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Original subtitles

Tenemos el placer de presentarles la tercera aventura de Lemmuel H. Caution,

Lemmy para las damas,

el célebre héroe creado por el añorado Peter Cheyney.

¡Menudo hacha estás hecho! - ¿Ha llegado solito?

¡Eres un hacha!

No toques nada más.

Voy a beber...

¡Vaya tío!

¿Una mesa para el caballero?

¡La mejor!

¡El mejor whisky!

¡Y el mejor asiento!

No me hagas sombra, da recuerdos en casa.

¡Oye, idiota!

Disculpe, señora.

¡Tal vez no le he entendido bien! - Creo que sí. He dicho:

"¡Oye, idiota!" - ¿Se atreverá a decírmelo fuera?

Tú dirás.

Espera.

Retiro lo que he dicho. Tiene una buena derecha.

Escuche, señor... - Frame, Selby Frame. Encantado.

También yo, pero... ¡qué más da! - Eso es. Invitaré al señor...

...a tomar un trago y le pediré perdón.

Una ronda por mi cuenta.

Enhorabuena, amigo. Tiene una derecha atómica.

Le pido perdón. - No hablemos más de ello.

¡Esa carita!

Buen trabajo, Sagers. - ¿Te he dado muy fuerte?

Aquí me llamo Selby Frame. - Muy bien, Sr. Frame.

Como bailongo eres perfecto.

Puede que no para todos. - ¿Por qué? ¿Te han descubierto?

Aún no, pero será mejor que no me quede aquí mucho tiempo.

¿Sabes dónde están las cartas? - Henrietta debe de tenerlas en casa.

He mandado hacer una llave.

¿Qué tal está la chavala? - ¡De lujo!

¿Vendrá esta noche? - Viene todas las noches.

¡Ah! ¿Alguna noticia sobre los dólares falsificados?

Nada. Ni una pista. - Mañana recibirás un cable.

Volverás a Nueva York y yo ocuparé tu lugar - Que te diviertas.

Mira, es ella.

¡Qué distinguida! ¡Menuda clase!

Y tiene un algo que... ¿lo pillas?

No te dejes llevar por tu natural poético... - No puedo evitarlo.

Besos al jefe de mi parte. Buena suerte, Sagers.

Sin rencores, amigo. No olvidaré su derecha.

Hasta otro día, gordito.

Buenas noches, señor.

Será siempre bienvenido, señor.

Buenas noches. - Aún es muy temprano.

No tengo la culpa de que hayan cerrado la Casa tan pronto.

Whisky del bueno. Podrías poner los vasos.

No, Jim, no sería correcto. - ¿Es que tiene que serlo?

Buenas noches, Jimmy. - Henrietta.

Buenas noches, Jimmy.

Sí.

Sagers.

Soy Selby Frame. - Por aquí, Sr. Frame.

¡Lemmy Caution, jefe! - Le estaba esperando.

Llámeme Metts, es más sencillo. - ¡Hola, Metts!

Sírvase.

Un poli... pero bien educado.

No, gracias. ¿Qué tal?

Tiene un pueblo encantador. Acabo de encontrar a mi colega Sagers

...con seis balas en el cuerpo. En la nevera de la Casa Antica.

¡Al fin tengo un motivo para cerrar ese sucio club! - ¡Un momento!

Ha sido una putada para Sagers, pero dejemos que se confíen.

Sólo hasta que vuelvan a meter la pata.

Acabarán haciéndolo y yo estaré allí. ¿Lo pilla?

Sí.

¿Así que ése es su plan? - Sí. Hábleme de Henrietta.

¿La Sra Aymes? - Yo la llamo Henrietta,

por las piernas que tiene. Me adelanto al futuro. ¿Y bien?

Bueno.

La Sra. Aymes, hará unos dos meses, se presentó en el banco

para cambiar un billete de 1.000$.

¿Puede cambiarme esto, por favor?

Al cajero no le dio buena espina el billete,

ni tampoco al apoderado.

Decidieron ir a ver al director.

La Sra. Aymes parecía no prestar atención.

Señora, nunca había visto nada tan perfecto.

¿Qué quiere decir? - Quiero decir, una falsificación tan perfecta.

Una media hora después, traía 200.000 dólares.

Un fajo de billetes, todos igual de falsos.

Alerté a la Embajada Americana que puso a cargo...

...al pobre Sagers. Henrietta mantiene...

que su marido le dio los dólares. - Hasta ahora mismo.

Aymes jugaba a la Bolsa. Tenía altibajos...

...que no le impedían llevar un potente tren de vida. Un día...

...tuvo potra y consiguió un pastonazo. Queriendo asegurar el futuro de Henrietta

y ponerla a salvo de las fluctuaciones bursátiles, 200.000 dólares...

en billetes de 1.000. - Es lógico que saques provecho...

...después de todo somos socios. Toma.

Tres meses después, un nuevo pelotazo. Aymes se siente cada vez más seguro.

¡Su mujer está en el campo

y él se dispone a hacer una buena jugada! - Ya que Henrietta está en el campo...

...hay que aprovechar. - Buena caza, patrón.

Venga, no te preocupes.

Al alcance de la mano.

Ahora bien, la misma noche... la misma noche se suicidaba...

haciendo caer su coche al derribar la barrera...

de un puente en obras.

Al siguiente día, la policía investiga los restos del coche.

El secretario de Aymes, Burdell, identifica el cadáver...

a pesar de que la cabeza estaba totalmente destrozada.

También se encuentra en el cuerpo un papel explicando las razones del suicidio.

"He decidido morir, he arruinado mi vida...

y me falta valor para seguir luchando. Que me perdone mi mujer..

y que me olvide. Aymes. " Podemos preguntarnos cómo es que alguien

de tanto éxito que se dispone a pasar una noche de juerga...

puede decidir suicidarse de repente. Eso inquieta a los investigadores.

Algún tiempo después, se detiene al guarda con un pretexto cualquiera.

No parecía estar tranquilo y lo estaba aún menos...

unas horas más tarde.

Vamos, amigo, cuenta lo que sabes.

¿Sabes que esto puede costarte 10 años?

Vamos.

Venga, apóyate en la mesa. - Esa misma noche picaba el anzuelo.

Bueno... sí... - Creía haber visto...

...que el coche se había detenido...

y que se había bajado una mujer antes de que se lanzara por el barranco.

¿Quién era esa mujer? - Henrietta.

¡Pero la noche del 12 de enero estaba en el campo!

¡Es que no estaba allí!

Estaba en Roma.

Puesto que no estás dispuesto a acabar con este escándalo de forma razonable...

... he decidido pedir el divorcio. Iré a verte a tu despacho el próximo...

...miércoles 12 de enero al mediodía. Henrietta.

¿Dónde ha encontrado esta carta? - En su casa.

¿Y cómo es que se le ha ocurrido buscarla?

¡Una carta anónima! ¿Lo pilla?

¡Cada vez menos! - Guarde esto en lugar fresco,

lo necesitaré.

Buenas noches, Perera. - Buenas noches.

¡Mantenlo fresquito, Marlène! Ahora vuelvo.

Bien, señor. - ¡Llámeme, Lemmy!

¿Los lavabos están arriba? - Sí. Están arriba.

¿Sólo los lavabos? - Bueno...

También hay una partidita... - ¿Una partida de qué?

De póker... si le interesa. - Me apasiona.

Y esto para la banca.

No va más. 20, negro.

Abren las damas. - ¿Qué quiere decir...

que "abren las damas"? - Para poder apostar dinero...

hay que tener al menos dos damas. - Gracias.

Abro con 5.000. - Voy.

Cinco más. - 10.000.

Paso. - Paso.

5 y 10 más.

Más 5. - Eso hacen 25, más 10.

Paso. - 10, cartas.

Una carta.

25.

25 para verlas.

Ok.

Muéstrelas, por favor.

Trío de 9. - Sí, pero como ha cogido tres cartas...

le quedaban dos y no eran damas, así que no podía jugar.

La partida es nula, Sr. Fernández. - De eso nada.

Sólo he cogido dos cartas. - Es usted un mentiroso, Sr. Fernandez.

¡No me digas!

Llévate afuera a este pelele.

Me da usted asco, Fernández.

¡Nada de eso!

No le pasará nada. Sólo han sido dos castañas.

Lamento haberle causado problemas. - Cálmese. ¡Con el brazo así...

no podía hacer nada! - ¿Qué le pasa? - Se rompió el brazo y el otro lo sabía.

Con lo forzudo que es su amigo, le hubiera hecho pedazos.

¡Ese Fernández es un cerdo! Cuando la besó...

...me sentí fatal. - Pues no hizo nada para impedirlo.

Estaba clavado mirándola. No se me ocurrió...

...pero podría pensar en ello.

¿Puedo jugar? - Sí.

La apuesta mínima son 5. - Es un poco elevada, pero adoro el riesgo.

Me encanta.

Entonces ponga 25, abren los reyes.

Para poder apostar al menos hay que tener dos reyes.

Entiendo. - Abro con 10.

10. Abren los reyes. 3 cartas. - 2 cartas.

3 cartas.

10.

Más 30.

40.

Más 10. - Paso.

Paso.

40 más. - Paso.

40.

Más 60.

60.

Más 100, eso hacen 200.

Por mí de acuerdo.

¿No contaba con la salida?

No. - ¡No lo ha entendido!

Abrían los reyes. - Sí,

pero le he estado observando antes y creía...

...que aquí se jugaba así.

¿Se está quedando conmigo?

Sí.

Tiene mucha cara, señor... - Frame. ¿Yo un cara?

¿Eso piensa? Soy un tierno... - Pues dependerá de con quién...

¿verdad? - ¡Ese Fernández me irritaba tanto!

¡Qué tontería! - ¿A qué espera...

...para invitarme a tomar algo? - A que usted me lo pida.

Pues se lo pido.

¿Qué quiere tomar? ¿Señora... o señorita?

Me llamo Henrietta. - ¿Henrietta qué más?

Aymes. Henrietta Aymes. - ¿Y qué es lo que bebe...

la Sra. Aymes? - Whisky.

¡Ah, cómo lo ha dicho!

Oh, perdón. - No pasa nada.

¿Aymes? Me suena de algo. - ¡Ah! ¿De qué?

¿Es pariente del Aymes que se suicidó...

...el pasado invierno en Roma? - Era mi marido.

Ah, vaya, vaya.

Lo siento. Lo siento mucho.

¿Por qué? ¿Le conocía? - No, soy asesor jurídico.

A menudo he trabajado con la policía.

Debe de ser apasionante. - Terrible. Parece...

que van a abrir una investigación.

No veo por qué. - Tal vez no se trató...

...de un suicidio. - ¿Qué le hace suponer eso?

Vieron a una joven bajar del coche justo antes del accidente.

¿Y la declaración del guarda?

Ha modificado su declaración.

¿Y quién era esa joven? - Acaban de descubrir...

que esa noche usted estaba en Roma.

Ah, ya veo. Sospechan que yo matara a mi marido.

¿Y puede saberse por qué? - Sí, el porqué. Ya sabe...

...que los polis son gente rara. Y en esta historia...

de los dólares falsificados... Además, como tienen la manía...

de relacionar las cosas... - Lo que tienen es mucha imaginación.

Porque si dice que estaba en Roma esa noche, habrá que probarlo.

Pues sí. - Claro.

Llévatelo a tu casa.

Tchin tchin. - Tchin tchin.

Le ha gustado que enseñara a Fernández a comportarse.

Muchísimo. - ¿Por qué la besó?

Está enamorado de mí. Quiere casarse.

Si lo hubiera sabido no se lo habría estropeado.

Lo más gracioso es que probablemente tenga que hacerlo.

Chin chin.

Los franceses dicen: "Cherchez la femme. " ¡Desgraciadamente la he encontrado!

¿Por qué desgraciadamente? - Porque se trata de Henrietta.

¡Otra vez! - Siempre. ¿Y su gigolo? ¿Viene?

¿Maloney? Sí, le estoy esperando. - Es la hora de tomar mi medicamento.

En el armario.

¿Y por qué lo haría?

Se dio cuenta de que los billetes de 1000 dólares eran falsos. - ¿Y?

Ella sabía que su marido la engañaba. - ¿Ha visto las cartas?

Sí. ¿Y qué? - ¿No le parece bastante?

Se la pega con dólares falsos, la engaña...

Póngase en su lugar. Tiene su amor propio.

¿Piensa que ella sola organizó todo el tinglado?

No dije que estuviera sola. También hay alguien...

...que pagó al guarda del puente para que cerrara el pico. - Sí.

Maloney, jefe. - Que pase. Es Maloney.

Le dejo. - Le mantendré informado.

Sí.

¿También usted estaba citado? - No, soy yo quien cita.

No soy asesor jurídico. Soy agente federal norteamericano.

Me llamo Lemmy Caution. - ¡Le felicito!

Estoy investigando el caso de los dólares falsos de su amiguita Henrietta.

¡Ella no sabía que eran falsos! - Eso está por ver.

Y también el asesinato de su marido. - ¿Asesinato?

Sí, porque se trata de un asesinato. - ¿Qué papel desempeña ella en esa historia?

El de culpable. O sea, que mató a su marido.

¡Es imposible!

El bar está enfrente.

¿Qué le ha hecho ella a usted? - ¿A mí? Nada.

Hago mi trabajo. Y ese trabajo apunta cada vez más...

...a enchironar a Henrietta.

Su conducta es típica de un poli. O de un enamorado contrariado.

Me la pela lo que usted piense, pero le daré un consejo...

por si usted maneja a Henrietta: que no ande jugando a los soldaditos conmigo.

Ella debe decirme todo lo que sepa. Es su única oportunidad, ¿comprendido?

Comprendido.

¡Maloney!

¡A la salud de Henrietta!

Le tengo una sorpresa. Acabo de recibir la documentación...

relativa al personal doméstico de Aymes. Marie Dubinée, camarera,

y Jean Termiglio, chófer. - Vaya, vaya.

Termiglio, ¿eh? Ha ascendido muy rápido.

De chófer de Aymes ha pasado a ser el director de la Casa Antica.

Solo que ahora se llama Fernández. Quiere casarse con la Sra. Aymes.

Y quizás ella se vea obligada a hacerlo.

Sí...

¡Qué trola!

¿Quién es? - Yo.

Ah, es usted, Frame, el campeón.

¿Retomamos nuestra partidita? - Lo siento, no tengo tiempo.

Señor... Termiglio.

¿Termiglio? ¿Quién es? - El chófer de Aymes.

¿Le conoce? - ¿A usted qué le importa?

¿A Selby Frame? Nada. Pero a Lemmy Caution, Agente Federal...

¿Agente Federal?

¡Como si no lo supieras!

Se ha equivocado de dirección. - ¡Déjese de bromitas!

¿Por qué te cambiaste el nombre? - Porque Termiglio,

era demasiado difícil de pronunciar. - Si me andas tomando el pelo...

...acabaré arreglándote el tuyo. ¡Esta noche no puedo perder el tiempo...

...con chóferes, criados y miserables como tú!

¿No? - No. Eres un pringado más...

Pero ten cuidado...

¡estás en la ronda!

Vuelve a comprarte el albuplast.

¿Caution? Henrietta quiere hablar con Ud. - ¿Ah, sí?. ¡Cigarrillos!

¡Por lo que veo tiene cosas muy bonitas!

¿Qué desea del inofensivo borrachín de Selby Frame?

Nada, Sr. Caution. - Encantada de conocerme,

¿verdad, Sra. Aymes? Eso cambia las cosas, ¿no?

No hay motivo para ser grosero.

¿Quiere acompañarme a casa, Sr. Caution? Allí podremos hablar mejor.

¡Ya lo creo! ¡Me encanta el fuego de la chimenea!

¡Es usted un zafio, Sr. Caution! - No, un hombre de mundo.

Espero que no se ponga celoso, Maloney. Ya sabe... ¡las mujeres!

Ya estamos.

Sírvase, por favor. Voy a por hielo.

A su salud, hermanita.

¿Y ahora le contará la hermosa historia de su vida...

a su viejo amigo Lemmy?

¿Cree que le he hecho venir para eso?

Sé para qué he venido.

El numerito de las confidencias y el de la joven viuda seductora.

¡Ya lo conozco! ¿Te he pillado, hermanita! ¡Venga, al grano!

¿Por quién me toma usted? - En todo asunto criminal...

...son necesarias una víctima y un culpable. ¿Por qué no iba a serlo usted?

No entiendo nada de todo esto.

Yo tampoco. Vamos, ayúdeme.

No sé nada. - ¿De verdad? ¡Lástima!

Nada más que esto: Yo estaba en Roma el día del crimen.

¡Vaya, vaya! - Tuve una discusión con mi marido.

¡Lianta! - Me aconsejaron guardar silencio.

¿Quién se lo aconsejó? - Burdell, Fernández y Perera.

Temían que se sospechara de mí. - ¿Y usted no?

¡Lo que es tener la conciencia tranquila! - Volví únicamente para decirle...

...a mi marido que quería divorciarme. Era un jugador.

Bebía. Y me engañaba.

Lo que demuestra que era un cerdo.

¡Si yo hubiera estado en su lugar!

¿Qué hubiera hecho entonces, Sr. Caution? - Me las hubiera arreglado...

...para que no se supiera.

A ver si me lo explica. Un hombre que se comporta así...

con su encantadora mujer, no le entrega 200.000$.

Sólo aparentaba estar sentando la cabeza. Pretendía hacerme creer...

...en sus buenos sentimientos. Cuando supe que aprovechaba...

...mi estancia en el campo para divertirse...

¿Hasta qué hora estuvo usted en Roma?

Esa misma noche cogí el tren de las 8.

¡Hasta pasados dos días no supe, por Burdell, que mi marido se había suicidado!

¡Ah! ¿Y los dólares falsificados?

Yo no sabía que eran falsos. Los cogí del cofrecillo que tengo...

...en la caja de mi marido. - ¿Por qué una cantidad así?

Burdell me había dicho que la Casa Antica estaba hipotecada.

Quería recomprársela a Perera. - ¿La Casa pertenecía a su marido?

¿No lo sabía? - Ahora, sí.

Aymes era un extraño tipejo. Me pregunto...

por qué se tomaba tomaba tanto interés por él.

Era mi marido. - ¿Le quería?

Le soportaba... siempre que se contentara con beber. - Por supuesto.

Una copa más o menos no quitan los sentimientos.

¿Tengo la culpa de que ningún hombre me haya interesado de verdad?

Y ahora... - ¿Y ahora?

Me van a acusar de asesinato justo en el momento...

...en el que creía haberlo encontrado. - Él la esperará.

Está demasiado pillado.

No estoy pensando en Maloney. - ¿No?

¿En quién?

¿Cómo es ese afortunado?

Alguien de su estilo. - ¿Sí?

Pienso que es usted. - ¡No!

¡Eso sería demasiado bonito... señora!

¡El hombre G. temía dejarse seducir!

El Sr. Caution tenía miedo de sentirse cautivado.

No te he traido aquí para seducirte...

ni para probar mi inocencia.. Ha sido sólo porque lo deseaba.

¿Lo pillas?

Es muy grave arrestar a alguien sin pruebas.

¿Está seguro de su progreso? - Sí.

¿Seguro?

¡Pase!

Buenas tardes, señor. - Señora.

Hola, Lemmy. - Hola, hermanita.

No hacía falta enviar a estos señores. No tenía más que llamarme...

...y hubiera venido. - Si he enviado a mis agentes...

...es porque está usted arrestada.

Henrietta Aymes, queda arrestada por el asesinato de su marido,

...y por utilizar dólares falsificados.

Bravo, puede sentirse orgulloso.

Por la velada de ayer,

por sus cuentos, y por el momento cautivador.

Sobre todo fue el intento de seducción lo que no le funcionó.

¡Metts! Encárguese de la identificación, las fotos, las huellas y de los bártulos.

¡No tiene derecho! - ¡Oh, sí!

Un momento. Siéntese ahí. Me gustaría saber...

...qué ropa llevaba la noche del crimen.

No intente ganar tiempo. ¿El abrigo? Responda enseguida.

Visón.

¿Sombrero? - No llevaba.

¿El vestido?

Gris con un broche dorado.

¿Y los zapatos? - Rojos, de piel de cocodrilo.

¡Debía de ser tremendo! - Medias de nylon transparente, talla 2.

¿Y las bragas?

¿Cómo? - He dicho las bragas. ¿De nylon?

Nylon. - ¿Color?

Verde agua, ¿Le suenan? - Sí.

Me parecieron negras. Gracias.

¿Están aquí? - Sí.

Voy a pasarlo a limpio y usted lo enviará a Roma.

Tranquilos, muchachos. No es vuestro turno.

¡Al menos de momento! Nunca se sabe. ¡Ahora le toca a ella!

Fernández, se la confío a usted. Si ella desaparece...

...le arrestaré a usted. ¿Lo pilla?

¿Lo pillas, hermanita?

¡Ah! ¡Las mujeres! ¡No parecen muy asombrados!

¡Bah! - Cualquiera diría que sabían...

...que fue ella quien dio el golpe. Bastaría un solo testimonio...

...para enchironarla. Siendo chófer de Aymes,

¿vio a Henrietta la noche del crimen? ¿Reconoce esta ropa?

Sé que tenía esa ropa, pero esa noche...

Hay alguien que se lo puede confirmar. La camarera.

Y el guarda del puente. Haré que lo comprueben.

¡Y tenga cuidado... con Henrietta!

Sra. Henrietta Aymes. Un cliente más.

¿Quiere intervenir todas las comunicaciones telefónicas...

de la Casa Antica? - De acuerdo.

¡Metts!

¡Siguen las trolas!

Oh, Sr. Caution, ¡su profesión es apasionante!

¡Llámeme Lemmy! - ¡Lemmy! ¿Es cierto...

...que coge a todo el mundo? - ¡Oh, depende de a quién!

Me encantaría que algún día me cogiera. - Sería un placer...

¡pero estoy tan ocupado! - Ah, me lo figuro.

¿Hola? Sí.

Es para usted.

Hola, Metts. ¿Han llamado a Roma? ¿Quién?

¿Burdell? Bien, voy hacia allá.

¿Ya se marcha? - No por mucho tiempo. Pensaré en Ud.

¿Todo el tiempo? - Prometido. Una noche sí y otra no, Sylvane.

¿Entonces el Sr. Burdell no está aquí?

No, ya se lo he dicho. - Entonces, estamos solos.

¿No le resulta emocionante? - Lo pensaré cuando llegue el momento.

Piénselo.

¿Pero adónde va? - A ver al señor...

...que no está aquí.

¡Señor, hay que pedir permiso!

¡No le falta cara! - Todos me dicen lo mismo.

Pero señor... - Caution, Lemmy Caution.

Estoy investigando el supuesto suicidio de su patrón.

¿Usted...? - Sí.

Los periodistas han sido muy indiscretos con este caso.

Son tan amables... ¡A mi costa!

¿Qué quiere de mí? - Es un cínico de aúpa,

¿eh, Burdell? - No tengo motivos para serlo.

¿Le excita escribir anónimos?

No sé qué quiere decir. - Me he desplazado sólo...

...para verle. No sea desagradecido.

Eso me mosquearía. - Pero es que está afirmando que...

No. Usted era el secretario de Aymes. El único que conocía todos sus asuntos.

El único capaz de escribir la carta que recibí. ¿Cierto?

Sí. - ¿Por qué?

Tuve miedo cuando supe que había un agente federal metido en el asunto.

¿Por?

Por la Sra. Aymes. - ¡Ah!

Ante todo me corresponde proteger a la Sra. Aymes,

pero el asunto de los dólares falsificados me hizo reflexionar.

¿Encontró las cartas? - Fue muy fácil.

La reapertura del caso me hizo pensar que me había equivocado...

y que quedaba en una desagradable situación. - Desde luego.

¿Qué entiende usted por "proteger a la Sra. Aymes"?

Su presencia en Roma aquel día resultaba extraña a los investigadores.

Sí, un poco. - Como el guarda había visto...

...bajar del coche a una mujer... - Había que olvidarlo. ¿Le ayudó a ello?

Fue difícil. Me costó muy caro. - Sí... la gente decente...

...se las trae.

¡Bueno, ya está!

¡Menudo corte! ¿Eh, tío? - ¡Sí!

No le da miedo anunciar su llegada. - No tengo nada que ocultar.

No todo el mundo puede decir lo mismo. ¿Está Fernández aquí?

No. - Espero que no esté enfermo.

No, no. - ¡Menos mal! ¡Ya me había sustado!

¿Cuánto cuestan? - 700 liras.

¡Banca!

¿No se prueba la otra? - Disculpe. ¿Qué número quiere?

El tuyo, bombón. - Pero señor...

Eso es, Rita.

¿Hola, Metts? ¿Alguna novedad? ¿Qué?

¿Ha llamado a Palermo? ¿A qué hora ha sido?

¿A las 11? Bien, allí estaré.

Mis respetos a la Sra. Ardo en deseos de conocerla.

¡Qué desconfiados son estos polis!

¿Me esperabas, hermanita?

¿Enfadada?

He estado muy preocupado por ti en Roma. Lo he intentado todo para olvidarte.

Pero no he podido. - ¿Y la bofetada? ¿No la ha olvidado?

No he podido olvidar nada. ¡Me han hablado tanto de ti!

Ah, sí. ¿Quién? - Burdell.

¿Y qué? Ya estoy arrestada, ¿no?

¡Pero esta vez con más propiedad! ¡Irás al trullo!

¡No tiene pruebas! - Una mujer que se fabrica una coartada...

en relación con el falso suicidio de su marido. ¿Eso no prueba nada?

No tengo nada que ver en todo esto, se lo juro.

Escúcheme.

El mejor, de 20 años. He querido traérselo yo mismo.

Las moscas no se cazan con whisky, pero gracias de todos modos.

Vamos a bailar. - ¡Si estabas enfadada!

¿Eso creías?

Te adoro.

Es un slow... - A lo mejor lo han compuesto para nosotros.

¿Por qué no eres más cariñoso? - Tú lo eres por los dos, hermanita.

Porque soy sincera. - Habrá que darse prisa en aprovecharlo.

Siento decepcionarte, pero necesitaba dártelo.

Pensaba lo mismo. ¿Es importante? - Mucho.

¿Por qué has esperado hasta ahora? - Antes hubiera sido muy peligroso.

¿Y ahora?

También. Pero prefiero que me peguen un tiro...

...a pasarme la vida en la cárcel.

Ese papel contiene el motivo de mi llegada a Roma la noche del 12 de enero.

Bueno.

Le aconsejo que vigile mejor a su marido. Es hora de que acabe con la relación...

... escandalosa que mantiene con mi esposa aprovechando su ausencia.

¡Ah! ¡Ah!

¡Hola!

He venido a hablar contigo y no quiero que nos molesten.

Sr. Termiglio. - ¿Otra vez?

Parece que Burdell y tú estáis muy contentos...

...con la detención de Henrietta. - ¿Burdell?

¿Qué tiene que ver en esto? - Le he hecho una visita. Lo sabes muy bien.

¿Yo? - Sí, tú.

¡A tu salud!

Los dos estáis conchabados. - ¡Conchabados!

Queríamos proteger a Henrietta. - ¡Qué buenos!

Sólo ahora, con la historia de los dólares falsos y...

la reapertura del caso. - Venga, que esa trola ya me la conozco.

Hace tiempo que lo comprendí. Además, no está mal.

¡No queremos mojarnos en un asesinato!

Respetable y honesto, bravo Termiglio. ¿Por qué querías casarte con Henrietta?

Para hacerle un favor. - Respetable, honesto y caritativo.

¡Bravo, Termiglio!

¡Fernández! - No. Es Termiglio

quien me interesa. ¿Sabes por qué? Porque Termiglio era el chófer...

...de Aymes y necesariamente tenía que conocer a las gachís que frecuentaba su jefe.

No me quedo con las caras. - ¿Y a la que has telefoneado...

...esta noche tampoco la conoces?

¿Por qué iba a telefonear? - Padeces de amnesia,

igual que el guarda del puente.

Oye, a propósito, ¡fuiste tú quien me disparó anoche!

¿De qué me serviría liquidarle? - ¿Entonces por qué sacas la pipa?

Porque me estás jodiendo con tus preguntas. ¡Vamos!

¡Lárgate! - ¿Ya?

¡Vamos!

Hubiera podido empezar con esto, pero me irritas tanto...

...que me hubiera sido difícil evitar meterte inmediatamente una bala.

Y eso hubiera sido una lástima.

Tienes una voz tan bonita que me fatiga escucharla.

Ahora vas a decirme quien era la fulana que Aymes vio...

...en su última noche. - No sé nada de eso.

Contaré hasta 10. Si no hablas, te haré un agujero en esa camisa tan bonita.

Con lo coqueto que eres, jamás te repondrás.

No tienes derecho a liquidarme. ¡Es un farol, pura charlatanería!

Un farol, ¿eh? Oye, guapo, ¿esto también es un farol?

Puedo actuar en legítima defensa. Tienes todas las de perder...

...porque acabaré sabiéndolo de todos modos. - Eh, bueno...

¡Pues busca! - Llevará un poco más de tiempo.

Pero me la pela. Me pagan todos los meses. ¿Y bien?

Bueno,

1...

2...

3...

4... 5...

6... 7...

8...

9 y...

10.

Se llama Paulette Bénito.

Vive en Bagheria. Está cerca de Palermo, en Sicilia.

¿Conoces la casa de la Sra. Benito? ¿La Sra. Benito?

¿Un cigarrillo? - ¿Perdón?

Sírvete. ¿Y la Sra. Benito?

Saliendo del pueblo, la tercera casa...

...a la izquierda. - Quédate con el paquete, ya lo he leído.

¿Qué desea? - Hablar con la Sra. Benito.

¿De parte de quién? - Del Sr. Aymes.

Soy la Sra Benito, pero empieza mal porque el Sr. Aymes...

...se suicidó a comienzos de año. - De eso precisamente quería...

...hablarme. Lléveme a un lugar tranquilo.

¿Y si no me apetece? - Da igual. Soy Lemmy Caution,

Agente Federal americano. - No estamos en los EEUU.

Lo mismo me da que sea agente federal o limpiacristales.

Haré que la extraditen. Llevará un poco de tiempo...

...pero es cosa hecha. - ¿Y si yo le echara...

...llevaría tiempo? - Pruebe.

Miren, esta noche tengo prisa.

Necesito hablar con esta señora. Así que lárguense.

Nos reuniremos enseguida. Arreglaré cuentas...

...con este terror.

Jamás he tenido miedo de un hombre. Aunque lleve un revólver.

Parece un tipo que sabe lo que quiere. Eso me gusta.

Me recuerda a una mujer a la que quise mucho - Tanto mejor.

¿El whisky no está envenenado? - Moriremos juntos.

¡Terror!

¿A qué piensa que me dedico?

¿Qué es esa historia de Aymes? - De eso sabe usted más que yo.

¿Qué opina de los dólares de Henrietta? - ¿Los falsificados?

Sí. - Porque los verdaderos...

...los tengo yo. - ¡Vaya!

¿Y cómo es eso? - Cuando mi marido enfermó...

...Aymes sacó tajada vendiéndolo todo. - ¡Qué feo está eso!

¿Y su marido se dio cuenta? - Sí. Quería denunciar a...

...Aymes a la policía, así que éste le pagó con los 200.000$.

¿Los de Henrietta? - Lo más probable.

Posiblemente se hizo con los falsos para dar el cambiazo.

Estaba metido en todos los chanchullos. - ¿Y cuando Henrietta se dio cuenta...?

Es posible que le matara. No acuso, sólo razono.

Un razonamiento muy interesante. ¿Su marido confirmaría la versión?

Naturalmente. - ¿Dónde está?

El pobre está a punto de morirse en una clínica...

de Zoni, la del Dr. Madrales.

¡Y usted se consuela como puede!

¡Oh! Verá... Nunca nos hemos entendido bien.

Vaya, vaya... ¡también usted! - ¿También yo?

Nada, lo decía de paso. ¿Así que no se entendían?

No. No es mi tipo de hombre.

Ya veo.

Mi tipo sería alguien de su estilo.

¡Qué bien!

Si tiene que interrogar a Rudy, no sea duro con él...

No le queda mucho tiempo y sobre todo no le diga que...

¿Que yo soy su tipo de hombre?

Se lo prometo.

Tápate, tesoro. Aquí las noches son frescas.

Y, sobre todo, sé prudente.

Los falsos dólares ya le han causado bastantes problemas a Henrietta.

¡Así que imagínese los verdaderos!

Ha sido una velada encantadora... Volveré.

¡Quitad eso y atadlo!

¿Ya te has despertado, cabrón? - Encantado de conocerla.

¡Déjate de convencionalismos! Soy la madre de Martinguez,

el que has metido en chirona. - Me emociona conocer a la mamá...

...de un bandido tan encantador. - ¿Y esto...

...también te gusta? - ¡Vaya familia!

De parte de mi hijo. Aún te queda lo mejor.

Como usted quiera, hermosa señora.

Mamá... ¿no tendría algo de beber?

¡Venga!

A tu salud, monada.

Ahora tranquilamente se reunirá con su amiguito en la bodega.

Vamos, cardo.

Sra. Martinguez, lo siento por su hijo...

y sobre todo por usted, porque Martinguez era huérfano.

Qué chasco, ¿eh?

Quiero hablar con el Dr. Madrales. - ¿Es algo urgente?

Mucho. Soy Lemmy Caution, Agente Federal.

Avisaré al doctor. Doctor...

...Lemmy Caution, Agente Federal americano, desea verle.

Dr. Madrales. - Pase, por favor.

Necesito que el Sr. Bonito declare en un caso.

¿Es indispensable? - Absolumente.

Mi paciente se encuentra muy mal, temo que a la más mínima emoción...

Lo lamento, pero investigo junto a la policía italiana un asunto...

...relativo a unos dólares falsificados que afecta al Sr. Bonito.

No quiero poner trabas a su trabajo... - ¿Tanto le preocupa?

No, pero la policía a veces usa unos métodos...

Prométame no fatigarlo. - ¡Soy la delicadeza personificada!

Iré a ver si mi paciente puede recibirle.

¿Juega con este instrumento? - En mis ratos muertos.

¿Perdería un momento por mí? - Eso no sería un momento perdido.

¡Qué no harán sus enfermos para que les tome la temperatura! Vamos.

¿Pero no espera al doctor?

"Silencio".

¿Qué quiere que haga? - Va a escribir...

la declaración del Sr. Bénito. - Puede venir.

He visto a su esposa. Me ha contado la historia de Aymes.

Parece que intentó arruinarle. - Exacto.

¿Fue usted quien envió el anónimo a Henrietta? - Sí.

¿Amenazó usted con denunciar a su marido a la policía? - Sí.

¿Y por qué no lo hizo? - Me entregó 200.000$...

...para que lo dejara estar. - ¿Quién fue el intermediario?

Paulette, posiblemente cambió porque estaba harta de Aymes.

Ah, ella era... - Sí, su amante.

Y él estaba loco por ella.

Es posible que se suicidara por eso - Quizás.

Ella volvió conmigo porque yo tenía los 200.000$.

Paulette es incapaz de una cosa así.

Y sin embargo yo la amaba. - Eso no cuenta,

las mujeres son volubles. - No puede más, Sr. Caution.

Bien.

¿Puede firmar esto? - Por supuesto.

Por favor.

Gracias.

Lamento haberle molestado, pero servirá de mucho.

Hola, gatita. ¡Cuánto polvo! ¡Me muero de sed!

Siempre eres bienvenido, Lemmy. ¿Whisky? - Claro.

¿Has vuelto tan rápido por mí? - No, es por los dólares.

Ya he visto los falsos. Ahora querría ver los verdaderos...

...ya que los tienes tú. - Muy sencillo.

Están en una caja en el banco. - Eso es peligroso.

Los billetes están numerados. Pueden acusarte de haberlos robado.

¡No! Aymen le firmó un papel a mi marido declarando que...

...se los entregaba en pago de una deuda. - ¿Tienes ese papel?

Por supuesto. - ¿Puedo verlo?

No tengo nada que ocultarte.

Sin tapujos.

Este papel es una joya. Bastaría para hacer detener a un montón de gente.

¿A quién, por ejemplo? - A Henrietta.

Henrietta me da igual. Devuélveme mi papel.

Lo necesito. Y a ti también, como testigo. Te vienes conmigo.

No puedo abandonar a mi marido. - ¿Hay que reirse?

No tienes derecho.

Además, ¿cómo sé que de verdad eres agente federal?

¡Mira, gatita, vas a hacer que me enfade!

Te arrestaré si no vienes voluntariamente como testigo.

¡De eso nada! - ¡De eso nada! Por haber organizado...

...la emboscada de anoche con tu amigo Daredo.

¿Te han atacado? ¿Dónde? - En la carretera de la clínica.

No te canses. Sólo tú sabías que me dirigía hacia allí.

Fue una estupidez. Sólo quería impedir que fueras a torturar...

al pobre Rudy con tus preguntas, impedirte que le dijeras...

...cómo me comporto. - ¡Menos cachondeo!

No quería que te ocurriese nada malo. Sólo quería impedirlo...

Tú lo sabes, Lemmy.

Estoy encaprichada de ti. - Esta noche no he dormido.

¿Entonces lo entiendes, Lemmy?

No me mires así o me caeré en redondo.

¿Todo olvidado? - Por supuesto.

Tesoro mío, esa no es la razón por la que quiero detenerte.

¿Por qué es?

Por el asesinato de Granworth Aymes, en la noche del 12 de enero.

¿Qué estás diciendo?

Te instalaré aquí, ya verás qué bien vas a estar.

Exijo ver inmediatamente a un abogado. - Ni una docena serán suficientes.

Ni trabajando día y noche con paños húmedos en la cabeza.

Después de usted, señora.

Metts, le presento a Paulette Bénito. - Señora.

La acuso del asesinato del Sr. Aymes. Enciérrela.

Quiero un abogado. - ¡Mañana! Si es que aún lo necesita.

Y me extrañaría. - ¡Qué sucio poli estás hecho, Lemmy!

No quieres entender que bastaría con una palabra...

Ya la he dicho. ¡Enciérrela! - ¡Grosero!

Vendré a verte cuando sienta deseos de hacer el amor...

...con una serpiente de cascabel. ¡Vamos!

¿Y esto?

Camarera Henrietta Aymes confirma lista ropa Henrietta que nos han comunicado.

¡Magnífico! - ¡Magnífico, magnífico!

Tenemos dos culpables. Nos sobra una. - No sea rutinario, Metts.

Ahora le toca a Henrietta. - Sí.

Lamento interrupirles. Traigo una orden de arresto contra la señora.

Henrietta Aymes, queda arrestada por el asesinato de su marido,

encubrimiento y puesta en circulación de dólares falsificados.

Bravo. - Llevaosla.

¡Algún día lo pagará, Caution! - Sí.

Hago mi trabajo y lo hago como me place.

Acompañe a Henrietta, hágase el caballeroso,

no se lo impediré.

¿Haciendo limpieza? ¿Qué os ha parecido mi artimaña?

¿No podíais marcharos sin poner en orden las cosas?

¡La próxima irá a tu cabeza!

Evidentemente me diréis que no hay una imprenta clandestina...

o que imprimís a la chita callando...

...La Biblia y El Semanario de Suzette. Enhorabuena,

fue ingenioso imprimir los dólares falsos en Italia...

y en un Casino- esa sí que es buena-,

para que rularan solitos.

¿No se te ocurrió a ti? ¿Ni a ti tampoco?

No, fue Aymes. - Bueno. Entonces...

los falsos dólares de Henrietta proceden de aquí. ¡Aymes era el jefe...

...y vosotros unos pobres idiotas!

Eso es.

¿Y Sagers? - Sagers?

¡Sí, mi compañero al que encontré en el frigorífico!

También le mató Aymes, ¿eh? No puede ser. ¡Ya estaba muerto!

¿Quién fue entonces? - No sabemos nada.

Escucha, gordito. Sagers fue asesinado la noche de mi llegada

y esa misma noche encontré aquí, en la basura,

un recorte de periódico con mi foto.

Perera... no querría estar en el lugar de quien lo hizo.

Sagers era mi compañero, ¿lo entiendes?

No tenías que haberlo hecho, Perera. - ¡Fue Fernández! ¡Yo no quería...

...que muriese!

No te he eliminado antes para darme el gustazo.

Hola, Metts, envíeme un coche a la Casa. Tengo un regalo para usted.

¿Un coche celular? - No, una ambulancia.

Y reúna a todos nuestros huéspedes. ¡Ahora podré...

...explicarle todo este lío!

Desgraciadamente, los actores principales estarán ausentes...

...por diversas razones. Me refiero a sus maridos, señoras.

Aymes era el amante de Paulette

y el agente de Bolsa de su marido, Bénito.

Bénito sufría una enfermedad incurable. Paulette decidió...

enviarle a pasar sus últimos días a Sicilia y vender sus títulos.

Aymes hacía negocios conchabado con Paulette y pagó a Bénito

con los 200.000$ falsos frabricados en la Casa.

Pobre muchacho, me da pena.

Los 200.000$ verdaderos, producto de la venta de los títulos,

...constituyeron el pelotazo bursátil. Se los dio a Henrietta...

...para convencerla de que sentaría la cabeza definitivamente

y así podérselo montar tranquilamente con Paulette.

Poco después, Bénito se dio cuenta de que su mujer le engañaba con Aymes.

Estando demasiado enfermo para hacer nada, le envió a Henrietta...

...la carta anónima aconsejándole que vigilara a su marido. Henrietta,

al recibir la carta, escribió a Aymes esta famosa carta...

citándole en Roma el 12 de enero, el día del crimen.

Lo sé todo. No quiero saber nada de ti.

Montaron una escena al final de la cual Henrietta decidió divorciarse.

Esa misma noche, Bénito se dio cuenta de que los dólares que Aymes le entregó...

...eran falsos. - ¡Cabrón!

Amenazó a Paulette con ir a contárselo a la Policía.

Buena caza, patrón.

Venga, no te preocupes.

Al alcance de la mano. - Paulette acudió a prevenir a su amante.

Lo sabe todo. - ¿A qué te refieres?

A que los dólares son falsos. - Bénito la sigue de cerca.

Se encuentra totalmente furioso cuando los encuentra juntos.

Ahora voy a denunciarte a la policía.

Paulette valora la situación, coge el pisapapeles de bronce...

...y golpea a Bénito con todas sus fuerzas. - ¡No fui yo!

¡No fui yo! ¡Fue Aymes quien le mató!

Gracias, Paulette.

¿Mi marido se suicidó tras la muerte de Bénito?

¡No lo entiendo!

¡Un momento!

Paulette no mató a Bénito.

Resultaría grotesco que mezclaras a la policía en nuestros asuntos.

Lo arreglaremos entre nosotros. - Os he pillado in fraganti.

Efectivamente, fue Aymes quien mató a Bénito.

Ante el cadáver, a Paulette se le ocurrió la idea.

Aymes intercambia su ropa con la de Bénito.

Escribe un papel,

lo coloca en su cartera y lo pone todo en el bolsillo del muerto.

Meten a Bénito en el coche de Aymes...

...y Paulette se dirige hacia el puente.

Coloca el cadáver de Bénito en el asiento del conductor,

le apoya el pie en el acelerador...

...y quita el freno de mano.

Pero Paulette piensa que ha sido vista por el guarda.

Esa misma noche, Burdell le busca...

...y le paga muy caro su silencio.

Aymes está obligado a desaparecer ya que, oficialmente, está muerto.

No quiere dejar los 200.000$ a su mujer.

Así que da el cambiazo con los falsos que había traído Bénito.

El lunes, cuando la policía encuentra el coche de Aymes,

es Burdell quien identifica el cadáver pese a que ha quedado irreconocible...

gracias a su cartera y al papel que Aymes metió allí.

Burdell se guarda mucho de avisar a Henrietta.

Y es después del entierro cuando ella conoce la muerte de su marido.

Todo va bien hasta que el guarda cae en la trampa de la policía...

y muerde el anzuelo. Burdell, una vez más, salva la situación...

encontrando entre los papeles de Aymes la carta de Henrietta...

...que prueba su presencia en Roma la noche del crimen.

Burdell envía la carta a Fernández que la esconde en casa de Henrietta.

Él me envía un anónimo advirtiéndome que haría bien

en pasarme por su casa donde encontraría algo que pudiera interesarme.

Henrietta era la víctima ideal. Acababa, de buena fe,

de cambiar un billete de 1000$.

Hubiera podido funcionar...

...si yo no hubiera encontrado tan fácilmente esta carta.

Si Henrietta hubiera matado a Aymes, ella no habría escondido la carta...

...en su casa. La hubiera destruido. Comprendí entonces que Burdell,

Fernández y Perera estaban complicados en el asunto.

Burdell compra el silencio...

...del guarda.

Fernández renuncia a casarse con Henrietta porque no quiere...

...mezclarse en un asesinato. ¡Valiente Termiglio!

Y también estaba la camarera. Se traicionó al reconocer...

...una lista de ropa que yo mismo había inventado.

¿Me dijiste un abrigo de visón?

Sí. - Yo puse un abrigo de cuero rojo.

Luego está lo de Sicilia. No lo tendría todo atado hasta...

...ver al supuesto Bénito. ¿Por qué?

Porque era Aymes.

Gracias.

Lo que definitivamente me convenció es ver cómo un tipo...

...a punto de palmarla, se fumaba 50 cigarrillos diarios.

¿Qué nos falta? ¿Una firma?

También la tengo. Los expertos han confirmado...

que la transferencia de los dólares y la declaración...

...del supuesto Bénito fueron hechas por la misma mano.

¿Lo pilla? Creo que esta mañana arrestarán...

a Burdell y a la camarera. - Aún nos falta Aymes.

Lo encontrará en Sicilia. Al fin podré dormir un poco.

Buenas noches.

Usted ha ganado, lo reconozco. - Cuide bien de Henrietta,

...es frágil. - Ella le espera fuera.

¿Para despedirme? Es un detalle. - No. Le está esperando.

El rechazado he sido yo.

Buena suerte, Caution.

La paciencia es la primera cualidad de un agente federal.

¿Lo pillas?

¡Hello!

Vamos. - Queremos proponerle un trato.

Al menor movimiento por su parte, Daredo disparará sobre Henrietta.

Estamos entre caballeros. Así nos mantendremos a salvo...

...de su impulso camorrista, Sr. Caution. - Dese prisa, tengo hambre.

Ordene a la policía que suelten a Paulette. - ¡Usted está chiflado, amigo!

Invéntese una historia. De esas que le salen tan bien.

Por ejemplo, que ella servirá de cebo para capturarme. ¿Qué me dice?

Váyase a la mierda. - Le doy cinco minutos...

...para decidirse. Daredo se está poniendo muy nervioso.

Piense en Henrietta.

Pienso en ella. Pero de ahí a que me echen del FBI...

¡se le ocurre cada cosa! ¿Puedo coger un cigarrillo?

Dale uno.

De acuerdo, lo haré. Pero con una condición.

Tiene que enviar mi placa de agente federal a cierta dama de Arizona.

¿Es tan sentimental? - O lo toma o lo deja.

Si me liquida, Paulette permanecerá en prisión.

Bueno. ¿Cuál es la dirección? - Sra. Cyntia Caution,

se trata de Mamá Caution.

Vive en Kamahutuoc, Arizona. - ¿Cómo?

Kamahutuoc, Arizona.

Será mejor que lo anote. Quiero estar seguro de que llegará.

Si no, no llamaré. - ¡Venga! ¡Anótalo!

Kama...

Kamahutuoc.

Eso es. Tome...

mi placa.

¡Suelte eso o disparo!

Vengo para avisarle de que Aymes...

...se ha escapado. - Gracias por el soplo.

¡Lemmy, Lemmy, he tenido tanto miedo! - Sí, sí, ya lo sé. Bueno, entonces...

¿dónde estábamos? Ah, sí... íbamos a desayunar. Enciende rápido...

el gas, amor mío. Porque como dice Mamá Caution: lo que tú necesitas...

...es un buen desayuno servido por una chica guapa...

...con un buen trago de whisky para aclarar la vista.

¿Lo pillas?

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