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Te meteríamos en protección de testigos.
¿Y protegerme de quién?
Piénsatelo.
Sylvia, siéntate.
Estaré aquí, a esta hora, por la mañana
-y a las cinco de la tarde. -Déjame.
Supongo que será la última vez que nos veamos.
No es letal de por sí,
pero esta combinación podría causar un fallo cardiaco.
-¡Elarbi! -¿Sí?
Un paquete. Saludos de Elarbi.
¿Qué te ha pasado?
Quiero que esta vez respetes mis límites.
Gust me ha echado de casa.
Tengo problemas con alguien de Ámsterdam.
Te agradecería que tú y tus amigos me ayudarais.
-¿Qué está pasando aquí? -Saludos de Ingmar.
No, dile a Ingmar que todo salió bien.
Dentro de un mes se notará que estás embarazada.
¿Qué tal en el médico?
-No puedo trabajar en una semana. -Mejor así.
Y me contó que tenías un tatuaje precioso en la espalda.
No tengo un tatuaje en la espalda.
Ven, no pasa nada.
La policía belga y la holandesa solicitan su ayuda
en el caso de una desaparición.
Se trata del escritor y filósofo de 45 años Eric Savenije, de Ámsterdam.
Es posible que las causara la hélice de un barco.
-Que cante en mi funeral. -¿Qué has dicho?
-Venga, Sam... -Venga tú.
Quizá tengamos que vender la empresa,
si encontramos comprador.
Para, ¿no es ese?
-¿Qué le pasó? -Eso es información confidencial,
pero lo que sí podemos decir es que está muerto.
-Te echo de menos. -¿Y a tus hijos también?
Están mejor viviendo sin mí.
Ingmar tiene una novia en Ámsterdam, ¿lo sabías?
Eso no es cierto.
Lo siento, pero creemos que es así.
Es obvio que solo te está usando.
Lo que tenemos nosotros es algo único.
Vale, mañana a las 11, ¿dónde?
-Oye, ten más cuidado. -Lo siento, yo...
Evi...
Evita...
Ya puedes dormir.
-¿Y qué hago la llevo al hospital? -No, déjala ahí.
Llama a Hagar o ve a recogerlo y que solucione lo que hiciera mal.
-¿Vale? -Sí, pero...
-¿Daria? -Sí. El aborto salió mal.
¿Y tú?
¿Yo, qué?
¿Te encuentras mal?
No.
Lo siento.
¿Por qué?
Por lo del aborto.
¿Te arrepientes?
No, no me arrepiento.
Para nada.
¿Vamos a comer?
A los 20, una chica delgada está bien,
a tu edad queda mal. Toma, come.
-Está caliente. -No, estoy llena, no puedo más.
Yo decido cuándo dejas de comer. Muerde.
Mastica.
Traga.
Venga, muerde.
¿Crees que no sé lo que haces?
Sé que te estás matando de hambre.
¿Te creías que lo iba a permitir?
Vale. Ve ya.
-¿Estás bien? -Creo que me he torcido el tobillo.
-Levanta. -¿Puedes recoger tú el dinero?
Puedes hacerlo, vamos.
De verdad, me duele mucho.
No, puedes hacerlo.
¿Puedes hacerlo tú?
Las chicas ya te conocen, yo las asustaría.
Venga, contrólate.
Hola, Brent.
Gracias.
Hola, Marit.
Voy a dejar esto por aquí.
Y esto.
Gracias.
-¿Te quedas un rato? -A la próxima.
Qué calentita está el agua.
¿Cuándo fue la última vez que me lavaste el pelo?
No fue hace mucho.
No sé, deja que te ayude, espera.
-Puedo lavarte el pelo ahora. -Me gusta la idea.
¿Qué haces aquí?
Pensaba que no estarías en casa.
Es miércoles.
¿Es miércoles?
-¿Por qué te has puesto eso? -No sé, ¿te gusta?
No sé.
Deberías llamar antes de venir.
No...
No, quiero que...
Mierda.
Tengo que recoger a los niños.
¿No podemos regalárselos a alguien?
Así sería como antes.
Era broma, Gust.
Ya.
¿No tenías la mañana libre?
-No podía dejar de pensar en ti. -Claro.
¿Has vuelto a beber o qué?
El ahogamiento es una posibilidad.
No está claro si la mayoría de las lesiones son post mórtem o no.
Hay una herida muy profunda que llega al corazón.
Una puñalada, quizá.
-¿Letal? -Sí.
¿Y estaba muerto antes de caer al río?
Es posible.
Vale, supongamos que estuviera herido de muerte y saltara al río.
¿Vale? ¿Eso sería homicidio o suicidio?
La puñalada sigue siendo letal.
Sí. Es una cuestión legal interesante.
Es homicidio.
El suicidio queda descartado.
Entonces...
¿dicen que lo asesinaron?
Sí.
¿Y cómo lo haremos público?
Primero averiguaremos quién lo hizo.
Sí, desde luego.
El dueño del bar la vio salir esa noche
y dijo que se dirigió al centro.
Fui a dar un paseo, estaba muy alterada.
¡Vaya! Eso es nuevo.
¿Alguien la vio paseando?
No sé, no tengo idea.
Piénselo bien, intente recordar.
¿Se va a quedar hoy en Amberes?
Sí.
¿Qué dijo exactamente sobre no estar disponible?
¿Tenía motivos para irse?
Creo que quería dejar a su esposa.
¿Por qué lo dices?
Ella me llamó.
-¿Quién, su esposa? -Sí.
¿Cuándo?
La noche antes de que vinierais.
Me dijo cosas horribles,
que él se acostaba con muchas alumnas y que yo era una más.
¿Y por qué no nos lo contaste?
¿No me creéis?
-Podéis revisar mi móvil. -No es eso.
¿Dijo algo concreto sobre que quisiera dejarla?
Sí, una vez, con una cita de Kierkegaard.
Sí, aquí está.
"Es preferible perderse en la pasión que perder la pasión.
El caballero tiene fe en el bien, incluso en las tareas imposibles".
Ese soy yo, dijo.
¿Y algo más concreto?
-Está bastante claro, ¿no? -Sí.
Y esa noche, al llegar a casa, esto es muy importante.
¿Estás segura de que nadie puede confirmar que estabas en casa?
¿Te llamó alguien? ¿Te vio algún vecino, o...?
Porque puede que yo tenga la culpa de todo.
La pregunta es si alguien puede confirmar
que estabas en casa esa noche.
La pregunta es si en realidad soy culpable.
¿Podrías, por favor, concentrarte un poco
en las preguntas que te estamos haciendo?
No estuve con él cuando más me necesitó.
Debería haberlo esperado fuera del burdel
pero no lo hice, me dio miedo. Y ahora está muerto.
Tranquila, está bien, no pasa nada.
Creo que eso es todo por hoy.
Sal a dar una vuelta, que te dé el aire.
Te vendrá bien.
-¿Puedo preguntarte una cosa? -Sí.
Mi marido, Eric, solía visitarte.
Me gustaría invitarte a un café para que pudiéramos...
No, tengo que trabajar.
-¿Estás bien? -Creo que me he torcido el tobillo.
-Ven que te ayudo. -¿Puedes recoger tú el dinero?
-Puedes hacerlo, vamos. -De verdad, me duele mucho.
No, puedes hacerlo.
¿Puedes hacerlo tú?
Las chicas ya te conocen, yo las asustaría.
Venga, contrólate.
-¿Lo grabaste con tu móvil? -Sí.
Sylvia, necesitamos un plan.
¿Nosotros? Es mi marido.
Claro. Si pudieras marcharte,
ya lo habrías hecho, pero de momento no puedes.
¿Dónde lo grabaste, en el hotel Lux?
No, las chicas de allí las movió a otro sitio.
No, no lo sé.
Tienes miedo.
¿Tú qué crees?
¡Me matará!
No pienso llevar una cámara oculta ni nada por el estilo.
Nosotros te ayudaremos, Sylvia.
-¿No podéis pillarlo infraganti? -¿Cómo?
Yo qué sé...
Con una redada donde haga negocios ilegales.
Con menores de edad o algo así.
¿Y dónde es eso?
Por el amor de Dios.
¿Y bien?
-Venga, enséñamelo ya. -No, sé que te mueres de curiosidad.
-Claro, quiero saber qué es. -Espera un poco más.
Eric Savenije era cliente de Imana.
El abrigo que llevaba puesto, se lo regaló él.
Al día siguiente de que Eric desapareciera,
ella no estaba en su lugar de trabajo habitual.
Esa tarde estaba en Ámsterdam y al día siguiente,
fue cuando apareció aquí.
Con una E grabada en la frente.
No entiendo dónde quieres llegar con todo eso.
E de... Esther,
de Eric.
De Evi.
No, hablo en serio.
Estoy considerando todas las opciones.
Claro, todas.
Pero hay algo que no cuadra con el abrigo.
¿Qué pasa con el abrigo?
XS, no es la talla de Imana.
Espera, el abrigo no se lo compró a Imana.
A lo mejor no entendía de tallas.
La talla XS es para chicas muy delgadas, ella no era así.
No, no lo era, tienes razón.
¿Un café?
Soy una mala persona.
¿Por qué?
Debería estar pensando
en quién mató a mi marido, por qué, pero solo pienso...
¿Por qué se fue de putas?
¿Tan cerrada de mente soy?
Para nada, tiene todo el sentido, Esther.
No tienes ni idea de quién era tu marido.
Sí.
¿Quieres que vaya y te acompañe al funeral de tu padre?
Así estarías acompañada.
No tienes por qué pasar por esto sola.
Estaré bien.
De acuerdo, gracias.
La policía de Bucarest ha buscado a la familia Constantin
pero no la localiza.
La dirección era un edificio en ruinas y no les consta otra.
No me sorprende.
Mamá.
¿Alice?
Sí... Tuve que ir a recogerla a clase.
Está mala, pero tengo un paciente dentro de un rato,
así que tendrá que quedarse contigo.
Pero no sé si puedo quedarme con ella.
No creo que haya problema.
Dijiste que te lo ibas a tomar con calma.
Gracias.
-Cariño, luego te recojo. -Vale.
Oye, no, no toques eso.
Estoy mala.
-¿Quieres un zumo? -De manzana.
Está bien.
-No. -Alice, ven.
No.
Alice, que vengas, no te pongas así, ven.
-Anda, ven. -No.
Oye, te he dicho que vengas. Alice, ven.
Alice estamos en mi trabajo, que vengas de una vez.
¡No!
Soy un bebé, tienes que cogerme.
Ya no eres un bebé, venga.
¿Va todo bien?
Sí, claro, todo bien.
-Anda, ven. -No.
Hola.
Alice, anda, ven...
Te dejo esto aquí.
Me encuentro mal.
Quédate aquí viendo vídeos, luego vengo a por ti.
Esta niña...
Ya se encuentra mejor.
Siempre consigue
que su profesora en el colegio llame a su padre y no a mí.
Qué lista.
¿Así evitará hacer las cosas que no le gustan?
¿Haciéndose la enferma?
No le des importancia, tiene seis años.
Yo no era así a su edad.
Quiere estar contigo, nada más.
Perdona, no pretendía asustarte.
Lo siento.
Es que te echo de menos.
Estoy aquí.
No me refiero a eso. Siento que nos estamos distanciando.
Deberíamos hacer más cosas juntos, como antes.
-¿Sí? -Sí.
¿Eso es lo que quieres?
Sí, claro, quiero estar contigo.
Vale.
-Vale. -Vale.
A partir de ahora los dos juntos,
no irás sola a ningún sitio.
-¿Y tú tampoco? -No.
¿Trato hecho? Pues vamos.
¿Dónde vamos?
Me voy y te vienes conmigo, venga. Vamos a divertirnos.
¿Mamá?
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
Hola.
¿Qué hace ahí dentro?
¡Mamá!
Vámonos de aquí, cariño. Ven aquí.
Vámonos.
¿Me vas a decir dónde vamos?
¿No confías en mí?
Pues claro que sí, es una pregunta normal.
Ya estamos otra vez como siempre.
¿Por qué te enfadas tanto?
No lo entiendo...
¿Es que no sabes lo loco que estoy por ti?
¿Lo mal que estoy?
Perdona.
Lo siento.
De verdad.
Tienes razón.
Tienes razón en todo...
y no sé por qué me resisto.
De verdad que quiero intentarlo y hacerlo bien,
pero tienes que ayudarme.
Ayúdame.
-¡Globos! -¡Mamá!
¡Niños!
Tened cuidado, que no se escapen.
Tienen corazones colgando.
Cuidado.
¿Os acordáis de esta canción?
Había una vez un barquito chiquitito,
había una vez un barquito chiquitito...
Venga, niños. Es hora de dormir.
A la cama, a la cama, a la cama... A dormir con los angelitos.
Venga, que ya es la hora.
Vamos, vamos, a cepillarnos los dientes.
A descansar.
¿No te parece genial?
¿Vienes?
Sí, voy a...
¡Papá!
-Que descanséis. -Buenas noches, papá.
¿Evi?
¿Qué haces?
Tú espera aquí, ya verás.
Será cabrón.
¡No eres más que un mentiroso!
¿Con cuántos tíos te he visto yo?
¿Crees que me gusta verte con ellos?
¿Crees que me gusta ver cómo te la meten todos?
-¡No significa nada, es mi trabajo! -¿Ver cómo disfrutas con ellos?
Esto tampoco significa nada.
Ahora sabes lo que se siente.
Estamos en paz, ¿no? Ahora estamos juntos.
Tienes un hijo con ella, sé que tenéis un hijo.
No, ella tiene un hijo, es suyo.
¿Quién está conmigo esta noche, tú o ella?
Nos va muy bien juntos.
Hola.
-¿Qué pasa, tío? -Muy buena.
¿Cuándo se van a ir tus amigos?
Hablemos un poco de eso.
Hoy no he venido por negocios, he venido de fiesta, con mi chica.
Un día tranquilo, ¿no?
¿Por qué no entra nadie?
Qué chica más guapa, ¿no?
¿La quieres? Yo invito.
Y después te llevas a tus amigos.
Venga, ven.
Lo que él quiera.
¿Lo que quiera?
Quiero llevármela
como compensación por mi pérdida.
Me la llevaré y también a mis amigos.
Ven aquí.
Qué apretadito.
De acuerdo.
¿Nos vamos?
Hola, Esther.
Hola.
Hola... Buenos días.
-¿Te he despertado? -No, descuida, ¿qué pasa?
Nada, solo quería llamar a alguien.
Si quieres podemos no hablar y quedarnos así.
Claro, está bien.
Eric me quería dejar.
¿En serio?
Sí, encontré una carta... de despedida.
La empezó...
pero nunca llegó a terminarla.
Jesús.
No se lo había contado a nadie.
¿Tampoco a la policía?
¿Para qué?
Bueno, es información importante, indica cuál era su estado de ánimo.
-¿Jeroen? -¿Sí?
¿Has estado con alguna prostituta?
No.
¿Nunca?
No.
¿No? Vale.
Vale.
-Hola. -Este no es mi trabajo,
¿y mi paquete de tabaco? Lo dejé ahí.
Yo no lo he visto.
Me gustaría hablar contigo un momento,
no estoy enfadada, de verdad.
¿Enfadada? Disculpa, no te conozco.
Es curioso, pensaba que serías...
mucho más joven de lo que eres en realidad.
-Mira detrás de la barra, por favor. -Ya he mirado y no hay nada.
-Vuelve a mirar. -Solo quería hacerte unas preguntas.
Perdona, estoy ocupada.
Puedo pagarte. ¿Cuánto cuesta una hora?
Solo para hablar y nada más.
Sabes que murió, ¿no?
Sí, es horrible.
Sí. Lo siento mucho.
Sí, es horrible.
No puedo ayudarte, lo siento.
-Bueno, ¿no los encuentras? -No.
Iré a buscar arriba. Adiós.
Me la puse, la maldita lencería.
Funcionó el toque femenino.
Y a él, le costó... mantener la distancia,
como habíamos dicho que íbamos a hacer.
¿Qué sentiste?
¿Por qué te sientes frustrada?
Me hace sentir...
¿Cómo?
Que no es para mí.
Ayer me fui otra vez, nos lo pasamos muy bien con los niños y demás
pero yo... me fui.
¿Cómo te sentiste?
No sé.
¿Eso te hace sentir culpable?
No.
¿No?
Mi madre me hizo algo peor, se tiró delante de un tren.
¿Crees que tus hijos no se merecen tener amor y atención
solo porque tú nunca tuviste eso?
Vamos.
Imana ahora se ha encomendado a la misericordia de Dios.
Encontremos consuelo en la promesa de que algún día,
él enjugará nuestras lágrimas y ya no habrá más sufrimiento.
Busquemos valentía en esa promesa
y apoyémonos unos a otros en la fe y la esperanza
de la luz eterna y la vida verdadera en Dios.
Papá, tú creías...
que podrías volver a ver a todos después de la muerte.
Ahora estás con mamá y con Jonas.
Desde que tengo memoria, tú y yo siempre estuvimos juntos.
La primera vez que llevé un novio a casa,
él se fue a las diez,
pero tú y yo nos quedamos viendo películas toda la noche.
No se te daba muy bien
ocultar si alguien no te caía bien.
Aunque parece...
que mejoraste al final.
Adiós, papá.
Podéis ir en paz.
Que Dios os bendiga a todos.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra, como en el cielo...
¿Quieres irte?
Jeroen, ¿recuerdas que te dije que todos los asuntos de mi padre
los hablaras con Yvet?
A partir de ahora, me encargaré yo.
Tú estarás aquí. ¿Vale?
Nosotros estaremos en el aparcamiento,
e intervendremos si pasa algo, ¿vale?
Ahora te doy un micro.
¿Crees que podrás apañártelas?
PRÓXIMAMENTE
¿Por qué no nos había enseñado esas fotos?
¿De verdad le interesa saber quién mató a su marido?
¿Va todo bien? Si alguna vez necesitas algo, quieres hablar o...
¡Que me dejes en paz!
-Sí, vete. -Vale.
Atentos todos, Ingmar y Sylvia están llegando.
Esperad la señal.
Estamos listos.
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