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[***]
[***]
[***]
- ¿Tú?
- ¿No te alegra verme?
- ¿Y ese pelo?
- Vine de incógnito.
Te extrañaba demasiado
y le inventé a la casa que me iba a ir a un spa.
Ven, ándale, no seas así.
Necesito tanto abrazarte, que me digas lo mucho que me amas.
Regreso a Miami mañana a primera hora, ven.
He estado pensando mucho en lo que ha sido mi vida,
y lo único que he sabido hacer siempre es amarte
y obedecerte.
Soñé durante años en formar una familia contigo
y ser felices para siempre.
- Ya vendrá, Fernanda.
- Yo creo que no.
Porque para eso, mi amor, tú tendrías que sentir lo mismo
que yo sentía.
Y la única realidad es que me has estado usando.
Me has estado hundiendo.
- ¿Hm? Ya deja...
Fernanda, ¿qué haces? ¡Fernanda!
¡Fernanda, ¿qué haces?!
- ¿Sabes que nunca soñé con Mirna?
Realmente la vi y me contó lo de nuestra hija, ¿sabías?
[Quejidos]
- No hagas nada de lo que te puedas arrepentir después!
- De lo único que me arrepiento es haberte conocido.
- ¡Fernanda!
[***]
[***]
[***]
- No te pregunté por mi hija porque sé
que no me hubieras dicho nada.
Pero tú no te preocupes porque voy a dar con ella
como dé lugar.
Y que de algo sirva tu dinero.
Siempre me dijiste que...
- Te agradezco que me ames y tú sabes que yo te amo también,
pero más que eso, me importa tu lealtad, Fernanda.
- Lo que tú digas, Eugenio.
- Ten presente en todo momento que estás en deuda conmigo.
- No, yo no te debo nada.
Eres tú el que nunca pudiera pagarme todo
lo que me has hecho.
Te detesto.
Estoy tan furiosa conmigo mismo por haber sido tan imbécil,
por haber deseado...
...formar una familia contigo es mi mayor sueño.
Ser tu esposa, llevar tu apellido,
ser la madre de tus hijos.
- Todo eso me ilusiona muchísimo a mí también.
No te imaginas de que manera.
- Espero que se te haya quitado la ilusión
porque en este momento me revolvería el estómago
tener un marido como tú.
Preferiría a Alfredo y eso es mucho decir.
Si existe algo después de la muerte, y sé que estoy loca
por hablar con el cadáver de un cretino como tú....
Eugenio, si estás aquí, viéndome,
y estás viendo tu asqueroso cuerpo tirado ahí en la cama,
si ese fuera el caso, anda, no esperes más, vete,
vete ya, vete directito al infierno.
Buen viaje, Eugenio.
¿Sabes qué?
Salúdame mucho a tu mamacita.
Ella seguramente te está esperando.
Así que vete, vete a la fregada,
porque a mí, conmigo ya no vas a poder.
- Desde que te dije que me confirmaron mañana la cita
con los Del Pino, estás en las nubes.
- No, es que uno también tiene derecho
a ponerse nervioso, loco.
Imagínate, voy a tener a esa gente cara a cara
por primera vez en diez años.
- Me preocupa mucho que te reconozcan
por más que hayas cambiado.
- Sí, pero lo que tú vas a decir me va a servir de apoyo.
Van a pensar que cualquier parecido es mera coincidencia.
- Emilio, estamos a tiempo de cancelar todo.
Piénsalo muy bien sin apasionamientos, por favor.
[***]
- Por más que trato no entiendo a Alonso.
- Ni él se entiende.
- Durante la cena casi ni me dirigió la palabra.
Y después, se largó sin más ni más.
- Y tú solo viniste para estar con él.
A veces es muy triste reconocer ciertas cosas, Tani,
pero es mejor hacerlo.
Alonso no te quiere. No le interesas.
Solo estás perdiendo tu tiempo con él.
- No voy a cambiar de opinión.
Tengo que estar cerca de esa gente.
- A ver, sabes que la tal Fernanda
recibió una llamada de tu abuela antes de morirse.
Ok, te entiendo, pero eso no quiere decir
que se haya metido a su casa a matarla.
- Pero claro que fue ella.
A ver, con lo que Ana me contó...
- ¿Estás hablando de Ana?
- Sí.
- Ana es una... es una drogadicta
y ha estado medicada por años.
Dime qué peso va a tener la palabra de una persona así.
- Bueno, alguien mató a mi abuela
y todo checa, Marcelo, todo.
Fue Fernanda. ¿Quién más?
[***]
[***]
[***]
[Suena alarma de incendios]
[***]
[Sigue sonando alarma]
[***]
- Entonces seguro es eso lo que quiere hablar mi papá conmigo
porque si Alfredo te dijo que ya mi papá sabe lo del arena,
seguro está pensando que yo fui la que dijo todo la información.
- Mi amor, mi amor, no te mencionaron.
- A ver, ¿cómo sabes?
- Porque mi papá me lo hubiera dicho.
- Se oía furioso, Gabriel.
Me dijo que teníamos que hablar
de asuntos familiares muy serios
y que debía decidir el rumbo que mi vida debía tomar.
[***]
- No creo, no creo que el banco nos dé otro préstamo.
- No veo por qué no, señor.
La empresa siempre ha cumplido con todas sus obligaciones.
- No puedo creer, no puedo creer que estamos
prácticamente sin liquidez.
- Lo que se compró de arena fue considerable, señor.
- Todos los negocios que se han hecho en los últimos años
han sido fracaso tras fracaso
¡y no entiendo por qué!
Las cosas siempre parecen ir bien y de repente, puf,
se echan a perder.
- Hemos tenido mala suerte.
- ¡No, no me digas esa estupidez!
Yo no creo en eso.
Se han tomado malas decisiones porque estoy rodeado de ineptos.
- No puedo creer lo que me estás diciendo, Elisa.
- Yo sé, pero es la verdad.
Entre más tiempo te tardes en reconocer...
- Nunca hubo nada entre Sebastián y yo.
- Porque tú nunca lo pelaste.
Pero Sebastián estaba enamoradísimo de ti
y por eso Alonso empezó a tirarte la onda.
- ¿Solo para fastidiar a Sebastián?
- Y me duele decirlo porque es mi hermano y lo quiero,
pero Alonso es enfermizo y también es enfermiza
la relación que tienes con él.
- Si tú no quieres que nos asociemos con los Del Pino,
yo respeto tu decisión,
y te entiendo perfectamente porque nada de ese te incumbe...
- ¿Que me incumbe?
Estoy aquí por ti. Te estoy cuidando.
Tú eres mi hermano, mi mejor amigo, te estoy protegiendo.
- Y lo agradezco mucho pero no voy a cambiar de opinión.
- Ten presente que va a ser muy difícil conseguir pruebas
en contra de esa mujer.
La palabra de una drogadicta no tiene pesos ni fundamentos.
- Sí, pero las pruebas son lo de menos, Marcelo.
Lo que yo quiero es vengarme, vengarme de todo
lo que nos hizo.
¿Y cómo? No sé.
Pero voy a encontrar la manera. La voy a encontrar.
[***]
- A ver, lo que pasó fue que tu papá le dijo al mío:
"Esto es la guerra".
Pero no es que sepa que tú me dijiste lo de la arena.
Seguramente lo que quiere es que tú tomes partido nada más.
- Y como comprenderás, yo voy a estar de su lado.
- Ni si te ocurra. Tú eres mi esposa.
- Gabriel, ellos son mi familia para siempre te guste o no.
Si tú y yo nos divorciáramos,
simplemente seríamos dos extraños.
- A ver, mira, mi amor, mi amor,
eso es lo último que yo quisiera en esta vida.
- Pues yo no estoy tan segura de querer seguir siendo tu esposa.
- Muchas veces me he visto obligado
a usar sumas considerables de mi fortuna personal
para sacar adelante la empresa.
¿Y sabes qué? No lo pienso volver a hacer.
- Por eso mismo, señor.
¿Por qué no vamos al banco para que nos den el préstamo?
- Mañana mismo me vas a rendir un reporte completo
de los gastos.
¡Es lo que tendrías que haber hecho desde un principio!
- Te lo hice, señor. Con su esposa.
Y creí...
- No, no creas nada. Nada.
De ahora en adelante voy a ser yo personalmente
el que se encarga de todo.
Ya me cansó esta situación.
[***]
- Le rogué, le supliqué que no la diera en adopción.
Me supliqué, le dije: "Ella tiene derecho a verla".
Pero la niña le estorbaba.
- Tenía... tenía 14 años cuando ella nació.
Y desde entonces me la he pasado llorando su muerte,
pensando cómo hubiera sido mi vida
si la hubiera tenido conmigo
¿y ahora me estás diciendo que está viva?
¿Está viva?
[***]
[* Tema musical *]
- Oye, qué mala onda que no haya podido venir Fermín
a cenar con nosotros.
- No, imagínate, llega tarde una vez más
y Érika le pide el divorcio.
- Yo no lo puedo creer.
¿Y tú no puedes confiar en ella?
Porque si supiera que eres tú, la canción sería diferente.
- Sí, pero, ¿para qué me arriesgo?
Ella trabaja con su hermana en la casa de los Del Pino.
Si le cuenta el chisme y luego dice algún comentario
y las escuchan...
No estoy para el mínimo paso en falso.
- Me sigue preocupando lo que vas a hacer para rescatar a Ana.
Imagínate que estés de mala suerte y que llegué la policía.
- Bueno, pues esperemos que no.
Es que no la puedo dejar ahí de ninguna manera.
Ya ha sufrido suficiente la pobre.
[***]
[***]
- Mi amor, tú eres lo más importante de mi vida.
¿Por qué te cuesta entenderlo?
- Porque tú eres el que se empeña
en no demostrarlo, Gabriel.
- Si es así, te pido perdón.
Tienes toda la razón.
A veces estoy un poco tenso por los problemas de la oficina,
de la constructora,
y me siento un poco perdido nada más.
- Si vas a dejar que el trabajo interfiera entre nosotros...
- Nunca más.
Nunca más voy a permitir que eso pase.
Yo te amo. Tú eres lo más importante de mi vida.
Te lo juro.
- ¿Seguro?
- Sí.
[***]
Yo sé, yo sé.
Sí, sí, sí.
[***]
- ¡Fernanda!
- Eugenio nunca más va a ser un problema.
- Dios mío, lo dices así, con esa sangre fría.
Bueno, si investigan, ¿qué vas a hacer?
- Yo no he salido del estado de la Florida.
Yo estuve en un spa en Palm Beach y me aseguré
de que sí conste los registros.
Me fui a Dallas con una identificación falsa.
Además, conoces a Eugenio.
Tenía muchísimos enemigos.
Los negocios que manejaba siempre eran sucios.
No te lo tengo ni que decir.
Imagínate, ¿cuánta gente quería matarlo?
Pero la afortunada fui yo.
Come, ¿no tienes hambre?
- Hoy amaneciste muy sonriente.
- ¿Se nota que estoy muy feliz?
- ¿Cuál es el motivo? Digo, si se puede saber.
- No, que los problemas que Brenda y yo
hemos tenido últimamente anoche quedaron resueltos.
Y además, tuvimos una noche de pasión y romance.
- Eso, eso, ¡muy bien!
Muy bien que por fin tu pequeño piolincito despertó.
Bueno, pero, ni aunque despierte te va a servir de mucho, ¿eh?
Mira, a las mujeres les encanta los hombres
con grandes cualidades.
No se conforman con miserias.
- No me lo tienes ni que decir, Fermín.
Yo sé que jamás le pondrías los cuernos a la Érika.
Es más, no lo harías ni aunque tuvieras ganitas.
Te daría pánico que ella se enterara.
- Ah, qué chistosa eres, Claudia.
- ¿Neta sigue sin perdonarte?
- Claro que no, como si no la conocieras.
No me deja entrar al cuerpo ni siquiera para cambiarme.
No puede ser, apesto a chivo.
- Tú estuviste de acuerdo en la compra de esa arena.
No entiendo de qué te quejas ahora.
- El problema no es haber comprado la arena, Elisa.
Sin eso no podríamos seguir trabajando.
Pero resulta del colmo no tener liquidez.
En unos meses no vamos a poder afrontar nuestros compromisos.
- El último edificio tuvo una pre venta increíble.
Y después, sin ninguna razón, se desplomaron las ventas.
- ¿Ve lo que te digo?
Todo parece ir bien.
Al final, algo pasa que lo echa a perder, ¿hm?
- ¿Y sabes qué pasa?
Que le has dado demasiado poder de decisión a Fernanda.
Ella influye sobre Gabriel, sobre Alonso.
Sobre ti, papá.
Dime qué sabe Fernanda de negocio.
Pasó de ser tu asistente personal
a la jefa de una constructora.
¿Te parece lógico?
- El dinero de Eugenio va a ser para mí.
Muchas veces me dijo que...
- Si un día algo me pase y me muero,
ves a quedar totalmente protegida.
Tú eres mi heredera universal.
- Pero no te olvides que fue asesinado, ¿hm?
Y si tú eres su heredera, van a sospechar de ti, por supuesto.
- Claro que no, Mirna.
A mí no me pueden probar nada.
Tuvo una noche romántica, puso velas por todo el departamento
y ¡ups!, hubo un lamentable accidente
y el lugar se incendió.
- A veces en las autopsias amanecen cosas...
- Ves demasiadas películas, Mirna.
¿Qué van a poder encontrar en un cuerpo tan chamuscado, hm?
- Ok, ¿y qué piensas hacer con la fortuna de Eugenio?
- Me borro del mapa.
Me olvido de los Del Pino, me largo de la Florida
y me dedico 24/7 a buscar a mi hija.
- Bien.
[* Tema musical *]
Sabes que no te juzgo en lo absoluto, Fernanda.
Eugenio te hizo tanto daño. Te llevó al límite.
Además, después de venir de esa vida desgraciada
que tuviste con tus papás, mírate.
Fuiste a caer con lo peor.
- Pero eso se acabó. Borrón y cuenta nueva, Mirna.
- Sí, y así debe ser. ¿Sabes por qué?
Porque los Del Pino nunca te han hecho nada jamás.
Tú estás ahí ejecutando una venganza
pero a cual nunca debiste ser parte.
Nunca tuviste que estar involucrada.
- ¿Sabes qué?
¿Sabes qué es lo que tengo que hacer?
- ¿Qué?
- Tengo que llamar al abogado de Eugenio
para que me comente sobre su testamento.
Ya con el dinero, cuando me sea posible, me alejo de aquí.
Me alejo de Alfredo, de su espantosa familia.
Entonces, Mirna, voy a poder sentirme libre.
- Bien, Fernanda. Vamos a ser libres.
Libres.
- Libres.
- Tú sabes que lo que te digo es la verdad.
El día que Brenda pruebe lo que es un hombre de verdad,
te va a mandar a la fregada.
- ¿Y a ti qué te hace pensar que yo no estoy bien, bien dotado?
- Por favor.
Crecimos juntos, hermanito.
Te he visto infinidad de veces tu... piolincito.
O bueno, más bien dicho, lo he intentado de mirar
porque pues a simple vista no se te ve nada.
Pareces un eunuco.
[Se ríe]
- Ya cállate, imbécil.
- Ay, estamos en confianza.
- Sí, sí.
- Podemos hablar sin problemas.
- Púdrete*.
- Ni modo, mi Gabo. La verdad duele.
[***]
- Hoy tu hermana estaba desayunando algo
antes de irse a sus clases
y la mayor parte del tiempo ¿sabes qué hizo?
Ignorarme, como si no existiera, ¿lo puedes creer?
- Cuñado, ya se le va a pasar el enojo.
- Lo único que dijo fue...
- A mí esos misterios que te traes ¡me enchilan!
- ¿Cuáles misterios, Érika?
Solo me tomé unas copas con unos cuates nada más.
No es para que te pongas así.
- ¿Sí?
¿Y pa qué le pediste a la Claudia el teléfono de Fernanda?
- Pues, pues ¿para qué va a ser?
Para tenerlo por cualquier cosa que se ofrezca.
- ¿Ah, sí? - Sí.
- Y aquí tu taruga, fíjate.
- Claudia, te pedí que no dijeras nada de eso.
- ¿Qué tiene de malo que Érika lo sepa?
Llevas toda la vida trabajando aquí.
¿Por qué precisamente ahora querías saber
el teléfono de Fernanda?
- A ver. A ver, a ver.
Ni modo que Érika piense que ando con Fernanda, ¿cierto?
- Esa está buena. Esa está buena.
No manches.
¿Quién va a creer algo así?
Fernanda no se fijaría en ti ni aunque fueras
el último hombre del planeta.
- Ja, ja, ja.
- Está buena, cuñado.
- Ja, ja, ja.
- ¿Qué querías que hiciera?
¿Que me quedara solo después de la muerte de tu madre?
- Me molesta la hipocresía, papá.
Qué casualidad que al poco tiempo de que su murió si mamá
tú y Fernanda ya estaban juntos.
- Bueno, en el amor es así, hija.
Se da cuando se tiene que dar.
Ella ha sido una bendición para mí y para todos ustedes.
- Mira, no voy a seguir discutiendo lo mismo otra vez.
Solo te digo una cosa, papá.
No hay peor ciego que el que no quiere ver.
[Pasos]
- Llegaste. Te estaba esperando, mi amor.
- Sí, claro, mi amor.
No veía la hora de llegar, te extrañé tanto.
- Ay, qué bueno. Yo también.
- Ay, Elisa, me la pasé tan bien en el spa.
La próxima vez ¿será que sí me acompañes?
- Hm, lo dudo mucho, pero los tratamientos de belleza
no son lo mío.
- Alonso cada día está más insoportable.
Si sigue así, vamos a tener problemas serios
porque a mí no me va a tratar cómo trataba a Sebastián.
Ni más faltaba.
[***]
- Ya llegamos.
Las cámaras de adentro y de afuera de la clínica
ya están apagadas y los hombres listos para entrar.
[***]
- ¡Ay!
- Ey, dime dónde está Ana Del Pino.
- ¡Allá, al fondo del pasillo!
¡Al fondo, al fondo!
[***]
- ¡Shh, shh! ¡Cállate!
Ey, ¡al piso, al piso! ¡Quieto!
¿Dónde? ¿Dónde? Dime.
[***]
Shh, quieta, quieta. Dale.
Abajo, abajo.
- No, no, no.
- Quietita. Tranquilita.
Tranquila.
[***]
[Gritos]
- Ana. Ana, Ana.
[Gritos]
¡Shh!
[Gritos]
Tranquila.
Shh, shh.
Ana, tranquila. Ana.
Ana, Ana, Ana, tranquila.
Mírame, soy Francisco, ¿sí?
Mírame, mírame.
Sí, soy yo, ¿sí?
A eso vine, a rescatarte, ¿sí?
Ya nunca más nadie te va a hacer daño.
[***]
- Cuando me casé con Gabriel,
acordamos que no íbamos a mezclar mi vida personal
con los asuntos de tu negocio.
- Lo que los Del Pino acaban de hacernos
es una completa declaración de guerra, Brenda.
- Bueno, pero yo no tengo idea de lo que me estás hablando.
¿Qué voy a saber yo del contrabando de arena
y esas cosas?
- Nos han metido una puñalada por la espalda,
quitándonos a nuestro principal proveedor de arena.
Tú no tienes ni la más mínima idea de la cantidad
de problemas en lo que estamos metidos por su culpa.
- Papá, pero...
- Papá nada.
Somos tu familia, Brenda Ferrero.
- Gabriel cometió errores
que le costaron mucho dinero a la compañía.
Yo le dije que estaba tomando decisiones equivocadas
pero ya sabes cómo es él.
Él es muy necio.
- Yo no voy a poner dinero de mis cuentas personales.
- No nos queda más remedio que pedirle al banco
un nuevo préstamo.
- ¡Sí, sí, ¿y pagando intereses?!
Por favor.
- Alfredo, necesitamos dinero, y no solo dinero
para pagar las nóminas y seguir con las compras, no.
Hoy, ¿te acuerdas?, hoy tenemos una reunión
con las personas de Monterrey.
Los dueños de los edificios viejos que queríamos comprar.
- Papá, si lo que quieres es que termine con Gabriel,
yo no estoy dispuesta, papá.
Otra vez...
- No, hija, no, no, no. No es eso.
Es todo lo contrario.
Quiero que sigas con él, pero solo te voy a pedir...
Necesito que me averigües todo lo que pasa
dentro de aquella compañía.
- ¿Cómo? ¿Ahora quieres que los espíe para ti?
- Brenda, por favor, te conozco como la palma de mi mano
y sé que más tarde o más temprano
acabarás hartándote de él.
Lo dejarás y entonces ¿qué te quedara, eh?
Nada.
Lo único verdadero... nosotros, tu familia, y la constructora.
- Te repito que no tenemos dinero para comprar nada.
- Mi amor, puede ser un negocio muy lucrativo.
La zona en donde están esas propiedades está muy cotizada.
[Suena celular]
- Qué raro, llaman de la clínica psiquiátrica.
Aló.
¿Qué?
¿Cómo es posible?
No, no, no.
Sí, claro, que la policía se ponga en contacto con nosotros,
Dios mío.
No puedo creer que estas cosas pasen.
- ¿Qué pasa? ¿Qué pasó?
- Unos hombres se metieron en la clínica y secuestraron a Ana.
[***]
[* Tema musical *]
Es que no entiendo.
Ana lleva diez años ahí.
No entiendo por qué la van a secuestrar precisamente ahora.
- Y yo ¿qué voy a saber?
- Bueno, la policía no debe de tardar
en ponerse en contacto contigo, ¿no?
Seguramente van a querer intervenir
cuando los secuestradores te llamen.
- Ahora encima de todos los problemas que tenemos,
¿voy a tener que soltar quién sabe cuanto dinero
para rescatar a Ana?
- Eso sería un gran desastre.
Sobretodo porque la pobrecita se encuentra en calidad de bulto.
Mi amor, mi amor, ella es tu hija.
No puedes abandonarla.
- Ana, él es Ignacio Montaño.
Es la persona que me ayudó a planear tu rescate.
- Mucho gusto, señorita.
- Ana, Ignacio te va a llevar a una clínica en Delray Beach
donde te van a dar la atención que necesitas, ¿sí?
- ¿Vienes con nosotros?
- Ana, yo no puedo acompañarte ahora
pero te prometo que mañana estoy ahí contigo, ¿sí?,
y te voy a poner al día de todo lo que estoy planeando.
- No puedo ir sola, no puedo ir sola...
- Ana, escúchame, escúchame.
Tú tienes que confiar en Ignacio, ¿sí?
Él te va a llevar a la clínica donde te van a dar
una atención especializada para recuperarte al cien.
- No me dejes sola, porfa.
- Vas a estar bien, escúchame.
Confíe en él.
Te va a hacer pasar por su hermana.
Te vas a llamar Sandra Montaño, ¿sí?
Sandra Montaño.
Nadie, bajo ninguna circunstancia,
puede saber quien eres realmente
porque la policía de seguro te está buscando, ¿sí?
¿Sí?
[***]
[Alonso se ríe]
- Esas cosas no suceden en este país, por favor.
Es ridículo.
- No, a veces sí se han visto.
- Papá, si te piden dinero, tú mándalos a la fregada.
Ana es como si estuviera muerta, por favor.
Y por un muerto no se paga rescate.
- Sinceramente esto es algo que nunca me hubiera esperado.
- Hay que ser prácticos, papá.
- Igual a ti no te importa nadie que no seas tú, Alonso.
- Entonces, ¿qué hacemos?
¿Cancelamos la cita con los de Monterrey o...?
- No.
No, yo no sé cuánto tiempo se quedan aquí en Miami
y no podemos perder esta oportunidad.
- A ver, a ver, nos vamos todos para la oficina,
y no lo digo por los mexicanos, ¿eh?
Espero que te haya quedado claro que no podemos comprar nada.
Vamos a seguir trabajando como si nada hubiera pasado.
Y no le digan a Elisa hasta que yo hable con ella.
[Suena celular]
- Sí, Patricia, dime.
Bien, diles que voy para allá, que me esperen en mi oficina.
La policía me está esperando en la constructora.
[***]
- Ya hace unos meses
que terminaste la universidad, Sebastián.
Es lógico que regreses a tu casa,
que vuelvas a vivir en Miami.
- No, no me gusta vivir ahí.
Fuera de mi hermana Elisa, la verdad no extraño a nadie.
- Bueno, yo solamente te acompaño a la boda
y me regreso de inmediato.
- Nos regresamos, Moni.
Mi vida ya está hecha aquí a tu lado.
Miami, no sé, de plano no es lugar para mí.
- Ok, llegamos.
Esta es la clínica donde se va a quedar.
Es muy bonita.
Estoy seguro que la va a pasar muy bien aquí.
- No creo que esté a gusto.
- Lo que le hicieron fue muy injusto.
- Me las van a pagar.
[***]
[***]
- Bueno, pues, estamos aquí.
- El momento esperado.
- Gracias.
[***]
- Alonso, ¿qué está pasando?
Todos llegaron con unas caras.
- Que mi papá te lo explique.
- No, conmigo no estés de misterioso.
- No son misterios, nena.
Simplemente, como siempre, pues ya sabes, yo soy muy obediente.
O a ver, únicamente él so lo va a decir, ¿sí?
Habla con mi papá.
- Gracias. - Gracias.
- ¿Estás nervioso?
- ¿Y tú qué crees?
- Yo también, pero bueno, vamos a calmarnos, ¿ok?
- Sí.
- Ahora, si quieres, cancelamos esto, nos vamos, y ya.
- Ya no empieces con eso que me pones más nervioso.
- Te llamo después.
[***]
[* Tema musical *]
- Buenas.
- Ese es Alonso Del Pino y no me reconoció.
- Ya, ya, ya. Nadie te va a reconocer, ¿ok?
Vamos.
- ¿Te sientes mal?
Desde que llegaste estás haciendo mala cara.
- No, Mirna, estoy bien.
Bueno, por lo menos físicamente.
Porque por dentro estoy que no me calienta ni el sol.
- A ver, déjame adivinar.
Volviste a terminar con el hermano de Elisa, ¿verdad?
- No se puede terminar algo que en realidad nunca empezó.
- La casa es muy grande.
Te puedes quedar ahí sin problema.
- ¿Seguro que no es mejor que me vaya a un hotelito barato?
- ¿En Miami?
No, allá no hay nada barato.
Mira, en el patio delante hay una casita de huéspedes.
Te puedes quedar ahí sin problema
y tendrías total privacidad.
Es donde vivía mi madrastra cuando era
la asistente personal de mi papá.
- Por todo lo que me has contado de ella,
ya la traigo atravesada en el hígado.
Debe ser insufrible.
- Lo malo es que no.
Es amable, encantadora. Todo un estuche de monerías.
- Entonces ¿por qué te cae tan mal?
- Ni Elisa ni yo la tragamos.
Creemos que ella se estaba metiendo con mi papá
antes de que mi mamá muriera.
Y porque es una hipócrita amante del poder.
Obviamente está con mi papá por su dinero.
- No, nadie se ha comunicado y esta situación
nos parece incomprensible.
Mi hija lleva internada ahí poco más de diez años.
Yo creo que esto lo tiene que haber hecho
alguien que trabaja dentro de la clínica.
- ¿Ya?
Ah, perdón, tengo que ir a una junta a la que no puedo faltar.
- Está bien.
¿Tienen alguna otra información que nos puede ser útil?
- Por más duro que sea aceptarlo, Elisa tiene razón.
Alonso nunca me ha tomado en serio.
El solo me usa y me deshecha a su antojo.
- Perdóname que te lo diga pero él hace eso
porque tú se lo permites.
- Obviamente.
Pero es que cuando una esté enamorada,
hay ciertas cosas que se vuelven inevitables.
- No, no, no, princesa.
Cuando una relación se vuelve dañina y te lastima,
en vez de darte felicidad,
lo único que hay que hacer ahí es cortar por lo sano.
Porque si no, Tania, si no, nos destroza, nos destruye.
[***]
- No conozco mayor cosa del señor Emilio
pero sé que es una excelente persona.
- ¿Emilio?
- Sí, el que me contrató para ayudarla.
Él la quiere muchísimo a usted.
Quería, a toda costa, que encontrara la manera
de sacarla de esa clínica.
- No.
- Tranquila, usted es muy joven y muy pronto
va a poder recuperar el tiempo perdido.
[***]
- Yo fui el que se comunicó con ustedes hace unos días
a Monterrey.
- Gabriel Del Pino. Mucho gusto.
- Señor Del Pino, un placer. Marcelo Echeverri.
Mi compañero, amigo del infancia, socio de mi empresa,
Emilio Montenegro.
- Encantado.
- Un placer. Encantado.
Ya vienen los demás.
- No, no, yo... yo nunca tuve un amor tormentosa.
Es más, te podría decir que mi experiencia amatoria
es casi nula.
Lo que te estoy diciendo es basada en las experiencias
de otras amigas, de otras mujeres.
- ¿Nunca tuviste novios? ¿Nunca te casaste?
- No.
Como a mis veinte y tantos, empecé a trabajar
y a cuidar de mis padres.
Y mira, cuando me di cuenta, era demasiado tarde.
Ya se me había pasado el tren.
- Bueno, dicen que nunca es tarde para conocer a alguien
con quien compartir la vida.
- Bueno, pero eso no es lo que más me importa ahora.
Además, no estamos hablando de mí.
Estamos hablando de ti.
Mírate, princesa.
Tú eres una niña bonita, inteligente, rica,
buen ser humano.
Estoy convencida que allá afuera deben haber
cientos de jovencitos guapos, bonitos que dieran todo
por estar contigo, ¿hm?
Ah, sí, ya veo.
Ese muchacho te tiene la autoestima en el piso,
pero tú no te puedes dejar.
¡Párate! ¡Recupérate!
¡Date tu lugar! ¡Mírate!
- Ay, Mirna.
- ¡Princesa Tania!
- Ya me incorporé. Yo estoy bien parada.
- Muy bien.
- ¿Y cómo la están pasando en Miami?
Han estado aquí antes mi imagino.
- Bueno, en mi caso no. Primera vez.
Pero lo que he visto me está encantando.
- Qué bueno, qué bueno.
Ahí viene la esposa de mi papá y su principal consejera,
Fernanda Del Pino.
- Emilio Montenegro para servirle.
- Mucho gusto.
- Un placer. Marcelo Echeverri.
- Ah, bienvenidos.
- Muchas gracias.
Emilio y yo somos socios y amigos de la infancia.
- Y mi hermana Elisa Del Pino.
* Puedo ser, la razón (la razón) *
- Emilio.
Montenegro.
[***]
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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