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Dos días después de la aparición de los orificios,
tuvo lugar una reunión entre los miembros del Gobierno.
Los ministros que participaron en ella estaban perplejos.
Empezaron discutiendo cuál era el primer punto que debían abordar.
Me pregunto quién cavó esos orificios.
Por Dios.
¿Cómo va a cavar alguien un orificio en el aire?
¿Qué hacemos con ellos?
¿Y bajo qué jurisdicción están?
Debe de estar bajo tu jurisdicción, la del Ministerio de Defensa.
No estamos bajo ataque. ¿No debería ser la tuya?
No.
Jamás había oído hablar de orificios que aparecen de la nada.
Si flotan en el aire, ¿no deberían considerarse cultura?
¿Tú crees?
Sí, son arte, así que deberían ser competencia tuya.
Tiene sentido.
¿En serio?
Exacto. Son 100 000 yenes por persona por investigar los orificios.
No debería ser muy difícil. ¿Qué te parece?
Seguro que no tardaremos en encontrar participantes.
¿Podrás encontrar gente que esté dispuesta a investigar por 30 000 yenes?
No será nada difícil ni peligroso.
Sí, por supuesto.
El Gobierno dice que no es peligroso, así que no pasará nada.
En cuanto al pago,
cada participante recibirá 15 000 yenes por investigar los orificios.
No te preocupes. Yo me encargo.
Solo nos lo has pedido a nosotros, ¿no?
¿Puedes buscar a gente joven que quiera trabajar por 5000 yenes?
VIERNES, UNO DE DICIEMBRE
Hasta hace poco, trabajaba en un museo de cajas de música.
¿Qué es eso?
Es como un museo de arte gestionado por el ayuntamiento
que se especializa en cajas de música.
Igual aquí no hay ninguno.
Los trabajadores que intentaban llenar los orificios acabaron entrando.
¿Dónde vives ahora?
Ahora vivo aquí, pero antes vivía en el campo.
Mucha gente se mudó aquí desde que empezó todo.
No me mudé aquí por eso.
- Ah. - Bueno…
He estado de aquí para allá.
Pensé que estaría bien vivir en un lugar tranquilo,
y me puse a buscar.
Por eso no tenía trabajo fijo, la verdad.
Entre tantas idas y venidas,
ya había vivido aquí.
Os lo voy a contar en orden cronológico.
Yo trabajaba en una biblioteca.
No iba mucha gente y la cerraron
porque no podían mantenerla abierta para los pocos clientes que había.
Después de eso, me lancé a la aventura
y me mudé aquí para buscar un trabajo diferente.
¡Voy a recoger la comida!
Matsuoka consiguió trabajo en una agencia de publicidad.
Al principio, me hacía ilusión,
pero el horario de trabajo era brutal.
Era muy diferente a la biblioteca.
Casi no tenía tiempo para dormir, perdí la motivación
y estaba agotada.
Seguro que esta empresa habría contratado a cualquiera.
Nadie aguantaba aquí mucho tiempo.
¿Quién querría trabajar para una empresa tan explotadora?
La gente con talento se busca otra cosa.
Te he dicho que hay demasiada luz.
Y yo te digo que no se verá.
- ¡Claro que se ve! - ¡No, no se ve!
¿En serio?
Bueno, pues hazlo tú.
Pensé en hacer que pararan.
Pero eran peces gordos de la industria y yo era una novata.
Además, no quería entrometerme entre dos hombres enfadados.
Pero tenía que avisarles de que había llegado la comida
o un superior me gritaría.
No eres capaz de hacerlo solo, ¿verdad?
Esa no es la cuestión.
¿Tienes algún problema conmigo?
Solo te digo que hay demasiada luz, así que bájala un poco.
¿Dónde sobra luz aquí?
Eh…
Ha llegado la comida.
Está ahí.
¿Estás bien? ¿Qué pasa?
Si no os aviso, me caerá una bronca.
Ya.
¿Te han gritado?
No nos estábamos peleando.
Es nuestra forma de hablar.
Es muy brusca.
¿Cómo iba a saberlo?
Siempre usa demasiada luz, no nos tratamos así en serio.
Os estabais gritando.
Pero no nos peleábamos.
A mí también me parece que había demasiada luz.
¿Te refieres a la mía?
A la iluminación.
¿A mi iluminación?
He pensado que igual había demasiada luz.
¿Crees que había demasiada?
Había tanta luz que había pensado en sugerir
que la bajarais un poco.
¿Tú?
He pensado que, si al equipo de rodaje el parecía bien…
Pero la luz…
Parecía…
Parecía que había tanta luz que iba a quemar al actor.
¿Tan mal estaba? ¿No crees que exageras un poco?
Estabas utilizando demasiada luz.
He pensado que podría prender fuego al actor.
Pero…
Sí, quizá había demasiada luz. Admito que quizá me he pasado.
Lo siento.
No pasa nada.
Matsuoka decidió dejar el trabajo.
¿Por quién hacía todo esto?
No podía seguir así. Quería irme a un sitio tranquilo.
¿Y por qué empezaste a trabajar enseguida en el museo de cajas de música?
Porque necesitaba dinero para vivir.
Habría sido mejor pasar un tiempo sin trabajar.
Lo raro es
que, cuando no puedes permitirte tomarte un descanso,
ni siquiera te lo planteas como opción.
¿Te has ido de esa casa?
Sí, ya vivo aquí.
Nuestro museo es…
¿Cómo decirlo?
Recibimos muy pocas visitas.
Puede que sea un trabajo aburrido para alguien de tu edad.
No pasa nada.
En un día ajetreado solo recibimos cinco visitas.
En temporada baja, menos aún.
Hay muchos otros sitios que ofrecen mejores sueldos.
Se me da bien encontrar cosas que hacer.
Si viene un grupo, guíalos por la ruta que te acabo de enseñar.
Aunque solo recibimos un grupo al año como mucho.
Tú prepárate para guiarlos en caso de que vengan.
De acuerdo.
Esto es el escenario.
¿Representáis obras?
Solo cuando tenemos reservas,
llamamos al grupo de teatro de la ciudad para que representen cuentos.
Forma parte de las actividades extraescolares.
Un día, cuando Matsuoka estaba trabajando,
llegó un total de seis visitantes.
Somos del grupo de teatro.
- Os enseño… - Tranquila, sabemos dónde ir.
Ah, pasad.
De los seis visitantes de ese día,
uno de ellos había reservado un asiento para la actuación.
Aunque Matsuoka solo llevaba unas semanas trabajando allí,
era la primera reserva y le pareció inusual.
Perdón.
Reservé entrada para el espectáculo de hoy. Soy Yukie Hara.
Gracias por venir.
¿Quién es?
Soy yo, Caperucita.
Ah, Caperucita. Pasa.
No me encuentro bien y no puedo salir de la cama.
Hola, abuelita.
Abuelita, abuelita, qué orejas más grandes tienes.
Son para oírte mejor.
Y qué ojos más grandes tienes.
Me dan un poco de miedo.
No tengas miedo.
Son para verte mejor, cariño.
Y qué manos más grandes tienes, abuelita.
¿Siempre las has tenido así de grandes?
No tengas miedo.
Si no tuviera las manos grandes, no podría cogerte en brazos.
Otro día,
Matsuoka llegó al trabajo
y vio el nombre "Yukie Hara" en la lista de reservas.
No hacía ni una semana
desde que había asistido a la actuación anterior.
Perdón.
Reservé una entrada para el espectáculo de hoy. Soy Yukie Hara.
Sinceramente, la obra me había aburrido más que los anuncios de la tele.
Por un momento, me pregunté
si no tenía nada mejor que hacer que ver el mismo espectáculo dos veces.
Pero luego me di cuenta de que era una coincidencia que se llamaran igual.
Hola, abuelita.
Abuelita, abuelita, ¿siempre has tenido las orejas tan grandes?
Matsuoka tenía curiosidad
por ver cómo Yukie Hara vería el espectáculo.
Por lo tanto, la observó desde atrás.
Igual que la otra Yukie Hara,
tampoco apartó la mirada del escenario.
Qué manos más grandes tienes, abuelita.
Llevo un tiempo viviendo aquí, pero no sabía que existía este sitio.
¿Has visto el museo también?
Sí, aunque no hay mucho que ver.
Pero es bonito y tranquilo.
¿No conocerás a alguien que se llama igual que tú
y que vive por aquí?
Tiene la misma edad que tú.
No.
Hace poco,
una Yukie Hara con el mismo kanji vino a ver el espectáculo.
Al ver hoy la lista de reservas,
pensaba que había venido a verlo por segunda vez.
¿En serio?
¿Viene mucho por aquí?
Empecé a trabajar aquí hace poco,
así que no lo sé.
Igual me paso de vez en cuando.
Hara empezó a venir con regularidad.
No llegó a conocer a la otra Yukie Hara,
pero empezamos a hablar a menudo.
En los últimos seis meses,
has sido la única persona que ha visto la obra.
Qué difícil es cruzarse.
Matsuoka buscó la forma
de presentarle a Hara a la otra Yukie Hara.
Pensó en lo poco que recordaba de la otra Yukie Hara
y empezó a buscarla en internet.
Eso es.
Toca aquí para subir tu foto.
¿Tiene que ser una foto mía?
Puede ser cualquier cosa, un paisaje, por ejemplo.
Pues voy a poner una foto de mi perro.
Ahora escribe "Yukie Hara" en esta barra de búsqueda.
Hay muchas.
Esta es la otra Yukie Hara.
Bueno, todos se llaman Yukie Hara, pero…
Si tocas aquí, le puedes enviar un mensaje.
Ya veo.
Quizá debería usar una foto mía en vez de mi perro.
¿Me haces una foto?
Claro.
Vale.
- ¿Lista? - Sí.
¿Qué te parece?
La iluminación es perfecta.
La próxima vez te la haré en el museo.
¿Qué le escribo?
¿Está bien si le escribo de repente?
Claro que no.
"Hola, soy Yukie Hara".
Seguro que se sorprende al leerlo.
Las dos Yukie Hara se conocieron por redes sociales.
Resulta que la otra Yukie Hara
se dedicaba al mundo del arte y trabajaba en Alemania.
Por lo tanto, no estaba en Japón.
Sin embargo, prometieron verse
la próxima vez que volviera a Japón.
Han pasado seis años desde entonces.
Dejé mi trabajo en el museo.
Ahora trabajo en un pequeño baño público.
Es moderno y hay buen ambiente de trabajo.
"Matsuoka, espero que estés bien.
Tengo noticias.
Sigo en contacto con Yukie Hara y nos vamos a ver.
Han pasado seis años.
Por fin vuelve de Alemania.
Y todo gracias a ti, Matsuoka.
¿Quieres venir tú también?".
Me alegro de volver a verte.
¿Quién es?
Soy yo, Caperucita.
Ah, Caperucita. Pasa.
No me encuentro bien y no puedo salir de la cama.
Hola, abuelita.
Abuelita, abuelita, qué orejas más grandes tienes.
Son para oírte mejor.
Y qué ojos más grandes tienes.
Me dan un poco de miedo.
No tengas miedo.
Son para verte mejor, cariño.
Y qué manos más grandes tienes, abuelita.
¿Siempre las has tenido así de grandes?
No tengas miedo.
Si no tuviera las manos grandes, no podría cogerte en brazos.
También tienes la boca muy grande.
¿Siempre la has tenido así?
Seis años después, sigue siendo aburrida.
Aunque ninguna de las dos apartó la mirada del escenario.
Las Yukie Haras descubrieron
que tenían bastantes cosas en común.
No solo se llamaban igual,
sino que tenían la misma edad y cumplían años el mismo día.
Hasta sus perros cumplían años el mismo día y eran de la misma raza.
Sin embargo, habían nacido y crecido en lugares diferentes.
La otra Yukie Hara había visitado este lugar por casualidad.
Podemos volver a quedar aquí cuando vuelva de Alemania.
Sí, claro. Tengo que estar sana hasta entonces.
Aunque qué obra más aburrida.
¿Seguirán representándola?
Llevan seis años haciéndola, seguro que seguirá siendo aburrida.
Tú también deberías venir, Matsuoka.
Podemos cenar juntas la próxima vez.
Sí.
Verlas me dio ganas de envejecer bien.
Por eso volví a este pueblo.
Pero…
Hace dos años, me diagnosticaron una enfermedad.
En fin,
no me refería a enfermar cuando he dicho que tenía ganas de envejecer.
Pero bueno,
no es algo que se pueda elegir.
Así son las enfermedades.
¿No vuelve de Alemania hasta dentro de cuatro años?
¿A qué se dedica?
A algo relacionado con el arte.
No sé muy bien qué hace exactamente.
Entiendo.
Pero los orificios están ahí para nosotros.
Quizá puedas reunirte con ella allí.
¿También hay orificios en Alemania?
En Alemania
no hay.
En Alemania no hay ninguno.
Ah, vale.
En Alemania no hay orificios.
Si quiere entrar en uno,
tendrá que volver a Japón.
Pero no sabemos si quiere entrar.
Puede que no entre.
Pero aunque no entre…
Nos volveremos a ver dentro de los orificios algún día.
Te lo aseguro.
¿Puedes beber alcohol?
Buena pregunta.
Mierda.
Se está quemando la carne.
- ¡Uy! - Ay, no.
- Ya me como yo esto. - ¿En serio?
No es bueno comer cosas quemadas.
No quiero que se desperdicie.
Yo me como este.
- ¿Puedo usar esos palillos? - Adelante.
Gracias.
Hola, mamá.
He decidido que voy a entrar hoy por un orificio.
Sí, hoy.
Vale.
Gracias, tendré cuidado.
Sí, gracias.
DOMINGO, DIEZ DE DICIEMBRE
¿Crees que hay cobertura en los orificios?
No estoy segura.
Igual no es muy buena, ¿no?
Subtítulos: Lucas Marín Arenas
Sí, así que estoy pensando en desapuntarla.
Nací en el Reino Unido.
Todavía solo habla inglés y no ha hecho amigos en el colegio.
¿Ella quiere aprender?
Yo no elegí nacer en este cuerpo.
No es culpa mía.
¿Objetivamente?
Debería ir alguien que quiera ser profesional.
Lo que importa es el talento, ¿no?
El drama.
Seven Orifices. Episodio cuatro.
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