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Día del Deporte. Será mejor que cargues las pilas.
El Día del Deporte. El peor día del año para un debilucho.
Una clase de gimnasia de todo el día.
No puedo comer.
La idea de que toda la escuela me vea caerme en un saco de patatas
me revuelve el estómago.
No te preocupes, Mark.
No esperamos que ganes un montón de cintas como tu hermano.
Sabemos que no vas a ganar nada.
Tú diviértete.
Vaya confianza tenían en mí.
No era atlético, pero a decir verdad, tampoco tuve los mejores maestros.
No te avergüences de perder, hijo.
La tetera está lista.
Voy.
Mike, cielo, lo siento,
pero hoy no puedo enseñarte a conducir.
¿Qué? ¿Por qué?
Tu padre y yo somos voluntarios en el Día del Deporte.
-¿Qué? -El examen de conducir es el lunes.
No sé aparcar en paralelo. ¡Alguien tiene que enseñarme!
Yo te enseñaré.
No, tú, no.
No tienes carné.
Conduzco a todas horas.
No has conducido desde la Confederación.
Conducir es como andar en bicicleta.
No te ofendas, abuelo,
pero creo que eres muy mayor para conducir.
Ay, madre, no.
¿Que soy muy mayor?
Te sorprendería saber que aún tengo energía para girar...
¿Cómo se llama eso?
Ya sabes, ¡eso redondo con esa parte loca!
¿El volante?
¡Sí! Eso mismo.
El volante, sí.
Eso era una prueba.
Y tú, jovencito, estás listo para una clase.
¿Sabes qué, abuelo? En realidad no necesito saber aparcar.
Así que te libras.
Joder, te voy a enseñar.
No soy muy mayor para conducir.
-¿Abuelo? -¿Qué?
Eso es zumo de naranja.
Ya, ¿y?
Es lo que quiero. Vitamina C.
Es buena para la gota.
No te rías.
Te veo en el coche.
Yo iba a ser humillado delante de todo el colegio,
pero había cosas peores.
¡Leches!
Mi hermano estaba a punto de morir.
COLEGIO CATÓLICO ST. BRIDGET'S DÍA DEL DEPORTE
Todos los padres fueron al Día del Deporte.
A muchos les encantaba ver que sus hijos, que solo sacaban suspensos durante el año,
se redimían ganando cintas.
Y luego estaban mis padres.
¿Estás segura de que tenéis que venir los dos?
La verdad es que nos han obligado a ser voluntarios.
La señora Pérez es como un vampiro.
Como la mordieron a ella, tiene que condenar a cuantas almas pueda.
¿Has traído comida?
Hola.
No he traído comida.
¿Mamá?
¿No vienes?
Puedo verte desde aquí.
Por favor.
Los demás padres han salido del coche.
Justo lo que necesito ahora,
juntarme con los demás padres.
Mamá, venga.
Voy a batir el récord del colegio.
Ganaré todos los oros, te lo prometo.
Por favor.
Vale. ¡Voy!
PARQUE FEILDIAN
Muy bien. Señora Critch,
la señora Pérez y usted estarán en el puesto de refrescos.
Qué emocionante.
Señor Pérez, me han dicho que trabaja en el hospital.
Usted estará en la carpa de primeros auxilios.
No, solo soy técnico.
Arreglo máquinas, eso es todo.
La modestia es una virtud.
-Pero... -Señor Critch,
usted estará a cargo del micrófono. ¿Qué le parece?
Me gustan más las noticias duras y los deportes, hermana.
Sí, hermana. Gracias, hermana.
Perdone, hermana.
Me sorprende verte.
Pensaba que te ibas a escaquear inventándote alguna enfermedad.
Ya, al menos estamos en esto juntos.
¿En qué perdemos primero? ¿En salto de longitud?
Perdona, yo no participo.
¿Qué?
Voy a ayudar a mi padre en primeros auxilios.
Tienes que meterme ahí.
Si no estás lesionado, no.
Pero no te preocupes, seguro que te haces daño.
Me alegra ver que ha venido tu madre.
Sí. ¿Por qué no iba a venir, idiota?
Solo entablaba conversación. Yo no...
Parece encantadora.
Mike Critch informando desde el campo en el Día del Deporte de St. Bridget's.
En directo, la hermana Rose.
Cuando pensamos en deportes, niños,
debemos recordar que los romanos también tenían un día del deporte.
Lo celebraban en el Coliseo.
Cuando arrojaron a San Ignacio a los leones, exclamó:
"Soy como el grano del campo
"y los dientes de los leones han de molerme
"para poder ser digno de sentarme en la mesa del Señor".
Divertíos en este campo.
Ganad cintas,
pero, cuando os las pongan en el pecho,
recordad los ríos de sangre
que una vez emanaron del pecho de los primeros cristianos
y tiñeron la arena del Coliseo romano.
¿Padre?
¡Que comiencen los juegos!
Muy bien, escuchad.
Las clasificaciones se organizan así.
Oro para la excelencia,
plata para los perdedores
y bronce también para los perdedores.
Y por último, la cinta por participar...
DÍA DEL DEPORTE - Premios
...que significa que aunque hayas venido, es como si no lo hubieras hecho.
-Me la quedo. -En 1965,
alcancé la excelencia personal
al ganar cinco cintas de oro.
Es un récord en St. Bridget's que se mantiene hasta el día de hoy.
Como yo,
es imbatible.
Voy a batir el récord de ese mierda.
¿Preparados? ¡Vamos!
-Mucha mierda. -Eso seguro.
El claxon funciona. Eso es bueno.
No hay guantes en la guantera. Eso es malo.
Lo primero que vas a hacer es
comprobar los indicadores.
Ajusta el asiento
y asegúrate de que tienes sitio de sobra en el cenicero.
Vale, abuelo. Lo entiendo.
Pero ¿vamos a conducir?
Frena, chico. Ya vamos a ello.
Abuelo, llevamos aquí una eternidad.
Por favor, sal a la carretera.
Mira, la clave es mirar a ambos lados
y después, detrás de ti.
No hay nadie detrás de nosotros.
Estamos en un aparcamiento vacío.
Por favor, abuelo, déjame conducir. Tú eres muy mayor.
De acuerdo. ¡Deja de quejarte!
¡Joder!
¡Apártate, capullo!
Como el gato de un póster de motivación,
Fox estaba ahí colgada
impulsada por esa clase de terquedad que solo tienes
cuando odias a tu profesor de gimnasia.
Vale. Has ganado. Puedes soltarte.
Cinta de oro.
Tenemos un nuevo récord escolar femenino
de estar colgados.
El récord masculino es de 30 segundos más.
-Es un récord que mantengo hasta hoy. -¿Qué?
Podía haberlo batido. Me has dicho que me soltara.
Los chicos y las chicas tienen umbrales físicos distintos.
Tiene que haber un orden natural.
Mark, te toca.
¡Y Mark ha establecido un nuevo récord masculino!
El menor tiempo de la historia.
Si todos se iban a reír de mí de todos modos,
mejor sería que los hiciera reír a propósito.
Tu hija lo está haciendo muy bien.
Sí. Los deportes se le dan estupendamente.
A diferencia de todo lo demás, pero bueno.
Mamá, ¿lo has visto?
¡He ganado el oro!
Habría batido el récord masculino también, pero el señor Byrne paró el cronómetro.
No avergüences a la gente. A nadie le gusta eso.
Es solo deporte.
No quiero que te creas superior, eso es todo.
Con ella cerca, no creo que pueda.
Chicos y chicas, vamos a servir patatas fritas y sándwiches de helado
por 50 centavos.
Vuelve ahí. Yo voy enseguida.
-No, pero... -¡Vamos!
¿Quieres decirme algo?
Iba a ofrecerte una galleta.
¿De pepitas de chocolate?
Parecen compradas.
Oro. Enhorabuena.
Te voy a destrozar, abuelo.
Mamá, ¡mira!
Y los chicos de octavo son los vencedores
-de la sogatira. Enhorabuena, chicos. -Mierda.
Hola. Voy a tener que empezar a llamarte Klondike
porque menuda fiebre del oro tienes.
Vale. Adelante.
Verás, la fiebre del oro fue una migración a Yukon de buscadores...
¿A quién le importan las cintas?
Quería ir tras ella, pero a Fox yo le interesaba tanto
-como ella a su madre. -¡Mamá!
¡Mamá!
Creo que tu hija está tratando de llamar tu atención.
¡Deporte, cariño, sí!
Ay, señor.
Algunas personas pasan totalmente de sus hijos.
A continuación, mi hijo, Mark, en salto de altura.
A por ello, hijo. Es como quitarse una tirita.
Decidí competir en mi propia versión del biatlón.
Pero, en vez de esquiar y disparar, corrí y bromeé.
Dame ese palo...
Dame ese...
¡Sí!
Soy un fantasma.
Soy un fantasma.
No tienes gracia.
Atención, estudiantes...
Qué pena.
Ese chavalín está estropeándole el día a todo el mundo, creo yo.
No vale para esto.
Perdona.
Estás quedando como un idiota.
¿Y? Es lo que se me da bien. No puedo hacer nada de esto.
¿Cómo lo sabes? Ni siquiera lo has intentado.
Perdón por no ser deportista.
No puedo cambiar quien soy.
Déjalo.
Nadie está enfadado contigo porque el deporte se te dé fatal,
sino porque estás llamando la atención.
Podrías ser el peor del equipo y, aun así, ganar,
pero si ni siquiera lo intentas,
arrastras a todo el mundo contigo.
¡Oye! Me importa un pimiento que ganes,
pero vas a esforzarte y si no lo haces,
vas a ganar el oro en la carrera de larga distancia
porque, como hay Dios, como te pille, te mato.
¡Espabila!
Como una madre pájaro empujando a su cría del nido,
mi madre creía fervientemente en la mano dura.
Tenía razón.
Estaba decepcionando a todo el mundo, incluido a mí mismo.
Iba a hacerlo.
Iba a demostrárselo a todos.
Iba a llevar a casa el oro.
Déjalo. Déjalo ahí. Sigue.
¡Tira!
O tal vez la plata estaría bien.
La chica pelirroja va en cabeza, el chico con gafas le pisa los talones.
La chica demasiado alta para su edad mantiene el ritmo y...
Y mi hijo está el último.
¡Vamos, Mark!
He venido a acabar contigo.
Te invito a que lo intentes.
De verdad que lo intenté. Lo intenté como nunca había intentado
nada en mis 12 años sobre esta Tierra.
Mark, hay un montón de cintas por participar allí.
¿Por qué no coges un par de ellas y te ahorras problemas?
Pero, por mucho que lo intentara, seguía haciéndolo fatal.
Tenemos un empate a 50.
Si queréis un tique, por favor, hablad con la hermana Margaret
en el baño.
Hola.
Hola.
¿Un zumo?
Vale.
Espero que esto te ayude.
Tranquila.
Enhorabuena.
Mola verlo. Vas a batir ese récord.
Gracias.
Me alegro de que le importe a alguien.
¿Tú cómo lo llevas?
Estoy avergonzado.
Sin aliento. Herido por dentro y por fuera.
Pero... me lo pasé bien esa vez.
Mike, pásamelo.
Dale una patada.
Sigue.
Está bien. Se ha quedado sin aliento, eso es todo.
Que te dejaran sin aliento era una de esas lesiones
que solo sucedían en la infancia.
-Como que te dieran puntos. -¡Mark!
Sabíamos que lo lograrías. Te traeré un refresco.
No te vayas. Aún me duele la pierna.
Perdón.
Relájate. Ya puedes rendirte.
Mi pecho estaba tan magullado como mi ego,
pero por fin pude retirarme con honor.
Aunque la mirada de mi madre era más fría que cualquier lata de refresco.
Sabía lo que tenía que hacer.
Oye, ¿adónde vas?
A ganar una cinta.
¡Capullo!
¿Qué coño le pasa?
Abuelo, ni siquiera vas a 30 por hora.
Por favor, es mi clase. Déjame conducir.
Crees que soy muy mayor para conducir, ¿no?
Gracias a Dios que no compartimos habitación.
Probablemente me despertaría en mitad de la noche
y te encontraría de pie con una almohada.
No te enfades,
pero tu vista no es lo que era.
¿Qué sabes tú de hacerse mayor?
Todo el mundo te trata como a un crio.
Todo el mundo te dice lo que no puedes hacer.
Abuelo... Creo que vas muy rápido.
¿Crees que me gusta conducir? ¡Odio conducir!
¿Sabes qué odio más que conducir?
A la gente que me dice que no conduzco bien.
Abuelo, ¡ve más despacio!
Mierda. Dios mío, ¡la pasma!
¿Qué hago?
¡Para el coche!
Espera.
Soy un viejo idiota.
Ahora me quitarán el carné.
Soy muy mayor para conducir.
Soy demasiado mayor.
¡Joder!
¡Joven Mike!
¿Le estás dando unas clases, no, Pat?
No me hace caso.
Tal vez le hagas caso a este agente.
Es muy tímido.
No está preparado para la carretera.
Es un inseguro, como su padre.
Puñeteros chavales. No saben conducir.
¿Eso es cierto?
Sí, agente.
Perdone. Estaba un poco nervioso.
Vale, te dejaré ir con un aviso,
pero ve por las carreteras secundarias y hazle caso a tu abuelo.
Sí, señor.
Gracias. Yo...
No hay de qué.
-¿Quieres que nos cambiemos? -No.
Creo que estás preparado.
Mamá, he igualado el récord de Byrne, pero ahora toca la carrera a tres piernas.
Cuando él estudiaba aquí, no la hacían. Voy a ganarle.
Y con eso se acaba, ¿no? Bien.
Creo que vas a por la medalla.
¡Anda ya!
¿Cómo estás, Paul?
¿No ha venido Lisa?
Estando embarazada de ocho meses, supongo que no.
Estará en casa, ¿no?
Deberías ir a cuidar a tu hijo,
sino puede que tengas que cuidarte tú.
Se acabó.
Sé que, probablemente, debería meterme en mis asuntos,
pero, por alguna razón, esa niña te tiene en muy alta estima.
Y solo quiere que muestres un poco de interés por ella.
Tienes razón.
Deberías meterte en tus asuntos.
Mi amor, vamos.
Vamos. No queremos perdernos nada.
Todas las miradas estaban puestas en Fox.
Iba a hacer historia.
Última competición: carrera a tres piernas.
Voy a patearte el culo, abuelo.
Eso es trampa.
En mi época no existía. No es justo.
Tú ya has hecho trampas.
No me dejaste batir el récord masculino.
Vale. ¿Quieres competir con los chicos?
Bien.
Esta competición será mixta.
El ganador obtendrá dos cintas de oro.
Poneos en parejas.
Ritchie y Tina, Gary y Avery,
Fox y Mark.
El señor Byrne estaba decidido a proteger su récord
con la herramienta de sabotaje más devastadora que pudo encontrar.
Yo.
Y ahora, una competición nunca realizada en la historia del Día del Deporte.
Una carrera mixta a tres piernas.
La torcedora de tobillos, la cojeadora y la ecualizadora.
Buena suerte a todos.
Más te vale no cagarla.
Odio decirlo, pero estoy seguro de que lo haré.
Todo el mundo ama a un perdedor.
Incluso nuestras madres habían dejado de lado sus diferencias.
Cuanto más alto nos vitoreaban, más rápido iba.
Era como si nada pudiera detenernos.
Vamos.
Y, entonces, me detuve.
-Sigue sin mí. -¡No puedo, idiota!
¡Vamos!
¡Tercer puesto para mi hijo! Un impacto total para todos.
¡Hemos ganado!
Hemos perdido, imbécil.
Pero hemos quedado terceros.
¡Sigo teniéndolo! ¡Soy el mejor de la historia del Día del Deporte!
El mejor, ¿me oyes?
El señor Byrne alcanzó su punto máximo en secundaria
y se pasó décadas aferrándose a esa gloria del pasado.
Por suerte, ese era un récord que Fox no iba a batir.
Ese Día del Deporte ganó el premio que tanto deseaba.
Siento haberte hecho perder el tiempo.
No he batido el récord.
He visto toda la competición, cielo,
y has estado increíble.
Para mí, siempre eres una ganadora.
Mira todo el oro que tienes. Tienes más que M.A.
He conseguido mi primera cinta de verdad.
Tercer puesto.
¿En serio?
¿Solo participaban tres personas?
¿Qué tal ha ido?
Casi le ponen una multa,
pero convencí al policía de que no lo hiciera.
Ese día aprendí que, en realidad, nunca pierdes a menos que renuncies
y que con la gente adecuada a tu lado,
aunque pierdas, puedes sentirte como si hubieras ganado.
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