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Esos orificios gigantes aparecieron de repente.
Un total de siete orificios.
¿Cuándo?
¿Cómo?
¿Adónde llevan?
¿Qué podrían ser?
¡Guau!
Incluso desde esta distancia se ve que es enorme.
De cerca debe de ser como un edificio.
Este es uno de los orificios que aparecieron de repente.
Los obreros están cercando la zona.
Las investigaciones sobre los orificios llevan en marcha unos tres años y medio.
Diecisiete investigadores han entrado en los orificios,
pero no ha regresado ninguno.
Sin embargo,
los cables de seguridad que salen de los orificios
son prueba de que siguen vivos.
¿Cómo pueden seguir vivos?
¿Por qué no vuelven?
Gracias por sus preguntas.
Con base en los resultados actuales de nuestras investigaciones,
no hemos podido obtener información definitiva
sobre la profundidad de los orificios o si están conectados.
Por lo tanto, hemos decidido concluir nuestras investigaciones.
- ¿Qué? - ¿Qué?
Si se considera que un orificio es compatible con el entorno local
y se tiene en cuenta su impacto en la seguridad y el medio ambiente,
podría reconocerse como parte del paisaje.
Cuando se retiró el cerco alrededor de los orificios,
la gente empezó a interactuar con ellos de diversas formas.
Surgieron todo tipo de teorías
y muchos se aventuraron a entrar.
Un día, apareció un hombre que los adoraba como a deidades.
Se llamaba Ozawa.
Los orificios son
lugares que te alivian de la angustia.
Nadie ha vuelto de ninguno.
Lo que significa que es allí
donde encontraréis la liberación.
La pregunta es:
¿cómo entramos en los orificios?
Cuando estaba en educación infantil, Ozawa buscaba piñas de formas raras
y las tiraba desde los barrotes del parque.
Obligaba a los demás a recogerlas
y así se hizo respetar en su clase.
Pero esa es otra historia.
VIERNES, UNO DE DICIEMBRE
La organización liderada por Ozawa
designó del 1 al 30 de diciembre como el Festival de los Orificios.
Durante ese período, se permitía a los interesados entrar en los orificios.
Antes de entrar en un orificio,
cada persona debía documentar sus motivos.
Para cumplir esas instrucciones,
ocho personas se reunieron en la propiedad de Ozawa.
- A comer. - Buen trabajo a todos.
- Salud. - Salud.
¿Empezamos?
Algunos queremos acabar con esto hoy mismo.
- Bueno… - Sí.
¿Empezamos por los que planean entrar antes?
- Sí. - Buena idea.
A mí me toca el día 21.
A mí me toca el 13, voy antes que tú.
¿A alguien le toca antes que eso?
Yo sé la semana, pero aún no he fijado la fecha.
Aunque voy antes que ella.
Yo tampoco he fijado la fecha,
todavía no me he decidido.
A mí me toca el día seis.
- Pues igual serás el primero. - Sí.
Entonces os cuento mi historia el primero.
Vale…
Cuando quieras.
Vale.
Esto…
Cuando estaba en primaria,
empecé a jugar al fútbol después de ver un partido
en un canal de deportes.
Mi padre quería que hiciera algún tipo de actividad física,
así que iba a clases de natación desde muy pequeñito.
Pero no me gustaba.
El fútbol fue el primer deporte
que quise probar por iniciativa propia.
Los fines de semana, cuando tenía tiempo, entrenaba con mi padre.
Mi padre tenía experiencia en todo tipo de deportes
y era muy atlético.
Cuando estaba en segundo año,
Kawabata tenía buenas habilidades futbolísticas.
Sin embargo, como llegó tarde al equipo,
no le daban prioridad en los partidos y nunca jugaba mucho.
¿Ves dónde estoy?
¡Sí!
¿Dónde está la pelota?
Sí.
Nada de "sí". Te pregunto dónde está la pelota.
¿Dónde está?
¿Cuándo vas a aprender a jugar?
Hemos terminado por hoy.
¡Eh, Kawabata!
Tras dejar el fútbol,
Kawabata empezó a juntarse con Teppei y Yuki.
¡Es culpa tuya!
Otra vez la bruja de los refrescos.
A Iizuka le tiró uno el otro día.
Qué desperdicio comprarlos para tirárselos encima a la gente.
¿Estás bien? ¿Quieres ir a lavarte?
No hace falta.
Sigamos jugando.
Mañana tenéis partido,
así que vamos a entrenar.
Un día,
Kawabata vio que le faltaba su goma de borrar favorita.
Era una goma con dibujos de personas de cromos.
Yo tenía la misma goma.
No sé dónde la habré perdido.
Y…
¿Se te cayó en algún sitio?
No estaba en objetos perdidos.
¿Has mirado en la mochila?
Sí, pero no está ahí.
¿Y en tu escritorio?
Ya he mirado.
Quizá ya no la vendan.
¿Quién era?
La han encontrado.
¿Quién?
Eso da igual.
Es más pequeña que antes.
Alguien te la habrá robado y habrá venido a devolverla.
Eres un chico, así que véngate.
Al final, no me vengué.
Pero cuando me trataban injustamente en el equipo de béisbol del instituto,
mi padre siempre me decía que me defendiera.
En su paso por el instituto,
Kawabata nunca se enfadó con nadie.
Después, Kawabata fue a la universidad
y se echó novia.
¿Por qué has llegado tarde? He esperado dos horas.
A mí no me importa esperar si tú llegas dos horas tarde.
Te pregunto por qué has llegado tarde.
A mí me da igual,
no pasa nada si tú llegas tarde.
Bueno…
Entiendo.
Claro.
Gracias.
¿Por qué no te enfadas por eso?
Por lo visto, se pasa la noche fuera todos los días.
Aunque él le pida que pare, no para.
La cubrirías de mayonesa mientras duerme, ¿verdad, Akira?
¿Le has preguntado qué hace por las noches?
Me dijo que no hace nada malo.
Pero esto es asunto de los dos.
¿No te parece rara su reacción a tu pregunta?
Si a ti no te gusta
y ella quiere seguir contigo, debería dejar de llegar tarde.
Eso es lo que intento decirle.
Si sabe a qué te refieres,
eso significa que le da igual gustarte o no.
Yo no creo que sea así.
Entonces, ¿por qué no para?
Por lo visto,
sale a hacer fotos con otro chico.
¿Es idiota o qué? Es increíble.
- No se lo estás haciendo ver. - Bueno…
Sí, no niego esa posibilidad.
Deberías enfadarte con ella.
Kawabata empezó a pensar en por qué no le salía de dentro enfadarse.
No entendía lo que significa enfadarse.
No solo en esa situación.
Siempre he sido así.
Me preguntaba cómo sabían los demás
que se estaban enfadando.
Pero entonces me di cuenta
de que lo que hacía ella me molestaba y por eso les pedí su opinión.
Empecé a pensar
que quizá estaba enfadado de verdad,
pero no me había dado cuenta.
Me hizo preguntarme si las semilla de la ira
ya estaban brotando en mi interior.
Quizá las había arrancado sin saberlo.
Y entonces,
empecé a practicar el enfadarme.
Primero practiqué las expresiones faciales.
Luego, el decirlo en voz alta.
Deja de tomarme el pelo.
Deja… de tomarme… el pelo.
Deja de tomarme el pelo.
Por último, hice ejercicio.
La próxima vez que llegue tarde, se va a enterar.
Hola.
¿Has leído el libro que compraste en el rastro?
Lo tengo en buen estado.
¿Y hoy vas a comprarte otro libro caro para tu colección?
Me gusta tener mis libros expuestos, ¿sabes?
Me dije que lo haría la próxima vez y seguí practicando mi rabia.
Sigo practicando,
pero entonces aparecieron los orificios.
Mis padres entraron en un orificio muy pronto.
Soy el único que queda de mi familia.
Sí…
¿Tus padres conocían al señor Ozawa?
Sí. Me hablaron de él.
Nunca pensé que yo también entraría en un orificio,
pero cuando lo hicieron mis padres,
empecé a pensar que igual no estaba tan mal.
¿Se reunieron antes con Ozawa?
Sí.
¿Llegaste a echarle la bronca a tu novia?
Bueno, más o menos…
La razón principal por la que no consigues enfadarte es que,
desde la infancia, has buscado la aceptación
de los que te rodean, sobre todo de tus padres.
Por eso has aprendido
a reprimir tus deseos y emociones
todo lo posible.
No es mi intención reprimir mis emociones.
Hay bastantes niños así.
La vida de los niños
depende en gran medida de los padres.
Por eso a menudo intentan evitar causarles molestias.
Intentan convencerse a sí mismos
de que lo que sus padres quieren que hagan es lo que ellos quieren hacer.
Mientras crecías, una parte de ti creía
que para encajar entre tus amigos
tus deseos podían entorpecer la comunicación con ellos.
Y eso ya está arraigado en tu cuerpo y en tu cerebro.
Por eso, en el momento en que sientes ira
o cualquier otra emoción…
Cuando una emoción
brota en tu interior y sientes la necesidad de expresarla,
la reprimes instintivamente.
Últimamente, he empezado a reconocer cuando surge una emoción.
Es tu entorno.
En otras palabras, la sociedad.
Es la sociedad la que te ha hecho desistir a expresar tu ira.
Pero ahora has empezado a interactuar con la sociedad
y las personas te hacen pensar que quizás no pasa nada por enfadarse.
Así es como te sientes ahora.
Tienes la capacidad de enfadarte.
Hola.
¿Por qué llegas tarde?
Quiero saber el motivo.
¿Se ha retrasado el tren o qué?
Aunque tres horas de retraso parece improbable.
Necesito que me des una explicación.
¿Por qué? Estás en casa.
Bueno…
No…
No me gusta que llegues tarde.
Ya te lo he dicho alguna vez, ¿no?
¿Tienes planes para luego?
No, no es por eso.
Esperar aquí solo
dos o tres horas no es divertido.
A mí no me importa esperarte.
No me refiero a eso.
Quizá a ti no te importe, pero…
Seguro que tú también puedes esperar.
Si no tienes planes, puedes hacer algo mientras tanto.
Pero habíamos quedado a una hora.
Mira.
Quiero que dejes de llegar tarde.
No creo que podamos mantener esta relación
si seguimos haciendo cosas que al otro no le gustan.
Yo también lo creo, pero…
¿Y por qué no paras?
Llegar tarde no es algo que nos moleste a los dos.
No es solo llegar tarde.
Por ejemplo,
ir a una cafetería con otro tío.
Pero no he hecho nada malo.
Aun así, no es agradable, ¿verdad?
No estoy de acuerdo.
Si no haces nada malo, tú también puedes.
No me gusta que me controlen.
¿Qué? ¿Crees que te controlo?
Sí.
Por mí, puedes hacer lo que quieras.
Yo no salgo con otras chicas.
¿Por qué?
Porque, si la otra persona no está allí,
no puedes demostrar que no pasó nada.
Mira, Hikari.
Saliste a hacer fotos con otro tío
y dijiste que no pasó nada…
Porque es verdad.
Pero no puedes demostrarlo, ¿verdad?
¿No confías en mí?
No se trata de confianza.
Aunque confiemos el uno en el otro,
quiero que tengamos en cuenta los sentimientos del otro.
- Sí se trata de confianza. - ¡Te digo que no se trata de eso!
¿Por qué se lleva la peor parte el que tiene que confiar?
¿Por qué soy el único que sufre?
Deja de hablar de confianza cuando te conviene.
Además, estamos juntos en esta relación.
No puedes ir por ahí haciendo lo que te da la gana.
Cuando dos personas están juntas,
¡hay más cosas que considerar que cuando uno está solo!
Cuesta enfadarse, ¿eh?
No sé si me cabreé demasiado,
pero mientras discutíamos, empecé a perder el control.
Quizá debería haberme acostumbrado más a la ira antes.
Creo que es bueno que rompierais.
Da miedo cuando la otra persona empieza a tirar cosas.
Yo también me cagaría de miedo.
Me di cuenta de lo difícil que es controlar la mente y el cuerpo.
Debe de ser difícil escribir mientras escuchas.
Por ahora solo tomo notas. Más tarde lo transcribiré.
MIÉRCOLES, SEIS DE DICIEMBRE
Tal y como se le indicó,
Kawabata documentó su vida y se dirigió a un orificio.
Esta historia es una recopilación de experiencias personales
de ocho individuos de la era moderna que intentaron entrar en los orificios.
¿Me puedes enseñar lo que has escrito cuando acabes?
Claro.
Subtítulos: Lucas Marín Arenas
¿Te gustaría casarte?
Hace frío. ¿Puedo dormir aqui?
No esperaba volver a verte así.
Claro que me acuerdo.
Bueno, mi historia empieza con mi primer amor.
Seven Orifices.
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