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[♪♪♪]
- Buenas. - Hola.
- Qué bueno que pudieron venir.
Bienvenidos.
- Gracias. - Señor Del Pino.
- Adelante.
- Ay, qué gusto que nos acompañen hoy
en este día tan especial.
- El gusto es totalmente nuestro.
- Luce usted espectacular.
- Ay, gracias.
- La novia ya se está tardando, ¿no?
- Mi amor, déjala. Hoy es su gran día.
Hoy es el día de la princesa, de la reina.
[♪♪♪]
- Mira, ven.
Ahí viene, ahí viene.
[♪♪♪]
♪ Me dicen que eres prohibida y que me olvide, ♪
♪ Que me olvide. ♪
♪ Esta locura es imposible, ♪
♪ irresponsable e incomprensible. ♪
♪ No quiero, no, no quiero. ♪
♪ Pero esta fuerza nos atrae y crece sola, ♪
♪ es indiscutible. ♪
♪ Somos imanes en polos opuestos, ♪
♪ inseparables aunque estemos lejos. ♪
♪ Aunque estemos lejos, aunque estemos lejos. ♪
♪ Así quisiera no puedo escaparte, ♪
♪ entre las sombras puedo rescatarte, ♪
♪ no importa lo que digan, voy a amarte. ♪
- Elisa...
Quiero decirte que...
♪ Puedo ser, yo puedo ser, ♪
♪ la razón, la razón, ♪
♪ de poder dejar a todo el mundo atrás. ♪
♪ Yo te doy... ♪
- Bueno, vamos.
Vamos, vamos que ya nos está esperando la gente.
Ven, vamos.
- Sí.
- Con permiso.
- ¿Qué era eso que le querías decir?
- ¿A Elisa?
- Ujum.
- Que sea muy feliz.
- Ay, lo es. Lo es.
Ella es muy feliz y está súper enamorada.
Qué viva el amor.
¿Nos vamos?
- Vamos, sí, sí, sí, perfecto.
Bueno, vamos.
- Sí, con permiso.
[Marcha nupcial]
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Gracias.
Estás hermosa.
Sacerdote: Vamos a dar inicio a la ceremonia.
Por favor tomen asiento.
Estamos aquí reunidos para unir en matrimonio
a Elisa y a Roberto.
Elisa, Roberto, ¿han venido a contraer matrimonio
por su libre y plena voluntad
sin que nada ni nadie los presione?
- Sí, hemos venido libremente.
- Sí, hemos venido libremente.
- ¿Están dispuestos ustedes a amarse y a honrarse mutuamente
en su matrimonio durante toda la vida?
- Sí, estamos dispuestos.
- Sí, estamos dispuestos.
- Tengo el impulso de salir corriendo
y de no casarme.
- ¿Están dispuestos a recibir con amor y responsabilidad
a los hijos que Dios les dé para amarlos y educarlos
según la ley de Cristo y de la iglesia?
- Sí, estamos dispuestos.
- Sí, estamos dispuestos.
- Y yo que siempre pensé que me iba a casar con Elisa.
No sé, mírame ahora.
Vengo a su boda pero se casa con otro.
- Yo, Roberto, te pido a ti, Elisa, que seas mi esposa
porque te amo, y prometo serte fiel.
- Esta va a ser nuestra despedida, mi rey.
De ahora en adelante
tienes que ser el mejor de los esposos, ¿hm?
[♪♪♪]
- Yo, Elisa...
te acepto a ti, Roberto, como mi esposo porque te amo,
y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso,
en la salud y en la enfermedad,
y respetarte todos los días de mi vida.
Sebastián: No te ves ilusionada como todas las novias
y no me digas que es por lo de Ana.
Vas a dar un paso muy importante.
Si no estás muy segura, no lo hagas.
Sacerdote: Que el Señor confirme este consentimiento
que han manifestado ante la iglesia
y cumplan ustedes su bendición.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
Que el Señor confirme este consentimiento
que han manifestado ante la iglesia
y cumpla para ustedes su bendición.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
los declaro marido y mujer.
Lo que Dios acaba de unir no lo separe el hombre.
Se pueden besar.
[Aplausos]
- Te amo.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
[Vítores y aplausos]
[♪♪♪]
- Por un momento pensé que le ibas a decir
toda la verdad a Elisa.
- Debiste hacerlo.
- No, no, imposible, ¿cómo crees?
Antes, tengo que hacerle justicia a mi abuela.
Ya, ¿para qué digo más?
- La boda fue un poco gris pero Elisa así lo quiso.
Muchas gracias por haber estado pendiente
hasta el último detalle.
- Ay, mi vida, ya sabes cómo soy.
Todo lo hago con muchísimo amor.
Y tú, Sebas, ya eres el próximo.
Nos tienes que avisar con tiempo, ¿eh?,
para ahora sí tirar la casa por la ventana.
- No, no, cuando Moni y yo nos casemos
va a ser algo muy pero muy simple.
- Ah.
- ¿Verdad, mi amor?
- Sí.
- Ya lo hemos estado platicando.
- Hm.
- Te juro que estoy todo confundido.
Fuera de Alonso, todos han estado en muy buen plan.
Tal vez tengan razón y este sí es mi lugar.
Además, sería absurdo dejar mi patrimonio
en manos de otros.
Mi hermano me necesita.
- Si quieres, podemos intentarlo.
Pero si alguno de los dos no está contento,
nos regresamos a Cambridge.
- ¡Guau, qué felicidad! Qué gran noticia.
- Simplemente vamos a estar como en una etapa de prueba.
- Te prometemos hacer mucho méritos
para que nos aceptes y te quedes permanentemente en la casa.
- Bueno, no se diga más.
Vayan a Cambridge, vayan a finiquitar sus asuntos
y regresen en la brevedad posible.
- Bienvenidos a casa.
- Salud.
[♪♪♪]
- Síte?
Elisa tenía puesta la cadenita con el dije
que le regalé hace diez años.
- La que tenía escrito "FE".
- Si se lo puso, teniendo tantas joyas carísimas,
es porque me sigue recordando, ¿no?
- Obvio.
- Yo sé que fue una boda sencilla, pero inolvidable.
Y por eso vamos a brindar.
Brindemos solo por eso.
Quiero que brindemos por nosotros.
♪ Me dicen que eres prohibida y que me olvide, ♪
♪ Que esta locura es imposible, ♪
♪ irresponsable e incomprensible. ♪
♪ Pero esta fuerza nos atrae y crece sola, ♪
♪ es indiscutible. ♪
♪ Somos imanes en polos opuestos... ♪
- Ayúdame a ponérmela.
♪ ...inseparables aunque estemos lejos. ♪
♪ Aunque estemos lejos, aunque estemos lejos. ♪
Elisa: "FE".
- Son nuestras iniciales un poco disimuladas.
♪ ...entre las sombras puedo rescatarte... ♪
- ¿No te vas a poner las perlas que eran de tu madre?
- No es de buena suerte usar perlas en una boda.
- Es la cadenita que te dio Francisco.
- Sí.
- Elisa, ¿por qué estás haciendo esto?
- No sé, pero es lo que me voy a poner.
- Por toda una vida juntos
y llena de felicidad.
Salud.
[♪♪♪]
- Debiste haberle dicho.
Sufres porque quieres, brother.
- La vida quiso que fuera así.
- No, no, no, no, ¿qué es este drama?
Estamos grabando una novela ¿o qué?
[Se ríe] - Tú no sabes lo que dices.
No sabes lo que se siente aquí adentro
ver a la mujer que amas ahí de blanco
pero casándose con otro.
Tenía que ser yo.
Tenía que ser yo el que se casaba hoy con Elisa.
Era mi lugar.
- Sí, sí, tienes toda la razón, pero espérate.
Las cosas están así en este momento.
No sabemos mañana o después. Espérate.
- Mi amor, ya deja de preocuparte por Ana.
Vives en la luna todo el tiempo ahora.
Y yo sé que...
- Lo peor de todo es no saber en dónde está Ana.
- Ya sé, mi amor. Ya lo sé, pero ¿qué más podemos hacer?
Ya lo hemos hablado mil veces.
Ya, ¿sí?
[♪♪♪]
- La policía siguió investigando y no encuentran nada
que puede incriminar a los empleados de la clínica
donde estaba Ana.
- Es muy triste esta situación pero yo creo
que no nos queda de otra que pensar que la pobre
ya nos abandonó en este mundo.
- Sí, sí, y los secuestradores ya no van a llamar.
Ya ha pasado mucho tiempo.
- Las cosas son cómo son y no podemos cambiarlas.
- Eso no quiere decir que deja de afectarnos.
[♪♪♪]
- Ah, estoy agotado.
Voy a caer como un tronco.
- Ten entiendo, mi amor, no es para menos.
Ay, mira, voy por algo de tomar y regreso al rato, ¿sí?
- ¿Sí?
- Sí, ya acuéstate.
Ya vuelvo. No me tardo.
- Mua. Nos vemos.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
[♪♪♪]
[♪♪♪]
[♪♪♪]
♪ Tema musical ♪]
- Vine porque sabía que ibas a estar tirado a morir,
pero ya es muy tarde y me tengo que ir, papis.
- Sí, sí, sí, creo que es mejor que nos vayamos.
Mañana tengo el vuelo a primera hora.
- Me vas a hacer falta, loco.
- A mí también, pero bueno, el deber me llama, ¿no?
Oye, sé que tienes ese problema en tu casa con tu esposa
pero si le llega pasar algo, llámame.
Voy a estar pendiente.
- Sí, sí, tranquilo.
Que tengas buen viaje, mi Marcelo.
- Un placer.
Mi Frank, nos vemos pronto, hermano.
- No quiero que te metas en ningún problema.
- Tranquilo, tranquilo, todo va a estar bien.
- Sí, "tranquilo, tranquilo".
Recuerda lo que te dije:
La venganza se come en un plato frío.
[♪♪♪]
- ¿Ya viste como es Alonso?
Solo es bueno para decir estupideces.
- Ay, al menos parece que dice la verdad.
En cambio Fernanda no me parece muy sincera.
- No, pero es muy política.
- Vamos a estar viviendo en un auténtico nido de víboras.
- Sí.
Mira, a la primera que hagan, nos regresamos a Cambridge.
O nos vamos a nuestro propio departamento.
- ¡No, no, no! ¿Qué haces?
- En serio, piénsalo.
- Oh, no, no. - Sí.
- Uh-uh.
- Alberto piensa que me castigó,
desairándome al no venir a la boda, viejo imbécil,
con la falta que nos hizo.
- Es tu consuegro, mi amor.
Te conviene limar asperezas con él.
- Por mí que se vaya al diablo.
- Tienes que ser más inteligente que él.
No hay enemigo pequeño
y al final del día es el papá de Brenda.
- ¿Sabes qué? No hablemos más de ese viejo.
Eso me pone muy nervioso.
¿Sabes qué me gustaría?
- ¿Que haga feliz a papá?
[Se ríe] - Eso es lo que más me gusta de ti, mi amor.
Me adivinas el pensamiento.
Ven. Ven aquí, chiquita.
[♪♪♪]
- Sabes que me preocupa mucho lo que dijo el consuegro
de los Del Pino.
- Señores míos, el prestigio de los Del Pino es puro blof.
Y, de verdad, que no me gustaría que se dejen ustedes
llevar por las primeras impresiones.
- Y eso actualmente ¿por qué lo dice?
- Porque cometen demasiadas irregularidades en sus obras.
Además, sé de muy buena tinta que la arena que utilizan
es de origen ilícito
y no dudaría para nada que no cumplan ninguna
de las especificaciones necesarias
en sus construcciones, señores,
y eso, a la larga o a la corta
podría ser un problema muy serio para ustedes.
[♪♪♪]
- Tenemos que revisar los contratos.
Todo lo que vayamos a firmar lo tenemos que revisar.
No nos vamos a quedar en la quiebra.
- No, obviamente no, pero por eso no te preocupes.
Ignacio ya está investigando.
- Sí, sí, aunque se nota a leguas
que tiene una mala relación con los Del Pino, ¿no?
- Sí, su hija está casada con Gabriel
y ni siquiera fue a la boda.
- Claro.
- Clarísimo.
- Bueno, descansa.
Duerme bien.
- Trataré.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
[Gritos ahogados]
[Jadeos]
[♪♪♪]
No te preocupes sin razón, Ana.
Aquí estás segura.
Fernanda ya no va a molestarte, ¿sí?
- Sí.
El sueño fue tan real.
- Mira, lo único que tiene que preocuparte
es tu recuperación.
Y ya vas muy bien, mírate.
Eso me alegra mucho.
- Ha sido muy difícil, Francisco.
No te imaginas lo que sufro en las terapias físicas.
Y me ves bien, tranquila en este momento pero...
Pero de repente me entran las ansias
de que me inyecten algo, lo que sea.
- Sí, pero te vas a poner bien.
Ya vas encaminada. Un poquito de paciencia.
Y yo sé que no es fácil pero también sé que puedes.
- Tengo muchos motivos para recuperar.
Esa infeliz no se va a salir con la suya.
[♪♪♪]
- El doctor Pibaral, que en paz descanse,
me habló hace muchos años de usted.
Me dijo que era muy eficiente.
Claro, siempre y cuando se le pagara bien.
- Le informó bien.
A ver, ¿y como pa qué soy bueno?
¿Qué es lo que necesita, señorita?
- Señora, lamentablemente.
Pues, en la clínica del doctor Pibaral
había una paciente internada de una familia.
Y justamente hace un par de días entraron unos hombres armados,
unos secuestradores, y se la llevaron
y yo necesito que usted la busque,
así sea en el último rincón del océano.
- No puedo creer todo lo que estás haciendo.
Tú sabes que si Fernanda descubre quién realmente eres,
estarías en grave peligro, ¿no?
- Sí pero eso no va a pasar así que tú no te preocupes.
- ¿Y fuiste a la boda de Elisa?
Me habría encantado verla vestida de novia.
Te amaba tanto.
Nunca me imaginé que pudiera enamorarse de otra persona.
- Tan se enamoró que se casó con él.
- Esta paciente estuvo internada diez años
en la clínica del doctor Pibaral.
Todo este tiempo la estuvieron drogando y sedando.
- Como quien dice, muerta en vida.
- Ujum, así mismito.
Ahora, los secuestradores nunca pidieron el rescate.
- Entonces ¿por qué la secuestraron?
- Hm, esa es la misma pregunta que me hago yo.
Seguramente la internaron en otra clínica.
- Y usted quiere que yo la busque.
- Ujum.
- ¿Y por qué no la busca la policía?
- Yo quiere que la encuentre usted.
Los secuestradores no son estúpidos.
Seguramente usaron otro nombre,
y es muy difícil encontrar ese tipo de paciente
con esas características.
Así que una vez que usted la encuentre, mátela.
[♪♪♪]
[♪ Tema musical ♪]
El dinero, para que se motive.
Y las fotos para que vea cómo luce.
La verdad, la pobre,
es que está hecha todo un guiñapo.
- Ahora sí nos estamos entendiendo.
Voy a investigar y cuando sepa algo, le dejo saber.
Pero quiero que sepa que para confirmar lo de la ejecución,
le va a costar más.
¿Entiende?
- Sí, tranquilo, no pasa nada.
Es más, nosotros vamos a hacer muchos negocios juntos
y le tengo una propuesta muy jugosa.
[♪♪♪]
- Hola.
¿Por qué tan solita?
- Sebastián fue a la constructora
con tu papá y con Gabriel.
- Oye, y ¿cuándo piensan viajar a Cambridge?
- Mañana.
- A todo esto, no sé si ya viven juntos.
- Bueno, cada quien tiene su propio departamento
pero a veces me quedo con él, ujum.
- Estás guapísima.
Pero, bueno, eso ya lo sabes, ¿no?
Hasta que Sebastián por fin agarró una
que vale la pena.
[♪♪♪]
- Lo que mi papá hizo estaba muy mal.
Debieran asistir a la boda.
Todos los invitados preguntaban por ustedes.
- No quiso.
¿Qué quieres tú que yo haga, ah?
Le insistí hasta el cansancio pero...
Yo me imagino los comentarios de Alfredo.
- Es que esa fue la peor parte. Que no dijo nada.
- ¿Qué problema habrán tenido Alfredo y tu padre?
En realidad que nunca se vieron con buenos ojos
pero es que últimamente lo odia a muerte.
- No tengo ni la menor idea, mamá.
- Creí que tú también trabajabas en la constructora.
- Sí, obvio.
Bueno, lo que pasa es que mi horario
es como más flexible.
- Qué bien por ti.
- Oye, espero que podamos ser buenos amigos.
Digo, se trata de que te sientas a gusto viviendo en la casa
con mi familia, ¿no?
Así que, aquí estoy, cualquier cosa que necesites.
Tú dices "rana" y yo salto.
- Ay, gracias, pero no voy a necesitar nada de ti,
solo que me respetes y mantengas distancia.
[♪♪♪]
- Tú no hagas caso.
No permitas, hija, que nada interfiera con tu matrimonio,
¿está bien?
- Ma, eso es lo que he hecho y lo que estoy tratando de hacer
pero es muy incómodo tenerlos que ver ustedes por separado.
- No creo que haya problema con Gabriel.
- ¿Tú crees?
- No me atrevería juntarlos sabiendo en el plan
que anda mi papá.
Es una situación muy incómoda, de verdad.
Ya no sé si me quiero llevar este.
- Ay.
- No me gusta que se haya quedado
sin trabajo por mi culpa.
- No te preocupes.
Lo vamos a reubicar en cualquier otro lado.
La empresa es nuestra, ¿eh?, y no voy a permitir
que un extraño cumple tu lugar, así que, no te preocupes.
- Ok, bueno, pues, mañana viajamos
para vaciar nuestros departamentos
y de una vez cancelar los contratos de cable,
de Uber, teléfono...
[Vibra celular]
- ¿Bueno?
- ¿Alfredo Del Pino?
- Sí, soy yo.
- Está recibiendo la llamada que siempre estaba esperando.
Tengo a su hija Ana.
¿Está listo para negociar?
- Es muchísimo dinero
y la empresa no está en la mejor situación.
No se puede. Imposible.
- Una cosa es la empresa y otra tu fortuna personal, ¿eh?
- Alfredo, por Dios, es tu hija.
Tienes que pagarles.
- Ana es un bulto que respira, ¡por favor!
Ya lo hemos hablado infinidad de veces.
Mira, papá, si vas a tirar el dinero,
mejor regálamelo a mí.
- ¿No deberías estar con ellos?
Eres parte de la familia.
- Ay, no, ese es un tema en el que ni quiero
ni puedo opinar, ¿sabes?
O sea, que hagan lo que se les dé la gana
porque al final, ¿yo qué?
- Se trata de tu cuñada.
- Sí pero cuando Gabriel y yo nos hicimos novios
ya ella tenía un tiempo en el manicomio.
- Y Érika, ¿ya está más tranquila?
- ¡Ah! ¿Qué va estar?
Pero tampoco puedo permitir que me trate así.
Digo, no le he dado motivos.
Anoche me dijo...
- Pues me vas a tener que contar con cuáles son los amigos
que te juntas porque ese cuento no me lo creo.
Ni que fuera taruga.
- ¿Qué diablos estás haciendo?
- Pues checando a ver si estás con una vieja.
- No empieces con tonterías, Érika.
Soy tu esposo pero no soy de tu propiedad.
Tengo derecho a salir con quien yo quiera, ¿me entendiste?
Érika es a todo dar en muchas cosas
y estoy enamoradísimo de ella, pero neta,
no le voy a seguir permitiendo sus rollos tóxicos.
- Bueno, la verdad, sí se pasó un poco.
- ¿Un poco? Un mucho.
Sin confianza esto no va a funcionar.
Parece marido machista.
¿Qué se trae?
- Yo también la pasé muy bien en la fiesta.
Lástima que te tuviste que regresar a Monterrey
tan rápido.
Me hubiera gustado que paseáramos por lugares lindos
que conozco.
- Mira, créeme que nada me hubiera gustado más
que quedarme.
- Bueno, espero que por lo menos me estés extrañando
aunque sea un poquito.
- Bueno, ¿y si te dijera que ya te estoy extrañando?
- Antes que nada, necesitamos saber
si por lo menos sigue viva.
- Y sí, como Ana se volvió mudita,
que manden una foto o algo, no sé.
- Sí, ya luego negocias el rescate.
- Sí, papá, siempre se van a lo alto
y al final terminan bajándose a la quinta parte.
- Bueno, un millón tampoco sería una cantidad despreciable.
- A ver, lo que voy a hacer es avisarle a la policía.
Por ahí tendría que haber empezado.
- Mi amor, por favor, podrían lastimarla.
- No estoy dispuesto a tirar mi dinero
para dárselo a esos sinvergüenzas.
No pienso pagar nada, ¿está claro?
[♪♪♪]
[♪ Tema musical ♪]
- Sí, eso oí, que tu papá
era el dueño de una constructora también.
- Y para colmo, la principal competidora
de los Del Pino.
- ¿Cómo? ¿No se llevan bien?
- No.
Casi se muere cuando Gabriel y yo nos hicimos novios.
Y cuando pidió mi mano ni te cuento.
Moni, te digo algo: Me caes muy bien.
Además, pienso que tú y Sebas hacen lindísima pareja.
- Gracias.
- Ay, tengo una idea.
Cuando regreses, nos vamos a ir de compras.
Ay, no es para que te sientas mal
pero necesitas verte más de moda.
Ahora que vas a ser una Del Pino,
no puedes andar en esas fachas.
- Estoy totalmente de acuerdo contigo, papá.
Mira, si cedes a lo que te piden,
luego van a querer secuestrar a otro de la familia
y no vamos a acabar con eso nunca.
- Bueno, aquí finalmente lo que más importa
es recuperar a Ana.
- Bueno, ¿recuperarla recuperarla?
Ana lleva diez años en la clínica y nunca mejoró.
- Más bien empeoró y no es más que la verdad y lo saben.
- A ver, a ver, obviamente estamos enojados
por lo que pasó con mi mamá,
pero también sabemos las condiciones
en las que estaba Ana, ¿no?
Fernanda: Ujum.
- Al final somos familia.
- Repito, que la policía se encargue
y es mi última palabra.
- Hay algo que no te he contado.
Ignacio, mi investigador, cree haber encontrado
el Eugenio Beltrán que buscamos.
- ¿En serio?
- Este hombre es hijo de una que fue secretaria
del padre de Alfredo Del Pino.
- ¿Vive aquí en Miami?
- No, vivió en Dallas. Hace poco murió.
- En la torre.
Si está muerto nos quedamos en las mismas.
- Es que ¿quién podría tener interés en matarlo?
- No sé.
¿Tú crees que podría ser Fernanda?
Yo lo digo por los mensajes que vio en su celular.
[♪♪♪]
- Bueno, de chavito sí fui muy noviero.
Pero luego, con el tiempo, como que me volví más exigente.
- ¿Y eso?
- Pues, como que me he vuelto más formal.
Ya sabes, estoy en edad de sentar cabeza,
y mi esposa no podría ser cualquiera.
- Pues ojalá encuentres una candidata
que llene los requisitos.
- ¿Y si te dijera que ya la encontré?
- Bueno, tu papá ya tomó una decisión
así que los que nosotros opinemos da igual.
- La verdad, yo hubiera hecho lo mismo.
No doy un solo centavo.
- Eh, ¿te tomaste tus medicinas?
- Sí, pero seamos sinceros, mi amor.
Este... problema que tengo no se va a solucionar.
Yo he estado pensando seriamente en ponerme un implante.
Leí en una revista que...
- No, mi amor.
No tomes decisiones precipitadas.
En lo que a mi respecta, no hay prisa.
- Gracias, mi amor. Eres una santa.
[♪♪♪]
[Gemidos]
- Dime que te gusto, ¿eh?
Dime que te vuelvo loca.
- ¡Me vuelves loca! - ¡Eso!
- ¡Me encantas!
- Te dije que era conveniente tener un suplente efectivo
en casa, mi reina.
[Gemidos]
- Si alguien se diera cuenta, ni te digo.
- Pues nadie se tiene que dar cuenta,
así que vamos a apurarnos para que regreses a los brazos
de mi hermanito, ¿eh?
[Gemidos]
- Gracias por ser tan comprensiva,
tan sensible conmigo.
Gracias.
Yo sé que no es fácil. Yo sé.
Te amo.
- Lo voy sobrellevando, mi amor.
- Ignora el comentario de Brenda.
No es más que una niña rica fresa.
- A ver, no lo dijo con mala intención.
Al contrario.
Pero es que...
- No vale la pena que te preocupes por eso.
- Pero la verdad es que tiene razón.
Me visto con ropa barata que compro en tiendas baratas.
Obviamente se nota la diferencia entre lo que usan ellas
y lo que uso yo.
- Pues la solución es muy fácil.
Se van de compras, te haces un nuevo guardarropa y ya,
¿cuál es el problema?
- No tengo dinero para eso.
- Pero yo sí.
- Ay, Sebastián.
- No me lo podría gastar en nada mejor que en ti.
[♪♪♪]
- No pienso hacer feliz a papá esta noche.
- Y ¿por qué no?
- Porque estoy muy decepcionada y muy triste.
- ¿Yo qué hice ahora?
- ¿Cómo que qué?
No le has dado la importancia a Ana que merece
en esta familia.
No te importa tu hija, ¡por Dios!
- Es una cosa de principios, Fernanda.
No puedo permitir que unos criminales nos manipulen.
- Si estuviera en mis manos, yo mismo pago el rescate.
- Anda, relájate, ven, ven aquí.
- No, no, no. No me toques.
Hasta que no pagues el rescate,
no voy a hacer feliz a papá ni hoy ni nunca.
[♪♪♪]
[♪ Tema musical ♪]
- Hola, ¿cómo dormiste?
- Bien. Demasiado, diría yo.
- Qué bueno.
- ¿Dónde estabas?
- Bajé a desayunar.
- ¿Estás muy enojado conmigo?
- No es enojado, Elisa.
Es preocupado.
No es normal lo que está pasando.
Estamos en nuestra luna de miel
en la ciudad más romántica del mundo
y cada vez que quiero hacerte el amor, no puedes.
Simplemente no puedes.
♪ Me dicen que eres prohibida y que me olvide, ♪
♪ Que me olvide. ♪
♪ Esta locura es imposible, ♪
♪ irresponsable e incomprensible. ♪
♪ No quiero, no, no quiero. ♪
♪ Pero esta fuerza nos atrae y crece sola, ♪
♪ es indiscutible. ♪
♪ Somos imanes en polos opuestos, ♪
♪ inseparables aunque estemos lejos. ♪
- Perdóname.
No sé qué me pasa.
Fernanda: No está dispuesto a pagar nada por su hija.
Es un viejo miserable.
- Entonces, ¿no sigo?
- No, hasta nuevo aviso.
Estoy tratando de convencerlo.
Si lo logro, me comunico de inmediato con usted.
Ahora, eso sí, búsqueme a la drogadicta
y encuéntremela a cómo dé lugar.
- Bueno, en eso ando.
- Alfredo hoy mismo va a involucrar a la policía
así que deshágase del teléfono
en el que lo llamó, ¿estamos?
- Gracias por el consejo, mi reina,
pero ya lo hice.
Recuerde que usted está lidiando con un profesional.
- Muchas gracias por la gran ayuda que nos prestan.
- Estamos para servirle.
- ¿Y? ¿En qué quedaron?
- Van a investigar el número del que me llamaron,
pero obviamente tienen que haber usado
un teléfono de esos desechables.
Y van a intervenir mi número
para cuando vuelvan a llamar, así que, cuidado.
- Fuiste muy amable al invitarme a lonchar.
- Pues sabía que Marcelo ya no estaba
y no quería que te quedaras solito.
- No estoy tan solito.
Pensé que los demás nos iban a acompañar.
- Tenían que trabajar.
[♪♪♪]
- Solo voy rápido al baño y empezamos a hacer maleta, ¿va?
- Sí. Eh, ¿Sebastián?
- Sí.
- He estado pensando y creo que es mejor
que vayas a Miami tú solo.
- Y ahora ¿qué pasa?
- No me siento segura ahí, Sebastián.
Prefiero quedarme.
- Dudo mucho que la policía logre averiguar algo.
Tiene que haber sido alguien de la clínica.
¿Quién más?
¿Cómo iban a saber que Ana estaba ahí?
- Además, si lo que quieren es sacarme dinero,
¿por qué Ana?
Pues, podrían haber secuestrado a ti, a Alonso, a Elisa.
- O a Fernanda.
Por ella harías lo que fuera.
- Ay, tengo muchas cosas que hacer en la oficina también
pero decidí darme el día libre.
La verdad, estoy muy, muy estresada.
- ¿Y por qué tan estresada?
- Ay, Emilio, se han juntado tantas cosas.
Hace poco se murió una señora que yo apreciaba mucho.
De hecho, la enterramos el domingo pasado.
[♪♪♪]
- Quedamos en que si no te gustaba
ya nos regresábamos.
- A ver, tú vas a estar con tu familia.
Seguramente tienes muchos amigos y yo no conozco a nadie.
- Allá vas a conocer. Date chance, ¿no?
Mira, vas a ser muy amiga de Tania, de Elisa.
No seas así, por fa.
Elisa tiene razón. Es nuestro patrimonio.
Tengo que defender lo que es mío.
Ni modo que se lo deja a alguien más.
- Yo no debo contarte estas cosas.
Si saben que he hablado todo esto me van a odiar
más de le que ya me odien.
- ¿Y quién va a odiarte?
- Ay, los hijos de Alfredo.
Algunos me mastican, otros no me tragan
y otros me detestan abiertamente.
- ¿Los cuatro?
- Alfredo tenía cinco hijos.
La quinta, Ana,
la única con la que yo llevaba una relación maravillosa.
Desgraciadamente ella no está con nosotros.
Tuvo problemas con drogas.
Alfredo decidió internarla en una clínica psiquiátrica
hace como diez años.
- Y en todo ese tiempo, ¿no la trajeron de vuelta a la casa?
- Tuvo una sobredosis y su cerebro se ve muy afectado.
Alfredo optó por dejarla ahí.
Pero bueno, mejor cambiemos el tema.
Háblame de ti.
Me imagino que dejaste muchos corazones rotos en Monterrey.
- No, qué va. Ni uno, fíjate.
- Eso nadie te lo podría creer.
Desde que te vi por primera vez,
sentí que te conocía de toda la vida.
Y...
Sentí también el deseo de ser para ti una amiga.
La mejor de las amigas.
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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