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- No he podido hablar con Tania, pero como supe que se fue a
comer con Marcelo, supongo que todo debe de ir muy bien.
- Pues sí.
Espero que esta vez vaya en serio.
- Ojalá que sí. Hacen una pareja increíble.
- ¿Y tú?
¿Cómo va tu matrimonio?
- Bien.
¿Te ofrezco algo de tomar?
- Es que...
había escuchado que estaban separados.
- Sí, pero ya estamos viviendo juntos otra vez.
Hablamos y vamos a poner lo mejor de nuestra parte
para que nuestro matrimonio funcione.
* Somos imanes en polos opuestos, *
* inseparables aunque estemos lejos. *
* Puedo ser, *
* yo puedo ser, *
* la razón, *
* la razón, *
* de poder dejar a todo el mundo atrás. *
* Puedo ser, *
* yo puedo ser, *
* la razón, *
* la razón, *
* de poder dejar a todo el mundo atrás. *
* Yo te doy la razón para poder ser libres *
* y tengo fe que existe pa los dos. *
Esto no debió haber pasado.
- Sí, sí, perdón.
Yo no te quería hacer sentir incómoda.
Perdón.
- Qué vergüenza.
Por favor, Emilio, vete a tu oficina.
- Sí, sí, fue fue un impulso.
- Un impulso que no debió haber pasado.
Soy una mujer casada.
No pueden estar pasando estas cosas.
- En verdad, Elisa, te ofrezco una disculpa y te prometo que,
que no vuelve a pasar, ¿sí?
Perdón.
[***]
- Permiso.
Necesito 20,000 en efectivo hoy mismo.
- ¿Y se puede saber para qué?
- No empieces a hacer preguntas y consíguemelos.
Tu marido tendría que aprobarlo.
Ya sabes que no puedo mover un dedo sin que me lo autorice.
- No me importa lo que él diga.
Invéntate cualquier cosa.
Usa tu cerebro, falsifica una firma,
no sé, pero teme el dinero listo ya.
[***]
[***]
- Buenas tardes.
¿Aquí vive Sandra Montaño?
- Sí, soy yo.
¿Qué se le ofrece?
- Gabriel y yo fuimos hoy a la clínica para que supuestamente
me volvieran a inseminar.
- ¿Supuestamente?
- Ay, Fernanda, si yo no hablo esto con alguien,
yo me voy a volver loca.
- Y la verdad, tú eres la única
que me da confianza en este tema.
- ¿Pero qué pasó?
¿Cuál es el problema?
- Que sí estoy embarazada.
- Ah, pero no de Gabriel.
- De Alonso.
- Oh, de Alonso.
Esto no se lo puedes decir a nadie.
- Imagínate la que se va a armar si supieran.
- No, no, no. Y Alonso menos.
- Con lo chismoso que es.
- No, así no se puede.
Mira, tranquila, no te preocupes.
Todo va a estar bien.
Que estés embarazada es perfecto.
Matas a dos pájaros de un tiro.
Siempre quisiste ser mamá, eso te viene perfecto.
Así convences a tu papá. Todo está bien.
Ahora, eso sí, querida,
no te puedes volver a encontrar con Alonso.
Controla tu calentura.
- Y bueno, esta es mi tienda.
¿Qué te parece?
- No, está increíble.
Está precioso.
Me encanta.
- Y resultó ser buen negocio.
No la puse por eso, porque mis papás tienen mucho dinero.
Pero me entretiene y me hace sentir útil.
- Oye, tú nunca hablas de tus padres.
¿Qué onda?
- Los veo cada mil años.
Les encanta viajar.
Y aparte, son fanáticos de los cruceros.
Se bajan de uno y se suben a otro.
Mi papá quiere disfrutar todo lo que tiene antes de morirse.
- Ok.
¿Y hermanos? ¿Tienes hermanos?
- No.
Elisa es como la hermana
que nunca tuve y es de mis pocas amigas, la verdad.
Siempre he sido muy solitaria.
- Ey. ¿Hace mucho que llegaste?
- No, tal vez hace media hora.
- Hm, ya.
Marcelo se va hoy a Monterrey, ¿verdad?
- Sí, eso es lo que me dijo en la mañana.
- O sea, que eso significa que por la noche
puedo ir a tu departamento.
Muero por besarte, por estar contigo.
- Fernanda, es mejor que no.
- ¿Cómo?
- Lo he estado pensando y, Fernanda,
no podemos seguir así.
Tarde o temprano las cosas se saben
y nos podemos meter en un problemón.
Así que te pido, por favor, que te olvides de esto.
De nosotros. Olvídate de mí.
Seamos socios. También, amigos, ¿sí?
No sé, dale un poquito de cabeza.
Vas a ver qué es lo mejor.
- No lo puedes estar diciendo en serio, ¿no?
Esto es, esto es un chiste.
- Fernanda, no.
No lo hagas más difícil de lo que ya es, por favor.
¿Cómo me haces esto ahora, Emilio?
Si ahora más que nunca te necesito.
- Fernanda, te lo repito, no lo hagas más difícil
de lo que ya es, por favor.
[***]
* Puedo ser, *
* la razón, *
* de poder dejar a todo el mundo atrás. *
* Yo te doy la razón para poder ser libres *
* y tengo fe que existe pa los dos. *
- Te traje los chocolates que tanto te gustan.
- Gracias.
- ¿Y esa carita? ¿Qué tienes?
- Nada, estoy cansada nada más.
- Te amo.
* Me dicen que eres prohiba y que me olvide, *
* que esta locura es imposible, *
* irresponsable, incomprensible. *
- Ya localicé a Sandra Montaño, pero le tengo una mala noticia.
No es Ana.
Nada que ver con las fotos que me dio.
- Si es la misma que estaba en la clínica.
- Sí, sí, sí.
Ella estuvo en esa clínica un tiempo, pero,
pero nada que ver.
¿Para qué entrar en detalles?
No es Ana.
Nos fuimos por las apariencias.
- ¿Nos fuimos?
Se fue usted.
Debió de haber comprobado que era ella antes de hacerme
ir hasta allá y perder el tiempo.
- ¿Quiere que siga buscándola?
- ¿Usted qué cree?
Por supuesto que sí.
Y espero que esta vez sí se vean los resultados.
- Sí, me temía que iban a buscar a tu hermana.
- Afortunadamente la entrené muy bien por si eso pasaba.
Por lo que me dijo, se tragaron el cuento.
- ¿Y cómo era el hombre que habló con ella?
- Dice que un hombre normal, común.
- Pues espero que ahí muera este asunto.
En verdad lamento muchísimo haberlos metido en todo esto.
- No hay problema.
Tú sabes que estoy para servirte.
- Sí, gracias.
Más tarde voy a ir a ver a Ana.
Con lo que me dijiste, seguro se queda más tranquila.
- Hay algo más que debo contarte.
No me lo vas a poder creer.
Me llamó Gabriel del Pino.
Quiere que hablemos para que haga una investigación.
Me pidió que vaya esta tarde a su oficina.
- Hazlo, ¿sí? Ya luego me cuentas.
- Aquí está lo que me pediste.
- Gracias.
¿Sabes que me puedo meter en...?
"Me puedo" no.
"Nos" podemos meter en problemas por este dinerito.
- Pues ingéniatelas para que nadie se dé cuenta.
Ana: Yo estoy segura que Fernanda me iba a matar.
Estoy segura que me iba a matar.
Emilio: ¿Ana, estás cien porciento segura
de que era ella?
Ana: Por favor, como si no la conociera.
Emilio: Necesitas dinero contigo
para cualquier cosa que aparezca.
- O sea que pasó lo que tenía que pasar.
- Es que no pude resistir
la tentación de besar a Elisa.
Fermín, fue...
- Así besaba Francisco.
Te lo juro.
- Ay, Elisa, de plano ya te estás imaginando cosas.
- Te juro que no.
Era...
El mismo olor.
- Su mismo sabor, el mismo calor que recordaba.
- ¿Y bueno, qué?
¿Quedaron en algo?
- No, no.
De inmediato ella...
- Le pedí que se fuera de mi oficina.
Me moría de pena.
Te juro que no sé en qué momento pasó.
- ¿Y él qué te dijo?
- Se disculpó pero...
- Es que no me arrepiento de nada, loco.
Si la tuviera al frente, la beso otra vez.
- Yo creo que estás jugando con fuego por todos lados, hermano.
- Sí. Le dije a Fernanda que era mejor
que ya no nos viéramos y se puso...
Hasta me cacheteó.
- ¿Y piensas seguir tratando de acercarte a Elisa?
- Pero no va volver a pasar. De ninguna manera.
- Lo grave es que se van a estar viendo en la constructora
casi diario.
- Sí, sí, ya, ya ni me digas.
- Necesitamos urgentemente localizar a una persona.
Busqué en línea a un buen investigador
y sus referencias son excelentes.
- Estoy a sus órdenes.
¿Eugenio Beltrán?
- Correcto. No tengo la menor idea
dónde está viviendo.
Lo único que sé es que nació en la Florida
y que hace 30 o 40 años se mudó a otro estado.
- Entiendo.
- En la hoja está el nombre de su madre, Inés Beltrán,
quien fue la que le dio su apellido.
Le dije al investigador que era urgente, pero entenderás
que va a tomar algo de tiempo.
- ¿Le dijiste que quiero la información completa
de todo lo que Eugenio hace?
- Sí.
¿Qué vas a hacer cuando lo encuentres?
- ¿No, qué vas a hacer tú?
Vas a buscar a un sicario y vas a sacar de su miseria
a ese infeliz.
¿No que adoraba a su difunta mamá?
Pues que se vaya a acompañarla.
- Te lo repito, el problema de Gabriel es más común
de lo que tú crees.
Ya se está tratando.
Y no se ha visto muchos resultados que digamos.
- Ahí la lleva.
Roma no se construyó en un día.
- ¿Qué? Por favor.
- Él está muy ilusionado porque...
- Ay, Brenda y yo fuimos otra vez
a la clínica de fertilidad para volver a inseminarla.
Esperemos que esta vez sí se logre, por fin.
- ¿Cómo?
¿Que no habían dicho que sí estaba embarazada?
- A ti no tiene caso que te mienta, Sebas.
- Brenda no está embarazada.
Se inventó todo eso para darle al doble con el dedo a su papá.
No lo logramos.
Aunque el médico dice que lo más probable es que esta vez
no falle.
- Así que no había embarazo.
- Te lo estoy contando para que, por favor, dejes de fastidiar.
Brenda se va a embarazar.
Es cuestión de tener paciencia.
- Lo que dije desde un principio.
No hay bebé, solamente está globina.
- Ya, por favor. - ¡Puro aire!
- Para con las burlas ya, ¿no?
¿Por qué no podemos ser una familia normal?
¿Apoyarnos, comprendernos?
Ya, crece, por favor.
- Roberto me llevó unos chocolates
de los que me gustan.
Está tratando de tener detalles conmigo todo el tiempo
y eso me hace sentir peor.
- Siempre dijiste que estabas muy enamorada de él.
- Eso era lo que creía.
O más bien, lo que trataba de creer.
- Aceptaste que se dieran una segunda oportunidad.
- Sí, y no debí de haber aceptado.
Esto no va a funcionar, Tani.
A la primera oportunidad que tuve,
ya me estaba besando con otro.
Si yo estuviera enamorada de Roberto,
nunca hubiera pasado nada entre Emilio y yo.
- Es que está muy raro eso.
- Sí, sí, ya lo sé.
- ¿A ver, cómo supo Fernanda en dónde encontrar a Ana?
¿Y quién es el tipo ese que fue a hablar
con la hermana de Ignacio?
- Tal vez el mismo que llamó para pedir el rescate.
O a lo mejor Fernanda trató de aprovecharse de la situación
para quedarse con el dinero y le salió el tiro por la culata.
Ay, ay, Fermín, ya no sé, no sé.
Tal vez Fernanda en realidad es un lobo con piel de oveja
que casi logró enredarme por completo y hacerme creer
que ella era inocente.
Y eso es peor todavía.
* En un mundo de sombra *
* donde el silencio grita, *
* cada palabra es un eco *
* de promesas marchitas. *
* Sed de venganza, con fuego en la piel, *
* buscando la verdad en un mundo cruel, *
* lealtades rotas, *
* corazones de fiera en esta selva de cemento, *
* sálvese quien pueda. *
* En la sombra de la noche miradas de seda, *
* dos familias en lucha, tu legado está en juego, *
* juramentos que se quiebran, secretos por saber, *
* cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. *
* Sed de venganza con fuego en la piel, *
* buscando la verdad en un mundo cruel. *
A ver, una cosa es el amor y otra cosa es la pasión.
Y no te lo voy a negar.
Me encantó tener sexo con Fernanda,
pero de eso a enamorarme, no, hay una gran diferencia.
- ¿Pero y si te sigue buscando?
- Pues que se pique más.
Cuando alguien se apasiona al punto de la obsesión,
baja la guardia y se vuelve vulnerable.
Y así la quiero.
- Ok, lo primero es encontrarlo.
De aquí a que aparezca, vas a tener tiempo
para pensar mejor las cosas.
- No hay nada que pensar.
La única solución es eliminarlo por completo.
Es lo que tendría que haber hecho hace mucho tiempo.
- ¿Papá, y si también eliminamos
a los hermanos de Brenda?
Sin ellos, Brenda sería la única heredera de Adalberto.
Y siendo mi esposa y la futura madre de mis hijos,
cuando Adalberto pase a mejor vida,
las dos constructoras, en vez de ser rivales,
pueden fusionarse.
- Bien, hijo, bien.
No eres tan idiota como yo pensaba.
Me gusta, me gusta la idea.
- Me muero por ver ese lugar en vivo y a todo color.
Ay, ¿de veras te atreverías a hacer un baile erótico?
- Pero ¡por supuesto!
- Ok.
- Miguel dice que si trabajara allí sería toda una sensación.
Y no es por nada, eh, pero estas caderas
se mueven como Dios manda.
Ay, no, Claudia. Eres terrible.
- Pos a mí no me viene en gracia que ese morro
sea dueño de un lugar así.
Y menos que te lleve a trabajar ahí.
Claudia, no vas a ir.
- Ana, yo se lo pedí.
Además, quiero echarle un ojo a sus dominios.
- ¿Para qué quieres que te lo diga
si ya te lo repetí mil veces?
- Es que no sé si entendí muy bien.
¿En serio estás embarazada?
- Sí, estoy embarazada.
- ¿Y entonces por qué te volvieron a inseminar?
¿O fue solamente para reforzar el embarazo?
- Ojalá pudieran convencerme de que se quedaron conformes
después de haber hablado con la hermana de Ignacio.
- Les tuvo que quedar claro que no eras tú
la que estaba en la clínica.
De eso a que dejen de buscarte...
- O de encontrarme.
- Eso va a ser muy difícil.
Ana, mientras tú lleves una vida discreta, alejada de todos
los lugares a los que ellos van,
no debería de haber ningún problema.
- Voy a necesitar una identificación.
La piden para todo.
En este momento no soy Ana, no soy Sandra Montaño,
no soy nadie.
- Lo peor de todo es no saber qué pasó con ella.
- Ay, mi amor, no sigas pensando en Ana.
- ¿Y cómo quieres que no lo haga?
Es mi hermana.
- Entiéndela Roberto, por favor.
Hay cosas que se demoran en superarse.
- Hay que intentarlo, Elisa.
Si estás todo el día pensando en eso, va a ser peor.
- ¿A dónde quieres llegar con todas estas cosas
que me dices?
De verdad no entiendo.
- ¿No lo sabes, mi reina?
- No.
- ¿Eres? ¿O te haces, mamacita?
- Alonso, no estoy de humor ni para escucharte...
- Mira, si estás embarazada y fuiste a inseminar otra vez,
es porque estás tratando de tomarle el pelo a mi hermanito.
- ¿Para?
- Para que no sepa que el hijo es mío.
- Ya entendí, Alonso.
Está despertando el instinto paternal en ti, ¿no?
Es eso.
- No. Solamente me divierte saber.
- Sí, deja ver qué me propone Ignacio.
Tiene que haber alguna manera de que te puedas identificar.
La verdad es que no, no había pensado en eso.
- Perdón por causarte tantos problemas.
- Anita, ¿cómo crees?
Para mí es un placer, un gusto ayudarte.
Y todo lo vamos a solucionar, ¿sí?
- ¿Y si le decimos a Elisa?
Yo estoy segura que ella no me va a echar de cabeza.
- No, Ana, yo no quiero que Elisa sepa que ya regresé.
Ten paciencia, por favor, ¿sí?
Todo a su momento.
[Suena celular]
Estaba esperando tu llamada.
- No he parado un momento.
Perdóname.
Fui a hablar con Gabriel del Pino.
¿A que no te imaginas qué quiere?
- No, pues ni idea.
- Me pidió que buscara a Eugenio Beltrán.
[***]
Tema musical *]
- Claro. ¿Cómo no se nos ocurrió?
Después de lo que Adalberto le dijo, quieren estar protegidos.
- Yo le dije que sí.
¿Qué más podía hacer?
- Bien, bien.
Tú cóbrales caro.
Al fin y al cabo no tienes que hacer nada.
Luego de un tiempo ya les das la misma información
que me conseguiste a mí.
Sí, sí, sí, ya quedamos.
Hablamos luego.
Tu papá quiere localizar a Eugenio Beltrán.
Pero él está muerto.
- Yo sigo pensando que es absurdo
que Emilio siga en la constructora.
¿Para qué, papá?
A ver, se asociaron con ellos en uno de los muchos proyectos
que tenemos.
- No, no, no.
En un negocio muy importante que tanto él como Marcelo
son parte activa, Alonso.
- Si lo que querías era alejarme
de la constructora, felicidades.
Felicidades, Gabriel.
Lo lograste.
Mónica, ya veo que te estás riendo mucho
con Claudia y con Érika, ¿no?
- Son muy simpáticas. Me caen muy bien.
- Me da mucha felicidad saber que finalmente
tienes amistades aquí en Miami.
Así no te sientes sola.
- No tengo problemas en que te lleves con la servidumbre.
Pero deberías tener otro tipo de amistades, ¿no?
- ¿Qué se le hace, papá?
Dicen que la cabra siempre tira el monte.
[Risa burlona]
- ¡Ya!
Claudia: No, hombre, mana.
Andan poniendo como chancla a la pobre de Moni
por haberse hecho amiga de nosotras.
- ¿Qué tiene de raro?
Si sabemos muy bien que no estamos a su altura.
- ¿Sabes qué?
Deberíamos de presentarle la Pati
pa que tenga amigas fresonas.
- Vamos.
[***]
[***]
María Laura: No me gusta nada la actitud que estás tomando
y no voy a permitir bajo ninguna circunstancia
que sigas así.
- Ya cállate.
No soporto oírte a hablar.
Todo lo que dices siempre solo es para molestarme.
No me mires así.
No me mires así.
Yo no... yo no te maté.
Yo no te maté.
Fue Fernanda.
Fue Fernanda.
Prometo que fue Fernanda, pero yo no te maté.
[***]
- Lo que Mónica y Sebastián hagan
no tiene por qué importarnos.
- Si a ti no te importa, imagínate a mí.
Menos mal que no quiere conocer a mis amigas.
Solo serviría para que se burlaran de mí.
- De lejos se le nota lo simple.
- ¿Sabes qué estaba pensando?
Que quiero que desayunemos con tus papás.
- ¿Y eso para qué?
- Para que comprenda que ni tú ni yo tenemos nada que ver
con los líos que él tiene con mi papá.
Eso es problema de ellos.
Yo quiero acercarme a él, hablarle, que me entienda,
que me escuche.
- Mi amor, ya sabes cómo es.
- En cualquier momento me vas a salir con que le pediste
a Roberto que se vaya de tu casa otra vez.
- Créeme que daría lo que fuera por regresar al tiempo
y no haberme casado con Roberto.
- Mira, chiquita, yo creo que lo que tú necesitas es hablar
con mi psicólogo.
A ver si él logra hacer
que pongas los pies sobre la tierra.
- No, a ver, pero si esto no se trata
de terapias.
Por más que consiga al mejor psicólogo del mundo,
él no va a poder lograr que yo me enamore de Roberto.
A ver, estas cosas no se razonan, Tani,
solamente se sienten.
Ya.
- ¿Y qué va a pasar
cuando tengas a Emilio de frente otra vez?
- Nada.
No me va a quedar más remedio que hacerme la loca.
* Me dicen que eres prohiba y que me olvide, *
* que esta locura es imposible. *
- Voy a tener a Fernanda en jaque un tiempo
para que se desespere y pierda los estribos.
- Después de que ya te había ganado,
¿otra vez te pusiste en su contra?
- Fue la clínica de Ana y eso la echó de cabeza.
- A ver si luego no te sale con una explicación lógica.
- ¿Y qué explicación puede haber?
- Gracias.
- Y bueno, ya ni modo que yo le pregunte, ¿verdad?
- Oye, ¿sabes qué estaba pensando?
Lo primero que deberías haber hecho es investigarla.
No sé, digo, para saber
exactamente qué terreno estás pisando.
- Averigua quién es en realidad, de dónde viene,
todo lo que puedas saber sobre ella.
- Pues sí, tienes toda la razón, ¿no?
Es lo que voy a hacer.
[***]
a musical *]
- No he vuelto a saber nada de él
después que me mandó al diablo.
- Fernanda, fue ayer. Ayer.
¿Qué querías que pasara de ayer a hoy?
- Y no tenía por qué desaparecerse de esa manera.
Me hubiera mandado un mensaje,
por lo menos un "hola, ¿cómo estás?".
No sé, algo.
- A ver, espérate.
Tú no lo juzgues por lo que hizo.
Mejor ponte en su lugar.
Mira, entiéndelo.
Él está asociado con tu marido.
Él ya tuvo problemas con él por encontrarte a solas.
- Él no me puede dejar, punto.
- Fernanda, yo creo que tú
tienes que pensar las cosas muy bien.
Yo creo que lo más sensato
es que te olvides de él por el momento.
Bueno, bueno, si de plano
no puedes o no quieres, entonces sepárate de Alfredo
y sé libre para él, para Emilio.
Y ya.
- ¿Pendientes?
Sí, sí, tenemos varios pendientes.
- Va.
¿Ya cerraste la puerta?
- No.
- ¿Qué esperas?
Mire, don Alfredo, yo le suplico que ya no me pida
que haga feliz a papá.
Yo siento que solamente está jugando conmigo y yo no quiero.
O sea, espero que entienda
que no es una situación fácil para mí.
- Lo único que pido
es que cuando estemos juntos no mencionemos
esos problemas entre tú y mi papá.
Nada más.
- Casi nada.
- Adalberto, por favor, tienes que...
- ¡No!
No me gustas, Gabriel.
No me gusta tu familia y no me gusta que te hayas casado
con mi hija.
Y mucho menos que ella esté intentando tirar
con ese matrimonio adelante.
- Papi, por favor, ¿podemos...?
- Ya te lo dije una vez.
Aquí no puede haber medias tintas.
O estás de un lado o estás el otro.
Y evidentemente tú ya decidiste.
Dejaste de ser una Ferrero
para convertirte en una Del Pino.
Eso sí, atente a las consecuencias
que eso puede traerte, ¿eh?
Que tengan buen provecho.
- Adalberto, por favor, siéntate.
- Con permiso.
[***]
- Ya, mi amor, ya.
- ¿Entonces Marcelo viene otra vez hoy?
- Solo para verme a mí.
- Ay, entonces ese romance sí va muy en serio.
- Cada vez que lo pienso, siento cosquillitas en la barriga.
- Alejarte de Alonso fue lo mejor
que te pudo haber pasado en la vida.
Si lo vieras, está insoportable desde que le quitaron
su oficina y se la dieron a Emilio.
- Está cosechando lo que sembró.
Que no se queje.
- Ujú.
- No, bueno, pues Tania te dejó muy picado para que regreses
tan pronto.
- Sí, sí, sí, sí.
Me muero, me muero por verla.
Ya, ¿qué quieres que te diga?
- Oye, ¿y qué más te contó de, Elisa?
- No, no, nada.
Solo lo que ya te dije.
Mencionó que seguro ya sabía lo que había pasado con Emilio,
pero no entró en detalles.
Estoy seguro que se refería a lo del beso.
- Pues a ver qué logras sacarle ahora que estés aquí.
- Ay, hermano,
mira, tú lo único que haces es echarle sal a la herida.
- ¿Y qué pretendes, chaparrita?
¿Que me divorcie y me casé contigo?
- No, no, don Alfredo.
Lo que yo quería decirle es, pues, también...
- ¿Qué me querías decir?
Te tienes que sentir orgullosa de hacerme feliz.
¿Tú sabes la cantidad de mujeres
que quisieran hacerme feliz?
¿A hacerle feliz a Alfredo del Pino?
Ya, por favor, te estás trabando.
Vamos, ve y cierra la puerta que papá se está impacientando.
Venga.
Venga.
- Cuando creí que ya tenía resuelto el problema con Ana,
ahora me entero que no, no es ella.
- Bueno, ese asunto con Ana
va a ser un misterio difícil de resolver.
¿Sabes por qué? Porque ya pasó mucho tiempo.
- No sabes con la que me salió Alfredo.
- Ese metiche de Adalberto es capaz de cualquier cosa.
Más vale que no me encuentre desprevenido.
- ¿Qué piensas hacer?
- Ya contraté un investigador privado
para que localice a Eugenio.
- ¿Para qué?
- Para desaparecerlo de una vez por todas.
Yo no me voy a arriesgar a que después
de tantos años me venga a arruinar la vida.
- ¿Cómo me sale con eso el muy imbécil?
- ¿Y cuando se entere que Eugenio está muerto?
- Ni remotamente va a pensar ni saber que fui yo.
O sea, él ni siquiera sabe el favor que le hice de quitarle
ese pequeño estorbo en su vida.
- Si Eugenio hubiera sabido que su padre dejó
una copia del testamento, ¿qué crees tú...?
- No, él estuviera aquí en Miami, no me hubiera
metido en la familia de los Del Pino y estaría ahí con él,
idolatrándolo, creyéndome toda la bola de mentira
que me decía.
- Seguramente.
- ¿Sabes qué?
Yo creo que lo que dijo Adalberto no es cierto.
Yo no creo que haya una copia del testamento, porque si no,
Eugenio ya lo hubiera tenido, ¿no?
- Tienes razón.
- Ay, Mirna, no sé qué hacer con lo de Emilio, de verdad.
Bueno, yo no voy a dar el brazo a torcer.
Si él a mí no me escribe, yo no le voy a escribir a él.
Ni siquiera un emoji le voy a mandar.
Nada, no.
- Ay, Fernanda. - Yo tengo ego.
Fernanda, el café.
- Ese hombre tiene la habilidad de volverme loca, Mirna.
[***]
[* Tema musical *]
- Espera, espera, que que te quiero dar un regalito
para que veas cuánto valoro tu aprecio.
Mira.
Con esto te compras algo bonito.
Te comes una hamburguesa sabrosa a mi nombre.
- Por eso es que Del Pino quiere localizar a Eugenio Beltrán.
Cuando sepa que está muerto,
el alma le va a regresar al cuerpo.
- Sí, seguramente.
- Ya te lo dije, cóbrale carísimo.
Déjalo ahí en suspenso una semanita y ya después
le das la buena nueva.
- Ok.
¿Y cómo siguió Ana?
¿Está más tranquila?
- Algo.
Ya sabes que es muy nerviosa.
Sigue sintiendo que en cualquier momento
Fernanda la va a encontrar.
Ignacio: Yo dudo mucho que pueda encontrarla.
Bueno, eso creo.
Emilio: Mientras Ana no se exponga.
Ignacio: Pues sí.
- Necesito una identificación, Ignacio.
Me dice que para todo se la piden y tiene razón.
¿Crees que puedas ayudarla con eso?
- Déjame ver.
- Hay otra cosa más.
Quiero que por favor investigues a Fernanda Ríos.
Tengo que saber todo sobre su pasado.
Me dijo que nació y vivió sus primeros años en los Ángeles.
Parece que hubo un incendio.
Ahí murieron sus padres.
Dice que huyó y buscó la manera de salir sola adelante.
- ¿Huir por qué?
- Buen punto.
No sé.
Me dijo que para que no la metieran en un orfanato,
pero la verdad no lo sé.
Averigua, por favor, lo más pronto posible todo eso, ¿sí?
- Ya, Tania.
¿En serio sigues enojada conmigo
después de lo bien que te traté?
- Alonso, Marcelo y yo somos novios.
Estamos muy contentos.
No me interesa volver a saber nada de ti.
- Pero si cuando te propuse matrimonio
también eras su novia y cambiaste de opinión
en un dos por tres.
Ya, Tania, ¿qué tengo que hacer ahora para que me perdones?
- Lo que hiciste fue la gota que derramó el vaso.
No me hables.
No me busques.
No me interesa nada que tenga que ver contigo.
[***]
[Sollozos]
[***]
[***]
- Adalberto.
Adalberto es un hueso duro de roer.
- Y por más que le hagas, dudo que pueda arreglar
sus problemas con mi papá.
- Le llevaron esto demasiado lejos.
- Ni modo.
La lucha se hizo.
- Gabriel, le quería agradecer mucho a Brenda por querer
introducir a Moni en su círculo de amigas,
pero dudo que se sienta a gusto ahí.
- Tiene que acostumbrarse a su nueva vida, Sebas.
Ni modo que se ponga a intimar con las sirvientas, ¿o sí?
- Sí, está contenta...
- No, no, no. Si está contenta no.
Le guste o no, ahora es una Del Pino..
¿O qué quieres?
¿Cenar en la casa de Erika o de Claudia?
O no, peor aún, que Erika y Claudia cenen con nosotros
y que sea Mónica la que sirva la mesa.
Yo sé que la quieres complacer, pero tienes que poner límites.
Pues aquí es donde chambeo, ¿cómo la ves?
- Guau.
¿Todo esto es la mansión?
Se ve que trabajas con personas de mucha pachocha, mucha plata.
- Ey, no, y no te imaginas la casota por dentro.
Y la alberca ni pa qué te cuento.
- ¿Tienen alberca? - Alberca.
A veces me meto cuando no están.
Pero ya mejor ni lo intento, porque si me cachan,
patitas, ¿pa qué las quiero?
- Y si lo intentas, me invitas, peluchita.
- Obvi.
- ¿Oye, y quién vive aquí?
¿Cómo se llama la familia?
- Del Pino.
Mis patrones son don Alfredo y la Fernanda Del Pino.
- ¿Del Pino?
- Sí.
Ajá.
Está linda, ¿verdad?
- Hermosa.
- Marcelo llega hoy mismo a Miami.
Le voy a contar todo lo que hiciste.
- Uy, no, no, no, por favor.
Qué miedo, mi amor, me vas a matar de miedo.
- Si luego te busca y te parte la cara, no te quejes,
porque Marcelo no va a permitir que me sigas molestando.
- Pues más te vale que no me busque, ¿no?
Porque dudo mucho que le gustaría saber
que le pusiste tamaños cuernos a cambio de un anillo
de mentira, Tania.
- Marcelo sabe todo lo que ha ocurrido entre tú y yo.
Sí.
Entonces no intentes contarle nada.
- ¿Tú crees que a estas alturas me vas a poder engañar?
Mamacita, sueñas.
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[***]
[***]
- Ya, no hace falta que me digas más.
Tienes toda la razón del mundo.
- Si Mónica no pone de su parte,
lamento decirte, pero no va a funcionar.
- En Cambridge no teníamos este tipo de problemas.
- Allá era otro rollo.
Una cosa es un estudiante que se metió con una mesera
y otra cosa muy diferente es las circunstancias
en las que viven ahora.
Ella es inteligente.
Habla con ella tranquilamente.
Va a tener que entenderlo, ¿ok?
- Sí.
- No quiero tocar más ese tema, por favor.
- Yo solamente quería pasar para que pues, nos diéramos cuenta
de que no hay ningún tipo de tensiones entre nosotros.
- Aquí no pasó nada, ¿ok?
- No.
- Y lo que sea que haya podido pasar
queda totalmente olvidado.
- Sí, totalmente.
- No va volver a repetirse.
- Nunca.
- Bueno, pues dicho todo esto, no hay nada más que decir.
Totalmente de acuerdo.
[***]
* Puedo ser, *
* yo puedo ser, *
* la razón, *
* la razón. *
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CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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