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Unos días después, se decidió tratar los orificios como parte del paisaje.
Kana Omura, que vivía en un apartamento cercano,
empezó a observar uno de los orificios cada día y a escribir un diario.
Esto es lo que escribió:
Dieciséis de abril.
Desde que quitaron el cerco, la gente está viniendo a ver el orificio.
Veintinueve de abril.
Todas las noches me acuesto pensando en entrar en el orificio.
Ocho de mayo.
Ahora nos dejan decidir si entramos o no en los orificios.
¿Por qué no vuelve nadie?
Quince de junio.
No hay día que no observe el orificio.
Pareciera que ya estoy dentro.
La tutora de mi clase entrará la semana que viene,
así que le haremos una fiesta de despedida.
Veintisiete de junio.
Me alegro de que a mi tutora le haya gustado la fiesta.
Tiene muchas ganas de entrar por el orificio.
Por cierto, también entró un actor famoso.
Todos parecen tan felices de entrar que me dan envidia.
Once de julio.
He empezado a soñar con los orificios cada noche.
Dentro de ellos,
al principio está oscuro, pero al otro lado se ve una luz.
Cuando llegas al otro lado, encuentras naturaleza
y nunca tienes hambre.
Esta es la última entrada de su diario.
VIERNES, UNO DE DICIEMBRE
¿Por qué la gente cree en alienígenas,
pero no en Dios?
Con los fantasmas, igual.
Pero ¿por qué no creen en Dios?
Bueno, los alienígenas…
digamos que son tangibles, ¿no?
Los podríamos tocar.
Pero supongo que, para mucha gente, la idea de Dios es intangible.
¿Y los orificios?
Los orificios están ahí.
Por eso yo creo en ellos.
Pero hablamos del dios de los orificios.
Sí, pero…
los orificios existen en varios lugares.
Son de verdad.
¿Objetivamente?
No sé si objetivamente, pero…
¿Qué creéis que hay al otro lado?
Yo creo que no hay nada y que no llevan a ninguna parte.
Sinceramente, me da igual si hay algo o no.
No lo sabremos hasta que entremos.
Cierto.
¿Quién es el próximo?
Aoyama.
Sí, yo.
Esto…
Gracias.
Estoy listo.
Vale, pues…
Puede que no lo parezca, pero nací en el Reino Unido.
- ¿En serio? - Vaya.
Viví allí hasta los cinco años.
Mis padres se mudaron por el trabajo de mi madre.
Los dos son japoneses, pero yo nací en el Reino Unido.
Por eso tengo este aspecto.
Entonces, ¿tienes nacionalidad británica?
Aún no lo he decidido.
Cuando vivíamos allí, mis padres solo hablaban inglés,
así que cuando vinimos a Japón, yo no sabía nada de japonés.
Nos mudamos a Japón justo antes de que empezara primaria.
Era la única del colegio que no podía comunicarse con nadie.
Mis compañeros empezaron a preguntarme por qué no hablaba.
Por eso no tenía amigos.
Pero había una chica
que me acompañaba a casa todos los días.
En clase no jugaba conmigo,
lo cual tiene sentido porque yo no hablaba la lengua.
Pero resulta que vivíamos en la misma dirección,
así que empezamos a volver juntas a casa.
De camino a casa, Aoyama e Ishida jugaban a un juego.
Una de ellas contaba hasta el número que quería
e intentaba pillar a la otra.
Al pillarla, la otra seguía contando desde ese número.
Cinco.
Cinco.
Seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce.
Doce.
Doce.
Doce.
Doce.
¡Doce!
Trece.
Sin embargo, en segundo curso, Ishida se fue a otra escuela.
Aoyama volvió a quedarse sola.
¿Quieres que te enseñe el hiragana?
El hiragana.
Eras amiga de Ishida, ¿no?
Como somos vecinas, mi madre es amiga de su madre
e Ishida es mi amiga de la infancia, así que vendrá a mi casa.
¿Quieres venir?
Tengo una máquina de algodón de azúcar nueva que me regalaron.
Podremos jugar a las tiendas de algodón de azúcar y a inventarnos nuestro dinero.
Cada vez estaba más desanimada.
Quizá habría sido mejor si hubiera podido reír más.
Iijima.
Hola, Aoyama.
Hola.
Hola.
¿Cómo estás?
Qué sorpresa me llevé al oír que habías vuelto a Japón con tu hija.
Ir de país en país por trabajo es agotador.
Me harté de mudarme. Y empezar el colegio es un paso importante, ¿no?
Creo que es buen momento para empezar con el ballet.
Todavía solo habla inglés y no ha hecho amigos en el colegio.
¿Podrías enseñarle ballet?
¿Ella quiere aprender?
No, pero no quería dejarla con extraños con los que no pueda comunicarse.
Mi inglés no es muy bueno, pero…
Al final, aprendí japonés
cuando acabé primaria.
¿El ballet tuvo algo que ver con que lo aprendieras?
No, no tuvo mucho que ver con el ballet.
Al final, no conseguí hacer amigos ni en el colegio ni en clase de ballet.
- Oye, Aoyama. - ¿Sí?
Vamos al centro comercial. ¿Tienes ballet?
Vale, pero tendré que irme pronto porque tengo ballet.
Vale. Vamos a decírselo a Nagase también.
Vale.
Hice el examen de acceso a un instituto de prestigio y entré.
Como ya hablaba la lengua, empecé a relacionarme con más gente.
Aun así, no hice ningún amigo como Ishida.
Seguí yendo a clases de ballet.
Acabó gustándome más que cuando empecé.
Y uno,
y dos, y tres, y cuatro, y cinco,
plié, arabesque, croisé.
Y uno, y dos, y tres, y cuatro, y cinco,
plié, en avant, croisé.
Bien.
Miura, haz un arabesque.
Mantén las caderas alineadas.
Mantén aquí recto y apunta los dedos hacia aquí.
Tengo dos entradas para un espectáculo, pero ese día no puedo ir. ¿Las quieres?
¿Qué espectáculo?
Una compañía de ballet que viene de Alemania.
Ese día tengo un funeral.
¿Cuánto cuestan?
13 000 yenes cada una.
Esa compañía no viene mucho a Japón, me servirá para aprender mucho.
Es muy difícil conseguir entradas.
Si tan buena es la compañía, ¿no hay más gente que quiera ir?
Sí, se las quedará el primero que las quiera.
Debería ir alguien que quiera ser profesional.
Pero yo también quiero ir.
Una vez dijiste que querías dejarlo porque entrenar era duro.
Es buen momento para dejarlo, se acercan los exámenes de acceso al instituto.
Pero ya no quiero dejarlo.
Le preguntaré a Iijima cuándo sería un buen momento para dejarlo. Piénsatelo.
Fue entonces cuando me enteré de que mi amiga del colegio,
Ishida, se mudaba a mi barrio.
A Ishida y a mí nos habían regalado nuestro primer smartphone
y conseguir el contacto de los compañeros de primaria era lo más.
Mi madre igual me obliga a dejar el ballet.
Convéncela de que no afectará a tus estudios.
Si no hubiera sacado el tema de las entradas, no habría pasado esto.
Pero tú no quieres dejarlo, ¿no?
A ver, no sé si puedo llegar a ser profesional.
Las demás son increíbles, pero yo no soy nada del otro mundo.
Pero quiero bailar.
No es ballet, pero a mí mis padres me dejan bailar.
Aunque no ayudará con los exámenes de acceso…
¿Recuerdas el juego de contar?
Ese al que jugábamos de camino a casa.
¿Por qué era tan divertido?
¿Qué juego?
Contábamos y luego nos pillábamos.
Ah…
Lo siento, no me acuerdo. ¿Jugábamos a eso?
¿En serio? Jugábamos mucho.
No me acuerdo de nada. ¿Volvíamos juntas a casa?
¿No te acuerdas?
La verdad es que no.
Solo te recuerdo como la niña que no hablaba japonés.
Bueno, al fin y al cabo, eso fue en primero.
Pero oye, tu japonés ha mejorado mucho.
¿Verdad?
Sí.
Sí, así que estoy pensando en desapuntarla.
Creo que es el momento.
Aoyama no sabía si avisar a su madre
de que oía lo que decía por teléfono.
Muchas niñas tienen extremidades largas
y cuerpos más apropiados para el ballet.
Me arrepiento de no haberla apuntado a otro deporte más adecuado para ella.
Esperaba que hiciera amigos en algo en lo que no tuviera que hablar.
A ver si quedamos otro día para comer, Iijima.
Quiero darte las gracias por ocuparte de ella hasta ahora.
Yo no elegí nacer en este cuerpo
y tampoco es culpa mía no poder comunicarme con la gente.
Eso era lo que quería decirle.
Pero…
también sabía…
que no podría llegar a profesional.
Le repetí las palabras de mi madre a Iijima.
Aunque la razón por la que tuve que dejar el ballet no fue porque yo quisiera.
Todas las demás empezaron a los tres años, pero yo empecé tarde.
Todas son altas y tienen extremidades largas.
Todas se mueven con gracia y tienen mucho más talento que yo.
Tengo que empezar la academia.
Si paso más tiempo estudiando,
me quedaré aún más rezagada y seré una carga para ti, así que…
Quiero dejarlo.
¿Has tomado tú la decisión de dejarlo?
No tengo talento.
Pero has mejorado en cosas que antes no podías hacer.
Ser capaz de hacer algo que antes no podías es maravilloso.
Es una pérdida de tiempo para mí seguir con el ballet.
Jamás he tenido talento.
Si de verdad quieres seguir con el ballet, te apoyaré…
No tiene sentido que siga, así que no te molestes.
No…
No empecé a bailar por voluntad propia. Lo hice porque mi madre me obligó.
Y porque no tenía amigos en el colegio.
Le hice caso a mi madre
porque no tenía a nadie más con quien hablar.
Pero, sinceramente…
quería seguir un poco más.
Puedes ir a la academia y venir a mis clases.
Dile a tu madre que vas a estudiar y ven aquí.
Aoyama lavaba sus leotardos en la escuela y dejaba allí la ropa.
Ayudaba en la escuela para pagar la matrícula,
pero como no llegaba a cubrir el importe total,
Iijima, con su generosidad, le perdonaba el resto.
Aoyama le decía a su madre que iba a estudiar a la biblioteca
y siguió yendo a clases de ballet.
Y uno.
Extiende el brazo a un lado.
Arabesque.
La espalda recta.
Aoyama sacó buenas notas en los simulacros de examen
y seguramente la admitieran en sus institutos preferidos.
Si bien su madre eligió la mayoría de centros donde iba a solicitar plaza,
la lista también contenía institutos que le gustaban a ella.
Aoyama.
Quiero que tengas un papel en el próximo recital.
Serás Columbine.
Me encantaría.
Qué guay.
Además,
creo que estaría bien que se lo contaras a tu madre.
No sé si planeas seguir con el ballet cuando llegues al instituto,
pero creo que le vendría bien verte actuar.
También le pediré perdón por mantenerlo en secreto.
Intentaré invitarla.
Mamá, ¿podemos hablar?
¿Qué pasa?
Bueno…
¿Malas noticias?
No, no es eso.
Pues dime.
Sabes que estaba yendo a la academia, ¿no?
Y que estudiaba con amigos en la biblioteca. Bueno, sigo haciéndolo.
Y que saqué buena nota en el simulacro de examen.
Eso es porque estudié mucho y me alegro de haberlo hecho.
Creo que entraré en mi primera opción.
La cuestión es…
que te mentía cuando decía que iba a la biblioteca.
¿Qué quieres decir?
A veces, sí que iba a la biblioteca.
Pero la mayoría de las veces…
iba a clases de ballet.
El día que fui a decirle a Iijima que lo dejaba,
me dijo que, si la ayudaba en la escuela, me dejaría ir a clases gratis.
Guardaba la ropa y también lavaba mis cosas allí.
Así que había días en los que…
fingía que iba a la biblioteca y me iba a clase de ballet.
Y…
Entonces…
Bueno…
No tengo pensado seguir con el ballet en el instituto,
aunque me encante.
He hablado con Iijima sobre lo de dejarlo.
Y…
dentro de poco será mi último recital.
Iijima me ha ofrecido un papel y es de los principales.
Es mi primer recital importante, así que me gustaría que vinieras.
Sería genial que vinieras a verme.
¿Qué te…
parece?
¿Cómo te atreves a entrometerte en la educación de los demás?
No solo te has entrometido, también has interferido en ella.
No me puedo creer que me hayas engañado todo este tiempo.
¿Te conchabaste con una niña para engañar a sus padres?
¿Vas a adoptarla o qué?
No voy a dejar que participe en el recital.
Una niña de su edad no puede trabajar, Y no es cuestión de que cobre o no.
Es inmoral.
¿Le diste trabajo a cambio de clases gratis? ¿En serio?
Estaba sufriendo y la convenciste de que soy una madre tóxica.
¿Y ahora qué hago yo con mi relación con mi hija?
¿O creías que no podía pagar la matrícula? ¿Cuánto es?
Te la voy a pagar.
Aunque no debería, porque creía que la niña lo iba a dejar.
Pero te voy a pagar ese dinero.
Así que acepta el dinero y sigue con tus clases.
Ahora dame tus datos bancarios.
Esto vale para todo, pero lo que importa es el talento, ¿no?
Al final, no pude participar en el recital.
No he vuelto a bailar desde que entré en el instituto, y ahora…
La única sensación que me queda es que quería bailar.
MIÉRCOLES, TRECE DE SEPTIEMBRE
La madre de Aoyama ya había entrado en un orificio.
En su mente, Aoyama organizó lo que quería decirle a su madre
y se dirigió a un orificio.
Si hubiera podido elegir cómo quería nacer,
no sé si me habría elegido a mí misma.
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No busqué trabajo. Quería hacer el examen judicial.
¿No deberías renunciar al examen judicial?
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