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Original subtitles

MAR ETERNO

ESTA ES UNA HISTORIA REAL

BASADA EN LA VIDA DEL ALMIRANTE JOHN MADISON HOSKINS.

“Ese hombre es grande, y sólo él,

que sirve la grandeza y no a sí mismo...”

John. ¡Johnny!

Vamos.

Chicos, venid aquí.

Cúbreme.

Sue.

¿Sue?

- Sue, soy yo. - ¿John?

¡John!

¡Johnny!

¡Qué guapo estás, marinero!

- Bienvenido a bordo, comandante. - Tonto, ahora papá es capitán.

Papá siempre es papá.

Claro que sí.

Y yo que quería entrar sin despertar a los niños.

- ¿Qué tal el segundo frente? - Sí, ¿qué tal en África?

¿Quién eres tú?

Mi pobre nena. Dos años sin vernos y ya no te acuerdas de tu viejo.

¿Qué me has comprado, viejo?

- ¿Qué nos has traído? - De eso ya hablaremos.

¿Cómo estáis levantados?

A la cama enseguida. Hablaremos mañana.

- Está bien, papá. - Está bien, papá.

Bienvenido a casa.

Es bueno.

Es muy bueno volver a casa.

Traes un nuevo galón.

Eso quiere decir que mandas un barco.

¿Qué barco es?

Por lo visto es un secreto. Yo no debo saber nada,

pero según ciertos rumores, puede que me den el Hornet.

El portaaviones Hornet.

Hace mucho tiempo que lo deseas.

Aunque yo quisiera que sólo fuese un sueño,

una eterna obsesión.

Y como decías a los niños, poder estar juntos,

juntos durante algún tiempo.

Para querernos y disfrutar de nuestra unión.

Tú serías un marido, y yo una mujer, no una esposa de la marina.

Siquiera un par de meses.

¿Cuánto tiempo tenemos?

¿Un mes?

¿Una semana?

¿Cuánto tiempo, Johnny?

Siete horas.

Esta es la situación, señores.

Cada uno de ustedes podría mandar un portaaviones,

pero ahora no tenemos más que estos.

Dentro de poco habrá 60 más.

Mientras, tendrán que dedicarse a trabajos de adiestramiento.

Cuando lleguen los barcos, debe haber tripulantes.

Hoy tendremos que hacer algunas modificaciones.

Capitán Hoskins.

Señor.

- Se le había dado el Hornet. - Sí, señor.

Ha sido hundido, hace 4 horas.

- ¿Eres tú, John? - Sí, Sue.

¿Cuándo tomas el mando, capitán?

No voy a mandar más que a unos escolares.

¿Quién se llevó el Hornet?

Un torpedo, en las islas Salomón hace pocas horas.

El viejo me ha ofrecido un puesto a su lado como ayudante.

Le dije que prefería el barco.

A pesar de lo ocupado que está,

se molestó en explicarme los problemas de entrenamiento,

y decirme cómo hay que crear la nueva Marina.

También es un trabajo digno y necesario, John.

Sí, pero no puede compararse con el servicio activo.

¿Cuánto hace que tienes estos “Héroes de la guerra naval”?

Años y años. Me lo dio mi padre cuando me gradué.

Pensó que podría ayudarme a ser un verdadero lobo marino.

Debe ser un magnífico libro cuando lo llevas

siempre contigo a donde quiera que vas.

Más que nada es un recuerdo de mi padre.

Se sentía orgulloso de que su hijo, un infeliz de Kentucky,

llegará a ser oficial de marina,

aunque fuese siempre el último de la clase.

Yo me refería a esta inscripción hecha a mano.

“Reinan en sus estados.

Millares combaten sin descanso en los mares y en la tierra.

Y también luchan los que están a la espera.”

Son frases de Milton.

Las puso mi padre.

Milton y tu padre valían mucho.

Bueno,

¿dónde vamos a luchar mientras dura la espera?

En Quonset Point, Rhode Island.

Seré el jefe del estado mayor del almirante Durgin.

Gracias, Señor.

- Simpson. - Es un hidroavión Mitsubishi.

- Hart. - Es un Zeke.

Deles menos tiempo para responder.

- Petterson. - Zero.

- Frankowitch. - Ese es otro Zeke.

Que se ponga en pie ese alumno.

Si dispara a ese avión, podría matar a su mejor amigo o a su hermano,

en caso de hacer blanco, es uno de nuestros P.47.

- Lo siento, señor. - Continúe.

Teniente Johnson.

Según parece, su escuadrilla lleva 2 vuelos de retraso.

- Tuvimos muy mal tiempo el jueves. - Vamos a recuperarlo mañana.

Señor, mañana es domingo.

Los hombres están medio muertos.

Si un piloto no vuela hasta su barco, está muerto del todo.

Escuadrón séptimo,

bombardeo y ametrallamiento en picado.

Si pudiésemos poner chicas guapas de blanco...

- Ya seguiremos luego. - Sí, señor.

¿La esposa de Bill Buraker sigue con usted y con Sue?

Sí. ¿Le ha ocurrido algo al Princeton o a Bill?

Nada, precisamente hemos recibido noticias.

“La invasión de Saïtan continúa con normalidad.

No hay bajas por ahora.”

Pensé que le agradaría decírselo a Dorothy esta noche.

Se lo diré ahora mismo.

Nuestras pobres esposas de marina andan escasas de buenas noticias.

- ¿Diga? - Dorothy.

Tengo buenas noticias para ti. Escucha.

Tanto el Princeton como su capitán se encuentran bien.

John, cuánto me alegro.

Sue, está bien. Bill está bien.

- Gracias, John, gracias. - No me las des a mí,

dáselas al jefe que me trajo la noticia. Dale un beso a Sue.

Adiós.

Debiera crearse una medalla para ellas.

- Sólo para esposas de marinos. - La mía tendrá que empezar a ganársela.

- Me dan el mando de una división. - Vaya, enhorabuena.

Le he reclamado de capitán.

- Bien, eso es... - No, dicen que no.

Dicen que es más valioso su trabajo aquí.

Entonces aquí seguiré.

A miles de millas de la verdadera guerra.

Bien, jefe, usted a pelear y yo a dar clases.

¿Qué Johnny?

¿Esto ya le parece mejor que hace dos años, eh?

Sí, señor, tal como usted dijo.

Todos sus alumnos andan por ahí y hacen una magnífica labor.

La verdad es que no le han dado esto en balde.

¿Y ahora, señor?

Me gustaría que continuase en Quonset.

Hay muchos pilotos que entrenar,

y yo,

aún no he encontrado lo que llamo un verdadero ayudante.

Crea que lo siento, señor.

- Sra. Hoskins. - ¿Qué sucede, John?

- Para ti. - ¿Qué barco, marinero?

El Princeton USS.

- Johnny, es magnífico... - ¡John!

El Princeton es el barco de Bill.

- ¿Le ha pasado algo? - Nada, Dorothy, nada.

Bill está bien. Se trata de un relevo normal, nada más.

Menos mal, me había asustado.

Sue, lo siento.

¿Qué hacemos aquí parados? Esto hay que celebrarlo.

Ya estamos llegando.

Bien, pronto veremos la flota, ¿no?

Ahí está. Uno de ellos es nuestro Princeton.

Walter, avise por radio que preparen un bote para ir al Princeton.

Sí, señor.

Disculpe, señor, llega un bote con la insignia de capitán.

¿De capitán?

- Si le parece, le haremos pasar. - Sí, claro.

A la orden, señor.

Pido permiso para subir a bordo.

Tiene el permiso, señor. Le llevarán al capitán Buraker.

Y si es así, no pueden seguir más que dos rutas para llegar.

Buenos días, señores. El comandante Riley.

- Buenos días. - Bienvenido a bordo.

- Gracias, Bill. - Buenos días, John.

Almirante Halsey, buenos días, señor.

Dorothy te manda todo su cariño, Bill.

- ¿Cómo está? - Está bien.

Te echa mucho de menos y desea verte cuanto antes.

Esa es mi Dorothy. ¿Qué te trae por aquí, Johnny?

¿Te dieron un barco?

Magnífico, John. ¿En nuestra división?

Mis órdenes.

No saben que hemos cambiado los planes o no hubiera hecho esto.

Lo siento, John, no puedo entregarle el barco ahora.

Al subir la marea zarparemos para invadir Leyte.

Las Filipinas.

No puedo relevar al capitán cuando se va a comenzar un ataque.

Si a Bill no le molesta que haya dos capitanes,

puede quedarse a bordo como futuro capitán

y tomar el mando al terminarla operación.

Gracias, señor.

Me agradará tomar parte en la operación

como futuro capitán del barco de Bill.

Hasta luego, señores.

Bill, Dorothy te echa de menos, muchísimo.

Mira, John, si hubieses estado en este barco un año

y yo detrás de una mesa,

hubiera hecho lo mismo por Sue.

Gracias, Bill.

Magnífico barco, Bill.

No has dejado de mirarle como si fuese una novia.

Sí, pero no sé cuándo van a dejarme casarme con ella.

Izquierda 347.

Cuando termine el ataque,

ofreceré una ceremonia de cambio de mando de antología.

Estoy preparado y Riley también.

Vete a dormir, John. Debes estar agotado.

Los futuros capitanes no duermen.

Duermen si saben lo que les espera, y yo lo sé.

Continúa en 347. Buenas noche, Johnny.

- Hasta mañana. - Buenas noches.

¿Por qué no se sienta a verlo qué lo parece?

¡Aviones enemigos a babor!

Todos a sus puestos de combate.

¡Todos a sus puestos de combate!

¡Todos a sus puestos de combate!

¡Pilotos, a los aviones!

¡Pilotos, a los aviones!

¡Habla el comandante del grupo aéreo!

El ataque contra nosotros desde Manila ha sido completamente desarticulado.

Sólo los del Princeton,

hemos derribado 36 aviones enemigos con una sola pérdida nuestra.

- Tus chicos se portaron bien. - ¿Te has asustado?

Con franqueza, sí. Temía por tu barco.

Nuestro barco, John.

Pero ha sido el comienzo, volverán a atacarnos.

Aquí los esperaremos.

¡Avión enemigo a babor!

¡Todo a estribor!

- Aquí el capitán, ¿qué ha pasado? - Un fuego importante en la cubierta K.

Las máquinas funcionan,

aunque las condiciones son difíciles para el personal.

Aquí el capitán, ¡todos a cubierta!

Diga al Birmingham que esté preparado.

Que suba todo el que no tenga que luchar contra el fuego.

A la orden.

¿Adónde vas con mi equipaje, muchacho?

Es orden mía.

Aquí no puedes hacer nada. Debes irte.

Tengo interés por este barco. Recuerda, seré su capitán.

- Jonnhy, es preciso que... - Por favor, no insistas.

No quiero que toda la marinería

vea a un capitán desobedecer las órdenes de otro.

¿Qué tal va por ahí?

No se pueden trasladar las municiones

a la cámara de torpedos por el calor.

Volarían.

...o el tamaño más grande que sólo cuesta 69 céntimos.

Vamos, niños, dejad la radio y sentaos.

Fue el portaaviones de los EE.UU. Princeton.

Volveremos a radiarlas últimas noticias que recibamos.

Mamá, han dicho algo del Princeton.

Sí, pero yo digo que es hora de desayunar.

¿El Princeton?

¿Has oído la radio?

Sí, precisamente decían algo del Princeton.

Lo han hundido. Ayer.

Y se confirma que aunque el Princeton ha sido hundido,

el capitán y la mayoría de la tripulación se han salvado.

En cuanto recibamos nuevas noticias se las trasmitiremos.

Y ahora, escuchen a...

Parte de la dotación y el capitán se han salvado.

Mamá, el Princeton tenía dos capitanes.

¿Por qué no dicen qué capitán se ha salvado?

Bueno, vamos a desayunar.

Es hora del colegio.

Tiene razón, doctor. Definitivamente es gangrena.

- ¿Está lejos el barco hospital? - En Ulitis, a 4 días.

Hay que operar.

Lo de menos es salvarle la pierna,

lo importante es su vida.

Sin barco, sin mando, sin carrera...

La guerra embarranca en la playa a hombres de valor

que soñarán siempre con los barcos que casi mandaron.

Si vive hasta la playa. Voy a prepararlo todo.

- ¿Me permite ver al capitán? - Está sin conocimiento.

- ¿Podría dejarle esto? - Sí, pasa.

- Disculpe, señor. - ¿Qué es eso?

Es todo lo que pude salvar de su equipaje.

¿Y tú quién eres?

Marinero P. J. Zugbaum, señor. Los chicos me llaman “Zuggy”.

El capitán me mandó llevarle el equipaje cuando no quiso abandonar el barco.

- Siento lo del barco, y... - Bien, gracias, Zuggy.

Yo quise recoger más cosas, pero el fuego era tan grande...

¿Te quemaste por salvar mis cosas?

En mi casa tenemos un taller de encuadernación.

Si quiere enviarnos esto, se lo dejaríamos muy bien.

En piel de Rusia, si le gusta, o en caimán argentino estaría precioso.

Ya ve, dicen que me mandan a casa.

La guerra acabó. Al menos para mí.

- ¿Por eso se iría? - Sí, ¿es una tontería, no?

Zuggy, te aseguro que no olvidaré lo que has hecho en toda mi vida.

Gracias, señor.

Deseo que también a usted le vayan bien las cosas.

“Ellos sólo sirven a quienes permanecen en pie y esperan.”

¿Qué te pasa, hijo?

¡Johnson!

¡Teniente Johnson!

Nos conocimos en Quonset.

Sí, señor.

Crea que lo siento.

Sí, capitán.

Todo el mundo lo siente,

pero yo me quedo sin brazo.

Tú estás mejor que yo.

Todo lo que tienes que hacer es regalar uno de tus guantes,

mejor que un zapato.

Dijeron

que la Marina sentía orgullo de mí cuando me dieron las alas.

Mire ahora mis alas.

Has cumplido bien, hijo.

¿De qué me ha servido?

¿De qué sirvo yo ahora?

Johnson,

te voy a enseñar una cosa.

Para que no vayas por ahí lamentándote como un pato atemorizado.

La Marina también era toda su vida.

No he leído mucho acerca de él.

Debes hacerlo.

Es un gran precedente en que mirarse.

Sí, señor, pero...

¿qué me dice de usted?

Yo he de sentar mi precedente.

He venido a decirle lo que sabemos, que no es mucho por cierto.

Lo esencial es que está vivo aunque gravemente herido.

- Gracias a Dios que vive. - Sí.

- Le traerán en avión hasta tierra. - ¿En avión?

Insistió en ello.

Sue, debe estar al llegar.

Hace 17 horas...

Casa del capitán Hoskins.

¿Qué?

Pero eres tú, loco pillastre granuja...

Aquí le tiene.

- ¿Diga? - Hola, Sue.

¡John! ¡Johnny!

¿Dónde estás?

En San Francisco.

- ¿Cómo estáis tú y los niños? - Estamos muy bien, John.

Tu voz suena muy bien, marinero.

Pero dime pronto, ¿cómo estás?

Divinamente. ¿Te acuerdas de aquellos dolores que me daban en el pie?

Claro que me acuerdo, ¿qué tiene que ver eso ahora?

Nada, salvo que no volveré a tenerlos nunca.

- Vaya, ¿y cómo ha sido eso? - Fácil, no hay pie.

John Hoskins,

toma enseguida ese avión y ven pronto a casa.

A la orden, cariño.

LA MARINA PLANEA CONSTRUIR OTRO PRINCETON

¡Enfermera!

- Diga, señor. - ¿Dijo que íbamos a Washington?

- Eso es. - Bien,

dígale al piloto que es un error. Vamos a Filadelfia.

Sí, señor.

¿Filadelfia?

No, señor, no hay ficha a nombre del capitán Hoskins.

Una habitación en el sexto piso. En el ala Sur del edificio.

- Piso octavo. - Gracias, guapa.

La Marina se va haciendo más guapa cada día.

Suerte, capitán Hoskins.

Está bien, ahora coloque la cama junto a la ventana.

Las camas no se pueden poner junto a la ventana.

Parece estar sorda, enfermera. ¿Por qué no va a un otorrino?

- Avisaré enseguida al doctor. - La cama junto a la ventana.

Gracias.

Qué guapo estás, marinero.

Bienvenido a casa.

Es muy bueno estar en casa.

Sue, es sólo una pierna. Te tengo a ti y a los niños.

Te haremos olvidar todo.

No tengo nada que olvidar. La Marina me da otra pierna.

Reharemos nuestra vida juntos.

¿No te gusta la de antes?

- Contigo sí, ahora y siempre. - No tenemos que preocuparnos.

De todas formas, nunca bailé muy bien.

Hospital Naval de Filadelfia. ¡Almirante Halsey!

Si no tienen inconveniente, seguiré yo solo.

Adelante.

John, siéntese antes de que le derribe yo.

Sí, señor.

Siento de veras lo que le ha ocurrido.

- ¿Cuánto ha de estar aquí? - No lo sé.

Lo que tarden los carpinteros en hacerme la pierna.

En cuanto acaben ya no tendrá que preocuparse.

- Salvo de la carcoma. - ¿Qué piensa hacer?

- Cojear un poco. - Digo cuando esté retirado.

Almirante Halsey, no me retiraré.

Hay que ser realista. Le obligarán.

¿Por qué?

¿Cree la Marina que un hombre razona con los pies?

La explosión no me llevó la cabeza.

¿Qué trama usted?

¿Quiere mirar ahí abajo, señor?

Quiero el nuevo Princeton.

Buenas tardes, almirante.

- Bill, ¿qué tal? - Bien, almirante.

- ¿Qué le trae a Filadelfia? - Quería ver algo en los astilleros.

En su despacho he dejado una nota en la que se lo explico todo.

Pero esa es una de las razones. ¿Y Johnny?

Ya le conoce.

Dice que sólo quiere una nueva pierna y...

Y un barco nuevo. No le desanime, ¿eh?

Desde luego que no.

¿Duele, eh?

No, es delicioso.

- ¿Qué hago ahora? - Descargue más peso en ella.

¿Y ahora?

Dé pasos cortos con ayuda de las muletas.

Basta ya por hoy, capitán. Hay que ir despacio al principio.

- ¿Más fácil, verdad, capitán? - Sí.

¿Cuándo tiraré estos bastones, doctor?

Progresa, capitán, no hay que ser impaciente.

John, mírate. De pie y andando.

Hola, doctor.

Estoy rodeado de deficientes mentales.

Claro que estoy de pie y ando

aunque no lo haga ni la mitad de bien que mi linda mujercita.

¿Qué, vamos a bailar?

Tuvo un mal día, Sra. Hoskins.

Es un paciente sumamente difícil.

Me iré enseguida, doctor.

Gracias.

Ya veo que las cosas marchan muy bien.

- Saldrás en pocas semanas. - Eso dice el médico.

- Traigo una sorpresa. - Bien.

¿Después del trabajo que me he tomado no lo vas a mirar?

Sí, claro.

John Madison Hoskins contraalmirante retirado.

Ya lo he mirado.

¿Qué te pasa? ¿Hay algún error?

Yo no soy contraalmirante.

Es automático, en cuanto te retires serás ascendido.

No pienso retirarme.

John, es lo único que no hemos afrontado nunca con sinceridad.

No creía que lo fueras a afrontar tú por mí.

- Todo el mundo sabe... - ¡Por favor!

Podría oírlo de cualquier persona,

pero pensé que me conocías mejor.

Lo siento, John...

El doctor ya ha dicho que tuviste un mal día.

¡Vamos, cógelo!

¡Cógelo!

¡Cógelo!

¿Tienes las manos de mantequilla?

Cada remache que pierde, amigo,

es tiempo que tarda el Princeton en hacerse a la mar.

Es que me ha sorprendido.

Nunca tuvimos un inspector con esos chismes bajo el brazo.

Hemos avanzado 4 secciones, señor.

Eso está bien. Siga así.

¿Capitán, la perdió en Leyte?

Sí.

Entonces debe ser el capitán Hoskins, mandaba el otro Princeton.

Casi.

Pero este sí que lo mandaré.

- ¿Este? - Sí.

Es curioso, otro capitán me dijo lo mismo

el otro día cuando trabajaba en la proa.

¿Quién? ¿Qué aspecto tenía?

No recuerdo con detalle,

pero era capitán igual que usted, señor.

En nuestra vida juntos nunca hubo entre nosotros ningún misterio.

Y ahora me encuentro con esa horrible barrera que no puedo traspasar.

Mire, Sue, la realidad es esta.

De no ocurrir algo imprevisto, John Hoskins será muy pronto

contraalmirante retirado de la Armada.

No he dejado de pensar en ello

desde la noche que estuvimos velándole en el hospital,

pero esto es algo nuevo.

Algo que no tiene nada que ver con esa antigua ambición suya

de conseguir un mando.

No sé qué puede ser.

Pero desde que perdió la pierna es un hombre distinto.

Le encuentro cambiado.

Como si nunca le hubiera visto.

No lo sé.

No tengo palabras. No lo entiendo.

¿Sue, siempre soñó con un esposo que viviese a su lado

y educase personalmente a sus hijos?

Por supuesto que sí.

¿Qué mujer no lo sueña?

¿Pero si su espíritu se derrumbase,

podría seguir siendo buen esposo y buen padre?

He encontrado algo que quizá sea la solución de su problema.

Un artículo olvidado de nuestras viejas ordenanzas.

Artículo 34, párrafo 271.

“Ningún oficial podrá ser retirado

por inutilidad a causa de heridas sufridas en combate frente al enemigo

sin su consentimiento.”

Si él se enterase de esto, tal vez le mantuviesen en activo.

En retaguardia, naturalmente.

Pero debe considerar qué sería un destino tranquilo para él.

Vería pasar a hombres más jóvenes, con mandos y con barcos,

cosas que nunca tuvo ni podrá tener.

Pensé en dárselo yo mismo,

pero esta decisión debe tomarla usted.

Sí.

¿Podré conseguir así lo que quiero?

Podrá.

Cuando haya decidido qué es lo que quiere.

- Hola, jefe. - Hola, capitán.

Quiero hacer algunas prácticas.

El tribunal médico va a reconocerme pronto,

y no quiero que me encuentre oxidado.

¿Está bien, capitán?

Sí, sí, ya casi ando bien.

Yo no soportaría esto ni para llegar a presidente.

Ya.

- Eh, Mills. - ¿Qué?

¿Le dijiste al capataz lo del asiento en la ducha?

Dice que el otro capitán no quiere asiento

hasta que se sepa de una vez cuál de los dos va a ser.

Escucha una cosa mucho más importante.

¿Qué dijo de los cojinetes de la cubierta de vuelo?

Dice que esta cubierta es la más resistente que ha hecho.

Aguantará todo lo que vuele.

- Sí, todo menos reactores. - ¿Reactores?

¿En un portaaviones?

Eso es, hay que hacer una cubierta más firme.

Tiene razón, señor.

Está como una cabra.

Asiento en la ducha, reactores en un barco y una pista de 3 Km.

¡Qué lástima me da!

Eh, capitán.

- ¿Se ha hecho daño? - No es nada, muchachos.

Con cuidado, no le lleves muy deprisa.

Con mucho cuidado.

Vamos a llevarle al hospital. Se lo arreglarán enseguida.

Sí. Sí, gracias.

Y después de tantos meses sigue sin poder andar sin muletas.

Apoyado en esas pruebas,

que son testimonio de los médicos y cirujanos de la Armada,

considero totalmente inútil el nuevo reconocimiento médico.

Ya lo sé, capitán,

pero él lo pide y tiene derecho.

- Llamen al capitán Hoskins. - Sí, señor.

Capitán John. M. Hoskins, señor.

Examinamos los informes enviados por los médicos, capitán Hoskins,

y hemos observado que todos indican que se le debe retirar.

¿Puede aducir alguna nueva razón

capaz de desvirtuar estos informes?

Sí, señor.

Creo que se han equivocado todos en su juicio.

Parece que piensan que sufro discapacidad física.

Hasta hace dos días necesitaba muletas.

Eso era hace dos días.

Lamento que la Marina mire al pasado.

Y afirmo respetuosamente que soy apto para el servicio activo.

¿Se da cuenta de que con sus incursiones en los astilleros

ha violado todos los reglamentos?

Sí, señor. Lo siento.

Basándonos en su declaración y en los informes recibidos,

este tribunal...

¿Almirante, no podríamos aplazarla vista?

La aplazaremos diez minutos.

Le llamaremos, capitán.

Sí, señor.

- Creo que no hay esperanza. - Eso me temo, John.

¿No puede hacer nada más?

Sí, darle un consejo.

Cuando vuelvan a llamarle, no espere a que decidan ellos,

anuncie que se retira voluntariamente.

Es mejor para su hoja de servicios.

¿Capitán Hoskins?

- Sí. - Esto es para usted.

- ¿Quién lo envía? - Lo siento, no lo sé.

Capitán Hoskins.

Estoy listo.

Almirante, creo que el capitán tiene algo que exponer.

Hable, capitán.

Tengo que decir, que ni este,

ni ningún otro tribunal, está autorizado para retirarme sin mi consentimiento.

Y yo no lo doy.

¿En qué se basa para hacer tan inesperada afirmación?

El artículo 34,

párrafo 271 de las ordenanzas navales.

Dice que ningún oficial podrá ser retirado

por inutilidad a causa de heridas sufridas en combate frente al enemigo

sin su consentimiento.

Y ya le he dicho, señor, que yo no consiento.

Bill, me parece que ya he oído hablar de esa disposición.

Le notificaremos la decisión del tribunal.

- Gracias, señor, esperaré fuera. - No es necesario, capitán.

Esto puede tardar algún tiempo.

Sí, me lo dirán algún día.

Sí, me lo dirán algún día.

Qué bien.

¿De qué me sirve si mañana botan el Princeton?

Y no es precisamente que me importe.

Sí te importa. Iremos a la botadura.

¿Para ver a Bill allí?

Escucha, marinero,

algunas veces se gana, y otras se pierde,

pero lo que importa es jugar limpia y lealmente.

Sí.

Está bien, adelante.

- Hola, Sue. - Hola, Bill, hola Dorothy.

- Hola, John. - ¿Qué tal, Johnny?

Ya sabe todo Washington el éxito que has tenido hoy.

Sí, hasta piensan contratarme para el circo.

Saldré después de los elefantes.

- ¿Bill, te lo han dicho? - ¿El qué?

Que se me descarta. Puedes ser franco conmigo.

Quien se lleva el Princeton eres tú.

Del Princeton sólo me llevo la metralla que dejó en mi cuerpo.

Me retiro, Johnny.

Entonces tampoco irás a la botadura.

Iremos los dos.

Es un barco soberbio y aún somos los dos marinos.

Con su poder, nuestra nación y sus aliados

han conseguido llevar la dirección de la lucha.

Con fidelidad a nuestros ideales,

y con la fe absoluta en ellos, mantendremos esa dirección.

Este barco será un homenaje al pasado

y una promesa para el futuro.

Señora.

Perdone, hemos de interrumpir la ceremonia unos momentos.

Perdóneme por esta imprevista interrupción.

Y perdonadme, por el retraso en la botadura de este barco,

orgullo de nuestra Armada.

Pero se me ha pedido que comunique una importante noticia.

Por decisión del departamento de Marina,

tomada hace unas horas,

ha sido nombrado el nuevo comandante del Princeton.

Ruego por tanto que nos diga unas palabras,

el comandante de esta hermosa nave,

capitán John. M. Hoskins.

Yo creo

que lo mejor será decir sólo

que hoy me siento lleno de orgullo y alegría.

Y prometo ante todos que el capitán,

los oficiales y la tripulación de este barco,

harán cuanto esté en su mano para honrar el barco de igual nombre,

hundido el pasado octubre.

Este nuevo Princeton tendrá mayores éxitos,

más larga y brillante vida,

si recibe la bendición del hombre valiente

que mandó el otro barco cuyo nombre lleva.

Con su permiso, señor,

dedico este nuevo Princeton a mi amigo,

el capitán Bill Buraker.

Sabía decisión, Sue.

¿Lo cree?

John ya tiene lo que quería,

no sé si yo tendré lo mismo.

¡FIN DE LA GUERRA!

¿Qué le parece, Walter?

¿Qué me parece? No está mal.

Bueno, ¿y qué tal la ducha?

Con un asiento, tal como dije.

- Su equipaje, capitán Hoskins. - ¡Zuggy!

- Creí que te había ido a... - Mancato.

A Mancato con tu padre y que ya eras civil.

Lo era hasta que supe lo del barco y me reenganché.

- Bienvenido a bordo, Zuggy. - Gracias, señor.

¿Lo hiciste todo por ti mismo?

Ah, te ayudaron.

Con que también ha intervenido en esto.

- Está bien, pon las maletas ahí. - A la orden.

¡Bandera blanca, aterrizaje!

A ver esos 4 pilotos tan decididos. Quiero hablar con ellos enseguida.

Usted se lanzó nada más que regular.

Y usted, Martin,

bajó a toda velocidad como si alguien le persiguiese.

¿Qué explicación da a eso?

Llegué un poco fuerte, pero los cables me detuvieron sin inconveniente.

Si, desde luego, pero suponga, teniente,

que en vez de llevar un caza,

hubiera llevado un avión con un peso de más de mil kilos.

Suponga...

Suponga que hubiese llevado un aparatito como este.

Esto, señores, es un aparato moderno conocido por reactor Grumman.

Y o ustedes y la Marina se preparan para enfrentarse con ellos,

o podemos considerarnos fracasados y marcharnos todos a casa.

Pero volviendo al asunto, teniente,

suponga que hubiese llevado un avión así.

No conozco al loco que aterrice en un portaaviones con un reactor.

- ¿Y usted? - Debe ser que estoy loco.

Porque pienso despegar y aterrizar con uno de estos en un portaaviones.

¿Usted, señor?

¿Con esa piern...?

Sí, yo, pata de palo.

¿Pero habrá bastante sitio en las cubiertas tal como son ahora?

¿Por qué no? Los cables siempre se pueden reforzar.

“Y aún con viento fuerte puede hacer aterrizar reactores en un portaaviones.

Claro que se tardarán meses en adquirirla práctica necesaria.

Quizá haya que pensar en un nuevo tipo de catapulta para acelerar el despegue.

Con el fin de frenar el aparato, habrá que emplear cables más resistentes,

o tal vez un nuevo tipo de barrera elástica.”

La madera de la pierna se le ha subido a la cabeza.

¿Cómo conseguiremos reactores?

No hay ninguno asignado y todo el mundo habla de ahorro.

En el ejército se utilizan reactores.

¿Formamos parte o no de los planes defensivos del país?

¿Para qué estamos aquí sino?

Pero vamos a perder un centenar de buenos pilotos

y millones en material sólo para comprobar un fracaso.

Cuatro meses y nada. Absolutamente nada.

Es lo malo que tienen los que hacen la guerra desde el Pentágono.

No saben lo que vale el tiempo. Adelante.

Capitán, se acerca un bote con insignia de almirante.

Retiro lo dicho.

Quizá sea la respuesta.

- Johnny. - Bienvenido a bordo, almirante.

Mi segundo, comandante Rodee.

- Comandante. - ¡Riley!

Bienvenido a bordo, Walter.

- Buenos días, señor. - Ya conoce el camino.

Hablábamos de usted, almirante.

Ya casi desesperaba de tener noticias.

- He estado muy ocupado, John. - Claro.

Vaya, ya tiene el otro galón, capitán.

- Enhorabuena. - Gracias.

¿Qué le trae por aquí?

- Bueno, yo... - Ya sé, le han dado un barco.

Sí, señor.

Me alegro mucho, Riley. Ya le dije que lo conseguiría.

En nuestra división, espero.

Mis órdenes, señor.

La Sra. Hoskins le manda todo su cariño y...

- ¿Cómo está? - Bien, pero muy sola.

Y no ve la hora de que vuelva.

Es natural, Raily, esas frases me las sé de memoria.

Prepare la ceremonia de cambio de mandos.

Lo siento, señor, pero habrá un ligero

retraso en subir los aviones.

¿Retraso, por qué?

Hace un año que tenemos un buen récord en cuanto a eficiencia.

- Perdone usted. - No hay que preocuparse, John,

Raily puede esperar unos minutos.

Claro, me gustaría echar un vistazo por ahí, si puedo.

Lo siento, John, es la Ley del mar.

Es muy natural.

He estado aquí de prestado durante todo este tiempo.

Escribí a Sue y le dije que este trabajo

sería el último. Al terminar, regresaría a casa para siempre.

Le gusta mucho escribir y ya sabe que por la boca muere el pez.

- ¿Cómo? - Esa carta sobre los reactores,

cayó en el Pentágono como un rayo.

¿Por eso me desembarcan?

No me culpe, John, fue usted quién dijo

que en los portaaviones pueden emplearse aviones a reacción.

Ahora tiene que probarlo.

¿Yo?

El trabajo es todo suyo.

Listo, señor.

Muy bien.

Después de varias discusiones,

decidimos que no teníamos insignia adecuada para nuestra escuadrilla.

Así que le pedimos a Walt Disney que nos dibujase una.

Espero, señor que merezca su aprobación.

Creo que añoraré el barco.

Dudo mucho que tenga tiempo.

La lucha con que se enfrenta será dura mi ambicioso amigo.

No se preocupe.

Una vez que la fase inicial se haya terminado,

tendremos que seguir los experimentos sobre portaaviones en navegación.

¿Piensa en la división de portaaviones, capitán?

¿Por qué no? Sería más eficaz.

¿Busca el ascenso, Johnny?

Oh no. Bastante tendré con explicar esta nueva misión a Sue.

- No, señor, ascenso, no. - ¿No?

Pues llega tarde, es almirante desde hace siete días.

¿Qué le diré a Sue, Tommy?

Almirante Hoskins, ese es su problema.

En realidad, San Diego no es una mala ciudad.

Hay buenas escuelas,

hay mucho sol,

y lo más importante, estaremos juntos meses y meses.

Hablas demasiado, capitán.

Vamos a llegar tarde a tu fiesta.

¿Quieres subirme la cremallera?

Ya sabes que siempre me hago un lío con esto.

Conmigo no mucho.

La última vez fue antes de inventarse los cierres de cremallera.

Comprendo que hace tiempo que estoy poco contigo.

La verdad es que siento rubor de haberte dicho siempre

que iba a ser la última misión, pero lo prometo,

sí, ahora va de veras.

Esta misión y nada más.

Después de todo soy un hombre que cumple su palabra.

Sue Hoskins,

¿desde cuándo sabes esto?

Desde que te conocí, almirante.

2.2, otros subirán hasta 4.

Básicamente es un problema de suministro.

Tendré que averiguarlo.

Dispensen, señores.

Creo que interrumpo una reunión de estado mayor.

Habíamos terminado, almirante. ¿Verdad, señores?

Sí, señor.

- Hasta mañana. - Buenas noches.

Me parece que si no llego yo, los habría tenido toda la noche.

¿Por qué no? Muchas cosas dependen de la demostración de mañana.

Apropósito de mañana, Johnny,

estará rodeado de amigos de buena voluntad,

- con una excepción. - El almirante L.D.

- Intenté que no viniera pero insistió... - Sí, ya sé.

Sé que ha comentado más de la cuenta

que arriesgo vidas jóvenes para demostrar una teoría absurda.

Tommy,

le ruego que me deje volar en el avión de mando mañana.

Conozco los reactores y crea que no lo hago muy mal.

- Lo sé, pero no le dejo. - Es que así L.D. no dirá...

Sus reflejos son más lentos que los de un muchacho de 25 años

y le necesito vivo, así que no accedo a su petición. ¿Está claro?

- Sí, señor. - En cuanto a mañana,

que tenga suerte. Usted y la aviación naval.

- Buenas noches. - Buenas noches.

Ese avión llega demasiado deprisa.

- ¿Quién es? - El joven Terry, señor.

Quizá se le hayan agarrotado las palancas.

Y en cuanto al accidente, creo que hemos podido determinar

que no fue debido al aterrizaje en espacio reducido,

sino a un fallo en los mandos que pudo ocurrir en cualquier sitio.

Por eso creo que se debe hacer las pruebas

en el mar a bordo de un portaaviones.

Ya di mi opinión, pero repetiré lo esencial.

En un terreno normal podía haber planeado y hoy seguiría vivo.

Almirante,

en este punto de desarrollo, los reactores son asesinos,

no hay duda,

matan en tierra tanto como en el mar.

Es la dura realidad.

Pero es un hecho que el reactor es el avión de combate del futuro.

¿Cuántos hombres habrán perdido las otras armas en sus pruebas?

¿Y cesaron por ello? ¡No! ¿Vamos a detenernos nosotros?

¿Cuántos millones de americanos morirían

si no pudiésemos rechazar un ataque con reactores?

Almirante Hoskins,

asumirá el mando de la tercera división de portaaviones,

para efectuar maniobras aéreas en alta mar.

Una vez terminadas dichas maniobras,

se reunirá con el almirante Struble, en la bahía de Manila,

para una demostración práctica.

Buenos días.

- Ya estamos listos, señor. - Parece que llegó el gran día.

Ojalá que siga nuestra suerte. El tiempo y el viento son buenos.

Perdón, señor.

Se acerca el helicóptero del almirante Struble.

Gracias, muchacho.

- Bienvenido a bordo, señor. - Gracias, John, ¿cómo está?

Almirante Hoskins, capitán Rodee, me alegra volver a verle.

¿Podemos empezar la demostración, señor?

Sí, lleve nuestros huéspedes al control de vuelo.

Almirante.

¡Pilotos a sus puestos!

¡Preparados para poner el motor en marcha!

¡Apártense de los tubos de salida!

¡Reactores en marcha!

¡Bandera blanca!

¡Bandera blanca, prepare el aterrizaje!

Adelante.

Bien, almirante, diga lo que piensa. He aguantado cosas peores.

Se equivoca, John.

Buscaba las mejores palabras, si las hay,

para decir lo que pienso de su demostración.

Si cualquiera hubiese tenido dudas,

cualquiera, digo,

las ha disipado.

El futuro de los aviones a reacción está asegurado.

- Gracias y enhorabuena, John. - Muchas gracias, señor.

¿John, por qué tomó la decisión de pilotar el primer aparato?

Verá, los muchachos estaban nerviosos,

así que pensé que si veían a un pingüino con pata de palo

subir a un avión y elevarse,

le daría la confianza que necesitasen.

Ya puedo ir a Washington tranquilo. Siéntese.

Gracias. ¿A Washington, eh? ¿Cuánto tiempo estará allí?

Nunca se sabe cuando acaban esas conferencias.

Mientras, se hará cargo del mando de la séptima flota.

Gracias, señor.

John, no sería mala idea que el Kremlin viera

una demostración de reactores americanos con base en los portaaviones.

¿Qué le parece?

Que estamos en 1950 y se supone que estamos en paz.

Les habla el almirante Hoskins,

en funciones provisionales de jefe de la séptima flota.

No me toméis a broma

si os digo que ahora que estamos en pacíficas aguas asiáticas,

es preciso intensificar la vigilancia y estar preparados para lo inesperado.

Hay que extremar todas las medidas de seguridad

y estar en consonancia con los tiempos.

No sabemos cuándo puede suceder algo.

“Eso fue lo que les dije y sucedió cómo esperaba.

Nunca pensaste que fuera profeta, pero esta vez acerté.

Y estamos listos desde la primera hora de esta acción coreana.

Ahora los rojos aprietan de firme y en serio.

Si nos echarán de Corea o no, se verá después.”

Hicimos lo posible por cubrir la retirada,

pero ahora hemos de proteger la bolsa de Busan

hasta que llegue material suficiente para dar al ejército medios de ataque.

- Sino, Dunkerque. - Nuestras bases están tan lejos,

que los cazas sólo aprovechan 20 minutos de cada vuelo,

- y tienen que regresar. - Eso es.

Y a menudo, las bases están cubiertas de niebla

aunque los objetivos estén despejados.

Le necesitamos a usted y a sus reactores.

Podremos ayudar, general.

Su oportunidad, Johnny, usted lleva el balón.

- Sí, señor. - Gracias, almirante.

Gracias, señores.

¿Siguen con tantas ganas de jugar contra la Marina?

Oiga, Johnny, aquello era en Washington hace muchos años.

- Este partido lo jugaremos juntos. - De acuerdo.

¿Esta guerra es sólo vuestra o podemos echar una mano?

Puede intervenir todo el que quiera.

Hay guerra suficiente para todos.

Almirante, ¿se ha dado cuenta

de que se formó un tifón entre nosotros y el lugar donde vamos?

Lo sé, nos situaremos en los estrechos.

¿En pleno tifón, señor?

Entre combatir o evacuar al ejército en pleno tifón,

combatiremos.

Sí, señor.

Las fuerzas aéreas están aquí, los ingleses, aquí.

Este será nuestro sector, de 265 a 355.

Sectores de vuelo 10, grados F9 y ADS.

Determinados buques de nuestra escuadra harán fuego

sobre objetivos indicados cercanos a la costa.

Sí, señor.

Clave para los cazas: Freddy,

para los bombarderos: Devil Dog, la de la base será...

Perdón, almirante, pero mis... quiero decir nuestros chicos,

querrían tener como clave: Tío John.

Como quieran, pero conmigo las adulaciones no sirven de nada.

- O casi de nada. - Gracias, señor, les gustará.

Bien, ultime los detalles inmediatamente.

A las cuatro y media todo el mundo en su puesto.

Ahora, a dormir.

- Llamada general. - A la orden.

¡Llamada general, todos a sus puestos!

¡Llamada general, todos a sus puestos!

¡Pilotos, a sus aviones!

¡Tío John!

Aquí, Freddy, blanco a la vista.

Tanques enemigos y artillería pesada hacia el Sur.

Situación 27, 33 y 41.

Tú y Martin ocupaos de los tanques.

Aquí Martin, vamos allá.

¡Fíjate en cómo vuelan esos!

¡Martin, apártate! ¡Apártate!

Sigue a Martin hacia abajo, a ver si sale.

Al habla Jack, se acabó Martin.

¡Cacahuete, otro huevo encima de esos tanques!

Le di, está ardiendo y estalla como fuegos artificiales.

Parecen los del 4 de julio.

¡Freddy, aquí el tío John!

Controlad el combustible, lleváis mucho tiempo.

¡Al habla Freddy, despejad el campo!

¡Atención tío John, aquí Freddy!

- ¡Freddy, aquí tío John! - ¡Ataque terminado!

Tanques y artillería enemiga gravemente averiados.

Destruidos puentes al sur. ¡Cambio!

Freddy, aquí tío John, gracias y vuelvan a casa a salvo.

“Supongo que ya habréis leído nuestro desembarco

detrás de las líneas enemigas y os habréis figurado que...

...el viejo Valley Forge cumplió su cometido.

Pero el barco y yo necesitamos una revisión completa.

Por eso en un día o dos zarparemos para San Diego.

Volver a san Diego significa estar para siempre con vosotros.

Creo que me relevarán al llegar al puerto,

y la verdad es que ya estoy hecho a la idea y me gusta.

Di a los niños que ya voy de camino y que os quiero mucho a todos.”

Hay noticias desde Pearl Harbor.

Se hará lo posible por activar nuestro aprovisionamiento.

Con suerte estaremos un día en Pearl Harbor y enseguida a casa.

¡San Diego, allá vamos!

Mensaje del mando, personal para usted.

Gracias.

Importante conferencia en Pearl Harbor.

¿Con qué objeto?

No dice nada más que “conferencia importante”.

Tengo que presentarme para recibir nuevas órdenes.

- No quiero más órdenes. - Debe ser algo bueno.

Lo que sea no me interesa.

Y queremos que sepa, que toda la Marina

le está agradecida por las operaciones en Corea, John.

Gracias, señor.

Pero eso ya ha pasado. Ahora hemos de hablar del futuro.

De eso en realidad hay que hablar muy poco.

Tengo una familia a la que nunca...

Tendrá un permiso, no muy largo, pero un permiso.

Le teníamos reservadas dos misiones,

y finalmente decidimos que eligiera usted mismo.

Hay esta o esta.

Caballeros, lo agradezco mucho, pero yo...

Hay que pensar más despacio, no decidir así de repente.

No hay nada que decidir. Ya he dicho que...

Le repito que lo piense más despacio.

Nos reuniremos mañana a las 9.

No olvide que la cena de hoy es a las siete y media.

No. Tommy, llamé a Sue pero no había línea, tal vez...

Sí, desde luego.

Al menos estaré en casa 2 semanas antes, y llegaré a tiempo para...

¿Su aniversario de boda?

Lo recuerdo, estuve en ella.

Sí, señor.

Operadora, almirante Hoskins, la conferencia que...

Ah, va a llegar enseguida.

No, no, sólo quería hablar con la Sra. Hoskins.

La operadora dice que enseguida hablará con la señora, almirante.

Gracias.

¿Me concede este vals?

Qué guapo estás, marinero. Bienvenido a casa.

Es muy bueno volver a casa.

- Comandante. - Sí, señor.

- ¿Qué pasa? - Son aviones de transporte.

Llegaron de Corea más aviones con heridos de los que esperábamos.

No estamos preparados y no tenemos vehículos para llevarlos al hospital.

- ¿Ve esos coches? - Sí, señor.

- Pues úselos. - Señor, son coches de almirante.

Espera un poco.

Ya no los son.

Hola.

Lo siento, chicos,

pero hay un pequeño retraso que impide que os lleven al hospital.

Ya conocéis esto. Demasiado tráfico. No hay coches.

Todo el mundo se ha visto en un verdadero aprieto.

Los encargados de la evacuación son como los demás.

Quizá algún día inventen un hombre que no falle nunca,

pero mientras tanto, recordad vuestro lema:

“Apresurarse con calma.” ¿Un cigarrillo?

Ya nos dirás cuándo quieres escupir para que lo hagamos por ti.

Es fácil para usted venir y ponerse a bromear, almirante.

Pero mire esto y ríase.

Le pido disculpas, señor.

Buenos días, caballeros. Siéntense.

Bien, John, ¿cuál es tu decisión?

¿Qué misión eliges?

Caballeros, estoy orgulloso y agradecido por su ofrecimiento.

Pero no deseo ninguna, de veras que no.

Hay otros muchos que pueden desempeñarlas mejor que yo.

No sé si usted, almirante,

o ustedes, muchos de los cuales me conocen,

han comprendido mi ambición.

Para ser honesto, diré que a veces ni yo mismo la he comprendido.

Hace años,

tendido en la cubierta del viejo Princeton sentí lástima de mí mismo.

Supongo que es natural.

Creí que todo había acabado.

Pero luego, en el hospital,

entendí que mi herida no era más que un reto.

Un reto no a mi antigua ambición personal,

sino a una nueva que nacía para remplazar mi pierna.

Decidí sentar un precedente para todos los inválidos,

fuesen militares o simples civiles.

Esa fue mi ambición, mi deseo, mi impulso.

Creo que por eso no acepté el retiro.

Es difícil explicarlo con palabras,

pero me ha ocurrido algo hace muy pocos minutos

que me ha decidido a quedarme con los inválidos

y trabajar para ellos.

Quiero demostrar a esos hombres

que no hay límites para el futuro que se les presenta.

Por eso he rechazado esas dos misiones,

y por eso solicito ahora otra distinta.

En el servicio aéreo de transportes militares de la división del pacífico,

que como ustedes saben es el encargado de cuidar a esos hombres.

John, cualquiera de esas misiones le hubiese hecho célebre,

esta le hará grande.

El trabajo es suyo.

Gracias, almirante.

- Sue, cariño, el caso es que... - No lo digas, ya lo sé.

Esta es la última misión.

FIN

A LA MARINA DE LOS EE. UU., CUYA VALENTÍA HA DEJADO

UNA HUELLA INDELEBLE EN EL MUNDO Y EN LOS CORAZONES DE SUS HABITANTES.

Y AL SERVICIO DE TRANSPORTE AÉREO MILITAR Y AL DEPARTAMENTO DE DEFENSA

QUEREMOS MANIFESTAR NUESTRO AGRADECIMIENTO

POR SU AYUDA Y PARTICIPACIÓN,

QUE HAN HECHO POSIBLE LA REALIZACIÓN DE ESTA PELÍCULA.

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