All language subtitles for Sed de venganza_S01E07_Atrapada.mp4-es-1

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Original subtitles

- Buenos días, abogado Richards.

No sé si se acuerda de mí.

Soy Fernanda Ríos, la pareja de Eugenio Beltrán.

- Sí, por supuesto.

- Pues aquí estoy en la Florida, pasando la temporada,

y pues perdí las noticias el otro día

y vi que hubo un incendio en el edificio de Eugenio.

Hace varios días no sé nada de él.

Nosotros siempre nos hablamos a diario y, pues,

estoy un poco preocupada.

- Entonces no está enterada.

- ¿De qué?

- El incendio empezó en el departamento

del señor Beltrán.

Él lamentablemente falleció en su recámara.

- Ay, no, no me diga eso, por favor.

No me pudo haber dado peor noticia, de verdad.

- Yo tampoco me esperaba algo semejante.

- Ay, no sé qué va a ser de mi vida sin él.

- Créame que lo lamento muchísimo.

- Pues ni modo, no va a quedar de otra

que montarme en un avión y encargarme de su sepelio.

Eugenio una vez me comentó que yo iba a ser

su hereda universal.

Me dijo que usted se podía encargar de todo el asunto.

¿Es cierto?

- En efecto.

Tengo el testamento y soy su albacea.

Pero a usted no le dejó nada.

En memoria de su madre, dejó todo a una fundación

que apoya las madres solteras en Dallas.

[***]

[Sollozos]

- Yo te amo por sobre todas las cosas.

No me puedo imaginar una vida sin ti.

- Soy más de 20 años mayor que tú.

Lo lógico es que me toque dejar este mundo antes que a ti.

- Una vida sin ti no tendría sentido.

- Luego de un tiempo ni te acordarías de mí.

Nuestra fortuna te va a permitir vivir a todo lujo.

El abogado Richards tiene instrucciones precisa

de dejar en tus manos todo lo que tenemos.

- Y la única realidad es que me has estado usando.

- ¡Fernanda, ¿qué haces?!

¡Fernanda, Fernanda!

- Ser tu esposa, llevar tu apellido,

ser la madre de tus hijos.

- Todo eso me ilusiona muchísimo a mí también.

Durante todo este tiempo te he estado preparando.

[Gruñido]

Ya estás lista para ejecutar mi venganza.

- Tuvo el final que se merecía.

- Eres un parásito. Eres un bueno para nada, entiéndelo.

- Sí, en todo caso, disfruto la vida más que tú.

- Y al final ¿de qué te va a servir?

- A ver, dices que te tengo envidia, ¿no?

Que porque eres perfecto y no sé qué.

Pero en el fondo, en realidad, el que me tiene envidia eres tú.

- ¿Sobretodo? No sea ridículo.

- Ay, Gabriel, podré ser todo lo que quiera ser.

Podrás decir todo lo que quieras decir

pero yo... yo soy yo mismo.

No pretendo ser una copia barata de mi papá.

Y que no se te olvide que los dos somos igual de ricos,

con la diferencia de que yo hago lo que quiero porque soy así

y tú eres un esclavo del trabajo,

un trabajo que, por cierto, haces muy mal.

- ¡Eh, eh, eh! Me toca.

- Vas.

- ¡Toma, toma, toma!

- Creen que te secuestraron y deben de estar esperando

a que los llamen para pedirles dinero.

- Ellos no darían nada por mí.

No les importo.

Estoy segura que Fernanda los puso en mi contra.

- Pero ya, bueno, no piensa en eso.

Mejor olvídate de Fernanda, piensa en otra cosa.

- ¿Puedes tú dejar de pensar en ella?

[***]

- Estoy atrapada, Mirna.

Esto que hizo Eugenio fue la cumbre de sus mezquindades.

- Ay, yo no lo puedo creer.

¿Le dejó todo a una fundación de madres solteras?

- Todo. Todo.

Quería honrar la memoria de su madre

que a mala hora lo parió.

Sabes, para él es como yo no existiera.

Nada de lo que me dijo fue cierto.

Y ni siquiera fui merecedora de cinco dólares

para tomarme un café.

- Es increíble, pero ya sabes.

Viniendo de un tipo como él, nada me extraña.

- Estoy tan furiosa, Mirna.

Te lo juro que si él estuviera vivo ahorita

lo volvería matar.

Lo único que quiero es que se pudra en el infierno

y que nunca descanse en paz.

[***]

- ¿Por qué tienes esa cara? ¿No dormiste bien?

- No, la verdad no.

Anoche, después de que te fuiste, me llamó Elisa.

- Para todos fue una sorpresa. Yo estoy muy preocupada.

- Entonces no se han comunicado los secuestradores.

- No, y no entendemos por qué.

- Ay, ¿qué te puedo decir?

Ya sabes que a mí el tema de Ana... no, no, no.

- Sebas, sea lo que sea, es nuestra hermana.

- Pues sí, pero nos dio motivos de sobra

para no sufrir por ella, ¿o te lo tengo que recordar?

Consciente o no, por lo que haya sido, mira lo que hizo.

Yo creo que Elisa esperaba que tomara el primer vuelo

de regreso a Miami,

pero es que no puedo evitarlo.

A Ana le tengo muchísimo resentimiento.

- ¿Por haber caído en las drogas?

A ver, Sebastián, a mucha gente la enganchan con eso.

Ni siquiera...

- No, no es por eso, Moni.

[Exhala]

Te voy a contar algo que es muy, muy confidencial.

Ana, estando drogada,

mató a mi mamá.

- Necesito que me den algo, por favor.

Lo que sea, por lo que más quiera, lo que sea.

- Ana, Ana...

- Me duele todo el cuerpo.

- Ana, tranquila, te vas a hacer daño.

- Por favor.

- Cálmate. Tranquila.

Piensa en otra cosa, ¿sí?

- Por favor llama al médico.

Pídele que me inyecta algo, lo que sea, por favor,

pero algo.

- Ya viene el doctor.

No va a ser fácil. Tienes que ser fuerte.

Ya, ya, ven, ven.

Cálmate, ¿sí? Ya.

- Fernanda.

- No, yo no puedo dejar a Alfredo.

A estas altura de mi vida,

¿qué voy a hacer sin un solo centavo?

- Fernanda, mírate.

Tú eres una mujer bella, joven, inteligente, preparada.

- Necesito dinero para encontrar a mi hija.

¿O qué, que los investigadores trabajan gratis?

¿Eso crees?

- Yo sé que no, pero tampoco es como para que te vuelvas loca.

- Eugenio me obligó a hacer cosas dentro de la constructora

para que los Del Pino perdieran una millonada

y él fuera el beneficiado.

Pero ahora, ahora voy a hacer todo lo contrario, Mirna.

Quiero que la constructora de Alfredo

suba como la espuma y quiero que todo sea mío.

[***]

- Lo que me cuentas es terrible.

- Sí, y entiendo perfectamente que no estaba

en sus cinco sentidos pero el hecho es que la mató, Moni.

- Ni me puedo imaginar cómo se han de haber sentido.

- Yo quería mucho a Ana a pesar de sus locuras.

Y trato de no odiarla y de entender la situación

en la que estaba,

pero de eso a que la perdone o que la quiera, pues,

namás no puedo.

- Y ¿qué vas a hacer?

Es tu familia. No los puedes dejar solos.

- A la única que realmente le importa lo de Ana es Elisa.

- Todos los demás están de lo más tranquilos, hasta mi papá.

Ana no les importa.

Alonso dice que si piden rescate, no lo paguemos.

Es el colmo.

- ¿Y qué quieres que yo haga

después de lo que le hizo a mi mamá?

- Solo no la juzgues y ya.

Ana estaba drogada no fue consciente de lo que hizo.

- Mira, trata de tomarte las cosas con calma.

Estoy seguro que mi papá va a encontrar una solución.

Ya viene tu boda.

Eso es en lo único en lo que tienes que pensar.

- ¿Te vas a poner en el mismo plan que Alonso?

Sería muy malo, Sebastián.

- Y me deprime pensar que de alguna manera

sí soy... como Alonso.

- Yo sé que no lo dices en serio.

Si quieres que adelantemos el viaje,

pido permiso y nos vamos cuanto antes que por ti no quede.

- Primero lo hacías por una venganza

y ahora lo haces por ambición.

Y ni una ni la otra te van a llevar a ninguna parte.

- Necesito los medios para encontrar a mi hija.

Eso para mí es lo primordial.

Mira, ya cuando la encuentre, le voy a dar todo lo imaginable.

Ella y yo vamos a vivir cómo reinas.

Lo vamos a tener todo. Mira, las tres.

Las tres podemos salir, podemos viajar.

- Fernanda...

Ya.

El dinero no hace la felicidad, acuérdate.

- Pero bien que ayuda adornarla, ¿no?

Alfredo y sus hijos de cualquier manera son una basura

y, la verdad, no se merecen nada, ¿eh?

He invertido diez años en ellos.

De algo me tienen que servir, ¿no?

A ver, tampoco están como para que les tenga lástima.

Mirna, yo voy por todo y no me importa lo que pueda pasar.

[***]

[* Tema musical *]

- Lo que quieren esos tipos es volvernos locos.

- ¿Y qué ganas poniéndote histérica?

- Mi amor, ya, ya, tranquila, ¿sí?

- A ver, yo sé que aquí en esta casa a nadie le importa Ana.

- Ay, por favor, qué cosas dices.

Por Dios, claro que nos importa Ana.

- Ay, no seas hipócrita, Fernanda.

- Amor.

- Ey, cuida es lengua, hija, por favor.

- Es la verdad, papá.

Si tan preocupada estuviera cómo dice,

entonces no hubiera invitado a convivir con nosotros

a los de Monterrey.

- ¡Ah!

- Créeme que me quedé en shock cuando Fernanda nos llamó

a hacernos esta invitación.

- Bueno, pues, quieren quedar bien con nosotros

para amarrar.

- Yo no sé. No sé si fue buena idea aceptarles.

- Yo creo que sí.

Los tenemos que tener bien cerca

y esta es una buena oportunidad para eso.

- Bueno, espero que en el futuro no nos arrepintamos, ¿no?

- Muchas gracias por su compra y que los disfrute.

Hasta luego.

[Aclara la garganta]

Y ni te pregunto en quién estás pensando porque...

- Es inevitable, Mirna.

Trato de seguir tus consejos y pongo de mi parte.

Ayer que Alonso vino a buscarme, no lo dejé pasar.

No le contesté los mensajes.

- Muy bien.

Ya verás cómo poquito a poquito cada vez va a ser más fácil.

Tú lo que tienes que hacer es empezar a salir con otros.

Por algo dicen por ahí que un clavo saca a otro clavo, ¿hm?

[***]

- Los invité porque nos conviene estar bien con ellos.

Nos convienen para los negocios para la constructora.

- Pues yo no estoy de humor para convivir con nadie

y mucho menos extraños.

- No, no, no, eso ya lo sabemos.

Si no estás de humor ni para casarte.

- Ay, ya, cállate, Alonso.

- A ver, a ver, Elisa, seamos sinceros.

Hace diez años que Ana prácticamente

no hace parte de esta familia.

¿Qué quieres? ¿Que nos tiremos a morir?

¿Que nos quedemos 24 horas al lado del teléfono esperando,

a ver si los secuestradores llaman?

- Eso quiere.

- Es que a ustedes ni siquiera les importó

cuando se murió mi mamá.

- Ya, ya, bájale, hija, por favor.

Ya, ya.

- Bueno, yo creo que no sea necesario

ponernos a discutir en este momento.

- Completamente de acuerdo.

Los inversionistas de Monterrey están a punto de llegar

y lo último que quiero es que nos encuentren así, discutiendo.

- Ay, ya, ya, ya.

También tú bájale.

[***]

- El cuerpo de Ana está acostumbrado

a estar usando drogas.

- Sí, pero la tienen que desintoxicar.

- Pero no es tan fácil, ¿no? Toma tiempo.

Oye...

El novio de Elisa seguro va a estar aquí, ¿no?

- Obvio, pero eso te tiene que importar a ti un comino.

A ver, esta relación pasó hace diez años.

- Tú eres el amor de mi vida.

- Y tú el mío.

- Es un amor del pasado.

Tú no sientes nada por ella.

Es imposible que estés sintiendo algo por...

No, ¿cómo así? ¿En serio?

[***]

Ay, mano.

[***]

- Es que no estoy de humor, Mirna.

No quiero ver a Alonso y tener que lidiar con sus bromas

y sus sarcasmos.

- Pues muéstrale tu total indiferencia y listo.

- ¿Y si no puedo?

- Claro que puedes. No te subestimes.

- Elisa quiere que la acompañe y que esté ahí en la reunión.

- Perfecto, a lo mejor cambias de idea.

Yo me acuerdo que tú me comentaste

que los dos mexicanos que vinieron son muy atractivos

y muy guapos, ¿verdad?

Pues, ¿qué tal si vas?, dedicas toda tu atención

a uno de ellos, y así, Alonso que arda.

Espérame.

Ten, llama a Elisa y dile que ya vas para allá.

¡Dale!

Llámala.

[***]

- Ya pasó, flaquillo, ¿no?

No le sigamos dando vuelta a lo mismo.

- Es que es ofensivo que piensas que anduve

en quién sabe qué movidas.

Yo sería incapaz.

- ¿Incapaz?

Incapaz son todos los hombres

hasta que dejan de serlo, fíjate.

- Fíjate tú. El anillo.

Sí estoy enojado contigo, la verdad.

- ¿Ahora resulta que el enojado eres tú?

- Pues sí, porque es injusto cómo me estás tratando.

- Ah, ¿quieres pelear? Órale.

Pero que conste que el que comenzó esto fuiste tú.

- Van a tener invitados.

Contrataron meseros, pero igual, me tengo que encargar de todo.

No creo alcanzar ir a comer con ustedes, Érika.

Ni modo, me fregaron con esto.

- Bueno, espero regresar a Monterrey lunes o martes,

pero Emilio va a estar aquí encargado de todo.

- Sí, y yo, la verdad, es que estoy buscando

un departamento también.

- Hm, bueno, nosotros tenemos varios edificios disponibles.

Voy a coordinar con un asistente para que te lleve

y te haga un pequeño tour y elijas el que quieras.

- Por supuesto te damos un trato especial,

como amigos, como socios.

- Amigos, claros. Pues, muchas gracias.

- No, por favor. Ni más faltaba.

- Te hecho en la espalda.

- No, gracias.

- Ay, no seas sangrona. ¿Por qué estás así?

A ver, lo único que estoy intentando de hacer

es ser amable contigo y vete.

- A ver.

Mira, Alonso, no le he dicho a Gabriel todas tus groserías

para evitar más líos.

Pero sigue así y se va a armar, ¿eh?

- Eh, eh, eh.

Relájate y disfruta.

- Lo correcto es que estemos con ellos, Elisa.

- No, estoy muy enojada. Prefiero quedarme aquí.

- Anda, anímate.

- Vayan ustedes.

- Claro, el mar y todo.

¿Has ido a algún lado, Marcelo, a conocer aquí?

- No, no he tenido la oportunidad.

- Hay un restaurante mexicano...

- ¿El baño? - Sí.

- ¿Por acá?

Gracias, permiso.

- Adelante.

Bueno, ¿y cómo está aquí el tema de la finca raíz?

¿De la inmobiliaria?

- Hola. - Hola.

- Estaba conversando con tu esposo

y vine a buscar un baño.

- Queda por allá.

[***]

[* Tema musical *]

- La Pati no debe tardar en llegar.

A la pobre Claudia sí le toca quedarse chambeando.

- Bueno, lo bueno es que solo tienes que meter la comida

al micro y ya.

- Ya le avisé a los vecinos de doña Manuelita

que mañana la vamos a enterrar.

Dijeron que iban a llegar.

- Bueno, va a haber muy poca gente

pero su ataúd va a ser de primera.

Le compré muchas, muchas flores de las que ella le gustaban.

- Pues yo sé que la queríamos muchísimo, Fermín,

¿pero era necesario gastar tanto en esas cosas?

- Quiero que te den el mejor funeral de todos, Fermín.

Que por lo menos en su muerte tenga todo

lo que no pude darle en vida.

- Bueno, lo hago por doña Manuela y por Francisco.

Ay, flaca, es lo que él hubiera querido.

- Para eso sí tienes billete, fíjate.

Pues me vas a tener que dar ese guardadito del que me contaste

porque la que maneja el dinero en esta casa soy yo.

- Oye, muchas gracias por aceptar mi invitación

y por venir.

- No, gracias a ustedes por pensar en nosotros.

- No hay de qué. Con mucho gusto.

Oye, ¿tú vas mucho al gimnasio?

- Trato, aunque últimamente no he podido.

He estado con muchas cosas en la cabeza.

- Ya. Pues no lo dejes.

- Voy al baño. Con permiso.

[***]

- Vivir aquí a de ser como estar todo el día en vacaciones, ¿no?

- No te creas.

Es como estar de vacaciones

pero cerrado en una oficina trabajando.

Los que se diviertan son los turistas.

- Claro.

- Marcelo, y si se asocian, ¿te mudarías a vivir a Miami?

- No, no, no.

Bueno, yo tengo mi negocio allá en Monterrey, mi casa.

Tengo todas mis cosas.

Pero Emilio se va a quedar aquí.

Él va a estar responsable de todo lo que tenemos.

- Qué bueno, qué bueno. Sigan, por favor.

- Sí.

- ¿Y Elisa?

- Está en su recámara. Le duele un poco la cabeza.

- Ya. Provecho.

- Gracias. - Gracias.

- Estos son los buenos.

- ¿Te piensas quedar aquí?

- ¿A ti qué más te da?

- Elisa, no entiendo cuál es tu molestia.

Te está comportando de la manera más infantil del mundo.

Mira, aunque no lo parezca, esta es una reunión de negocios.

Estamos tratando de...

- Sí, de alabar a los mexicanos para que asocien

con la constructora.

Pero si les conviene lo que otros le ofrezcan

se van a ir con ellos por más que los alaben.

[***]

- Los tacos están bien sabrosos.

- Prueba esto.

- Gracias.

Me da tanto gusto verlos contentos otra vez.

¿Ya vez, cuñado?

No hay mal que dure cien años.

- ¿Y quién los aguante, cuñada?

[Se ríen]

- ¿Y ese pelo que traes?

- ¿Qué? ¿Te gusta?

- Te veías bien de la otra forma también.

- Es que ahora quiere ser el clon de Fernanda.

Nomás le falta la ropa fina y las joyas caras, manita.

- Ya deja de fregarme con eso, ¿no?

¿Tanto te arde que yo sí trate de mejorar?

- Vamos, vamos a comer algo, ven.

No quiero ir solo.

- Ahorita, mi amor.

- ¿Qué pasa? Estás molesta ¿o qué?

- No, no, para nada.

Solo estoy aquí muy relajada, tranquila.

- ¿Segura?

- Sí, mi amor.

- Bueno, me quedo contigo aquí.

- Mira, yo de una vez te digo que si tú piensas

que me vas a volver celoso con el ranchito ese,

pues de una vez te digo que estás bien equivocada ahí,

mi reina.

- Tú crees que todo lo que hago tiene que ver contigo.

- Por supuesto.

- A ver, Alonso, no eres el único hombre

sobre la faz de la tierra.

- Eso ya lo sé, pero sí soy el único

que te sabe hacer feliz, mamacita.

- Lo único que has traído a mi vida ha sido infelicidad,

mi rey.

- Ya te lo dije.

- Sí, Elisa y yo nos casamos las semana que viene.

- Y, por supuesto, están súper invitados.

- Sí, por supuesto.

Para nosotros sería un honor que nos acompañen, ¿eh?

- Gracias, muchas gracias.

¿Y ya tienen mucho tiempo juntos ustedes?

- No, no mucho tiempo.

Tenemos como año y medio, pero fue amor a primera vista.

Desde que la conocí, supe que era el amor de mi vida.

Y no lo digo porque está mi suegro aquí.

- O sea que están muy enamorados.

- Muy. Muy.

- Elisa siempre tuvo muchos pretendientes

pero Roberto es el indicado.

- Salud.

- Bueno, salud por eso.

- Salud.

- Yo pienso en ti todo el tiempo.

Tú eres el amor de mi vida.

- Y tú el mío.

[***]

- Desde que me casé con tu papá, no sé qué pasó

que la agarraste en mi contra,

pero ahora has estado mucho peor.

- ¿Tú crees?

- Yo no soy tu enemiga.

- Tampoco mi amiga.

- Porque tú no quieres.

- Ay, ya, no sigas, por favor,

que me va a doler más la cabeza, ¿sí?

- Hasta donde yo sé, fuera de Fernanda,

nadie en la oficina sabe que doña Manuelita murió.

- Pues anoche cuando estábamos a punto de servir la mesa

llegó Fernanda y nos preguntó que qué había pasado con ella.

- ¿Mañana es el entierro?

- Sí, ya tenemos todo arreglado.

- No hemos hecho ningún comentario con nadie,

cómo usted nos lo pidió.

- Muy bien.

Me gustaría saber dónde queda para mandarle unas flores.

- Pues la neta que se meta sus flores por donde bien pueda.

- A ver, a ver, a ver.

Ella no tiene la culpa de que don Alfredo

haya corrido a doña Manuela.

¿Qué podía hacer? El que manda es él.

- ¿Y por qué no quiso que nadie se enterara?

Si doña Manuela fue la nana de todos.

- Mira, suficientes problemas tienen encima

como para preocuparse por ella.

- A ver, te recuerdo que fue como una madre

para don Alfredo y sus cinco hijos.

- Ay, por favor, fue una empleada. Punto.

¿Tú crees que gente de ese nivel iba a verla

como parte de la familia?

No inventen.

- No, pues obvio no lo hicieron,

pero lo que sí te digo, Pati, es que el karma es bien canijo

y en algún momento la vida se los va a cobrar.

[***]

- Has estado intrigando en mi contra con Alfredo.

- Solo le he dicho lo que pienso,

y no es más que la verdad.

- Ok, no quieres ser mi amiga, lo respeto,

pero no quieres ser mi enemiga, Elisa.

No te lo aconsejo.

- ¿Ah, sí? ¿Y qué me vas a hacer?

- Espero que nunca llegas a cruzar el río.

Lo que te quede muy claro que conmigo no vas a poder.

A ver, yo le doy a Alfredo lo que tú jamás podrías darle.

- Eso nadie te lo está discutiendo.

- Qué bueno que lo tengas muy claro.

Antes de botarme a mí, a ti te va a mandar al diablo

así que para que nos vayamos entendiendo,

lo que tú pienses o digas de mí me lo paso por donde ya sabes.

[***]

[* Tema musical *]

- Te habías tardado en sacarme las uñas.

- Únicamente estoy aclarando las cosas, Elisa,

así que bien portadita, ¿sí?

Por las buenas soy muy llevadera pero no me sigas buscando

porque me vas a encontrar.

[***]

[***]

- Eugenio no solo me obligó a mentir, a fingir,

a indagar y buscar la manera de manipular a los Del Pino.

- ¿No? - Uh-uh.

- ¿Qué más te tocó hacer?

- Pues me empujó a matar, a acostarme con otros.

Imagínate, yo tenía que hacer lo que fuera

para conseguir su propósito.

- ¿Y quién mataste?

- Bueno, para empezar, la esposa de Alfredo, ¿no?

Pues era obvio. Estando ella era imposible

que yo le enredara a él, ¿sabes?

[***]

Les tengo una propuesta de trabajo muy interesante

que los va a sorprender.

- ¿Es en serio? - Ujum.

Y, la verdad, estoy muy contenta porque hoy en día

no se encuentra gente así de franca y de seria como ustedes.

- Bueno, la verdad es que Marcelo y yo

pensamos exactamente igual.

Nos sentimos igual, igual que ustedes.

- Qué bueno.

- Pero ¡qué guapos!

Me da mucho gusto verlos felices.

- Sí, me imagino.

- No, te lo digo de verdad.

Es que día a día yo pensé que su matrimonio

se estaba deteriorando.

De hecho, llegué a pensar que en cualquier momento

iban a tronar.

- Pues ya ves que no.

- Es que un día peleaban, al otro día se contentaban,

luego discutían.

Ya me imagino la desesperación que tenías

por contentarte con Brenda, ¿no, hermanito?

Ya me imagino qué tremenda impotencia has de haber sentido.

- Bueno, ya estoy aquí. ¿Contento?

Estoy furiosa. Fernanda me declaró la guerra.

- Bueno pero últimamente tú no has sido muy amable con ella.

- ¿Ya ves cómo tenía razón?

Y mi papá está ciego.

No hay poder humano que lo haga ver la realidad.

Esa mujer es una arpía.

- ¿Por?

- Si antes me lo imaginaba, ya no tengo ninguna duda.

[***]

- Hace unos años, la situación de bienes raíces estaba muy mal.

Casi se desplomó todo.

- Bueno, ahora están por las nubes, ¿no?

- Por favor, y que siga, ¿sí?

- Por favor.

- Hola. - Hola.

- Disculpen.

Marcelo, ¿quieres nadar?

- Por favor, por favor, vayan, diviértanse.

- Gracias.

- Señor Del Pino, muchas gracias.

Bueno, sí. Perfecto.

- ¿Sí?

[***]

[***]

[***]

[***]

[***]

- Salud.

- No, no quiero. No lo quiero.

- ¿No quieres? - No.

No quiero, Roberto.

- Ok.

- Chicos, gracias por todo, pero ya nos tenemos que ir, ¿no?

- No, ¿cómo se van a ir?

Bueno, espero que se repita pronto, ¿no?

- Seguro sí.

Elisa, qué pena que te sentiste mal y no pudiste acompañarlos

en la alberca.

- Bueno, lo importante es que se divirtieron, ¿no?

- Sí.

Mucho, mucho.

Son unos anfitriones de primera.

En verdad, muchas gracias y que se repita pronto.

- Pero no se vayan.

¿Por qué no se quedan a comer algo

y seguimos tomando unas copas?

- Ah, señor Del Pino, muchas gracias,

pero creo que ya lo dejamos para después.

Gracias.

[***]

- Es tarde, ¿no?

Yo creo que me voy.

- Sí, sí, yo lo único que quiero es acostarme.

- Ok.

- Ya fue suficiente por hoy.

[***]

¡Sebastián!

No lo puedo creer.

- ¿Cómo estás?

- Bien. ¿Y tú?

- Bien, bien.

[***]

- Pues, al parecer, Sebastián estudia en Harvard

y vino para lo de la boda.

Y lo de Ana.

- Oye, es evidente que lo de Ana como que no les importa, ¿no?

¿Viste la actitud?

Prácticamente como si fuera un cero a la izquierda.

La única, la única que tenía cara de preocupada era Elisa.

- Pues tal vez es la única a que le importa.

A mí Ana me dijo en la clínica que nadie la quería.

- ¿Y Fernanda? Ay, Dios mío. ¿Ah?

Total.

Qué banquete se está metiendo el viejo.

- Sí, sí, sí, pero sabe venderse bien, como la niña buena,

pero es una loba disfrazada de oveja.

- Y le gustas.

Le gustas. Se le nota que le gustas.

- Uy, guao. Estás fuerte.

¿Vas al gimnasio?

- Sí, algo.

- Muy bien. No lo dejes.

- Tienes que tener mucho cuidado, hermano.

Rechazar una mujer así es muy difícil.

Yo sé por qué te lo digo.

[***]

[* Tema musical *]

- Eh, oigan, me gustaría que Moni se quedara

en la casita de huéspedes.

Espero que no haya problema con eso.

- Sí, no quiero dar ninguna molestia.

- Por favor, en lo absoluto.

Eres bienvenida en esta casa.

- Gracias.

- ¿Eran compañeros de clase en la universidad?

- No, eh, yo no tuve la oportunidad

de estudiar una carrera.

Soy mesera.

[Alonso aclara la garganta]

- Nos conocimos en la cafetería donde trabaja.

- La casita de huéspedes es el lugar donde yo

puedo estar tranquila, feliz, meditar, hacer yoga.

¿Cómo quieres que me caiga en gracia

que la mesera esté ahí, hm?

- Ah, es solo por unos días.

Ya viste que solo vinieron a la boda

para ver qué había pasado con Ana, ¿no?

- Ujum, ¿es alguien como ella lo que tú quieres

para tu hijo, mi amor?

- ¿Y yo qué puedo hacer si es la que le gustó?

Oye, no me vas a negar que no es bonita.

- Perdóname, pero para mí esta historia es igualita

a la de Francisco con Elisa.

[***]

- La verdad es preocupante lo que pasó con Ana,

pero está rarísimo que los secuestradores

no se hayan comunicado.

¿Dónde la podrían tener?

- Eso es justo lo que todos quisiéramos saber.

- La policía está investigando pero no han averiguado nada.

- Ni van a hacerlo.

Desconectaron las cámaras antes de entrar.

- A ver, se la llevaron por dinero, ¿no?

¿Por qué más?

Lo que no entiendo es qué esperan.

- No nos queda más remedio que ser pacientes.

Ya van a llamar, ténganlo por seguro.

- ¿Ya ves? A nadie le importa Ana.

- Yo la verdad no sé si me importa o no.

Ya sabes cómo me siento con todo lo que se trata de ella.

- Me has hecho mucha falta.

De verdad no sabes lo que es vivir en esta casa sin ti.

- Deberías irte con Roberto a otro lado a vivir

ahora que se casen.

- Ay, ya se lo dije,

pero insiste en que le prometimos a mi papá

que íbamos a vivir aquí.

Él quiere tenernos a todos bajo su control

y el de Fernanda,

que por cierto, ya somos enemigas declaradas.

¿Cómo ves?

[***]

- Bueno, ha sido un día largo y pesado.

Yo creo que lo mejor es que nos vayamos a descansar.

- Y ¿qué tal estuvo la fiesta con sus amigos?

- Son socios potenciales, Sebastián,

para un negocio que nos conviene mucho.

- Nadaron, comieron, bebieron.

Supieron disimular muy bien

la preocupación que sienten por Ana.

- Si no hacemos negocios,

¿cómo vamos a poder pagar el rescate, nena?

- No empecemos otra vez con la cantaleta, por favor.

- No, no, no. Por favor, por favor.

Yo lo único que quiero es darme un baño, mi amor.

- Yo también.

Fue un placer conocerte.

Espero que tengamos más tiempo de hablar después.

- Sí, claro.

- Sebastián, la casa no está completa sin ti.

Soñábamos que vinieras para quedarte.

- Entonces ya dan por hecho que nos vamos a asociar con ellos.

- Pues si lo que nos ofrecen está bueno

eso es lo que vamos a hacer.

- Oye, ¿y tú sí ves muy enamorada a Elisa?

Yo, la verdad, no la vi muy entusiasmada que digamos.

- Ah, yo creo que estaba de mal genio.

Es que también, ¿no?, no se pasa su madrastra.

Obvio.

- Sí. Por algo ha de ser.

- Para nuestro moto.

Ya medio te pudiste dar cuenta cómo son todos, ¿no?

- Bueno, conmigo todos fueron muy amables.

- Sí, no tenían por qué ser groseros.

Pero a la primera que te hagan algo, mira,

nos larguemos de aquí.

Pero, que estés cómoda acá.

Que más quisiera yo poderme quedar contigo

pero creo que es mejor que me vaya a mi cuarto.

- Ujum.

- Mañana será otro día.

- ¿Qué haces aquí a estas horas?

- Era mucho lo que tenía que limpiar.

- ¿Y Érika por qué no te está ayudando?

- No podía. No importa.

Ya casi termino.

Mañana desde temprano tenemos que hacer

los últimos preparativos para el entierro.

- Me imagino.

- Nos dijo la policía que siguen investigando.

Espero que sea pronto y Dios guarde que lo encuentren...

- Perdón, ¿de qué me estás hablando?

- Es que usted no lo sabe, ¿verdad?

- No, ¿qué pasó?

- Mataron a doña Manuelita de una manera tan horrible.

Le golpearon su cabecita varias veces

y después le prendieron fuego.

Quien lo haya hecho ha de creer que la cosa

se va a quedar ahí, pero no, fíjese.

Como hay un Dios, ese crimen no se va a quedar impune.

[***]

Todas: Padre, Hijo, y el Espíritu Santo, amén.

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu hombre;

Venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia,

el Señor es contigo.

[***]

- Marcelo, mi viejita...

Ya no la abrasé más.

No le dije que la amo.

No la vi.

- Fuerza. Fuerza, hermano.

Estoy seguro que si fuera por ti,

la situación sería completamente diferente.

Pero está en el cielo. Te está cuidando.

- Es que yo tenía que investigar,

aclarar mi situación legal.

Yo tenía que regresar.

[***]

- Esa es Fernanda, ¿no?

- ¿Qué hace esa mujer aquí?

[***]

CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com

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