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Un día, mientras Hiroki Okamoto iba a un restaurante con compañeros de clase,
se dio cuenta de que la ciudad estaba llena de publicidad.
Había anuncios en cada rincón del restaurante
e incluso en los baños.
Okamoto no tardó en darse cuenta de que era difícil distinguir
entre lo que era un anuncio y lo que no.
Se preguntó si en realidad eran anuncios lo que creía haber descubierto él mismo.
Por ejemplo, ese restaurante.
¿Lo habían inducido a elegir un restaurante
que aparecía el primero en una página web?
Estaba buenísimo. Gracias por traernos aquí.
¿Qué es eso?
Se enteraron por redes sociales de que era un orificio gigante.
¿Creéis que estaba ahí mientras comíamos?
Vamos a verlo más de cerca.
Increíble.
- Madre mía. - ¿Qué pasa?
¿Qué narices es eso?
- Hala. - Es enorme.
- ¿Qué es eso? - Está flotando.
- Increíble. Está cerquísima… - Guau.
VIERNES, UNO DE DICIEMBRE
Aún…
Aún recuerdo un sueño que tuve cuando estaba en primaria.
Soñé que iba a visitar a mi abuela con mi familia en verano.
Ella vivía en Sendai.
Desde allí, teníamos que coger tres trenes,
luego un autobús de 40 minutos y andar 15 minutos más.
Por eso, cuando íbamos a visitarla solíamos coger el coche.
Pero en mi sueño, por alguna razón íbamos en tren.
Era un niño pequeño y no me di cuenta de que era un sueño,
así que yo viajaba en tren tan tranquilo.
Luego nos subimos al autobús.
PARADA DE AUTOBÚS
Un lado de la carretera daba al mar, donde brillaba el sol de la mañana.
Al otro lado estaban las montañas y el sol de la tarde.
Estarás muerto de calor.
No mucho.
Llevo desde febrero
sin poder cambiar la bombilla del baño.
Está fundida desde que se murió tu abuelo.
Hay muchas cosas que no puedo hacer sola.
Tampoco llego a los sitios altos cuando limpio.
Ya lo hago yo.
¿Quieres que pida ayuda a tus vecinos?
No te molestes.
¿Puedo tomar helado?
Esta carne es buena, ¿sabes?
Me la trajo el hijo de Yasuo.
Como no tengo carné de conducir, para mi es complicado,
pero él sí conduce.
Luego podrás tomar helado.
Vale.
En fin…
Ya no puedo hacer nada sola.
Saldrá el sol y se espera que las temperaturas suban.
En la costa del Pacífico, se espera que superen los 30 grados,
lo que supondrá temperaturas más altas de lo normal en esta época del año.
Mañana nos levantamos a las cinco.
Sí, me voy a la cama.
Buenas noches, abuela.
Buenas noches.
Se prevén temperaturas peligrosamente altas en muchas zonas…
Miré la hora.
Eran las 21:30.
Ya me había dado un baño.
Pero no recordaba haberlo hecho, y ahí me di cuenta de que estaba soñando.
Por eso,
intenté recordar qué había pasado antes del sueño.
Antes de acostarme,
estaba seguro de que estaba en casa.
Había ido al colegio y había jugado con mis amigos.
Había cenado, me había duchado
y me había metido en mi cama.
Sin embargo,
aunque estuviera soñando, empecé a sentir sueño.
Pensé que si me dormía y despertaba,
quizá ese sueño también terminaría.
Has madrugado.
Sí.
¿Estás listo?
Aún no.
Papá.
¿Alguna vez te has dormido en un sueño?
¿Qué?
Cuando te duermes y te despiertas en un sueño,
tienes que despertarte otra vez para volver al mundo real.
Sí, tiene sentido.
Si esto fuera un sueño, ¿qué harías, papá?
Supongo que diseñaría mi sueño a mi gusto.
Creo…
que esto es un sueño.
¿Qué?
Pues haz lo que quieras hacer.
Pescarás algo al momento.
Solo tienes que creértelo.
Lo digo en serio.
Esto es un sueño.
Sí, pues créete que vas a pescar algo.
Venga, créetelo.
Mira allí.
E imagínatelo. Imagínate que estás pescando.
Que el pez está tirando del sedal.
Ah.
Vaya.
Ven conmigo.
Vale.
¿Qué pasa?
Es tu abuelo.
Dijo que quería vivir más.
He pensado en por qué tenemos que envejecer
y no puedo dejar de llorar.
Lo siguiente que vi
fue que volvía a estar en la cama.
Creía que estaba en casa.
Pero por la ventana ví el sol de la mañana
y me di cuenta de que estaba en casa de mi abuela.
Porque la casa de mi abuela no está cerca del mar.
Mientras pensaba que seguía soñando,
sentí una presencia detrás de mí.
Mi abuela me observaba.
Lo comprobé con los ojos entrecerrados para que no me viera.
No paraba de susurrar algo.
Su voz era más suave que el tictac del reloj.
Quiero cambiarte el sitio.
Déjame cambiártelo, por favor.
Déjame cambiarte el sitio.
Al principio, no entendí con quién quería cambiarse el sitio.
Y sentí miedo.
Me quería dormir y por eso cerré los ojos con fuerza.
Pero…
Como tenía miedo, me costaba dormir.
Entonces me di cuenta de algo.
Eso ya era un sueño,
así que tenía que despertarme.
Era un sueño,
así que…
me pellizqué el muslo varias veces bajo las sábanas.
¿Papá?
¿Mamá?
¿Papá?
¿Qué pasa?
¿Dónde están
papá y mamá?
No lo sé.
¿Quieres un poco de esto?
No, gracias. No tengo sed.
Es bueno para la salud.
No, gracias. ¿Han dicho algo papá y mamá?
Es muy sano.
No, no quiero.
¿No tienes hambre?
¿Quieres que te haga el desayuno?
No quiero desayunar. ¿Dónde están papá y mamá?
Ya estamos aquí.
¿Dónde estabais?
Tu abuela quería que fuéramos a casa de los Ota
porque les había pedido algo prestado.
¿Qué pasa?
¿Quieres desayunar?
¿Qué te pasa?
Si lloras así, te convertirás en la abuela.
Es broma.
Estaba empezando a hartarme.
¿Por qué haces gárgaras?
Mi abuela tenía la botella en la mano.
Empezó a insistirme otra vez en que bebiera y…
¡Déjame!
En momentos así…
En las películas, asustan a la persona para despertarla, ¿no?
Pero lo único que conseguí pellizcándome el muslo fue hacerme daño.
Hoy sales pronto del colegio, no te olvides nada.
Me desperté en casa
y faltaban tres días para acabar el curso.
Buenos días.
¿Iremos a casa de la abuela este año?
¿Por qué lo preguntas?
Este año no me apetece ir.
Este verano no iremos.
Ni nunca más.
Cuando murió tu abuelo, vendimos la casa.
Ahora que lo pienso, mi abuela falleció el año pasado.
Murió antes que mi abuelo.
Fue entonces cuando me di cuenta…
de que ya estaba soñando cuando di por hecho que íbamos a casa de mi abuela.
Y…
no recordaba cuándo lo di por hecho.
Cuando intento recordar cuándo tuve ese sueño,
tengo la impresión de que fue cuando estaba en primaria.
Pero también siento que podría haber sido más tarde.
En fin, hoy en día estoy bien y tengo trabajo ofijo.
Pero desde ese sueño,
he vivido con una sensación de confusión mental constante.
No es que tenga problemas en mi día a día.
Es solo que…
me hace pensar que seguiré envejeciendo así.
Y…
aún no estoy seguro
de si debería entrar en los orificios.
Yo creo que no pasa nada.
Al fin y al cabo, el señor Ozawa dijo que podíamos elegir.
- Toma. - Gracias.
¿Cuántos días más vais a quedaros aquí?
Aún no lo he decidido.
¿Qué hora es?
Son las diez.
Hala, qué tarde se ha hecho.
¿Limpiamos mañana?
Bueno…
Mejor lo hacemos hoy.
- Pues venga. - Vale.
Venga, va.
Permíteme.
- Ya friego yo. - Gracias.
Yo recojo las sillas.
SÁBADO, VEINTITRÉS DE DICIEMBRE
Lo primero que tienes que entender
es que la gente solo puede compartir la ficción.
¿Qué quiere decir?
Puedes percibir algo como rojo.
Pero no puedes saber si otra persona ve el mismo tono de rojo, ¿verdad?
Fíjate en esto, por ejemplo.
Es azul, ¿no?
Sí.
Pero no puedes saber si lo percibimos como el mismo tono de azul.
¿Verdad?
Sí.
Solo podemos comunicarnos mediante símbolos verbales.
Con los orificios pasa lo mismo.
¿No va a entrar en los orificios, señor Ozawa?
SÁBADO, TREINTA DE DICIEMBRE
Okamoto se puso a pensar.
¿Vivir muchos años equivale a ser feliz?
Eso es lo que se preguntaba.
Al mismo tiempo, pensó en la vejez.
También se preguntó si la parte de su vida que había grabado
era lo que debía contarse como la historia de su vida.
Empezó a nevar.
Pero Okamoto no se movió.
Estaba tan absorto en sus pensamientos que ni la nieve le molestaba.
Sin embargo, lo siguiente que pensó fue
que cerca de allí había una cafetería que le gustaba.
Unos segundos después de pensar en un café caliente,
se dio cuenta de que estaba nevando.
En su cafetería favorita
había un gato.
Es un local pequeño.
Era una lavandería que reformaron y que estaba junto a unos baños públicos.
Por esa razón
todavía hay una lavadora pequeña en la cafetería.
De repente, cai en la cuenta de que era fin de año.
Subtítulos: Lucas Marín Arenas
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