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Original subtitles

- ¿Y estas prisas? - He hecho un trato.

Les venderé la harina de tu trigo durante muchos años.

Tengo la cosecha apalabrada en Soria.

¿Y si pudiera pagarte el doble de lo que te va a pagar él?

Estarás contento.

Claudia se ha ido. La finca entera para vosotros.

- Estás siendo injusto. - ¿Sabes qué es injusto?

¡Que Claudia, una Cervantes, no tenga nada!

- Te vi en la fábrica. - Si llega a ser otro, nos apalean.

Esto se ha acabado.

Custodio, que se nos casa con la Inés.

Los franceses me han dejado tirado. No me compran la harina.

- Y yo no puedo pagaros. - Cumple y páganos.

¿Eso querías? Ganarte la confianza de Manuel y arruinarle la cosecha.

Ahora…

le toca hipotecar la finca o malvenderla.

¿Un billete de autobús?

O te marchas o te corto los cojones.

Han donado la cosecha. Han conseguido salvar la finca.

- Tu idea los ha unido todavía más. - ¡Cállate!

¡Manuel! ¡Manuel!

¿Quieres más zumo?

Ay…

Buenos días, Sagrario. ¿Cómo está?

Ahí vamos, hijo, ahí vamos.

- ¿Y María? ¿Cómo está? - Mal.

Apenas ha abierto la boca desde que volvimos del cementerio.

Levanta de ahí.

¿Cómo?

Es el sitio de Manuel, levanta.

- Disculpa, no lo sabía. - Nico, vamos al jardín, ¿vale?

José, ¿te quedas a desayunar?

No. No, yo me voy. No quiero molestar.

Solo venía para ofrecer mi ayuda para lo que necesitéis.

La venta de la finca, la mudanza o lo que sea.

¿De qué hablas?

A ver, María, anoche lo estuve hablando con José.

Habíamos dado por sentado que te vendrías a Almería con nosotras.

No iré a ninguna parte.

Nos llevaremos a Nicolás. Si lo consideras un hijo, yo lo querré como un nieto.

¡Que no! No.

Hija mía, aquí ya nada te retiene, solo malos recuerdos.

- Anda, vuelve a casa. - ¡Ya estoy en casa!

No la escuches, José, que no sabe lo que dice.

Desde luego, ella no se puede quedar aquí sola con esas dos criaturas.

Sobre todo después de…

Olvídelo, no importa.

¿Qué, José?

Habla, por Dios, que tenemos confianza.

Le juré a María

que no hablaría de esto.

Pero la ausencia de Manuel ha cambiado las cosas.

María.

Perdóname.

Sé que este no es el mejor momento, pero…

No entiendo por qué no has confiado en mí.

No la entiendo. No sé de qué habla.

También sé que estos no son temas fáciles para hablar con una madre,

pero, hija mía, que ni siquiera hayas hecho el esfuerzo…

¿Qué dice?

José me lo ha contado todo.

Me ha dolido.

Me duele mucho que me haya tenido que enterar por él.

- José no sabe de lo que habla. - Yo creo que lo sabe muy bien.

Pero, bueno,

ahora lo importante es que esa criatura aún podría tener un padre.

No pudimos hablar en el entierro.

No tengo ni tiempo ni ganas.

- ¿No vas a aceptar mis condolencias? - No hay nada que hablar.

Aunque no te lo creas, sé perfectamente lo que sientes.

Están a punto de llegar.

Quiero la salida por el techo hasta el depósito.

- Sí, señor. - José.

¡No vuelvas a enredar con mi madre! ¡No tenías ningún derecho a decir nada!

Solo quería ayudar.

No. ¿Ayudar de qué? ¡Estoy harta!

Este niño es de Manuel.

Manuel es su padre.

Claro que es su padre.

María, siempre lo va a ser. Así aparecerá en los papeles del registro.

Pero, por desgracia, Manuel ya no está.

¿Quién se encargará de jugar con ese niño, de educarlo?

¿De verdad vas a permitir que su padre sea una fotografía

en lugar de un hombre de carne y hueso que lo pueda abrazar?

¡Yo!

Yo lo haré.

Porque este bebé no va a tener la mitad de amor, tendrá el doble.

- Hablaremos cuando estés más tranquila. - No he estado más lúcida en mi vida.

No me iré, que te quede claro. Mi hijo va a crecer en las tierras de su familia.

Una mujer sola no puede llevar una finca.

María, te estás ahogando y yo te estoy ofreciendo mi ayuda.

¡Piénsalo!

María. María.

Te acompaño en el sentimiento.

¿Podemos hablar?

- No me encuentro bien. En otro momento. - Siento haberme comportado así con él.

Yo no le odiaba, te lo juro.

Lo mejor es desmontarla por piezas.

Y llevarlas al desguace.

Ayúdame a dejarla dentro. No quiero que mi hermana la vea.

Espera.

La muerte de su marido no fue un accidente.

Alguien le provocó un fallo mecánico.

- ¿Está seguro de eso? - Completamente.

Uno de nuestros expertos ha analizado el depósito dañado.

Es una suerte que su hermano se percatara.

Otro con menos ojos hubiera visto un trozo de chatarra.

No se preocupe.

Estamos de camino para detener al sospechoso.

¿Saben quién es?

Se trata de alguien

que sentía un odio profundo hacia su marido.

¡Échese a un lado!

Alguien que tenía motivo y oportunidad.

Y, sobre todo, alguien que tenía los medios.

Dejen paso. ¡Que se eche a un lado, por favor!

Adelante.

Abra el armario.

El decapante con el que la boicotearon

es de uso industrial y muy difícil de conseguir.

Hemos repasado los inventarios de todas las fábricas de la región

y solo hay un pedido que coincide.

En el inventario pone que había cuatro botes de decapante.

Aquí falta uno.

No sé, yo no lo he cogido.

Pues usted es el único que tiene llaves de este almacén.

Si me preguntas a mí, se veía venir. Llevaban mucho tiempo con mala sangre.

Mm… Los temas de dinero sacan lo peor de las personas.

¡Sancho! Ayúdame. Tres cafés.

Madre mía, con todo lo que llevas encima…

Y, ahora, Gabi detenido por asesinato. Me pinchas y no me sacas sangre.

¿Cómo estás, María?

Deseando que acabe esta pesadilla.

¿Tú crees que es culpable?

El sargento está convencido,

pero el corazón me dice que no fue él.

Yo tampoco lo creo.

Eran amigos desde que iban en pañales.

Aunque estuvieran enfadados, no sería capaz de matarlo.

Mira. Por desgracia, el pueblo ya lo ha condenado.

A la Guardia Civil no le costará conseguir una confesión, aunque sea falsa.

Sin Claudia, el pobre ha perdido las ganas de luchar.

Iván.

Me he enterado de tu paternidad.

A ver si subimos pronto los sueldos, que te hará falta.

Rafael, intenta que no se corra la voz, a ver si lo olvidamos todos,

¿vale? Venga.

Guillermo.

Alegra esa cara.

Todo va a ir bien.

Estoy planeando la compra de una fábrica en Suiza.

¿Quién sabe? Igual te tienes que hacer cargo.

La Guardia Civil debería saber que mentiste a Guillermo.

Tú también tienes llave de todos los armarios de la fábrica.

- ¿Qué quieres decir? - Mm…

Solo pensaba que…

todo esto ha sido muy beneficioso para ti, ¿no?

Gabi mata a Manuel…

y a ti se te queda el camino libre.

¿Cómo puedes acusarme de eso?

¡Basta ya de rodeos! ¿Manipulaste la moto de Manuel? ¿Sí o no?

Justa.

¿Por qué iba a hacer yo algo así? ¿Mm?

Manuel y yo solucionamos nuestros problemas.

Tú y yo sabemos que eso no es verdad, que estabas rabioso

porque querías arruinarlo y él fue más listo que tú.

Es normal que María lo prefiriera a él.

No le llegas ni a la suela de los zapatos.

Puedes ir soltando todas las mentiras que quieras.

Siempre será tu palabra contra la mía.

La de un empresario y la de una viuda sin honra y sin trabajo.

Estás despedida.

¡Fuera de aquí!

Cinco minutos.

¿Qué haces aquí?

Mi tía me lo ha explicado todo por teléfono.

Me han detenido hace horas. Es imposible que hayas vuelto de Vigo tan rápido.

Si te digo la verdad, ya estaba de camino.

Pensé que llegaría al funeral de Manuel, pero el autobús pinchó en Burgos.

Tenía que volver.

Al fin y al cabo, Manuel también era de mi familia.

Claudia,

te juro que yo no lo he matado.

Las jornaleras dicen que lo amenazaste de muerte.

- No se habla de otra cosa. - Sí, lo hice, pero…

Pero por todo lo que pasó.

Por cómo te trató.

Pero soy inocente.

Dime que me crees.

Pues claro que te creo.

Te he echado tanto de menos…

¿Has vuelto para quedarte?

He venido para ayudarte.

¿Dónde está Nicolás?

Dormido.

Mamá se ha acostado con él. Lleva todo el día muy preocupada.

Le han llegado los rumores. Se ha enterado de que no fue un accidente.

No es eso.

No sé qué le pasa. No quiere contármelo.

Pero no es eso.

Siéntate, Luisa.

Deberías haber confiado en nosotros.

Me daba vergüenza.

No, tú no has hecho nada malo.

Pero me asusta pensar que este niño pueda ser de José.

Jamás hubiera pensado que José…

Que podía presionarte… de esa manera.

A ver, hablemos claro.

¿Cuántas veces te acostaste con José?

¿Una?

- ¿Y con Manuel? - Muchas.

Pues ya está, matemáticas.

La sangre no importa.

Lo que importa es el sentimiento.

Y ese niño es de Manuel.

Mamá quiere que vuelva a Almería.

Y que José se encargue de todo.

No, de eso nada. Yo hablaré con ella.

Intenta ayudar, pero manda narices que a estas alturas

- no confíe en lo fuerte que eres. - ¿Sabes qué me ayudaría de verdad?

¿Qué?

Que José me dejara en paz. Eso.

Ya…

Yo puedo ayudarte con eso.

¡José!

¿Tienes un momento? Es sobre María.

Claro, yo también quería hablar de ella.

A ver qué podemos hacer para que pueda entrar en razón.

El único que tiene que entrar en razón eres tú. Y volverte a Almería.

Y dejar en paz a mi hermana. No necesita que nadie piense por ella.

No me esperaba esto.

¿El qué?

Que fueses un desagradecido.

Después de todo lo que he hecho por ti, después de haberte hecho mi mano derecha.

Eso no te da derecho a estar en su vida si ella no quiere.

Guillermo, si no me obedeces, voy a tener que tomar algunas decisiones.

¿Me estás amenazando?

No, no.

No.

Yo solo soy un empresario.

Termina la jornada, sale de su fábrica

y va a la taberna a tomar una cerveza. O dos o tres.

¿Y sabes?

Podría ponerme a hablar con algún vecino del pueblo.

Hablar sobre ti…

y ese amiguito nuestro tan especial que ha salido por patas.

¿Y sabes qué es lo malo que tienen los pueblos?

Que los rumores corren como la pólvora.

A mí me da igual lo que diga el pueblo.

¿Te da igual?

¿Y tu mamá?

¿Te da igual?

Pobre Sagrario. ¿No ha tenido ya suficientes disgustos?

¿Cuánto dolor es capaz de soportar?

Guillermo…

Venga, a trabajar.

Tienes visita.

No quiero ver a José.

No es José, es una mujer.

He limpiado estos marcos cientos de veces.

Solo ahora me doy cuenta de que no tengo fotos de Manuel.

¿Qué quieres?

Gabi no mató a tu marido.

Fue otra persona.

- ¿Quién? - Ya lo sabes.

¿Qué te dicen las tripas?

Que me llevas mintiendo desde que te conozco.

José no sería capaz de hacer algo así.

¿Tu instinto te dice que fue él?

Hazle caso.

Como no pudo arruinaros ni destruir vuestro matrimonio,

ha cruzado todos los límites.

¿Quieres verlo con tus propios ojos?

Tiene una quemadura en la mano izquierda de un líquido corrosivo.

No hace falta que te explique nada más.

- Una quemadura no es una prueba. - No lo es.

Por eso necesito tu ayuda para que encontremos alguna que sí lo sea.

María, no te pido que seamos amigas porque no lo seremos nunca,

pero necesito que unamos nuestras fuerzas para que se haga justicia.

¿Por qué iba a confiar en ti?

Por Manuel.

Márchate de mi casa.

Son muy bonitas.

Son para Manuel.

No sabía que habías vuelto.

Siento mucho no haber llegado a tiempo al entierro.

Me da pena no haber podido hacer las paces con Manuel.

Si te sirve de algo, él también creía que la situación era injusta.

Él quería compartir esas tierras contigo.

Gracias.

Pero ahora hay algo más importante que las tierras.

Necesito que me ayudes a salvar a Gabi.

Yo sé que Gabi es inocente.

Pero, para demostrarlo, debo confiar en alguien que ha intentado hundirme.

A veces hay que apartar las diferencias para hacer lo que tenemos que hacer.

Los trabajadores salen en diez minutos.

Es el momento perfecto para pillar a José solo.

Tenemos que encontrar alguna prueba que lo relacione con el accidente de moto.

¿Y la quemadura que le viste?

Eso no prueba nada. Puede inventarse cualquier cosa.

Necesitamos algo más para la Guardia Civil.

Hay una habitación pequeña pegada a su despacho.

Si hay algo que lo pueda incriminar, está allí.

¿Qué buscamos?

Si encontramos otro frasco del decapante, igual podemos demostrar

que Gabi no era el único que tenía acceso.

El sargento dice que falta uno.

Sería un poco torpe por su parte haberlos conservado.

Vamos.

Eh.

Eh, eh.

- No estás bien. Podemos esperar. - Gabi no tiene tiempo.

Mañana lo llevan a los juzgados.

Un momento, María. Tenemos dos problemas.

¿Cuáles?

El primero: ya no tengo llave de la fábrica.

José me despidió. Ha contratado a un vigilante de seguridad.

¿A quién?

- A Sebas, un jornalero. - ¿El vasco?

- Sí. - Sé quién es. Yo me ocupo.

- ¡Sebas! ¿Qué tal? - ¿Qué haces por aquí?

Oye, siento mucho lo de Gabi. Que sepas que para mí es inocente.

Gracias. A eso venía, a recoger unas cosas de su taquilla.

- Ah, pues pasa. - ¿Quieres uno?

- No, no puedo, empiezo turno ahora. - Venga, hombre. Por un rato no pasa nada.

- Es que… - ¡Venga!

Venga, anda, trae.

Oye…

Mira que le decía veces a Gabi que no podía ir acusando a Manuel así.

- Ya… - Delante de todo el pueblo.

Que por muy amigos que fueran, Manuel no dejaba de ser un señorito.

¿Y el segundo?

Esa habitación está cerrada con llave.

- Habrá que conseguir la llave. - Se me ocurre una manera.

Pero no creo que te guste.

Hola.

Hola.

¿Podemos hablar?

Claro.

Quería pedirte perdón. He sido muy injusta contigo.

¿Y ese cambio de opinión?

No tengas en cuenta lo que te dije.

Estaba destrozada, no era yo misma.

Sé que solo querías ayudarme, y te lo he pagado con malas palabras.

No ha tenido que ser fácil para ti.

Lo comprendo.

¿Me perdonas?

María.

- Lo siento mucho. - No hay nada que perdonar.

¿Me acompañas a la salida?

Claro.

- Necesito ir al baño. - Está aquí. Te acompaño.

No, no hace falta. Ahora vuelvo.

Lo entretengo y tú registras el despacho.

Cuanto más tiempo, mejor.

¿Estás segura de que estás bien?

María.

Sí.

¿Te acuerdas de cuando iba a buscarte al trabajo y paseábamos por la playa?

Claro.

Echo de menos esos momentos.

- A veces me gustaría viajar en el tiempo. - A mí también.

Oye, ¿seguimos hablando de esto en mi casa, tranquilamente?

Claro. Tengo que subir un momento. Espero una llamada de mis socios.

¿Sabes?

Creo que tienes razón.

Cuidar de las tierras,

criar a los niños,

cuidar de la casa… No lo voy a poder hacer yo sola.

Y estos niños van a necesitar un padre.

No sé, igual no es de un día para otro, pero…

conforme pase el tiempo y las heridas se vayan curando,

igual podríamos plantearnos…

Bueno, estar juntos. Si tienes paciencia conmigo, claro está.

Voy a tener toda la paciencia del mundo.

- Nos fumamos otro. No me hagas el feo. - No puedo, Claudia.

Sube conmigo un momento. Hago la llamada y seguimos hablando.

- Mm… ¿Tiene que ser ahora? - Me temo que sí.

- ¿Sí? - Será solo un momento.

Serán solo cinco minutos.

¿Dónde están mis llaves?

¿Has escuchado eso?

- No, no he escuchado nada. - Voy a ver, ¿vale?

Sebas, creo que está en tu cabeza. Tengo buen oído y no he escuchado nada.

Espera.

María.

- ¿Estás bien? - No estoy bien.

Levanta.

¿Y esa herida?

¿Tú a qué has venido realmente?

¡Sebas, espera!

María…

¡María! ¡María!

Hay que llevarle esto a la Guardia Civil. Intentó quemar los guantes,

pero tiene las iniciales bordadas.

- ¡Te voy a matar, hija de puta! - No te acerques a ella.

Seguro que encuentran restos de decapante.

- Con el que se hirió la mano. - Me das asco.

- Ojalá te pudras en la cárcel… - María.

- María, ¿estás bien? - ¡Eh!

María.

Sebas, coge la furgoneta. Hay que ir al hospital. María.

Tranquila.

Ya, ya, ya.

María.

Algo no va bien. María.

Ya.

María.

Está sangrando mucho.

- No te duermas. - Aguanta.

- Háblanos. - Tranquila.

- Ey, ey. - María.

María.

María, quédate con nosotras.

¡María!

¡María, por favor! ¡María! ¡María!

¿Dónde está?

Tranquila, hija.

- Tranquila. - ¿Dónde está el bebé?

¿Qué?

Alguien acaba de despertarse. Como su mamá.

Ven.

Menudo susto nos llevamos anoche, María.

Cuando te trajeron, sí.

Habías perdido mucha sangre, hija. Mucha.

No recuerdo casi nada de ayer.

Te portaste como una campeona.

Dos pujos y esta preciosidad estaba fuera.

Hola.

Bueno, ¿has decidido ya cómo la vas a llamar?

Manuela.

Como su padre.

Cómo te mira.

Hola.

Nicolás.

¿Quieres conocer a tu hermana?

Mira.

- Hola. - Hola.

Se llama Manuela.

- Hola, Manuela. - Ven aquí.

Dile hola.

Mamá. Ven aquí, chiquitín.

Ven con la abuela, ven.

- ¿Te han contado lo de José? - Me lo ha contado todo Claudia.

Lo siento muchísimo.

Debería haberme dado cuenta.

Mira…

no pienso dejar

que nadie vuelva a haceros daño nunca.

Te lo prometo.

No necesito que nadie me proteja.

Con que vengas a visitarnos más a menudo es suficiente.

¿Visitaros?

Yo me quedo aquí con vosotras.

No.

Tú te mereces un final feliz.

- Yo soy feliz aquí. - Eh. Te vas a ir a Barcelona.

- ¿Cómo a Barcelona? - A Barcelona.

Ven aquí.

¡Uy!

Me ha llamado la Guardia Civil. Parece que José ha confesado todo.

Como sospechaban, saboteó la moto echándole decapante en el depósito.

Pero lo que no esperaba es que el líquido fuera tan corrosivo,

hasta el punto de destrozarle los guantes y dañarle la piel.

Para eliminar la prueba, intentó quemarlos en el brasero de su despacho.

Es una suerte que Justa encontrara los restos.

Así que te quería dar las gracias.

Gracias a ti por ayudar a Gabi.

¿Qué tal está?

Mejor.

Sigue un poco afectado, pero se recuperará.

¿Y tú?

Pues considerando si volver a hacer las maletas o no.

Igual esto…

te ayuda a elegir.

¿Qué es?

La mitad de las posesiones de los Cervantes.

Están a tu nombre y firmados por un notario.

María, yo te lo agradezco, pero no sé si sirvo para ser patrona, la verdad.

Eso es lo mejor, que no tienes por qué serlo.

Ni yo tampoco.

José me dijo algo que me hizo pensar.

Él estaba convencido de que una mujer sola no podía hacerse cargo de las tierras.

- Ese hombre era un cretino. - Desde luego.

Pero algo de razón sí que tenía.

Y es que ni una mujer sola ni un hombre solo puede hacerlo.

Así que he estado informándome

sobre diferentes cooperativas que trabajan en el extranjero.

Y, al final, la idea no es tan distinta

al dinero que nos repartimos con lo de la recogida del trigo.

No sé.

Creo que juntas somos más fuertes.

¿No te parece?

Es preciosa.

¿Quieres cogerla?

No, no, no.

Han detenido a José cerca de Guadalajara.

Los restos del guante y la quemadura coincidían con la corrosión del decapante.

Por fin tienen una confesión.

Y, por lo visto, la policía en Alemania también lo buscaba.

Estaba metido en negocios turbios,

por eso hizo tanto dinero en tan poco tiempo.

Va a pasar el resto de su vida en la cárcel.

Me alegro.

- Justa, quería darte las gracias… - María.

He venido a despedirme.

Me voy del pueblo.

¿Dónde vas?

Todavía no lo sé.

Pero será una gran ciudad.

Siempre me ha hecho ilusión y creo que es el momento.

Antes de que te marches, quiero darte una cosa.

Gracias.

- ¿Puedo? - Claro.

Manuel, mi amor,

hoy hace un año desde que te fuiste.

Muchos han ido a llevarte flores a tu tumba,

pero yo prefiero quedarme aquí,

en el lugar en el que me convertí en tu esposa.

Han pasado muchas cosas en tu ausencia,

pero todos estamos bien. Nuestros hijos crecen por días.

Nicolás ha empezado el colegio.

Su maestro dice que pronto será de los primeros de la clase.

Lo llevamos a Madrid a otro médico.

Le ha dado una medicación con la que no ha vuelto a tener ataques.

Y Manuela… Cuando te echo de menos, solo tengo que mirar sus ojos,

idénticos a los tuyos.

Respecto a nuestros amigos y familia, han seguido adelante con sus vidas.

Mi madre y mi hermana decidieron quedarse aquí, conmigo.

Pero van a Madrid cada vez que tiene un rodaje.

Ha conseguido un papel en la película de un director importante

y le están llegando ofertas para protagonistas.

El que no se quedó en la finca fue mi hermano,

pero por una buena razón,

la mejor de todas.

Luisa y yo le regalamos un billete a Barcelona

y le ayudamos a buscar a Custodio.

A mi madre le dijimos que está viviendo con un amigo.

Pero estoy segura de que, en el fondo,

ella sabe la verdad y lo comprende.

Claudia y yo conseguimos el apoyo de las mujeres del pueblo.

En el extranjero lo llaman "cooperativa".

Aquí la ley no nos ampara aún, pero es una cuestión de tiempo.

No se puede frenar el futuro.

A tu tío le costaría reconocerlo,

pero tenía a la mejor heredera delante de sus narices.

Gabi y ella se dieron otra oportunidad, aunque siguen teniendo sus altibajos.

Y yo…

Yo aún no estoy bien,

pero lo estaré.

Se ha interesado por tu hermana.

Elíjame a mí.

No hemos terminado.

Tenemos un trato.

En unos meses, habré cumplido con mi parte.

No he podido escoger una esposa mejor para Manuel.

Porque gracias a ti,

al haber vivido entre tierras,

he comprendido que el lugar al que perteneces

no tiene que ser el mismo en el que naces.

¿Quieres ser mi esposa desde hoy y para siempre?

Puedes besar a la novia.

La de tiempo que hemos perdido.

Entonces tendremos que recuperarlo.

¿Sí?

Ya sabes que te quiero mucho.

María, vas a tener un bebé mío.

Nuestra tierra es el sitio donde está la familia, la de sangre.

Y también la elegida,

las personas que quieres y que te importan.

Ese es el legado que buscaba tu tío,

el sentir que estás en el lugar al que perteneces,

que estás en casa.

♪ Aquí nació. ♪

♪ Aquí soñó. ♪

♪ Aquí vivió mi amor. ♪

♪ Pero ya no está, no sigue junto a mí. ♪

♪ No está. ♪

♪ Mi amor no está. ♪

♪ Hogar del sol naciente. ♪

♪ Sol que ya no está. ♪

♪ Un sol que ya no alumbrará. ♪

♪ No, no alumbrará. ♪

♪ Quiero olvidar el sol naciente ♪

♪ y no recordarte más. ♪

♪ Si yo no he de tenerte, ♪

♪ no quiero recordar. ♪

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