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¿Es él? Yo también he visto la foto.
Seguís teniendo algo, eso se nota.
- ¿Para qué has venido? - He venido a por ti.
Tendremos que casarnos.
Si vamos a seguir con esto, hagámoslo bien.
¡Guardia Civil!
¿Dónde está Claudia? Esa es la furtiva.
Acompáñanos al cuartel. Tenemos que hacerte unas preguntas.
Debería darte vergüenza.
Para vergüenza la educación de tu sobrina.
Aprovecha y enséñale a tu marido el pueblo. No te querrás ir.
Yo de ti no sé nada. ¿Fue tu primer amor?
El único.
¡Eh! ¡Eh!
¿No pensabas esperarme?
¿Y ahora qué hacemos nosotros?
- Dormid aquí. - Claro.
No te esperaba aquí. Tengo una esposa.
¿Una multa por el uso de un pozo para regar mi huerta?
¿De dónde van a sacar 20 000 pesetas?
- Tenemos un trato. - Qué raro que lo recuerdes.
En unos meses, habré cumplido con mi parte.
- José. - ¿No piensas en mí?
Lo que nos dijimos en la playa ese día fue un error.
¿De cuánto cree que está?
Haga cuentas.
Muy bien. Apunta.
Respira hondo.
Suelta el aire.
Y, ahora, muy despacio… aprieta el gatillo.
Nicolás.
Venga, aprieta.
Venga, aprieta. Sin miedo.
¡Aprieta el gatillo! ¡Venga, aprieta!
- ¡No puedo, abuelo! - ¡Nicolás! Aprieta el gatillo, coño.
¡Fea!
¡Aparta!
¡No! ¡Fea!
¡Fea!
¡Fea, aparta! ¡Aparta!
María.
Es verdad lo que dicen de las embarazadas. Estás más guapa que nunca.
¿Qué haces aquí?
¿Tú qué crees?
Vete antes de que vuelva Manuel.
- Asegúrame que ese niño no es mío. No es tuyo.
Vete.
Te lo dije por teléfono. Te lo vuelvo a repetir.
Lo querré como si fuese mi hijo.
- Porque quizá lo sea. - Métete en la cabeza que es de Manuel.
- ¿Cómo lo sabes? - Porque lo sé. Y punto.
María, ya sabes lo que yo siento por ti.
Voy a esperar hasta que tú te des cuenta.
Me extraña que tardes tanto en vender la fábrica.
Porque intento hacer las cosas bien, amigo.
Quiero que los nuevos dueños mantengan
las condiciones que tengo con vosotros y el resto de proveedores,
y eso no gusta a todos los compradores.
El nuevo propietario hará lo que más le convenga.
Gabi.
Hice lo que pude, pero no hubo manera. Ya sabes cómo es mi tío.
- Tengo un dinero guardado. Te lo presto… - No, no, no. Gracias.
- Piénsatelo. - No, pagaremos la maldita multa como sea.
- ¡Don Ramón! - ¡Manuel, tu tío!
¡Don Ramón!
- ¡Don Ramón! - ¿Qué ha pasado?
- ¡Avisa al médico! - ¿Qué ha pasado?
¡Eh!
- Venga, arriba. Arriba. - Vamos.
Arriba, don Ramón.
Se te acaba el tiempo, Ramón.
¿Cuándo piensas contarle a tu sobrino lo que te pasa?
Dame unos meses más, Calderón.
Lo suficiente para verle la carita a mi heredero.
Ojalá pudiera, pero no depende de mí.
Tienes las arterias prácticamente cerradas.
Se te va a parar el corazón en cualquier momento.
Adelante.
- ¿Todo bien? - Todo bien.
Estamos terminando, Manuel. Espera fuera.
¿Justa?
¿Qué tal está tu tío?
Bien, mejor.
Ya se ha acostado. No sé, ha debido de ser una bajada de tensión.
Eh.
¿Estás bien?
¿Sabes que te quiero mucho?
Ya sabes cómo es mi tío. No le des importancia.
¿Se puede saber qué es tan importante? Debería estar descansando.
Sentaos.
¿Y esto?
¿Tenemos algo que celebrar?
Enseguida lo sabréis. Sentaos.
¿Unas escrituras?
He comprado las tierras del otro lado del río.
Ah.
Están a nuestro nombre.
Es un regalo. Nunca os hice un regalo de bodas, pues ahora os lo hago.
Ah, y otra cosa.
He hablado con don Antón. Por fin ha encontrado compradores para su fábrica.
Ah.
Gánate a los nuevos dueños cuanto antes.
No, no. Mejor de eso se encarga usted.
No, ya no.
Ahora es cosa tuya.
Yo…
me estoy muriendo.
Pero ¿qué dice, tío?
Pero…
el Dr. Calderón dijo que estaba bien.
A todo el mundo le llega su hora. La mía ha llegado ya.
Insuficiencia cardíaca. No me llega la sangre al corazón.
Pero esto no puede ser.
Buscamos otro médico, no…
No.
No merece la pena.
Es cuestión de semanas, como mucho.
Venga, comed, que está muy bueno.
Venga.
Tenga, don Ramón.
- Un café. - Gracias.
Siéntate.
No te lo puse fácil cuando llegaste, ¿verdad?
Ni usted ni Manuel, la verdad.
Pero aquí estamos.
Los Cervantes tenemos nuestras cosas, pero…
no somos tan malos como dicen.
Depende del día.
Y tú sigues tan respondona como siempre.
Durante mucho tiempo, pensé que me había equivocado contigo.
Pero no he podido escoger una esposa mejor para Manuel.
Lo has enderezado.
Has sacado adelante a Nicolás.
Y ahora llevas un Cervantes.
Lo que más me duele es que…
no voy a poder conocerlo.
No diga eso, don Ramón.
Usted todavía tiene que dar mucha guerra, ¿de acuerdo?
¿Me permites?
Claro.
¿Don Ramón?
Don Ramón.
¡Don Ramón! ¡Don Ramón!
¡Manuel!
Ya casi estamos, tío.
Tío, un último esfuerzo.
Puedo hacerlo solo.
Don Ramón, deje que lo acompañe a su habitación.
Puedo hacerlo solo perfectamente.
Ha vuelto a sufrir un amago de infarto. Estará así hasta el final.
Compréndelo, Manuel. Conozco a tu tío desde hace años y…
nos pidió que no se lo contásemos a nadie.
Ya…
- ¿Desde cuándo sabe que se está muriendo? - Hace año y medio que lo diagnostiqué.
Por eso fue a buscarme a Almería.
Si ha aguantado tanto es porque quiere ver a vuestro hijo.
¿Qué pasa?
Que se está muriendo don Ramón.
¿El señor Cervantes?
Por algo del corazón. Blas se va para la finca.
Así nos deja tranquilos.
¿Qué?
¿Os parece bien que nos matemos a trabajar para pagar su maldita multa?
Pues eso. Me voy, que todavía me despiden.
- Cariño, ve con cuidado. - Me tumbaré en una hamaca.
¡Don Blas, espere!
¡Espere!
- ¿Qué pasa? - Dice que tiene que hablar con tu tío.
Eh…
Pero ¿de qué?
Tengo algo que decirle.
Es importante.
- Está bien, está bien. - Yo la acompaño.
Pero, por favor, que no se altere.
Ramón.
¿Qué hace esta aquí?
Concha ha venido a verte.
Quería hablar contigo.
¿De qué?
Vengo a hablarte de mi hermana Carmen, que en paz descanse.
Nunca te he perdonado el daño que le hiciste.
Carmen no te lo dijo nunca.
Pero no estuvo con más hombres en su vida.
¿Qué estás diciendo?
Lo que oyes.
No puede ser.
Ramón…
jamás estuvo con otro.
Entonces…
¿Claudia es…?
Es tu hija.
Mi hermana me hizo prometer que no se lo diría a nadie.
Pero ahora que tú estás así…
debes saberlo.
¿Claudia lo sabe?
No.
¿Cómo iba a soportar que el hombre al que más odia sea su padre?
Mi sobrina ha heredado tu carácter.
Tío, ¿todo bien?
Tío, ¿qué ha pasado?
Trae a Claudia.
No, tío, no creo que sea el momento. Deje a Claudia en paz.
¡Tráela!
Date prisa.
Concha, ¿se puede saber qué le has dicho a mi tío?
Si no te lo ha contado él, no seré yo quien lo haga.
Está bien. Voy a ver si me lo cuenta Claudia.
Voy contigo.
Otra vez con la jornalera.
¡Padre!
¡Don Víctor, no!
¡Eh!
¡Levanta! Me dijo don Ramón que eres una vaga.
¡Apártate, bruto! Sal de aquí.
Claudia, ¿qué pasa? ¿Qué te duele?
Vale, tranquila, que…
¿Qué pasa? ¿Qué está pasando?
A ver, apartad.
¡Hay que llevarla al médico ya!
- Claudia, tranquila. - ¡Julián! Julián, ayúdame.
Vamos, al coche. Al coche.
Venga, vamos.
María…
¡María!
María…
¡María!
¡Tío!
¡Tío!
Manuel…
Manuel…
¿Dónde…? ¿Dónde está Claudia?
Claudia no va a poder venir. Tranquilo.
Dile a Claudia que es una Cervantes.
¿Qué?
Es…
Es mi hija.
Tío.
No… No.
No… ¡No, tío!
¡Tío!
¡Tío! ¡Tío! No…
¿Estás bien?
La verdad es que se le echa en falta.
Yo sabía que, en sus tiempos, mi tío había sido un mujeriego.
Lo que jamás me hubiera imaginado es lo de Claudia.
Creo que tendrías que ir a hablar con ella.
Concha todavía no le ha contado nada.
- Don Antón. - Manuel, te acompaño en el sentimiento.
- Gracias. - Ramón era un gran hombre.
- Gracias. Pase, por favor. - No, gracias. No te quitaré tiempo.
He venido a presentarte al nuevo propietario de la fábrica.
Venimos ahora del notario.
- José. - ¿Os conocéis?
Me alegro de verte. Aunque sea en estas circunstancias.
Te acompaño en el sentimiento. María.
¿Nuevo propietario?
Sí, la fábrica está muy bien situada y tengo muchos planes para ella.
Bueno, pues, si ya os conocéis, yo no pinto nada aquí.
Ojalá te vaya tan bien con él como a tu tío conmigo.
Los Cervantes son gente de orden.
Eso espero, don Antón.
- Cuídese. - Hasta luego.
Quiero que sepas que todo va a seguir siendo igual.
He estudiado las cuentas de don Antón y voy a seguir comprándote el mismo trigo.
Esos son mis planes para los próximos años.
Como ves, no tienes de qué preocuparte.
Y una de las condiciones de don Antón era que respetase a los antiguos clientes.
- ¿Qué te parece? - Pues parece que está todo correcto, sí.
Veo que el embarazo sigue bien.
Sí.
Me alegro. Mucho.
Las noticias vuelan en Almería.
Bueno, yo soy de la familia, Manuel.
Sagrario no para de decirles a todos que va a tener un nieto.
Ah.
Bueno…
No, no. Quédatelos.
De verdad. Si ves algo que no cuadre, me lo dices.
- Prepararé la cena de Nicolás. - Sí.
Yo también me voy.
He alquilado una casa en Sigüenza.
- Ah. - Voy a reunirme con el propietario.
Bueno…
Lo dicho, cualquier cosa que necesites…
- ¿Quieres uno? - No, no.
¿Qué pasa?
¿Que qué me pasa?
Que José nos tiene en sus manos, eso me pasa.
¿Y por qué dices eso?
Porque podría dejar de comprarnos trigo.
Y ahí sí que tendremos un problema.
Ha dicho que seguirá comprándonos la misma cantidad.
Ya… Y tú te lo has creído, ¿no?
Yo creo que se ha montado una comedia.
Y dudo que haya venido solo por negocios.
Según dijo, quería comprar la fábrica porque estaba bien situada.
Bien situada está, pero un poco lejos de Almería también.
- Quiere estar cerca de ti. - Manuel…
- ¿Qué? - ¿Qué más nos da eso?
- ¿Tú sabías algo de esto? - ¿De que quería comprar la fábrica? No.
- ¿Seguro? - Manuel, te juro que no tenía ni idea.
Está bien, perdona. Te creo.
Lo siento.
- ¿Qué? - Sí. Yo tampoco me lo podía creer.
- De hecho, aún no… - Mira…
Tu madre y don Ramón
estuvieron juntos desde que eran muy jóvenes.
¿Me estás diciendo que ese hijo de puta era mi padre?
¿Que el hombre que me hizo trabajar hasta perder a mi hijo era mi padre?
- Claudia… - ¿Es eso?
Claudia…
- tranquila. - ¡No, tranquila tú!
¡Ese cabrón nos hizo pagar un dinero que no tenemos!
¡Él fue el culpable de mi aborto!
¿Y ahora me estáis diciendo que era mi padre?
¿De verdad me estáis diciendo eso?
No se lo tengas en cuenta.
La entiendo, pero ella debe entender que mi tío no tiene culpa de su aborto.
Buenos días.
Siento mucho la muerte de don Ramón. Te acompaño en el sentimiento.
Gracias.
Dicen que estaba mal del corazón.
Desde hace tiempo. Se lo tenía muy callado.
Ya sabemos cómo era.
¿Tú qué tal estás?
Bien.
Bien.
He conseguido un nuevo trabajo.
Agradecida de que vuelvan a confiar en mí.
Vaya, pues nos alegramos mucho por ti, Justa, ¿verdad, María?
Ya nos veremos.
Seguro que sí.
- ¡Dime qué estás buscando! - María.
¿Tenías que comprar esta fábrica?
He hecho un buen negocio.
Me enteré cuando vine a buscarte. Hice cuentas y la compré.
No me tomes por tonta.
Hijo…
He venido porque te quiero.
Quiero estar cerca de ti.
- Y de nuestro hijo. - ¡No digas eso!
¡Que no digas eso! ¡Que este niño es de Manuel!
Si tanto me quieres, ¡deja de repetirlo!
- Por favor. - Por supuesto.
- Prométemelo. - Eres una mujer casada.
Te lo prometo. Esto va a quedar entre tú y yo.
Pero no puedes evitar que lo piense.
Has venido a tiempo para conocer al encargado.
Le dije que terminara sus estudios, pero se empeñó en trabajar conmigo.
María.
- Qué ganas tenía de verte. - ¿Qué tal el viaje?
- Increíble. He tardado solo diez horas. - ¿Para eso tiras tu carrera a la basura?
- ¿Para comprarte ese cacharro? - A ver…
José me ha dado una oportunidad y yo la he aceptado.
- El país va bien. Hay que aprovechar. - No sé de qué me suena eso.
¿No te alegras?
¿No ves el esfuerzo que hice para que tuvierais un futuro?
Y te lo hemos agradecido. Muchas veces. Y pudiste salir de aquí y no quisiste.
Tomaste tu decisión y yo he tomado la mía.
Pues no me lo eches en cara.
Lleváis mucho sin veros y estamos en familia.
¿Vamos a tomar un café?
No veas cómo se pone eso en las rectas. Es un cohete. Es increíble.
Tenías razón. ¡Vuela!
- Hola, Gabi. - Hola, Concha.
¿Alguna novedad en la harinera?
Sí. Don Antón nos ha contado que ha llegado el nuevo propietario.
Los trabajadores están un poco asustados por si hay despidos.
Se ha quedado buena tarde. ¿Quieres un vinito?
Oye, ¿cómo está Claudia?
Cariño, ¿cómo estás?
¿No pensabas contármelo?
Tu madre me hizo prometer que no lo haría.
A él bien que se lo dijiste.
No entiendo qué pudo ver en un hombre como él.
No hables así de ella.
Mira, Ramón no era el hombre que tú has conocido ahora.
Y tu madre apenas era una chiquilla cuando se quedó prendada de él.
Cuando me tuvo, no era ninguna chiquilla.
Don Víctor envió a Ramón a Zaragoza.
Y…
no volvieron a encontrarse hasta mucho después, en unas fiestas.
Se acostaron…
y se quedó preñada de ti.
¿Y luego?
Pues… tu madre se dio cuenta de que había sido un error,
que Ramón ya no era ese muchacho del que ella se había enamorado.
Se había vuelto como su padre.
¿Don Ramón no sospechó nada cuando nació Claudia?
Mi hermana no quería saber nada más de él.
Así que…
dijo que… eras hija de un temporero.
Y como todo el mundo lo pensaba, pues él también se lo creyó.
O quiso creérselo. ¿Qué sé yo?
Perdona. ¿El hostal Galicia? ¿Sabes dónde está?
Ahí lo tienes.
¿Y crees que me darán algo de comer?
Para eso mejor vente aquí. La dueña del hostal es maja, pero…
la cocina no es lo suyo.
Es una lástima. Llamándose "Galicia", pensaba que harían…
guisos buenos y esas cosas.
No.
Hola.
Está buscando el hostal.
Bueno, pues muchas gracias. Hasta luego.
Adiós.
No quiero más.
Come un poco más y te vas a jugar. Venga.
¿Ya te lo has acabado todo?
Venga, anda. Vete.
Cada día estás más guapa.
Guillermo está aquí.
Trabajará en la fábrica con José.
¿Cuándo ha venido?
Hoy.
¿Y tú cómo lo sabes?
Porque he ido a la fábrica.
Bueno…
¿Y a qué has ido?
A hablar con José.
Me habías dejado preocupada.
Me ha asegurado que va a seguir surtiéndose del trigo de la finca.
Ya…
María, de verdad, no es momento para que tú te encargues de esas cosas.
Déjame a mí, por favor.
Solo lo he hecho para asegurarme de que no nos iba a engañar.
Ya… ¿Y habéis hablado de algo más?
¿De qué más vamos a hablar?
¿Seguro que no viene con otros propósitos?
Bueno, a mí me dan igual sus propósitos. A mí solo me importas tú, ¿eh?
Que te quede bien claro.
- ¿Qué piensas? - Nada. Estoy dándole vueltas a una idea.
Cuando lo tenga más claro, te lo cuento, ¿vale?
Me parece bien.
Soy consciente de que vuestras familias viven gracias a esta fábrica.
Yo también he sido asalariado mucho tiempo. Por eso os entiendo.
Así que quiero tranquilizaros.
No va a haber despidos.
Es más, mi intención es, dentro de no mucho tiempo,
subir el salario a toda la plantilla.
No estoy muy familiarizado con lo del refinado de harina y demás,
así que no os sorprendáis si confundo el trigo con la cebada.
Nada, es una broma.
Me gustaría presentaros a Guillermo. Será mi mano derecha.
- Se encargará de hablar con vosotros. - Efectivamente.
José tomará las decisiones estratégicas y llevará las relaciones con los clientes.
Y yo estaré aquí, con vosotros.
Así que, cualquier duda o cualquier problema que pueda surgir,
me lo decís a mí y lo solucionamos sin molestar a José.
Por último, me gustaría presentaros a quien se encargará de abrir y cerrar,
de organizar los turnos de limpieza…
Supongo que todos la conocéis.
Es Justa.
Y la chica: "Vuelta la burra al trigo".
¿Algún sitio para tomar algo?
Depende de lo que busques.
No sé, tomar algo y escuchar algo de música.
La taberna.
Aunque, si lo que buscas son chicas, no hay ninguna libre en el pueblo.
¡Claudia, espera!
Ojalá haberle restregado que era su hija.
- No hables así. - Hablo como quiero, Gabi.
Hablo de mi padre como me da la gana.
Mi tía dice que se quedó mudo cuando se lo contó al muy cabrón.
A lo mejor se murió del susto.
Mi amor, tienes que sacar el lado bueno de todo esto.
¿Cuál?
No sé…
Puedes pedir una compensación o algo así.
- ¿Qué dices, Gabi? ¿Qué compensación? - Algo te corresponderá de la herencia.
Pero nadie lo sabe ni estoy en ningún papel ni nada.
Seguro que hay una manera de pedir lo que te corresponde.
Adelante.
¿Qué tal va todo?
¿Qué tal con María?
Tengo que darle más tiempo.
Pero necesito saber cosas que puedan sernos de utilidad.
Las próximas semanas, los Cervantes se enfrentan a muchos gastos.
Proveedores, jornaleros y esas cosas.
Don Ramón siempre se quejaba por estas fechas.
Decía que venían semanas de poca liquidez.
♪ Ven, ven, ven, ven. ♪
♪ Los chicos con las chicas quieren estar. ♪
♪ Las chicas con los chicos han de vivir. ♪
♪ Y estando todos juntos deben cantar. ♪
♪ Los viejos pararán, me imitarán a mí. ♪
♪ Se modernizarán… ♪
Mira, el del otro día.
♪ La edad de piedra ya pasó, al menos por aquí… ♪
Ya… Es el nuevo encargado de la fábrica.
¿En serio?
Pues tiene mucho estilo vistiendo.
Sí, sí… Seguro que esos pantalones son cómodos para cargar sacos de harina.
¿Hablas de mí?
A lo mejor.
¿Pasa algo?
- Ya es la segunda vez. - Ah.
¿Y te molesta?
Ya vale, Custodio, ¿mm?
♪ …que al anochecer podamos pasear, bailar y hasta correr. ♪
♪ La gente no nos mirará. No hay nada que esconder. ♪
♪ Y hasta los viejos van a comprender… ♪
María, es tarde. ¿No vienes a dormir?
Ahora, cuando termine esto.
Puedes seguir mañana.
¿Qué pasa?
Nada.
¿Ha pasado algo más con José?
No.
¿Seguro?
No, estaba…
Estaba pensando en Claudia.
Ahora que empezábamos a llevarnos bien, justo pasa lo de…
lo del aborto y la muerte de tu tío.
Nos hemos distanciado.
No debe de ser fácil encajar que la persona que más odias
era tu padre.
¿Tú cómo estás?
- Bien. - ¿Mm?
Mañana salgo de viaje. No estaré en todo el día.
He contactado con una fábrica de harinas de Soria mucho más grande que la de aquí.
Voy a intentar venderles todo nuestro grano.
Así no dependeremos de José.
Ahora que no está mi tío, haremos las cosas a nuestra manera,
¿no te parece?
Me parece muy bien.
- ¿Cómo estás? - ¿Tú qué crees?
¿Tienes un momento?
- Hace mucho que no hablamos. - No.
Echo dos jornadas al día para pagar la multa. No sé si te acuerdas.
Oye, que yo no tengo la culpa de lo que ha pasado.
La tengo yo, ¿no? Por ser pobre.
María, estoy harta de que los señoritos como vosotros os salgáis con la vuestra.
Estás avisada.
Justa.
¿Qué haces aquí?
Ganarme el pan.
Cuando me echasteis, me quedé sin nada. El trabajo es sencillo y José paga bien.
- Ya… - Además, aquí me entero de muchas cosas.
¿Qué quieres decir?
Que hablo mucho con el antiguo novio de María.
No te lo tomes a mal, Manuel. Me preocupo por ti.
Pero he averiguado muchas cosas sobre el hijo que espera María.
Mucho cuidado con lo que dices, Justa.
Si no me crees a mí, hay alguien a quien sí vas a creer.
Buenos días.
Eso le pasa por arreglarse más que Conchita Velasco.
¿Has sido tú el que ha puesto eso ahí?
Te estoy preguntando.
¿Qué?
- ¿Qué ha pasado? - Nada.
- Ha puesto el saco para que tropiece. - ¿Seguro que ha sido a propósito?
Entonces, no podemos hacer nada.
Si tienes problemas con él, me lo dices y lo metemos en vereda, ¿vale?
Venga, a trabajar.
¿Qué?
¿Has pinchado?
¿A ti qué te parece?
Si hay algún taller cerca, te llevo.
¿Me estás vacilando?
¡Eh!
¿De qué vas?
Me estás provocando desde que llegaste.
♪ ¡Eh! ♪
♪ Come on, everybody, salgamos esta noche a rocanrolear. ♪
♪ Cuando suena el jukebox mi chamaca siempre me saca a bailar. ♪
- Hola. - Hola.
Quedarte aquí con todo el sitio que hay en casa…
Bueno… tampoco es que me dieras un recibimiento muy caluroso.
Además, tampoco pensaba quedarme.
Con vosotros, digo.
Es la primera vez que estoy a mi aire y…
lo estoy disfrutando.
Esto lo tienes bastante bien.
Siempre has tenido mucho gusto.
Menos para la música.
Donde esté una buena copla, que se quiten los Rolling, ¿no?
Oye…
Mira, me pilló por sorpresa vuestra llegada y no reaccioné bien.
Si no quieres estudiar, yo no puedo impedírtelo.
¿Me perdonas?
Cuando le dije a Luisa que me venía…
me dijo que te ibas a enfadar.
Que te ibas a enfadar muchísimo.
¿Sabes qué le dije?
- "Aunque sea cabezona, se le pasará". - ¿Cabezona?
¿Yo?
No me faltes al respeto. Eres el pequeño.
Ven, dame un beso.
Claudia.
- ¿Qué pasa? - Queremos hablar con Manuel.
Manuel está de viaje, pero no creo que tarde en llegar.
¿Por qué?
Este hombre es mi abogado.
Soy la hija de Ramón Cervantes y voy a reclamar mi herencia.
Esta finca me pertenece.
Si de verdad quieres saber lo que pasa entre José y María,
ven esta noche a las nueve,
cuando vuelvas del viaje. Estaremos solamente José y yo.
Comprobarás lo que te digo.
¡Escúchame! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
No vuelvas a llamar aquí.
Tranquilo, seguro que se arregla.
¿Sabes algo de María?
- ¿A qué viene ahora hablar de María? - No sé, solo preguntaba por saberlo.
¿Manuel sabe algo?
No sabe nada.
¿Y no debería saberlo?
¿Es buena idea que sepa que ese hijo es mío?
Además, le prometí a María que no se lo diría a nadie.
¿Cuándo pensabas contarme que quizá el niño no es mío?
¿Me ibas a tener engañado toda la vida? ¿Es eso? ¿Esa era tu idea?
Manuel, yo quería contártelo.
- ¿Sí? - Manuel ya lo sabe.
Yo no le he dicho nada.
¿A que no sabes quién acaba de llegar? Tu jefecito.
La verdad es que no está nada mal. ¿Estás celoso?
¿Yo?
Quiero lo que me pertenece.
Estoy dispuesto a compartir mis tierras, es lo justo.
De repartir, nada. Has tenido esas tierras toda la vida, ¿no?
- Ahora me toca a mí. - Manuel ya lo sabe todo.
Nos escucharía hablar ayer. Me parece que vi su coche.
- Vía libre para ti. - Esto podría dejar de ser nuestro.
Mejor ir haciéndonos a la idea.
Necesito ayuda en la finca.
Pregúntale a Claudia, como ahora es la finca de su familia…
Manuel.
- Me voy a Madrid. - ¿Me estás dejando?
¿Qué le digo a Nicolás?
Invéntate algo, que eres muy buena mintiendo.
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