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Original subtitles

Ha venido don Carlos a cobrar el alquiler. O le pagamos

lo que le debemos o nos echa.

No te preocupes, lo arreglaré. No le digas nada a Guillermo ni a la niña.

¡Cuidado, cuidado!

Ha venido un agricultor rico de La Mancha.

- ¿A qué? - A buscar esposa.

- ¿Añorarás el mar? - No solo eso.

Conseguiré el dinero, volveré y nos casaremos en esta playa.

Cinco años hace ya que José se fue y sigues llamándolo todas las semanas.

Don Ramón se ha interesado por tu hermana para desposarla.

¡Pero yo no quiero!

Habría una compensación económica muy generosa, por supuesto.

Si está de acuerdo, firme aquí.

Elíjame a mí.

Yo soy la esposa adecuada para usted.

Hoy celebramos el matrimonio entre María Rodríguez y Manuel Cervantes,

quien no puede estar hoy aquí con nosotros.

- ¿Qué quiere decir? - Un matrimonio por poderes.

- ¿Quién es esta mujer? - ¿No lo ves? Es tu nueva esposa.

Ella lleva la suya puesta.

- Ya estoy casado. - Su primera mujer, Llanos.

Un día se marchó sin dejar rastro.

Tu madre necesita dinero. Y yo, un heredero en condiciones.

En cuanto te quedes embarazada,

le enviaré a tu madre dinero suficiente para que no le falte de nada jamás.

Pero, si no lo consigues,

me devolveréis hasta la última peseta con intereses.

♪ Abre la puerta, niña, que el día va a comenzar. ♪

♪ Se marchan todos los sueños. Qué pena da despertar. ♪

♪ Por la mañana amanece la vida y una ilusión. ♪

♪ Deseos que se retuercen muy dentro del corazón. ♪

♪ Soñaba que te quería, soñaba que era verdad. ♪

♪ Que los luceros tenían misterio para soñar. ♪

♪ Hay una fuente, niña, que la llaman "del amor", ♪

♪ donde bailan los luceros y la luna con el sol. ♪

¡Chica!

¿Y las sartenes?

Buenos días.

¿Dónde están las sartenes?

Esta es la nueva esposa de Manuel.

María. Me llamo María.

Justa.

Vivo aquí cerca. Vengo de vez en cuando a echar una mano en la casa y con el crío.

Ya no hará falta que vengas más. A partir de ahora, ella se encargará.

- Marcho, entonces. - Quieta.

¿Adónde vas? Aún no, mujer.

Te necesitamos unos días más para que le enseñes a hacer las tareas.

Y tú fíjate bien en lo que hace.

¡Mercedes, vas muy lenta!

Iríamos más rápido si nos diera unos guantes.

Sin guantes, la piel se te hace callo más rápido.

En unos días, me lo agradecerás.

No, si al final siempre me arrepiento de darte trabajo.

- Ya está pidiendo guantes, la pobre. - A mí me sorprende que siga viva.

Manuel.

Mírame.

No has dormido con tu mujer.

¿De qué mujer está hablando?

Esa andaluza no es nada mío. Por mí, como si se vuelve a su tierra.

He tenido paciencia contigo por respeto a tu padre,

pero se acabó.

A partir de ahora, si no obedeces, habrá consecuencias.

No le tengo miedo.

Pues deberías tenerlo.

Porque te quedarás sin tierras y sin tu hijo.

Esto es tuyo.

Los hombres son animales de costumbres. Quieren comer, trabajar

y dormir a sus horas. Especialmente los de campo,

que son más fieles a sus rutinas.

Como mujeres, nuestra tarea es que la casa esté limpia,

la comida en la mesa y el crío acostado para cuando vuelvan.

Trabajar duro y hablar poco.

Ese es el secreto para agradarles.

A las sábanas, jabón Lagarto y almidón. Suelos, con agua y amoniaco.

Salfumán para la bañera y estropajo para las cacerolas.

Las toallas quedan más blancas con bicarbonato y un chorrito de limón.

Te acostumbrarás.

Es aquí.

¡Quita eso de ahí!

Perdón. ¿Por qué?

Son las cosas de Llanos.

¿Tú la conocías?

¿Llevas muchos años trabajando para los Cervantes?

- Mi marido era el guardés de la finca. - ¿Ya no?

Falleció hace años.

Lo siento.

Bueno…

Para limpiar los cristales, haz bolas con papel de periódico.

Los empapas muy bien en vinagre y frotas con toda la fuerza que puedas.

Ale.

Hola, ¿qué hay? Quería hacer una llamada a larga distancia.

¡Pepita!

- ¿Qué hay? Quería llamar a Almería. - Qué alegría ver a una paisana.

Eres la esposa de Manuel Cervantes. Yo también vine aquí cuando me casé.

- Ah, ¿sí? - Sí.

- ¿Hace mucho? - Pues 12 años y cuatro hijos.

Yo ya soy más manchega que el ajo mataero.

Venga, Carolina, ve.

Ven.

Yo al principio no me hacía ni con el pueblo ni con la gente.

Si necesitas hablar, aquí me tienes. ¿Mm?

Gracias.

Mira, la patrona.

Si es lista, se escapa pronto. Mejor viva que rica.

No hables de lo que no sabes.

Ya estamos.

- ¿Por qué lo defiendes siempre? - Porque no conoces a Manuel como yo.

Gabi, que jugarais juntos de niños no significa que sea una buena persona.

¿Tan interesante soy que no me quitas el ojo de encima?

Ya te aguanto en el campo, como para perder el tiempo ahora.

Espera.

Lo que me dijiste cuando llegué sobre la muerte de Llanos…

No fue una muerte, fue un asesinato.

¿Cómo estás tan segura?

¿Quieres verlo tú misma? Sigue a Manolo cuando vaya al campo.

Se dice que todos los días vuelve al lugar donde la tiene enterrada

para comprobar que nadie lo ha descubierto todavía.

Sigues haciendo falta.

No es lo que dice tu tío.

Pronto se dará cuenta, tranquila.

Nadie va a sustituirte.

Si no has nacido aquí, es difícil entender nuestra forma de vida.

No te esfuerces mucho con ella.

No creo que dure mucho por aquí.

¿Nicolás?

Te llamas Nicolás, ¿verdad?

Desde ahí no te puedo ver.

Tengo algo que a lo mejor te gusta.

Si vienes, te doy un terrón de azúcar.

¿Ves?

Solo tengo uno.

Muy bien.

Ven. Esa rodilla. Esa rodilla se te va a infectar. A ver…

No ha sido el perro.

- Ha sido el niño. - ¿Quién si no? Mi perra es más obediente.

Ven para acá.

Sube.

Toma.

Si lo tratáis como a un animal, es normal que se comporte como uno.

Es un chico de campo, sabe cuidarse solo.

Tendría que estar en la escuela con niños de su edad.

No es como los demás.

¿Qué quiere decir?

Llevo todo el día quitando cepos.

Nuestras tierras están plagadas.

Malditos furtivos…

Deberíamos volver a llamar a la Guardia Civil.

No.

Esperaremos a que cometan un error.

Lo resolveremos como se ha hecho siempre.

Y nos alegraremos de no haber avisado a nadie.

¡Sancho!

♪ Soy así porque no quiero ser como son los demás. ♪

♪ Voy en dirección opuesta. Tal vez tú pienses que soy inglés. ♪

♪ Tengo los pies en el suelo. ♪

♪ Mi maestro me decía, y por llevar la contraria… ♪

♪ Soy así. ♪

♪ Soy así porque yo quiero. ♪

♪ Soy así porque yo quiero. ♪

♪ Soy así porque yo quiero. ♪

♪ Soy así porque yo quiero. ♪

♪ Soy así porque yo quiero. Y antes muerto que cambiar. ♪

Ya sabes cómo va esto.

Elige a seis.

¿Yo?

¡Hoy elige ella!

Mírala, de jefa. Todavía tendrá el cuajo de compararse con nosotras.

Subid todas.

- ¿Sabes contar? - Por supuesto que sé contar.

Era mi decisión. Ya está tomada.

Gracias.

Toma.

- Esto está mal. ¿Tenéis seis? - No, tengo cuatro.

- Cuatro. - Sí.

¡Don Ramón, espere!

- Falta dinero. Se ha quedado corto. - Seis jornales a repartir entre siete.

Si queréis protestar, a esta, que es la que ha decidido.

Conque sabías contar, ¿eh?

Seguro que la próxima vez te lo piensas mejor.

Carolina, quiero estos platos vacíos, que quiero escuchar la novela.

¿Entendido, Lola? Y tú no te comas la comida de tu hermana.

Toma, mi amor. Toma.

Ay… Aunque para novela la de tu vida.

Sacrificándote así por tu hermana y por tu familia.

Yo tampoco me casé por amor, ¿sabes?

Yo conocí a Sancho cuando él estaba de vacaciones en Roquetas.

Él necesitaba una esposa y yo, un plato de comida todos los días.

Pero lo dejaste todo atrás.

Todo, hasta un novio que estaba haciendo la mili entonces.

¡Uf! Novios…

¿Tú también dejaste a alguien?

Es largo de contar.

¿De verdad quieres ponerme los rulos?

- Sí, siéntate. - Tienes cara de agotada.

Que no pasa nada. Justa me está ayudando.

- ¿La viuda? - Mm.

Nunca te fíes de una viuda que no va de luto.

Esa mujer es un misterio.

A pesar de ser del pueblo de toda la vida, nadie la conoce realmente.

Con los únicos con los que se trata es con los Cervantes.

Su marido, que en paz descanse,

era la mano derecha de don Ramón, y siempre han sido leales a la familia.

Por lo visto, Llanos, la mujer de Manuel, era su única amiga.

Justa era su confidente.

Entre ellas no había secretos.

A mí me da un poco de pena, si te soy sincera.

En el pueblo se dice que no puede tener hijos.

Una mujer yerma espanta a cualquier hombre,

y por eso tendrá que aguantar el resto de su vida sola.

Servir en la casa de los Cervantes es lo único que le queda.

Que no te extrañe que sea una especie de espía para ellos.

- Sujeta por delante. - Mm.

- Así. - ¿Ahí va bien?

Sí.

Ya está.

Muy bien.

Déjame ver.

- Gracias, María. - Hala.

Pepita.

Dime.

Te quería preguntar por Llanos.

¿Es verdad que desapareció de un día para otro?

Uy… Hay rumores para todos los gustos.

Algunos hablan de que tenía un amante y se fugó con él.

Otros, que si se cambió el nombre y ahora es cantante en México.

Luego están los agoreros.

Que si tuvo un accidente, perdió la memoria y olvidó su nombre,

- que si fue presa de un loco… - Y los que dicen que la mató mi marido.

¿Mm?

Sí. Hay algunos que lo piensan también, sí.

Yo solo la conocía de vista, pero muy feliz con Manuel no se la veía.

Las malas lenguas dicen que se distanciaron cuando nació el niño.

Esa es otra. A ese niño le pasa algo y no me dicen qué es.

Bueno, de eso no tengo ni idea,

pero tendría que haber ido a la escuela con mi Sancho.

Hace años que nunca lo sacan de la finca.

Mira, María, yo prefiero pensar que…

Llanos tenía un amante, se fugó con él

y dejó una vida atrás que la hacía infeliz.

Eso suena a una de tus radionovelas.

Igual me gusta por eso.

- Igual. - Mm.

Bueno, ¿y los rulos hasta cuándo?

- Te va a tocar esperar un ratito. - Hago los garbanzos.

Justa, ¿te puedo hacer una pregunta?

Tú conocías mucho a Llanos, ¿no?

En el pueblo todos nos conocemos.

Pero sí.

Después de tantos años trabajando para ella, nos hicimos amigas.

¿Cómo era?

Una señora.

De los pies a la cabeza.

Las familias que nunca han pasado hambre tienen otro lustre.

Se les nota así, a golpe de vista.

- Me imagino que la echarás de menos. - Todos lo hacemos.

Su ausencia es imposible de llenar. Mira.

Deberías coser esta camisa de Manuel.

Llanos guardaba el costurero en el aparador del salón.

¿Lo has encontrado?

Sí.

Lo tengo.

Gracias.

¿Todavía estás así?

- Acaba ya, que la luz está muy cara. - Sí, sí. Voy.

Mi querido Jorge, tengo tantas ganas de reunirme contigo…

Ya estoy segura de mis sospechas.

Para nuestra felicidad, somos tres.

Ahora en lo único que puedo pensar es en empezar una nueva vida contigo.

Lejos de esta casa, de este pueblo.

Lejos de Manuel.

Pero hay algo que me quita el sueño todas las noches.

¿Qué haces aquí?

Estoy cogiendo unos leños.

Para el hornillo.

Tengo miedo a la reacción de Manuel si se entera.

¡Herejes, sois unos herejes!

Hace tanto que no vais a misa que me olvidaré de vuestras caras.

Blas, no te lo tomes a mal, pero el domingo es mi único día libre

y prefiero pasarlo con mi novia que contigo y las beatas.

¿Ni un ratito para comulgar?

Si nos pusieras unos zarajos para acompañar el vino de misa…

¡Seréis golfos!

No, no, si yo hago la vista gorda,

pero, el día que decidáis casaros, estaremos un día entero en la confesión.

Ya puedes esperar sentado, no te preocupes.

En fin… Vosotros sabréis.

Que paséis una buena noche.

Vaya con Dios.

Bueno, no exageres, ¿no? Digo yo que algún día nos casaremos.

¿Para qué? ¿Mm?

No necesito que un dios que no existe me dé su visto bueno para quererte.

A mí tampoco me hace gracia, pero… Hacemos el paripé y así nos dejan en paz.

Y traicionamos nuestros principios.

¿Quieres que te pase lo mismo que a tu madre?

Perdón, perdón, perdón.

No quería que sonara así. Perdóname.

Claudia.

No hace falta que me acompañes a casa. Hasta mañana.

Venga, que te invito.

¿Qué miras?

¡Que qué estás mirando!

¿Qué pasa? ¿Y tú?

¿También estás mudito?

¿Qué pasa?

¿Que ahora os quedáis todos callados? ¿Eh?

A mis espaldas bien que habláis, ¿eh?

Manuel, Manuel. Tranquilo, tranquilo.

Vale, vale.

Vete a casa.

¿Qué?

¿Qué has hecho?

- ¿Qué has hecho? - Manuel.

¿Cómo te atreves a ponerte el perfume de Llanos?

¡Ven aquí, inútil!

¡Dámelo!

Buenos días.

Buenos días.

Feíta, toma.

Gracias a Dios, te vas desenvolviendo.

Mm.

Échate.

El tocino está quemado.

Y las gachas están crudas. Esto no se puede comer.

Eh… No me he dado cuenta. Lo siento.

María ha puesto todo su empeño. A este hornillo cuesta cogerle el truco.

Tío, creo que se está equivocando diciéndole a Justa que no vuelva.

Justa, tendrás que seguir viniendo a ayudarnos un poco más.

Por supuesto, como manden los señores.

Anda, trae un poco de queso para Manuel.

- Claro. - Haz el favor.

Perdón. Venía a limpiar los cristales, pero puedo venir en otro momento.

No, no. Pasa, pasa.

Gracias.

Le agradezco mucho el voto de confianza, don Ramón.

Ya sabes que aquí se te aprecia.

Muchas veces me acuerdo de tu marido, que en paz descanse.

Siempre ha sido muy generoso con nosotros.

Lo mismo digo.

Le aseguro que conseguiré que María se adapte.

No me cabe ninguna duda.

Es más,

harás mucho más que eso.

La próxima vez que limpies el dormitorio principal,

quiero que vayas quitando los objetos de Llanos.

Que los guardes, que te los quedes o los tires. A mí me da lo mismo.

- No puedo hacer eso. - ¿Por qué?

Son sus cosas.

Además, Manuel no me lo permitiría.

Manuel puede decir misa.

Ahora su esposa es María.

Y cuanto antes nos acostumbremos a esa idea, mucho mejor.

Le doy la razón.

La memoria de Llanos merece un respeto.

¿Respeto?

Al que más se le ha faltado al respeto en esta casa es a mí.

¿Te crees que no sé que María duerme en ese cuartucho en vez de con su marido?

Si he traído a esta mujer hasta aquí, no es para que duerma sola por las noches.

Así que tú, Justa,

vas a ayudarme a que se encame con mi sobrino.

Eso es un asunto privado entre ellos.

¿Qué podría hacer yo?

A lo mejor, facilitaría las cosas

que tú salieras primero de la cama de Manuel.

No gastes ni una gota de saliva en tratar de negarlo.

Manuel ha estado mucho tiempo consolándose contigo.

Ahora debe compartir su lecho

con una mujer de verdad.

Una que pueda darnos

descendencia.

Ni que decir que, de esta conversación,

ni media palabra con Manuel.

¿Está claro?

Muy claro, don Ramón.

Puedes irte. Deja eso para después.

- ¿18 000, entonces? - A 6000 pesetas el quintal

con un rendimiento del 40 % por tres y medio son 18 000.

Si está de acuerdo, firme ahí y me voy.

- Mm. - Tengo mucha prisa.

Disculpe, pero creo que hay… un error.

Son 21 000 pesetas.

- ¿Y esta quién es? - Una mujer que habla mucho.

No. 18 000 son tres quintales, y usted ha dicho

tres quintales y medio.

Son… 21 000 pesetas.

Bueno, un error lo tiene cualquiera, ¿no? Voy a por mi billetera.

No vuelvas a hacer eso.

He evitado que le roben. Las cuentas estaban mal.

Pues claro. Don Antón es el dueño de la única fábrica de harinas de la zona,

hay que tenerlo contento.

¿Aun sabiendo que lo engañan?

Ese pellizco por cada factura es a cambio de ser sus principales proveedores.

Don Antón.

Mi nuera ha vuelto a repasarlo.

¿Qué tenías que decirle a don Antón? Venga.

Me he equivocado, ha sido un error. Eh…

Tenía usted razón, son 18 000 pesetas.

Ay, esas cabecitas de las mujeres…

Solo sirven para almacenar tonterías y poco más, ¿eh?

Me voy. Mi familia está esperando mi llamada.

Date prisa. El día de matanza hay mucho que limpiar.

¿Qué, Pepita?

Uy… ¿Y esa cara?

- No tengo un buen día. - ¿Vienes a llamar a tu familia?

- No sabes cómo los echo de menos. - Ay… Venga, va, va.

¡Venga, vamos!

¡Que es larga distancia y el tiempo es oro!

¿Hola? María, ¿estás ahí?

- ¡Guille! - Claro, ha llamado ella.

- Pero no contesta… - ¡Trae! María.

¿Me oyes, hija mía?

- Sí, sí. - ¿Cómo estás?

- ¿Estás bien, hija? - ¿Qué tal está, madre?

Nosotros estamos bien. Bueno,

echándote mucho de menos, claro.

Pero dinos tú.

¿Cómo es tu casa?

- ¿Y el pueblo? - Eh…

Es bonito.

- Diferente a Almería, pero es bonito. - María.

¿Y tu marido? ¿Cómo es?

- ¿Es guapo?

Es guapo, es guapo.

Y es amable.

- Es guapo. - Trae para acá, niña.

Debe de haber sufrido mucho.

Todos dicen que es una buena persona y que tiene un gran corazón.

Pero todavía es un poco pronto.

Todavía nos estamos conociendo, y yo me imagino que…

Bueno, que con el tiempo nos irá bien.

Qué alegría, hija. Qué alegría.

Mira, ya ha llegado el dinero de don Ramón.

Yo espero que te esté tratando bien.

¿Don Ramón?

Es que don Ramón es un hombre…

seco, y me cuesta ganarme su confianza, pero creo que empezamos a entendernos.

Quiero pensar que tiene buen fondo y que todo lo que hace es por su familia.

Estoy esforzándome para ganarme su respeto.

Qué bien, hija. Qué bien.

¿Y en la finca qué tal?

¿Te hacen trabajar mucho?

Pues trabajar en el campo es duro, madre, no la voy a engañar.

Pero me ayudan mucho mis compañeras.

- Yo… Oye. Hola. - Ya.

Y… ¿Y cuándo vas a venir a vernos?

Todavía es muy pronto, acabo de llegar aquí.

Vamos a tener que ser pacientes.

Bueno, pero ¿estás bien? Yo te noto un poco triste.

Que sí. Claro que estoy bien.

Es que estoy un poco cansada porque, al final, el viaje fue largo.

No os preocupéis. De verdad, estoy bien.

Os tengo que dejar, que estas llamadas son caras.

Os echo mucho de menos. Adiós.

Te echamos de me…

¿Qué ha pasado?

Que ha colgado.

Me voy.

Quédate en la cocina.

La primera matanza impresiona si no estás acostumbrada.

No, prefiero quedarme.

Cuanto antes me acostumbre a esto, mejor.

Vale.

Este moscatel es del año pasado.

¡Nicolás!

¡Nicolás!

¡Nicolás! Nicolás…

Espera. Vale, vale.

Vale. Fuera, fuera.

¡Fuera, fuera!

Tranquilo.

Parece que está mucho mejor, pero deberíamos llamar a un médico.

No hace falta. El doctor Calderón lo tiene muy visto.

¿Le ha pasado más veces?

Desde que desapareció su madre.

Ya…

Ahí empezaron los ataques.

No lo ha tenido fácil, ¿eh?

¿Te gustan los niños?

Qué remedio.

Me ha tocado criar a mis hermanos desde que eran unos bebés.

Me hubiera gustado tenerlos, pero no pudo ser.

Ya ves, esta pobre criatura sin madre…

y algunas nos quedamos con las ganas.

A veces la vida es un poco injusta.

Iré a por otro paño.

- ¿Qué tal está Nicolás? - Mejor.

Me alegro de no tener que irme.

Te dije que mi tío entraría en razón.

Quizá no debería decirte esto, pero es importante que lo sepas.

Es sobre María.

¿Qué?

Me ha preguntado por Llanos. Y no seré la única con la que ha hablado.

- ¡No me toques! - Eh, tranquilo.

No me apetece que me vuelvas a morder.

Y por fin te escucho hablar.

Estaba soñando.

¿Y era un sueño bueno o malo?

Malo.

Estaba con mi madre.

Si era con tu madre, sería bueno.

No. Era la última vez que la vi.

Después vino mi padre

y se la llevó.

¿Dónde se la llevó?

Al bosque.

¡María!

- Lo has asustado. - Quiero mostrarte algo.

Sígueme.

Vamos.

- ¿Adónde vamos? - Ahora lo verás.

Manuel, dime adónde vamos.

Espera aquí.

¿Dónde vas?

¡Vuelve!

¡María!

¡No corras!

¡María, te puedes hacer daño!

¡María, es peligroso! ¡No corras! ¡María! ¿Dónde estás?

¡María!

¿Dónde estás?

¡María!

¡María!

¿Quieres saber lo que hice con Llanos? ¿Eh?

La maté con mis propias manos.

Y es lo que voy a hacer ahora contigo.

- ¿Y tu mujer? - No sé. En casa no ha dormido.

- ¿Dónde está? - A saber.

En algún sitio estará.

Se ha esfumado.

Tras haber examinado a su hijo, puedo darle un diagnóstico.

Epilepsia.

Tenemos tratamiento de electroshock.

María, ¿qué estás haciendo?

¿Cómo se te ocurre?

Tu tío no va a permitir que sigamos durmiendo separados.

- Y lo pagará mi familia. - ¿Y qué propones?

Hacerle creer que dormimos como un matrimonio.

Duermen juntos, pero como hermanos.

Hay otra manera de saber si cumple con sus obligaciones de esposa.

- Me alegro de verla. - ¿De qué se conocen?

Vino con su hijastro. Ahora veremos si cumple con sus obligaciones de casada.

Mercedes, se acabó. Vete de aquí ahora mismo.

- ¿No vamos a decir nada? - Tú también.

- Mañana seguimos luchando. - No puedo más.

Nos hizo un favor llevándolo al médico.

Iniciaré los trámites para ingresarlo en un centro de enfermos mentales.

- ¡Que te vayas! - ¡Espera!

- ¡Nicolás! - ¡María!

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