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¡Dora! ¿Dónde te has metido?
¡Dora! ¡Baja!
- Con cuidado. - Un poco más.
- Aquí, venga ponedlo. - Ya está.
¡Mirad! ¡Ahí viene!
- Gracias. - No hay de qué.
Despacio, despacio. No corráis tanto.
Vamos, quiero ir a nadar.
¿Conocéis la fábula del ratoncito?
¡No!
- ¿Queréis escucharla? - ¡Sí!
Muy bien.
Érase una vez un ratoncito.
“¡Ay!“ Dijo el ratoncito.
“El mundo es más pequeño... cada día.
Al principio era como una llanura, grande y amplia como el mar.
Pero yo estaba solo.
Y me daba miedo.
Así que seguí andando y cuando por fin,
a izquierda y derecha, vi unas murallas...
entonces fui feliz.
Pero estas largas murallas se echan encima tan rápidamente...
que llego a la última habitación.
Y allí, en el último rincón...
está la trampa... hacia la que voy.
No tienes más que cambiar de sentido, dijo el gato que lo seguía.
Y se lo comió".
Yo... voy a dar un paseo.
¿Llevas tú esto?
¿Vas a venir a la cena?
No lo sé.
Mi querido Max.
Estoy sentado en mi balcón.
Me he protegido los pies envolviéndolos en una manta
y solo dejo asomar las manos, para escribir.
Y te escribo, que ahora me encuentro muy feliz,
o al menos, en el umbral de la felicidad.
Y me alegraría que estuvieras aquí.
La decisión de viajar al mar ha sido muy acertada, querido Max.
Salvo por una pequeña recaída, me siento despejado,
como hacía tiempo no me sentía.
Y, lo que más me sorprende...
es que duermo.
Esto es de parte de la joven de la residencia veraniega.
- Amén. - Amén.
Tú duermes abajo.
¿Arriba se oyen las gaviotas?
Ahora, todos a la cama.
Pero antes, limpiaos los dientes.
¿Le ha gustado la fiesta?
Sí, mucho.
¿También a su mujer y sus hijos?
Ella es mi...
hermana Elli con sus hijos.
- Habla muy bien el hebreo. - Gracias.
¿Puedo saber cómo... se llama?
Dora.
Dora Diamant.
Es un nombre muy bonito.
Me lo llevaré.
¿Se va a marchar?
No, quiero decir que me lo llevo... al hotel.
¿Y qué va a ser de mí, sin un nombre?
Por hoy no lo necesita.
Mañana se lo devolveré.
¿Puedo saber de dónde viene?
Casa del Pueblo Judío, Berlín.
Quiero decir, usted personalmente.
Pabianice.
Cerca de Lodz, Polonia.
Está muy lejos de su casa.
Sí, y es mejor así.
¿Por qué?
Es una larga historia.
Tengo tiempo.
No es una bonita historia.
Ayer la vi bailar en la playa.
Vamos a actuar en Berlín.
Fue,
diría, perturbadoramente conmovedor.
- Ya va siendo hora de comer, ¿no? - Sí.
¡Vamos a comer!
¡Recoged!
Niños, poneos la ropa.
¿Tiene planes para mañana?
¿Tal vez... dar un paseo?
- ¡Dora, me ha picado un mosquito! - Cielos.
- No te rasques y se te pasará. - Bien.
Mañana tengo libre, pero no tiempo libre.
Un día libre sin tiempo libre.
Hay un problema con mi permiso de estancia.
Tengo que ir a Rostock para prorrogarlo.
Entre ir y venir, pierdo unas cuantas horas.
En cambio, yo tengo libre.
¿Puedo llevarla a algún sitio?
Depende, de adónde vaya.
Esta pregunta no me la he planteado,
pero si me acompaña, usted decide adónde vamos.
Son condiciones aceptables.
¿No es fantástico?
- Desde luego. - Sí.
Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho...
Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho...
Dora.
¿Te haces cargo?
Estoy escribiendo un artículo para “La bandera roja.”
Sí. ¿Me enseñas el artículo antes de entregarlo?
- Sin falta. - Bien.
¿Puedo ayudarla?
Siempre me sorprende, señor letrado.
Encantada.
Ayer... en Rostock dijo que se...
alegraba de estar lejos de su casa y que su vida ha cambiado.
Así es. Ahí.
¿No echa de menos a su familia?
Sí, claro.
Sobre todo, a mis hermanas.
Las he cuidado durante muchos años.
Nuestra madre murió joven.
Lo siento mucho.
Pero ¿por qué se marchó?
Porque quería estudiar.
Leer.
Hacerme actriz.
Mi padre se oponía.
Decía que una mujer no necesita cultura
y mucho menos subirse a un escenario.
Cuando se volvió a casar, me fui.
¿Adónde?
Primero a Cracovia.
Allí empecé a actuar en el teatro.
Y luego, a Berlín.
¿De dónde saca tanto ánimo?
¿Tío Franz?
Os estaba buscando.
- ¿Nos cuentas un cuento? - Primero, ayudad en la cocina.
En ese caso... ya es hora de despedirme.
Pero tenemos un paseo pendiente.
Mañana por la tarde.
Se ha separado de su familia, vive en Berlín.
Yo no he conseguido nada de eso.
Siempre he soñado con Berlín.
Incluso estuve comprometido con una mujer de Berlín.
¿Y?
No estoy hecho para el matrimonio.
Es bueno saberlo.
Cuénteme más sobre usted.
Tengo curiosas costumbres.
Solo puedo escribir por la noche.
Tiene que haber silencio absoluto.
Que se oiga la caída de un alfiler.
Y mejor, si no hay nadie cerca.
Por otro lado,
ahora no estoy escribiendo nada.
Tampoco sería un problema.
¿Vamos a nadar?
¿Sabe hacer el muerto?
- Voy a intentarlo. - Bien.
¿Quiere?
Me sorprende que sepa hacer eso.
A mí también.
Hay...
...otra cosa que debería saber de mí.
Estoy jubilado.
Ah.
Estoy muy enfermo, Dora.
Tengo tuberculosis pulmonar.
Ahora me siento bien, pero...
- es engañoso, porque fluctúa. - Me da igual.
Eso no me importa, me gustaría conocerle mejor.
Esta enfermedad condiciona mi vida.
¿Ahora también?
No, ahora no.
Me trasladaré a Berlín.
No puedes, no pesas ni 65 kilos.
Voy a comer.
Reposaré aquí unos días y después buscaré un alojamiento.
Franz, ¿qué va a pasar?
Créeme, me siento mucho mejor.
Estás en una buena fase y...
me alegro de que hayas conocido a alguien.
Pero ¿quién se va a ocupar de ti?
¿Y si te da un ataque en Berlín?
No te preocupes.
Dora es fuerte.
De ella no me tengo que esconder.
Siempre hacia usted. Así.
Y ojo con el filo, si no deja de mirarme, se va a cortar.
¿Así?
Muy bien. Vuelva cuando quiera.
Me estoy planteando trasladarme a Berlín.
Qué bien. Así podrá visitarme.
Nos veríamos más a menudo.
Saludos, camaradas.
He hecho un primer borrador.
Léelo, por favor.
"La Casa del Pueblo Judío además de ayudar a los pobres,
es lugar de encuentro para los judíos burgueses...
y proletarios que aprenden unos de otros,
superan las barreras sociales y
hacen realidad la utopía socialista".
¿Qué tal?
De contenido bien, pero no hagas frases tan largas.
¿No? Yo creo que es muy fluida.
¿Qué opinas, letrado? Tú eres del ramo.
No rechazo las frases largas.
Pero en este caso daría la razón
a Dora, no le vendría mal algún punto.
Gracias.
Esto lo han dejado para usted.
Muchas gracias.
Alguien ha abierto mi correo.
Tranquilízate.
Este informe médico era para mí.
Te he pedido expresamente
que me traigas el sobre sin que mi padre, ni nadie más...
Cuando ha llegado, la carta ya estaba abierta.
Tu padre ha leído el informe.
Tenía que hacerlo.
Todos están preocupados.
Sobre todo, tu madre.
Padre, tengo pensado mudarme a Berlín y lo haré en cuanto...
Pero ¿tú qué te has creído?
En cuanto esté mejor...
¿Cómo vas a ir a una ciudad tan impersonal como Berlín?
Pero tú no conoces Berlín.
No voy a permitir que te alejes de aquí...
Padre, solo porque te hagas cargo de mis gastos médicos,
no tienes derecho a decidir por mí.
¡Ni hablar!
Eso conlleva unos gastos altísimos.
Te lo devolveré todo.
Quiero hablar con tu hermana ahora mismo.
Te la paso.
¿Padre?
Querida Dora,
se me hace duro escribirte estas líneas.
Mi hermana ha decidido partir
y sintiéndolo en el alma, me marcharé con ella.
Me faltan las palabras para describir
lo que nuestro encuentro significa para mí, Dora.
Y tener que despedirme, me parte el corazón.
No se me dan bien las despedidas.
Por ello, tal vez sea mejor que volvamos a vernos,
cuando yo vaya a Berlín.
No te puedes ir así.
Franz, mejor si cierras la ventana.
Cierra la ventana.
Querida Dora,
te escribo desde un tren que viaja en dirección contraria.
Si no me sintiera físicamente tan enfermizo,
regresaría inmediatamente contigo.
- ¡Ottla! - Ya has llegado.
- Bienvenido a casa. - Gracias.
¿Dónde están los padres?
En la tienda, vendrán luego.
¿Elli, Karl y los niños no vienen a comer?
Sí, sí, han ido a casa... a dejar las maletas.
Tengo una sorpresa para ti.
Lo he adivinado.
Su loción le ha traicionado.
¿Max?
"Vivir con una diosa".
Buen título.
Mira qué bonito lo han puesto.
- ¿Tirada? - 5.000.
- Editorial Kurt Wolf. - Es fantástico.
Para ti.
Gracias.
Me alegro por ti.
¿Cómo te va?
Yo... he conocido a alguien.
Una mujer.
¿Y ella te ha conocido a ti?
Ella es...
delicada.
Y mucho más que eso.
Es joven, muy judía...
comprometida políticamente y muy inteligente.
Y viene del este.
Tu padre se alegrará mucho.
Mi padre no debe saber nada.
En cuanto recupere fuerzas, iré con ella a Berlín.
¿Puedo cuchichear?
Me encantaría saber de quién estáis hablando.
De una profesora de hebreo.
Mientes tan mal, que casi das ternura.
Te has puesto rojo.
Sí, tienes las orejas rojas.
Max y yo viajaremos pronto a Berlín.
Sí.
Franz, todavía estás muy flaco.
Max, ¿puedo viajar en este estado, o no?
Estaría bien que comieras con más fundamento.
¿Me traicionas?
Está bien. Como queráis.
Ya como.
¿Está limpio el sombrero de padre?
¿Qué?
Que si ya está limpio el sombrero de padre.
Lo puede llevar así...
Querida Dora,
he ido al médico.
Podía haberme ahorrado el trayecto.
No hay ninguna novedad.
Pero ¿cómo te encuentras?
Siempre pienso en ti,
en las horas que pasamos juntos,
en nuestra última noche.
Querido Franz,
solo has estado ausente un par de horas
y el tiempo se me hace eterno sin ti.
Todo me recuerda a ti.
¿Preparados?
Las sillas del albergue, en las que te sentabas,
el mar, la arena...
Dora, ¿vienes a comer?
Todo me habla de ti.
No tengo hambre.
En esta vivienda, mi habitación es el cuartel general de los ruidos.
Oigo puertas que se cierran.
Oigo hasta cuando cierran el horno de la cocina.
Las puertas de la casa se abren con el canto de una voz femenina
y se cierran con el sordo portazo masculino.
Se acaba de marchar mi padre y empieza un ruido más suave,
más disipado, más desesperado.
A veces he pensado, si no sería
mejor dejar mis puertas entreabiertas,
deslizarme como una serpiente
a la habitación contigua y así, reptando,
pedir silencio a mis hermanas y a mi padre.
Me parece bueno.
Tienes material suficiente para acudir a una editorial.
Tengo que reelaborarlo todo.
Discrepo, así está bien.
A ver si puedo hacer una gestión.
Y un dinero en Berlín no te vendrá mal.
¿Sabes lo más curioso?
Cuando...
acaricio el cabello de Dora, me siento feliz.
Pero al mismo tiempo, es como si no fuera... realidad.
Lo que no es realidad, es la vida que vivo ahora.
Tan solo tiene lugar.
La vida con Dora...
no tiene lugar...
pero sin duda es realidad.
Eso debes escribirlo.
Por cierto, creo que he encontrado algo.
Una habitación amueblada en Berlín-Steglitz,
con cocina, en una bonita zona.
Entonces, pongámonos en camino.
No estés triste. La encontraremos.
Del otro lado.
Había olvidado lo bien que hueles.
¿Cómo se puede olvidar algo así?
¿Dora?
Milena ha perdido su muñeca.
¡Dora!
¡Dora!
Has perdido tu muñeca.
No la he perdido.
Se ha escapado.
Ahora lo entiendo.
Esta mañana no me lo podía explicar.
Pero creo que sé dónde está.
Me ha enviado una carta.
Me ha sorprendido mucho.
¿Tú tienes una carta?
¿De mi muñeca?
Eso no puede ser.
¿Cómo se llama tu muñeca?
Se llama Mia.
De una muñeca llamada Mia...
me ha llegado una carta.
Mañana le traigo la carta a Dora para que te la enseñe.
¿Qué llevas aquí dentro?
Solo palabras. Y papel.
Aquí es.
¿Pasa algo?
Nunca he tenido tanto espacio.
Por otro lado, para los dos es escaso.
Menos mal que tengo un cuarto en la Casa del Pueblo.
No te pongas triste.
Yo estoy bien.
¿Quieres empezar con eso?
Pienso mucho en ti, pero me apetece ir a otros lugares.
¿Adónde se ha marchado Mia?
Ha salido corriendo de casa a la estación.
Pero no tenía dinero.
Esto lo complica. ¿Qué más?
Una señora muy amable me compró un billete.
Hacia el mar.
Sigue.
No era una señora cualquiera.
Era la reina.
Muy bien.
¡Un momento!
Debo pedirle... que se despida de la señorita.
Mi prometida me estaba ayudando con las maletas.
Ahora la acompaño al tranvía.
Muchas gracias.
- ¿Por qué? - Por el compromiso.
Un poco austero, pero estoy de acuerdo.
Adivina lo que te he traído.
- La carta. - Sí.
Querida Milena.
Por favor, no estés triste, yo estoy bien.
Pienso mucho en ti, pero me apetece ir a otros lugares.
He salido corriendo de casa a la estación.
Pero no tenía dinero.
Una señora muy amable me compró un billete...
hacia el mar.
No era una señora cualquiera, era la reina.
Junto al mar hemos caminado descalzas por la arena
y nos hemos contado muchas cosas.
Tú conoces esa playa.
Has estado allí con los demás niños.
¿Dónde pasamos las vacaciones?
Justo allí.
Me gusta esta playa y quería mostrársela a la reina.
Así que, no te preocupes, querida Milena.
Yo estoy bien.
Vivo muchas aventuras y pronto te volveré a escribir.
Con mucho cariño, tu muñeca.
Hace demasiado frío para ti.
Conozco un lugar...
donde hace calor y humedad.
Perfecto para ti.
Eres tan joven, Dora.
Tan llena de vida.
- ¿Qué derecho tengo...? - Estoy aquí, porque quiero.
Ayer llegó una carta desde Praga.
¿Y?
Elli quiere visitarnos.
¿Y esa es buena o mala señal?
Todavía no lo tengo muy claro.
¿Querías conocer más sobre las normas del Sabbath?
En Sabbath está prohibida toda actividad,
que influya en el rumbo de las cosas.
Por ejemplo, está prohibido labrar un campo.
O escribir más de un par de palabras.
Porque en la religión judía,
es la creación de una situación, que antes no existía.
Bonita reflexión.
Y aquí pone...
Estas normas deben fomentar la vida en familia.
Por ello se pide a los matrimonios,
el ayuntamiento después de la cena del Sabbath.
Deberán disfrutar del cuerpo del otro y del propio.
Porque el mayor mandamiento es el "Oneg-Sabbath",
disfrutar del Sabbath.
De saberlo, lo habría estudiado mucho antes.
¿Cuándo es otra vez Sabbath?
Cuando Gregor Samsa despertó una mañana de su sueño inquieto,
se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto.
Yacía sobre su dura espalda, parecida a una coraza,
y al levantar un poco la cabeza,
vio su estómago abombado, pardo y dividido en arcos anquilosados,
sobre el que la manta, a punto de caer al suelo,
apenas podía mantenerse.
Sus numerosas patas,
raquíticas en comparación con el resto de su volumen,
temblaban desvalidas ante sus ojos.
¿Qué me ha sucedido?
Pensó.
No era un sueño.
Su habitación,
una verdadera habitación humana, aunque algo pequeña,
aparecía tranquila entre las cuatro paredes de siempre.
Gregor dirigió su mirada hacia la ventana.
Y el tiempo gris...
Se oían las gotas de lluvia golpeando el metal del alféizar;
lo puso muy melancólico.
"¿Qué pasaría si siguiera durmiendo un poco
y me olvidara de estas locuras?",
pensó.
Pero aquello era irrealizable,
porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho.
Y en su actual estado no podía colocarse en esa postura.
¿Cómo estás?
Bien.
¿Qué estás haciendo?
Estoy recogiendo.
Librando espacio.
¿Qué es esto?
Lastre. Cosas de antes.
¿Tus historias?
Son ideas que no sirven de nada.
Esto no lo voy a terminar.
¿Por qué sufres?
Solo son inicios.
Fragmentos.
Nunca termino nada.
Tú eres la tarea.
Sin alumnos por doquier.
Esto es bueno.
¡Lámpara!
Si no haces lo que yo te digo...
Maldita sea, te voy a llevar al trapero.
Ilumínate.
- ¿Hablas con una lámpara? - Lo siento.
No quería despertarte.
Pero tenía que regañarla.
¿Hablas solo con ella o también con los demás objetos?
A las cosas de la señora Kasulke les he retirado la palabra.
Hay espías entre ellos.
¿Has desenmascarado alguno?
Desde luego.
El cabecilla...
es la estufa, ahora lo sé.
Tiene un carácter muy mezquino.
Absorbe el sonido por la puerta de rejilla...
y se lo dirige a ella a través del tubo.
¿Debo preocuparme por ti?
Me temo que sí.
Dígale al letrado, que a partir del lunes sube la renta a un millón.
Son 220 coronas. Pero el cambio varía cada hora.
Se lo diré, señora Kasulke.
¿No habrá pasado la noche aquí?
- Claro que no. - No están casados.
No quiero que me acusen de
proxenetismo, es un delito muy grave.
No se preocupe.
Disculpe, ¿podría decirme dónde...?
¿Dora?
Sí.
Max. Max Brod.
Encantada, señor Brod. Franz me ha hablado de usted.
- Max. - ¿Estás bien?
Dora, este es Max.
Ven, os voy a presentar.
Dora, este es Max.
- Ya nos hemos... - Ya nos hemos...
¿Os va bien? ¿Estáis contentos? ¿Os las arregláis?
Sí, sí, muy bien.
Aunque la inflación es un gran problema, pero...
La casera ha vuelto a amenazarnos con echarnos.
A medio plazo tenemos que buscar otra cosa.
Voy a preguntar en mis círculos.
¿Qué haces aquí?
Editorial "La Fragua".
Habla con ellos, quieren hacer un libro contigo.
¿Tienes algo nuevo?
Sí.
Necesitan una foto para el catálogo.
Entonces me voy a vestir.
Esta es la historia de una mujer
menuda, que siempre lleva un vestido...
gris amarillento, parecido al color de la madera.
Esta mujer menuda está...
muy disgustada conmigo.
Siempre tiene alguna queja...
Siempre me acusa de hacer algo malo.
Estoy todo el día importunándola.
Si se pudiera dividir la vida en partículas minúsculas
y se juzgaran por separado,
cada fragmento de mi vida sería una molestia para ella.
Y como le gusta estar molesta, nos escucha.
Nos espía la casa.
Por la estufa.
¿Tal vez te gustaría dedicarle un saludo musical?
¿Por la estufa?
¿Sí?
Estimada señora...
- Kasulke. - Estimada señora Kasulke,
con ustedes "Ain't We Got Fun", ofrecido por Max Brod.
Esto no sé hacerlo.
¿Tal vez algo más alegre?
Haremos otra. Esta vez, sonríe.
Estaba sonriendo.
¿Puedes acercarte, Dora?
¿Otra más? Va a salir demasiado caro, Max.
Ponte aquí.
Si Dora te hace sonreír, invita la casa.
¿Ves cómo sí?
Son preciosas.
¿No es un gasto excesivo?
No, he cobrado un anticipo de "La Fragua".
Por mi libro de relatos.
- ¿Van a publicarlo? - Sí.
¿Cómo se titula?
"Un artista del hambre".
Un libro sobre ti.
Un libro sobre mí no lo leería nadie.
Pero uno de los relatos...
No es grave.
Tienes que ir a casa, te acompaño.
- No, Dora, ahora no, estáis...
- No hay prisa, voy a avisarle a Paul.
No, Dora. Estoy mejor.
Tú también debes vivir tu propia vida.
40,8. Tienes que ir al hospital.
Entonces llamo al médico.
No lo podemos pagar.
Por favor, quédate a mi lado.
- ¿Sí?
- Perdón por molestarle en Nochebuena.
El letrado tiene fiebre y escalofríos.
¿Y qué quiere que haga yo?
Por favor, déjeme usar el teléfono.
Disculpad.
Y de lo económico, hablaremos luego.
Gracias.
¿Diga?
Por favor, conécteme con Praga, el 32467.
Un momento.
- ¿Diga? - Elli, Soy Dora.
¿Qué pasa?
Franz no está bien, tiene fiebre muy alta.
Lo siento, pero debo pediros una transferencia,
necesita un médico de urgencia.
¿Cuánto necesitáis?
Pueden ser unas cien coronas.
Eso debe decidirlo padre.
Bien, pásamelo, por favor.
¿Qué horas son estás de llamar?
No es culpa mía, señor Kafka, que Franz esté enfermo.
Lo cuido bien y no tengo que pedirle disculpas.
¡No sea impertinente!
No es por mí, es por su hijo, está...
¿Diga?
Por favor, póngame con el doctor Kisch, Johann.
- Un momento... - Sí, espero.
Enseguida se sentirá mejor.
Sí, las cavernas pulmonares son típicas de la tuberculosis.
¿Y que mejore y de repente vuelva a sentirse mal?
Sí, son fluctuaciones propias del cuadro patológico.
¿Qué puedo hacer?
Mucho más no puede hacer.
Reposo, agua...
y medir la temperatura.
El caldo de pollo viene muy bien.
Está bien.
¿Va a pagar en dólares?
No acepto marcos imperiales. Tampoco valores.
Le haremos una transferencia. En coronas checas.
Bien.
Serían... 170 coronas.
Gracias.
Saludos de la madre.
Y aquí tenemos una chaqueta que te ha confeccionado.
Por si vuelve a hacer mucho frío.
- Está muy bien pensado. - Sí...
Aquí el invierno es crudo.
Solo unos pocos días. Es bastante suave.
En Navidad debió hacer mucho frío.
Voy a preparar té.
Dame.
¿Qué ha pasado en Navidad?
Tú no has llamado.
¿Qué quieres decir?
Nada.
Bien está lo que bien acaba.
¿Has pedido dinero a mis padres?
¿Qué querías que hiciera?
Creí que habías pagado con nuestros ahorros.
- Ya no valen nada. - No debiste hacer eso.
No tenías que haber llamado. Me llevarán de vuelta a Praga.
- Tal vez sea lo mejor. - ¿Qué?
Ir a Praga, con tus padres.
Eso ni hablar.
Soy judía del este.
Pero tus padres no me conocen, ése el problema.
Será mejor que evitemos a mis padres.
¿Por qué te dominan tanto?
¿Has visto el cartel de la entrada?
Estamos buscando otra casa.
Esa no es buena idea.
Esto es una locura.
Disculpad que hable con franqueza.
No es por ti, Dora.
Me alegro por vosotros, en serio.
Pero la casa es fría y hay corrientes.
Es malo para Franz.
No podéis estar todo el día en el invernadero,
para que Franz pase calor.
- Se me ha hecho tarde. - Si.
Te acompaño al tranvía.
¿Qué es esto?
Una carta a mi padre.
Nunca la ha leído.
¿Por qué no?
¿Quieres escucharla?
Querido padre,
hace poco me preguntaste por qué había dicho que te tengo miedo.
Como siempre, no supe qué debía contestar.
En parte es por ese miedo que me inspiras.
Y en parte también,
porque son tantos los detalles que fundamentan ese miedo,
que no podría enumerarlos todos de palabra.
Tu sola corpulencia ya me hacía sentir intimidado...
No puedo leerlo.
¿Quieres?
Tu sola corpulencia ya me hacía sentir intimidado.
Recuerdo, por ejemplo, cuando nos desvestíamos juntos
en una cabina de la playa.
Yo, flaco, débil, delgado.
Tú, fuerte, alto, ancho.
Ya en la cabina me sentía patético.
Pero cuando salíamos de la cabina delante de toda la gente,
yo agarrado a tu mano,
un pequeño esqueleto, inseguro, descalzo sobre los tablones...
temeroso del agua...
...incapaz de imitar tus movimientos natatorios,
que tú de buena fe, pero para mi más profunda humillación,
me imponías...
Yo me sentía desesperado.
En honor a la verdad, reconozco que no me pegabas.
Pero tus gritos,
tu rostro congestionado,
la prisa por quitarme los tirantes y colocarlos en el respaldo,
para mí era un suplicio.
Es, como cuando uno va a ser ahorcado.
Si de verdad es ahorcado, entonces muere y todo ha acabado.
Pero si tiene que presenciar todos los preparativos para la horca...
y solo cuando ve la soga delante del rostro...
le dicen que ha sido indultado,
tendrá que vivir el resto de su vida con esa angustia.
Tienes que venir a casa, Franz.
Por favor.
Necesitas ayuda de un especialista.
Padre ha encontrado un buen sanatorio.
Una residencia de primera clase.
- ¿Entonces llevo a Franz a Praga? - No.
Max lo llevará.
Ya está todo organizado.
Yo... habría preferido que tú nos acompañaras.
Pero creo que es mejor así.
¿Qué tiene de bueno que nos volvamos a separar?
Franz y sus padres, es complicado.
No quiero oírlo más.
Hay otra cosa que quería preguntarte.
¿Habéis hablado de matrimonio?
Ya sé que no es el momento ni el lugar adecuado,
pero os lo recomendaría.
Tal vez sea insensato, Max...
Pero sin la aprobación de nuestros padres...
Para Franz es impensable y para mí, la boda no es importante.
No tienes una seguridad.
Yo me arreglo.
No seas insensata, piensa en ti.
Hablaré con Franz.
Si planteas ese tema, va a pensar que lo hemos traicionado.
Está tan esperanzado. Por favor, no lo arriesgues.
¿Qué estáis murmurando? ¿Me estáis ocultando algo?
Por supuesto.
Voy bajando las maletas, así os podéis despedir tranquilamente.
Despedidas efusivas no, por favor.
No se te dan bien, ya lo sé.
En cuanto sepa adónde me envían...
te mandaré la dirección y un billete de tren.
Querido Franz,
esta despedida se me hace aún más dura que la anterior.
Ha sido tan bonito compartir contigo el día a día.
Ahora, mi vida está vacía.
Cada hora que no pasamos juntos está desperdiciada, Franz.
Voy a ir a Praga, contigo.
Querida Dora,
llevo medio día imaginándote
cómo será cuando desciendas del tren,
cansada del viaje.
Eres algo más pequeña de lo que te recordaba.
Sonríes y tu aspecto es radiante.
Yo, y debo decírtelo como advertencia,
no tengo una presencia risueña.
Es fácil engañarse a sí mismo,
porque los cambios avanzan con lentitud.
Todavía no he ganado peso, querida mía.
A menudo no me levanto hasta la tarde.
He comenzado a leer la Torá en original,
pero sin tu ayuda, se hace agotador.
Espero que me reconozcas cuando nos volvamos a ver.
Cuándo sucederá, eso no lo sé.
Han dicho que se va a librar una cama en el sanatorio.
Ya sabes lo que significa.
Alguien, en su lecho de muerte, espera su redención.
Pero por muy egoísta que suene,
preferiría que tardara un poco más.
Tan grande es mi temor hacia el sanatorio.
¿Listos para la segunda ronda?
Las manos, donde las pueda ver.
Tres, dos, uno, ¡ya!
Mira qué rápido corto.
Se me ha caído algo.
- ¡Primero! - ¡Ya está!
¿Habéis acabado?
- Sí. - Sí.
Estáis liberados de las tareas de cocina.
Los demás, seguid cortando.
- ¿Diga? - ¿Dora? ¿Eres tú?
¿Franz?
¿Cómo estás?
Me harías feliz si vinieras.
No me lo puedo creer, acabo de leer tu carta.
Disculpe, por favor. ¿El letrado Franz Kafka?
- ¿Usted es? - Su mujer.
No son horas de visita.
- ¿Cuándo debo...? - Ahora mismo vuelvo.
¡Franz!
¡Franz!
He llegado.
¿Cómo estás?
Muy bien.
Puedo respirar.
Comer y beber me cuesta más,
pero si me ejercito un poco, podría renunciar a ello.
No me ocultes la verdad, Franz.
Tiene que comer algo, querido.
Catarro pulmonar bilateral, obstrucción izquierda,
Estadio 1-2 según Turban,
persistente a la derecha, Estadio 2-3.
Debilitamiento bilateral posterior hacia arriba.
Respiración bronquial derecha con sibilancia.
Me parece que la tuberculosis ha afectado a la laringe.
¿Cómo es posible que no le hayan hecho ninguna prueba de laringe?
Creo que minimiza sus dolores.
- Dora... - Procure hablar lo menos posible.
Sí, puedo alojarme aquí, Elli.
¿Cómo son los médicos? ¿Franz está bien?
Los médicos son muy profesionales.
Estamos deseando tener noticias suyas.
Le han recomendado que no hable, pero le daré el recado, ¿de acuerdo?
Gracias, Elli.
Volveré a llamar.
Me temo que una intervención quirúrgica no tiene sentido.
¿Cuántas...
historias voy a poder escribir todavía?
¿Cuánto tarda en escribir una?
Una noche...
o un mes.
Empiece ya.
No se mueva. ¿Eh?
Así...
Le aconsejo una cura prolongada de silencio.
Era temprano por la mañana,
las calles estaban vacías.
Me dirigía a la estación.
Al comparar mi reloj con el reloj de la torre,
vi que era mucho más tarde de lo que yo pensaba.
Tenía que darme mucha prisa.
El sobresalto de este descubrimiento me hizo proseguir con inseguridad.
Todavía no conocía bien esta ciudad.
Buenos días.
Por fortuna, había un guardia cerca de allí.
Corrí hacia él y sin resuello, le pregunté por el camino.
Deberías comer algo, Franz.
Me sonrió y dijo
"¿Por mí quieres saber cuál es el camino?"
"Sí", dije yo,
"porque no lo puedo encontrar".
"Déjalo.
Déjalo", dijo él y se alejó con gesto impetuoso.
Como la gente que quiere estar a solas con su risa.
"Me gustaría, pero no puedo".
¿La prueba de galera de tu libro?
Mira.
Saludos desde Berlín.
Sí, Milena.
¿Te gustaría ir allí?
¿Quieres vino?
Sí...
"Soñemos juntos tú y yo".
Bien. ¿Con qué?
"Con nuestro próximo verano.
Viajaremos al mar.
Iremos a nadar.
Y nos sentaremos en nuestro banco".
"Y por la noche iremos al teatro".
"Pero de repente ya no estás a mi lado".
¿Dónde estoy?
"Detrás del telón.
Entonces sales a escena".
"Gracias por existir".
Enseguida vuelvo.
¿Hay alguien?
Ahora, incorpórese.
Acerque...
la boca al cilindro de cristal.
Sí, sí. Y ahora, inspire hondo.
Varias veces. Inspire hondo.
Lo está haciendo muy bien.
Respire hondo...
Con esto no habías contado.
Dices "jaque".
¿Otra vez jaque?
Está claro que exijo una revancha.
"Gracias por asumir este viaje tan largo, mi querido Max".
Faltaría más.
"Querido Max, es posible que no me vuelva a levantar..."
La tuberculosis ya me ha robado la voz
y no es descartable que siga empeorando.
En tal caso, te comunico mis últimas voluntades
respecto a mis escritos.
Todo mi legado,
es decir, diarios, manuscritos, cartas y apuntes
que se encuentren en la estantería, en el ropero, en mi escritorio,
en mi despacho, o en cualquier otro lugar,
ha de ser quemado por completo y sin leer.
Al igual que todas las cartas.
Que sean reclamadas a sus destinatarios y destruidas.
Te ruego que lo lleves a cabo lo antes posible,
mi querido Max.
Tuyo, Franz.
Amén.
Alabado seas tú, el Eterno, nuestro Dios, Rey del Mundo,
que has creado el fruto de la vid.
Alabado seas tú, el Eterno, nuestro Dios, Rey del Mundo,
que nos has santificado con tus mandamientos
y ordenado que nos lavemos las manos.
Dora...
Dora...
La felicidad es tanto más grande, cuanto más pequeña es.
Por eso, si tuviera que redactar mi vida,
solo anotaría pequeños detalles.
Cuán feliz me hace escuchar el sonido de tu voz, cuando cantas.
O simplemente sentir cómo me pasas la mano por el pelo.
Creo que la grandeza de la vida
siempre está disponible en toda su plenitud.
Pero relegada...
a lo más profundo.
Invisible.
Si se la llama por el nombre correcto, entonces viene.
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