All language subtitles for Home in Indiana (Henry Hathaway, 1944)

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Original subtitles

NUESTRA CASA DE INDIANA

La feria del condado. Americana, como la esencia misma de América.

En ningún lugar ha calado esta fiesta tan hondo

en la tradición y vida de la comunidad como en Indiana, Ohio y Kentucky.

En este lugar se dan cita temporada tras temporada

los mejores caballos criados en todo el país.

Aunque el rey indiscutible sea el caballo trotón.

Y las carreras de trotones, el evento culminante de esta pacífica fiesta.

Pero aquí las carreras no son un privilegio reservado a grandes estadios,

sino que son una actividad de la que toda persona puede participar.

Tanto el rico hacendado, como sus trabajadores.

Sí. Aquí un hombre con un caballo que él mismo haya criado y entrenado

y que él mismo sea capaz de montar

tiene las mismas posibilidades de triunfo que cualquier otro aspirante.

Es un deporte entre caballeros. No por el mero placer de correr,

ni por el dinero, ni por los trofeos, sino por el amor a los caballos.

Por el deporte en sí, por demostrar quienes han sido los mejores del año,

tanto caballero, como caballo.

Para T. J. Bolt

Granja & Establos Roundhouse Low Meadow, Indiana

Por la presente queda al tanto de que su sobrino,

Sparke Thornton, cuya custodia legal

le ha sido otorgada por su hermana, la difunta Srta. Henrietta Bolt,

según sus últimas voluntades, llegará a su granja en los próximos días.

A partir de ese momento quedamos exentos de toda obligación para con él.

Le saluda atentamente Harvey V. Dereck, sheriff del condado de Litchfield.

ROUNDHOUSE GRANJA & ESTABLOS

T.J. BOLT PROPIETARIO & ADIESTRADOR

Pasa, hijo. Aquí lo tienes.

Esta es tu tía Penélope.

- Hola, Sparke. - ¿Cómo está, señora?

Vamos, adelante. Déjame echarte un vistazo.

¿Eres muy travieso, Sparke?

- Eso es lo que dicen, señora. - Bueno...

Pues no hay mejor lugar sobre la tierra

para las travesuras que la granja Roundhouse.

Esta casa es tan aburrida que cualquier novedad,

menos plantarle fuego, sería un alivio.

- ¡Thunder! - ¿Qué?

No tengas al chico ahí de pie. Muéstrale al chico dónde puede dejar sus cosas.

Vamos, hijo. Te enseñaré tu cuarto.

En cuanto deshagas la maleta te diré cuál va a ser tu trabajo.

¿Qué te parece el chico?

Te lo diré cuando olisquee la granja y se haya acostumbrado al olor.

Bájese de ahí, señor.

¿Quién es y qué anda husmeando por aquí?

Me llamo Sparke Thornton. Soy el sobrino del señor Bolt.

- Es la primera noticia que tengo. - ¿Quién es usted?

Tuppy.

¿Qué es lo que estaba espiando tras esa valla?

Sólo echaba un vistazo.

Es el sitio más bonito que he visto nunca.

Oh, eso demuestra que hablas por hablar.

Esa granja al lado de Roundhouse es un corral de gallinas.

Roundhouse... ¿este sitio?

Escucha, antes de que tú nacieras, muchacho,

el señor Bolt ya había criado y entrenado

más caballos ganadores de los que pudiera soñar su vecino.

No sabía que el señor Bolt entrenase caballos.

Esperemos que no seas tan osado como ignorante.

Creí que había dicho que aquí ya no había caballos.

Yo no he dicho eso.

Lady pertenece al señor Thunder. Es el único caballo que nos queda.

¿Qué tal, Lady? ¿Cómo estás?

Lady, bonita.

¡Está ciega!

Tan ciega como un muerto.

Pobre Lady.

No malgastes tu compasión con la buena de Lady.

Ya no necesita para nada su vista.

Sí, señor. El mundo está lleno de caballos

con dos ojos sanos que nunca llegarán a ver lo que ha visto ella.

Una línea de meta en primer lugar.

¡Vaya! Me gustaría verla entrenar alguna vez.

- ¿Cuándo la suele sacar el señor Bolt? - Nunca.

Pero eso no es bueno. Un caballo trotón debe hacer ejercicio.

Yo la saco una milla cada día para gran dolor de mis pobres piernas.

Puede que algún día, cuando esté muy dolorido, te deje sacarla a ti.

- Si es que te vas a quedar. - Claro.

¡Claro que me quedaré!

Si no le gusta esto, es que no tiene paladar. Llámale.

- ¡Sparke! - Sí, señor.

Ven, la cena está lista.

- Este es tu sitio. - Gracias.

Thunder.

¿Tu tía bendecía la mesa?

Sí, señora.

Thunder.

Señor, bendícenos a nosotros y a estos alimentos. Amén.

Amén.

Pásame la mantequilla.

¿Ya has acabado en la escuela, Sparke?

No me gusta mucho estudiar.

No creo que nada te guste demasiado.

- Me gustan los caballos. - ¡Oh, Señor!

¿Y qué sabes tú de caballos?

Yo tuve una yegua Morgan... Gypsy.

No había ningún coche más rápido que ella, se lo aseguro.

Una vez un camión intentó adelantarnos.

Entonces mi yegua se desvió hacia la cuneta y empezó a trotar de tal forma

que tuve que atarme al asiento con las riendas para no caerme.

Sí, eso solo podría hacer un Morgan.

Estaba muy enferma.

Tuvieron que matarla.

Sabes...

Fue una Morgan la pionera de las carreras de trotones.

Pero el problema de los Morgan es que a veces no obedecen.

Y nunca sabes cuándo van a cansarse.

Sí, la historia cuenta que dos Morgan se escaparon de Pittsville

y pasaron corriendo por Worcester, en Boston.

Habrás pensado que se detuvieron allí, ¿verdad?

Pues no. No, señor. Siguieron hasta llegar a la costa y cruzaron el océano

cabalgando por el fondo, alcanzando la otra orilla

para fundar las carreras de trotones en Austria, Holanda, Bélgica y Rusia,

tal como las conocemos hoy.

No, señor.

Hoy ya nadie cría caballos así.

Las yeguas de la granja vecina parecen buenas.

Mañana empezarás en la escuela.

CUIDADO CON EL CABALLO

Tranquilo.

¡Tranquilo, amigo!

¡Tranquilo!

¡Tranquilo!

¡Tranquilo, chico! ¡Muy bien!

Hasta la vista, chico.

- ¿Quién eres tú? - Me llamo Sparke Thornton.

- ¿Cómo has entrado aquí? - He pasado por ahí.

- ¿Por dónde? - Por ese establo.

- ¡No me mientas, muchacho! - Supongo que es usted el jefe.

Oye, no me gustan los listillos. ¡Ahora, largo de aquí antes de que te eche!

En ese caso, si vuelvo a entrar en ese establo

puede que le interese contratarme como mozo de cuadra.

¡Aléjate de ahí, te va a hacer daño!

Tranquilo, bonito.

Miren eso, es increíble.

Eso es. Tranquilo.

Ya podéis volver al trabajo.

Le dije que había pasado por el establo después de saltar la valla.

Siento haberte llamado mentiroso, chico.

Oye, ¿cómo es que sabes tratar a un caballo tan fiero como ese?

Porque mi madre murió el día que yo nací

y me crié con la leche de una yegua Morgan.

Me gustaría contratarte, pero ya tengo los mozos que necesito.

- ¿Es usted el señor Boole? - No, el señor Boole es mi padre.

Este es el señor Bruce, nuestro entrenador.

Debería haber algo para un chico

que se ha criado con leche de una yegua Morgan.

- Gracias. - Tienes que ser muy valiente...

o muy atrevido. ¿Cuál de las dos cosas?

Supongo que muy atrevido.

- ¿Sabes montar, Sparke? - Sí, señor.

- ¿Seguro? - Claro.

- Bien, veamos qué tal llevas esa yegua. - Sí, señor.

Quieta, bonita.

- ¿Preparado? - Sí.

Vamos. ¡Vamos!

Papá, ¿quién es ese chico?

Creo que es un nuevo vecino.

¿Pero qué hace dando esos tirones de las riendas?

Eh, apártate. ¿Quieres hacerte daño?

No, y tampoco que se lo hagas a la yegua.

¡Apártate!

En mi vida he visto a nadie que lo hiciera peor que tú.

¡No sabes lo que dices! Tiene una boca muy dura.

¡No es cierto! Tiene la boca más suave que un bebé.

- Tú lo llevarías mejor, ¿no? - Pues claro que sí y a ciegas.

Apártate de ahí y te lo demostraré.

Lo siento, señor Bruce.

No creí que fuera diferente a otros caballos.

No importa, muchacho, no ha pasado nada.

- Espero no haberla lastimado. - Estoy seguro de que no.

Tacto, es lo esencial. Algunos lo tienen y otros no.

Soy el peor imbécil que ha pasado por aquí.

No, claro que no. No puedes pretender empezar desde la cumbre.

Hay que entrenar mucho para aprender a hablarles como en un susurro,

a través de las riendas, como hace Char.

De todas formas, gracias por dejarme intentarlo. Adiós.

¿Por qué se ha ido?

¿Y qué esperabas que hiciera después de tratarlo de esa forma? ¿Besarte?

Sí, supongo que no he sido muy amable.

Pero me puse furiosa al ver cómo estaba lastimando a Trumpet

y le pedí que me dejase llevarla.

Los hombres no soportan que una chica los deje en ridículo.

- Deberías recordarlo. - ¡Oh, rayos!

¿Vas a pasar por el establo de Chief?

No me lo pierdo.

Siempre que yo me acerco intenta hacerse un guiso con mis manos.

- ¿Cuánto tiempo tendré que estar así? - ¿Quieres ganar tacto, no?

- Sí, claro. Pero... - Tendrás que seguir entrenando

hasta que puedas sentir lo que piensa a través de las riendas

y luego seguirás hasta que puedas contestarle.

Bueno, Sparke, ¿has aprendido mucho hoy?

Sí, tía. Mucho.

Si necesitas ayuda, te echaré una mano con los deberes después de cenar.

No, gracias. Tengo que aprender por mí mismo.

Esa actitud es muy loable.

Voy a bendecir la mesa.

Bendícenos, Señor, a nosotros y a estos alimentos.

- Amén. - Amén.

Ya lo estás cogiendo. Sí, señor.

¡Lo estás cogiendo!

Tranquilo. Vamos.

Vamos, vamos.

¿Qué hace?

¡No es posible!

Nuestro amigo ha aprendido la lección.

Toma, Frank.

Espero que no le importe que le haya cogido la yegua,

pero temía que no me diese otra oportunidad.

Espero que le haya gustado algo más.

No sé cómo lo has hecho, hijo, pero has mejorado mucho.

- ¿Me contratará? - Es posible.

Ven a verme mañana y hablaremos.

Buen estilo. Eso sí que es llevar un caballo con suavidad.

Gracias.

- Ya no estás enfadado, ¿verdad? - Yo nunca me enfado con nadie.

¿No te molestó lo que te dije aquel día?

¿Molestarme? Al contrario. Si no hubiera sido por ti, nunca habría aprendido.

- Eso mismo le dije a Cri-Cri. - ¿Quién es Cri-Cri?

La señorita Boole. Hablaste con ella el otro día.

No sabía que se llamase así.

Es un diminutivo de Christopher. El mío lo es de Charlotte.

Hoy no la he visto por la granja.

Está en un internado.

Tú no has acabado los estudios, ¿no?

Claro, si no, ¿cómo iba a trabajar aquí?

No podrías.

- Bueno... - ¿Qué?

Yo... tengo que irme.

Hasta mañana.

Sube a nuestro cuarto. No quiero que le des mal ejemplo al muchacho.

¡Vete inmediatamente!

¡Y no te atrevas a bajar hasta que te duelan las rodillas de tanto rezar!

¡Arriba!

Vamos, ayúdame a poner la mesa.

- ¿Más café? - No.

¿Quiere que me quede un rato con usted?

Escucha, Sparke. No quiero que saques una idea equivocada de Thunder.

Es un buen hombre.

Pero cuando llega la primavera y empieza a escuchar los trotones al paso,

lo único que se le ocurre para dejar de escuchar ese sonido

es ahogarlo en alcohol.

Y no hay más misterio que ese. No te preocupes por mí.

No quiero ser indiscreto ni hacer preguntas que no debo, tía Penny.

Pero, ¿qué sucedió entre él y el señor Boole?

Verás, hijo...

Algunos hombres se pelean por una mujer.

Pues Godaw y Thunder lo hicieron por un caballo.

Una yegua.

Que para un criador es más preciosa que la mujer más bonita.

Pero eso ocurrió hace muchos años.

Cuando solían hacer negocios juntos sí eran amigos. ¡Grandes amigos!

Aunque Thunder era el más honrado.

Inscribieron a su yegua en una carrera.

Godaw estaba convencido de que iba a ganarla.

Pero algo le ocurrió en una pata y perdió.

Godaw no esperó nada para llevarla los establos.

Y matarla.

Cuando Thunder vio los ojos sin vida de la yegua fijos en él, se volvió loco.

Y empezó a golpear a Godaw hasta que casi lo mata.

Así empezó todo.

Godaw se empeñó en arruinar a Thunder.

Y se llevó todos los caballos de Roundhouse.

Thunder intentó evitarlo.

Necesitaba dinero para mantener el establo abierto

y quiso conseguirlo en una carrera.

Todos sabían que su caballo era mejor que el de Godaw.

Y todo el pueblo enloquecido, animaba y animaba a Thunder.

Casi parecía que iban a levantarlos a él y al caballo del suelo con sus gritos.

Pero perdió una vez más.

Después de aquello, perdió siempre.

Era incapaz siquiera de ganar una carrera para cojos.

Pero siguió con su empeño.

Hasta que Dios pareció convencerlo de que

había favorecido a Godaw y su alma se partió en dos.

Ya no tengo más que contar. El resto puedes verlo por ti mismo.

¿Después de 18 años sigue sintiendo lo mismo?

18 años u 80. Un criador nunca se olvida de una derrota.

Pero, apuesto a que si los establos estuviesen arreglados,

si volviese a tener caballos, se sentiría mucho mejor.

Que Dios te oiga.

Pero es muy difícil.

Las cuadras están muy estropeadas.

Ya no hay caballos ni potros.

Deja eso Sparke, ya lo haré yo más tarde.

Sí, tía.

¡He dicho que lo dejes!

- Buenas noches, tía Penny. - Buenas noches.

Eh, Moe. ¡Despierta!

¡Moe!

- Despierta, tenemos que hablar. - ¿Qué quieres? ¿Qué ha pasado?

Nada, solo quiero hablar contigo. ¡Ven aquí!

Un momento, ¡yo no entro ahí!

Está atado. Vamos, esto es importante.

- ¡Venga! - ¡Es muy peligroso!

- No te hará nada. - No me fío.

Pero, ¿a qué viene todo este misterio?

- ¿Qué estás tramando? - Anoche me llevé prestado a Chief.

- ¿A Chief? ¿Para qué? - Eso es lo que quiero enseñarte.

- No puedo cruzar esa valla. - Nadie te verá. ¡Date prisa!

¿Entiendes ahora por qué he traído aquí a Chief?

¡Oh, Dios mío! ¿Por qué lo has hecho?

Si todo sale bien, el señor Boole

se va a tragar el polvo de Thunder en las carreras.

- Oh, señor. ¡Déjame salir de aquí! - No, espera Moe.

- ¡Moe, tienes que ayudarme! - Yo no.

Si el señor Boole se entera de esto, soy yo quien va a necesitar ayuda. ¡Me voy!

No me puedes abandonar así, Moe. Está hecho y ya no tiene remedio.

Además, ahora lo sabes. Solo tú y yo. Será nuestro secreto. ¿No lo ves?

Estás tan metido en esto como yo.

¿Qué me dices, Moe?

Te digo que me alegraré de no haber nacido

si el señor Boole se entera.

No lo hará. A no ser que tú se lo cuentes.

Yo no se lo diré.

Ven aquí.

Mírala bien, Moe. Te presento a Lady.

¿No es una preciosidad?

- ¿Ha ganado alguna vez? - Tuppy dice que sí.

Entonces es cierto.

Tu rostro es joven, Sparke, pero ya se lee en él la palabra dinero.

Tienes que ayudarme, Moe. Por eso te lo he contado.

Necesito los papeles para el potro.

Es posible que los consiga. Pero tendré que pagar 100 dólares por ellos.

Cobra los servicios de Chief a 100 dólares

porque siempre las deja preñadas.

Tardaría siglos en ahorrar tanto dinero.

- ¿Y qué hay del señor Thunder? - No se lo puedo decir.

Bueno, al menos hasta que consiga los papeles.

Yo podría conseguir ocho dólares que me deben.

A mí me deben seis por trabajar con los caballos.

Y eso suma 14.

Hola, Char.

¿Qué te ocurre?

Papá, ¿alguna vez se debe callar la verdad?

¿Te refieres a las carreras?

Conoces las reglas tan bien como yo.

Nunca la cuentes a no ser por dinero, beneficio o diversión.

¡Eres el padre más maravilloso del mundo!

- ¿Me dejas 20 dólares? - ¿Qué ocurre? ¿Para qué los quieres?

Has dicho que podía callarme.

Está bien.

¡Cri-Cri!

- ¿Qué estás haciendo? - Ayudando a la naturaleza.

- ¿Cuándo empezaste a hacerlo? - Cuando empezó a necesitar ayuda.

Julie Evans me dijo el año pasado que todas las chicas lo hacían.

- ¿Y no duele? - No mucho.

- Deja que te lo demuestre. - ¡Oh, no! Papá me tomaría el pelo.

- ¡Qué va! A mí no me lo ha notado. - Entonces, ¿de qué sirve hacerlo?

- Oye, Cri-Cri. Necesito 60 dólares. - ¿60 dólares? ¿Para qué?

Bueno, no puedo decírtelo.

¿Que no puedes? ¿Por qué, Char?

Creí que entre nosotras no había secretos.

No es un secreto personal, si no te lo diría. Es un secreto profesional.

¿Cómo puedes tener tú un secreto profesional?

Pues lo tengo. Por favor, no me preguntes.

¿De dónde voy a sacar 60 dólares?

Pídeselos a tu padre. Di que quieres unas botas nuevas.

Está bien, lo intentaré. Pero sigo pensando que deberías decírmelo.

¿Lo conseguirás pronto?

¿Y sabes? Tengo algo más que contarte.

- ¿Qué? - Gordon está aquí.

- Vendrá a verte esta tarde. - ¿En serio?

- ¿Por qué no me lo has dicho antes? - Lo otro es más importante.

- A mí me lo parece. - Estoy deseando ver a Gordon.

Es lo que le he dicho.

Como le hayas dicho algo parecido te arrancaré todos los pelos de la...

No le he dicho nada. De veras, te lo prometo, no es mentira.

Deberíamos apostar los ocho dólares esta noche

y rezarle mucho a la diosa Fortuna.

Lo he conseguido.

Toma, 86 dólares, que con vuestros 14 suman los 100.

- ¿Cómo te has enterado? - Os seguí a ti y a Moe.

Pero no os preocupéis, no os delataré. Mi padre me ha dicho que no lo hiciera.

- ¿Se lo has dicho a tu padre? - Pues claro que no.

Solo le pregunté cuándo se debía contar un secreto de otra persona.

Tiene razón. Solo por dinero, beneficio o diversión. Estamos salvados.

- ¿Podrás conseguir el certificado? - No te preocupes por eso.

Deja que Moe se ocupe del asunto.

Sparke llevó al caballo, Char ha conseguido el dinero

y yo conseguiré los papeles.

Trae.

No te preocupes.

# Nunca sabrás cuánto te echo de menos.

- # Nunca sabrás cuánto te quiero. - ¿Quién viene con Cri-Cri?

Gordon. El que vive en la casa de la carretera.

Acaba de llegar de vacaciones.

- ¿Ya no hay colegio? - No, se acabó ayer.

¿Por qué?

Porque ahora ya no tengo escusa para estar todo el día fuera.

¿No me dijiste que ya habías acabado el colegio?

Bueno, yo no dije exactamente eso.

Además, ahora tendré que ayudar a Thunder en la granja.

- ¿Podré ir a verte? - Supongo que sí.

Sí, podrías venir a bañarte en el lago.

Así Penny creerá que tú y Cri-Cri sois unas amigas del colegio.

- ¿Ella querrá venir? - Claro.

¡Cri-Cri!

- ¿Quién es ese? - Nuestro vecino.

¿De Roundhouse?

¿Lo ves muy a menudo?

Bastante.

Sparke nos ha invitado a nadar en su lago.

Oh, este es Gordon Bradley. Sparke Thornton.

- Hola, Thornton. - Hola.

Me has ocultado muchos secretos. No sabía que tuvieses un sitio para nadar.

Solo es una charca.

- ¿Yo también estoy invitado? - Claro.

Nos vemos allí dentro de un rato.

Os esperaré en la entrada.

Eh, ¿por qué le has dicho "Hola, Thornton"?

En mi pueblo todos nos conocemos por el apellido.

- Vamos, Boole. - Ya voy, Bruce.

¡Sparke, esto es maravilloso!

Parece sacado de un cuento de hadas.

¡Está fría!

Bueno, allá voy.

¡El último en ir y volver es una vieja!

¡Es estupendo!

Eres demasiado bueno para nosotros. Explícame cómo se hace.

Oh, es fácil. Ven, yo te enseñaré.

Tienes que mover así el brazo.

Y ahora el otro.

¡Estupendo!

Aprendo con rapidez, ¿verdad?

¡Eh, chicos, mirad!

¡Allá voy!

¿Dónde está?

Seguro que está aguantando la respiración.

Haz algo, Gordon. Puede que esté herido.

No te pongas nerviosa.

- ¡Venga, date prisa! - ¡Vamos, Gordon!

¿Qué hay del certificado, Moe? ¿Cuándo lo firmará?

No me vuelvas a fastidiar con eso. Ya lo haré cuando llegue el momento.

Llevas meses diciendo eso.

Tiene que ser antes de que Thunder lo averigüe por su cuenta.

No te canses, chico. Ya ha llegado la hora.

Ahí viene el señor Boole.

Hola, Moe.

Parece que has tenido muy ocupado a Chief.

Sí, señor. Desde que bajamos los precios

hasta los establos más pobres del estado quieren tenerlos.

Nada bueno, ¿eh?

No usaría esas yeguas ni para tirar de un carro de avena.

Bien. Hamilcar Chief.

Vamos a ver. Hamilcar Chief.

Mire. Tengo todo el dinero.

No me fío de esos establos de pacotilla si no veo el color de su dinero.

- Mire. - Muy bien, Moe.

Tienes razón.

Ahora dile al señor Bruce que envíe todo esto.

Sí, señor.

¡Lo he conseguido! ¡Aquí está!

Guarda este papel de la humedad, de los ladrones y de los ojos de la gente.

Ahora no parece gran cosa,

pero algún día se convertirá en un billete de 1000 dólares. Quizá más.

Gracias, Moe. Y a ti también, Char.

Thunder se llevará una gran sorpresa.

¡Thunder, escúchame! No te atrevas a pegarle al chico.

¡He dicho que no te atrevas! ¡No lo hagas, Thunder!

¡No lo hagas!

Te voy a azotar, muchacho. Lady no es tuya para estropearla.

¡Te vas a pasear con ella por ahí

y dejas que se cruce con cualquier caballo maloliente!

Lo siento, señor.

Quise decírselo...

la noche que lo vi pasearse arriba y abajo.

Bueno...

De todas formas, aquí está el certificado.

¡Thunder!

¡Thunder!

Pero, ¿te has vuelto loco? Pudiste haber salido muy mal parado.

Chief es un asesino.

Oh, no, señor. Nos hemos hecho amigos.

¡Hombres!

- Dime. ¿Sabe Boole algo sobre esto? - No, señor. Ni la más remota idea.

- Yo estuve observando a Moe cuando... - ¿Moe?

¿Quién es Moe?

El mozo de cuadras de Hamilcar Chief.

Aquí pone que el precio de la monta ha sido de 100 dólares.

¿De dónde habéis sacado el dinero?

Verá. Char nos dejó la mayor parte.

- ¿Quién? - ¡Char!

Char es la hija del señor Bruce.

Me parece que hay demasiada gente enterada de este secreto.

Oh, no. Char es de fiar. Y Moe también.

Está bien. Si tú lo dices...

Entonces, veamos. Esto quiere decir

que en abril tendremos un potro de ocho meses.

Es poco tiempo.

Llegará para tenerlo todo dispuesto antes de que nazca.

Demos esto por concluido. No tengas en cuenta los azotes que te he dado.

A partir de ahora vamos a recorrer un largo camino juntos, pero te diré algo.

Un hombre de verdad, no lo es menos

por recibir un par de golpes injustos en su vida.

Claro. No me ha dolido.

Y ahora déjame a solas. Tengo asuntos urgentes que resolver.

- Eh, Sparke. - ¿Sí?

Ven aquí.

¿Por qué diablos Thunder y tú habéis hecho las paces de repente?

Es un secreto.

Un secreto, ¿eh?

La calidad de mis guisos empeorará considerablemente si me enfado.

Oh, creo que ningún secreto merece tanto.

Lady va a tener un potro.

¿Qué?

¡Oh, Sparke!

No me extraña que te haya pegado.

¿Por qué te perdonó?

Le he confesado que el culpable es Hamilcar Chief, el semental de Boole.

- Ahora todo se ha arreglado. - No, te equivocas.

No imaginas lo que acabas de hacer, Sparke.

Algo que no te dejará vivir en paz.

Es una pena, pero ahora ya no se puede hacer nada.

Te han contagiado y eso es mortal.

- ¿Contagiado? - El virus del caballo.

Tú prueba.

Dile caballo a cualquier pobre que veas con cara de haber sido rico alguna vez

y verás cómo se rasca.

En fin. Que sea lo que Dios quiera.

¡Señor Thunder!

¡Señor Thunder, despierte!

- ¿Eres tú, Tuppy? - ¡Ya viene, señor Thunder! ¡Ya viene!

Bajo ahora mismo.

- ¿Ya ha nacido? - ¿Cómo está Lady?

Está bien. El señor Thunder ha dicho que esperéis aquí hasta que él os avise.

No os preocupéis.

- ¿Está seguro de que no necesita ayuda? - ¿Quién, Thunder? No.

Bueno, llámanos cuando hayáis acabado.

Os llamaré antes de que cumpla dos segundos. Ahora quedaos aquí y esperad.

Está bien.

Ojalá acaben pronto.

Bueno, a veces esto lleva un montón de tiempo.

¿No sería mejor que nos sentáramos?

¿Crees que puedo estar sentado mientras Lady está pariendo un potro?

No creo que la ayudes nada ahí de pie.

Lo siento, Char. Creo que estoy un poco nervioso.

¿Sabes? Es estupendo tener un amigo a tu lado en momentos como este.

- ¿Quién, yo? - Pues claro.

Te has portado de maravilla.

Qué va, Sparke. Yo no he hecho nada.

Conseguiste el dinero. ¿Eso no es nada?

- Pude ayudaros por casualidad. - Sí, pero eso es lo que cuenta.

¡Sparke, Sparke!

¿Quieres ver al futuro ganador de la Hambletoniana?

¿Qué es?

Es la yegua más preciosa que he visto en mi vida.

Maudeen Cuarta.

Maudeen Cuarta.

¿Por qué crees que Tuppy tarda tanto?

Como se haya emborrachado y se haya quedado por ahí...

- Feliz Navidad, Sparke. - Feliz Navidad.

Feliz Navidad, tía Penny. Feliz Navidad, Thunder.

- Te he comprado un regalo, tía Penny. - ¿Un regalo?

¡Qué sorpresa!

- Y este es para usted. - ¿Para mí? Gracias, Sparke.

Sparke Thornton. Es el regalo más bonito que me han hecho nunca. Ven aquí.

Sparke, es un regalo precioso y te lo agradezco mucho.

Es justo lo que necesitaba.

Y me quedan de maravilla. Como si las hubieran hecho para mí.

Bueno, también tengo un regalo para Tuppy. Creo que iré a llevárselo.

No. Será mejor que tomes antes el desayuno.

- Lo tienes preparado en la cocina. - Tienes que meter algo en el cuerpo.

Vaya, estas Navidades nos han llegado un poco por sorpresa

y no hemos tenido tiempo de comprarte ningún regalo.

No importa. De todas formas, tampoco esperaba nada.

Sí y además así no estarás decepcionado.

- ¡Ahí llega! - ¿Qué?

Venga, sal a echar un vistazo.

Aquí tienes tu regalo de Navidad, de tu tía y mío.

- ¿Es para mí? - Sí.

Te irá como la piel a una manzana.

- ¿Te gusta? - ¡Oh, sí!

- ¿Puedo probarlo? - Pues claro que sí, hijo.

Solo recuerda que es la primera vez que siente el peso de un cuerpo sobre ella.

Háblale dulce y suavemente a través de las riendas.

- Sparke. - ¿Sí?

Oh, gracias.

- Feliz Navidad, Sparke. - Felices fiestas, Tuppy.

- ¿Para mí? - Hola, bonita.

¿Qué tal estás? ¿Cómo va eso, eh?

Es el regalo más bonito que me han hecho nunca.

No es nada, Tuppy.

Muy bien, Tuppy. Suéltala.

Tranquila, Maudeen. Soy yo.

Muy bien, Maudeen. No pasa nada, bonita.

Tranquila.

¡Bajo ahora mismo!

Vamos, muévete. Quiero saber lo que es capaz de hacer esta maravilla.

Sí, bajo enseguida.

- Hola, Cri-Cri. - Hola.

- ¿Adónde vas? - A probar el coche de Gordon.

- No te vayas ahora. - ¿Por qué no?

- Porque va a venir Sparke. - Oh, Dios mío.

- ¿Qué le has comprado? - Nada, lo olvidé por completo.

He estado tan ocupada.

¿Él me ha comprado algo? ¿Estás segura?

- Me ha dicho que sí. - Vaya, ¿qué puedo hacer?

Tendré que darle alguna cosa.

¡Ya lo tengo! Le daré la corbata de papá.

¡Estupendo! Le va a gustar mucho.

Adelante.

- El señor Sparke Thornton está abajo. - Ya ha llegado, ¡vamos!

Ahí está.

- Hola, Sparke. - Hola.

- ¿Cómo has domado tus ricitos? - Con grasa de caballo.

- Hola, Cri-Cri. Feliz Navidad. - Igualmente, Sparke.

Vaya, casi no te conozco así de elegante.

- Toma. - ¿Para mí?

¡Oh, Sparke!

- ¿Lo has envuelto tú solo? - No. Lo hizo mi tía Penny.

¡Perfume!

"Beso a Medianoche"

- Oye, Sparke Thornton... - Bueno, está en francés.

No sabía lo que significaba.

- Claro que sí. - No...

Huele.

Huele muy bien.

El tipo de la tienda dijo que era bueno.

Y lo es. Huele, Char.

- Oh, esto es para ti. - Gracias, Sparke.

¿Qué es, Char? Déjame ver.

- Es muy bonito, Sparke. - Es un llavero.

Pensé que aunque no tengas ninguna llave puede que te llegue a hacer falta.

Seguro. Lo llevaré siempre conmigo.

Ya sé que no pega con tu vestido, pero irá bien con unos vaqueros.

Ahora me toca a mí. Solo es un detalle.

Oh, vaya.

¡Caramba! Voy a estar muy elegante.

- ¿De veras te gusta? - Sí, mucho.

¡Eh, Cri-Cri! Vamos, ¿por qué tardas tanto?

Bienvenido al club. Ha debido comprarlas de saldo.

No creo que eso tenga gracia, Gordon.

- Es algo espantoso, ¿no crees? - Ha sido un detalle muy bonito.

Bueno, tengo que irme. Os veré más tarde. Feliz Navidad y gracias.

- Feliz Navidad. - Feliz Navidad.

Sparke.

De veras, me ha gustado mucho.

Gordon no ha querido molestarte.

Solo intentaba ser agradable.

Supongo que no tengo mucho sentido del humor.

No, eso es cierto, pero no te preocupes. A veces él se pasa de gracioso.

- Bueno, adiós. - Adiós.

- ¿No vas a usar esto? - ¡Cielos, no! Huele a incienso.

Un hombre no debería comprarle perfume a una mujer

a menos que hubiera dado una vuelta al mundo y se hubiera casado dos veces.

No creo que me gustase un hombre que se hubiera casado dos veces.

Oh, tú te lo tomas todo en serio, igual que Sparke.

Él no es tan serio como parece.

Cuando lo vi entrar pensé que había cambiado.

Pero en cuanto abrió la boca supe que era el mismo Sparke de siempre.

Es gracioso volver al pueblo después de haber conocido a tantos universitarios

y encontrar a alguien que aún se pone colorado cuando te habla.

Sparke no se pone colorado cuando habla conmigo.

Y estamos siempre juntos.

Eso es diferente. Tú lo ves todos los días.

Además, ¿de qué soléis hablar?

- Casi siempre de caballos. - A eso me refiero.

¡Fuera!

Lo primero es aprender a trotar.

Yo daré con Lady una vuelta en 2.20. Tú, sígueme.

Cuando yo pare, tú la seguirás llevando otra vuelta.

¿Puedo apretarle para ver de lo que es capaz?

Como bajes un solo segundo de 2.20, tú y yo vamos a tener problemas de nuevo.

Aún no está lista para que le pidan todo lo que puede dar

y tú no estás listo para pedírselo.

Venga, vamos.

¡Ahora!

¡No, no, no!

¡Vuelve aquí!

Cuando le des la orden,

tienes que hacerlo como si el mismo diablo te persiguiera con su tridente.

Solo hay una oportunidad en una carrera, y es entonces o nunca.

Vamos a intentarlo de nuevo.

¡Ahora!

Apártate de una vez, tortuga paralítica o juro que te pasaré por encima.

Te lo advierto, muévete o sufre las consecuencias.

Entonces, prepárate. Voy a por ti.

So, bonita, so. Muy bien, Sparke.

Ha mejorado mucho. ¿No crees, Thunder?

No está mal. Los he visto mucho peores en muchos hipódromos.

¿Qué te parece, Tuppy? ¿Crees que tiene alguna oportunidad?

Aún le queda mucho para igualarse a los demás,

pero yo creo que lo puede intentar.

Gracias, Tuppy. ¿Puedo llevármela un rato?

Otro día. Ahora tiene que descansar.

Ya casi podemos inscribirla en una carrera.

¿Una carrera de apuestas?

¿Quiere decir que va a dejar que se estrene en una carrera de apuestas?

No querrás la perdamos en una carrera de principiantes, ¿eh?

Venga, vamos. Tenemos mucho que hacer.

¿Has oído eso, Char? Por fin.

No eches las campanas al vuelo, chico. Tranquilízate.

He traído el bañador. Vamos a nadar.

- Está bien. - Vamos.

- Ayúdame. - Sí.

- ¡Estoy agotado! - Tiéndete, yo lo arreglaré.

- Me haces cosquillas. - Te vendrá bien.

Oh, Char, eres maravillosa.

¿Sabes? Si fueras un chico, seríamos grandes amigos.

¿Qué tengo de malo tal como soy?

Oh, nada, pero ya sabes cómo son los chicos.

- # Hasta que mi amado vuelva a casa... - ¡Es Cri-Cri!

- Hola, Cri-Cri. - Hola, Sparke. Hola, Char.

- ¿Cuándo has vuelto del internado? - Ayer, ¿no te lo ha dicho Char?

Lo olvidé.

Podría haber ido a verte.

Ya que tú no has venido a verme, vengo yo a verte a ti.

Vaya, me alegro mucho.

- ¿Qué tal, Gordon? - Bien.

¿Qué tal está el agua? Estoy deseando darme un baño desde que he vuelto.

Oh, está muy buena.

Ayúdame a subir.

Está estupenda.

Vaya, tienes un color precioso, Sparke.

Y también has engordado un poco, ¿verdad?

Sí, algo.

¿Recuerdas la primera vez que vinimos a nadar?

Cada vez que buceabas temía que se te cayese el bañador.

Yo también.

¡Eh, Char! Perdóname un momento.

Eh, espera un momento.

Char, espera. Te acompañaré hasta casa.

- No es necesario. - ¿Estás enfadada por algo?

- ¿Por qué iba a estarlo? - Tienes razón. Mañana nos vemos.

- Papá, creo que voy a dar una vuelta. - De acuerdo.

¿No nos vas a ayudar a derrotarlos, cariño?

Ya tengo mi lista hecha. Voy a mirar las pizarras.

Hagan sus apuestas.

- Hola, Thunder. - Hola, Char. Me alegro de verte.

¿Apostando por Maudeen Cuarta?

Sabes guardar bien los secretos. Te voy a pedir que guardes uno más.

Si Sparke supiese que he apostado por Maudeen todo lo que tengo,

se pondría muy nervioso.

- No se lo diré. - Bien.

¿Puedo ir a verla?

Me encantaría que lo hicieras, hace mucho que no te veo por ahí.

- ¿Está en buena forma? - Está más afinada que un violín.

Como el cedro. Hueles como el interior de un cajón de cedro.

Hola, Char.

Hola.

¿Dónde te has metido últimamente? Ni siquiera has pasado a saludarnos.

Por ahí.

- ¿Qué te pasa? - Si tú no lo sabes...

Oye, Char...

Seguro que te enfadaste cuando no te acompañé a casa desde el lago.

- Ya te he dicho que lo sentía. - No es necesario.

A mí me da mucha rabia que la gente se disculpe.

- No es culpa tuya que no te guste. - ¿Que no me gustas?

Claro que sí, Char.

Pero si tú y Maudeen Cuarta sois mis dos mejores amigas.

Eh, Sparke. Ven aquí.

Vamos, Char.

Siéntate.

Tienes el número 8 en la segunda carrera.

Pero con la gente que te ha tocado, salimos perjudicados.

- ¿Son tan buenos? - No son los mejores jinetes del mundo.

Pero no los hay tan tramposos. Por eso me decidí por Meltonville.

No te enfrentas a los caballos, sino al sindicato.

- ¿Qué es el sindicato? - Shackwell Fonda y Hunger Ford.

Y ese Fleaflit que monta para tu padre.

Sí, ya lo sé.

¿Estáis intentando asustarme?

Escucha, Sparke. No estoy diciendo que sea malo ser valiente,

pero un poco de miedo a veces es muy saludable. Recuérdalo.

Será mejor que apuestes ahora, Char. Tenemos que preparar a la yegua.

Cuando Boole vea el pedigrí de Maudeen, será mejor que estés lejos de nosotros.

No quiero perderme su cara cuando se entere de lo que pasa.

Vamos.

- Espero que esto te traiga suerte. - Gracias.

- Bueno, adiós. - Adiós.

Damas y caballeros,

están a punto de presenciar la tercera carrera del programa.

Tenemos una bolsa de 600 dólares para el ganador de dos de tres carreras

en la categoría de trotones de dos años.

El desfile va encabezado por la señorita Donna Biers.

En el puesto nº 1 tenemos a Stella Hanover, propiedad del señor Boole,

montada por Fleaflit.

En el nº 2, Espinoza, del señor Dan Davey,

montado por Ed Danbury.

Con el nº 3, Dixie Spencer, de los establos del señor Pitt.

En 4ª posición Don Frisco, propiedad del señor Fred Shaw.

En el nº 6, Bob Hunter, cuyo dueño y jinete es Jay Wether.

Y con el nº 8, Maudeen Cuarta, propiedad del señor Bolt

y montada por Sparke Thornton.

- Mirad, es Sparke. - Esa yegua...

Se parece a... Juraría que...

Déjame eso.

Den la vuelta todos juntos. No se apresuren.

Mantengan las posiciones. No adelanten al caballo bandera.

El número 1 Fleaflit tiene la bandera y nadie puede sobrepasarlo.

¡Señor Danbury, retrase un poco su caballo!

¡Despacio, despacio!

Ed, si no retrasa su caballo voy a descalificarle.

¡Despacio, señor Wether! ¡Despacio!

¡Adelante!

¡Vamos, vamos!

¡Vamos, Maudeen! ¡Tú puedes!

¡Aún no, aún no!

¡Ahora!

¡Vamos, Maudeen!

¡Vamos, Maudeen! ¡A por ellos!

¡Vamos, Maudeen Cuarta!

Me has robado esta carrera. Pero no lo volverás a hacer.

- Hola, Sparke. - Ah, hola.

¿Sabes? Has estado estupendo. Has llevado tu yegua de maravilla.

- Gracias. ¿Quieres un refresco? - No, gracias.

- No te has enfadado, ¿no? - ¿Por lo del potro?

Eso es problema de Boole, no mío.

Pero aún no me explico como conseguisteis guardar el secreto.

Bueno, no fue nada fácil.

¿Char también lo sabía?

Pues sí, pero ella se enteró por su cuenta y tuvimos que aceptarla.

Podíais habérmelo dicho. Yo no lo habría divulgado.

No se lo dijimos a nadie. Char se enteró por casualidad.

- ¿Dónde está Gordon? - ¿Por qué siempre me lo preguntas?

Porque siempre está contigo.

Bonita carrera, chico. La próxima vez apostaré por ti.

- Esto es tuyo. Es muy bueno. - Gracias.

¿Qué se siente siendo una celebridad?

Hace diez minutos eras solo un desconocido en el programa

y ahora todo el mundo habla de lo maravilloso que eres.

Yo también siento lo mismo, Sparke.

Bueno, no hace falta ser un gran jinete,

teniendo a Thunder como entrenador y a Maudeen Cuarta para ayudarte.

- Tengo que irme. - No, espera.

Toma, ponte esto.

Tengo miedo de ensuciártelo.

Cuando una dama le pide a un caballero que lleve su prenda,

no es romántico ser tan práctico.

Y para demostrarte mi confianza, apostaré diez dólares por ti.

- Adiós. - Adiós.

Ahí viene.

- Hola. - Hola.

- Sparke, has estado increíble. - Gracias.

- Apretaste en el momento preciso. - Salió como una flecha.

- ¿Lo has visto? - Sí.

Esta vez, apenas la has tenido que llevar.

No, ha sido fácil. La próxima carrera también la ganaremos.

Quizá sí o quizá no.

No hay dos carreras iguales.

Esta vez tú llevarás la bandera y te van a vigilar de cerca, sobre todo Fleaflit.

No soportará que un novato se burle de él.

Sí, ya lo sé.

Gracias, Tuppy.

Debería haber tragado un poco más de polvo la primera vez.

SEGUNDA CARRERA

¡Adelante!

¡Vamos, Sparke!

¡Vamos!

¡Ánimo, Sparke!

¿Por qué no se retira? Está descalificado.

Lo único que quiere es fastidiar a Sparke.

Retírate de una vez. Ya no puedes ganar.

Tú tampoco podrás hacerlo.

Papá.

¡Apártate o te echaré yo!

Mantente ahí, Sparke. ¡Mantente ahí!

¡Lárgate!

¡Lárgate!

¿Vamos a tener que deshacernos de ella?

No.

¿Qué te ha hecho pensar eso? Solo es una fractura leve.

¿Una fractura?

Fue culpa mía, Sparke.

Estos nuevos carros tan ligeros no aceptan bien las cargas.

Pero debía habértelo advertido.

No.

Yo me dejé llevar por la rabia.

Venga, hijo. Vamos a subirla.

No, hágalo usted, Thunder. Yo tengo algo urgentemente.

¿Y ese algo no puede esperar a otro día?

No.

¿Va a permitirle que lo haga?

Un hombre tiene derecho a arreglar sus problemas a su modo.

Lo único que podemos hacer es vigilarlo de cerca.

- Moe. - ¿Señor?

Sigue a Sparke. Podría meterse en un lío.

- ¿Adónde va? - ¡No hagas preguntas!

Cuida bien de él o haré que te acuerdes toda tu vida.

Sí, cuidaré de él.

Mi padre ha dicho que podría ir a casa con usted, si no le importa.

Pues claro que no, preciosa.

¿Has visto a Fleaflit?

No, señor. No lo he vuelto a ver desde la carrera. Quizás se haya marchado.

- Estoy listo, Thunder. - Sujétala, Tuppy.

So, bonita.

Tuppy está aquí. Nadie te hará daño.

Si te lastima y te dan ganas de morder algo, muérdeme a mí.

El casco tiene una almohadilla.

Así que cuando ésta se deteriora,

lo único que podemos hacer es ponerle algo parecido.

¿Listo?

Ahora, Tuppy.

Eso es. Ahora la bajará.

Si apoya su peso sobre la pata, estará curada.

¡Sparke, está curada!

Será mejor que vayas a buscarla antes de que se la rompa de nuevo.

- ¿Has visto a mi hija? - No, señor.

- ¡Char! - Sí, señor.

Char, localiza a Cri-Cri

- y dile que tenemos que irnos. - Está bien.

Te agradezco mucho que hayas venido a despedirte.

De nada.

- Bueno, adiós. - Ya no te veré hasta Navidades, Sparke.

Bueno...

Antes vendrás a las carreras de Chester Clay.

Sí, con 50.000 personas más.

Sparke...

¿Sí?

¿Te gustaría darme un beso de despedida?

¿Por qué no lo haces?

Aquí no.

¡Sparke, me haces daño!

Vaya, te tomas las cosas al pie de la letra, ¿eh?

Ya te dije que no tenía mucho sentido del humor.

No estaba bromeando. No sabes cuánto has cambiado, Sparke.

Cada vez que te veo, estás más guapo y maduro.

Eres distinto a los demás chicos.

Deseaba que me besaras.

No, esa fue nuestra despedida hasta Navidad.

Adiós.

CARRERAS DE TROTONES DURANTE TRES DÍAS

FERIA DEL CONDADO 4 CARRERAS AL DÍA

Sigo pensando que Betty Curry es la apuesta más segura.

Hoy he visto a ese nuevo. ¡Es un petardo!

Llevaba un vestido rosa con lunares por todas partes.

Miró hacia nosotros y dijo: "¿Por qué no venís, muchachos?".

"¿Por qué no?", le contesté...

Parecía una mula vieja con las patas torcidas.

Sabía que era bueno,

pero le costó horrores meter aquel jamelgo en la pista.

¿Señor Thunder?

- Un café. - Sí, señor.

Su nombre era Honrado.

Pero más bien tendrían que haberle llamado Hundido.

Aunque nunca he visto tantas bocas abiertas

como cuando cruzó la meta con dos cuerpos de ventaja.

Ahora que hablas de Honrado, Thunder.

Precisamente el lunes subasto un caballo descendiente de él.

¿Por qué no te acercas? Aquí tengo el catálogo.

Bueno, no voy a comprar nada, Roger, pero sí me gustaría verlo. ¿Cuándo es?

- Por la mañana. - ¿Volverás a abrir Roundhouse?

Eh, un momento. Yo no he dicho eso. Solo voy a mirar.

Es la mejor noticia que he oído en dieciocho años.

Ya que estás mirando, acércate a mis establos.

Eh, no os precipitéis, chicos.

Recordad que aún tengo una carrera que ganar mañana.

Bueno, si te vuelve a sonreír la fortuna, lo harás.

De eso estamos seguros. Nos haces falta.

Gracias, Roger.

Bueno, Jim. En caso de que volviese a abrir,

está claro que querría lo mejor.

¿Qué es lo que tienes últimamente?

¿De qué me hablas? No me importa quién fuera el jinete.

Amber Boy en su vida corrió una vuelta en dos minutos justos.

- ¿Verdad Thunder? - ¿Qué?

Nunca bajó de los 2:15.

Así es, recuerdo la carrera de la que estáis discutiendo.

Fue aquel año en que llovió tanto en abril.

- Había más barro que el fondo del mar. - Thunder.

- Sí. - Yo me voy a la cama.

Está bien, hijo, que descanses. Subiré en cuanto hayamos aclarado esto.

De acuerdo.

¿No me has oído? Te he silbado.

- ¿A mí? - Sí, a ti. ¡No iba a ser a él!

- ¿Qué estás haciendo? - Pues qué va a ser, bailar.

Es muy divertido. Tú también deberías probarlo.

No tengo ganas de probar.

¿Y desde cuándo vas por ahí sonriéndole a todos los tipos como una idiota?

Todos te están mirando.

Eso es lo que suelen hacer los chicos.

Si uno no me mira será porque no le gusto.

¿Qué forma de hablar es esa?

Oye, tú atiende a tus caballos. ¡Nadie me dice cómo comportarme!

Mira, Char. No sé qué mosca te ha picado pero no me gusta.

Pues a mí, sí.

¿Quieres que este tipo deje de molestarte?

No tienes que pegarme. Ya lo ha hecho ella por ti.

- ¡Señor Thunder! - ¿Sí?

¿Qué ocurre, Tuppy?

Igual que los de Lady.

¿Cuánto tiempo le queda?

No lo sé.

Llamaré a un veterinario para que nos lo diga.

De momento no le ha afectado.

Tuppy.

No le digas nada a Sparke sobre esto.

No es bueno que lo sepa hasta que llegue el momento.

No tiene sentido que nadie lo sepa hasta que suceda.

No te preocupes por nada.

Aún vas a ver muchas cosas.

Buena suerte, papá.

Gracias, la voy a necesitar.

Me enfrento a grandes jinetes.

Pero no me importará si lo animas a él también un poco.

¡Oh, papá!

Suerte para ti también, cariño.

Char...

Perdóname, Char.

No te disculpes, Sparke.

- Entiendo lo que sientes. - No, no lo entiendes, Char.

Me he portado como un auténtico imbécil.

Cuando ayer por la noche te vi así...

Bueno, he sido un imbécil.

Char, ¿qué diablos me pasa?

¿No lo sabes?

Solo sé que quiero que volvamos a ser amigos.

Te veré después de la carrera.

Si tú quieres...

¿Seguimos siendo amigos?

Claro, ¡camaradas!

Gracias, Char.

Bueno, ahora tengo que irme.

- Buena suerte, Sparke. - Gracias, Char. Adiós.

Char. No quiero que seamos solo camaradas nunca más.

Adiós.

Damas y caballeros, ya estamos preparados para ver la primera carrera

con 10.000 dólares en apuestas para los trotones de dos años.

En sus cartones figuran con el número uno la yegua Maudeen Cuarta,

propiedad del señor Bolt y montada por Sparke Thornton.

Con el número 2, Margaret McOlan.

Con el número 3, Stella Hanover,

propiedad del señor Boole, y montada por Jed Bruce.

Con el número 4, Don Frisco,

del establo Shaw, montado por el jinete Don Jefferson.

Con el número 5, Lance Bunter,

del establo Boole, montado por Fleaflit.

Y con el número 6, Rapid Bolt, cuyo propietario y jinete es Jay Wether.

Ahora quiero que todo el mundo se lo tome con calma.

Todos a sus puestos. ¡Todos a sus puestos!

¡No se apresuren! ¡No se adelanten!

¡El caballo del exterior un poco más atrás!

¡Más despacio! ¡Más despacio!

¡Adelante!

¡Vamos! ¡Vamos, a por ella!

Vamos, Maudeen. ¡Vamos!

Mantenlo ahí, Jed. ¡Mantenlo ahí!

- ¡Muévete o te aplasto! - ¡Vamos! Rómpele la otra pata.

Sparke... por qué no hinchas las ruedas.

Date prisa, Tuppy.

Debió montarlo usted mismo

y no dejar que un niño hiciera el trabajo de un hombre.

Tuppy...

Vamos a comenzar la segunda carrera.

Sitúen sus caballos de forma que no se produzcan ventajas.

Quiero que esta vez todo el mundo comience a trotar con calma.

Eso es, vayan girando con mucho cuidado

y que nadie se sitúe por delante de Stella Hanover.

Dejen que Jed Bruce se coloque en primera posición.

¡Que nadie se adelante al caballo de Jed Bruce!

Todos en línea. Esperen a que vaya al trote.

¡Adelante!

Cuidado. ¡Cuidado!

Ya empiezan otra vez.

¿Qué vas a hacer ahora, muchacho?

Sería mejor que llamases a tu madre.

Oh, escúchame, Señor.

¡Apártate!

¡Apártate! ¡Tu rueda ya está libre!

¡Vamos, Maudeen!

¡Que Dios te bendiga, Sparke! ¡No sabes cuánto te quiero!

Gracias, Señor. Sabía que me escucharías.

¡Pero qué clase de jinete eres tú!

Ahora escúchame bien, Jed.

Si dejas que ese mocoso cretino te vuelva a dejar en ridículo,

quedas despedido.

Yo monto para ganar, ya lo sabes.

Pero gane o pierda, tú y tu trabajo os podéis ir al infierno. ¿Queda claro?

Bueno, ya hablaremos de eso. Ahora sal y gana la carrera.

Ganaré si puedo, pero mantengo lo que he dicho.

Esta es tu última oportunidad, ¿lo sabes?

Sí, lo sé.

No es solo la última manga,

sino también tu última ocasión de salvarlo. A eso me refiero.

Es casi un milagro lo que has conseguido hacer por él, muchacho.

El señor Thunder ha vuelto a ser el mismo otra vez.

Por primera vez en 18 años ya no mira atrás.

Ahora vuelve a mirar hacia el futuro y en él ve grandes cosas.

Y no son establos vacíos, precisamente.

Claro, Tuppy, te entiendo.

Hemos llegado tan lejos...

Imagínate lo que pasará si pierdes ahora.

Sus esperanzas se vendrán abajo como un granero apolillado.

Y Roundhouse y todos los que vivimos aquí, nos sentiremos fracasados.

- Yo no quiero que eso suceda, Tuppy. - Ya sabes lo que has de hacer.

Rezaré por ti hasta que hayas cruzado esa línea de meta el primero.

Haré lo que pueda, Tuppy. Muchas gracias.

En este magno evento para potros de dos años,

se juega la cantidad de 10.000 dólares en apuestas.

Hasta aquí han llegado los dos finalistas:

Maudeen Cuarta y Stella Hanover,

de los cuales saldrá el ganador de esta tercera y última carrera.

No te pongas triste, Moe.

Cuando papá compre el establo nuevo, tú serás el primero que contrate.

No estoy triste, ¡estoy asustado!

Si Maudeen Cuarta gana esta carrera,

seré el mozo de cuadras más rico que hayan visto los mortales.

Señores, ocupen sus puestos.

Comiencen a girar lentamente. Y ahora vamos a ponerlos al trote.

Sparke, no intentes adelantarte. Mantente en tu sitio.

Sí, sujétenlos ahora, no...

Esta vez no habrá trucos, Sparke.

Corre lo mejor que sepas y yo haré lo mismo. Y que gane el mejor caballo.

¡Maudeen!

Ya ha ocurrido, Tuppy.

Sus ojos...

Mantente ahí, Jed. Espera.

No tan rápido. ¡No tan rápido, sujétala! Eso está mejor. ¡Preparados!

¡Adelante!

Mire, señor Thunder.

Ya no sabe adónde va.

Solo confía en sus manos.

Ya lo tiene.

¡Ya lo tiene!

- ¡Oh, Thunder! - ¡Vamos, Sparke!

¡Vamos, Maudeen!

¡Vamos, Maudeen!

¡Adelante, Maudeen! ¡Adelante!

- ¡Puedes hacerlo, Maudeen! - ¡Vamos, Sparke!

- ¡Vamos! - ¡Sparke, tú puedes!

¡Vamos a por él, Maudeen! ¡Vamos!

- ¡Bien, lo ha conseguido! - ¡Muy bien, Sparke!

¿Qué pasa, Maudeen?

Lo siento, Maudeen.

- Ha sido culpa mía. - No, no lo ha sido.

Ha sido la mano de Dios quien la ha tocado.

He estado esperando esto desde que nació.

Agradécele que haya cumplido la misión que tenía en esta vida.

Y anímate antes de que se avergüence de ti.

Está ciega, Char.

¡Oh, Sparke!

Despacio.

Quiero ir a casa con ella.

- Oh, Sparke. Tengo que llorar. - No lo hagas, Char.

¿No has oído lo que ha dicho Thunder?

Nunca tendrá que sufrir, ni ser infeliz, ni pasar hambre.

No... Nunca pasará hambre.

Ni sufrirá.

Algún día habrá otra Maudeen, Char.

Y la veremos trotar por la pista del campo de trigo

con Maudeen Cuarta a su lado guiándola y enseñándole todo.

Como Lady le enseñó a ella.

Y entonces, cuando el campo esté arado

y tenga una valla rodeándolo

y los graneros estén pintados

y en todos los establos vuelva a haber un potro igual que en los viejos tiempos

y cuando tu padre se convierta en el primer entrenador de Thunder

y Moe... bueno... cuando Moe lleve todo el trabajo

para que Tuppy solo tenga que ocuparse de Maudeen Cuarta y de Lady,

entonces tendremos la mejor granja del país.

Si tú quieres, Char.

Lo que tú digas, Sparke.

FIN

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