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Original subtitles

- Espera. - Es la nueva esposa de Manuel.

- Me llamo María. - Justa.

Vengo de vez en cuando a ayudar con la casa y el crío.

No hará falta que vengas más. Ahora se encargará ella.

- Haces falta. - No es lo que dice tu tío.

Pronto se dará cuenta, tranquila.

He tenido mucha paciencia contigo por respeto a tu padre.

- No le tengo miedo. - Pues deberías.

Porque te quedarás sin tierras y sin tu hijo.

Te llamas Nicolás, ¿verdad? Es que desde ahí no te puedo ver.

Eso que me dijiste sobre la muerte de Llanos…

No fue una muerte, fue un asesinato.

- ¿Y cómo estás tan segura? - Siempre vuelve donde la tiene enterrada

para comprobar que nadie lo ha descubierto.

¿Tú la conocías?

Me ha preguntado por Llanos. Y no seré la única con la que ha hablado.

¡María!

- Le has asustado. - Sígueme.

¿Adónde vamos?

¿Quieres saber lo que hice con Llanos? La maté con mis propias manos.

A ver, quieta. Quieta, quieta.

Aquí.

¡Ale!

Gracias.

Ayer volví a encontrar muchas más trampas.

Esos sinvergüenzas se están riendo de nosotros.

¿Y tu mujer?

No lo sé. En casa no ha dormido.

¿Y dónde está?

- Vete a saber. - ¿Cómo que "vete a saber"?

- En algún sitio se habrá metido. - Me da que se ha esfumado.

No digas sandeces.

Ni rastro de sus cosas.

Se veía venir. Seguro que se ha vuelto a su tierra.

No, tenemos un trato.

¿A mí qué me cuenta? No es mi problema.

Nunca terminó de estar a gusto aquí. Nuestro modo de vida no es para todos.

¡Me cago en los muertos de esa andaluza!

¿Qué le han hecho mis pobres muertos?

- ¿Dónde te habías metido? - He ido al mercado.

He encontrado pescado fresco para hacer una bullabesa.

Veo que no valoras mucho tu vida.

Tú no eres ningún asesino.

¿Qué pasa? ¿Anoche no tuviste suficiente? ¿Quieres que te lo demuestre aquí mismo?

Ayer estaba muerta de miedo.

De hecho, estuve a punto de coger un autobús y marcharme lejos.

Pero me di cuenta de algo.

Si realmente hubieras querido matarme, ya lo habrías hecho.

¿No?

Sin embargo, me dejaste escapar. No me perseguiste.

Creo que no tienes manera de echarme de aquí,

así que me llevaste al bosque para asustarme y que me fuera yo,

pero eso no pasará.

No entiendo por qué no te enfrentas a tu tío en vez de a mí.

Ni yo por qué insistes en quedarte.

No creas que lo hago por mí.

Que mi familia pase hambre me da más miedo que tus amenazas.

Ahora este es mi lugar, te guste o no te guste.

- Mercedes, espabila. No puedo.

Mercedes, se acabó.

Vas muy lenta y te dejas la mitad de los racimos.

- Vete de aquí. - Se lo ruego, don Ramón.

- Mi marido necesita medicinas. Eso díselo al cura.

- Por favor. - ¿No me has oído?

Venga.

A trabajar.

¿No vamos a decir nada?

Es lo que nos espera cuando seamos como Mercedes,

que nos tiren a la basura como a un trasto viejo

después de habernos dejado la piel por ellos.

Se acabó el mitin, fuera tú también.

¿Alguna más quiere decir algo?

Antonio,

recoge lo que puedas.

¿Qué estás haciendo?

¿Cómo se te ocurre? Saca tus cosas de aquí.

¡Eh, eh! Tu tío no permitirá que sigamos durmiendo separados.

Si no compartimos lecho, incumpliré mi contrato y no pagará a mi familia.

¿Y qué pretendes que sea lo próximo? ¿Obedecer a sus delirios y darle un nieto?

Antes muerta.

- Entonces, ¿qué propones? - Ganar tiempo.

Hacerle creer a tu tío que dormimos como un matrimonio.

Solo hasta que salde mis deudas.

Ya… ¿Y después?

Después desaparezco y no me vuelves a ver el pelo nunca más.

Nunca había visto nevar.

- Ah, ¿no? - No.

¿Y qué te parece?

- Bonita. Muy bonita. - Preciosa.

El pasto se congela y los animales no podrán comer sin ayuda.

El hielo estropea la maquinaria y echa a perder las aceitunas.

No le hagas caso. Es muy bonita.

¡Nicolás!

¡Que te vas a pillar una pulmonía! ¡Sube a casa!

¡Oye! Ya tendremos tiempo de jugar, va.

Te ayudo a vestirte.

Vamos.

Vamos.

- Tápate, que hace frío y tenemos prisa. - ¿Por qué?

¿Por qué? ¡Porque hoy es el día!

¿No te acuerdas de lo que hablamos?

- ¿Hoy? - Hoy.

¿Qué te pasa?

Es que nunca he salido del pueblo.

Pero es por una buena razón.

Tú confía en mí, ¿mm?

Venga.

Nicolás.

Ven, siéntate aquí.

Pepita.

Gracias por ayudarme.

No hay de qué, mujer. Muchos días lo acompaño a Sigüenza a por los pedidos.

Encantada de llevaros.

Aunque deberías haber pedido permiso antes de concertar la cita.

No quería arriesgarme. Prefiero pedir perdón que permiso.

Ya…

- Tras haber examinado a su hijo… - No es mi hijo, es el hijo de mi marido.

Igualmente.

Me satisface poder decir que puedo darle un diagnóstico.

Epilepsia.

Se trata de un trastorno cerebral

en el que la persona tiene convulsiones que escapan a su control.

Ya…

Es un alivio ponerle nombre a su enfermedad.

Lo comprendo.

En algunos pueblos, siguen pensando que estas personas están endemoniadas.

Por suerte, hoy tenemos tratamientos modernos

para combatir la enfermedad.

Menos mal.

Lo que su hijo… su hijastro necesita es un tratamiento de electroshock.

- ¿Electroshock?

Son descargas eléctricas.

La medicina más avanzada.

Ya…

- Vamos a tener que pensarlo. - Por supuesto.

Entiendo que es su marido el que toma la decisión.

Sí.

Cuando lo haga, yo mismo podría gestionar su ingreso en una institución mental.

Muchas gracias, doctor.

Vámonos de aquí.

Vámonos.

¡Justa!

Justa, ¿sabes algo de mi tío?

Me ha mandado el recado, no vendrá a comer.

Ya… ¿Y María?

Ha dicho que iba a la taberna para llamar a la familia.

Estamos solos.

- Sí, ya lo veo. Mm. - Hace semanas que no me buscas.

Tengo cosas que hacer.

En la cama de Llanos no.

- Ahora es la cama de María. - No te equivoques.

Se puede compartir lecho sin compartir piel.

¿Qué pasa, Fea? ¿Qué pasa?

¿Qué hacéis aquí?

Se lo ruego, don Ramón. Llevamos meses sin trabajar.

¿No nos ha castigado ya lo suficiente?

Salid de mis tierras o aviso a la Guardia Civil.

Señoritos de mierda.

No te preocupes. Le digo a Pepita que me fíe y te llevo algo para la cena.

Te lo estás quitando a ti para ayudarme.

Y lo hago encantada.

Mi madre siempre decía que tú la ayudabas cuando iba apurada.

Eres su vivo retrato, niña.

La pena es cómo acabó.

Pobre mujer.

Hola, Nicolás.

Nicolás.

Nicolás, mira.

¿A que te gusta?

Si me dices dónde te llevó María ayer,

te lo doy.

Es un secreto.

Pero a mí me lo puedes contar.

Yo guardo muy bien los secretos.

¿Eh?

- ¿Cómo que no se tocan? - Lo que oye.

Duermen juntos cada noche, pero como hermanos.

José Antonio,

asegúrate de que la yegua no esté preñada, que tengo que venderla.

¿Y tú cómo estás tan segura?

Ella misma me lo ha confesado.

Se lo cuento porque sé lo importante que es para usted que le dé otro nieto.

Haces bien.

Si no cumple con sus obligaciones, lo está engañando. ¿O no?

- Y mi sobrino, callado. - No se lo tenga en cuenta, por Dios.

Manuel sigue de duelo por Llanos. No es su culpa que María lo manipule.

¿Dónde está ese granuja? Voy a sacarle la verdad.

Don Ramón, hay otra manera de saber si cumple con sus obligaciones de esposa.

Sería más eficaz hacerle una exploración, ¿no?

Tienes razón.

Y, si no lo está haciendo, puede prepararse.

Hablaré con el Dr. Calderón.

No se fíe. Los médicos de pueblo se sienten incómodos con estos asuntos.

¿Y de quién tendría que fiarme? ¿De ti?

No, hombre, por Dios.

Si yo no sé nada de eso.

Pero he oído hablar de un médico muy bueno en Sigüenza.

El doctor Medina.

Pero si usted quiere al Dr. Calderón, pues el Dr. Calderón.

¿Qué hace? Se ha equivocado.

Hoy no vamos al campo.

¿Dónde vamos?

Buenos días.

Ah, es usted.

- Me alegro de volver a verla. - ¿De qué se conocen?

Su nuera vino a la consulta con su hijastro.

La podría haber examinado también.

Les habría ahorrado el viaje.

Dígame, ¿su marido se ha decidido ya?

No, todavía no.

¿Decidirse respecto a qué?

El niño. La fecha de ingreso para el tratamiento de electroshock.

¿Qué electroshock?

Para paliar los rigores de la epilepsia.

Pero ¿de qué está hablando?

Bueno, desvístase y túmbese en la camilla para la exploración, por favor.

Su suegro me ha explicado la situación por teléfono.

¿Exploración de qué?

Bueno, tengo que confesarle que ha sido una petición algo peculiar.

Normalmente, me piden que compruebe si una mujer es virgen, no al revés.

Bueno…

Pues ahora veremos si su nuera

cumple con sus obligaciones de casada.

Si es tan amable de esperar fuera.

Sí.

Ha llevado a Nicolás a un médico de Sigüenza a nuestras espaldas.

Sí, porque no me daba la gana quedarme de brazos cruzados.

Nos has engañado. No tiene justificación.

¿Sabe qué no tiene justificación?

Que no los vea ni a usted ni a Manuel acercarse a ese niño.

Ya por no hablar de darle una caricia o un abrazo.

Tanta historia con la sangre y la familia y solo lo cuidamos Justa y yo.

La única razón por la que no te echo a patadas de aquí

es porque a lo mejor estás embarazada o a punto de estarlo.

¿De qué está hablando?

El médico la ha explorado.

Quería asegurarme de que no me tomas por imbécil.

Has engañado a mi tío. Si cree que hemos consumado es que no eres virgen.

Tú tampoco.

No vayas por ahí. Yo soy un hombre, no es lo mismo.

¿Por qué te molesta tanto?

Solo nos hacemos pasar por marido y mujer. A ti te da igual lo que yo haga, ¿no?

Pasad, por favor.

Lo único es que siento no tener nada para daros de merendar.

Ni falta que hace.

Roque, tenemos visita. Mira quién ha venido.

Ay, oye.

Ten cuidado, ¿eh?

Que he puesto matarratas. Con las lluvias, las alcantarillas se han inundado

y nos han invadido.

Siento no poder traer nada más.

Bueno, hija, bastante haces.

Mira, para darte las gracias,

Roque y yo queríamos invitaros a cenar para celebrar el día del santo.

- Sois muy amables, pero… - Aquí estaremos. Muchas gracias.

Aquí estaremos.

- ¿Qué te ha dado con esta gente? - Sabes que era amiga de mi madre.

No voy a abandonarla cuando más lo necesita.

- La conozco desde niña. - A mí también me dan pena,

pero no podemos gastarnos mi paga en darles de comer.

¿Y de quién es la culpa de todo?

Si te disculparas con don Ramón, igual podrías volver.

¿Y Mercedes? ¿Quién se hace cargo de ella después de haberla explotado toda su vida?

¿Don Ramón se hace cargo?

Se te llena la boca hablando de solidaridad, lucha y revolución,

pero luego agachas la cabeza como un borrego.

- No me merezco que me hables así. - Ni Mercedes que la dejemos tirada.

¡Justa!

Buenos días, don Ramón.

La próxima vez, te callas tus chismes.

- ¿Cómo? - Eso de que Manuel y María no consumaban.

Era mentira. Ella no es virgen.

- No puede ser. - Es.

El médico lo confirmó.

Me has hecho quedar como un cretino.

¡Nicolás, a casa, que hace frío!

¡Voy!

Me he enterado de que te ha llevado al médico.

A hacerte una exploración.

No quiero hablar de eso.

Desgraciado…

Es injusto que te traten así.

Creen que la valía de la mujer está solo de cintura para abajo.

Parece que la única razón de nuestra existencia es dar hijos.

Es una suerte que podamos apoyarnos entre nosotras, ¿no?

Sí.

Cuenta conmigo para lo que sea.

Gracias.

Te traigo esto de parte de mi tío. Para que pruebes la cosecha de este año.

- Gracias, Manuel. - ¡Qué frío! Macho, ¿qué pasa?

¿Vamos cortos de leña?

¿Te acuerdas de cuando tu padre nos dio dinero para comprar castañas

y nos lo gastamos en sidra para entrar en calor?

Sí. De pequeños teníamos dos guantazos.

Tu abuelo me habría despellejado vivo si hubiese podido.

Cómo le repateaba que fueses amigo del hijo de los criados.

Menudo pronto tenía el hombre.

¿Y sabes qué es lo peor?

Que mi tío heredó ese carácter tan especial.

Anda, invítame a algo para entrar en calor.

Sancho, dos vinos por aquí.

Por cierto, Claudia te manda recuerdos.

Ya me extraña. Los dos sabemos que no me soporta.

Vale.

¿Te has enterado de lo que ha pasado con ella y Mercedes?

Sí, algo he oído,

pero no me gusta enredarme en los asuntos de mi tío.

Pues vengo a pedirte que te enredes.

Por mí.

Y que sea por los viejos tiempos.

Como ponerle un lazo a un tigre.

Pero hemos conseguido bañarlo, ¿verdad, Justa?

Sí.

Siéntate.

Gracias.

Justa, ¿no te quedas a cenar?

No, no. Muchas gracias, de verdad.

Ya está todo listo. Voy a cenar con una prima de mi marido.

- Buenas noches. - Buenas noches.

¿No tienes hambre?

Esto es para ti.

Con moderación, que nos conocemos.

Gracias, don Ramón.

Mira a quién tenemos aquí.

A Nicolás sentado en una mesa, como Dios manda.

Bien, bien.

Tinto para ti y para mí.

Moscatel para ti.

Tortilla de cardillos. Y este primer trozo es para Roque.

Toma, cariño.

Cómetela ahora que está calentita.

Ya quisieran cenar así en El Pardo.

Seguro que la perra de los Cervantes come mejor que nosotros.

No se merecen que hablemos de ellos.

Antes de dejar de hablar de los Cervantes,

tengo que contaros una cosa.

Toma, bebe.

Como bien sabe, Gabi y yo nos tenemos aprecio desde chavales.

Quiere que le haga entrar en razón.

Sí, ese rojo que se ha rejuntado con la golfa de la Claudia.

Si sus padres lo vieran ahora,

se morirían. Suerte que antes se los llevó el garrotillo.

Tío, se dejaron la piel trabajando para el abuelo.

¿No puede levantar la mano y volver a admitir a Mercedes y a Claudia?

¿Qué dices? Si hacemos una excepción, se subirán todas a la chepa.

Por favor, tío.

No me des la cena, ¿eh, Manuel?

¿Por qué mendigas en mi nombre?

- Estaba ayudando. - Le has dado la satisfacción

de verte suplicar para nada.

- Ese viejo no va a ceder, Gabi. - Manuel puede convencerlo.

Tú no lo conoces. ¡Es puro orgullo y cabezonería!

Tiene razón. Ese hombre ni siente ni padece.

Nuestras miserias le importan un bledo.

No compliques más las cosas.

Bueno, que haya paz. Que esto no nos quite el hambre.

Espera, no te vayas. Ven.

Me preguntaste por qué no me atrevía a enfrentarme a mi tío.

Él es la razón.

Mi tío Ramón

tiene la custodia de Nicolás.

¿Eso cómo es posible?

Tú eres su padre.

Cuando Llanos desapareció,

yo…

me pasaba el día en la taberna o encerrado, lamentándome y…

compadeciéndome de mí mismo.

Me desentendí de todo

y de todos.

Incluso de mi propio hijo.

No me mires así. Yo tampoco estoy orgulloso.

Tu tío aprovechó la ocasión.

Lo más triste es que no lo culpo. Alguien tenía que cuidar de Nicolás.

Ya sabes de su obsesión por tener un heredero para las tierras.

En algún momento, perdió la esperanza conmigo y…

decidió centrar todas sus fuerzas

en mi hijo.

¿Ahí empezaron los ataques de epilepsia?

Sí.

Una nueva decepción para él.

Ya no le valía.

Era mejor encontrar a otra mujer que le diera

otro nieto.

¿Sabes cuál es mi primer pensamiento cada mañana?

Venga.

"Hoy es el día que Llanos vuelve a casa".

Cada mañana, rezo para que lo haga.

Y todas las noches la maldigo porque no lo hace.

Vamos para allá. Venga.

¡Fea!

Nicolás.

Nicolás, tranquilo.

Nicolás,

dale estas sobras a la perra, anda.

No sé si es por este coñac o porque me estoy ablandando con la edad,

pero mañana les diré

a Mercedes y a Claudia

que pueden volver.

¡María!

¡María!

- ¡María! - ¿Qué? ¿Qué?

¡La perra!

- Tranquilo, tranquilo, yo me ocupo. - Sí.

Vamos.

Ven conmigo. Vamos.

Hijos de puta.

No estoy de humor para andarme con rodeos.

Sé que ha sido uno de vosotros.

No vais a trabajar ninguno hasta que yo lo diga.

Os quedáis todos sin jornal.

- Se le ha ido la cabeza. - No he estado más lúcido en mi vida.

Esas arpías necesitan un escarmiento. ¡Hay que dejar claro quién manda!

Si dejamos la aceituna en el suelo, los perjudicados seremos nosotros.

¿No ves que está lloviendo? Tampoco podríamos recoger nada.

Los primeros que pierden son ellos.

Sin nadie en los campos, sus cosechas se echarán a perder y perderán dinero.

¿Y qué van a hacer los Cervantes? ¿Recoger ellos solos las aceitunas?

Nos necesitan más que nosotros a ellos.

Son esas ideas modernas, que hacen que se suban a la chepa de sus patrones.

Pues que se enteren bien.

Ellos sin nosotros no son nada. ¡Nada!

Somos más que ellos, más fuertes que ellos.

Y su sangre se pudre por tantos matrimonios entre primos.

Son como las hormigas, levantas una piedra y salen cien.

Ese es su problema, que trata a la gente como a animales.

Lo que deberían hacer es darnos las gracias.

Nos tienen miedo porque ven que sus privilegios se acaban.

Si estamos juntos, podemos plantarles cara y hacernos respetar.

Pero ¿qué pretenden? Siempre ha habido clases.

Pastores y ovejas, así funciona el mundo.

No todos somos iguales.

A ver si les entra en la cabeza de una puñetera vez.

Ya sé cómo arreglarlo. Mañana le dices a don Ramón que yo envenené a su perra.

No digas tonterías, no voy a hacer eso.

- Mañana seguimos luchando. - Yo ya no puedo más.

¿Vas a dejar que gane ese tirano?

Esto ya no va de don Ramón, niña.

Roque y yo nos hemos convertido en una losa.

- Nadie puede cargar con nosotros. - Yo puedo.

Eres…

lo más parecido que nunca tendré a una hija,

pero no lo eres.

Estás cansada, eso es lo que te pasa. Ya verás.

Mañana lo verás todo de otra forma.

Descansa.

Eso haré.

Gracias por todo.

Puede que mañana escampe. Deberíamos seguir con la aceituna.

Mañana ya veremos.

De momento, no quiero hablar más del asunto.

¿Cómo está el niño?

Bien, bien. Yo lo veo mejor.

Me jode reconocerlo, pero tu mujer nos hizo un favor llevándolo al médico.

Sí. Supongo que es bueno saber lo que le pasa.

Lo que no tengo tan claro es el tratamiento eléctrico del que me habló.

No creo que sea lo mejor.

¿Y tú qué sabes?

Además, no es decisión tuya.

Bueno, creo que mi opinión también importa.

Al fin y al cabo, soy su padre.

Sea como sea, lo hemos descuidado mucho.

Mañana iniciaré los trámites

para ingresarlo en un centro para enfermos mentales.

- ¡Eh, eh! ¿Dónde vas? - ¡Déjame!

- ¿Dónde vas? ¡Nicolás! - ¡Déjame!

Nicolás se ha escapado. No lo he podido agarrar.

- ¿Qué? - Ha salido corriendo. No sé qué le pasa.

Con la que está cayendo, el río se va a desbordar.

- Voy a por él. - Pero ¿adónde vas?

Tú avisa a Manuel y a Ramón.

¡Nicolás!

¡Nicolás!

- ¡Nicolás! - ¡Vete!

¡Nicolás! ¡Nicolás, espera!

¡Que te vayas!

¡Espera, espera! ¡Nicolás, cuidado!

¡Nicolás!

¡Nicolás! ¡Nicolás!

¡María, ayúdame!

- ¡Nicolás, agárrate! - ¡María!

- ¡María, ayúdame! - ¡Nicolás, aguanta!

- ¡María! - ¡Nicolás!

¡Nicolás!

¡Espera!

- ¡Agárrate a mi mano! ¡Agárrate! - ¡No llego!

¡Ayúdame!

¡Nicolás!

Ya te tengo, tranquilo.

Tranquilo. Nicolás…

¡Nicolás!

¡Nicolás!

Nada. ¡Nada!

¿Estás bien? ¿Estás bien?

¡María!

¡María!

Vamos, vamos.

Hijo, hijo…

Menos mal que estabas cerca del río.

Sí.

Nicolás, ¿estás mejor?

¿Qué te ha pasado?

No quiero que me encierren como a los locos.

No te preocupes, hijo. Te…

Te prometo que no irás a ningún lado. Te vas a quedar aquí, con nosotros.

¡Mercedes!

Mercedes.

Mercedes.

Esta mañana encontraron muerta a Mercedes.

Creo que trabajaba para usted como jornalera.

Han encontrado su cuerpo junto al de su marido.

Ya sabe, no fue muerte natural.

¿Se mataron?

Encontraron veneno en unos vasos de leche junto a ellos.

¿Qué clase de veneno?

Matarratas.

Así que fue Mercedes.

Fue ella quien mató a mi perra.

No sé… Lo que sé es que alguien tiene que pagar el entierro.

Y yo no puedo hacer nada.

Está bien.

Lo cristiano es saber perdonar, ¿no?

¡Está muerta! ¡Está muerta! La han encontrado de madrugada.

¡Manuel! ¡Está muerta!

Pero ¿de qué estás hablando? ¿Quién está muerta?

Ha sido por la crecida del río, que ha revuelto toda la tierra.

El cuerpo llevaba años allí.

¿Reconoce usted esta medalla?

Llanos.

¿Qué pasó? Eso se estará preguntando todo el pueblo.

Las paredes escuchan.

En el entierro de Mercedes y Roque, nadie. Hasta en eso han sido pobres.

Tenemos que presentarnos ya en el cuartel.

¿En el cuartel? ¿Qué ocurre?

Don Manuel Cervantes, queda usted detenido.

Cuidado con lo que haces.

Llanos murió asesinada.

Si Manuel es declarado culpable, está contemplada la pena de muerte.

Manuel mató a mi hermana. Estás casada con un asesino.

Prometí a mi hermano antes de morir que cuidaría de Manuel,

y eso es lo que haré.

No sé, María, esa noche todo pasó tan rápido que…

¿Qué pasó esa noche?

Me voy y no voy a volver.

Llanos, te pido por favor que pienses en Nicolás.

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