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Zulu
[***]
- Yo no debo contarte estas cosas.
Si saben que he hablado todo esto
me van a odiar más de le que ya me odien.
- ¿Y quién va a odiarte?
- Ay, los hijos de Alfredo.
Algunos me mastican, otros no me tragan
y otros me detestan abiertamente.
- ¿Los cuatro?
- Alfredo tenía cinco hijos.
La quinta, Ana,
la única con la que yo llevaba una relación maravillosa.
Desgraciadamente ella no está con nosotros.
Tuvo problemas con drogas.
Alfredo decidió internarla en una clínica psiquiátrica
hace como diez años.
- Y en todo ese tiempo, ¿no la trajeron de vuelta a la casa?
- No.
Tuvo una sobredosis y su cerebro se ve muy afectado.
Alfredo optó por dejarla ahí pero...
Mejor háblame de ti.
Me imagino que dejaste muchos corazones rotos en Monterrey.
- No, qué va. Ni uno, fíjate.
- Eso nadie te lo podría creer.
Desde que te vi por primera vez,
sentí que te conocía de toda la vida.
Y...
Sentí también el deseo de ser para ti una amiga.
La mejor de las amigas.
- Yo te agradezco muchísimo que pienses así
pero mi objetivo es que el negocio fluya.
Nada me daría más gusto que llevar una relación
cordial y amistosa con ustedes.
- Ten por seguro que así va a ser.
[***]
- Mi amor, en este viaje no hay problemas
ni de familia, ni de trabajo ni nada que se parezcan.
En este viaje estamos los dos. Vamos a disfrutar.
Además, estamos en un lugar maravilloso.
- Perdóname, Roberto, pero no puedo.
Mi hermana está secuestrada.
¿Cómo voy a disfrutar de lo que sea
sin saber si ella está bien?
No sé si ha comido, si la lastimaron.
Ni siquiera sé si está viva.
- Yo lo sé, lo sé, y te entiendo perfectamente.
Pero ya estamos aquí. Vamos a disfrutar,
vamos a distraernos.
Deja que tu familia se encargue de eso.
Mi amor, yo te amo, y quiero que seas feliz.
- Me siento muy mal por haberlo echado todo a perder.
Yo no quería que pasara esto.
Pero eso te pedí tantas veces que canceláramos el viaje.
- Entonces mi hermana y su esposo
sí se fueron de luna de miel.
- Eso fue lo que supe.
¿Qué pasa?
- Que la vida sigue.
Me desaparecí y todo siguió como si nada.
- No diga eso.
Usted es importante para su familia.
- Tan importante que se olvidaron de mí
por diez años.
¿Y sabe qué es lo peor?
Que no siento nada.
No puedo sentir.
Es como si las drogas que me hubieran dado por años
me hubieran tronido el alma.
- Eso debe ser la crisis de la abstinencia.
Pero se le va a pasar, ya lo verá.
- Esto no es algo físico.
Porque si no, me dormiría y se quitaría.
Pero no es así.
Yo no puedo ver un futuro y ya ni siquiera me importa.
Ni siquiera me importa importarle a los demás.
- No diga eso. Al señor Emilio sí le importa.
Por eso la trajo aquí.
Él se está poniendo en riesgo para ayudarla.
- Se está arriesgando de más y no vale la pena.
Míreme.
- Mire, yo sé que las cosas deben parecer fatales,
que le cueste trabajo ver el futuro,
pero si usted lo decide, no importa el tiempo
que haya estado drogada.
Usted se puede recuperar
y recuperar su vida como antes.
- Ya nada va a ser como antes.
- Por supuesto que no te extrañamos para nada
en la boda.
Nos ahorraste varias botellas de whisky.
Ya sabemos que eres un viejo borracho.
- Ah, qué bien, qué bien que no me echaste de menos
porque sería una lástima que me estés extrañando todo el rato
con el poco tiempo de vida que te queda.
- Pues, no me iría de este mundo sin antes verte a ti
seis pies bajo tierra.
- Bueno, bueno, bueno, ya está bien.
Abrévela, que yo soy un hombre muy ocupado
y no tengo mucho tiempo para estarlo perdiendo contigo.
- Sus berrinches sin fundados han puesto
entre la espada y la pared a Brenda.
Se siente muy desdichada por tu rabieta.
Y obviamente Gabriel se siente desdichado también.
- O, pues mira, te tengo una solución
que sería infalible para Brenda:
Que deje al --------- de tu hijo
y que así recupera un poco de la dignidad que le quede.
- Ya estás con un pie en la tumba, Adalberto.
¿Tiene sentido andar peleando por tonterías sin importancia?
- ¿En serio tanto sacrificio significa para ti
darte la oportunidad de ir a Miami y ver qué pasa?
- Ay, por favor, Sebastián.
No lo dije para que te enojes ni para...
- Allá podrías tener muy buenas oportunidades.
No sé, podrías estudiar para agente de bienes raíces,
tendrías muy buenas comisiones.
- ¿Y si no sirvo para eso?
- Ni que fuera ciencia.
Serías independiente y...
- Y me darían trabajo solamente por ser tu novia,
no por mis propios méritos.
Aparte, me lo estarían restregando en la cara
todo el tiempo.
[***]
- Por favor, yo no quiero que te sientas
ni molesto, ni incómodo,
pensando que estoy propiciando algo que te desagrade.
No debí de haberte dicho esto que te dije.
Te lo juro que me desconozco.
- No, no es eso.
Lo que pasa es que me criaron de una manera muy conservadora.
No sé trata de si algo me gusta o no me gusta;
simplemente eres una mujer casada.
- Infelizmente casada.
En diez años de matrimonio,
yo nunca le he sido infiel a Alfredo, pero ¿sabes qué?
Él no se merece mi lealtad.
La vida es demasiado corta como para limitarse
a lo que nos han enseñado que es correcto o no.
- Elisa, mi amor, no estás sola.
Aquí estoy yo para ti, para lo que sea necesario.
- Yo sé, y te lo agradezco, pero...
- Pero ¿qué? Pero ¿qué?, mi amor.
Yo lo único que no puede entender...
- Si hubieras crecido en mi familia
lo entenderías, Roberto.
Ay, ojalá Sebastián decida quedarse en Miami.
Con él me voy a sentir mucho más...
- ¿Más qué? ¿Más apoyada?
Mi amor, Sebastián es tu hermano.
Yo soy tu esposo.
Juntos no necesitamos a nadie más.
- Sí, Roberto, pero tú eres un empleado más de la constructora.
Nos guste o no, tienes que hacer lo que te digan
y no lo que yo quiera.
[***]
- Te lo digo en serio, Adalberto.
Nadie te ha dado una puñalada por la espalda.
Eso es un pleito sin sentido.
- Sí, sí, para ti, nada tiene sentido.
Eso es señal de que ya estás senil.
- Sería bueno que nos viéramos para aclarar
los malos entendidos.
- No, es que no hay malos entendidos.
Solo hay hechos que demuestran la realidad.
- ¿Por qué no nos vemos en club de golf
y platicamos tranquilos?
Todo lo distorsionas.
- Mirna, Marcelo me dijo que me extraña.
- ¡Ah!
- Y también me dio entender que alguien como yo
sería la persona con la que le gustaría casarse algún día.
- Ay, y eso me parece fantástico.
Muy bien.
- Mirna, ¿no crees que me estoy acelerando demasiado?
No me gustaría ilusionarme con alguien
a quien apenas conozco.
- Mira, suéltalo. Déjalo fluir.
Deja que Dios haga lo Suyo ya.
- Es que si lo dejo fluir y no pasa nada,
me va a dar una gran tristeza.
- Lo sé.
Te deberías poner más triste si ni siquiera lo intentas.
¡Dale, inténtalo!
[***]
- Tengo muchos años trabajando en el mismo lugar.
Me quieren, me tratan bien. Si renuncio...
- ¿En serio piensas ser mesera el resto de tu vida?
¿Esa es tu máxima aspiración?
- Por supuesto que no.
- ¿Y entonces?
Mira, si esto te tranquiliza,
podemos dejar el departamento así
y regresamos cuando tú quieras.
Solo nos llevamos lo indispensable.
Moni, date la oportunidad de un cambio.
Demuéstrale a los demás, y sobretodo
demuéstrate a ti misma lo mucho que vales.
- Está bien. Tienes razón.
Perdóname, no hace falta que me digas más, ¿sí?
Vamos a hacer las maletas.
Luego hablo con mi jefe, y si quieres
nos regresamos hoy mismo a Miami.
[***]
- Lo de Ana fue hace, hace diez años, Emilio.
Aunque Ana nunca mejoró, yo le supliqué a Alfredo
que la trajera de vuelta a la casa para cuidarla, ¿no?
Pero no, él no quiso.
- ¿Por qué?
- Él es un hombre muy duro,
y Ana en esas condiciones resulta una carga para él.
Era mucho más fácil tenerla en una clínica.
Y Ana a veces se ponía violenta
y se imaginaba cosas que no eran verdad.
- Cosas, ¿como qué?
- Tonterías.
Alfredo aceptó que la mantuvieran sedada
con calmantes todo el tiempo.
Y eso a mí en lo personal me pareció una crueldad.
Pero hay cosas en las que yo no tengo ni voz ni voto.
- Alonso piensa que mi interés por Marcelo
es solo para darle celos.
- Que piense lo que quiera.
- O sea, sí me gusta mucho Marcelo,
pero eso no quiere decir que ya no sienta nada por Alonso.
- Pero yo ya te lo dije, princesa.
Es poquito a poquito.
Ya verás como, el día menos pensado,
ni te acuerdas quién es ese tipo.
- Tienes razón. Alonso es cosa del pasado.
- Sí, señor.
- Y pase lo que pase, escúchame bien, Mirna...
Pase lo que pase, yo jamás voy a volver a caer con él.
- Así se habla.
Y ahora déjame trabajar. Muy bien.
- Sí, he estado presionando para que negocie el rescate
y suelte el dinero.
- Entonces sí va a querer que lo vuelva llamar.
- Ujum.
Y póngale muy en claro que...
- Es la última oportunidad que tiene para salvar a su hija.
O nos haga lo que pedimos o hacemos lo que queremos,
pero estamos jugando.
- A mí ningún mamarracho me va a estar amenazando.
No pienso darle un solo centavo.
[***]
cal *]
- La policía la va a encontrar.
Créame que cuando eso suceda, se va a arrepentir
de haber nacido.
- Tiene 24 horas. Piénselo.
- La van a matar, Alfredo.
¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?
- Ana desde hace muchos años está muerta.
- No es posible que seas tan cruel.
¿Y tú no vas a decir nada? ¡Por Dios, es tu hermana!
- Mi papá sabe lo que hace y no podemos dejarnos llevar
por sentimentalismos y tonterías, Fernanda.
- No lo puedo creer. Es que esto es demasiado.
- No, mujer tenía que ser.
[***]
- Sentí también el deseo de ser para ti una amiga.
La mejor de las amigas.
- Eres una mujer casada.
- Infelizmente casada.
La vida es demasiado corta como para limitarse
a lo que nos han enseñado que es correcto o no.
[Suena celular]
- ¿Qué onda? ¿Qué hay de nuevo?
- Bien, bien, hermano.
Aquí, dándole y dándole, tú sabes.
Pero bueno, tú, cuéntame, ¿tenemos alguna novedad?
- No, no, ninguna.
[***]
[Aclara garganta]
- Ay, estoy muerta.
- Al menos te entretuviste haciendo compritas.
- Sí.
- Y ahora... nos toque a nosotros.
[Suena celular]
- Ay, es Fernanda.
- ¿No vas a contestar?
- ¿Qué pasó, Fernanda?
[***]
- ¿Y cómo está eso de que
te fuiste a comer solo con Fernanda?
- Pues ya sabes. Ella quiere hacer méritos
para que nos asociemos con los Del Pino.
- ¿Qué clase de méritos? ¿Se puede saber?
- Tú sabes bien qué clase de méritos.
- Mira, no te vayas a enredar con esa mujer.
Es peligrosa.
- ¿Cómo crees?
Tampoco es que me voy a enamorar.
Pero si me la tengo que llevar a la cama
para averiguar toda la verdad, lo voy a hacer.
Si fue ella o si fue Beltrán,
el asesino de mi abuela tiene que pagar sí o sí.
- No vaya ser que el cazador termine cazado, hermano.
Ten mucho cuidado.
[Sonido al abrir la puerta]
- Ya vine.
- ¿Cómo te fue en la escuela?
- Pues bien. Súper.
Ya sabes que soy bien pilas.
Ay, me muero de hambre.
¿Por qué no cocinamos algo y luego me dejas
en la casa de los Del Pino?
- Mejor llévate el carro. Yo no pienso salir.
- Estoy muy cansado. Estoy agotado.
- Independientemente de los problemas
que tú quisiste que tuviéramos,
desde que te conocí a ti y a Ana,
les tuve un cariño entrañable.
- ¿Me llamas para decirme que me quieres mucho?
- Tu padre se niega rotundamente a dar un solo centavo.
Estoy muy preocupada, Elisa.
Sebastián se fue a Cambridge y ya sabes
lo que piensan Alonso y Gabriel.
- No, no, tienen que recuperarla a como dé lugar.
- Eso es lo que le digo a tu papá
pero no quiere dar su brazo a torcer.
Por favor, Elisa, ayúdame a convencerlo.
No podemos perder a Ana.
- No, no, no.
Es que no termino por entender
cómo fue que vine a caer así contigo.
La necesidad es otra cosa, de verdad.
- La necesidad a veces nos puede hacer
que hagamos locuras, Brenda.
- No está bien, pero bueno,
ya no vale de nada arrepentirse, ¿no?
- Obvio que no.
A ver, solamente estás buscando lo que no te dan.
Cualquiera te puede entender.
Somos de carnita y hueso, mamacita.
¿Qué querías?
A ver, ¿quién no requiere su dosis de aquellito, ¿eh?
- Ujum.
- ¿En serio quieres que paguemos el rescate por Ana?
- Pero por supuesto, si Ana es parte de esta familia,
igual que lo soy yo también.
¿Qué te hace pensar...?
- Contigo no se sabe.
A veces eres buena, otras veces no tanto.
- Yo siempre soy buena.
¿Por qué dudes de mí?
¿Qué, acaso yo sí logro que se levante aquello?
[***]
- Ey, ey, una cosa es que me guste bromear
y otra es que te la tomes en serio.
- A veces siento que me vas a volver loco.
- Ay, pues eso que sientes, justo eso, ¿lo sientes?
- Sí.
- Muy bien. Eso úsalo.
- Sí, ya. - Pero con Brenda.
Complácela. Complace a tu mujer.
A ti te conviene que su familia se une a esta.
¿Te imaginas, tú al mando de todo esto?
- Sí. - A trabajar.
- ¿Ah? Pero, pero, pero...
- A lo que vinimos, ¿no?
- Ok, sí.
- ¿Es en serio, Elisa?
- Sí, es en serio. Tenemos que regresar a Miami.
- ¡Pero, ¿cómo nos vamos a regresar?!
¡Si acabamos de llegar!
Es nuestra luna de miel, Elisa. ¿Cómo vamos a interrumpirla?
- Tengo que convencer a mi papá para que pague el rescate.
- ¡Pero no vas a conseguir nada! ¡Ya tú lo conoces!
- Bueno, tengo que intentarlo al menos, ¿no?
La vida de mi hermana está en peligro, Roberto.
- Elisa. Elisa.
Dime para qué llamaste a Elisa a contarle lo de Ana.
Ahora quiere regresarse a Miami.
- Pues ni modo.
Vas a tener que conocer a Europa en otra ocasión.
El lugar de Elisa en este momento es aquí.
- ¿Tú me puedes explicar qué es lo que está pasando, Fernanda,
por favor?
- Apoya a tu mujercita y tráela de vuelta.
- Por supuesto que me casé enamorada,
o por lo menos eso creí que estaba.
- Y no fue lo que esperabas.
- No.
Mi padrastro...
fue un hombre horrible.
Me golpeaba.
Abusaba sexualmente de mí.
Creí encontrar en Alfredo todo eso que siempre busqué
y resultó ser violento, cruel y nada amoroso.
No quiere ni a sus hijos. Con eso te lo digo todo.
- Bueno, ¿por qué no lo dejas?
- Me da miedo.
Mira, en un arranque sería capaz hasta de matarme.
[Gemidos]
- Alonso, te suplico.
Vete y déjame tranquila.
- ¿Ah, sí? Pero si esto es lo que quieres y lo sabes, Tania.
- Alonso es cosa del pasado. - Sí, señor.
- Y pase lo que pase, escúchame bien, Mirna...
Pase lo que pase, yo jamás voy a volver a caer con él.
- ¿Qué caso tiene que te resistas, eh?
- Yo lo único que quiero es liberarme de ti.
- Ja, ja, ¿sí? Pues tu cuerpo dice lo contrario, mamacita.
Me desea, me quiere adentro, ¿eh?
[***]
- A ver, no lo malinterpretes.
Tampoco estoy diciendo que es una perita en dulce, Fermín.
- Bueno, estabas totalmente convencido
de que Fernanda mató a tu abuela.
Y bueno, ¿ya qué te digo.
Lo que hizo con doña María Laura y que Ana vio.
- A ver, ¿y si Marcelo tiene razón
y todo fue un alucine de Ana?
- ¿En serio lo crees posible?
- No sé, las drogas son capaces de distorsionar por completo
la realidad, ¿no?
- ¿Y también de hacer que Ana se invente de la nada
el nombre de Eugenio Beltrán?
¿Cómo crees?
- La decisión que estás tomando, Alfredo,
no va a tener vuelta atrás.
Yo no quiero que hagas algo de lo que luego
puedas arrepentirte toda tu vida.
- No voy a pagar el rescate digan lo que digan.
- Vas a dejar que la maten así nomás.
- Ya está muerta desde hace diez años.
Eso es lo que ustedes no quieren terminar de entender,
por favor.
- A ver, ¿y si negociaran una cantidad menor?
Digo, aunque haya que pagar algo,
finalmente es solo dinero.
- Exacto. Exacto, es solo dinero.
El dinero se repone, la vida no.
- Repito mi opinión por última vez.
Yo estoy de acuerdo con lo que diga mi papá.
Él sabe qué es lo mejor para todos
y si piensa que es botar el dinero, es así, punto.
[***]
- Oye, me contó Sebastián que estuviste a punto
de desertar y de quedarte en Cambridge.
Que se regresaron hoy mismo para que no cambiaras de opinión.
- No sé si mudarme aquí es una buena decisión.
- Ay, no tienes nada que perder y mucho que ganar.
Imagínate el cambio que va a tener tu vida.
De mesera a la casi señora Del Pino.
Es que eso sería un sueño para muchas estar en tu lugar.
Ni modo que no aceptaras, ¿no? Tienes que sentir...
- ¿Lo mismo que tú sentiste cuando te casaste con Alfredo?
Porque de mesera a asistente no hay tanta brecha.
- No trates de compararte conmigo, mi amor.
Para tu información, hasta entre los perros hay razas.
- Bueno, mamacita, pues como dicen, misión cumplida.
- Alonso, por favor vete.
Ya no quiero que sigas aquí.
- Por supuesto que me voy a ir, Tania.
¿Qué pensabas, que me iba a quedar?
Ya no tengo nada más que hacer aquí, mi reina.
- A veces siento que te odio tanto.
Tanto.
- Ay, me conmueve mucho verte llorar de alegría, Tania.
Que pases buenas noches, mi reina.
[***]
- Yo solo digo que ese cambio de actitud que estás teniendo
hacia Fernanda es medio raro, brother.
No me late.
- Lo único que quiero es ser justo, ¿sí?
A veces las apariencias engañan.
No entiendo, ¿no es lo que querían Marcelo y tú?
Ahora te molesta que trate de ser objetivo.
- Mira, Fernanda es una mujer que confunde.
Eso que ni qué.
Cosas como al que haya ido al entierro de tu abuela
pues lo saca a uno de onda, es verdad.
- Totalmente.
- Bueno, de cualquier modo, mantenla de lejitos,
Pancho Emilio.
A distancia las cosas se ven mejor.
Tener de cerca una mujer como ella
puede ser muy, muy peligroso, es en serio.
ema musical *] Tener de cerca una mujer como ella
- ¿Qué sentido tenía que llamaras a Elisa para contarle?
- ¿Y por qué no?
Ella tiene todo el derecho de saberlo.
- Estaba en su luna de miel. Se la echaste a perder.
- ¿Y qué?
Si no le decimos lo que está pasando,
nunca nos lo va a perdonar, Gabriel.
- ¿Y de cuando acá a ti te importa que Elisa
esté enojada contigo?
- Mira, ¿sabes qué? Estoy cansada.
Estoy tratando de hacer que todo aquí entren en razón
pero si no lo quieren hacer, está bien.
Queda sobre su consciencia.
Yo ya... yo ya no voy a opinar nada más.
Me voy.
- Yo pienso que no perdemos nada con negociar.
Fernanda tiene razón.
Si tomamos la decisión equivocada,
lo podemos lamentar toda la vida.
[***]
- Ay, ya, aburres con lo mismo, en serio.
Si tanto te angustia que Fermín no estuviera en tu casa,
llámale y a ver qué te dice.
- Pues no. Que se reporte él.
- ¿Para pedirte perdón por no haberte pedido permiso
para salir?
- Mana, él dijo que no iba a salir de la casa y mira.
- Tú siempre pensando mal y armando un pancho por todo.
Érika, ya deja la toxicidad.
- ¿Y qué van a hablar ustedes si ni novio tienen.
- Mira, el día que alguien me caiga,
créeme que no es para complicarme la vida
cómo te la complicas tú, manita.
Tóxica.
- ¿Por qué Fernanda quiere tanto a tu hermana Ana?
- No creo que la quiera. La trató muy poco tiempo.
- ¿Y entonces por qué insiste en que paguen el rescate?
- Tal vez porque quiere quedar bien con Elisa y conmigo.
Somos la oposición.
- Hay cosas en la que no tienes por qué meterte.
Ana es mi hija.
- Estoy intentando que no cometas un error garrafal.
- Qué fastidiosa te has vuelto últimamente, ¿no?
- Alfredo, si no rescatas a Ana,
te vas a echar en contra toda tu vida
a Sebastián y a Elisa.
¿Eso es lo que quieres? ¿Que nunca te perdonen?
- Dale y dale y dale. Sigue.
Sígale.
Fermín: Flaca. Flaca, ábreme, por favor.
Quite el pasador.
- Pos a esta casa no vuelves a entrar
y ahí dejé tus cosas en la maleta
porque me paso de buena gente.
Fermín: Flaca, no exageres, por favor.
¿Adónde se supone que me voy a ir?
Ábreme.
Flaca. ¡Érika!
Érika, Érika, por favor, ábreme la puerta, caramba.
- Mejor vete con la fulana esa pa que te aproveche.
- No seas así.
Ábreme la puerta, caramba, por favor.
[***]
- Bueno, a mí Fernanda me cae cada día más gorda.
Ya empezó a tirar su venenito conmigo.
- Venenito ¿por qué?
- "Tu vida va a cambiar.
Vas a pasar de ser mesera a casi señora Del Pino".
Disfruta recordarme que soy mesera,
como si eso me avergonzara.
- Ella era asistente de mi papá. No es para que se ponga así.
- Sí, se lo dije y me contestó estupidez y media.
Aparte, no sé por qué le caigo tan mal
pero es plenamente correspondida, ¿eh?
- Ya, no le hagas caso.
Relájate, relájate.
Disfruta.
¿Ya ves? Te ves más bonita así.
- Ay, sí.
- Sí.
- Todo lo que yo digo lo echas en un saco roto.
- No, no. No todo.
Seguí tus consejos.
Para que veas, llamé a Adalberto y quedé con él en el golf
para hablar con él.
¿Ya ves?
- Sí, él ha estado en contacto con los de Monterrey.
- ¿Tú cómo lo sabes?
- Emilio me lo dijo.
La constructora Ferrero también va a presentarles una propuesta
para asociarse con ellos.
- Y el imbécil de Adalberto
le habrá hablado pestes de nosotros, ¿no?
- Yo no creo que Emilio les crea.
Ah, por cierto, lo invité hoy aquí a lonchar en la casa
pero presionarlo a que firme con nosotros.
- ¿Y por qué en la casa?
- Mejor en la casa que en una oficina
o en una cafetería, ¿no?
Yo necesito que cuando nosotros le presentemos esa propuesta,
él sepa que nosotros somos la mejor opción.
- No te olvides que mañana a primera hora
tenemos la cita en la clínica.
- Ujum, sí, ya está agendado.
- Me dijeron que la inseminación a veces pega y a veces no.
Lo más seguro es que tengamos que intentarlo varias veces
así que prepárate.
- Mi amor, para mí te estás precipitando.
En un tiempo, ay, mi problema y mi... se va a solucionar.
Se van a... a arreglar, vas a ver.
- Sí, tal vez. Ya en otra vida, ¿verdad?
¿Verdad?
[***]
- A ver, a ver, ya no quiero hablar más de Ana
ni de negocios.
Hay cosas que podemos hacer mejor.
- Ni me toques.
¿O acaso no te das cuenta que estoy muy sentida contigo?
- ¿Otra vez vas a empezar con lo de Ana?
- Es que ¿sabes qué?
Tú no me das aquí el lugar que yo merezco en esta familia.
Lo único que haces es tratarme como si fuera un objeto
¡y me cansé!
Es más, me voy a empezar a quedar en la recámara
de María Laura.
- Ni se te ocurra.
- Que pases buenas noches.
[***]
[***]
[***]
[***]
- ¿Vas a seguir enojado conmigo todo el tiempo?
- No es enojado, Elisa. Es frustrado, es triste.
No puede ser que nuestra luna de miel
ya se haya echado a perder así nomás.
- A ver, te prometo que vamos a volver a hacer este viaje
en cuanto todo se arregle, ¿sí?
[***]
[***]
- Desde que te vi por primera vez,
sentí que te conocía de toda la vida.
Y...
Sentí también el deseo de ser para ti una amiga.
La mejor de las amigas.
- Yo te agradezco muchísimo que pienses así
pero mi objetivo es que el negocio fluya.
Nada me daría más gusto que llevar una relación
cordial y amistosa con ustedes.
- Ten por seguro que así va a ser.
[***]
- Pues en el lonche se hizo el difícil pero ya me conoces.
Yo nunca me doy por vencida.
- Bueno, Fernanda, con cuidado
porque yo sé que a los hombres no les gustan
las mujeres ofrecidas.
- Ay, claro que sí. Les encantan, Mirna.
Las difíciles son las que los espantan.
* ...me pongo a temblar*
* y te siento en mi piel con la boca fría,*
* con aliento de ayer, mi nación naufragó.*
- Lo de Ana fue hace como diez años, sí.
* Tómame fuerte, tómame la vida,*
* soy la muerte, solo yo, solo yo.*
[Exhala]
[Toques en la puerta]
- ¿Qué pasó?
- Érika tuvo la brillante idea de dejarme esta maleta
con mis cosas afuera de mi casa.
Me corrió, ¿lo puedes creer?
Vengo a pedirte asilo esta noche.
- De verdad, Fermín, lo siento mucho.
Es culpa mía.
- Sí, venir aquí fue lo único que se me ocurrió.
No tengo dinero para irme a un hotel,
ni siquiera uno de mala muerte.
Con eso te digo todo, brother.
- No, no te preocupes. Mi casa es tu casa.
Ven, te ayudo con esto.
- ¿En serio? - Sí.
- Muchas gracias.
- No, y el abuelito de mi hermano, ¿qué?
¿Ya se fue a dormir?
- Es un viejito. Apenas toca la cama cae rendido.
- Ay, la verdad yo no sé cómo aguantas eso.
Deberías de dejarlo, regresar a tu casa
y continuar con tu vida.
- No. No.
¿Y dar mi brazo a torcer con mi papá?
Olvídalo.
Ven, sigue.
- Ay, manita, ¿cómo fuiste capaz?
- Pues es lo menos que se merece.
- No puedes correrlo de la casa. Es de los dos.
- Pues tan pude que ni lo dejé entrar.
- No manches, Érika.
¿Adónde piensas llegar con todas estas cosas?
- Pues a mi Fermín no me va a ver la cara
y yo no voy a ser la burla de ningún hombre, mana.
- ¿No le diste chance ni siquiera de explicarse?
- Pues ¿qué le puedo explicar?
A ver, si se hizo el buenote namás porque me dejó el carro
pa ir a chambear y no se lo pienso devolver.
¡Que se vaya al diablo, fíjate!
[Toques en la puerta]
[***]
Alfredo: Fernanda, déjame entrar.
Es absurda esa actitud que estás tomando,
¿qué te pasa?
- ¿Qué haces ahí, papá?
- Fernanda se vino a dormir aquí.
- Tal vez ahora quiere de verdad ocupar el lugar
que dejó mi mamá.
- No empieces con tu sarcasmos, ¿eh?
Ya sabes que los detesto.
Fernanda, mi amor, déjame entrar.
Fernanda.
- Loco, puedes dormir en el otro lado de la cama.
Está enorme.
Aparte, a mí no me molesta, en verdad.
Estás más cómodo.
- No, no te preocupes, mi Fer. Muchas gracias.
Aquí estoy bien. Solo es una noche.
Si es necesario, mañana rompo un vidrio
y me meto a la casa, si Érika no está, obviamente.
[Suena timbre de la puerta]
[***]
- Voy.
- Hola.
Sentí un impulso enorme y necesitaba venir a verte.
¿Puedo pasar?
[***]
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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