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Continuamos con el programa "Supermodelo".
No creo que seas justa, Tyra.
No sabes lo que es criarse en el ambiente que crecí yo.
¡Pero bueno, cómo te atreves!
¡Tú no me conoces, no tienes ni remota idea de mi pasado,
ni de dónde he estado ni de cuánto tiempo he estado allí
ni de lo que he tenido que hacer para llegar de donde estaba
adonde estoy ahora!
-Hola, ¿qué tal, Mort? -Hola, Lois.
Neil está haciendo un trabajo sobre cristiandad en el colegio.
¿Podéis prestarme algún crucifijo? Mejor uno que lleve el muñequito.
Claro, hay uno en la sala. Cógelo tú mismo.
Estoy harto de que Mort venga siempre a pedir cosas.
Es más gorrón que los Superamigos mexicanos.
Eh, Superman mexicano, ¿tienes un momento?
Cuando firmaste el alquiler, dijiste que ibais a vivir solo cinco aquí.
Oh, no, no viven todos aquí. Solo están de visita.
¡Eh, Superman mexicano, ya he hecho las llaves!
¡Batman mexicano, largo de aquí!
¿Qué? Tengo ya 60 copias.
Desahucio.
Con esto, Mort ni se acercará.
Peter, ¿qué narices es esto?
Estoy harto de que Mort nos gorronee siempre y he hecho un espantajudíos.
Peter, no podemos tener esto en la puerta, es racista.
Y, por Dios, has estropeado tu mejor traje.
Ahora tendremos que comprarte otro para la...
Lois, mira.
Hola, amigos, solo he venido a devolveros el...
¡Dios mío, es Hitler! ¡Ha vuelto!
¡Hay que proteger a Jon Stewart, nuestro judío más importante!
-¿Por qué compramos el traje aquí? -Peter, los estropeas todos.
No te compraré uno nuevo.
Sí, me llevo el osito, la regla,
este trozo de cuerda y la caja de cartón.
Oh, mira, una muñeca Raggedy Ann.
Es retención de agua, cabronazo.
Quítate de encima, no soy tu furcia.
Oh, perdona, es que estoy tan triste...
Bueno, aún podría jugar contigo tres semanas al mes.
Hola. ¿Ve algo que le guste?
-Solo estoy mirando. -Oiga.
Creo que lo suyo es un libro de actividades con la mitad hechas.
¡Arrea! Eso me ahorraría la mitad del tiempo.
¿Une los puntos? Mejor deja el libro y tómate una cerveza.
Me lo quedo, de momento.
¿Qué son esos?
Unos estupendos pijamas de franela con pies.
¡Dios bendito!
Y mire, tiene una solapa que se abre por detrás.
¿Me está diciendo que puedo cagar sin pasar frío?
Exacto.
Ya no tendría que elegir entre pasar frío o hacer lo otro.
Señor, aquí tiene un talón con mi nombre.
Escriba el número que le parezca bien y lo pagaré.
Tiramos el dado y los dos tenemos que gritar "Yahtzee" bien fuerte.
-¿Al mismo tiempo? -Sí. Y mover las muñecas así.
-¿Y tú también? -Claro, es el juego.
-Vale. -¿Preparado?
-¿Lo harás también? -Sí.
¡Yahtzee!
-Gay. -¡Cerdo!
Ya vuelvo de trabajar.
Peter, por Dios, ¿has ido con ese pijama a la oficina?
Al menos, le doy un poco de vidilla.
Mira, blusa verde, pantalón beis, qué original.
Ay, qué gustito desabrocharme la solapa.
¡Papá, no queremos tu culo en nuestras narices!
No, prefiero ver a Meg secándose el culo con la toalla cual hilo dental.
¡Ay, qué asco!
Espero no usar esa toalla sin darme cuenta.
Lois, como persona, nunca me he sentido más cómodo
que con estos pijamas, tan calentitos y peludos.
Estoy igual que si fuera un oso.
¿Recuerdas lo que decía cuando nos casamos?
Decía: "¿Cómo será ser un oso?".
Pues esto. Esto es, lo estoy viviendo.
No, de eso nada. Llevas tres días con esa ropa.
Puedes ponértela para dormir, pero mañana, a la basura.
Vale. Me has estropeado todo el "peludismo".
¿Qué puñetas ha sido eso?
¡Madre mía!
Lois, no te alarmes, pero creo que soy Jesucristo.
Soy Jesucristo.
Eso es electricidad estática que se ha acumulado en el pijama
al arrastrar los pies por la moqueta
y cuando has tocado a Chris, se la has pasado.
¡Arrodíllate ante Cristo!
-¡Papá! -¡Yo no soy tu padre!
¡Yo soy Electroman!
¡Joder, para ya! Me estás cargando más
que cuando vi el veredicto de OJ Simpson con mi compañero de piso.
Nosotros, el jurado, declaramos al acusado,
Orenthal James Simpson, inocente.
-¡Sí! -¡Qué narices...!
-¿Qué? -¿Qué?
-Mejor buscamos otro compañero. -Sí, va a ser mejor.
Peter, sé que estás aquí.
Así es, Lois.
Pero ¿dónde?
Peter, si me das un calambre, te juro por Dios que te dejo.
Primero, tendrás que encontrarme. ¿Dónde puedo estar?
Bien. Hay un barracón que nunca había visto en esta habitación.
Supongo que estás aquí.
También podría estar en ese quiosco de estilo neoyorquino.
Peter, estas cosas parecen muy caras.
Sí, podrías decir que son electrizantemente caras.
Miraré en el barracón.
¡Estaba en el baño! El barracón y el quiosco, señuelos.
Glenn, gracias por ayudarme a quitar todo este pelo de mi moqueta.
Lois, tengo que confesar que cuando me has llamado,
pensaba que me estabas pidiendo otra cosa, por eso he venido corriendo.
Pero no importa, está bien. Encantado de ayudar.
¿Qué demonios es esto?
Peter, ya estoy harta de tus calambres.
Como no quieres deshacerte del pijama, me deshago de la moqueta.
Lois, ¿quieres que deje una tirita, un rayo, un unicornio o algo así?
No, no quiero que quede nada, Glenn.
Vale. Brasileña completa.
-¿Qué es esto? Una moneda antigua. -Déjame ver.
Un momento. ¿Sabéis lo que es?
Una moneda de Rhode Island del siglo XVIII.
-Vale al menos 50 de los grandes. -¿50 de los grandes?
¡Por fin podré pagarme la operación
y cambiar mis cuerdas vocales con Patrick Stewart!
Hola, Lois.
He pasado toda la tarde haciendo una lista de armenios famosos.
Eric Bogosian, Andre Agassi,
Jerry Tarkanian, el Tiburón, y nadie más.
Peter, llevas toda la semana durmiendo con ese dinero.
¿No crees que ya es hora de hacer algo con él?
¿Comprar un cerrojo y cerrarte la boca?
-¿Qué? -Qué.
Tengo una idea. ¿Te acuerdas de cuando nos casamos?
¿Cuando quería saber cómo era ser oso?
No, me refiero a nuestro sueño, Peter. ¿Te acuerdas?
Montamos aquel restaurante, pero nunca llegó a funcionar.
Sí, nos cerraron por mis magdalenas explosivas.
Espero que estén tan buenas como parecen.
¡Oh, Gerald!
El secreto está en el azúcar glas, pero no lo pienso revelar.
Pues esta es la oportunidad de volver a abrirlo.
Es verdad. Y yo volveré a hacer mis magdalenas.
-No, Peter. -Ya, ese fue el problema.
Escuchad, solo faltan tres horas para abrir.
Este será el restaurante más total de Quahog.
Aquí comerán los más influyentes, los peces gordos,
pero nada de peces pequeños.
Oigan, tengo hambre. Tengo una tarjeta de crédito.
¡Dios, qué nerviosa estoy! Espero que todo vaya bien.
Sí, tan bien como la sesión de fotos de Liza Minnelli para "Playboy".
¡Oh, Dios! ¡Por favor, vístase ya!
¡Mamá, mamá!
¿Me quieres ahora, mamá?
¡Por favor, mamá, quiéreme!
Buenas. Bienvenido a Casa de Jalar Gran Pete. ¿Puedo ayudarle?
Sí. ¿Aceptan la tarjeta Discover?
Lois, aquí Jim Brady, el Diamante,
me pregunta si nosotros aceptamos la tarjeta Discover.
Son miembros de un club exclusivo llamado "cualquiera".
Sí. No, de eso nada.
Antes aceptaría a dos gallinas vivas que su absurda tarjeta pirata.
Antes acepto un bote de céntimos de madera que el pago con su tarjeta.
-Tampoco hace falta insultar. -No, no, no.
Se va a sentar
y va a oír la lista de chorradas que prefiero a su tarjeta de crédito.
El señor de la mesa 7 dice que este chuletón tiene poca salsa.
¿Eso ha dicho? Ahora mismo se lo arreglo.
Dile: "Buen provecho, caraculo".
Mira, uno de los primeros episodios de "Maude"
que tenía esos títulos de crédito tan largos.
Y aquí tenemos a Maude.
¿Qué puñetas era?
Y aquí tenemos a Maude.
¡Venga ya!
¡Y aquí ya sale Maude!
¡Y aquí tenemos a Maude, venga!
¡Hombre, por fin! Ha sido peor que un parto.
Peter, ha sido una semana fantástica.
Somos los dueños de un restaurante. ¿No es increíble?
Lo sé, es como un sueño.
Espera, a lo mejor estoy soñando.
Lo que significa que puedo hacer lo que me dé la gana sin consecuencias.
-¿Qué estás haciendo? -He adoptado 30 cachorritos.
Tengo una mala noticia.
Acabo de repasar la contabilidad y el restaurante pierde mucha pasta.
¿Qué? Pero ¿cómo es posible?
¿No es evidente? Hay pocos clientes.
La mitad del tiempo es como una ciudad fantasma.
Ya. Deberíais haberme preguntado a mí.
A fin de cuentas, soy el único de la familia con experiencia empresarial.
Violeta y Pigpen, lleváis una semana saliendo. ¿Cuál es el problema?
Tengo muchas infecciones de vejiga y no sé por qué.
Ah, ¿no, no sabes por qué?
No sé qué hacer, chicos, la Casa de Jalar se está yendo a pique.
Quizá te haga falta un poco de publicidad, Peter.
Ya lo intenté. Contraté a M. Night Shyamalan para dirigir el anuncio.
-Tengo que contarte un secreto. -¿Qué es?
Acércate un poco.
En ocasiones, veo comida a precios competitivos.
¡En Casa de Jalar Gran Pete! Vengan a probar.
Por desgracia, no se emitió porque Shyamalan estaba metido en el 11-S.
Oye, Peter, mis colegas y yo estamos buscando un sitio nuevo.
La cafetería donde vamos se ha puesto excesivamente puertorriqueña.
¿Qué tal si quedamos en tu restaurante?
-Esa es una gran idea. -Fantástico. Hasta esta noche.
¡Es alucinante!
Un montón de polis vestidos de uniforme en mi restaurante.
Esto mola más que cuando Ben Stiller me enseñó a ser yo mismo.
¿Cómo puedes dejarme ahora, Ben Stiller,
cuando te necesito más que nunca?
Te he enseñado todo lo que necesitas saber, Peter.
Ahora, tengo que ir a ayudar a otro niño.
Me engañé haciéndome creer que siempre permanecerías conmigo.
Y lo estaré, Peter. Siempre estaré contigo.
Hace unas pelis que dan lástima.
Lois, saca la alfombra roja. Ahí viene Joe con sus colegas.
¿Tienes mesas para 30?
¡Eh, Joe!
Pensé que vendrías con tus amigos polis.
¿Qué hacen aquí todos estos paralelogramos?
Dirás parapléjicos. Son mis amigos, Peter.
Venga, tíos, a comer.
Espero que no venga uno de esos cabreados veteranos de Vietnam
con pañuelo en el pelo. Coño, aquí está.
He visto cosas, tío. ¡Y qué cosas!
No te las recomendaría.
Peter, es fantástico. El restaurante está lleno.
Lois, ¿no te pone un poco los pelos de punta?
¿Por qué? Todos están disfrutando de lo lindo.
Además, piensa en la pasta que estamos ganando.
Paso de la pasta. Yo quería un restaurante superior,
no la cafetería del hospital de veteranos.
Esto es más raro que el vídeo rap de MC Escher.
En noticias locales, un nuevo restaurante está arrasando Quahog.
Así es, Diane.
Si es discapacitado, conoce a alguno o le gusta el circo,
no deje de visitar Casa de Jalar Gran Pete,
donde gente sin silla pilla ensaladilla.
Lois, esto es de locos. Creo que deberíamos cerrar el restaurante.
Pero ¿por qué? Nos va fenomenal.
Lois, a ver cómo te explico. Mira, los tullidos no molan.
-Voy a buscar el cuadro. -¡No, Peter!
¿Qué ves aquí, Lois?
-¿Es necesario? -¿Qué ves aquí?
Una foto de Mark Harmon.
Una foto de Mark Harmon, el mejor actor de todos los tiempos.
¿Tú ves una silla de ruedas debajo?
-Peter... -Lois.
¿Tú ves una silla de ruedas
en el culo de Mark Harmon?
-No. -¡No, no la ves!
Porque Mark Harmon sí que mola.
Y sé lo que piensas: "Peter, eso es como tu discurso de Gil Gerard",
pero puedes cerrar el pico ya, porque no lo es.
Es cierto que se parece un poco al discurso de Gil Gerard.
Peter, me gusta el restaurante tal y como es
y si a ti no te gusta, es tu problema.
Bien, en ese caso, yo me ocuparé.
Atención, ahí llegan.
Hola, Peter. Hemos venido a cenar.
No, de eso nada, Joe, tenemos nuevas normas. ¿No has visto el cartel?
-Peter, ¿qué rayos significa eso? -Es un mensaje, Joe.
No queremos que tú ni los tuyos vengáis a comer aquí.
Estás arruinando lo que debía ser un restaurante vip.
Peter, eres uno de mis mejores amigos.
¿Me estás diciendo que tienes un problema con mi discapacidad?
Pues, a decir verdad, Joe, sí. Me parece inmoral.
Es una opción de vida que estáis imponiendo a este país.
¡Los discapacitados somos personas respetables!
Sí, cuando no estáis borrachos o jugando en vuestras reservas,
-que nosotros os dimos. -Bien. Si eso es lo que quieres...
¡Pero no nos vencerás tan fácilmente!
Vale, eso ha sido fácil, pero volveré con más discapacitados.
¡Papá, mira, ahí vienen!
Peter, te damos una última oportunidad de dejarnos entrar.
¿Qué vais a hacer, Joe? Yo estoy aquí arriba.
¡Y vosotros, ahí abajo!
Muy bien, Peter, no nos dejas elección.
¡Hombres, a formar el Cojotrón!
¡Socorro, socorro, que alguien me ayude!
Ben Stiller, ayúdame.
No, Peter. Oí lo que dijiste de mis películas.
-¿Cómo lo has oído? -¿Tú qué crees?
Vete a hacer puñetas, vástago mutante de cómicos.
Señora Griffin, mucho me temo que no volverá a andar,
sin saber su suerte por solo estar en silla de ruedas dos semanas.
La pierna se recuperará bien.
Peter, ¿te das cuenta de que te lo mereces por cómo trataste a Joe?
Me parece que le debes una disculpa.
¿Qué dices? Yo no tengo la culpa de que él y los cojos de sus amigos
no se integren con la gente normal, pero yo seré diferente.
Seré un tullido digno y les enseñaré cómo se actúa.
-Joe, ¿tienes un minuto? -¿Qué pasa, Peter?
Solo quería pedirte disculpas.
Pensaba que no erais más que una panda de cojos asquerosos.
Pero llevo en esta silla de ruedas 45 minutos y veo lo duro que es.
Bueno, Peter, ha sido una semana dura para los dos,
pero no sabes cómo me alegra oírte decir eso.
Pues ¿qué me dices, olvidamos lo que pasó?
Es lo que más me gustaría.
Bonnie y yo estamos viendo "Anatomía de Grey".
Si quieres entrar...
Bueno, Joe, si te digo la verdad,
eso suena fatal.
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