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Original subtitles

«Señoras y señores, permítanme presentarles Pineta,

un pequeño pueblo de la ribera de la Toscana...

conocido también como La Perla del Tirreno.

Su gente tiene un carácter abierto, generoso, leal y tenaz.

Y este verano el termómetro está que echa humo.

Ha llegado el sol a Pineta con sus correspondientes 40° a la sombra».

Eh, Massimo, ¿ya llegó nieve a Abetone?

Cállate, hombre.

«Este jovenzuelo con paso ligero es Massimo Viviani.

Se licenció en Matemáticas, pero luego decidió...

que el algebra no era lo suyo.

Y gracias al único golpe de suerte que tuvo en su vida,

consiguió acertar un pleno a la quiniela.

Así fue como compró el bar Lume, su bar.

Aquí es él quien dicta las reglas.

No sirve capuchinos después de la 1...

ni granizados después de las 11.

Así es. Se preocupa por la salud de sus clientes.

La fórmula perfecta, si no fuera porque tiene que lidiar con ellos».

Tira una baja, ¿eh?

«Pilade Del Tacca, funcionario jubilado.

Responsable de la inteligencia logística del grupo.

Es un trozo del pan el pobre». - Pues yo tiro esta.

«Gino Rimediotti, cartero jubilado.

Si fuese Watson, Sherlock Holmes habría sido camarero.

Ácido como un limón helado.

Aldo Griffa, propietario...

de un restaurante elegante de pescado, El Bocaccio.

Muy peligroso cuando se junta con sus compañeros para investigar».

Vaya mierda.

«Ampelio Viviani, de 62 años, ferroviario jubilado.

Para él solo importan tres cosas en la vida:

el vino, las mujeres y los rumores.

Adicto a las series de detectives y obsesionado con ellas.

Es cliente fijo del bar porque en los otros no le dejan entrar.

Ah, se me olvidaba. Es el tío de Massimo, lo crió él.

Y esta chica tan guapa es Tiziana Guazzelli,

camarera de 26 años, comprometida con la vida...

Pero con poca materia gris.

Aunque con mucha materia prima».

El vino te lo sirvo yo, ¿bien? Gracias, bonita.

Si no existieses, habría que inventarte.

- Tiziana, ¿las llaves del auto? - Están dentro, al lado de la caja.

Vuelvo enseguida, ¿bien?

Massimo, ¿qué pasa? ¿Habrá nieve hoy?

¿O los cuelgas en la pared como un trofeo?

Ahora que están a punto de llegar los turistas,

ya no podremos ir a la montaña. - A él no le sirvas helado, ¿eh?

¿Ya no puedo tomarme lo que quiera? - No, no puedes,

porque luego acabas como el otro día tirándolo encima del billar.

- Me costó tres horas limpiarlo. - En realidad, lo limpié yo.

¿Quieres un euro extra?

Te quedas sin helado.

Bien, pues pone un café, - Bien, ¿Para tomar aquí?

No, creo que me lo tomaré encima del billar.

Massimo, ¿vas a hacer esquí acuático?

¿Se puede saber donde está la gracia?

# El BarLume es un instrumento que no se puede tocar, #

# Pero si estás un poco borracho te hace el sonido del mar. #

# Y si produjera una nota sonaría así: #

# Con whisky, Espuma, leche, cerveza y sodas. #

# Los investigadores todavía están de moda. #

# Y buscan una respuesta vaga en la barra de un bar. #

# Te sientas en un rincón, Examinas cada mesa. #

# Entre el quinto whisky y el séptimo, #

# El tiempo se detiene un momento. #

# Confía en mí, #

# Mi habilidad aritmética. #

# Confía en mí, #

# Cada caso tiene un remedio. #

# La solución está, #

# a la vuelta de la esquina. #

# Otro mar y luego... #

# Las estrellas, los establos, el amor, el sexo #

# Maldita venganza basta, duermo como una piedra #

# Se cuela a escondidas, se esconde, te espera. #

# Se recuesta sobre tu cabeza. #

# Aparece, luego desaparece, reaparece y se burla de ti. #

# Se burla de ti. #

# Se burla de ti. #

***LOS DELITOS DEL BAR LUME*** "EL REY DEL JUEGO"

Traducción de Maurybp.

Edición de Calculin.

Presentado por Www.SubAdictos.Net...

- Busco a Laura Bandinelli. - ¿A quién?

Laura Bandinelli. Es cirujana, habrá acabado su turno ahora.

- Tengo una cita con ella. - ¿Una cita? ¿Una cita para qué?

Es mi mujer. Bueno, mi exmujer.

- Tengo que darle unos esquíes. - Jah! ¿En esta época?

Bandinelli, Bandinelli...

Debería haber acabado, pero ha surgido una operación urgente...

y sigue en quirófano. - ¿Y cuánto le queda?

No sé. ¿Lo que tarde en morir?

- ¿Quién se muere? - Nadie,

pero si te opera Busselli, seguro que sí.

Doctora, doctora Carrus, perdone.

¿Puede decirnos en qué estado se encuentra Marina Corucci?

- Señores, evidentemente, es demasiado pronto...

para hacer un diagnóstico completo.

Como les he dicho antes, la paciente está en estado de coma inducido.

Hemos sabido que en su coche también viajaba su hijo.

¿Nos puede decir cómo está?

Bueno, de momento el niño sigue en quirófano.

Si quieren saber más,

tendrán que esperar a que salga el doctor Busselli...

y hablar directamente con él.

- Gracias. - Hasta luego.

«Grave accidente en la carretera hacia Livorno.

En el accidente se ha visto implicada...

la periodista de Pineta, María Corucci.

En el automovil también viajaba su hijo, Giacomo Fabbricotti.

Volvemos contigo, Melissa».

- Eh, mira esto, madre mía. - Es la curva de Parselli.

«Aunque la carretera estaba despejada y la visibilidad era normal.

Marina Corucci formaba parte...

del gabinete de prensa del político Stefano Carpanesi.

- Conozco a Marina Corucci desde 1996.

Es una persona extraordinaria,

una magnifica profesional llena de humanidad.

Espero que ella y su hijo se recuperen cuanto antes».

¿Quién es la Corucci esa?

- Ayuda a Carpanesi a ser presidente.

- ¿El del agua? - No, Carpanesi.

El político. Ese Carpanesi.

«Bueno, las causas del siniestro siguen siendo desconocidas.

Por lo que sabemos, Corucci perdió el control de su automovil...

y chocó contra un árbol junto a la carretera.

Los dos están hospitalizados aquí, en Santa Bona.

- Como les he dicho antes, la paciente está en estado de coma inducido.

Marco, un detalle curioso.

La doctora Carrus, responsable de los cuidados de Marina Corucci,

es la mujer de Carpanesi.

- Mi mujer es una profesional muy escrupulosa».

- ¿Quién es esta? - Una médica.

Viene de vez en cuando al restaurante.

- ¿Y ahora qué va a hacer Carpanesi sin Marina Corucci?

Pues aguantarse.

Alguien como él no es capaz ni de leer el diario...

si no se lo abre alguien.

- Antes estacionaba siempre al lado del hotel Miramar...

y luego caminaba un montón hasta el pueblo.

Hasta que un día le pregunté que por qué diablos estacionaba tan lejos...

y me dijo que tenía miedo de no encontrar sitio...

para estacionar en el pueblo.

En Pineta.

«Todo el mundo está muy conmocionado por el accidente, Marco,

porque Corucci y su hijo Giacomo son la viuda y el hijo...

del doctor Fabbricotti, un magnate de la construcción...

que se estableció en Pineta en los años 80.

El tristemente fallecido empresario fue hasta el momento de su muerte...

el motor principal de la economía local del pueblo».

- Bueno,que, vamos a jugar, vamos.

Sí, claro, vamos a jugar.

Hola, señor notario. - Viviani, buenos días.

¿No trae la caña? ¿Nos quiere dar un poco de ventaja a los demás?

La verdad es que no.

Hoy no estoy de humor para pescar.

- ¿Sabe lo del accidente? - Sí, sí, lo sé.

Acabo de hablar con mi amigo, el doctor Busselli.

Giácomo no ha salido adelante.

Un chico de 17 años.

Guapo como él solo. Inteligente.

Lo siento.

¿Lo conocía? - Sí, conozco a los Fabbricotti.

De toda la vida.

Que gran tragedia.

Bueno, Viviani, yo me voy. Ya le dejo en paz.

Que la tristeza es contagiosa.

- Hasta luego. - Hasta luego.

- Lo que han dicho en la televisión es duro, muy duro.

Massimino, ven aquí con nosotros.

Anda, ven, a ver qué nos cuenta este joven.

Este joven gestiona un bar.

Pues mirándote nos parece que estés tan ocupado...

como dices estar, ¿verdad?

- El chico del accidente ha muerto. Sí, lo sé.

Sí, pero hay algo que no cuadra.

Carpanesi ha dicho ahora por televisión...

que Corucci y él se conocieron en el año 96.

- ¿Y qué? - ¿Y qué?

Pues que Carpanesi es un mentiroso, porque...

¿Aldo cómo había sido? Dile lo que pasó.

¿Te acuerdas de lo que vimos antes por la televisión?

¿Cuándo Corucci y Carpanesi paseaban por Vagli Sotto?

Más o menos.

Pues eso está hundido en un lago artificial...

que se drena una vez cada 10 años.

La última vez fue en 1994. Está claro.

¿Lo entiendes?

Bueno, el pueblo se hundió en el 94 bajo el agua. - ¿Y qué?

Entonces, ¿por qué dice Carpanesi que la conoció en 1996...

cuando en realidad la conoció en el 94?

- No sé, quizás se confundió. - Claro, se confundió.

Ella se estampa contra un árbol...

y Carpanesi, para que no le salpique la mierda,

va y dice que él la conoció hace poco.

Claro, bien, hombre. - Es verdad. Parece un poco raro, ¿no?

Efectivamente es un poco raro.

Y también incongruente. - Sí, esto da que pensar.

Mírale. ¿Por qué no vas y le preguntas a la fierecilla?

Dime, Pilade, ¿qué te pasa? ¿Qué te ha pasado?

- Nada, nada, solo una cosa. - ¿Te encuentras mal?

No, estoy bien, estoy bien.

- ¿Has tomado la pastilla para la presión?

A ver, Vilma, ¿me dejas hablar?

¿Qué se dice en el pueblo de Marina Corucci?

¿Qué se dice?

Se dice que ha sido una gran desgracia para ella.

¿Y del tonto de Carpanesi?

Hombre, para él también ha sido una desgracia.

A ver, ¿tú no estarías destrozado? - ¿Qué quieres decir?

Parece naciste ayer, Pilade.

Bien, Cuéntame, vamos.

- ¿Aún no te has dado cuenta? - ¿Eran más que amigos?

Se dice, se comenta por ahí...

que cuando salían del trabajo por la noche solían verse,

eso dicen, porque yo no sé nada.

Sí, tú nunca sabes, ¿verdad?

- Como tú, que no te enteras de nada. Adiós, cariño.

Adiós, adiós.

Ah, al menos ya sabemos por qué Carpanesi...

estacionaba el auto siempre tan lejos. Iba a ver a su amante.

¿Me das un mordisco?

- Ya decía yo que había algo raro en esto.

A ver dónde nos lleva esto.

En mi opinión, deberíamos contárselo a la Policía.

Eso.

- Podría a haberla intentado matar él. ¿Qué te había dicho?

Massimo, ¿tú qué opinas?

Yo de ustedes, iría a echar un vistazo al lugar del accidente,

¿saben? En busca de algo que fuese sospechoso.

Hay que ver lo inteligente que es mi sobrino.

Hice muy bien en obligarte a estudiar. ¿A qué sí?

Vamos, chicos, a investigar. - ¿Pero cómo vamos? ¿Vamos a pie?

- No, si quieres vamos en globo. Bien, anda.

Y por fin se fueron. - Qué malo eres.

No, soy un estratega, que es diferente.

- ¿Qué está pasando? - Creo que persiguen a un tipo.

¿Has visto algo?

Pilade, mira quién está ahí. El sobrino de Cioni.

Igual de espabilado que su abuelo. De tal palo tal astilla.

Bien.

Cioni. Cioni.

¿No me reconoces? Soy Del Tacca, un amigo de tu abuelo.

- Ah, sí, perdone. - No, no tiene importancia.

Estás de servicio, tienes muchas responsabilidades.

Sí, bueno, tengo que hacer mi trabajo.

Claro. ¿Y tu abuelo cómo está?

Bueno. Digamos que últimamente está un poco flojito,

se pasa el día tumbado. Yo apenas puedo estar un rato.

Claro, tú eres policía, tienes que trabajar.

Mira qué uniforme tan bonito que llevas.

Me queda bien, ¿eh?

Sí, yo te recuerdo de pequeño. Eras muy pequeño cuando te conocí.

Perdone.

Estas son las frenadas de Salbadori, no tiene nada que ver.

Tuvo que frenar así, lo hizo para no atropellar el perro de Puccetti.

- o se le rompieron los frenos. - ¿Qué pasa aquí?

¿Quiénes son estos señores?

Inspectora, estos señores estaban comentando sobre las frenadas.

¿Inspectora? Buenos días. Aldo Griffa.

Encantada, pero no pueden estar aquí.

Perdone, antes de que se lleven el coche,

¿no sería mejor abrir el capó y echar un vistazo?

¿Cómo dice?

Dicen que este año septiembre será muy caluroso.

¿Ah sí?

El verano durará hasta octubre.

¿Has cambiado de idea?

¿De las vacaciones? No, no, tranquila.

Bueno, me pilló por sorpresa que me la pidieras con tanta antelación.

Es que...

En septiembre, Marchino y yo nos vamos a casar.

Ah.

¿Pero casarse de verdad? - Sí, casarnos.

Bien, así que las vacaciones son para la luna de miel.

¿Y a dónde quieres ir?

Mira, mi sueño sería ir a la India. - Ah, qué bonito.

Pero con el sueldo que tenemos más bien iremos a Follonica.

Es muy bonito Follonica.

¿Diga?

Soy yo.

¿Señor Viviani? Sí.

Bien.

¿Es usted el sobrino de Ampelio Viviani?

- Sí. - Soy la inspectora Vittoria Fusco.

¿Qué tal?

Su tío y sus amigos han estado entorpeciendo nuestro trabajo.

Le han hecho preguntas a todo el mundo,

nos han sugerido cómo hacer nuestro trabajo...

y han hecho suposiciones graves sobre el accidente.

Tenemos un muerto y una persona que está en estado muy grave,

así que no tenemos tiempo...

para jubilados que se aburren y que quieren protagonismo.

Si no fuesen unos ancianos,

los habría detenido por alteración del orden.

- Ojalá. - ¿Cómo dice?

Nada, nada. Me los llevo.

Lo siento mucho.

- Hasta luego. - Hasta luego.

¿Y bien? Vamos, arriba. Vamos. Vamos.

Vámonos.

- Buenas tardes. - Buenas tardes.

Saluda a tu abuelo.

- Buenas tardes, inspectora. - Buenas tardes.

Llegarás lejos, Cioni.

Qué desagradecidos.

Vamos allí para ayudarlos y casi nos arrestaron,

como si fuésemos delincuentes.

Aún no lo entiendes.

No querían admitir que alguien había manipulado el auto.

Perdonenme, pero después de haber hecho el ridículo de esa manera,

¿aún siguen con lo mismo? - ¿Cómo que el ridículo?

Iban a ponerse a analizar unas frenadas de hace más de 20 años.

El problema de este país...

El problema de este país es que hay muchos viejos aburridos...

sin saber qué hacer. Así que ahora nos quiero oír más.

Calladitos.

- Es que... - ¡Calladitos!

Guapa, ¿se ha despertado Massimo con el pie izquierdo?

Yo creo que hoy está de buen humor.

Gino.

- Diga. - Hola, Massimo. ¿Todo bien?

Hola, Laura, dime.

Te he hecho ir para nada al hospital, perdona.

No, tranquila.

Es que la operación de Corucci fue muy complicada.

- Oye, ¿mañana puede ser? - Pues no lo sé.

Te llamo al mediodía, ¿bien?

Oye, Massimo, además de traerme mis esquíes...

¿me podrías prestar los tuyos, por favor?

¿Mis esquíes? Sí.

¿Para quién son? Son para Gianni, es que él no tiene.

¿Quieres que te los deje para Gianni?

Sí, porque tú ya no los usas. Hace muchísimo que no vas a esquiar.

Mira, no sé, ya me va a costar llevarte los tuyos.

«Este es Marchino, el prometido de Tiziana.

- Como dice un poeta... ». - Es un imbécil.

«Oh, Cupido, eres un ángel ciego y loco...

Y siempre disparas con el culo».

Massimo me ha dado las vacaciones.

Mira, ahora no puedo perder dos horas buscando por todos lados...

dónde puse los esquíes.

Así que nos vemos luego y hablamos, ¿bien?

- Bien. Adiós. - Adiós, adiós.

Massimo, gracias por lo de las vacaciones. Eres el mejor.

Verla con ese tipo me pone mal de los nervios.

Tiene suerte.

Di las cosas por su nombre, no seas apotropaico.

Es que me pone de los nervios, estoy harto ya de ese tipejo.

Me pone de mala leche, te lo digo de verdad.

«Todo Pineta está conmocionado.

Pasado mañana, en la Santa Iglesia del Convento de Santa Lucce...

tendrá lugar en la intimidad...

el funeral por el joven Giacomo Fabbricotti,

que falleció en el trágico accidente de esta mañana...

en la carretera estatal de Santa Luce.

El estado de salud de su madre, Marina Corucci,

que era quien conducía, es muy grave.

Permanece ingresada en la UCI en coma inducido.

Y ahora, nuestra sección de política».

Hola, Massimo. - Tiziana, hola.

Quería decirte dos cositas. - Dime.

La primera es que te acuerdes...

de meter las cajas de cerveza en la nevera.

¿Y la segunda? - ¿Y la segunda qué?

¿No me ibas a decir dos cositas? - Ah, sí, sí.

La segunda es que...

Bueno, no me acuerdo.

Bueno, ya te acordarás.

- ¿Qué haces ahora? - ¿Ahora?

Sí, ahora. ¿Qué haces?

Nada, estoy... Estoy cocinando.

¡Mierda! - ¿Qué pasa?

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Dios mío!

Buenos días, Massimino. - Buenos días.

¿Qué te pasa en la mano?

Se habrá cortado con un cuchillo o algo.

No es bueno estar tan solo. - Cierto.

- Massimino. - ¿Qué?

¿Nos podrías llevar a Santa Luce? Aldo tiene que ir al restaurante.

¿A qué? - ¿Han abierto un geriátrico?

No seas tonto, queremos ir al funeral de Fabbricotti.

Pero si no lo conocías de nada a ese chico.

No importa, nosotros no vamos allí por el chico.

¿Y entonces por qué van? - Pues porque todo el pueblo va a ir.

Queremos ver qué cara pone Carpanesi después de lo que ha hecho.

¿Pero qué ha hecho? - Aquí todos sabemos lo que ha hecho.

Tú no te preocupes. - Pues me preocupo.

¿Por qué no juegan a las cartas como todos los viejos?

Será mejor que los lleves tú, si no, a saber lo que inventan.

Ya me quedo yo.

Está bien, los llevo, pero vamos y volvemos, ¿entendido?

Esa es la familia Corucci.

¿Marina vive aquí?

- Sí, volvió aquí cuando su marido murió,

el Fabbricotti ese. ¿Te acuerdas, Pilade?

- Me acuerdo más bien cuando su hermano, el padre Adriano,

le rompió la cara al hijo del carnicero.

Y poco me pareció.

Desató al boxeador que llevaba dentro.

¿Era boxeador?

Antes de ser cura era boxeador y de los buenos.

Madre mía, le dio una buena paliza.

El muy bruto lo dejó medio muerto.

Pero luego se lo cargó al hombro y se lo llevó a pie...

durante 3 km hasta Urgencias.

Ahí desató al cura que llevaba dentro.

Despedimos a un niño de 17 años.

Arrancado en la flor de la vida.

Es algo que nunca debería haber pasado.

Y que él le haya pasado a Giacomo...

es aún más injusto.

Para todos los que hemos perdido a un ser querido alguna vez,

quiero recordar un viejo proverbio africano.

El proverbio dice:

«Donde hay amor,

nunca cae la noche».

- ¿Y ahora qué tiene que ver África con esto?

- Eso. - ¿Van a venir negros a enseñarnos?

Me gustaría despedir así a Giacomo.

Mi sobrino. Diciéndole...

que todos lo queríamos...

y que para nosotros, nunca habrá oscuridad en nuestros corazones.

El cuerpo de Cristo. - Amén.

- ¿Lo están viendo? Carpanesi también va a comulgar.

El cuerpo de Cristo.

Qué caradura.

El cuerpo de Cristo.

El cuerpo de Cristo.

El cuerpo de Cristo.

El cuerpo de Cristo.

Muy bien. Ya han hecho el ridículo en la iglesia.

Esa señora es capaz de escuchar hasta una hoja de un árbol...

cayendo al suelo.

Al mejor compañero de clase.

Un abrazo de toda la clase de 4B.

- Contrólate, ¿eh? Que si no ya no te traeremos más.

Notario. - Hola, Viviani.

¿Cómo está? - ¿Qué tal?

Que gran tragedia. - Es una familia muy desgraciada.

Primero la enfermedad del señor Fabbricotti,

ahora el pobre Giacomo,

por no hablar del padre Adriano.

Ha celebrado el funeral de su sobrino...

mientras su hermana está en coma.

Se necesita tener mucha fe. - Vaya.

El pueblo está sobrecogido con esto.

Vamos, hay que irse ya.

Disculpe. Hasta luego. - Hasta luego.

Mira, tiene la misma cara de pez.

- Cómo se parecen. Bueno, ¿nos vamos?

Fijense, el hijo de Corucci se parecía mucho a Carpanesi.

Ya empezamos. - Es igual, ¿no?

- Sí. Es igual, ¿eh? Es igual...

Sí. Opérense de las cataratas y luego hablamos. Vamos, vámonos.

Bien. - Vamos.

Pues sí que ven bien eh. Aquí.

Una cosa te digo. Son prácticamente iguales, ¿eh?

¿Llevas mucho esperando? - Unos 10 minutos.

«Y esta es la exmujer de Massimo, la zorra.

'No me pases a buscar por el gimnasio,

que me voy al cine con Miranda'.

Pero Miranda, en realidad, se llamaba Gianni.

Y no iban precisamente que digamos al cine.

Massimo tenía una buena cornamenta.

Tan grande que todo el pueblo lo sabía y lo comentaba.

Solo una persona no lo sabía».

Aquí los tienes. - Ya lo veo. Gracias.

De nada, son tuyos.

¿Estás bien?

Sí, muy bien.

¿Te vas de vacaciones?

Sí, me voy la semana que viene a Stelvio.

¿Stelvio?

¿Es cosa suya? - No, mía.

Por cierto, te quería preguntar si has encontrado tus esquíes.

Otra vez con lo mismo.

Es que los esquíes...

Son muy personales, como los calzoncillos.

Pero si a ti nunca te ha gustado esquiar.

¿Pero qué dices? Me encanta.

Mira, Massimo, si no me los quieres dejar, me lo dices y listo.

No, pero y si los...

los necesito algún día. - Sí, seguro. Vamos, dame eso.

Gracias. De nada.

Hasta luego.

¡Vamos, Vamos, Vamos!

Por una vez en tu triste vida has pescado algo.

Tira, tira, tira, tira.

Tira, tira, tira.

Tira, que ha picado. Tira, que ha picado.

Vamos, tira, que ha picado.

Vamos, tira, que ha picado.

Vamos, tira, que ha picado.

Pregúntale a tu tío lo que hemos hecho esta mañana.

Diganme, ¿qué han hecho?

Pues hemos hecho una declaración, ¿cómo se dice?

Una declaración voluntaria. - Eso.

¿Qué?

Hemos ido a ver a Fusco y le hemos dicho...

que Carpanesi es un criminal. - ¿Qué?

Pero...

¿Pero están locos?

Carpanesi es el padre del niño que murió, ¿verdad?

¡No! - Pero si son dos fotocopias.

¿Quién nos ha dicho eso?

Además dijo, para que no hubiera sospechas,

que él y Corucci se conocieron en el 96...

en vez de en el 94.

- ¿Y qué ha dicho Fusco? - ¿Qué iba a decir?

Que era mejor cuando las mujeres solo lavaban la ropa.

Dijo lo que siempre dice.

Habrá que comprobarlo, habrá que comprobarlo.

Habrá que comprobarlo.

Pero el niño nació en 1 de marzo de 95,

cuando ella y Carpanesi estaban ya jugando a los médicos,

algo que Fusco nunca ha tenido en consideración.

Perdonen. ¿Pero por qué diablos iba Carpanesi a matar a su amante?

Porque si se sabía que le ponía los cuernos a su mujer,

¿quién lo iba a votar?

- En mi opinión, él tenía miedo que lo chantajease.

Así que para que no le salpicase la mierda, decidió matarla.

Miren.

Yo no sé si Carpanesi ha intentado matar a Corucci,

pero si siguen así, a ustedes los mato yo. ¿Está claro?

Además, ¿por qué? ¿Por qué iba a chantajearlo?

Si era muy rica, era la viuda de Fabbricotti. ¿Por qué?

Porque se lo gastó todo en caprichos y ya no tenía nada.

- ¿No ves que su auto es más viejo que el mío?

A lo mejor quería un auto nuevo y necesitaba dinero.

- Seguramente. ¿Pero qué dices? ¿Qué dices?

Ustedes no son personas, son virus malignos.

Son la peste bubónica, son demonios del infierno.

Esto no es un bar, se ha convertido en un circo infernal...

y todo por su culpa.

Son unos inconscientes. Son la inconsciencia en persona.

Massimo, ven conmigo ahora mismo.

Vamos a tomar el aire y volvamos en media hora.

Aldo ser ocupará del bar, ¿verdad? - Claro, claro.

Aldo, por favor, manzanilla para todos.

«Existen muchos factores como la tasa de natalidad,

casi cercana a cero, el envejecimiento de la población...

y el riesgo de revuelta social son complemento de su...

¿De su qué?

- Mira, deja que lo explique y no me interrumpa».

Eres muy malo con ellos. - Y tú eres muy buena.

Vamos, son mayores.

Si seguimos así, yo no llegaré a su edad.

Vamos, ¿y tú qué harías sin ellos?

Viviría muy bien. - No es verdad.

Por cierto, ¿a dónde me llevas? - Ahora lo verás.

Buenos días.

Encantado, Claudio Vecchio. - Encantado, Viviani.

Buenos días. Tiziana.

¿Qué tal? - Bien.

Bueno, señora, me dijo por teléfono que se iban a casar.

En septiembre.

Ah, bien. Entonces, si llegamos a un buen acuerdo,

esta casa de aquí podría ser suya el 1 de septiembre.

Por favor, Vamos.

Pasen, pasen. Por aquí, por aquí.

Esta casa es una joya.

Esto es el comedor.

Por aquí.

Y esta habitación,

diganme, ¿no les parece que es perfecta para un niño?

Cierto, pero el precio...

¿No es negociable?

Señora, antes de hablar de dinero,

debe ver cuál es la verdadera joya de esta casa. Síganme.

Dios mío, qué bonito.

¿Ha visto, señora qué vistas? Vaya, vaya a mirar.

Esta casa ha sido restaurada completamente en los años 90.

La restauró Fabbricotti, el constructor. ¿Lo conocía?

Fabbricotti. Ha construido toda Pineta.

Y con muy buen gusto, he de decir. Mire.

Cuánto dinero habrá ganado.

Pero el dinero no da la felicidad.

Aunque manejaba millones, ya ha visto lo que ha pasado.

Sí.

Aunque seas muy rico, el dinero no te ayuda a superarlo.

Pero si eres pobre, se pasa peor.

No se crea, porque la señora Corucci no es tan rica.

En su entorno se dice que su marido Fabbricotti...

modificó el testamento para excluir a su mujer de su herencia.

¿En serio? - En favor del niño.

Espero que no le importe. - No se preocupe, señora.

La verdad es que ustedes hacen muy buena pareja.

Gracias, todos nos lo dicen.

Buenos días, Viviani. - Inspectora, buenos días.

¿Cómo está? - Bien, ¿y usted?

Bien, bien.

¿Qué le pongo?

Un vaso de agua con un poco de gas, gracias.

Con un poco de gas.

Su tío y sus amigos han venido a verme, ¿lo sabe?

Sí, mire, disculpe.

Es que ya no sé qué hacer con ellos.

¿No están? - Están allí.

Ah, ahí están.

Mire, su tío y sus amigos han venido a verme...

diciendo que Carpanesi habría manipulado el coche de Corucci...

porque eran amantes y ella lo chantajeaba.

¿Le parece posible? - No, a ver... Dejémoslo estar.

Consulté el archivo electrónico donde se registran...

todos los informes policiales.

Aquí está.

Julio de 1994.

Hotel des Bains, termas de San Giuliano.

Stefano Carpanesi y Marina Corucci reservaron la suite romántica.

Mmm. - Agosto del 94.

En la localidad de Ula, Stefano Carpanesi...

informa del robo de su auto...

y los agentes registran el nombre de la pasajera que iba con él.

Marina Corucci.

Pero el verdadero descubrimiento es que Stefano Carpanesi...

hasta el 31 del mes pasado le hacia una transferencia mensual...

a la doctora Corucci.

Así que pensé en su tío y en sus locas suposiciones,

pero no logro entenderlo.

¿El qué?

¿Por qué iba a pedirle dinero si era multimillonaria?

¿Por qué?

Le confieso, Viviani, que esperaba que usted supiese algo mas.

¿Yo?

Quizás le contasen alguna fantasía más esos jubilados.

No, mire. Esos cuatro deberían estar en un manicomio.

A mí no me meta.

Aunque, hoy fuentes poco fiables me han dicho...

que Corucci quedó excluida del testamento de su marido.

Ah.

El testamento del señor Fabbricotti.

Interesante.

Gracias, Viviani.

Habrá que comprobarlo.

Si se entera de algo más, lo que sea, llámeme. A la hora que sea.

Y controle a esos jubilados, por favor.

Necesitaría a la CIA para eso.

Hasta luego. - Hasta luego.

«Tras una larga semana en coma,

esta noche ha muerto Marina Corucci.

La ya fallecida mujer,

después del terrible accidente en el que también perdió la vida...

su hijo, Giacomo, estaba en estado crítico...

y durante la noche de ayer sufrió complicaciones.

El funeral se celebrará mañana en el convento de Santa Luce...

y el cuerpo se enterrará»..

- Sí, el asunto se complica. Dos muertos, la madre y el hijo.

- Algo así es muy grave. - Pero que muy grave.

- Mira qué buen tiempo hace esta tarde, muy bueno.

Massimino, vamos al funeral de Corucci.

Tío, ¿no sería mejor que descanses un poco?

Ese tío está a punto de convertirse en presidente de la región.

Después de matar a dos personas que no le han hecho nada.

¿Te parece normal?

¿No sabes que Carpanesi de pequeño era muy bueno modificando karts?

Tenía uno modificado que era impresionante.

Lo trucó y parecía un Maserati. ¿Recuerdas?

- Si sabes truncar los motores como él,

será más que probable que consigas manipular...

el auto de tu amante y que además lo hagas bien.

- «Hello». - Vamos, Shakespeare, te toca a ti.

Nosotros vamos tirando hacia el cementerio.

A ver si se quedan allí.

Hablas por ellos, ¿no? - Vete, vete, pesado.

Socorro.

Buenas tardes. - Buenas tardes, Viviani.

¿Qué quiere que le ponga?

Una tónica, gracias.

Siento mucho lo que le ha pasado a su hermana.

Pensaba que hoy era el funeral.

Hay momentos en los que incluso un hombre de fé...

prefiere tomarse una copa que ir a la iglesia a oír misa.

Massimo, usted y yo hacemos...

casi el mismo trabajo.

Escuchamos a la gente.

- Ahí está. Una pregunta, por favor.

No, aquí no pueden estar.

Por la otra escalera, por favor. Señores, por favor.

Vamos a ver si nos enteramos de algo.

Dejen paso, gracias.

Cioni, estás muy ocupado estos días, ¿eh?

Sí, lo estoy.

- ¿Qué dices, Ampelio? ¿Crees que el sobrino de Cioni.

se va a asustar por un poco de trabajo de más?

- Entonces, está claro, ¿no? Han trucado el motor.

- Eso dices tú, pero sin pruebas no vas a ninguna parte.

Ellos son gente seria, no hacen las cosas al azar.

Sí.

Pero eso no es importante.

Hemos descubierto algo. - ¿Lo ves? No era importante.

- ¿Han descubierto más cosas? - Sí.

Pero ahora no puedo.

Después de la ceremonia.

Los viejos le han denunciado.

¿Se da cuenta de lo que pasaría si todos se comportasen...

como su tío y sus amigos?

Le pedí que me mantuviera informada, se lo pedí.

Pero ir de un lado a otro, hablando con unos y otros,

haciéndoles preguntas y llegando a conclusiones precipitadas...

no se lo pedí.

Hable usted con su tío...

y convénzalo de que retire la denuncia por asesinato...

contra el doctor Carpanesi.

¿Aún creen que manipularon el motor?

Hay novedades.

Mire, no sé cómo se ha filtrado la noticia,

pero su tío y sus amigos se han enterado...

de que Corucci murió por inyección de aire intravenosa.

Entonces la han asesinado.

Acabábamos de archivar la hipótesis...

de cualquier alteración del vehículo,

cuando llamaron del hospital para informarnos.

Así que comprenderá que la situación es extremadamente delicada.

No queremos que cunda el pánico.

Por eso su tío debe retirar la denuncia contra Carpanesi.

Sí, pero de todas formas, admitirá...

que la transferencia que le hacia todos los meses a Corucci...

era muy sospechosa. - Viviani.

Todo el mundo sabe que Giacomo Fabbricotti era hijo de Carpanesi.

No parece tan raro que le pasase una pensión, ¿no?

Ahora, hágame el favor. Convenza a su tío.

Si no, esta vez le pondrán una demanda por calumnias e injurias...

y no se la va a quitar nadie.

Si lo mato hoy, ¿cree que me concederán atenuantes?

Seguramente yo declararía en su favor.

Hasta luego. - Hasta luego.

Y gracias. - A usted.

¿Te queman los pies? ¿Por qué tienes tanta prisa?

Ve más despacio o te va a dar un ataque.

¡Oye!

Les aviso, la próxima vez los voy a dejar en comisaría.

Oye, nosotros solo hemos dicho que Carpanesi es el culpable.

Solo eso. - Es verdad.

Nos lo ha dicho Cioni.

Carpanesi fue allí y... ¡Paf! Muerta.

Pase, pase, siéntese.

Im-bé-cil.

«lnvirtiendo en el trabajo de los presos...

y a la vez, respetando la normativa,

se ahorrarían miles de millones de euros a largo plazo.

Eso significaría menos gasto y el ahorro pasaría del 1 % al 68 %.

Cada punto menos se corresponde...

en un ahorro de unos 50 o 51 millones de €.

Así que a medida que bajas puntos, vas ahorrando.

De esta forma, si consiguen ahorrar...

Y con el tiempo eso se traduce en un ahorro de miles de millones».

Buenas noches. - Buenas noches.

¿Todo bien? - Perfecto.

Una ensalada maravillosa. Está mejor hecha que él.

Bueno, ahora traen tu postre.

Viviani, buenas noches. - lnspectora.

¿Se ha rendido al encanto de los viejecitos?

La verdad es que me convenció el señor notario de que viniera.

Dice que aquí se come el mejor pescado de la zona.

Está muy afectado por toda esta historia del accidente.

Sí, cierto.

Estaba muy unido a la familia Corucci,

,sobre todo al niño. El era su tutor. Aldo.

Buenas noches. Es un placer verla por aquí.

Gracias. Bueno, yo me voy.

Aldo, la dorada estaba muy buena. Hasta luego.

Inspectora, siéntese.

«Y aquí está nuestro amigo Massimo nadando en un inmenso mar de suspiros...

y eso que no tiene muchas razones para suspirar.

Los viejos haciéndole la vida imposible,

los cuernos de su esposa, la herencia de los Fabbricotti.

Pero quizás la causa de sus suspiros es otra.

El pobre chico no ha estado con una mujer desde hace bastante tiempo.

Y no vamos a decir desde hace cuanto, por respeto.

Pero ya va siendo hora de buscar una solución...

Para resolver este problema».

Vamos, sube, que te llevo.

Ese círculo blanco de ahí con el borde rojo y el número 40...

¿Tienes idea de lo que eso significa?

Vamos, sube. Iré despacio, te lo juro, Vamos.

Despacio.

Es un imbecil. - Mira hacia delante.

Le advertí de que si me lo volvía a hacer otra vez, lo dejaba.

Presta atención.

Ese va a paso de pulga. - Despacio.

¿Te puedes creer que el tonto de mi novio...

me hizo ponerme este vestidito solo para ir a ver cómo jugaba al fútbol...

con sus amiguitos? Sus amigos son estupidos.

¡Mira a la carretera!

¿Y sabes lo que hacían si marcaban?

Se ponían a gritar: «Soy el mejor, soy el mejor,

soy el mejor, soy el mejor». - Mira hacia delante, ¿quieres?

¡Qué paciencia! Quería matarlo.

Frena, ya hemos llegado.

Massimo, ya sé dónde está tu casa.

Nos conocemos desde hace tres años y nunca me has invitado a subir.

Es que no hay mucho que ver.

Perdona el desorden.

No pasa nada, tranquilo, tampoco está tan mal.

Es bonito.

Solo te falta una mujer.

Sí, la de la limpieza.

¿Por qué no te sientas?

No, es que estaba...

Pensando en una cosa que me dijo esta tarde Fusco.

Ya habrá tiempo para pensar.

¡Massimo! - ¿Qué?

¿No me ibas a contar lo que te dijo Fusco?

Fusco». Ah sí, Fusco.

¿Quieres tomar algo? - ¿Qué me ofreces?

¿Agua? - Bien.

Pues Fusco ha dicho que el notario Aloisi...

era el tutor del hijo de Corucci.

Pensaba que esta historia no te interesaba.

Así es.

Pero ahora se ve que es cierto que alguien ha matado a Corucci.

Por eso tu tío no paraba de hablar de inyecciones de aire. ¿Es cierto?

Parece que sí.

¿Entonces no fue un accidente?

Bueno, el auto era muy viejo, muy viejo, y ella iba rápido.

Los frenos le fallaron y en la curva se fue contra el árbol,

una desgracia.

Pero luego alguien mató de verdad a Corucci.

¿Y qué tiene que ver Aloisi?

Mucho, porque si era el tutor del chico,

él era quien gestionaba la herencia que le dejó el señor Fabbricotti.

¿Y entonces?

Entonces, bueno, verás, el notario Aloisi...

había hecho muchas inversiones arriesgadas...

y por ese motivo ya no le quedaba dinero de la herencia.

¿Qué pensaría Corucci si hubiese salido del hospital?

Imagino que se habría enojado mucho.

Pues eso mismo fue lo que pensó el notario.

Qué personaje el notario.

Tan formalito y luego se la mete por detrás.

Por detrás.

No puedo quitarme de la cabeza a Marina Corucci.

Usted era el tutor del niño, ¿verdad?

Me nombraron su tutor al morir su padre.

Giacomo tenía ocho años.

El señor Fabbricotti debía fiarse mucho de usted.

Digamos que entre nosotros dos había una gran estima.

Yo le gestionaba todo el papeleo de todo lo que él construía.

Hasta que apareció su enfermedad. - ¿Qué enfermedad?

Una enfermedad grave, degenerativa,

que lo habría llevado en pocos meses a la demencia.

Entonces, el ingeniero me vino a ver para hacer el testamento.

Y excluir a su mujer de la herencia. - Ja. Está bien informado.

Es un pueblo pequeño. - Y los rumores vuelan.

No debe haber sido fácil gestionar todos esos millones.

Oiga, Viviani, ¿a dónde quiere llegar?

No lo sé. - ¿Quiere ver el fondo de ahorros?

Así no solo puede comprobar que el dinero sigue ahí,

sino que también comprobará que ha aumentado.

No, mire, eso déjelo para Fusco. A mí me basta con su palabra.

Buenos días a todos. - Hola, Massimo. - Hola, Marchino.

Hola.

Ya estoy lista, me visto y salgo.

Me voy. - Bien.

Pilade, tienes que verlo, es una ganga.

Un piso con dos dormitorios, cocina, baño y sala de estar.

¿Se puede pedir más?

- En Calambrone. - Si, es un piso muy cómodo.

En cuanto vea que hay olas, me tiro directamente desde la terraza.

- Seguro que te caíste por el balcón de tu casa...

cuando eras pequeño, seguro.

- Bueno, ahora estense calladitos que quiero saber qué dicen.

«Se ha confirmado esta mañana...

la increíble noticia de que Marina Corucci...

habría muerto a causa de una embolia provocada por burbujas de oxígeno».

- ¿Lo oyeron? Un pinchacito, zas, y hasta luego.

- Gino, si tu mujer se entera, la próxima vez que te pinche...

te vas al otro barrio. - Anda ya.

Qué guapa estás. - Marchino, ¿nos vamos?

- Bueno, adiós a todos. - ¡Adiós!

- ¿Has oído lo de la inyección? ¿Inyección? No.

¿Y si ha sido la enfermera Carrus?

¿Qué has dicho? Ella estaba en el hospital.

Le habría supuesto poco esfuerzo.

Sí, tienes razón, podría ser.

¿Y no podría ser que Carrus,

que es una de las enfermeras jefe del hospital,

pudiera haber aprovechado la ocasión...

para hacérsela pagar a la amante de su marido...

inyectándole aire en las venas a Corucci?

Eh. - ¿Has cambiado de idea?

¿Los quieres o no? - Claro que los quiero.

Pues quédatelos, yo no los quiero en casa.

¿Seguro? - Ya te he dicho que sí.

No sé qué decir, gracias. - De nada.

¿Y el trabajo qué tal? - Estas semanas han sido difíciles.

Necesito vacaciones. ¿Por qué?

Siempre me he preguntado qué tipo de persona es Carrus.

¿Carrus? - Sí.

Es una de las mejores médicas del hospital.

Sí, bien, pero todos saben que su marido, Carpanesi,

tuvo un hijo con... Con Corucci. - ¿Y qué?

¿No podría ser...

Que Carrus decidiera pasarse ese día...

por la habitación de Corucci para inyectarle aire...

a la amante de su marido? - ¿Carrus?

Qué cosas dices, Massimo. - No,¿eh?

Claro que no. Corucci estaba en coma irreversible.

Estaba en estado vegetativo permanente.

Carrus es neuróloga y ella lo sabía.

¿Qué sentido tiene que la matase si ya iba a morir?

No, era por... Por hablar de algo.

Bueno, Massimo, muchas gracias. - De nada.

Adiós. - Adiós.

Oye, ¿puedes llevarles la cuenta a los de fuera?

Y esta a la mesa 2.

Sí, pero dame un segundo para respirar, ¿no?

¿Puedo saber qué te pasa? Hoy no hay babosos por aquí.

¿Por qué estás así? - Estoy nerviosa, ¿bien?

Sí, eso ya lo veo.

La casa que me ha enseñado Marchino es una mierda.

Y ayer me dijo que quiere ir de luna de miel a España en moto.

¡No quiero saber nada de su moto!

Solo le hace falta llevarme de la cama a la cocina en moto.

Pon las tazas en su sitio. Vamos, deja ya los cuchillos.

Massimo.

Contigo todo sería diferente.

Madre mía.

¡Massimo!

¿Me escuchas o no? - Sí.

Sí, sí, bien.

Tú estate tranquila, yo me ocupo de todo.

¿Se han fijado cómo se miraban? - Yo ya dije que había sido ella.

Niño, ¿has visto lo inteligente que es tu tío?

¿Por qué? - Ha sido Carrus.

No ha sido Carrus. - Espera, espera.

Ella nació en un pueblo perdido de Cerdeña,

no más grande que este bar y ahora es una de las jefas del hospital.

Eso quiere decir algo, ¿no? - ¿Qué es muy buena?

No, que es una fiera sin compasión, eso quiere decir.

- Sería capaz de exterminar a tu familia entera...

y luego ir al concierto del colegio de los niños esa misma tarde.

No, Carrus es buena en su trabajo.

No se pone a matar pacientes, sobre todo si están ya casi muertos.

¿Qué quieres decir?

Marina Corucci tenía un derrame cerebral.

Se habría quedado en coma toda la vida.

¿Para qué matarla?

Escuchen.

Bueno, hay que poner dinero para el regalo de Tiziana.

Silencio. -El regalo de boda. - Si aún faltan tres meses.

Vamos, vamos, sé que han cobrado la pensión hoy.

Aldo no, pero está forrado en plata.

Es normal que lo esté, la lubina la cobra a 50 €.

Bueno. Yo te doy 100, toma.

No sé cuánto tengo, espera.

- 20 euros. ¿Cómo que 20?

Así no se podrá ir a la India. - Pues eso se lo cuentas tú a Vilma.

- Tengo 50, mira. Yo te doy los 50, aquí los tienes.

Que no se diga...

- Hoy en día nadie es capaz de llegar a fin de mes. Toma, 50.

Sí, tío, ya han cobrado la pensión.

Menos quejarse. Seran ingratos. Desde luego.

Vamos a jugar. - Me toca.

¿Le interesa algún paquete especial?

Tenemos ofertas para México, Guatemala, Nepal y Malasia.

No, necesito dos billetes para la India,

del 4 al 18 de septiembre. Ida y vuelta.

Muy bien, ahora lo compruebo.

Sí.

Ya le informaré. Gracias, hasta luego.

- ¿Elena? El billete del padre Adriano está listo, ¿no?

- Sí, está todo listo. Mañana a las 9:10.

Pisa-Lilongüe, con escala en Fiumicino.

Disculpe.

Bueno, como le decía...

¿Azúcar? - No, gracias.

¿Qué pasó con el dinero de Fabbricotti?

Mire, Viviani,

si ha venido hasta aquí para asegurarse de que yo no lo robé,

le informo de que ya he tenido el placer...

de hablar con la inspectora Fusco.

No, no, no.

Le quiero preguntar otra cosa.

Una vez muerto el chico, el dinero volvió a su madre. ¿No es así?

Sí.

Por un extraño giro del destino, Marina se convirtió...

en la propietaria de la herencia.

Por ser la familiar más cercana al niño.

Pero luego murió. Entonces, el dinero... ¿Quién lo heredó?

Pasó a su hermano.

¿Por qué lo pregunta?

No, por nada.

Para comer vuelva mañana, ahora el convento está cerrado.

No quiero comer, busco al padre Adriano.

El padre Adriano ya no está.

¿No está? ¿Y a dónde ha ido?

Se fue. Se ha secularizado.

Gracias, Buenas noches.

Lo ha dejado.

«El número marcado no se encuentra disponible.

Deje un mensaje después de la señal».

Viviani, puede llamarme a cualquier hora.

Hola, ¿inspectora? Soy Massimo Viviani.

Escuche, llámeme en cuanto pueda.

Es un poco tarde, padre, ¿pero podemos hablar?

Claro. Pasa.

Lo ha dejado, ¿verdad?

¿Hay alguna cosa que usted no sepa?

Digamos que me he hecho una ligera idea de lo que pudo haber pasado.

En estos últimos días he pensado mucho...

sobre quién estaría interesado en matar a su hermana Marina.

Stefano Carpanesi y su esposa, por ejemplo, la doctora Carrus.

Todos tenían un móvil muy interesante.

El móvil de él era evitar que la gente supiera...

que él tenía un hijo ilegítimo...

y así salvaguardar su carrera política.

El móvil de ella podría ser vengarse por la traición.

Y luego estaba el notario Aloisi,

que administraba la herencia que Fabbricotti...

le había dejado a su hijo.

Pero ya sabrá que ninguna de esas tres personas...

ha matado a Marina. - En efecto.

Entonces, ¿quién podría haber sido?

Tuvo que ser una persona que se moviera libremente...

por las salas del hospital sin que nadie sospechara.

Un cura, ¿tal vez?

¿Un cura que habría adquirido toda la herencia...

unos días después de la muerte de su hermana,

que habría colgado los hábitos y que habría reservado...

un vuelo intercontinental?

¿Y si le digo que es verdad?

Que fue ese cura quien mató a Marina...

porque la quería.

Como solo un hermano puede hacerlo.

Ese hombre ya ha entregado toda la herencia a la caridad.

Y ese vuelo intercontinental es...

a uno de los lugares más pobres del mundo.

E irá allí para quedarse.

¿Qué pensaría entonces?

Pensaría que hay demasiadas contradicciones.

Cierto.

Tanto en la religión como en la vida...

hay muchas contradicciones.

Y a veces para hacer el bien...

por fuerza hay que hacer un poco el mal.

Sobre todo a uno mismo.

Así que...

Si me quiere denunciar, está en su derecho.

No me opondré.

Si no la metes, invitas tú.

Tienes mala cara, Massimo. ¿Noche en vela, corazón roto?

Oigan, ¿no han desayunado esta mañana? Allí está Tiziana.

Ya hemos desayunado, no te preocupes.

Si, pero todo muy ligero, integral.

¿Dónde lo compras, Massimo?

- Buenos días. - Buenos días.

Buenos días.

Viviani, he escuchado ahora su mensaje.

¿Qué era tan urgente como para llamarme en plena noche?

¿Eh?

Vayamos a dar un paseo.

- Hasta luego. - Hasta luego.

Bueno, Viviani, ¿quiere decirme por qué me llamó anoche?

Si supiera algo que incrimina a un hombre que ha hecho el mal...

por una causa justa, ¿querría que se lo dijese?

¿A qué se refiere? - Responda.

¿Quién establece lo que es justo y lo que no? ¿Usted?

No.

El sentido común. No le sigo.

No razone lógicamente, responda a la pregunta.

¿Usted metería en la cárcel a una persona que ha hecho el mal...

por una causa justa? - No, claro que no.

Bien, ¿lo ve? Pensamos del mismo modo.

¿A qué viene todo esto? ¿No va a contarme nada?

Si un hombre ve a una persona a la que ama en la cama de un hospital...

Entubada,

sabiendo que se quedará así el resto de su vida,

atada a una máquina, podría dejar de estar de acuerdo...

con el mismísimo Dios que le dio fuerzas llegando el momento.

¿Entiende?

Creo que sí.

Vamos al bar, le serviré un café.

Más que un café necesito un whisky. - También tengo.

Gracias, pero estoy de servicio. Y tengo que irme.

He dejado a Cioni solo en la oficina.

Tiene mi número. Llámeme.

Hasta luego. - Hasta luego.

Carta de San Pablo Apóstol a los Efesios.

Sean dóciles los unos con los otros,

temerosos de Cristo.

Las mujeres han de ser sumisas y dóciles...

tanto a su marido como al Señor.

Porque el marido, de hecho, es el patrón de la mujer,

como Cristo es el patrón y salvador de la Iglesia.

Así como la Iglesia es sumisa a Cristo,

así también las mujeres deben ser sumisas a su marido...

en todo.

- Palabra del Señor. - Amén.

¡Viva los novios!

Un poco de esto.

- Salud. - Salud.

Si no fuese por los billetes para la India,

no te hubiese perdonado nunca lo que leíste en la iglesia.

Pensaba que te gustaría. - No te hagas el tonto.

Si tú misma me lo has dicho.

Que una vez casada, solo te preocuparías por tu familia, ¿no?

Ahora tengo que buscarme a una nueva camarera,

pero esta vez a una camarera que le dé urticaria...

con solo escuchar la palabra «matrimonio».

Ya suena la música. Todos a bailar.

Me voy.

Hay almejas, hay mejillones y hay gambas de buena calidad.

Eh, no te vayas, Tiziana.

«Querido Massimo.

La tristeza y la devastación por las cosas que sucedieron hace unos meses...

aún no me han abandonado.

Sin embargo, un pequeño alivio me conmueve...

cada vez que pienso en la noche en que usted vino a verme.

Después de hablar con usted, me sentí... aliviado.

Aun así, debo decir que hasta que el avión no despegó,

admito que pensé que la policía podría detenerme...

y pedirme que bajara.

Y si esto no sucedió, se lo debo únicamente a usted,

porque me creyó y, de alguna manera, me perdonó,

permitiéndome hacer la tarea más importante de mi vida.

Las escuelas, las casas, el pozo, en puente en construcción...

y, sobre todo, las sonrisas de estas personas...

que me hacen sentir como a un hombre rico.

Si la culpa es esto, no me arrepiento.

Un saludo, Adriano».

Sigue I delitti del BarLume por Www.SubAdictos.Net...

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