiado fuerte.
- Hal, ¿qué haces? - ¿A ti qué te parece?
¿Un padre no puede jugar a la pelota con su hijo?
¡Lo pasamos bien!
Anoche volví a tener ese sueño. La prueba para ser animadora.
Ya salió bastante mal en su momento y ahora tengo que revivirla.
Me emocionaba tanto pensar que podría ser una Puma
y ser parte de un grupo.
La rutina era fácil. Llevaba años haciéndola en Gimnasia.
Pero la ensayé durante semanas
para que me saliera perfecta.
Llegado el día, me puse el jersey bueno de mi hermana,
pasé una hora peinándome, me rellené el sujetador
un poco más aún, para que me diera suerte.
Al llegar allí, me tocó salir la primera,
delante de todo el grupo y de todos los que iban a la prueba.
Fingí ser más valiente de lo que era.
Mostré una gran sonrisa y empecé la rutina.
Un redondeo, la carretilla, un kip-up. Todo iba genial. Me sentía feliz.
Hice perfecta la voltereta hacia atrás.
Levanté los brazos, pero la gente no me aplaudió.
Se estaban riendo.
Miré hacia abajo
y vi diez metros de papel higiénico repartidos por todo el tatami.
Todo lo que había trabajado,
todo lo que deseaba desesperadamente, echado a perder
por culpa de mi vanidad.
¿Sabes qué fue lo peor? Que no aprendí nada.
En el fondo, sigo siendo tan superficial como entonces.
Todos esos arreglos y retoques,
todo el tiempo desperdiciado para acallar esas risas de hace 30 años
Es repugnante.
Si tuviera el valor, me cortaría el pelo ahora mismo.
¡Enfréntate a ello y supéralo!
- ¿Vas a contestar? - No puedo.
- ¿Sí? - Malcolm.
Soy Abe. ¿Y tu hermano?
¿Reese? No sé. Apalizando a alguien.
¡A Stevie! ¡Tienes que detenerlo!
¿A qué se refiere?
Stevie y yo estábamos en la reunión en el Instituto Norvet.
¡Dijo que tenía que ir a pelear con Reese y se marchó!
- Me aterra que... - Oh, no.
Reese, ¿qué haces?
Algo que debería haber hecho hace años.
Llevo una hora durmiéndome las piernas.
- ¿Qué? - No las siento.
¿Ves? Nada.
Las tres primeras veces ha dolido mucho.
Nadie podrá decir que ha sido una pelea sucia.
Cuando venga Stevie, caeré encima de él como un pez,
lo tiraré al suelo y le partiré la cara, tullido contra tullido.
- ¡Reese, estás loco! - ¿Eso crees?
Eso pensaban de Einstein, hasta que empezó a repartir estopa.
Hola. ¿Y mamá?
En su cuarto, con Jamie. Lleva horas allí.
Oye, siento haberme enfadado contigo.
Estaba inquieto. Ya me siento mejor.
Creo que ya hemos pasado lo peor. Seguimos siendo un equipo. Buen chico.
- ¿Qué haces? - ¿Qué?
Ah, esto. No es nada. Me mantiene calmado.
¡Estamos dejándolo!
No, yo dejo el café. Tú dejas el tabaco.
¡Tramposo! Eso no vale.
Puedo hacer lo que quiera, porque soy adulto.
Vale, si así es como lo quieres.
¡Dewey! ¿Qué haces?
¡No te atrevas!
¡El suave y maravilloso sabor de la traición!
¿Ah, sí? ¡Estoy en el país del sabor, nene!
Esto es bueno. Hay que crecer. Hazlo. No te acobardes.
Solo así dejarás de oírlo.
Todos esos niños riéndose,
mamá en la enfermería diciéndome que no llore,
que no me habría puesto relleno si yo me hubiese desarrollado antes.
¡Vaya por Dios! Fue mi madre.
Fue ella quien me puso el relleno. Madre mía.
Ella me hizo sentir tan espantosa y tan poca cosa. No fui yo.
No fue la vanidad, Jamie.
Fue esa vieja bruja abusona
que intentaba que su hija fuera algo que no era.
Yo no voy a ser esa clase de madre.
Si aún no te apetece hablar, no tienes por qué hacerlo.
Voy a quererte exactamente igual tal y como eres.
Cállate.
¡Pura dulzura tostada! Es como si estuviera en un café de París.
Y yo con dos chicas en una lancha,
fumando una suave mezcla de los mejores tabacos.
¡Hal!
¡Dewey bebe café!
Lisiarme las piernas ha fortalecido mis brazos.
Por eso los ciegos tienen la nariz más grande. Va a molar.
No lo hagas. Stevie es nuestro amigo.
Oye, no es amigo mío, sino tuyo. Me trata fatal.
Me insulta y me desprecia. Y tú le dejas.
- ¿Qué? - Te pones de su parte.
Haces todo como él quiere, aunque seamos hermanos.
Espera. ¿Estás celoso?
No, estoy cabreado.
Stevie y tú seréis amigos toda la vida,
pero cuando vayas a la universidad y huyas de aquí, no volveremos a verte.
Pese a todo, pasarás el resto de tu vida con Stevie
en vez de...
- ¿Tengo que decirte que te quiero? - No.
Vale.
Tío, como has dicho, somos hermanos.
No importa que quiera marcharme, estoy atrapado aquí.
Da igual dónde vaya o qué haga, estamos obligados a estar juntos.
En Navidad, los cumpleaños...
Estamos obligados a estar juntos el resto de nuestras vidas.
¿Ah, sí?
- ¿Qué ha sido eso? - No lo sé.
PROPIEDAD DEL INSTITUTO NORVET
¡Eres mío!
Buenas noticias, Stevie. Te perdono.
¡Vamos, Stevie! No puedo andar. ¡No es justo!
¡No te rebajes a mi nivel! ¡Tú no eres así!
¡Cielos, llego tarde!
¡Stevie, basta! ¡Piensa en la demanda!
¡Esta gente hará lo que sea para sacarnos dinero!
Norvet echó a Stevie de su programa
por usar sus equipos sin permiso.
Reese se recuperará,
pero debe guardar cama hasta que deje de ver cuádruple.
Mamá le hace buscar todos sus viejos cigarrillos.
Si encuentra alguno, se lo hará tragar, así que está muy motivado.
Lo mejor es que soy el único que se ha ido de rositas.
Malcolm, cámbiale la cuña a Reese.
Eh, es mi hermano.
Subtítulos: Antonio Núñez
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.