Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
- ¿Y cómo la están pasando en Miami?
Han estado aquí antes mi imagino.
- Bueno, en mi caso no. Primera vez.
Pero lo que he visto me está encantando.
- Qué bueno, qué bueno.
Ahí viene la esposa de mi papá y su principal consejera,
Fernanda Del Pino.
- Emilio Montenegro para servirle.
- Mucho gusto.
- Un placer. Marcelo Echeverri.
- Ah, bienvenidos.
- Muchas gracias.
Emilio y yo somos socios y amigos de la infancia.
- Y mi hermana Elisa Del Pino.
* Puedo ser, la razón (la razón) *
- Emilio.
Montenegro.
[***]
- Le he estado comentando al señor Del Pino
que Emilio y yo somos grandes amigos desde la infancia.
Estudiamos en el mismo colegio.
- ¿En Monterrey?
- Sí, ujum.
En el Sor Juana Inés de la Cruz.
- ¿Y tú familia es de ahí?
- No, no, somos de Reinosa pero nos mudamos a Monterrey
cuando yo era muy chiquito.
- Y nuestros padres se hicieron muy buenos amigos.
[***]
- Se llama de otro modo.
Vivió y creció en Monterrey y es amigo de la infancia del socio.
Eso te dijo, ¿no?
- Sí, sí, yo sé, pero, no sé, hay algo que me recuerda
a Francisco, Tani.
- ¡No manches!
A mí se me hace que estás viendo moros con tranchete.
¿A qué se debe eso?
- Ay, te juro que cuando me veía,
no podía pensar en otra cosa que no fuera Francisco.
No podía dejar de preguntarle cosas, que me dijera que...
Ya sé, ya sé, todo esto es absurdo, sí, lo sé, lo sé.
¿Y tienes hermanos?
- No, ahí sí se las debo.
Hijo único.
- Bueno, yo... somos prácticamente como hermanos.
- Bueno, después de ese interrogatorio
que no viene al caso,
hablemos de lo que realmente nos concierne.
Estábamos...
- Ustedes tienen unos edificios en Pompano Beach
que a nosotros nos interesa muchísimo
y queríamos saber si podemos llegar a algún arreglo
con ustedes para poder comprárselos.
- Bueno, ya que estamos tocando el tema, no los queremos vender.
Queremos asociarnos a ustedes, y si no llegamos a un acuerdo,
asociarnos a otra compañía constructora.
La idea que tenemos es tumbar los edificios
y montar dos torres de súper lujo.
[***]
- Vamos a encargarnos de que su hermana
sea atendida inmediatamente.
Dice que durante diez años estaba ingiriendo drogas
y estupefacientes.
- Sí, todo ese tiempo se distanció de la familia
y no sabíamos en dónde se encontraba.
Tenía un novio que la mantenía dopada
prácticamente las 24 horas del día.
- ¿Con qué fin?
- Estaba loco y mi hermana se dejó envolver.
Él murió y nos localizaron para que fuéramos por ella.
- No se parece nada a la fotografía de su identificación.
- Está muy deteriorada.
Imagínese, han sido diez años viviendo en esas condiciones.
- No tienes por qué pensar en esas cosas, Moni.
Al final de cuentas lo que mi familia piense de ti,
mira, me vale un cacahuate.
- No me van a aceptar, Sebastián.
Mira lo que le hicieron a tu hermana
cuando se enamoró del jardinero.
- No, eso fue diferente.
- Pues casi.
No soy jardinera pero trabajo como mesera.
Les voy a parecer muy poca cosa para ti.
- Con Elisa fue por otra cosa.
Fue por ser mujer.
¿Sí entiendes lo que quiero decir?
En mi familia, un hombre sí se puede casar con una pobre,
pero al revés es un pecado mortal.
- Ok.
- Ese fue el problema.
- Bueno, lo bueno es que ella se sobrepuso
y se va a casar con el amor de su vida.
- No sé, la verdad no he tratado mucho con Roberto.
Solo espero que Elisa sí esté muy enamorada de él.
Porque con aquél chavo, Francisco,
la tenía de cabeza.
Se la pasó llorando muchos años por él.
- Bueno, sería cuestión de hacerles una propuesta
que convenga a ambas partes y listo.
- Unas torres siempre van a estar mucho más costosas
que unos terrenos.
- Bueno, podemos contemplar la idea de invertir en capital
además de los terrenos, ¿no?
- Sí.
- Sería la solución a nuestros problemas.
Mi papá no creo que se niegue.
Tendríamos los terrenos y el dinero para empezar la obra.
- Sí, lo mismo pensé.
Yo creo que hicimos bien en no demostrarles
demasiado interés de nuestra parte, ¿no?
- Sí, sí. sí.
- Sí, ¿verdad? ¿O sí?
- No, no, casual.
¿Cuánto tiempo más se van a quedar en Miami?
- Pues, un par de días más, ¿no?
Pero pueden enviarnos la propuesta a Monterrey
y la revisamos allá.
- Ahora, si tenemos que regresar,
no hay ningún problema.
Estamos al lado, ¿no?
- Claro, claro que sí.
[***]
- ¿Y es tan guapo tu regionmontanos?
- Ay, muy guapo. Muy guapos los dos.
- Si Roberto te viera así todo alborotada
se estaría muriendo de los celos.
Elisa, no puedes estar pensando en otro hombre
cuando estás a punto de casarte.
- No estoy pensando en otro, Tani.
Solo pienso en Francisco y en lo mucho que lo amé.
- No olvide que su nombre aquí es Sandra Montaño
y que es mi hermana.
Aquí la van a tratar muy bien.
Eso sí, no espere recuperarse de un día para otro.
Todo toma su tiempo.
No mencione nada del sitio donde estaba.
Es muy importante.
La policía la hará de estar buscando, ¿me entiende?
Cualquier cosa que le pregunten,
usted mejor diga que no recuerda.
- No recuerdo.
- Lógicamente establecer los términos de unsoad
como la que estamos buscando,
nosotros lo sabemos que esto demora mucho tiempo.
- Sí, sí, claro, hay que tener claros también
cuáles van a ser los planos de los edificios a construir,
ver detalles y porcentajes de la sociedad.
Yo ¿para qué les cuento?
- Pero quiero que sepan que vamos a darle prioridad
a este asunto.
Prioridad, prioridad.
- Ok, perfecto.
Para nosotros sería increíble trabajar con esta compañía.
Sabemos que tiene un gran nombre en todo el gremio,
pero ustedes deben entender, tenemos que pasar
estas opciones a otras compañías y nos vamos a ir por la mejor.
- Estábamos terminando, pero aprovecho
y les presento a mi padre, presidente de la empresa,
accionista mayoritario, Alfredo Del Pino.
- ¿Qué tal? Mucho gusto.
- Mucho gusto.
- Un placer. Marcelo Echeverri.
- Mucho gusto.
Lamento no haber podido estar con ustedes antes
pero tenía un asunto urgente que atender.
- Sí, no se preocupe.
La verdad es que ha sido un placer conversar con su hijo,
su bellísima esposa y no es pa' menos, su bella hija.
- Bueno, algo me dice que de esta reunión
van a surgir cosas muy positivas.
- Papá, es que ¿cómo no me lo avisaron en ese momento?
- No te lo quería decir por teléfono, hija.
- Y ¿qué vamos a hacer?
- Pues esperar a que los secuestradores
se comuniquen con nosotros.
- Ay, Dios mío.
De verdad no puedo creer que esto nos esté pasando.
- Tú tranquila. La policía va a investigar
a la gente de la clínica y yo estoy seguro
de que hay alguien involucrado ahí.
- Pero Ana necesita que le den sus tranquilizantes.
Ella necesita estar bajo atención médica todo el tiempo.
- Hay que trabajar a toda máquina en la propuesta.
Era de esperarse que ellos hablen con otras constructoras.
- Ni lo menciones, que no podemos permitir
que otra constructora nos tome la delantera.
Oye, de hecho, no hablaste nada en la junta.
- Ay, Gabriel, yo estoy tan preocupada por Ana.
Yo de verdad la quiero tanto, pero tanto,
y le pido a Dios que no vayan a lastimarla.
[***]
[***]
- Te felicito.
Se tragaron todo el cuento.
- Sí, ¿y viste Elisa y Fernanda?
No me quitaban los ojos de encima.
Pensé que me iban a reconocer.
- Porque les gustaste.
- ¿Viste a Elisa? ¿Viste a Elisa?
¿La viste?
Está mucho más hermosa que nunca.
Está bellísima.
- Hm, ¿y la mala?
Es un monumento.
- Pero está podrida por dentro.
[***]
- Mucho gusto.
- ¿Es en serio?
- No entiendo cómo pudo pasar.
Me sentí tan mal cuando me lo contó mi papá.
Si estaba preocupada ahora me siento peor
porque cuando vi a Emilio, todo se me olvidó.
No podía pensar en otra cosa que no fuera él.
Y mientras, mi hermana desaparecida
y sin saber si le están haciendo algo malo.
- Tal vez estabas tratando de evadir tu realidad.
- Tal vez.
Pero después de hablar con mi papá...
- Claro que no.
Por supuesto que no sabía nada.
- Estoy que no me calienta ni el sol.
- Oh, bueno, me imagino.
- Mira, Roberto, con todo esto, yo creo que lo mejor
es que cancelemos la boda.
- No, no, no, Elisa, de ninguna manera.
Ya está todo listo.
- Yo sé, pero no puedo casarme con mi hermana secuestrada.
- Yo no sé si está sufriendo, si le hicieron algo.
¿Dónde está?
- No sé, habrá otra solución, pero...
[Se aclara la garganta]
- Ya mi papá me contó todo. ¿Qué vamos a hacer?
- Nada.
Nada, nada, nada.
Espero que tú convences a mi papá para que no le suelte
un solo centavo a esos infelices que la secuestraron.
- ¿Qué te pasa?
¿Sí escuchas lo que estás diciendo?
Por supuesto que la vamos a recuperar a costo de lo que sea.
- Nena, Ana es un cadáver viviente.
Prácticamente pagar un rescate por ella sería
tirar el dinero a la basura.
- Seguro no lo dijo en serio.
- No, por supuesto que sí. Eso piensa.
Alonso solo se preocupa por él.
Todos los demás le valemos, incluyéndote a ti.
- Lo que está raro es que los secuestradores
no se hayan puesto en contacto con tu papá.
- Sí, yo supongo que tienen que llamar hoy.
Me dijo mi papá que...
- La policía está investigando.
Me enteré por una muy buena fuente.
- Seguro van a estar esperando que se comuniquen con ellos
los secuestradores.
- Obviamente, pero nadie los va a llamar.
- No, no, no, nadie los va a llamar.
Y hasta nuevo aviso, a Ana se la tragó la tierra.
- La clínica estaba muy bonita y la van a atender muy bien.
Me dijo la directora que su rehabilitación
va a tardar un buen tiempo.
- Sí, sí, seguramente.
- Lleva diez años tumbada en una cama drogada.
No solo es limpiarla de todo lo que le metieron.
Necesita aprender a caminar, nutrirse adecuadamente,
visitar al dentista,
¿qué te puedo decir?
- Bueno, espero poder pasar a visitarla mañana.
Y muchas gracias, Ignacio, por todo lo que has hecho por ella.
Va.
- Estamos en una situación desesperada, Roberto.
Si seguimos así, nos vamos a la quiebra.
- Señor, estoy seguro que con las torres
que se están levantando la empresa van a nivelarse.
Y ella empezamos con la preventa,
esa es una muy buena noticia.
- Sí, sí, sí, puede ser, ¿pero sabes una cosa?
No quiero que se haga un solo movimiento sin que yo lo sepa,
que se toque un solo dólar y yo lo vea, ¿está claro?
- Sí, señor.
- Mi amor, tranquilo.
Mi papá no sabe, no tiene idea que te conté lo de la arena.
- Sí, pero te digo que está furioso con nosotros
porque le quitamos a su proveedor.
- Bueno, eso sí.
Me siento entre la espada y la pared, Gabriel.
Debí decirle lo que sé.
- No, no, no digas eso.
Eso sería echarle sal a la herida.
- Es una deslealtad de mi parte.
- La única lealtad me la debes a mí que soy tu esposo.
No eches a perder esto que está pasando aquí, mi amor.
Sobretodo ahora que nos entendemos muy bien
y que vamos a ser muy, muy felices.
[***]
- No ganas nada con posponer la boda.
- Tania, es mi hermana.
- Déjalo en manos de tu papá. Él lo va a arreglar.
- Bueno, para al menos voy a pedirle a Roberto
que cancelemos la luna de miel.
Yo no puedo irme de viaje
sabiendo que la pobre de Ana está...
- No te aceleres.
Igual en un par de días Ana vuelve a la clínica.
- ¿A la clínica en dónde estaba? No creo.
¿Con todo lo que pasó?
- ¿Sabes lo que necesitamos?
- ¿Qué?
- Una buena dosis de cocteles.
- No.
- Ay, Elisa, ¡por favor! No seas aguada.
¿Qué ganas encerrándote en tu casa o en la oficina?
Ándale.
- El último.
Bueno, penúltimo.
Salud.
- Te va a hacer bien no pensar en cosas malas.
- Los Del Pino, al menos Fernanda, no va a tener
un instante de tranquilidad en lo que aparezca Ana.
- Bueno, tengo entendido que no están muy pendientes
de ella, ¿no?
- No, la verdad no.
- Aunque yo creo que Fernanda sospecha que fue Ana
la que le contó a mi abuela todo lo que ella hizo,
y también la que le mencionó al tipo ese, a Eugenio Beltrán.
Debe estar preocupadísima de que abra la boca por otro lado.
- ¿Tú crees?
- Ponte en sus zapatos. ¿Tú qué harías, hm?
- Llegó la hora a que se vaya directito al infierno.
- No, no.
[***]
- Buenas.
¿Qué onda, mi Fer?
Oye, ¿tú qué crees que tengamos que hacer con respecto a Ana?
- Pedirle a Dios que no sufre, que la maten muy pronto.
[***]
[* Tema musical *]
¿Qué? Yo quiero muchísimo a Ana pero eso no es vida.
Si estuviera en sus cinco sentidos,
dudo mucho que le gustaría seguir viviendo
cómo está viviendo ahora.
- Eso es lo que me gusta de ti.
Lo confiada que eres con los demás.
- Tal vez solo sigo tu ejemplo, Alonso.
- Con que no, mi Fer, ¿qué te digo?
Por eso nos llevamos tan bien.
Día a día aprendemos cosas nuevas el uno del otro.
[***]
- En realidad, el único insoportable de la casa
era Alonso.
Parece que su único objetivo era tratar de hacerme la vida
de cuadritos.
- Y eso ¿para qué?
- No sé.
Hay gente que disfruta torturar los demás.
Él es uno de esos.
Gabriel, ah, ni fu ni fa.
El pobre se ha dedicado a tratar de ser una copia barata
de mi papá.
- Tu papá, siento, que es un hombre con una personalidad
muy fuerte.
- Sí, muy estricto.
Algo déspota, poco cariñoso.
La verdad trataba muy mal a mi mamá.
Hasta eso, ella era una muy buena mujer,
pero algo sumisa, también hipocondriaca.
Mi hermana Ana se la pasaba peleando mucho con ella
hasta que se empezó a drogar y terminar como bulto
en una clínica psiquiátrica.
[***]
- Señor, Elisa me comentó lo de Ana.
De verdad lo lamento mucho.
- Sí, por lo visto no hay desgracia que venga sola.
- De hecho, quiere cancelar la boda.
Bueno, posponerla.
- ¿Qué? Pero ¿por qué?
- Porque quiere resolver lo de Ana primero.
- Tú tranquilo, que todo siga tal cual.
Pero de Ana yo me encargo.
- Tienes razón.
No voy a permitir que mi papá
interfiera en nuestro matrimonio.
- Te amo. Te amo.
No sabes lo feliz que me hace escuchar eso.
Te amo, te amo.
- Yo también te amo.
Y tal vez, si tu y yo nos vamos de viaje a un sitio,
los dos solitos...
- Mi amor, nada me haría más feliz en este momento
pero tengo mil responsabilidades.
Tengo la empresa encima, tengo lo de Ana.
- ¿Qué pasó con Ana?
- ¿No te conté?
- No, no, ¿qué pasó?
- Unos tipos armados se metieron a la clínica psiquiátrica
y secuestraron a Ana.
- No.
- ¿Lo puedes creer?
- No puede ser.
- ¿Secuestraron a Ana?
- Así mero, cómo lo oyes.
- Virgen santísima, pobrecita Ana.
Por lo que ha de estar pasando.
- Pues ni tanto.
Ya ves lo que decía doña Manuelita,
que la pobre se la pasaba casi todo el día dormida
por las cosas que le daban.
Así que, si le están pasando cosas,
ni cuente se ha de dar.
- Cállate, Claudia, ¿cómo dices eso?
A ver, Ana es un ser humano y puede estar sufriendo.
Es que nada más pensar que la pueden estar golpeando
o que la pueden estar haciendo cosas horribles.
- No, pos, sí tienes razón.
Ha de ser bien feo estar secuestrada.
Y no es por nada, ¿eh?, pero es bien gacho ver
que de toda la familia, la única que se preocupó es la Elisa.
- No, es que yo, la verdad, no entiendo.
De plano, alguien ¿cómo puede olvidar a un hijo
o a una hermana?
Ana duró diez años encerrada y nadie le aventó un lazo.
- Ay, sí.
- Y pensar que eran una familia muy feliz, ¿te acuerdas?
- Bueno, así como feliz, feliz, pues no.
Yo me acuerdo que la doña María Laura se la pasaba
todo el tiempo con su mascarita y que si se ahogaba y que si no.
La Elisa en su rollo y Ana que era una lajita.
Y la verdad es que don Alfredo nunca les pelaba.
- Y tanto luego luego que doña María Laura
se petateó y este se agenció a doña Fernanda.
- No, hombre, todo un zoológico.
- Como sea, pa mí, familia es familia
y a mí no me parece que hayan abandonado a Ana.
Por muy relajienta que sea, pues nunca fue sada.
Ella y Elisa siempre fueron bien buena onda con nosotras, ¿no?
- Sí.
Tanto que la Elisa se enamoró de Francisco.
Oye, ¿qué habrá sido del pancho pantera, eh?
- Buenas, gracias.
Oye, que... nada. ¿Unas por allá tienes?
¿Sí? Perfecto.
- Ay, Sebas sigue sin decirme nada sobre su viaje.
Ya me urge que esté aquí.
- ¿Y le contaron lo de Ana?
- No creo.
Cuando regrese a la casa lo voy a llamar.
- Tal vez si se entera viene de bolada.
- Tal vez.
Ahí están los regios de los que te estaba hablando.
¿Quieres pedir algo más?
- No.
- Tienes que ir.
- No voy a ir.
[***]
- Hola, cuñadita.
Oye, me dijo un pajarito que estabas viviendo
un episodio romántico, ¿es verdad?
- A ti ¿qué te importa?
- No, de verdad, estoy hablando de un pajarito.
Literalmente hablando de un pajarito
chiquito y poco...
- Animal.
- Ven acá, Brenda.
- Alonso, suéltame.
- A ver. Ven.
Buenas tardes.
- Buenas.
- Aquí adentro.
- Déjame o te vas a arrepentir ¡y lo estoy diciendo en serio!
- Mi oferta sigue en pie.
Yo puedo darte todo lo que Gabito no te puede dar.
- Gracias, pero no lo acepto.
[***]
- No. - Ven, ven, ven.
- Hola.
- Hola, hola.
- No lo puedo creer.
Una coincidencia, ¿o qué?
Jamás se nos pasó por la cabeza que nos íbamos a encontrar aquí.
- No, a nosotras tampoco.
Eh, les presento a Tania, mi mejor amiga.
- Hola.
- Hola.
- Un placer. Marcelo Echeverri.
¿Cómo estás?
- Muy bien ¿y tú?
- Muy bien, muy bien. Estamos muy bien, ¿no?
- Muy, sí.
- ¿No nos quieren acompañar?
- Eh, sí, no...
Lo que pasa es que no queremos ser inoportunos
e interrumpirlas,
y aparte tenemos ese presupuesto de...
Estábamos hablando del presupuesto que...
- Sí, perdón, es que...
- Sí, sí.
- Claro.
- Sí, sí, sí.
- Disfruten, ¿sí?
Permiso.
- Bueno, vamos a... Permiso, un placer.
- Ay.
- Siento que el problema de tu familia
es que siempre han tenido mucho dinero y mucho poder.
- Esos negocios son así.
Es como nadar en aguas plagadas de tiburones.
Si tú no atacas primero, la competencia
se te echa encima y te terminara devorando.
- Mis padres siempre fueron pobres,
pero éramos muy felices.
Siempre me dieron cariño y apoyo.
No sabes cómo los extraño.
Daría lo que fuera por que no hubieran muerto
y estuvieran a mi lado.
- Te tuvieron ya muy grandes, ¿verdad?
- No eran mis padres biológicos, Sebastián.
Mi madre me abandonó cuando apenas nací.
[***]
- Neta que te volviste loca.
- ¿Por qué?
- Es una mujer preciosa y tiene un portento,
ay, no sé, como de reina.
- Pero pesadita como ella sola.
- Pues dirás lo que quieras pero yo daría lo que fuera
por tener su vida, por ser como ella.
- Ay, no manches, Pati.
La Fernanda es la esposa del mero mero y tú la secre.
Pon los pies en la tierra.
- ¿Qué tiene?
Ella también fue su asistente y mira hasta dónde llegó.
- Se tuvo que haber --------- al viejo
de todas las maneras habidas y por haber.
Pati, no estarás pensando en ------- alguin
para subir, ¿verdad?
Nosotras somas morras de lucha y lo que tengamos
lo tenemos que ganar con nuestro trabajo decente.
Así tiene que ser.
- Roberto ya tiene instrucciones muy precisas.
Nadie tiene más poder de decisión en esta empresa que yo.
- Tan poco valoras lo que yo he hecho aquí.
- Lo único que has hecho es ayudar a que este barco
se vaya de deriva.
Los resultados hablan por si solos.
¿Sabes qué? Elisa tiene toda la razón.
Te he dado demasiado poder y no has hecho absolutamente nada.
A mí no me vas a dejar con la palabra en la boca,
¡¿está claro?!
- Clarísimo.
[***]
[* Tema musical *]
- ¿Cómo te atreviste a bofetearme?
- ¿Qué, tenía que esperar a que tú lo hicieras?
Yo no soy María Laura, Alfredo.
A mí no me vas a venir a tratar como si fuera tu pelele
y no estoy dispuesta a permitir ni que me grites
ni que me trates de esa manera.
Yo no tengo la culpa de que todos tus hijos
sean una bola de ineptos y mucho menos tengo la culpa
de tu ineptitud.
Durante años he luchado contra la corriente,
tratando de evitar los desastres que hacen, pero ¿sabes qué?
Yo no puedo hacer milagros, Alfredo.
[***]
- Están más guapos de lo que me imaginé.
- ¿Sí te diste cuenta del parecido que tiene Emilio
con Francisco?
- Ay, para nada.
Francisco era medio flaquito.
En cambio Emilio tiene cuerpazo.
Está como para tronarle cada uno de sus huesitos.
Pero bueno, a mí me gusta más el amigo.
Siento que debe ser simpático a morir.
- Yo creo que sí.
- Oye. - Hm.
- La amiga... o sea, mirrín. Me encanta.
- Sí.
- Y fina.
- Tania. La conozco desde pequeño.
Son mejores amigas con Elisa de toda la vida.
Fueron a la escuela juntas.
- Ujum, y eso ¿qué fue?
Un aviso divino ¿o qué?
- ¿Por?
- Imagínate dónde hubiéramos llegado con Fermín.
¿Qué les hubiéramos dicho?
- Buen punto.
Bueno, solamente tenemos que encontrarnos con Fermín
en lugares que ellos no frecuenten nunca
y resuelto.
[***]
[***]
- No, no me interesa saber
quienes son mis verdaderos padres para nada.
- Es que a casi todos los adoptados les entra
como esta obsesión de saber, ¿no?
- Buscar a mi verdadera madre sería una ofensa
para la mujer que me crio.
Ya tengo una madre. ¿Para qué quiero dos?
- Eso sí. Tienes razón.
Eres la niña más especial que he conocido en mi vida
y soy muy feliz a tu lado.
- ¿Ujum? - Ujum.
[***]
- Y nada que se comunican los que la secuestraron.
- Que yo sepa, no.
Pobrecita de Ana.
Ya era lo único que le faltaba.
- Esa sale a la calle y capaz que la orine un perro.
- Oye, ¿y cuando vas a bajarle la canasta al Fermín?
El pobre está que no lo calienta ni el sol.
Ya, perdónalo.
- Pues que haga méritos.
- El calor está fuerte, ¿no?
- Y cada vez es peor.
- Es que no cuidamos nuestra ecología.
Justamente por eso me opuse a la compra de esa arena.
- No empieces con esos discursos ecológicos
que suficientes problemas tenemos ya.
- Raro, ¿no?, que todavía no han llamado
para pedir el rescate.
- Sí, no entiendo qué están esperando.
- No, por supuesto que no sigo enojada.
Finalmente, para mí, no volver a poner una pie en la constructora
va a ser un alivio.
¿Sabes qué es lo que voy a hacer?
Me voy a dedicar a hacer tratamientos de belleza,
a tejer.
- Fernanda, no dije que dejaras el trabajo, por favor.
- Si no sirve nada de lo que hago, mi amor,
¿qué sentido tiene que siga ahí?
- Fernanda, entiende que yo estoy tenso
por lo de Ana, por todo.
No era mi intención decir algo que te ofendiera.
- No, pero lo hiciste, Alfredo, y de qué manera, ¿eh?
[***]
[* Tema musical *]
[***]
- Es mejor que vayamos a lugares alejados de aquí
que no frecuenten los Del Pino.
- Sí, es menos arriesgado.
- Y ¿cómo están las cosas en tu caso?
- Horrible. Érika sigue sin hablarme.
- Bueno, pues ya calma, calma.
A ella se le va a pasar, no te lo tomes tan ha pecho.
- Sí, eso espero.
Al menos no te reconocieron. Digo, por el momento.
Espero que no te metes la pata y en un descuido
se te salga el código postal, brother.
Bonita quemada la que te darías. Chula, chula.
[Sonido de mensaje entrante]
[Mensaje entrante]
[***]
- Ay, la Pati está bien loca.
Si cree que va a ser la nueva versión de la Fernanda
está bien mal.
- Pues haz que lo entienda.
Ella dice que Fernanda es como una reina.
- Menos mal no vivimos en una monarquía, ¿no?
- Oye, ¿y pudiste hablar con el padre?
- Sí, mana.
Ya todo está listo para el entierro el domingo.
Doña Manuelita fue tan buena con nosotros
que se merece que le hagamos una despedida
que todas las de la ley, mana.
- Amen.
- Olvidemos lo que pasó, ¿sí? Te lo suplico.
- Estás permitiendo que Elisa
te meta cosas en mi contra en la cabeza
y eso a mí me da tanta tristeza.
- Ella no lo hace con mal intención.
- ¡No! Si sus intenciones me imagino que son buenísimas.
- Mira, te prometo que hago oídos sordos, ¿ok?
- Me duele que sea tan malagradecida conmigo
y tan egoísta.
Yo siempre la he ayudado con todo.
Yo no sé por qué me insiste en verme como una enemiga.
¿Sabes lo que ella quiere?
Ella prefiere que tú estés solo, solo como un perro,
y que nadie se preocupe por ti.
- Te pido, por favor, no hablemos más de eso, ¿eh?
Tú sabes, tú sabes que sin ti...
Mi vida, yo sin ti me vuelvo loco.
Prométeme que el lunes
vas a estar en la oficina como siempre.
- El lunes veremos.
En estos días, Alfredo, pueden pasar muchas cosas.
[***]
- Bueno, yo voy a arreglarme para la cena.
- Ey, ey, ey, ¿para dónde vas?
¿Y mi besito?
Ya prontito nos casamos.
- Sí, ya mi papá dijo la última palabra,
pero solo acepté con la condición
de que sea algo más íntimo con pocos invitados.
De verdad no estoy de humor para tener una boda tan grande.
- Ok.
- Te casas el próximo sábado y punto.
- Papá, yo creo que con lo de Ana...
- Posponer la boda no soluciona nada, hija.
- Entonces pospongamos la luna de miel.
- De lo que pasó con tu hermana, yo me voy a encargar.
Tú dedícate a casarte y que no se hable más.
- Ok, entonces voy a cancelar a mitad de los invitados.
Quiero que sea algo más íntimo.
O me das gusto en eso o no me caso.
- Elisa, relájate con ese tema. No vale la pena.
- Bueno, por lo visto aquí, a la única que le importa
lo que le pase a Ana es a mí.
- Es que Ana no merece consideración y punto.
[***]
- Nadie está dudando de usted. Por favor, entiéndalo.
- A todos nos han interrogado hasta el cansancio.
No están tratando como si fuéramos criminales.
- Ay, por favor, cálmese y escuche muy bien
lo que le voy a preguntar.
- ¿Quién ha ido a ver a Ana en las últimas semanas?
Si quiere ahorrarse muchos problemas,
necesito que me diga la verdad.
- Oiga, no me ha dicho quién es usted.
- Nadie.
Usted haga como que no me ha visto, ¿sí?
Muchas gracias.
- ¿Qué, le comieron la lengua los ratones?
¿Fue alguien a ver a Ana en las últimas semanas, sí o no?
- Sí. - ¿Quién?
[* Tema musical *]
- Pues usted.
Usted ha sido la única que ha venido a verla.
[Exhala]
- No se ha escatimado ningún gasto para el entierro,
mi Frank.
- ¡Eh, Emilio!
Acostúmbrate. Emilio.
- Bueno, bueno. Emilio, Emilio.
Tu abuela va a tener lo mejor ese día.
- ¿Tú crees que donde sea que ella esté,
ya me haya perdonado por haberme ido así
y no haberme comunicado por tantos años?
- Por supuesto.
Ella te quería más que nadie en este mundo.
- Ya no te atormentes con eso.
[Tintineo de copas]
- Pero el que no te perdona soy yo.
Así que haz puntos, güey, y mira... sírvele un poco más.
- Sírvele.
[***]
- ¿Sabes cuál es el problema?
Que me tienes envidia.
- ¿Y qué se supone que te tengo que envidiar, eh?
- Todo.
Soy el vicepresidente de la constructora,
soy un tipo productivo, eficiente.
- Ándale, ándale, tú síguele echando crema a tus tacos.
- Además, tengo una esposa hermosa y millonaria
y que algún día, la constructora de su familia y la nuestra
-¡Sí!-
se van a unir y van a quedar bajo mi dirección.
- Ya salió el peine.
¿No es eso lo que realmente quieres de Brendita, verdad?
Su dinero.
[Trompetilla]
Ay, hermanito, qué admirable.
Qué gran ejemplo a seguir eres.
[Quejidos]
- Casi no dormí nada.
Y le pedí a una de las enfermeras que me diera algo
y no me quiso dar nada.
- Es que ya te han dado suficientes somníferos
por diez años, Ana.
- Es que me siento de la patada.
- Y es normal, pero tienes que resistir, por favor.
- Y pensar que antes los engañaba para no tomarme
las pastillas que me daban.
Pero me inyectaban.
Y ahora sí nada es...
- Todo va a ser diferente, vas a ver.
- Hola, buenas, no sé si se acuerda de mí.
Soy Fernanda Ríos, la pareja de Eugenio Beltrán.
- Sí, por supuesto.
- Pues aquí estoy en la Florida, pasando la temporada,
y pues perdí las noticias el otro día
y vi que hubo un incendio en el edificio de Eugenio.
Hace varios días no sé nada de él.
Nosotros siempre nos hablamos a diario y, pues,
estoy un poco preocupada.
- Entonces no está enterada.
- ¿De qué?
- El incendio empezó en el departamento
del señor Beltrán.
Él lamentablemente falleció en su recámara.
- Ay, no, no me diga eso, por favor.
- Solo tienes que tener un poquito de paciencia.
- Me siento como en el aire.
Como... no sé cómo explicártelo.
- Mira, te vas a poner bien, te lo prometo.
Ya cuando nos vengamos a dar cuenta,
vas a ser la misma Ana de antes.
- Ya nada va a ser cómo antes.
[***]
- No me pudo haber dado peor noticia, de verdad.
- Yo tampoco me esperaba algo semejante.
- Ay, no sé qué va a ser de mi vida sin él.
- Créeme que lo lamento muchísimo.
- Pues ni modo, no va a quedar de otra
que montarme en un avión y encargarme de su sepelio.
Eugenio una vez me comentó que yo iba a ser
su hereda universal.
Me dijo que usted se podía encargar de todo el asunto.
¿Es cierto?
- En efecto.
Tengo el testamento y soy su albacea.
Pero a usted no le dejó nada.
En memoria de su madre, dejó todo a una fundación
que apoya las madres solteras en Dallas.
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.