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- ¿Y tu mujer? - No sé. No ha dormido aquí.
- ¿Y dónde está? - Se ha esfumado.
- Me cago en los muertos de esa andaluza. - ¿Qué le han hecho mis muertos?
Mercedes, se acabó. Vete de aquí ahora mismo.
- ¿No vamos a decir nada? - Tú también.
¿Cómo se te ocurre?
Tu tío no permitirá que sigamos durmiendo separados.
¿Qué propones?
Hacerle creer que dormimos como un matrimonio.
Puedo darle un diagnóstico: epilepsia.
Duermen juntos, pero como hermanos.
- ¿De qué se conocen? - Vino a la consulta con su hijastro.
Ahora veremos si cumple con sus obligaciones de casada.
Si no te echo a patadas es porque a lo mejor estás embarazada.
Has engañado a mi tío. Si cree que consumamos es porque no eres virgen.
Cuidado, que he puesto matarratas.
Sé que ha sido uno de vosotros.
Encontraron muerta a Mercedes.
Encontraron veneno en unos vasos de leche junto a ellos.
Iniciaré los trámites para ingresarlo en un centro para enfermos mentales.
- ¡Nicolás, espera! - ¡Que te vayas!
¡Nicolás!
La crecida del río, que ha revuelto toda la tierra.
El cuerpo llevaba años allí.
No nos devolverán el cuerpo hasta que acabe la autopsia, pero…
hay que empezar a pensar en el entierro.
En eso estamos, padre.
¿Y Nicolás?
- En su cuarto, jugando. Aún no sabe nada.
- No queríamos que le diera otro ataque. Pero hay que decírselo.
Mejor que se entere por vosotros.
Ya me encargo yo. Voy a hablar con él.
Y a ti, María,
tengo que pedirte un favor.
Necesito un vestido de Llanos para cuando la enterremos.
Para ponerlo en el ataúd, al lado del cuerpo.
Creo que a ella le gustaría.
Justa, elígelo tú.
Yo no sé cuál le hubiera gustado más.
Justa, el azul, por favor.
Aquí está.
Ese.
¿Estás bien?
He perdido a una amiga.
Y esta vez es para siempre.
Justa.
¿A ti alguna vez Llanos te habló de alguien llamado Jorge?
¿Por qué?
Porque encontré una carta de Llanos para Jorge.
Mm.
No sé, me imagino que querrá saber qué le ha pasado.
Para él también desapareció de un día para otro.
Veo que también te has dado cuenta.
Si ella nunca se marchó, ¿qué pasó?
Eso es lo que se preguntará todo el pueblo.
Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los romanos.
Ya sé que no quieres estar aquí, pero cambia un poco la cara.
Y gracias por acompañarme.
En el entierro de Mercedes y Roque, nadie. Hasta en eso han sido pobres.
"Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza,
en el tiempo señalado,
Cristo murió por los impíos.
Ciertamente,
¿alguien se atrevería a morir?
Pues bien, Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros pecadores,
Cristo murió por nosotros. Con cuánta más razón,
justificados ahora por su sangre, seremos salvados del castigo".
"Cuando éramos enemigos, fuimos…".
Es Alonso, el hermano de Llanos.
Hace muchos años que no viene al pueblo.
"Y no solo eso,
sino que también nos gloriamos en Dios,
en nuestro señor Jesucristo,
por quien ahora recibimos la reconciliación".
Señor,
te encomendamos el alma
de tu hija Llanos.
Aunque está aquí, muerta ante nosotros,
vive en tu presencia.
Por tu inmensa bondad…
perdónale los pecados que ha cometido por su humana fragilidad.
Por vuestro señor Jesucristo.
- Amén. - Amén.
Siento mucho su pérdida.
- Gracias. - Le doy mi pésame.
Gracias.
Gracias.
¿Y Nicolás?
Hemos pensado que era mejor evitarle todo esto.
Es muy pequeño aún.
¿Y tú?
Eres la nueva esposa, ¿no?
- Gracias. - Lo siento.
- Lo siento mucho. - Gracias.
Gracias.
Ustedes perdonen, estábamos esperando a que acabara, pero no podemos retrasarlo.
Tenemos que presentarnos ya en el cuartel.
¿En el cuartel? ¿Qué ocurre?
Don Manuel Cervantes, queda detenido. Haga el favor de acompañarnos.
¿Se puede saber qué pasa aquí?
Soy muy amigo del gobernador civil, así que cuidado con lo que haces.
Han llegado los resultados de la autopsia.
Llanos murió asesinada.
Seguro que solo es un trámite hasta que se aclare todo.
Lo han detenido por asesinato. ¿Es que no lo ha oído?
Claro que lo he oído.
Y que ya estaba muerta cuando la tiraron al agua.
¿Con qué derecho acusan a Manuel?
- Porque fue el último que la vio. - ¿Quién lo dice?
Ahora mismo hago unas llamadas y soluciono esto.
No consentiré que mi sobrino pase la noche en ese calabozo.
Le acompaño.
Ay, María, todavía no me lo puedo creer. ¿Has podido hablar con Manuel?
Ahora vamos.
María, no te lo tomes a mal.
Mejor no vengas mucho por el pueblo estos días.
Hola, soy Ramón.
La gente puede ser cruel. Con don Ramón no se atreverán, pero…
- contigo no van a tener reparos. - No me importa lo que piensen.
¿Y tú? ¿Qué vas a hacer si todo esto es cierto?
No, no. Una confusión.
¿Y si fue él?
Han detenido a mi sobrino, pero…
Pase, don Ramón, pase.
Aprovecho para decirle lo mismo que a don Alonso.
Haber encontrado el cuerpo no cambia nada respecto a su herencia.
Todo sigue igual que cuando desapareció.
Algo debería cambiar.
Su marido se lo quedó todo, y es el que la mató.
¡Manuel no es ningún asesino! ¡Cuidado!
Usted sale ganando, ¿no? Le vino bien el dinero de mi hermana para su finca.
Era parte de la dote. ¡Nos lo dio en vida para ayudar!
No es momento de discutir esos temas.
¿Qué quería?
Viene un abogado de Madrid. Espérenlo.
Pues sí, hace bien en buscarse un buen abogado.
En un caso como este, con la víctima embarazada…
Si es declarado culpable, está contemplada la pena de muerte.
Eso depende del juez, pero los hay que, en casos como este,
lo ponen en el garrote vil.
Tres minutos.
María.
Te prometo que yo…
- jamás le puse una mano encima. - Lo sé.
Ya te lo dije una vez.
Tú no eres ningún asesino.
Hay algo que tengo que contarte. Ven, siéntate.
Encontré una carta de Llanos.
Pero era para otro hombre.
Yo ya sabía que había alguien.
Llanos y yo hacía mucho tiempo que no…
Bueno…
Cuando nos casamos, éramos demasiado jóvenes. Sobre todo ella.
La vida en la finca era demasiado aburrida para una mujer así.
El campo es duro. Y mi tío, más. Bien lo sabes tú.
¡Mamá!
Tardé demasiado en ver que la había perdido.
Le estoy dando de comer a los caballos con papá.
Tienes que volverte a casa.
¿Adónde vas? ¿Puedo ir contigo?
No. Cariño, mamá tiene que irse sola.
¿Por qué?
¿Recuerdas lo que te conté sobre los secretos?
Que, si lo cuentas, deja de ser un secreto.
Pues mamá tiene uno.
Te prometo que volveré a por ti.
¡Nicolás! ¿Qué haces ahí?
Por aquel entonces, yo…
Bueno, trabajaba de sol a sol y…
Ella simplemente se buscó a otro hombre al que querer.
Se llamaba Jorge.
¿Tú sabías quién era?
No, no conocía su nombre.
¡Llanos! Llanos, ¿qué haces?
- ¿Dónde vas? - No, déjame.
¿Dónde vas?
Me voy y no voy a volver.
¿Qué estás diciendo? ¡Nicolás, entra en casa!
Yo no entendía nada. Solo… quería que me contara qué estaba pasando.
Vale. Si quieres, nos vamos,
pero nos vamos los tres: Nicolás, tú y yo. Podemos empezar de cero lejos de aquí,
- lejos de mi tío. - Me están esperando.
Dijo que se iba con otro.
No sé, María, esa noche todo pasó tan rápido que…
Llanos, te pido por favor que pienses en Nicolás.
¿Crees que no lo pienso?
Esa fue la última noche que la vi.
Ahora entiendo mejor sus prisas.
Quería irse antes
de que me diera cuenta de que estaba embarazada.
Eso es lo que yo no entiendo.
¿Y si fue Jorge quien la mató?
¿Eh? ¿Por qué nadie piensa eso?
No. Ese tal Jorge solo existe en los rumores. Nadie sabe quién es.
¿Para qué sacar ahora su nombre, María?
No quiero poner en boca de todo el pueblo algo que ya…
Que ya fue.
No quiero ensuciar el nombre de Llanos una vez más.
- No se lo merece. - Manuel.
Hay que contárselo al sargento.
- No. - ¿Cómo que no?
Vayan despidiéndose.
María, no lo entiendes.
No tengo manera de demostrar lo contrario.
Están hablando de pena de muerte
por algo que tú no has hecho.
¡Venga!
No te puedes rendir tan fácilmente. Tienes un hijo.
Tienes que luchar por él.
Dios sabe que soy inocente, y con eso me quedo.
Tenga, don Ramón. Tiene que comer algo.
¿Quién piensa en comer ahora?
Debo encontrar la manera de sacar a mi sobrino de ahí.
A tu marido, ¿entiendes?
¿Cómo puedes pensar en comer?
- Igual yo podría ayudar. - ¿En qué?
¿Tienes contactos? Porque es lo que ahora se necesita, precisamente.
Me he pasado toda la mañana
mendigando puerta por puerta, despacho por despacho, pero nadie escucha.
Para otras cosas, las puertas siempre están abiertas.
Pero para un asesinato… La gente no quiere mancharse las manos de sangre.
Se lo prometí a mi hermano antes de morir,
que cuidaría de Manuel como a un hijo. Y eso voy a hacer.
Me voy a la taberna a hacer un par de llamadas. Tú despeja esa mesa.
Mañana instalan el teléfono. No puedo decir según qué cosas en el bar.
Don Ramón, ¿conoce a algún Jorge que haya trabajado para usted?
Nunca ha habido ningún Jorge aquí.
¿No? ¿Algún peón o algún jornalero? ¿Alguien del pueblo?
No. Qué cosas para preocuparse ahora mismo, de verdad.
Gracias.
Te he traído comida.
- Quería verte. - Justa, por favor.
Aquí las paredes escuchan.
Deja que imaginen cosas y lo mío se complicará aún más.
¿Qué te dice el abogado?
Lo ve muy difícil.
¿Y por qué no buscan al amante de Llanos? Se fue con él después de hablar contigo.
¿Tú también, Justa?
De verdad, yo no quiero remover más las cosas.
¿Cómo que "yo también"?
¿Quién más te ha hablado de él?
María está convencida de que Jorge es el asesino y…
que, si lo encontráramos, yo me libraría del garrotillo.
Lo siento, pero don Ramón no está. Volverá más tarde.
Mejor.
Venía a ver a Nicolás.
Si no te importa.
Qué grande está.
¿Cuándo fue la última vez que lo viste?
Nunca.
Los Cervantes y yo discutimos antes de que naciera.
Es una larga historia.
No pensé que fuera a costarme tanto. Es…
Es igual a Llanos.
No he sido el mejor de los cuñados.
Al final, terminarás enterándote igual.
Tuve problemas con el juego.
Pero ya no los tengo.
Ahora quiero hacer las cosas bien por…
la memoria de Llanos y también por Nicolás.
¿Y tú?
¿Yo qué?
¿Qué vas a hacer?
¿Hacer qué?
Cuando ajusticien a Manuel.
María,
ve haciéndote a la idea.
La mató él. Estás casada con un asesino.
Perdona.
Perdona, siento si…
te he molestado siendo sincero.
Me recuerdas a Llanos.
Cuando lo ajusticien, no habrá nada que te retenga aquí.
Serás una mujer libre.
Pero no tendrás dinero.
Porque no heredarás nada.
Todo esto es de Ramón.
Y, aunque quisieras quedarte con algo, él lo evitará.
A mí no me parece justo.
Necesito hacerle justicia a mi hermana.
No pido mucho, solo el dinero que ella puso en esta finca.
Si me ayudas a recuperarlo, te daré una parte.
Tendrás dinero, serás libre y…
podrás escapar de aquí.
Piénsalo.
De verdad, no corre prisa.
Me gustaría que me vieras como alguien que puede ayudarte.
Ha llegado el momento.
¿Llanos te habló de Jorge?
Mm… No.
No, no me suena.
Pero hacía tiempo que no hablábamos.
Los Cervantes no la dejaban verme.
Piénsatelo.
Mi querido Jorge, tengo tantas ganas de reunirme contigo…
Ya estoy segura de mis sospechas.
Para nuestra felicidad, somos tres.
Justa.
¿Estás bien?
Tenemos que hablar.
Siéntate, por favor.
Te mentí.
A ti y a todos.
Sabía que Llanos se veía con otro hombre.
Me daba las cartas que él le escribía para que las guardara.
No quería tenerlas en esta casa.
¿Tú lo conocías?
Yo solo era su coartada.
Cubría sus encuentros para que Manuel no se enterara.
¿Quién es Jorge?
Jorge Ortuño.
Notario, buena familia, de Guadalajara…
Pero eso está aquí al lado.
¿Y nunca quisiste ir a verla?
Yo nunca he salido de este pueblo.
Además,
de haberse fugado, no estarían en Guadalajara.
Él también tenía una mujer y unos hijos.
Te parecerá una tontería,
pero pensé que, si no tenía noticias, era porque estaba bien.
No quise entrometerme, y me equivoqué.
Pero prefiero verlo por el lado bueno.
Durante todos estos años, al menos para mí,
ella estaba viva.
Viva y feliz.
Hay cartas de Alonso.
Le escribía de vez en cuando.
¿Por qué me lo cuentas ahora?
Porque si aquí hay alguna posibilidad, no podemos quedarnos quietas.
Manuel es inocente.
Querida Llanos, yo también pienso mucho en tu propuesta.
No puedo sacarte de mi cabeza. Eres la dueña de mis pensamientos.
No hago más que dar vueltas a empezar de cero juntos
y centrarnos el uno en el otro,
conseguir la felicidad que merecemos,
despertarme a tu lado cada mañana… Eso es lo único que importa.
¿No tendrás problemas con tu marido?
Tranquila. Mientras no mire el kilometraje, ni se entera.
- ¿Seguro? - Sí.
Si no, algo me invento.
Pero tú, María, ten mucho cuidado.
Si es verdad lo que piensas,
ese hombre es peligroso.
Si tardas mucho, llamo a la Guardia Civil.
Bueno.
Bueno.
- Gracias. - Buenos días. ¿Puedo ayudarla?
Buenos días. Quería hablar con el Sr. Ortuño.
- ¿Tenía cita? - No, pero seguro que querrá verme.
¿Y por qué querría verla?
Porque los dos tenemos una conocida en común: Llanos.
Pase a mi despacho, estaremos más cómodos.
Gracias.
No hay nada que hablar sobre ella.
Lamento mucho su muerte, pero esa historia lleva años cerrada.
Eso dígaselo a la Guardia Civil.
Solo quería confirmar que usted es el Jorge que buscaba.
Soy un hombre casado.
Y con una familia.
Con una reputación que mantener. No quiero problemas.
- ¿Qué quiere? ¿Dinero? - No, no.
Justicia.
Bien. Pues yo no he hecho nada.
No tienen con qué acusarme.
- Yo no le intereso a la Guardia Civil. - Pero sí las cartas que le escribía.
Esas cartas solo demuestran que yo amaba a Llanos.
Nos íbamos a fugar. ¿Por qué iba a matarla?
No lo sé.
Porque la fantasía de fugarse con ella con un bebé no es lo mismo.
¿Un bebé?
¿Cómo que "un bebé"?
Deje de fingir.
Lo del embarazo ha salido a la luz. Todos hablan de ello.
Yo no sabía nada.
- ¿Llanos no le dijo nada? - No llegué a verla esa noche.
La estuve esperando horas.
Hasta que comprendí que no vendría.
Supuse que…
se había arrepentido.
Luego escuché rumores de que…
había desaparecido.
Incluso decían que la habían matado. Se decían muchas cosas.
Y me entró el miedo.
¿Y por qué no dijo nada?
Porque yo tampoco sabía dónde estaba Llanos.
Tenía una vida a la que volver.
Tengo una familia.
Tengo un nombre. Estos rumores casan muy mal con mi trabajo.
Había perdido mi vida nueva y no quería comprometer la otra.
A Llanos le habría gustado que la tuviera.
No creo que encuentres nada más en estas cartas.
Yo creo que ese hombre no me mentía.
Quiero leer las de Alonso.
Algo me dice que nos estamos equivocando.
¿Tú recuerdas qué decía en estas cartas?
No sé, el mismo tema de siempre de Alonso.
La dote de Llanos, la herencia de la familia…
Hay algo que no me queda claro de todo lo que me has contado.
A Llanos no se le notaba el embarazo.
Estaba de muy pocas semanas. Me has dicho que ni su amante lo sabía.
Entonces, ¿por qué huir tan precipitadamente?
Manuel iba a tardar semanas en darse cuenta.
¿Tú has leído esta?
- En su momento, sí, pero no me acuerdo. - Es la última que le envió. Mira.
"Si sigues sin responderme, no tendré más remedio que ir a visitarte".
Vayan terminando.
Fuerza, Manuel. Moveré todos los hilos que tenga que mover.
Pero te juro que te saco de aquí.
Aunque tenga que hablar con el mismísimo juez.
Sabía que eras lista.
Y que sabrías valorar mi oferta.
Primero me tienes que explicar en qué consiste todo esto.
Es muy fácil.
Tú aguanta un poco más en esa casa
y yo, desde fuera, te digo qué hacer.
Y no te preocupes, María.
Manuel no se va a librar de esta.
En poco tiempo,
viuda.
Y te vuelves a tu pueblo.
Eso es lo que Llanos habría querido.
¿Verdad?
A Llanos los Cervantes le habían comido la cabeza.
La pobre…
No sabía lo que hacía.
¿Y cómo lo sabes?
Pensaba que Llanos y tú hacía mucho que no os comunicabais.
No me hacía falta para saberlo.
Ya…
Solo te pido una cosa.
Si vamos a hacer tratos, vamos a ser sinceros.
Si no, no hay nada que hablar.
María,
estoy siendo muy sincero contigo.
No, no lo estás siendo.
He visto tus cartas.
Sé que la amenazaste hasta el último momento.
Espera.
Tienes razón.
Pero yo no le hice nada.
No te preocupes.
Yo no gano nada si te culpan a ti.
Piénsalo bien.
Yo no soy ningún buen ejemplo.
Si dejo que un inocente muera, yo también soy una asesina.
No me tienes que demostrar nada.
Llanos está muerta.
Y lo queramos o no, los dos nos vamos a beneficiar.
Y yo que pensaba que te había calado bien.
Hay que ser más cuidadoso.
Tienes razón.
Llevaba noches vigilándola.
Sabía que iba a fugarse con su amante, lo tenía muy claro.
Alonso, ¿qué haces aquí?
Buenas noches, hermanita.
Me ha dado la sensación de que querías escapar.
Y así…
no se trata a un hermano. Sobre todo cuando aún tenemos cosas que hablar.
Ya lo hablamos todo ayer. Ese dinero es de mi hijo.
No tengo la culpa de que te gastaras tu parte de la herencia,
así que déjame en paz.
Hermanita.
Ese dinero lleva nuestro apellido, y ahora está en esa finca asquerosa.
Es tan fácil como que vuelvas, lo recuperes y vuelva a nosotros.
- No pienso volver. - Por supuesto que sí.
Y no te irás hasta que lo consigas y me des mi parte.
¡Que no, Alonso!
¿Qué haces? ¡No! ¡Déjame en paz!
- ¡Déjame! - ¡Cállate!
¡Jorge! ¡Jorge!
- Cállate. - ¡Que me dejes!
¡Déjame!
No todos los días mata uno a su hermana.
El resto fue muy fácil.
Si no se ve,
no ha pasado.
Y nadie lo había visto.
Y ahora tú y yo
podemos hacer dos cosas:
seguir con el trato y hacernos con el dinero de Llanos…
o que tú también desaparezcas.
Elige.
A mí no va a ser tan fácil matarme.
¿En mitad de la iglesia…
vacía?
Va a ser muy fácil.
Y hasta poético.
Igual no está tan vacía.
No tienes pruebas. Es tu palabra contra la mía.
¡Guardias!
Alonso, queda usted detenido. Lo ha contado todo muy bien.
Ahora nos lo va a contar todavía mejor en el cuartel.
¿Qué has hecho, imbécil? ¡Eh! ¡Te estaba ayudando a salir de aquí!
¡Suéltenme!
¡Suéltenme!
¡Vamos! No se resista.
Perdone, don Ramón.
Últimamente, he desatendido las tareas de la finca.
Ya somos dos.
Por fin.
- Vamos a casa. - Por favor.
Gracias.
María.
- ¿Mm? - ¿Has hecho todo esto por mí?
Eres inocente.
Es lo normal.
Ya…
¿Tú te imaginas viviendo aquí?
¿Qué quieres decir? Si ya vivo aquí.
Es decir, que…
No sé, María. ¿Qué…?
¿Qué tipo de vida te imaginas aquí?
Llevamos meses así.
María…
¿Qué?
Es tu tío, que ya se ha convencido con lo del teléfono.
Ah…
No sé quién llamará a estas horas.
No le ha dado tiempo a contar que tenemos teléfono.
- ¿Sí? - María, perdona las horas.
¿Luisa?
¿Qué te pasa?
No quería que la primera llamada fuera así, pero…
No le digas a mamá que te he llamado, ¿vale?
¿Qué ocurre?
Es Guillermo. Está enfermo.
Mamá no quería que te llamara para no preocuparte, pero…
Parecía que iba a ser solo una fiebre, pero es grave. Nos lo acaban de decir.
Es tifus.
¿Tifus?
María, tienes que venir cuanto antes.
Dile a tu familia que no llame a estas horas.
¡Que esto no es Andalucía!
No sé si es el mejor momento para irse.
- Hay mucho que hacer en la finca. - Don Ramón, es mi hermano.
- Y dicen que está grave. - Claro, ¿qué van a decir?
Te asustan para que vayas.
Si no cojo hoy ese autobús, tendré que esperar días.
- Y no sé si puedo esperar tanto. - Tío, déjelo ya.
Va a ir a ver a su hermano le guste o no.
Venga, vete. Que no se diga.
Pero mantennos informados, que para algo he puesto el teléfono.
Bueno, termina de preparar tus cosas. Yo voy buscando el coche.
Gracias.
¿Y tú qué?
- ¿Me ayudas a hacer la maleta? - No.
¿Cómo que no?
- ¿Por qué? - Porque no vas a volver.
Pues claro que voy a volver.
Mira,
como garantía, te voy a dejar este libro, que es muy especial.
Cuídalo, porque era de mi padre.
No lo quiero.
- ¿Por qué no lo quieres? - Porque no sé leer.
Nicolás, yo te he visto leyendo revistas.
Miraba las fotos.
Bueno… Pues, entonces, con más razón te lo vas a quedar.
Cuando vuelva, te enseñaré a leer, a escribir y a lo que haga falta.
¿De acuerdo?
Ayúdame a hacer la maleta, vamos.
Ven. Toma.
Pon esto dentro.
Esto y después esto.
Muy bien.
¿Quieres?
- No lo compliques. - ¿No me has echado de menos?
- Porque yo a ti sí. - Justa, para por favor. Para.
Esto tiene que acabar aquí, ¿me oyes?
No te preocupes.
Ya estoy aquí. ¿Lo tienes todo?
Arranca ya, no quiero perder el autobús.
Pues vámonos.
- No te preocupes, tu hermano es joven. - Sí.
- Tengo que subir. - Escucha, María.
Me gustaría decirte algo antes de que te vayas.
Lo he estado pensando y…
Bueno, si tú quieres, si lo prefieres, no hace falta que regreses.
Que te puedes quedar en Almería.
Por el dinero no te preocupes, yo te iré enviando lo acordado…
Vayan subiendo, por favor.
- Me tengo que ir. - Espera, no he terminado. Es importante.
Escucha.
Es importante, María, porque lo que yo quiero
es que vuelvas.
Sé que estamos casados, pero mi sueño es que lo estemos de verdad.
Que tú, de manera libre,
quieras estar conmigo.
De verdad, creo que…
podemos ser felices. Aprovechar la vida, hacer algo más que trabajar.
María, vuelve solo si tú quieres.
En serio, Manuel, estoy a punto de perder el autobús.
¿Solo vas a decirme eso?
- Señora, nos vamos. - ¡Un segundo!
¿Por qué no se lo dices a Justa?
A lo mejor todavía te espera en el establo.
Eh…
- Espera. María, escúchame un segundo. - Déjame.
¡Mamá!
¡Luisa!
José…
Hola.
¿Qué haces aquí?
Y…
¿Dónde están los demás? ¿Dónde está Guillermo?
Guillermo está mejor.
Están todos en la clínica.
Te estaba esperando para llevarte.
Tu hermano estaba muy mal.
Necesitaba el mejor tratamiento.
No sabía que estaba aquí.
Menos mal que llegó José.
Él consiguió que lo ingresaran.
Lo ha pasado muy mal.
- Justa, no habrá próxima vez. Se acabó. - No hablas en serio.
- ¿Por esa mosquita muerta? - Esa lengua.
¿A qué crees que ha ido a Almería?
Viene y quiere que lo perdone.
Erais muy jóvenes. La gente se equivoca, y él también.
Él te quiere.
- ¿Te ocupas de todo? - Ayudo a tu hermano.
Las cosas no funcionan así.
Debería verla un médico, don Ramón.
Dadle agua y se le pasará.
No quiero que me pase como a mi madre.
Hay algo que le interesará.
He visto esa foto.
El autobús de vuelta sale pasado mañana.
¡Si no lo coges, entenderé que quien te interesa es ese hombre!
¿Sabes por qué he venido?
Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, lo mejor.
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